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jueves, 5 de noviembre de 2009

EL MISTERIO DE INIQUIDAD

Visto en La Puerta Angosta

"Porque antes tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el Ser condenado a la perdición, el Adversario, el que se alza con soberbia contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta llegar a instalarse en el Templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. ¿No recuerdan que cuando estuve con ustedes les decía estas cosas? Ya saben qué es lo que ahora lo retiene, para que no se manifieste sino a su debido tiempo. El misterio de la iniquidad ya está actuando. Sólo falta que desaparezca el que lo retiene, y entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor Jesús destruirá con el aliento de su boca y aniquilará con el resplandor de su Venida." (2 Tes. 2, 3b-8)





El Misterio de Iniquidad



El Misterio de Iniquidad es el odio a Dios y la adoración del hombre. Las Dos Bestias son el poder político y el instinto religioso del hombre vuel­tos contra Dios y dominados por el Pseudo Cristo y el Pseudoprofeta. El Obstáculo es, en nuestra interpretación, la vigencia del Orden Romano*. La Gran Ramera es la religión descompuesta y entregada a los poderes tem­porales, y es también la Roma étnica, donde este Misterio de Iniquidad se ve­rificó por vez primera, a los ojos deslumhrados de Juan el último Apokaleta.



La adoración del hombre con el odio a Dios ha existido siempre. "Ya funciona el Misterio de Iniquidad -dice San Pablo a los de Tesalónica-; so­lamente está sujetado, y vosotros sabéis cuál es el Obstáculo."



El Misterio de Iniquidad es el principio de la Ciudad del Hombre, que lucha con la Ciudad de Dios desde el comienzo; es la raíz de todas las herejías y el fuego de todas las persecuciones; "es la quietud incestuosa de la criatura asentada sobre su diferencia específica"; es la continua rebelión del intelecto pecador contra su principio y su fin, eco multiplicado en las edades del "No serviré" de Satanás.



La cúspide del Misterio de Iniquidad es el odio a Dios y la adoración idolátrica del Hombre.



El Misterio de Iniquidad tiende a corporizarse en cuerpo político y aplas­tar a los santos. El fue quien condenó a Sócrates, persiguió a los profetas, crucificó a Jesús, y después multiplicó los mártires; y él será quien destruya la Iglesia, cuando, retirado el Obstáculo, se encarne en un hombre de satánica grandeza, plebeyo genial y perverso, quizá de raza judía, de intelecto sobre­humano, de maldad absoluta, a quien Satán prestará su poder y su acumulada furia.



La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, obstaculiza esa manifestación y la reduce, apoyada en el orden humano que el Imperio Romano organi­zó en cuerpo jurídico y político; pero llegará un día, que será el fin de esta edad, en que desaparecerá el Obstáculo. El Espíritu Santo abandonará quizá este cuerpo social histórico, llamado Cristiandad, arrebatando consigo a la soledad más total a los suyos, dándoles dos alas de águila para volar al de­sierto. Y entonces la estructura temporal de la Iglesia existente será presa del Anticristo, fornicará con los reyes de la tierra -al menos una parte ostensible de ella, como pasó ya en su historia-, y la abominación de la desolación en­trará en el lugar Santo. "Cuando veáis la desolación abominable entrar adon­de no debe, entonces ya es."



¿Será el reinado de un Antipapa, o Papa falso? ¿Será la destrucción mate­rial de Roma? ¿Será la entronización en ella de un culto sacrilego? No lo sabemos. Sabemos que el Apokalypsis, al describir la Gran Prostituta, señala con toda precisión "la ciudad de las siete colinas": interpretación dada por el mismo Ángel que a San Juan adoctrina.


P. Leonardo Castellani (Cristo ¿vuelve o no vuelve?)


* Confrontar: Rosadini, S. J., In Libros N. Testamenti, Vol. III, Gregoriana, Roma, 1931; In Epistolam liad Thessal., curso inédito, 1930-1931.

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