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sábado, 4 de abril de 2020

VATICANO PUBLICA SU PROPIA “Missa in tempore universali contagii”

Reveló en primicia el sitio NEW LITURGICAL MOVEVENT (y luego VATICAN NEWS lo confirmó) que, luego de múltiples solicitudes de obispos de todo el mundo (conciliar), la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos expidió el 30 de Marzo de 2020 sendos decretos en los que se promulgan una “Misa en tiempo de pandemia” (en latín “Missa in tempore universali contagii”) y una “Plegaria IX-b: Por quienes sufren en tiempo de pandemia” para el servicio novusordiano del Viernes Santo.

1º Nuevo formulario de Misa
  
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. 156/20
  
DECRETO sobre la misa en tiempo de pandemia
 
No temerás la peste que se desliza en las tinieblas (cf. Sal 90, 5-6). Estas palabras del salmista invitan a tener una gran confianza en el amor fiel de Dios, que no abandona jamás a su pueblo en el momento de la prueba.
  
En estos días, en los que el mundo entero esta gravemente afectado por el virus Covid-19 [sic], han llegado a este Dicasterio muchas peticiones para poder celebrar una misa especifica, a fin de implorar a Dios el final de esta pandemia.
  
Por eso, esta Congregación, en virtud de las facultades concedidas por el Sumo Pontífice FRANCISCO, concede poder celebrar la Misa en tiempo de pandemia, cualquier día, excepto las solemnidades y los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, los días de la octava de Pascua, la Conmemoración de todos los fieles difuntos, el Miércoles de Ceniza y las ferias de Semana Santa (Ordenación general del Misal Romano, n. 374), durante el tiempo que dure la pandemia.
 
Se une a este decreto el formulario de la Misa.
  
No obstante cualquier disposición contraria.
  
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 30 de marzo de 2020.
  
(Fdo. y Sell.) Robert Card. SARAH
Prefecto 
    
(Fdo.) Arthur Roche
Arzobispo Secretario
     
Para los interesados en conocer los propios que esta “nueva Misa” tendrá, bien pueden remitirse al Anexo al Protocolo N. 156/20 «In témpore universális contágii» para consultarlos en su original latín y sus traducciones oficiales. (Las traducciones de las lecturas, son tomadas del Leccionario de la Conferencia del Episcopado Mexicano):
  • El Introito es de Isaías 53, 4: «Vere languóres nostros ipse tulit et dolóres nostros ipse portávit» (El Señor soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores), y en tiempo pascual se añade el Aleluya.

    No es de recibo presentar a Jesucristo Varón de Dolores para una epidemia (porque Él no vino a expiar las epidemias, sino los pecados). Las epidemias son un castigo (o si preferís, una medida disciplinaria) de parte de Dios por los pecados de las ciudades y naciones, y una Misa para estos tiempos implica reconocer la culpa para obtener la merced de verse libre del mal, como se reza en 2 Reyes 24, 16: «Recordáre, Dómine, testaménti tui, et dic Ángelo percutiénti: Cesset jam manus tua, et non desolétur terra, et ne perdas omnem ánimam vivéntem» (Recuerda, Señor, tu alianza, y di al Ángel castigador: Detén tu mano, y no desueles la tierra, y no pierdas a toda alma viviente), que es el Introito de la Misa “Pro vitánda mortalitáte vel témpore pestiléntiæ”.
  • La Oración colecta dice:
    «Omnípotens sempitérne Deus, in omni perículo singuláre præsídium, qui fílios tuos in tribulatióne fide supplicántes exáudis, nobis propitiáre benígnus, et præsta, quǽsumus, defúnctis réquiem ætérnam, solámen plorántibus, salútem infírmis, moriéntibus pacem, operántibus pro fratrum sanitáte robur, spíritum sapiéntiæ illis qui nos in potestáte moderántur, et ánimum ad omnes benévole accedéndi ut cuncti nomen sanctum tuum glorificáre valeámus. Per Dóminum» (Dios todopoderoso y eterno, refugio en toda clase de peligro, a quien nos dirigimos en nuestra angustia; te pedimos con fe que mires compasivamente nuestra aflicción, concede descanso eterno a los que han muerto, consuela a los que lloran, sana a los enfermos, da paz a los moribundos, fuerza a los trabajadores sanitarios, sabiduría a nuestros gobernantes y valentía para llegar a todos con amor glorificando juntos tu santo nombre. Por nuestro Señor Jesucristo).
    Algunos comentaristas (expertos y novicios) preguntan: «Dios mío, ¿no podían hacer más larga la oración?», pero eso es lo de menos. Lo más es que la colecta (donde, dicho sea de paso, los conceptos de la “penitencia” y la “conversión” BRILLAN POR SU AUSENCIA) puede usarse en el servicio luterano o anglicano sin escrúpulo alguno al igual que la oración para el Viernes Santo (recordemos que el Novus Ordo fue creado por pastores protestantes), y concretamente se pide solo fortalecer a los trabajadores sanitarios, consolar y sanar a los enfermos e iluminar a los gobernantes.
       
  • La “lectura”, en caso de no tomarse de cualquier leccionario de las Misas por cualquier necesidad, es ad líbitum, pudiendo escoger entre Lamentaciones 3, 17-26 o de Romanos 8, 31b-39. 
  • El salmo responsorial (no existe el Gradual ni el Tracto en la Misa montiniana), también es ad líbitum, entre el salmo 80, versos 2ac y 3b, 5-7, con el responso tomado del verso 4b: «Señor, muéstranos tu favor y salvación», y el salmo 123, versos 1-2a y 2bcd, con el doble opción de responso, pudiendo ser el verso 3a: «Ten piedad de nosotros, ten piedad», o el 2cd: «Nuestros ojos están fijos en el Señor, hasta que se apiade de nosotros».
     
    No hallamos probable que el presbítero modernista promedio vaya a escoger la primera opción de salmo, ya que en ellos la idea de un Dios que en su enojo se resista a escuchar las súplicas (o en general, que Dios castiga la iniquidad) es totalmente extraña y malsonante, porque ellos siempre repiten cual mantra que «Dios es amor y misericordia», que «pensar en un Dios que castiga es de paganos», que «el temor a Dios es de fundamentalistas» et álibi aliórum.
  • El verso antes del Evangelio es tomado de 2 Corintios 1, 3b-4a: «Benedíctus Pater misericordiárum et Deus tótius consolatiónis, qui consolátur nos in omni tribulátio nostra» (Bendito sea el Padre, lleno de misericordia y Dios que siempre consuela, porque nos conforta en todas nuestras tribulaciones).
  • La perícopa evangélica es de San Marcos, capítulo 4, del verso 35 al 41 (Jesús calma la tempestad). No es de extrañar el carácter obsecuente de la Congregación para el Culto hacia Bergoglio, que usó este pasaje para centrar su mensaje Urbi et Orbi del 27 de Marzo próximo pasado, a pesar que la conexidad entre la enfermedad y una tormenta en el mar es INEXISTENTE y DEMASIADO FORZADA.
  • Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
    «Súscipe, Dómine, múnera quæ, in hodiérnis perículis, tibi offérimus, et fac, quǽsumus, ut, omnipoténtia tua, in fontem sanitátis pacísque convertántur. Per Christum» (Acepta, Señor, los dones que te ofrecemos en este tiempo de peligro; y haz que, por tu poder, se conviertan para nosotros en fuente de sanación y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor).
    Basta decir que es una oración demasiado genérica, y como en la Colecta, TAMPOCO se habla en ella del pecado, origen de todo mal físico y espiritual.
            
  • La antífona de comunión está tomada de San Mateo 11, 28: «Veníte ad me, omnes, qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos, dicit Dóminus» (Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré, dice el Señor). 
  • La postcomunión:
    «Deus, a quo recépimus vitæ ætérnæ medicínam, concéde, quǽsumus, ut, per hoc sacraméntum de cæléstis remédii plenitúdine gloriémur. Per Christum» (Oh Dios, de quien hemos recibido la medicina de la vida eterna, concédenos que, por medio de este sacramento, podamos gloriarnos plenamente de los auxilios del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor).
    Lo mismo que en la Colecta y la Secreta.
     
  • Y, anticipando la reforma del Novísimo Ordo, se incluye la siguiente Oración sobre el pueblo:
    «Protéctor in te sperántium, Deus, bénedic pópulum tuum, salva, tuére, dispóne, ut, a peccátis liber, ab hoste secúrus, in tuo semper amóre persevéret. Per Christum» (Oh, Dios, protector de los que en ti esperan, bendice a tu pueblo, sálvalo, defiéndelo, prepáralo con tu gracia, para que, libre de pecado y protegido contra sus enemigos, persevere siempre en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor).
   
2º Nueva oración para el Viernes Santo
 
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. 155/20
  
DECRETO sobre la intención especial para añadir en la Oracion Universal durante la Celebración de la Pasión del Señor en el año 2020
  
La Celebración de la Pasión del Señor en el Viernes Santo tiene este año una característica particular por la terrible pandemia que afecta al mundo.
 
En efecto, el día en el que celebramos la pasión y muerte redentora de Jesucristo en la cruz, que, corno Cordero degollado, cargó sobre sí el dolor y el pecado del mundo, la Iglesia eleva súplicas a Dios Padre omnipotente por toda la humanidad, particularmente por los que más sufren, mientras espera con fe el gozo de la resurrección de su Esposo.
  
Por tanto, esta Congregación, en virtud de las facultades concedidas por el Sumo Pontífice FRANCISCO, haciendo uso de una posibilidad ya concedida en el Misal Romano al obispo diocesano en una grave necesidad pública, propone una intención para añadir en la Oración universal de la mencionada celebraciín, a fin de que lleguen hasta Dios Padre las súplicas de quienes lo invocan en su tribulación, para que todos sientan en sus adversidades el gozo de su misericordia.
  
Se une a este decreto el texto de la invitación y de la oración.
  
No obstante cualquier disposición contraria.
  
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 30 de marzo de 2020.
  
(Fdo. y Sell.) Robert Card. SARAH
Prefecto 
  
(Fdo.) Arthur Roche
Arzobispo Secretario
  
La nueva plegaria, «por quienes sufren en tiempo de pandemia», con el número IX-b, reza así:
Pro tribulátis in témpore contágii (Por quienes sufren en tiempo de pandemia)
Orémus et pro ómnibus qui præsénti morbo in pressúra pósiti inveniúntur, ut Deus et Dóminus noster infírmis sanitátem reddat, vires concédat eis qui ægrótos curant, famílias doléntes consolétur, vita functis plenitúdinem redemptiónis præstet (Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto).
 
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Omnípotens sempitérne Deus, humánæ infirmitátis singuláre præsídium, réspice benígnus languóres ómnium filiórum tuórum, qui hodiérnis tempestátibus dolóre premúntur, et grátia tua: álleva ægrotórum passiónes, vires concéde eis qui infírmos curant, ætérnam réquiem dona mórtuis, et per totum huius tribulatiónis spátium præsta, quǽsumus, ut omnes consolatiónem in misericórdia tua inveníre váleant. Per Christum Dóminum nostrum (Dios todopoderoso y eterno, singular protector en la enfermedad humana, mirar compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta pandemia; alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan, acoge en tu paz a los que han muerto y, mientras dura esta tribulación, haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor). Amén.
  
En conclusión, vistos los dos decretos, el protocolo 155 sólo tendría vida este año, pero el segundo (visto que el protocolo 156 no fija un límite temporal o un período de vigencia) parece conllevar que este formulario entrará en las nuevas ediciones del Misal montiniano, como sucediera con la “Missa pro vitánda mortalitáte vel témpore pestiléntiæ” codificada por el Papa Clemente VI en 1349 durante la Plaga que asolara a Europa y que desde entonces hace parte del Misal Romano tradicional y los de los distintos ritos y usos litúrgicos occidentales. Pero en todo caso, la nueva “Misa en tiempo de pandemia” es un producto de mala calidad litúrgica hecho a las volandas (los demoledores litúrgicos no pensaron necesitar un sucedáneo), que ni siquiera le pide a Dios que cese la mortandad (misterios de los liturgistas modernos) nacida y tenida en las mentes bergoglianas como respuesta de la “madre naturaleza” al dominio del hombre.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
4 de Abril de 2020 (Año Santo Josefino)
Sábado de Pasión. Fiesta de San Isidoro de Sevilla, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia; y de San Benito de Palermo OFM, Confesor; y tránsito de San Ambrosio de Milán, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)