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domingo, 6 de septiembre de 2020

EFECTOS DEL VATICANO II, VISTO EN DOS PELÍCULAS

Tomado de DEUM MARÍÆ.
   
EFECTOS DEL CONCILIO VATICANO II: VENTARRONES Y HURACANES, BAJO LA ÓPTICA DE DOS PELÍCULAS
    
  
Para los que aún no terminan de entender lo que aconteció en la Iglesia con el Concilio Vaticano II, cuyas reformas que se derivaron de ella lo hacen considerar nefasto, especialmente por lo que significó su impacto en las órdenes y congregaciones religiosas, puede ayudar analizarlo, verlo a través de las historias que se contemplan en dos películas.
  
La primera, “Dominique la monja cantante”, estrenada en 1966, cuyo argumento se centra en una entusiasta religiosa llamada Anne, con una vocación al parecer inquebrantable, la cual poseía un gran talento para la música lo que le habría significado una prometedora carrera exitosa en el mundo, pero que lo había abandonado todo por su amor a Nuestro Señor. Ella tenía una guitarra, regalo de su familiar que lo llevó a su Convento de Religiosas Dominicas, con el anhelo de poder cumplir su misión de evangelización a través de la música. Un sacerdote asiduo de su Congregación que le había escuchado cantar, le anima a grabar unas canciones que ella había compuesto, especialmente una muy alegre “Dominique”. Sus dudas de hacerlo o no, desaparecieron cuando el sacerdote, sus propias hermanas de la comunidad y un productor musical traído por el mismo sacerdote, la convencen de grabar sus canciones, haciendo realidad sus sueños de llevar el mensaje del evangelio con la música, pero con mayor fuerza y amplitud al emplear los medios de la radio y TV. Todo parece ser un gran éxito, por las presentaciones constantes en los medios mencionados y su impactante llegada hacia la gente, especialmente por su condición de religiosa que se lanza a cantar en un escenario, lo cual era sorprendente en esa época todavía. Pero esta situación pronto interrumpirá su vida cotidiana religiosa, a causa de los compromisos de presentarse en muchas ciudades, alejándola de su Convento llenándola de desazón; sumándose a ésto, el encuentro con su ex novio quien había alcanzado la fama en esos entornos artísticos, y se atreverá a un acercamiento a ella viéndola fuera de su vida conventual, incrementando su congoja la insistencia animosa del sacerdote, a que continúe con las presentaciones musicales que ha emprendido. Sin embargo, esta abrumante situación le hará acudir en constante oración a Dios pidiéndole saber si ésa es su misión. Es entonces, cuando se presenta en una oportunidad el rescatar a una menor de edad de un tipo de bar-discoteca de la época, donde pudo constatar que varias de sus ya famosas canciones y especialmente “Dominique”, que la banda que tocaba en ese centro de baile lo interpretaba, pero lo hacía adaptada totalmente a ritmo a go-go, (muy popular en los años 60) y los jóvenes lo bailaban desaforadamente. Ante esa visión, la pobre religiosa sufrió un duro golpe de desconcierto y decepción, vio que su objetivo de evangelizar a la gente a través de su música había sido distorsionado totalmente llevándolo al fracaso. Ese momento marcó un hito en su decisión y vio que Dios le había respondido, mostrándole que su misión no estaba en la música, un talento que había usado en su vida anterior en el siglo, que además la estaba nuevamente arrastrando a la vanidad y profanidad sin proponérselo; sino que su misión era más sublime : rescatar almas y evangelizar a los niños y jóvenes, tal como se había comprometido con el Señor en su vocación. Entonces le habló al sacerdote amigo, quien respetó su decisión de romper su compromiso de cantar en los medios y pidió a la Superiora el poder alejarse de todo ello, así como del ex novio que la estaba asediando para hacerla desistir de su vocación. Entonces, regaló su querida guitarra a una persona amiga y se marchó al África, donde finalmente se sintió felizmente realizada con su vocación, donde ella sabía que Dios la quería.

La lección de esta historia es que cuando Dios nos quiere para una misión, nos hace romper con el mundo y todo lo que sea parte de él o nos hable de él, por muy inofensivo o hasta loable que pareciera, pues muchas veces es por ahí, donde empieza la tentación. La religiosa de la ficción no sucumbió como muchos seminaristas, sacerdotes y religiosas de la vida real que sí lo hicieron, en esos tiempos de las reformas conciliares afectándoles esas propuestas de apertura al mundo de acuerdo a sus circunstancias que les tocó vivir, y que para este caso visto en la película, esas reformas le habían permitido abrirle las puertas a un atractivo mundo que ya había dejado atrás, pero que se introducía renovada y astutamente, utilizando como instrumento su propio talento con el que había brillado antes de ingresar a la vida religiosa, bajo un ilusorio objetivo aparentemente justificado; lo cual estaba poniendo en serio peligro a su auténtica vocación. Mas su fortaleza espiritual puesta en la confianza en el Señor y su oración constante, evitó que esos frutos de las propuestas post conciliares que buscaron “casar la Iglesia con el mundo”, se convirtieran para ella en un huracán que la arrastrara fuera de su vida religiosa, hacia una vida insulsa de fama, dinero y amorío, que terminaría haciéndola desventurada como a muchos; pero que felizmente sólo fue para ella un ventarrón, que la hizo zozobrar por un instante, haciéndola tambalear sin caer; por lo que pudo continuar su camino hacia su meta vocacional.
   
En la otra película, “Sister in Act I” estrenada en 1992, cuyo argumento se centra sobre una cantante de un casino de la ciudad de Reno, Nevada en EE.UU., Deloris Van Cartier, que es amante de un mafioso, y que resulta sin quererlo, testigo de un asesinato cometido por su amante por ajuste de cuentas, por lo que irá a delatarlo a la estación de policía. Entonces, la policía buscará ponerla por su seguridad como testigo protegida, ya que su testimonio podría finalmente meter a la cárcel al criminal que ya contaba con una larga lista de delitos, aunque insuficientes para encerrarlo. Así pues un policía la lleva a un Monasterio de Religiosas Clarisas, donde deberá pasar como una más de ellas, debiendo adaptarse muy a su pesar, a su vida nueva temporal. Sin embargo, encontrará la oportunidad de realizar una actividad similar a lo que hacía en su ambiente, al hacerse cargo del coro de religiosas que era muy disonante por no tener dirección. Pero no sólo se contentará de armonizarlas, sino que introducirá a los cantos sagrados, ritmos musicales de moda, además de adaptar la letra de cantos profanos con letra cristiana, y añadirles hasta una coreografía, a fin de hacerlos más atractivos a la gente al sonar alegres y bulliciosos. La superiora no aprobará esta manera de realizar las cosas, pero el sacerdote de la Iglesia le parecerá excelente; pues antes, con el coro deslucido no venía casi nadie a la misa, mientras que al transformarse el coro, la gente empezaba a llegar a la iglesia para escuchar las canciones de las religiosas.

Es así como el coro se hará famoso, las religiosas se entusiasman con este estilo que también les da oportunidad de amistarse con la juventud rebelde de la calle y otras labores sociales. La superiora que es conservadora, decidirá renunciar a su cargo e irse, persuadida de que las nuevas expectativas ilusorias que habían llenado a la cabeza de sus hermanas, rebasaban su forma de dirigir el Convento, haciéndola sentir obsoleta por no querer formar parte de esos cambios; aunque, no queda claro al final de la película, si ella terminará por irse o quedarse aceptando el progresismo en su Monasterio. Por otro lado, la popularidad en los medios hará que los delincuentes reconozcan a Deloris y la secuestren para matarla; por lo que las otras religiosas la irán a rescatar a Reno, donde se han enterado que la llevarán, y luego de jocosas situaciones, finalmente lograrán confundir a los delincuentes dando tiempo a que los policías que ya habían advertido la situación, llegan para atrapar a todos los criminales. La película culmina con la visita del Papa a los EE.UU., quien tiene además programado en su itinerario, asistir a la Iglesia de la comunidad de religiosas a fin de escuchar al popular coro, el cual le parecerá grato, al seguir el compás de la canción final con la mano. También la Madre Superiora asiste al evento, y aunque aparece con mirada satisfactoria, no se sabe si luego de ello se marchará o permanecerá en el Convento. Lo que sí queda claro, es que la protagonista volverá de todos modos a su vida frívola inicial.
   
Esta historia ficticia es una alegoría del efecto que tuvieron las reformas del Concilio Vaticano II. El huracán del “modernismo” llega a un Monasterio de observancia aún tradicional de costumbres, a través de una extraña libertina que llegará a transformar ese recinto espiritual; ilusionando a todas las religiosas con la idea de que lo profano es mejor que aquello que aún conservan. Bajo el pretexto de mejorar el coro, lo cual sí parecía necesario, sin embargo, llegó a introducir elementos sacrílegos que transformaron a un piadoso coro de acompañamiento de misa, a un musical de espectáculo; donde ya no se trataba de la adoración ni la piedad hacia Dios, sino de la vanidad por los aplausos y la satisfacción del público. Pues, de eso se trata el progresismo y el liberalismo en la Iglesia: su pretexto de llegada fue hacer ajustes que si bien podrían parecer oportunos en algunos temas, pronto se revelaron como siniestros agentes de transformación totalmente innecesarios y funestos, cuyo objetivo real fue destruir lo más sacro y místico de la Iglesia.
      
Los peligrosos efectos de las reformas liberales son descritos por la misma Madre Superiora de la película, en una breve conversación con Deloris, al enterarla que se marchará del Convento por no sentirse en consonancia con esos cambios. A lo cual Deloris le dice: “no tiene que seguir siendo obsoleta, todo lo que está pasando aquí es bueno y aún puede ser parte de ello”, pero la Superiora le responde: “¿Parte de qué? Una cosa es ser un demagogo, llegar a la ciudad y declarar un día de fiesta; usted elevó las expectativas de las hermanas, las ha emocionado y confundido, creen que este vecindario es una especie de delicioso pastel, pero usted y yo sabemos que no todo es tan sencillo, habrá decepciones y fuertes tristezas; pero usted ya habrá desaparecido”.
  
Ciertamente, los reformadores conciliares, partieron de este mundo sin advertir las consecuencias de su obra, a fin de sentir siniestra satisfacción o, la mayor decepción; según hayan sido sus intenciones: deliberadas, en aquellos vinculados a la masonería; o ingenuas, en los que fueron persuadidos a apoyar los cambios.
  
Volviendo al caso de la película, las religiosas estaban convencidas que estaban acercando a la gente a Dios, mintiéndose a sí mismas, pues lo único que habían logrado es que ellas mismas se mundanizaran llenándose de arrogancia y vanidad, lo que a la postre a muchas de ellas iría enfriando su espiritualidad y lamentablemente también su vocación; porque buscarán agradar cada vez más a su público que las espera. Pero, no es que ahora la gente estuviera yendo a misa por devoción, sino por asistir a un show de monjas, y pasar un rato entretenidos. Incluso las hermanas al acercarse a la gente de la calle, eran vistas como una forma de ayudantes sociales, pero nada más. Y ésto, porqué la gente del mundo al hallar “mundanidad” en la iglesia, no se convierte, sólo se reafirma y justifica en sus errores.
 
Ahora, las religiosas, gustaban al igual que los artistas de los aplausos, sus egos ya estaban elevados. Sin embargo, para el cristiano es necesario morir a los egos para ser humildes y reafirmar su fe en Dios. No obstante, lo peligroso es que al alejarse del carisma de espiritualidad original de la orden, por cambiar su misión y contactarse con labores entre la gente del mundo, lo cual a los ojos de muchos podría parecer laudable; será éso lo que las pondrá en peligro de caer en engañosos ideales o en seducciones de otras personas, lo cual tarde o temprano, como lo advirtiera la Superiora, las llevará a la decepción pero de hecho, también al fracaso en su vocación.
  
Por otro lado, se nota cómo las religiosas van desobedeciendo las reglas del Convento, siguiendo a la falsa monja que es “la encarnación de la corriente modernista”, al soslayar la disciplina de la abstinencia, para comer dulces sigilosamente por la noche. Si bien puede tratarse de cosas aparentemente inocuas, pero es así cómo se inician las relajaciones de la vida espiritual conventual. No en vano, el hecho de que las religiosas lideradas por su Superiora, salieran del convento para salvar supuestamente a Deloris, denota claramente cómo algunas ya van sucumbiendo fácilmente a la tentación del materialismo deslumbradas por el brillo de la ciudad de Reno, a lo que la Superiora en aras de atenuar esa fascinación, la calificará de “Gomorra”.
  
Como epílogo del film, el coro artístico proseguirá con su nuevo estilo establecido y la cantante las dirigirá un tiempo más, pero luego continuará su vida glamorosa y frívola. ¿Hubo conversión? no. Con todo, el huracán del modernismo arrasó con el Monasterio de ficción, al igual que en la realidad lo ha hecho con muchas congregaciones religiosas de varones y mujeres.
  
Los efectos del modernismo en la Iglesia Católica consiguieron además la división marcada de dos grupos bien definidos: los tradicionalistas, fieles a la Sagrada Tradición de Nuestro Señor que es sólo una minoría remanente; y los liberales, aquellos que han aceptado totalmente las reformas conciliares, que son mayoría; empero existe una línea media entre ellos, conocidos como conservadores, quienes indecisos en asumir totalmente los cambios, pretenden conservar algo de la Tradición.
   
Durante estos 55 años se ha podido observar en la mayoritaria Iglesia post conciliar que se dice ser Católica: falta de vocaciones, desacralización del culto al cambiarse la Santa Misa, desacralización del sacerdocio, desacralización de los demás sacramentos, profanidad total en los cantos religiosos, ideologías heréticas, etc. Conclusión: ¿Conversiones auténticas? escasas, ¿religiosidad emocional? mucha, ¿apostasía? en gran proporción.
  
El daño fue hecho.
   
Lic. MARTHA TENORIO AZAÑA
27 de Agosto de 2020

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)