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lunes, 10 de mayo de 2010

LAS QUINCE ORACIONES DICTADAS POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A SANTA BRÍGIDA DE SUECIA PARA REZAR DURANTE UN AÑO

Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: «Recibí en Mi Cuerpo cinco mil cuatrocientos ochenta latigazos; son 5480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas». (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa).
 
  
QUINCE ORACIONES DEVOTAS Y PIADOSÍSIMAS DE SANTA BRÍGIDA SOBRE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
  
En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.
 
Antífona: Ante el nombre de nuestro Señor Jesucristo toda rodilla se ha de doblar en el Cielo, en la Tierra y en el Infierno; y toda lengua ha de confesar que Jesucristo nuestro Señor está en la gloria de Dios Padre, a Él sea siempre la alabanza, el honor y la gloria, por los siglos infinitos e interminables. Amén.
  
SALUTACIÓN DEVOTA A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Te adoro, te alabo, te bendigo, te glorifico y te doy gracias, ¡oh Señor Jesucristo!, por todas tus bondades que me has concedido: y principalmente porque me creaste a tu imagen, y con tu Sangre preciosa me redimiste, me llamaste a tu servicio, y perdonaste mis pecados. Te ruego también, Señor mío Jesucristo, que tengas misericordia de mí, miserable pecador, y en la hora de mi muerte, me perdones por tu eterna y santa caridad, todo el mal cometido contra Ti en pensamiento, palabra y obra, y todo el bien que por negligencia haya omitido. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. Padre nuestro y Ave María.
  
PRIMERA ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, eterna dulzura de los que Te aman, gozo que excede todo gozo y todo deseo, Salvador y Amante de los pecadores penitentes, que declaraste ser tus delicias en estar entre los hijos de los hombres, y que Te hiciste hombre por los hombres en el final de los tiempos. Acuérdate de todas las premeditaciones y angustias íntimas que soportaste desde el inicio de tu concepción en la naturaleza humana, máxime en el instante de tu salubérrima Pasión, en el tiempo que desde la eternidad fue preordenado en tu divino Corazón. Acuérdate de la tristeza y amargura que declaraste había en tu Alma, cuando dijiste: «Triste está mi alma hasta la muerte», y cuando en la Última Cena le diste a tus Discípulos tu Cuerpo y Sangre, les lavaste los pies, y los consolaste dulcemente al anunciarles tu inminente Pasión.
  
Acuérdate de los temores, angustias y dolores que soportaste en tu delicado cuerpo antes de tu Pasión en la Cruz, cuando después de tres oraciones y sudar sangre, fuiste entregado por tu discípulo Judas, capturado por la gente que habías elegido, acusado por falsos testigos, juzgado injustamente por tres jueces en la ciudad elegida, condenado siendo inocente en el tiempo pascual y en plena flor de tu juventud, entregado, golpeado, despojado de tus propios vestidos, vestido con indumentaria ajena, escarnecido, velados tus ojos y faz, abofeteado, atado a una columna, flagelado, coronado de espinas, herido en la cabeza con una caña, y lacerado con otras innumerables calumnias.
  
Oh dulcísimo Jesús, concédeme, te pido, en memoria de estas penas que padeciste antes de tu Pasión en la Cruz, ahora y en la hora de mi muerte la verdadera contrición de mis pecados, una pura confesión, condigna satisfacción, y la plena remisión de todos mis pecados. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
SEGUNDA ORACIÓN
Oh Jesús, verdadera libertad de los Ángeles y paraíso de delicias, acuérdate del terror y horror que padeciste cuando todos tus enemigos Te rodearon cual ferocísimos leones, y atormentaron con burlas, escupitajos, laceraciones y otros inauditos suplicios, y por todas las palabras contumeliosas, duros golpes y amargos tormentos que Te infligieron tus enemigos, oh Señor Jesucristo, te suplico que me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles, y me concedas encontrar bajo la sombra de tus alas la protección de tu salvación eterna. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
TERCERA ORACIÓN
Oh Jesús, fabricador y creador del mundo, a quien ninguna dimensión ni término puede medir, y que abarcas el Cielo y la Tierra en la palma de tu mano, recuerda los acerbísimos dolores que afrontaste cuando los judíos fijaron primero tus manos a la Cruz con clavos obtusos y perforaron tus delicadísimos pies, pero no conforme esto a su voluntad, añadieron a tus llagas dolor sobre dolor, y con cruel ira Te estiraron y extendieron, a lo largo y ancho de la Cruz, que dislocaron todas las articulaciones de tus miembros. Te suplico, por estos tus santísimos y amargos dolores en la Cruz, le concedas a mi alma el temor y el amor a Ti. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
CUARTA ORACIÓN
Oh Jesús, médico celestial, acuérdate de las angustias y dolores, y las burlas que padeciste al ser elevado en el patíbulo de la Cruz, en todos tus santísimos miembros dilacerados, que ninguno de ellos permaneció en su lugar, tanto que no se puede encontrar dolor semejante al tuyo: desde la planta de los pies hasta el vértice de la cabeza no se encontró en ti parte sana. Y entonces, sin tener en cuenta tus dolores, oraste al Padre por tus enemigos, diciendo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Por esta tu admirable caridad y misericordia, y en memoria de tus tantos dolores, concédeme por la memoria de tu amarísima Pasión, la plena remisión de todos mis pecados. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
QUINTA ORACIÓN
Oh Jesús, espejo de la claridad eterna, acuérdate de los sufrimientos que tuviste cuando en el espejo de tu serenísima Majestad contemplaste la predestinación de tus elegidos que se salvarían por los méritos de tu Pasión y la reprobación de los malvados por su demérita condenación. Por el abismo de tu misericordia, que te hizo condolerte de los perdidos y desesperados pecadores, y principalmente por aquel ladrón crucificado al cual dijiste: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso», te ruego, piadoso Jesús, que te apiades de mí en la hora de mi muerte. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
SEXTA ORACIÓN
Oh Jesús, Rey amable y deseable sobre todo, recuerda la tristeza que tuviste cuando desnudo y miserable colgabas en la Cruz, y tus amigos y conocidos te volvieron las espaldas y nadie encontraste para consolarte, excepto tu amantísima Madre, que en agonía y amargura de ánimo te asistía, a la cual encomendaste a tu Discípulo diciendo: «Mujer, he aquí a tu hijo», y al Discípulo: «He ahí tu madre». Te ruego, Jesús, por la espada de dolor que traspasó su alma, que te compadezcas de mí en todas las tribulaciones y aflicciones corporales y espirituales, y me des tu consuelo en los tiempos de tribulación y en la hora de mi muerte. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
SÉPTIMA ORACIÓN
Oh Jesús, fuente inagotable de piedad, que desde la más profunda dilección de tu afecto dijste en la Cruz: «Sed tengo», sediento de la salvación del género humano. Enciende, te suplicamos, nuestro deseo a toda obra perfecta, y refrigera y extingue dentro de nosotros la sed de la concupiscencia de la carne y el estío de la dilección y delectación mundanal. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
OCTAVA ORACIÓN
Oh Jesús, dulzura de los corazones y suma delectación de las almas, por la amargura del vinagre y la hiel que por nosotros recibiste y probaste en la Cruz, concédenos a nosotros, miserables pecadores, en todo tiempo y, especialmente en la hora de nuestra muerte, recibir tu Cuerpo y tu Sangre como remedio y consolación de nuestras almas. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
NOVENA ORACIÓN
Oh Jesús, regia virtud y júbilo del alma, acuérdate de las angustias y dolores que padeciste, cuando por la amargura de la muerte y los insultos de los judíos, exclamaste con grandes voces que Dios Padre te había abandonado, diciendo: «Helí, Helí, lamma sabachtaní?», esto es, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me me has abandonado?» Por esta angustia te ruego y pido, Señor Dios mío, que no me abandones en las angustias de mi muerte. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
DÉCIMA ORACIÓN
Oh Jesús, Alfa y Omega, unión y virtud en todo medio, recuerda que desde la punta de la cabeza a la planta de los pies estuviste sumergido en las aguas de la Pasión. Por la longitud y anchura de tus llagas, enséñame, por la verdadera caridad, a guardar fielmente todos tus mandatos. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
UNDÉCIMA ORACIÓN
Oh Jesús, abismo profundísimo de misericordia, te ruego por la profundidad de tus llagas, que traspasaron tu carne y médula, tus huesos y entrañas, para que me saques del abismo del pecado y me escondas de la faz de tu ira en la cueva de tus llagas, hasta que pase tu furor. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
DUODÉCIMA ORACIÓN
Oh Jesús, espejo de la verdad, signo de unidad y vínculo de caridad, acuérdate de tus innumerables llagas, que desde la punta de la cabeza hasta la planta de los pies fuiste herido, y lacerado por los impíos judíos, y enrojecido por tu Sangre. ¡Cuán grandes fueron los dolores que en tu carne virginal recibiste por nosotros! Piadoso Jesús, ¿qué más debiste hacer, que no hayas hecho? Escribe, te suplico, con tu preciosísima Sangre, todas tus heridas en mi corazón, para que en él lea tu dolor y tu amor, su memoria permanezca en lo más secreto de mi corazón, y el dolor de tu Pasión se renueve en mí todos los días, y se aumente mi amor y en acción de gracias hasta que vuelva a Ti, tesoro deseable de todo bien y alegría completa. Dígnate concedérmela, Cristo dulcísimo, en mi vida. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
DÉCIMOTERCERA ORACIÓN
Oh Jesús, león fortísimo, Rey inmortal e invictísimo: acuérdate de los dolores que padeciste cuando se agotaron todas las fuerzas de tu cuerpo y tu Corazón, e inclinando la cabeza dijiste: «Todo está consumado». Por esta angustia y tus dolores, ten piedad de mí en la última consumación de mi vida y en la hora de mi muerte, cuando mi alma esté llena de ansiedad y conturbado mi espíritu. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
DÉCIMOCUARTA ORACIÓN
Oh Jesús, unigénito del Padre altísimo, esplendor y figura de su sustancia, acuérdate de la última encomienda, cuando entregaste tu espíritu al Padre diciendo: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu», y con el cuerpo lacerado, roto tu Corazón, y con entrañas de misericordia por redimirnos, con gran clamor expiraste. Por tu preciosísima muerte te suplico, oh Rey de los santos: confórtame para resistir al diablo y al mundo, a carne y sangre, para que en todo, y en mi muerte, viva para Ti; y en la hora de mi muerte recibas de vuelta mi espíritu exiliado y peregrino. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
DÉCIMOQUINTA ORACIÓN
Oh Jesús, verdadera y fecunda Vid, acuérdate de la superefluente y abundante efusión de tu Sangre, que como de un canal se derramaba de tu Cuerpo, cuando en la Cruz pisaste tú solo el lagar, y la lanza del soldado traspasó tu Costado derramando para nosotros sangre y agua, hasta que no quedó ni la más mínima gota, quedando como un saco de mirra colgando en alto, y tu delicada carne desfalleció, el líquido de tus entrañas se evaporó, y la médula de tus huesos se secó. Por esta amarguísima pasión y efusión de tu preciosa Sangre, te ruego, dulcísimo Jesús, traspases mi corazón, para que la penitencia y las lágrimas amorosas sean mi alimento día y noche. Y conviérteme completamente a Ti, para que mi corazón te acoja como perpetua habitación, y mi conversación te sea siempre agradable y acepta, y laudable el fin de mi vida, para que después del término de mi vida merezca alabarte eternamente con todos los Santos. Amén.
Salve, dulcísimo Jesucristo, ten misericordia de mí, pecador. Padre nuestro y Ave María.
   
ORACIÓN FINAL
Oh Señor mío Jesucristo, Hijo de Dios vivo, acepta esta oración con el mismo inmenso amor con el cual soportaste todas las llagas de tu santísimo Cuerpo; ten misericordia de nosotros, y a todos los fieles, vivos y difuntos, concede tu misericordia y gracia, la remisión de todas las culpas y penas, y la vida eterna. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.
  
Post scriptum (26 de Marzo de 2017): Agradecemos a Jorge Rondón Santos la revisión del texto de las Oraciones con los originales.

3 comentarios:

  1. Sólo les escribo para felicitarlos por su página hermosa que defiende los valores tradicionales de la familia y a la verdadera Iglesia, ante tanta confusión pagana y modernista que sean siempre un faro de luz. Que Dios los bendiga y no se cansen de anunciar a tantos hombres que viven en la ignorancia el reinado de los Sagrados Corazones de Jesús y de María

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  2. http://www.radiospada.org/2013/11/le-vere-orazioni-di-santa-brigida-e-quelle-mutilate/

    http://lagioiadellapreghiera.it/pages/Le_orazioni_di_Santa_Brigida_per_1_anno_e_le_promesse_per_chi_le_recitera-7645521.html

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  3. https://books.google.com.co/books?id=U4xUAAAAcAAJ&pg=PA112&lpg=PA112&dq=raccolta+di+varie+affetuose+orationi&source=bl&ots=vUaGzjVaHO&sig=-F-6v82bypqSjLPmE5Ht8iXAQhU&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwj629j53sfRAhVEbiYKHR95AO0Q6AEIKjAD#v=onepage&q=raccolta%20di%20varie%20affetuose%20orationi&f=false

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)