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domingo, 2 de febrero de 2020

VIGANÒ: «EL NUEVO VICEDECANO CARDENALICIO TAMBIÉN ENCUBRÍA A MARCIAL MACIEL»

El pasado 25 de Enero, Bergoglio ratificó como Decano del Colegio Cardenalicio al cardenal italianl Giovanni Battista Re (86) y vomo vicedecano al argentino Leonardo Sandri (76), en remplazo de Ángelo Sodano (92), que en Diciembre del año pasado renunció al puesto.

Jorge Mario Bergoglio y Leonardo Sandri
  
El Decano del Colegio Cardenalicio es el que tiene el deber de anunciarle a los demás cardenales la muerte o renuncia del Papa y convocarlos al Cónclave, además de presidir el Cónclave y supervisar las congregaciones preliminares que discuten la logística y planeación del mismo. Por su parte, el vicedecano hace las veces del decano cuando éste no puede ejercer sus funciones (como parece ser también en el caso presente, toda vez que Re no podrá votar en un futuro cónclave por haber pasado los 80 años –según dispuso Montini, los cardenales pierden el derecho a elegir–, y Sandri sí puede hacerlo. Así sucedió en el cónclave de 2013, cuando Re actuó como sustituto de Sodano).
  
Pero sucede que Sandri, junto a Sodano, participó en el encubrimiento de los casos de abuso sexual y de poder en los Legionarios de Cristo por su fundador y líder Marcial Maciel Degollado, hasta el punto que Sandri –que fue protegido de Sodano y había sido Nuncio en Venezuela desde el 22 de Julio de 1997 hasta el 1 de Marzo del 2000– sustituyó al español Justo Mullor García en la Nunciatura en México. Mullor fue removido por negarse a encubrir tales crímenes; y Sandri tuvo vínculos muy estrechos con tal congregación. Posteriormente, el 16 de Septiembre fue nombrado Sustituto del Secretario de Estado (por ende, mano derecha de Sodano y luego de Tarcisio Bertone SDB).
  
Adicionalmente, Viganò en su primer testimonio-denuncia de Agosto de 2018, indica que él, cuando fue nuncio en los Estados Unidos, le informó a Sandri y Bertone sobre las denuncias contra el cardenal Theodore McCarrick.

A continuación la nueva carta del arzobispo Viganò (Fuente: LIFE SITE NEWS. Traducción tomada de RELIGIÓN LA VOZ LIBRE):
LOS FIELES TIENEN DERECHO A SABER
  
Acabamos de pasar por uno de los episodios más vergonzosos en el que hemos visto al príncipe de las mentiras trabajando para desacreditar el libro del Papa Benedicto XVI y del Cardenal Robert Sarah [Desde lo más profundo de nuestros corazones] cubriéndolos con viles insultos e insinuaciones vulgares, y al carcelero del Papa (Gänswein), como un judas, ahora también actuando como sicario. Y una vez más nos encontramos ante otra obra maestra del engaño: la confirmación por parte del Papa de las elecciones del nuevo Decano y Vice-Decano del Colegio de Cardenales por parte de los Cardenales-Obispos. Esto ha pasado casi desapercibido y sin embargo oculta una estrategia retorcida. Hay que tener en cuenta, de hecho, que en junio de 2018 el Papa Francisco aumentó el número de Cardenales-Obispos, que había permanecido inalterado durante siglos, promoviendo cuatro nuevos de un solo golpe. De esta manera aseguró una mayoría a su favor, como siempre lo ha hecho con la creación de nuevos miembros del Colegio de Cardenales.
   
Al Cardenal Giovanni Battista Re, nombrado Decano del Colegio a la edad de 86 años y por lo tanto excluido del próximo cónclave, le deseo una vida aún más larga que la de su padre. Pero su nombramiento es una tapadera para ese otro nombramiento más efectivo –del Cardenal Sandri– que ha sido preparado ad hoc para pilotar el próximo cónclave secúndum Francíscum, es decir, según una edición actualizada y aumentada de la Mafia de San Galo.
  
Tengo una larga amistad con el cardenal Sandri que se remonta a la época compartida en la Pontificia Academia Eclesiástica, luego durante once años en el mismo cargo como secretario de tres suplentes de la Secretaría de Estado, y siete años de colaboración una vez que fue nombrado suplente de asuntos generales en la Secretaría de Estado, habiendo regresado después de sólo seis meses de su misión como nuncio en México. 
   
Amícus Plato, sed magis amíca véritas”. [Platón es mi amigo, pero la verdad es mejor amiga]. Esta máxima, atribuida a Aristóteles, retomada por Platón hacia Sócrates y luego por Cicerón, es explicada por Santo Tomás de Aquino en Senténtia libri Ethicórum, Liber 1, Lectio 6, n. 4-5, como sigue:
“Quod autem opórteat veritátem præférre amícis, osténdit hac ratióne. Quia ei qui est magis amícus, magis est deferéndum. Cum autem amicítiam habeámus ad ambo, scílicet ad veritátem et ad hóminem, magis debémus veritátem amáre quam hóminem, quia hóminem præcípue debémus amáre propter veritátem et propter virtútem… Véritas autem est amícus superexcéllens cui debétur reveréntia honóris; est étiam véritas quíddam divínum, in Deo enim primo et principáliter invénitur. Et ídeo conclúdit, quod sanctum est præhonoráre veritátem homínibus amícis” [Que la verdad debería ser preferida a los amigos él lo prueba de esta manera. Es la mejor amiga por la que deberíamos tener más consideración. Aunque debemos tener amistad tanto con la verdad como con nuestro prójimo, debemos amar la verdad porque debemos amar a nuestro prójimo especialmente por la verdad y la virtud… La verdad es un amigo excelente del tipo al que se le debe el homenaje del honor. Además, la verdad es algo divino, porque se encuentra primero y principalmente en Dios. Concluye, por lo tanto, que es virtuoso honrar la verdad por encima de los amigos].
Por eso lo que voy a escribir sobre el Cardenal Leonardo Sandri está inspirado únicamente en la amistad que me une a él desde hace casi cincuenta años, por el bien de su alma, por el amor a la Verdad que es Cristo mismo, y por la Iglesia, su Esposa, a la que servimos juntos.
  
En la primera audiencia que Francisco me concedió después de la del 23 de junio de 2013 que ya he mencionado (en mi primer testimonio), en la que me preguntó sobre el cardenal McCarrick, me hizo una pregunta similar: “¿Cómo es el cardenal Sandri?”. Sorprendido por la pregunta sobre un querido amigo mío, y sintiéndome en un aprieto, no respondí. Entonces Francisco, uniendo sus manos en un gesto característicamente italiano, las agitó de un lado a otro –como si dijera que Sandri “sabe cómo arreglárselas”– y me miró a los ojos buscando mi consentimiento para su sugerencia. Así que se lo dije en confianza: “Santo Padre, no sé si sabe que el Nuncio Justo Mullor, Presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica, fue destituido de la Nunciatura Apostólica en México porque se opuso a las directivas de la Secretaría de Estado para encubrir las gravísimas acusaciones contra Marcial Maciel”. Esto es lo que le dije al Papa, para que lo tomara en cuenta y eventualmente remediara la injusticia que el arzobispo Mullor había sufrido por no transigir, por permanecer fiel a la verdad y por amor a la Iglesia. Reafirmo esta verdad aquí, para honrar a este fiel servidor de la Santa Sede, sobre cuya tumba, en la catedral de Almería, España, celebré una Santa Misa de sufragio.
   
Ya escribí en mi primer testimonio que el principal responsable de encubrir las fechorías cometidas por Maciel era el entonces Secretario de Estado Cardenal Angelo Sodano, cuya reciente aceptación de dimitir como Decano del Colegio Cardenalicio estaba vinculada a su implicación en el asunto Maciel. Él, además de proteger a Maciel, no es ajeno a los ascensos de McCarrick…
   
Mientras tanto, el cardenal Francis Arinze merece ser reconocido por haberse opuesto, dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al intento de Sodano de encubrir el caso Maciel.
   
Desafortunadamente para él, Sandri también se permitió ser involucrado por Sodano en esta operación para encubrir las horribles fechorías de Maciel. Para reemplazar al Arzobispo Mullor en la Ciudad de México, fue necesario nombrar a una persona de lealtad indefectible a Sodano. Sandri ya había dado pruebas de ello como asesor de la sección de asuntos generales de la Secretaría de Estado. Sirviendo en ese momento como Nuncio en Venezuela por poco más de dos años, fue transferido a México.  
   
Fui testigo directo de estas turbias maniobras (que los responsables describirían como traslados normales de personal) a través de una conversación que mantuvieron el 25 de enero de 2000, fiesta de la Conversión de San Pablo, mientras nos dirigíamos a la Basílica que lleva su nombre, para la clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. La cadena que une las fechas de estos traslados es muy significativa: el 19 de enero de 2000, el arzobispo Giorgio Zur, que había sido Presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica (PAE) durante sólo un año, fue trasladado a Moscú; el 11 de febrero de 2000, el arzobispo Justo Mullor, que en ese momento llevaba sólo dos años y medio en México, fue nombrado Presidente de la PAE; el 1 de marzo de 2000, el arzobispo Sandri fue trasladado a México después de pasar sólo dos años y medio en Venezuela. Sólo seis meses después, el 16 de septiembre de 2000, Sandri fue ascendido a sustituto de la Secretaría de Estado, es decir, a la mano derecha de Sodano. 
    
Los Legionarios de Cristo no dejaron de mostrar su gratitud a Sandri. Con ocasión de un almuerzo celebrado en el atrio del Salón Pablo VI para honrar a los cardenales, incluido Sandri, que fueron creados en el consistorio del 24 de noviembre de 2007, me quedé desconcertado cuando Sandri me dijo por adelantado lo que iba a decir al Papa Benedicto al hacer su entrada: “Santo Padre, me disculpará si no me quedo a almorzar, pero me esperan quinientos de mis invitados en los Legionarios de Cristo”.
   
Francisco, después de haberse referido repetida y obsesivamente a un “clericalismo” no especificado como la causa del abuso sexual, para evitar denunciar el azote de la homosexualidad, ahora hace alarde del clericalismo más inescrupuloso (una acusación que hace a otros): promueve a Sandri a cardenal-sacerdote en mayo de 2018 y un mes después a cardenal-obispo, para que lo confirme como vicedecano del Colegio de Cardenales, un candidato preparado por Francisco para presidir el próximo Cónclave.
   
Los fieles tienen derecho a conocer estas sórdidas intrigas de una corte corrupta. En el corazón de la Iglesia parece vislumbrarse la sombra que se aproxima de la sinagoga de Satanás (Apocalipsis 2:9). 
  
+ Carlo Maria Viganò
 Arzobispo titular de Ulpiana
 Nuncio Apostólico

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