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lunes, 8 de noviembre de 2021

EL “Indulto de Agatha Christie”

Se cumplen cincuenta años de un acontecimiento que el ‘catolicismo pompier’ prefiere sepultar, para que sus errores clamorosos –que están destrozando a la Iglesia– pasen inadvertidos a los fieles despistados. En 1971, consternados por la penosa reforma litúrgica vaticanosegundona, un grupo de más de cincuenta escritores y artistas de primerísimo nivel suplicaron mediante carta a Pablo VI que la Iglesia evitara la desaparición de la misa tridentina, en beneficio de las pachangas guitarreras. Entre los peticionarios hallamos al católico progresista Graham Greene y al católico tradicional Evelyn Waugh; pero junto a ellos, otros grandes escritores del ámbito anglosajón, desde Robert Graves a W. H. Auden, desde Iris Murdoch a Agatha Christie. Del ámbito francés firmaron aquella carta, entre otros, Robert Bresson, François Mauriac y Jacques Maritain. Desde Italia se sumaron las firmas egregias de Giorgio de Chirico, Eugenio Montale y Salvatore Quasimodo. Del ámbito hispánico, la representación es más exigua, aunque no menos impactante: Salvador de Madariaga, María Zambrano, Andrés Segovia y Jorge Luis Borges.
   
En la carta leemos, entre otras afirmaciones: «En la civilización materialista y tecnocrática de hoy, con su creciente amenaza para el espíritu en su expresión creativa original -la palabra-, parece especialmente inhumano privar al hombre de formas verbales que han alcanzado su más excelsa manifestación. Los firmantes de este pedido […] quieren llamar la atención de la Santa Sede sobre la apabullante responsabilidad en la que incurriría en la historia del espíritu humano si se negara a permitir la subsistencia de la Misa Tradicional». Cuentan que Pablo VI, impresionado por la talla de los peticionarios, accedió a preservarla en algunas iglesias de Inglaterra, aunque el taimado monseñor Bugnini –encargado de la demolición litúrgica– exigió que no se diera publicidad al permiso. La misa tradicional, aunque relegada a la clandestinidad, fue entonces indultada gracias a aquella carta (que pasaría a denominarse «el indulto de Agatha Christie»). Así permanecería hasta que Benedicto XVI facilitase –tampoco demasiado– su celebración; ahora un capricho o desvarío porteño ha devuelto groseramente la misa tradicional a las catacumbas. El despotismo oriental con que se ha perpetrado esta barbarie será para siempre execrado en la historia del espíritu humano.
  
Medio siglo después de aquella carta, escritores y artistas contemplan con indiferencia o jocoso desdén las mutilaciones que una Iglesia decrépita se autoinflige. Y es que la liturgia es la ‘forma’ de la Iglesia, el principio vivificante del culto debido a Dios, que es su ‘materia’. La misa tradicional era el alma de la Iglesia; y, renegando de ella, la Iglesia se queda gravemente herida en su alma, despreciada por los artistas, cada vez más patéticamente deseosa de complacer al mundo, a solas con sus mazorrales pachangas guitarreras. No se reniega del sello de Dios impunemente.
La anterior fue la columna publicada por Juan Manuel de Prada en el diario ABC (España) el 13 de Agosto de 2021. Conviene traer a colación el grueso de la carta, publicada en el Times de Londres el 6 de Julio de 1971 (traducción tomada de PANORAMA CATÓLICO, que incluye adhesiones posteriores de otros intelectuales –las firmas en el original inglés son hasta Edward Ingram Watkin–):
DECLARACIÓN POR ESTUDIOSOS, INTELECTUALES Y ARTISTAS VIVIENDO EN INGLATERRA
    
Si algún decreto insensato llegase a ordenar la destrucción total o parcial de las basílicas o las catedrales, obviamente serían las personas beneficiadas por la cultura –cualesquiera fuesen sus creencias personales–, quienes se alzarían horrorizadas en oposición a una posibilidad tal.
   
Ahora el hecho es que las basílicas y catedrales fueron construidas para celebrar un rito que, hasta hace unos meses, constituía una tradición viva. Nos estamos refiriendo a la Misa Romana Tradicional. Aún así, de acuerdo a las últimas informaciones provenientes de Roma, existe un plan para hacer desaparecer dicha Misa hacia fines del año en curso.
   
Uno de los axiomas de la publicidad contemporánea, tanto religiosa como secular, es que el hombre moderno en general, y los intelectuales en particular, se han vuelto intolerantes a toda forma de tradición y están ansiosos por suprimirlas y poner alguna otra cosa en su lugar.
    
Pero, como muchas otras afirmaciones de nuestras máquinas publicitarias, este axioma es falso, Hoy, como en los tiempos pasados, la gente culta está a la vanguardia, allí donde es necesario el reconocimiento del valor de la tradición, y son los primeros en dar la voz de alarma cuando ella es amenazada.
    
No estamos considerando en este momento la experiencia religiosa o espiritual de millones de individuos. El rito en cuestión, en su magnífico texto latino, ha inspirado una pléyade de logros artísticos invalorables, no solo obras místicas sino la de poetas, filósofos, músicos, arquitectos, pintores y escultores de todos los países y épocas. De este modo pues, el Rito pertenece a la cultura universal, tanto como a los hombres de Iglesia y a los cristianos formales.
    
En la civilización materialista y tecnocrática de hoy con su creciente amenaza para la mente y el espíritu en su expresión creativa original –la palabra– parece especialmente inhumano privar al hombre de formas verbales que han alcanzado su más excelsa manifestación.
    
Los firmantes de éste pedido, que es completamente ecuménico y apolítico, proceden de cada una de las ramas de la cultura europea y de otras partes. Quieren llamar la atención de la Santa Sede sobre la apabullante responsabilidad en la que incurriría en la historia del espíritu humano si se negara a permitir la subsistencia de la Misa Tradicional, incluso aunque esta subsistencia tuviera lugar junto con otras formas litúrgicas.
   
Firmado:
Harold Acton
Vladimir Ashkenazy
John Bayler
Lennox Berkeley
Maurice Bowra
Agatha Christie
Kenneth Clark
Nevill Coghill
Cyril Connolly
Colin Davis
Hugh Delargy
Robert Exeter
Miles Fitzalan-Howard
Constantine Fitzgibbon
William Glock
Magdalen Gofflin
Robert Graves
Graham Greene
Ian Greenless
Joseph Grimond
Harman Grisewood
Colin Hardie
Rupert Hart-Davis
Barbara Hepworth
Auberon Herbert
John Jolliffe
David Jones
Osbert Lancaster
Frank Raymond Leavis
Cecil Day Lewis
[Sir Edward Montague] Compton Mackenzie
George Malcolm
Max Mallowan
Alfred Marnau
Yehudi Menuhin
Nancy Mitford
Raymond Mortimer
Malcolm Muggeridge
Iris Murdoch
John Murray
Seán Ó Faoláin
Edward James Oliver
[Julian Asquith, II Conde de] Oxford y Asquith
William Plomer
Kathleen Raine
William Rees-Mogg
Ralph Richardson
John Ripon
Charles Russell
Rivers Scott
Joan Sutherland
Philip Toynbee
Martin Turnell
Bernard Wall
Patrick Wall
Edward Ingram Watkin
Robert Charles Zaehner
Jorge Luis Borges
Giorgio De Chirico
Elena Croce
Wystan Hugh Auden
[Robert] Bresson
[Carl] Dreyer
Augusto Del Noce
Julien Green
Jacques Maritain
Eugenio Montale
Cristina Campo
François Mauriac
Salvatore Quasimodo
Evelyn Waugh
María Zambrano
Elémire Zolla
Gabriel Marcel
Salvador de Madariaga
Gianfranco Contini
Giacomo Devoto
Giovanni Macchia
Massimo Pallottino
Ettore Paratore
Giorgio Bassani
Mario Luzi
Guido Piovene
Andrés Segovia
Harold Acton
 
A esta misiva (que incluía firmas de modernistas, ateos, judíos y de comunistas –una carta  “ecuménica”, como ahora le dicen–) le siguió una columna de Clifford Longley (siempre en el Times) el 9 de Julio, exponiendo las dificultades que traía el Novus Ordo en su traducción inglesa. El cardenal Heenan llevó la solicitud a Pablo VI Montini, quien al leer la carta exclamó «¡Ah, Agatha Christie!» (dicho sea de paso, Agatha Christie –cuyo nombre real era Agatha Mary Clarissa Miller Boehmer– era anglicana, a diferencia de su famoso detective Hércules Poirot), concediendo el indulto, cuya traducción al español es la siguiente:
SAGRADA CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
   
Ciudad del Vaticano, 5 de Noviembre de 1971
  
Prot. N. 1897/71
  
Su Eminencia,
   
Su Santidad, el Papa Pablo VI, mediante carta del 30 de Octubre de 1971, ha otorgado facultades especiales al Secretario abajo firmante de esta Sagrada Congregación para transmitir a Su Eminencia, como Presidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, los siguientes puntos relacionados con el Orden de la Misa:
  1. Teniendo en cuenta las necesidades pastorales mencionadas por Su Eminencia, está permitido a los Ordinarios locales de Inglaterra y Gales conceder que ciertos grupos de fieles puedan participar en la Misa celebrada de acuerdo con los ritos contenidos en los textos del antiguo Misal Romano en ocasiones especiales. La edición del Misal que se utilizará en estas ocasiones debería ser la publicada nuevamente por el Decreto [Inter] de la Sagrada Congregación de Ritos (27 de Enero de 1965) y con las modificaciones indicadas en la Instructio altera [Tres Abhinc Annos] (4 de Mayo de 1967).
      
    Esta facultad se puede otorgar siempre que los grupos hagan la solicitud por razones de genuina devoción, y siempre que el permiso no perturbe ni dañe la comunión general de los fieles. Por esta razón, el permiso se limita a ciertos grupos en ocasiones especiales; en todas las Misas regulares de la parroquia y de otras comunidades, se debe utilizar el Orden de la Misa establecido en el nuevo Misal Romano.
      
    Dado que la Eucaristía es el sacramento de la unidad, es necesario que el uso de el Ordo de la Misa del antiguo Misal no se convierta en un signo o causa de desunión en la comunidad católica. Por esta razón, el acuerdo entre los obispos de la Conferencia Episcopal sobre cómo se debe ejercer esta facultad será una garantía adicional de la unidad de práctica en esta área.
  2. Los sacerdotes que en ocasiones deseen celebrar la Misa de acuerdo con la edición del Misal Romano mencionada anteriormente, pueden hacerlo por consentimiento de su Ordinario y de acuerdo con las normas dadas por el mismo. Cuando estos sacerdotes celebran la Misa con pueblo y desee utilizar los ritos y textos del antiguo Misal, se deben aplicar las condiciones y los límites mencionados anteriormente para la celebración de ciertos grupos y en ocasiones especiales.
   
Con mis más altos respetos,
   
Atentamente en Cristo,
   
(Fdo.) Annibale Bugnini                  
Secretario Sagrada Congregación para el Culto Divino
Pero Bugnini, el creador del Novus Ordo Missæ (y sus antecesores la Reforma de la Semana Santa de 1951-1955, el rito roncalliano de 1962, las reformas de 1965 y 1967, y la Missa Normatíva de 1967), no quería que a tal indulto se le diese publicidad. En una carta personal al cardenal Heenan, le dice:
«Vd. habrá recibido, en sobre separado, la carta expresando la opinión del Santo Padre sobre la solicitud de Su Eminencia del 29 de Octubre de 1971. Su Santidad sabe bien que Su Eminencia se asegurará de que este permiso se conceda con la prudencia y reserva que requiere el asunto. También es muy deseable que el permiso se otorgue sin demasiada publicidad. Mientras escribo, recuerdo que el año pasado celebramos la canonización de los Cuarenta Mártires [de Inglaterra y Gales]. Esa canonización sigue siendo una de las mejores celebraciones litúrgicas que he visto en [la basílica de] San Pedro, una fina mezcla de lo antiguo y lo nuevo».
Y en efecto, la falta de publicidad propició que el semanario anglo-irlandés The Universe (medio semi-oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales) publicara en primera plana el 26 de Noviembre de ese año lo siguiente:
«A partir de este domingo, primero de Adviento, está prohibido ofrecer la Misa en rito tridentino en cualquier lugar del mundo. En circunstancias muy especiales, los sacerdotes ancianos o jubilados pueden solicitar a su propio obispo permiso para usar el rito, pero para uso privado solamente».
Artículo que fue desmentido por el Times el 2 de Diciembre, que publicó el indulto anterior citado en un artículo titulado “El Papa sanciona la Misa Latina tradicional en Gran Bretaña”, celebrándose por primera vez en el altar mayor de la catedral de Westminster el 17 de Junio de 1972.
   
Cabe reseñar que este indulto NO ERA PARA LA MISA ROMANA TRADICIONAL (cuya última reforma plenamente católica fue Divíno Afflátu). No, era para el rito reformado por las instrucciones “Inter Œcuménici” del 26 de Septiembre de 1964 (entró en vigor el 7 de Marzo de 1965) y “Tres Abhinc Annos” del 4 de Mayo de 1967 (entró en vigor el 29 de Junio de ese año). Y como tal, fue derogado tácitamente por el Indulto “Quáttuor Abhinc Annos” del 3 de Octubre de 1984 (que sin embargo, sigue el mismo camino).

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