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viernes, 12 de noviembre de 2021

BEATO JUAN CINI DE LA PAZ, ERMITAÑO TERCIARIO FRANCISCANO

      
De Juan de la Paz se tienen noticias biográficas en tres dísticos colocados sobre su tumba. En resumen se afirma que fue un retoño de noble estirpe, que vivió primero como ermitaño en una selva solitaria, que volvió luego por amor de Dios a su ciudad y que allí construyó una iglesia dedicada a la Santísima Trinidad y un oratorio a San Juan Evangelista.
   
Juan Cini nació en Pisa hacia 1270. Se le llamó “de la Paz”, por haber vivido largamente en un eremitorio cerca de la “Puerta de la Paz”, de Pisa. En su juventud tuvo una educación y formación verdaderamente cristiana. En efecto encontramos su nombre entre los primeros pisanos que abrazaron la Tercera Orden de la penitencia, poco antes instituida por el Poverello de Asís para la santificación de los fieles. Fue también soldado de la república de Pisa. En 1305, luego de cumplir su pena por participar en el atentado contra el arzobispo de Pisa Teodorico Ranieri (atentado liderado por Ciomeo Cappone di Lanfranco, de la facción de Ruggieri degli Ubaldini, antecesor de Teodorico) el 8 de Octubre de 1296, pasó de la vida militar a la vida de la penitencia y caridad. Iluminado por la gracia de Dios, reflexionó en su vida pasada como soldado, sintió gran dolor por todo lo malo que había hecho y tomó la resolución de apartarse del mundo para llorar sus culpas y seguir a Jesús en la penitencia.
   
Se propuso reactivar “La Pía casa de la misericordia” con el fin de aliviar los sufrimientos de los pobres, alojar a los peregrinos y dedicarse a todas las obras de caridad. Pero el ideal de Juan de la Paz no se limitó a la “Pía casa de la misericordia”, su aspiración era la vida eremítica. Por tanto, en una celda junto a la Puerta de la Paz se consagró a la penitencia y a la oración para obtener de Dios el perdón de sus culpas e implorar sobre sus conciudadanos, con mucha frecuencia agitados por sangrientas luchas, la tan anhelada paz. Por varios años Juan dio lustre a su ciudad con el esplendor de las virtudes; su nombre estaba ya en labios de todos. Siempre afable y caritativo, se prodigaba por el bien de todos.
   
Dios lo quiso padre espiritual de numerosos discípulos que siguieron su ejemplo, fueron llamados “Ermitaños Terciarios Franciscanos”, cuyos estatutos fueron aprobados por el arzobispo fray Juan de Polo OP en 1305, y fueron disueltos en 1782 por un Gran Duque de Toscana Pedro Leopoldo I de Habsburgo-Lorena (futuro Leopoldo II del Sacro Imperio) influenciado por el jansenismo. En 1330 el arzobispo de Pisa Odón de la Sala OP entregó a éstos el eremitorio de Santa María de la Sambuca, que bajo su dirección floreció de nuevo en santidad. El Beato Juan dejó allí un grupo de sus ermitaños y regresó a su oratorio junto a la puerta de la Paz; se hizo construir una celdita, donde pasaría el resto de sus días llevando una vida más celestial que terrena. Al llegar a la edad de 70 años, consumido por las austeridades se preparó para la muerte, la cual esperó como dulce hermana. El 12 de Noviembre de 1340 desde su celda de recluso voló al cielo.
   
Hasta el 18 de Marzo de 1856 estaba sepultado en el Cementerio Monumental de Pisa en una tumba decorada con frescos por Antonio Veneziano entre 1387 y 1388; desde aquel año sus reliquias fueron trasladadas a la Iglesia de San Francisco de los Conventuales de Pisa. Pío IX aprobó su culto el 10 de septiembre de 1857.
  
En ocasión del VI centenario de su muerte, el profesor Enrico Favilli dijo del beato: 
“Admirando toda la obra del Beato Juan de la Paz, debemos reconocer que él es una de aquellas figuras que, sobrevolando las barreras de los siglos, no se presentan a la palestra de la historia con un elenco de datos, sino con una corona de hechos humildes: no con milagros estrepitosos y con gestas heroicas, sino con una vida modesta, con una obra silenciosa, cotidiana y fructífera”.
ORACIÓN
Oh Dios, que hiciste al Bienaventurado Juan ilustre por su espíritu de penitencia e inusual caridad, concédenos a nosotros tus siervos, que siguiendo sus huellas, podamos conformar los deseos de nuestros cuerpos y almas, mostremos misericordia a los pobres aquí en la tierra, y merezcamos por ello recibir la corona inmarcesible de misericordia en el Cielo. Por J. C. N. S. Amén.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)