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jueves, 9 de enero de 2025

MENSAJE DE Mons. RODRIGO DA SILVA POR EL ANIVERSARIO DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES DE PIERRE ROY Y FERNANDO ALTAMIRA

MENSAJE DEL OBISPO CONSAGRANTE: ANIVERSARIO DE LA CONSAGRACIÓN EPISCOPAL DE LOS OBISPOS PIERRE ROY Y FERNANDO ALTAMIRA
   

Carísimos Hermanos en el episcopado,

Es com inmensa alegría y gratitud a Dios que, en este día de particular significado para la Iglesia, me dirijo a vosotros para felicitaros por el aniversario de vuestras consagraciones episcopales. Este marco, que celebramos en la más profunda reverencia y en el espíritu de humildad delante del Señor, es un recuerdo solemne del compromisso que tomasteis delante de Dios y de Su Iglesia.

El estado de necesidad que atravesamos, con la Sede vacante y la Iglesia en un momento de crisis espiritual e institucional sin precedentes, exige de nosotros, obispos católicos, una fidelidad inquebrantable a la Tradición y a la Verdad. En tiempos tan desafiantes, somos llamados a ser vigías de la fe, no permitiendo que las herejías o las innovaciones ajenas a la verdadera doctrina de Cristo penetren en nuestro rebaño. La sede vacante, que a tantos causa grande angustia, no puede desviarnos de nuestro deber primordial: la defensa de la fe católica, que permanece intacta, no obstante las muchas dificultades que la Iglesia enfrenta.

Al recordar el momento solemne de vuestra consagración, no podemos dejar de alabar al Señor por Su gracia y misericordia. Vuestra ordenación sacerdotal fue una respuesta al llamado divino, y vuestra elevación al episcopado fue una confirmación del celo que tenéis por la pureza de la fe y por la salvación de las almas. No obstante la sede vacante de la Santa Iglesia, vuestra misión es más urgente que nunca, pues sois portadores de la verdadera doctrina, de los verdaderos sacramentos y defensores del rebaño del Señor.

Carísimos Obispos Pierre Roy y Fernando Altamira, el Señor os ha confiado la misión de ser pastores en un tiempo de tinieblas, mas, como está escrito, «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Romanos 5, 20). Que vuestra fidelidad a la Iglesia de todos los tiempos, a la Tradición inmutable y a la Santa Doctrina, continúe siendo un farol de luz para aquellos que buscan la verdad, un refugio seguro en tiempos de confusión y caos.
   
En este aniversario de vuestras consagraciones episcopales, pido al Señor que, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, os fortalezca en vuestro ministerio y os conceda sabiduría, coraje y perseverancia. Que vuestra vida y vuestras obras sean siempre un reflejo de la fidelidad a Cristo, y que, con Él, seáis siempre los pastores de la fe verdadera, sin ceder al modernismo que contamina muchas almas.

En la oración continua y en el espíritu de sacrificio, nos unimos a vosotros en este día de gracia, confiantes de que, solamente mediante la gracia de Dios, la Iglesia será restaurada y la verdadera fe, en el debido tiempo, reinará nuevamente sobre todas las naciones.

Con la bendición apostólica y mis más sinceras felicitaciones,

✠ S. Exa. Revma. Dom Rodrigo H. R. da Silva

domingo, 14 de enero de 2024

Mons. PIERRE ROY: «Mons. LEFEBVRE NO MENCIONABA A JUAN PABLO DESPUÉS DE LAS CONSAGRACIONES DE 1988».


En la entrevista concedida a Diego Rafael Moreira para el canal Controversia Católica en la víspera de su consagración episcopal, el obispo Pierre Roy dijo que después de las consagraciones de 1988, el arzobispo Marcel Lefebvre era ya sedevacantista (ver desde el minuto 7:40; traducción propia):
«Yo estaría realmente sorprendido, porque el arzobispo Lefebvre, sobre todo que al final de su vida, después de las consagraciones, y me acuerdo de las palabras de Mons. Williamson. Monseñor Williamson dijo una vez que el verdadero arzobispo Lefebvre se encuentra después de las consagraciones de 1988. Él estaba hesitante: a veces buscaba una reconciliación, otras veces su gran conciencia le decía que esta reconciliación era imposible, pero como Mons. Williamson decía una o tal vez muchas veces, el verdadero Mons. Lefebvre se encuentra en una acción que él, después de una larga duda, decidió hacer, y es la consagración en 1988 de los cuatro obispos.
    
Yo conocí personalmente al padre [Pierre] Épiney, que fue el confesor de Mons. Lefebvre y fue él, si mal no recuerdo, quien lo confesó en su lecho de muerte. Yo solía visitarlo, él fue un sacerdote que se unió a la FSSPX. En verdad, pienso que fue enviado a Mons. Lefebvre por el obispo de Sión (el obispo de la diócesis donde fue establecido el seminario de Écône) para intentar convencerlo de “retornar a la Iglesia”, pero al final, fue él quien se unió a Mons. Lefebvre, ocurriendo lo contrario. Y el padre Épiney me contó personalmente, muchas veces, que después de las consagraciones de 1988, Mons. Lefebvre jamás mencionaría el nombre de Juan Pablo II en el Canon de la Misa. No miento sobre esto, no tengo razones para creer que el padre Épiney mintió sobre esto, y esto es lo que él me contó muchas veces. Por eso yo creo que, al final de su vida, Mons. Lefebvre, una vez se decidió finalmente, después de consagrar los cuatro obispos, tenía más clara su postura que antes y no creo que hoy reconocería a alguien como Francisco como Vicario de Nuestro Señor Jesucristo, no veo cómo sería posible».
    
   

Nacido en 1935, el padre Pierre Épiney (foto; fallecido el 15 de Enero de 2022) había sido ordenado sacerdote el día de Corpus Christi de 1961 para la diócesis de Sión (Suiza). En 1967, fue designado por el obispo François-Néstor Adam Marzon CRB como párroco de Riddes y Écône.
    
En 1975, por su apoyo al arzobispo Marcel Lefebvre (quien estableció el seminario en Écône con su apoyo después que fue cerrado por seminario fue cerrado por el obispón de Lausana Pierre Mamie Donzé) y por negarse a adoptar la Misa Montini-Bugniniana, fue destituido por Adam (quien se decía tolerante a la Tradición) y fundó inmediatamente en el lugar una parroquia de reemplazo, en un aserradero, para los muchos fieles tradicionalistas de la región.
  
El padre Épiney fue confesor del arzobispo Lefebvre, y después de su muerte, se opuso a la política de acuerdismo del obispo Bernard Fellay (que de niño había sido su monaguillo), por lo que en 2012 le declaró persona non grata para la Fraternidad. Y en 2019, el padre Épiney dio un enérgico sermón contra el establecimiento del obispón modernista en retiro Vitus Huonder en la escuela Santa María en Wangs.
    
En su homilía por sus 25 años de ordenación sacerdotal, el arzobispo Lefebvre dijo el día de Corpus Christi de 1986 al padre Épiney: «Gracias a usted, querido padre, el Valais sigue siendo católico».

sábado, 18 de noviembre de 2023

PIERRE ROY, NUEVO OBISPO CATÓLICO EN CANADÁ


Junto al padre Fernando Altamira, será consagrado Obispo el padre Pierre Roy (foto), de la Misión Nuestra Señora de la Alegría (Canadá francés). Así lo anunció Mons. Rodrigo da Silva el 16 de Noviembre:
Consagración Episcopal del Padre Pierre Roy

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Rodrigo H. Ribeiro da Silva
Seminario San José, Estr. dos Padeiros, 6300 - Sítio Tres Nascentes, Juquitiba - SP, 06950-000
      
16 de noviembre de 2023
   
Queridos fieles de Canadá y América del Norte,
   
Actualmente me encuentro en Méjico, visitando varias iglesias y sacerdotes que trabajan con nosotros en el apostolado. Hace aproximadamente dos meses, como ya sabéis, tuve graves problemas de salud, pero ahora –¡Deo gratias!– estoy bien y gozo de buena salud. El motivo de esta carta es daros una noticia muy importante, que creo será para mayor bien de la Santa Iglesia Católica, para Gloria de Dios y para el bien y salvación de las almas. Tengo la intención de consagrar al Episcopado al Rev. P. Pierre Joseph Roch Roy. La ceremonia tendrá lugar el 7 de Enero de 2024 en San Pablo, Brasil.
    
El P. Roy, de nacionalidad francocanadiense, ha tenido desde hace muchos años un apostolado muy amplio y fructífero en Canadá, y es un buen sacerdote de sana doctrina; por lo cual juzgo que es apto para ser elevado al Episcopado.
    
¿Por qué otro obispo? Algunos preguntarán, ¿no son suficientes los obispos que ya tenemos? Como vosotros sabéis es mi deber cuidar de las iglesias y misiones a las que asistió Su Excelencia el Obispo Daniel Dolan (QEPD) en México y toda Sudamérica; que han demostrado, en estos dos últimos años, ser un trabajo enorme, abrumador y agotador. Por lo tanto, consagraré al Episcopado al Rev. P. Pierre Roy para que pueda trabajar junto a mí en el apostolado y la administración de los Sacramentos en Canadá, del que también he sido responsable anteriormente. Además, considero prudente esta consagración, teniendo en cuenta la situación actual que vivimos en todo el mundo: las cuarentenas y los confinamientos no se quedan atrás; el pasaporte de “vacunas” Covid podría volver; muchos países han cerrado sus fronteras durante un período prolongado no hace mucho tiempo y muy bien podrían volver a hacerlo en el futuro; estamos viendo guerras en pleno apogeo (Rusia-Ucrania; Israel-Palestina) y no sabemos cómo pueden intensificarse en el futuro cercano. Parece prudente mirar la historia de los últimos años como una advertencia de Dios para prepararnos para tiempos más terribles y no esperar a que la situación degenere para organizar todo lo necesario para asegurar la supervivencia del pueblo cristiano.
   
Los fieles de Canadá han sido privados de los sacramentos de la Confirmación y del Orden Sagrado durante años durante los confinamientos, y han pasado por largos períodos de fronteras cerradas. No sólo durante este tiempo más de cien personas esperaban ansiosamente recibir el Sacramento de la Sagrada Confirmación, sino que incluso ahora sería difícil que en este país se aceptaran vocaciones sacerdotales debido a la incertidumbre sobre su ordenación, si se produjera una situación similar. En cualquier momento, es posible que no pueda visitar Canadá, lo que haría imposible su ordenación. También está la cuestión de los Santos Óleos, que serían difíciles de suministrar en tales circunstancias. Todas estas cuestiones hacen que la consagración de un obispo local canadiense no sólo sea algo prudente y necesario, sino también algo que considero urgente.
    
Pido sus oraciones por el Rev. P. Pierre Roy y por todos nosotros, vuestros obispos y sacerdotes.
    
Con mucho gusto os doy a todos mi bendición episcopal.
    
En Jesús y María,
    
✠ Su Excelencia Reverendísima Monseñor Rodrigo H. Ribeiro da Silva
     
Pierre Roy fue ordenado sacerdote en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X el 17 de Junio de 2011 por el obispo Bernard Fellay. El 3 de Junio de 2016 abandonó la Fraternidad como rechazo a las negociaciones en curso con el Vaticano Modernista, y estuvo un tiempo con la Resistencia de Mons. Richard Williamson, antes de adherir al Sedevacantismo. En ocasión de su futura consagración episcopal, escribió esta carta (Fuente: CÍRCULO SAN ROBERTO BELARMINO; traducción propia):
“Non enim ddit nobis Deus Spiritum timoris: sed virtutis, et dilectionis, et sobrietatis”. 2 Tim. 1.7

«Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de sobriedad» 2Tim. 1, 7

Queridos fieles,

Estamos muy solos ante ciertas decisiones que involucran nuestra eternidad y la salvación de nuestros hermanos... Y sin embargo, a veces estas decisiones deben tomarse y no podemos hacer nada para escapar de ellas, estando obligados a hacerlo por las circunstancias en las que el Señor nos coloca.

Han pasado más de siete años desde mi salida de la FSSPX y de mi carta explicando los motivos de esta salida. Como podéis comprender, entonces me enfrenté a una decisión muy difícil, un punto de inflexión sin precedentes en mi existencia previamente pacífica. Bendito sea Dios, hoy estoy contento con esta decisión tomada entonces y no me arrepiento más que de no haber cruzado el Rubicón hasta muy tarde ante los compromisos doctrinales a los que estuve expuesto.

Ahora me veo frente a un punto de inflexión de importancia igualmente capital. Como saben, Mons. Ribeiro da Silva tomó la decisión de elevar al episcopado al padre Fernando Altamira para Colombia y a mí para Canadá. Esta decisión obviamente fue discutida durante un año y medio, en el difícil contexto global que afrontábamos. A pesar de estas circunstancias objetivas que nos sitúan en una situación en la que nos hemos visto privados de la ayuda de un obispo durante un período prolongado, y del riesgo real de que esta situación se repita durante un tiempo aún mayor, algunos pueden opinar que esta decisión de Mons. Ribeiro da Silva es imprudente o innecesaria. Para aclarar los motivos de esta decisión, os escribo hoy esta carta.

Permitidme recordaros que estamos en guerra contra la falsa Iglesia del Vaticano II que continúa sus estragos en toda la tierra. Como sabéis, mi ministerio se extiende sobre un territorio inmenso, más de 1900 kilómetros, y tengo que cuidar de muchas almas en seis provincias de Canadá. En este inmenso territorio reinan los modernistas, que aplican constantemente las directivas de la Roma apóstata. ¿No sería vano e ilusorio pretender luchar contra su influencia nociva, sin darnos los medios para afrontarlas? La presencia de al menos un obispo verdaderamente católico parece necesaria en esta batalla contra la falsa Iglesia en nuestro país a cualquiera que sea consciente de la gravedad de la situación actual. «Hijitos míos, no amemos de palabra y lengua, sino de acción y en verdad» I Jo III, 18.

Mons. Ribeiro da Silva recordó en su carta las circunstancias que hemos vivido en los últimos años. No volveré. Le estamos agradecidos por ayudarnos.
   
Y, sin embargo, cuando Mons. da Silva acudió en nuestra ayuda, su presencia entre nosotros no le permitió llegar a todos los fieles que necesitaban los sacramentos. ¿Cómo puedo pedirle que viaje en el espacio de una semana a todos lados en el campo del apostolado que yo sólo puedo viajar cada seis semanas y aún menos a ciertos lugares? A pesar de la generosidad que mostró al venir y regresar de Brasil, sólo pudimos organizar la ceremonia de Confirmación en Moncton y Lévis. Después de un agotador viaje desde Brasil hasta nosotros, todavía nos llevó 14 horas de viaje. Los fieles de todas partes, al no poder viajar, no pudieron recibir los sacramentos que deseaban de todo corazón. Sin mencionar el hecho de que cada mes se nos unen nuevos fieles que necesitan la misma ayuda espiritual. Monseñor da Silva no quiere correr el riesgo de dejarnos nuevamente sin los sacramentos por un período prolongado. Fue en este contexto que me pidió que aceptara asumir parte de la carga y que acepté, no sin dudar mucho tiempo, sabiendo muy bien que me exponía a la furia de las olas.
     
No tengo ninguna duda de que algunos se sentirán conmovidos por esta decisión tomada por Mons. da Silva y que hemos aceptado, pero no podemos tener en cuenta sus reticencias. El Cielo nos ha cuidado de manera admirable hasta ahora. Sin embargo, un pastor es alguien que ve venir los peligros y no huye. «El mercenario huye, porque es mercenario y no se preocupa por las ovejas» (Juan 10.13). El amor que tengo por mi rebaño me obliga, a mi pesar, a dejar de lado mis miedos y tomar sobre mí el yugo del Señor.
    
Como sabéis, he aceptado a jóvenes para que lleven con nosotros la vida religiosa e incluso se preparen para la vida sacerdotal, si Dios quiere. La vida de estos jóvenes es preciosa y no podemos aceptarlos con nosotros sin tener la certeza moral de que podrán seguir las etapas de su vocación. La presencia de un obispo resulta, por tanto, necesaria para ser justos con estos jóvenes, a menos que nos decidamos a no construir nada serio y a esperar hasta que la desaparición del único sacerdote presente reduzca a la nada todo el trabajo realizado a costa de tanto. muchos sacrificios por parte de todos. De hecho, me encuentro ante un dilema: abandonar todo deseo de formar sacerdotes para cuidar de vuestras almas, o aceptar la petición de Mons. da Silva.
   
Para concluir, queridos fieles, permitidme señalaros que esta decisión es una continuación lógica de todo lo que hemos hecho durante más de siete años. Habiendo observado los compromisos de la FSSPX, que no han hecho más que aumentar desde entonces, confiamos nuestras almas a Dios y navegamos solos en alta mar, confiando en la ayuda del Señor. «Adjutorium nostrum in nomine Domini. Nuestra ayuda es en el nombre del Señor». Se trata ahora de garantizar la sostenibilidad de la Misión Nuestra Señora de la Alegría (Mission Notre Dame-de-Joie) y no podemos dar marcha atrás después de que el Señor nos ha mostrado tantos signos de su bendición.
    
Si tuviera la más mínima duda de que la Iglesia del Vaticano II es la Iglesia instituida por Nuestro Señor Jesucristo, jamás tendría la temeridad de recibir la consagración episcopal contra la voluntad de esta Iglesia. Teniendo la evidencia de que Roma ha caído en apostasía, no sólo tenemos el derecho, sino que tenemos el deber de luchar contra esta apostasía con todos los medios que el Señor ponga a nuestra disposición. Por supuesto, las circunstancias son excepcionales y soy muy consciente de ello. Mi mayor deseo será poder poner lo antes posible mi episcopado en manos de un verdadero Soberano Pontífice y estoy seguro de que Mons. Ribeiro da Silva está lleno del mismo deseo.
    
Habéis recibido con alegría la visita de monseñor Ribeiro da Silva. Recibisteis su autoridad espiritual al recibir de sus manos el sacramento de la Confirmación. Felizmente le confiasteis vuestras almas. Mons. da Silva, después de una atenta reflexión, consideró necesario dar un paso más para asegurarnos los sacramentos de la Iglesia y vemos en ello el amor que tiene por nuestras almas. Tened la bondad de recibir su decisión con la misma Fe y el mismo entusiasmo con que lo recibisteis a él mismo. Rezad por mí. Seré juzgado tanto más severamente por el Señor cuanto más elevado a mayor dignidad sea en su Iglesia. Pero la Iglesia de Cristo no puede sobrevivir sin pastores, por eso no me gustaría que se quedara sin pastores por timidez, por miedo, o por miedo a los ataques que sufriremos por todos lados y que las ovejas sigan ser dispersado por lobos rapaces.

¡Dios los bendiga a todos!

P. Pierre Roy

¡Servid al Señor con alegría! (Salmo 99)