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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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martes, 4 de agosto de 2026

LETANÍA DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN EN LATÍN Y ESPAÑOL


Tomado del Office de la Très-Sainte Vierge selon le Rit Dominicain, 6.ª edición, París, Librería de los hermanos Poussielgue, 1874. Traducción propia.
   
LATÍN
℣. Kýrie, eléison.
℞. Kýrie, eléison.
℣. Christe, eléison.
℞. Christe, eléison.
℣. Kýrie, eléison.
℞. Kýrie, eléison.
      
℣. Christe, áudi nos.
℞. Christe, áudi nos.
℣. Christe, exáudi nos.
℞. Christe, exáudi nos.
   
℣. Pater de cœlis Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Fílii Redemptor mundi Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Spíritus Sancte Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Sancta Trinitas, unus Deus,
℞. Miserére nobis.

℣. Sancta María,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sancta Dei Genétrix,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sancta Virgo vírginum,
℞. Ora pro nobis.

℣. Magne Pater Domínice,
℞. Ora pro nobis.
℣. Lumen Ecclésiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Lux mundi,
℞. Ora pro nobis.
℣. Jubar sǽculi,
℞. Ora pro nobis.
℣. Prædicátor grátiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Rosa patiéntiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Salútis animárum sitientíssime,
℞. Ora pro nobis.
℣. Martýrii cupidíssime,
℞. Ora pro nobis.
℣. Magne animárum œcónome,
℞. Ora pro nobis.
℣. Vir evangélice,
℞. Ora pro nobis.
℣. Doctor veritátis,
℞. Ora pro nobis.
℣. Ebur castitátis,
℞. Ora pro nobis.
℣. Vir plane apostólici péctoris,
℞. Ora pro nobis.
℣. Páuper in pecúlio,
℞. Ora pro nobis.
℣. Dives vita pura,
℞. Ora pro nobis.
℣. Pro zelo pereúntium ardens quási fácula,
℞. Ora pro nobis.
℣. Evangélii tuba,
℞. Ora pro nobis.
℣. Præco cœléstium Abstinéntiæ régula,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sal terræ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Quási sol refúlgens in templo Dei,
℞. Ora pro nobis.
℣. Christi suffúlte grátia,
℞. Ora pro nobis.
℣. Stola dotáte régia,
℞. Ora pro nobis.
℣. Flos in florum virens aréola,
℞. Ora pro nobis.
℣. Terram rigans cruóre pio,
℞. Ora pro nobis.
℣. Cœli locáte in hórreo,
℞. Ora pro nobis.
℣. Fulgens in choro Vírginum,
℞. Ora pro nobis.
℣. Prædicatórum Órdinis Dux et Pater,
℞. Ora pro nobis.
℣. Ut mortis hora tecum suscipiámur in cœlo,
℞. Ora pro nobis.
  
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Parce nobis, Jesu.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Exáudi nos, Jesu.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Miserére nobis, Jesu.
    
℣. Christe, áudi nos.
℞. Christe, áudi nos.
℣. Christe, exáudi nos.
℞. Christe, exáudi nos.
   
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad Te véniat.
   
ORATIO
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui peccatórum nostrórum póndere prémimur, beáti Domínici Confessóris tui, Patris nostri, patrocínio sublevémur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
  
TRADUCCIÓN
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℟. Señor, ten piedad de nosotros.
℣. Cristo, ten piedad de nosotros.
℟. Cristo, ten piedad de nosotros.
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℟. Señor, ten piedad de nosotros.
  
℣. Cristo, óyenos.
℟. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℟. Cristo, escúchanos.
   
℣. Dios Padre celestial,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Hijo, Redentor del mundo,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Espíritu Santo,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Santísima Trinidad, un solo Dios,
℟. Ten piedad de nosotros.
   
℣. Santa María,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Santa Madre de Dios,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Santa Virgen de las Vírgenes,
℟. Ruega por nosotros.
  
℣. Magno Padre Santo Domingo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Lumen de la Iglesia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Luz del mundo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Antorcha del siglo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Predicador de la gracia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Rosa de paciencia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Sedientísimo por la salvación de las almas,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Deseosísimo del martirio,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Gran director de las almas,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Varón evangélico,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Doctor de la verdad,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Marfil de castidad,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Varón de corazón verdaderamente apostólico,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Pobre en bienes temporales,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Rico en la pureza de vida,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Trompeta del Evangelio,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Heraldo del Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Modelo de abstinencia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Sal de la tierra,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Resplandeciente como el sol en el templo de Dios,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Revestido de estola real,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Trigo recogido en los silos del Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Resplandeciente en el coro de los Vírgenes,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Jefe y padre de la Orden de Predicadores,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
   
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Perdónanos, Jesús.
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Escúchanos, Jesús.
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Ten piedad de nosotros, Jesús.
    
℣. Cristo, óyenos.
℟. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℟. Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 31 de julio de 2026

DÍA DE RETIRO ESPIRITUAL

Tomado del Misal de fieles del Padre Luis Ribera CMF.

Las personas verdaderamente pladosas hacen todos los meses un día de Retiro Espiritual, que consiste en prepararse a fin de tenor una buena y santa muerte. No te olvides de hacerlo. Quizá durante el mes no has pensado más que en tus negocios materiales; pero vale la pena de que emplees por lo menos media horita cada mes en el gran negocio, en el negocio de la salvación de tu alma. No es esto pedirte mucho. ¿No encontrarás treinta minutos en los 43.200 que tiene el mes?

Si el día de Retiro se practica en tu parroquia, no dejes de asistir al mismo. Sí no se hace públicamente, puedes hacerlo en particular tú mismo, o en la iglesia o en tu misma casa. Y te aconsejo que todo aquel día procures guardar un poco más de silencio, practicar alguna pequeña mortificación, hacer alguna obra de caridad y, sobre todo, retirarte por espacio de media hora para practicar el ejercicio que aquí encontrarás,

Puesto en tu habitación, con las ventanas un poco entornadas, te pondrás de rodillas y con todo el afecto de tu corazón harás la siguiente

MEDITACIÓN DE LA MUERTE

COMPOSICIÓN DE LUGAR. — Represéntate a ti mismo en el trance de la muerte con el semblante pálido y cadavérico, y la respiración difícil y casi apagada.
PETICIÓN. — Pide a Dios luz para conocer y sentir lo que te sucederá en aquel lance triste, y gracia para prepararte debidamente.

PUNTO 1.º — El morir es un decreto divino, irrevocable y universal, confirmado por la historia de todos los siglos. Considera que el morir es una ley sin excepción ni dispensa; es un decreto irrevocable de Dios, que irremisiblemente nos comprende; es una necesidad de la cual no puede prescindirse. No depende de nuestro querer o no querer, ni dejamos de correr a ella por el olvido. La historia de todos los tiempos, pueblos y familias es una prueba auténtica de esta verdad que nadie podrá impugnar. Mira, para tu desengaño, en qué han parado tantas y tan bellas figuras de hombres y mujeres como han existido desde Adán hay hoy. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué ha sido de ellos? ¿dónde están? ¡Ay! Abre sin miedo aquellos nichos, aquellos sepulcros, y no verás en ellos otra cosa que podre, ceniza, gusanos. He aquí en qué paran todos, ricos y pobres, sabios e ignorantes, superiores y súbditos, y en eso pararás tú, quizá dentro de poco. Oye, si no, las palabras que en boca de ellos pone el Espíritu Santo: Acuérdate de nuestra suerte; pues así será también la tuya: ayer para mi, hoy para ti. (Eccli. 38, 23.) — REFLEXIONA SERIAMENTE ESTO UNOS INSTANTES.

No hay remedio; llegará el día en que deberás despedirte del mundo, para presentarte a juicio y pasar a la eternidad; llegará el día en que cerrarás los ojos a la luz, en que dejarás el mundo y cuanto hay en él; en que tu alma, entre desmayos y agonías, se separará violentamente del cuerpo, dejándole objeto de horror y espanto, y pasando ella al Cielo, Purgatorio o Infierno, según la sentencia irrevocable del terrible Juez. En esto infaliblemente te has de ver; a eso corres como el agua, como el sentenciado que va al suplicio; y de esto no te. puedes evadir. ¿Crees tú esa verdad? Pues si de ella no puedes dudar, di: ¿Por qué amas tanto el mundo? ¿Por qué regalas tanto este cuerpo, enemigo de tu alma, que tantas faltas te hace cometer? ¿Por qué buscas con tanto afán las comodidades, los gustos, las honras? En una palabra: ¿por qué no te preparas y dispones mejor para morir? ¿De qué te servirán en aquel momento los gustos, los pasatiempos, las vanidades, las diversiones mundanas? ¿Cómo cometes pecados que en aquel momento tanta tortura te han de dar? ¿Por qué no multiplicas y no haces mejor las obras buenas, que es lo único que en aquella hora te podrá valer? Oh alma, abre los ojos con tiempo; medita con atención esta verdad y no quieras exponerte a que te sorprenda la muerte sin haberte preparado como debías. Si ahora mismo hubieses de morir, ¿estás preparado? — MEDITA Y REFLEXIONA.

PUNTO 2.º — La ignorancia de la hora y modo con que hemos de morir, exige de nosotros atenta y constante preparación. Considera la necesidad de prepararte por razón de la ignorancia de la hora y modo con que has de morir. Aunque pudieses vivir un número considerable de años, siempre pasarían pronto como los que has vivido. ¿Qué te queda de tus años pasados? Por eso Dios te dice: Acuérdate que la muerte no tarda. El mismo Jesucristo te exhorta a que vigiles, porque no sabes el día ni la hora en que te llamará. No hay día, ni hora, ni lugar en el mundo que pueda ofrecer seguridad; antes de todas partes y en cualquier momento te pueden asaltar. ¡Oh incertidumbre terrible! ¡Oh peligro espantoso, que no respeta edad, complexión ni robustez! ¡Hoy formarás planes y quizá mañana te lleven al sepulcro! Comiendo o bebiendo, descansando o trabajando, y hasta pecando puedes morir. ¡Cuántos lo han experimentado! Escucha, por tanto, la voz de Jesucristo que a todos nos dice: «Estad preparados, porque a la hora en que estéis más descuidados, el Hijo del Hombre ha de venir», o sea, te ha de asaltar la muerte. No te dice precisamente que te prepares, sino que estés preparado. Dos cosas muy serias te dice Dios: Que la muerte vendrá a la hora menos pensada, y que el pecado la acelera. Mas, que sea un poco más tarde o más temprano, siempre será presto, como se verifica con el sentenciado, el cual, aunque pase por una calle o camino más o menos largo, siempre llega pronto al lugar del suplicio. — PIÉNSALO CON ATENCIÓN.

Mas, ¿de qué manera morirás? ¡Ah!, lo ignoras igualmente: puede ser repentinamente, o con muerte violenta, a manos de un ladrón o asesino, o de un accidente o caso fortuito, de un ataque cerebral, de un colapso del corazón, de manera que no tengas lugar ni tiempo para prepararte. Quizás, como tantos otros, morirás de una enfermedad que te perturbe las potencias o te quite el sentido; quizá sean tan agudos los dolores de la enfermedad, o tan grande la flaqueza o turbación de cabeza, que no estés apto para nada, ni aciertes a tener un buen pensamiento. ¿Y quién sabe si te faltará la asistencia o copia de confesor? Y si algo de esto te sucede, cosa fácil y frecuente, y te encuentras desprevenido, ¿qué será de ti? ¡Oh, cuán necesario es prepararse de antemano! Esta preparación es tanto mas urgente, cuanto la muerte es una sola y de ella depende la eternidad. ¡Ay, pues, de ti, si no aciertas un paso de tanta importancia! Jamás lo podrás remediar. ¿Que horror! Mira, por tanto, si estás bien prevenido y piensa que quizá tienes la muerte mucho más cerca de lo que puedes imaginarte. — MEDITA, RESUELVE, ORA…
  
PUNTO 3.º — Sin el testimonio de la buena conciencia y adorno de las virtudes, será funesto el trance de la muerte. Considera ahora las angustias, congojas y agonías que en la muerte te cercarán, si no tienes el testimonio de la buena conciencia y el adorno de las virtudes y buenas obras. En este caso, ¡ay de ti!, te verás reducido a exclamar: «Los dolores de la muerte me han alcanzado y circuyen por todas partes, y los torrentes de la iniquidad de mis maldades me conturban sobremanera». Represéntate aquí mismo aquel paso tan doloroso. ¡Qué penas tan multiplicadas! El cuerpo con vivos dolores, desmayos y agonías; el alma con la viva aprehensión de tener que dejarlo todo; con los remordimientos por el mal que hizo por el bien que dejó de hacer y por lo mal que se portó en el poco bien que hizo. ¡Qué sentimiento! ¡Tantos pecados sin saber si están perdonados! ¡Tan mal empleo de potencias y sentidos! ¡Tan grande amor al cuerpo y tanto descuido para las cosas de la salvación, que era lo verdaderamente importantes! ¡Qué congoja para el alma al representársele que está próximo el momento en que se ha de separar del cuerpo y comparecer en aquellas regior.es tan nuevas de la eternidad! ¡Qué agonía al considerar que dentro de pocos instantes se ha de presentar delante del Divino Juez, a quien tantas veces ha ofendido Y disgustado, para darle cuenta de toda su vida! ¡Qué aflicción al pensar que dentro de poco se decidirá si ha de salvarse o condenarse! ¡Oh momento aterrador, al cual han temido hasta los mayores Santos! Efectivamente, San Hilarión temblaba en aquella hora, a pesar de haber hecho rigurosa penitencia por espacio de setenta años. Santa Juana Chantal, no obstante su santidad y fervor, puesta en aquel trance, exclamaba: «Son espantosos los juicios de Dios». Si, pues, ellos temían, ¿cómo no temes que te hallas tan vacío de virtudes y buenas obras? — MEDITA SERIAMENTE Y ORA CON FERVOR.
  
Piénsalo detenidamente en este día de retiro. Morirás, sí, irremisiblemente morirás, y con la muerte lo perderás todo. De nada te servirán en aquella hora decisiva las riquezas, los honores, los placeres. No te llevarás sino las obras, buenas o malas, que hayas hecho en este mundo. ¿Qué haces, pues? ¿Cómo vives? ¿Puede Dios estar contento de ti? Y tú mismo, ¿tienes la conciencia tranquila? Desearías morir tal como te encuentras ahora? Si ahora murieses, ¿irías al Cielo o al infierno? Alma cristiana, no te desanimes, confía en Jesús; arrójate a sus pies y pídele que por su santa muerte en cruz, te conceda una muerte buena y santa. Confía en la bondad del Corazón de María, a la cual tantas veces pedimos que ruegue por nosotros pecadores, ahora, durante el tiempo de nuestra vida, y después en la hora de nuestra muerte. — PIÉNSALO BIEN.
  
DEPRECACIONES
Oh Jesús, Señor Dios de bondad y Padre de las misericordias; me presento delante de Vos con el corazón contrito, humillado y confuso, y os encomiendo mi última hora y lo que después de ella me espera.
  1. Cuando mis pies empiecen a perler el movimiento, y me adviertan así que mi carrera en este mundo está próxima a su fin… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  2. Cuando mis manos empiecen a perder el tacto y, temblorosas, no puedan sostener ya el Crucifijo, dejándole caer a pesar mío en el lecho de mi dolor… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  3. Cuando, velados ya mis ojos y haciendo contorsiones por el horror de la muerte cercana, fijen en Vos sus miradas lánguidas y moribundas… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  4. Cuando mis labios fríos y convulsos pronuncien por última vez vuestro nombre adorable… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  5. Cuando mi cara pálida y lívida cause lástima y terror a los circunstantes, y bañados mis cabellos con el sudor de la muerte se pongan rígidos en mi cabeza, y anuncien que mi fin está cercano… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  6. Cuando mis oídos, próximos a cerrarse para siemPre a las conversaciones de los hombres, se abran para oír la sentencia irrevocable que fijará mi suerte para toda la eternidad… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  7. Cuando mi imaginación, agitada de horrendos y espantosos fantasmas, quede sumergida en mortales congojas y cuando, turbado mi espíritu con el temor de vuestra justicia al recuerdo de mis iniquidades, esté pugnando contra el enemigo infernal, que tendrá empeño en quitarme la esperanza en vuestras misericordias y en precipitarme en los horrores de la desesperación… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  8. Cuando mi corazón, débil y oprimido con los dolores de la enfermedad, esté sobrecogido por el temor de la muerte, fatigado y rendido por los esfuerzos que haya hecho contra los enemigos de mi salvación… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  9. Cuando derrame las últimas lágrimas, síntomas de mi próxima destrucción, recibidlas, ¡oh Señor!, en sacrificio expiatorio, para que yo muera como una víctima de penitencia; y en aquel momento terrible… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  10. Cuando mis parientes y amigos, reunidos en torno de mi cama, se horroricen al ver mi situación y os invoquen por mí… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  11. Cuando, perdido ya el uso de mis sentidos, desaparezca de mi vista el mundo, y yo gima entre las angustias de la última agonía y las congojas de la muerte… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  12. Cuando los últimos suspiros de mi corazón den impulso a mi alma para que salga del cuerpo, aceptadlos, Señor, como hijos de una santa impaciencia de unirme a Vos; y entonces… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  13. Cuando mi alma, al extremo de mis labios, salga para siempre de este mundo, y deje a mi cuerpo pálido, frío y sin vida, aceptad la destrucción de éste como un homenaje que rindo a vuestra divina Majestad; y en aquella hora… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  14. Finalmente, cuando mi alma se presente delante de Vos, y vea por vez primera el resplandor de vuestra Majestad, no la arrojéis de vuestra presencia; dignaos más bien recibirla en el seno de vuestra misericordia, para que eternamente cante vuestras alabanzas, y entonces, ahora y siempre… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  15. Por los méritos e intercesión de María Santísima, Madre y abogada de los pecadores, que espero rogará por mí en la hora de la muerte… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.

Jesús, José y María, os entrego mi corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, amparad mi alma en la última agonía.
Jesús, José y María, haced que descanse en paz el alma mía.

En este día te abstendrás de diversiones y de salir en público, en cuanto te sea posible, y procurarás confesar y comulgar.

lunes, 27 de julio de 2026

NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA DE CEUTA

Novena dispuesta a devoción del Licenciado Don Benito de San Martín, capellán de la Santa Imagen de Nuestra Señora en África; e impresa en Barcelona por la imprenta de Juan Piferrer en el año 1735 a devoción Don José Díaz de Paredes, capellán del segundo batallón del Regimiento de Infantería de España. Nihil obstat del Rvdo. P. Agustín de Castejón, del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid, el 15 de Julio de 1723; e Imprimátur por el canónigo Dr. Cristóbal Damasio, Inquisidor ordinario y Vicario de la Villa de Madrid por el Ilmo. Sr. Dr. Diego de Astorga y Céspedes, Arzobispo primado de Toledo, el 17 de Julio de 1723.

PROLOGO A LOS DEVOTOS DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA
Después que se conquistó Ceuta, y se dieron en ella cultos al verdadero Dios por los Cristianos, para que esta Ciudad fuese broquel contra la Berbería y antemural de España, y para que los mares no la inundasen ni los Moros restableciesen su dominio, ni con peste le asolase (epidemia común en aquellos países ardientes y destemplados), dispuso Dios hubiese Protectora Soberana que incesantemente abogue y pida a las puertas, siempre francas, de la piedad de su Santísimo Hijo, para que la Plaza se mantenga defendida, aunque incesantemente amenazada, sirviendo estas visibles amenazas para el arrepentimiento de las culpas en todos los vecinos.

Es ella una peregrina y milagrosa Imagen de María, cuyo titulo es Nuestra Señora de África, con la de Sacratísimo Difunto Hijo en los brazos, inclinada a un tiempo a tan Divino lastimoso objeto, y también al Pueblo; a éste, para la enmienda de sus culpas con que renuevan los cuchillos de dolores a Hijo y Madre Santísimos; y a Aquél para que incline la vara de su clemencia, y piedad hacia las almas, pues la destinó el mismo Dios ofendido para Patrona, Protectora y Medianera entre el rigor de su justicia y el horror de tan repetidas culpas.
   
Según la más seguida opinión, fue hallada esta Sacratísima Imagen a poco menos de un tiro de cañón de las murallas, disponiendo milagrosamente se le fabricasen Casa y Templo en la Plaza de dicha Ciudad, por estar este sitio en lo más estrecho de los mares, y mas inmediato al frente y avenida de los Bárbaros, Y habiéndose sorbido el mar varias ciudades de la costa y tierra adentro, se mantiene ella, bien que invadida de ambos mares, quebrando en sus muros el orgullo de sus olas, y regando con frecuentes espumas sus calles y edificios.

En la aflicción que se vio Ceuta cuando España estuvo apestada, llegando el aire contagioso a inficionar a Gibraltar con manifiesto peligro de introducir sus estragos en la costa de África, sacaron esta Santísima Imagen en procesión (que es la única vez que ha salido) y puesta en las murallas al frente de Gibraltar, al mismo tiempo que el pueblo, contrito y lloroso, hacía diferentes promesas y votos para lograr eficaz su patrocinio, consiguió este universal clamor de corazones verdaderamente arrepentidos, no solo la libertad de Ceuta, sino sosegar también el furor contagioso encendido en Gibraltar y España, para cuya memoria y eterno agradecimiento, votó solemne Fiesta, que se repite todos los años el día nueve de Febrero.
  
Buena prueba es de su Protección el funesto estrago que ocasionaron las armas bárbaras enemigas a los primeros lances del sitio que pusieron a Ceuta el año de mil seiscientos noventa y tres. Entraron, pues, los Moros con superbísimo coraje y audacia en la Plaza de Armas a la una del día, y degollando nuestra Guarnición, dominaron el terreno en menos de una hora (hasta aquí la amenaza de la ira de Dios por medio de las piedades de su Madre), pero encaminándose a las puertas principales el rigor de sus armas, fue su bárbaro arresto no solamente reprimido, sino es que se cortaron y precipitaron los moros, sin saber quién los arrojaba y envaraba la fuga. Muchos se quedaron clavados en las estacas, y en menos de media hora restaurasen los Cristianos los importantes puertos ya perdidos, clamando a un tiempo con general confianza animosísima: «Virgen de África, Virgen de África».

En todas las funciones de salidas, en que se encomiendan los soldados al prodigioso favor de esta Divina Africana, Emperatriz de las Armas Católicas, les infunde y da tal valor que, al salir a los ataques, ya publican la victoria, como se vio (entre otras) en la acción general que, hizo el Excelentísimo señor Marques de Gironella con solos sesenta caballos, y la mayor parte de la Guarnición siendo los moros muchos más en comparación en el numero; pues previniéndose los Soldados en el Templo de esta Sagrada Imagen dos días antes confesando y comulgando, no obstante que conocían el manifiesto riesgo a que en lo natural caminaban, al salir por las puertas empezaron a clamar públicamente: «Virgen de África, victoria, victoria»; y sin llegar a las manos desampararon los bárbaros sus bien formados ataques huyendo unos, desmayando otros, y todos sorprendidos de un fatal asombro, pudiendo con este milagroso accidente hacerse los Cristianos dueños de sus fortalezas sin más pérdida que la de un hombre; y así en todas las funciones infunde esta Militante Divina Reina tal valor y esfuerzo en los soldados, que andan ellos pretendiendo exponerse y salir a los riesgos más conocidos, y no irán a la Plaza de Armas sin entrar primero en su Templo a implorar con devota oración su favor y auxilio.
  
Muchas veces se ha visto Ceuta amenazada de hambre por causa, o de estar introducida la Guerra en España, o tormentas excesivas en el mar, o infieles corsarios que embarazan el paso a los socorros; y acudiendo con devotas Rogativas los Cristianos a esta Señora, han amanecido varias veces embarcaciones de bastimentos en el puerto; y otras pasando los barcos por entre las armadas enemigas, y aun otras moviendo su Majestad los corazones de los Prelados, Cabildos y Gobernadores en España para socorrerla, de suerte que solo ha quedado en amenaza el fatal anuncio del hambre, sobrando por último los bastimentos.
   
Ha traído esta Santísima Imagen a su Templo toda la devoción y culto de la Iglesia Catedral de Ceuta, acogiendo en él a su ilustrísimo Cabildo, que gustoso celebra allí sus funciones Eclesiásticas, sin que alguno de sus individuos haya experimentado la menor lesión de bala, bomba o piedras en tan dilatado tenaz sitio, siendo preciso pasar expuestos allí conocidamente a sus riesgos para acudir a la Iglesia. A que se añade, que siendo innumerables las bombas que los bárbaros han arrojado, sin haber convento, iglesia, ermita o casa que no haya experimentado el riguroso efecto de su hostilidad; solo este Santo Templo de Nuestra Señora de África ha sido privilegiado, estando su situación en el más próximo lugar al destino y blanco de estas baterías. No tiene en sus sagradas paredes pintado algún milagro, porque varios que han puesto luego se han desvanecido, y no se pueden numerar los prodigios sin número que esta Sacratísima Imagen ha hecho y hace en Ceuta, España, y en los mares, así públicos, como privados; pues apenas habrá militar en los Reales Ejércitos del Rey Católico que no deba a esta Señora algún especial favor y beneficio.
  
Pero porque no sabemos si las amenazas divinas (reprimidas hasta hoy por beneficio de esta Señora) pasarán algún día, por justos juicios de Dios, a descargar el último fatal golpe de su ira, irritada con la continuación de nuestros desacatos, convendrá mucho el templar el justo merecido rigor de la indignación de Dios, procurando cada uno de los vecinos y habitadores de Ceuta reformar sus costumbres, y dedicarse de corazón a la práctica de obras cristianas y ejercicio de virtudes, para que logren así del piadosísimo liberal corazón de la Divina Africana Protectora la continuación de su Patrocinio y amparo fidelísimo, librando así a Ceuta de los continuos ayes y sustos en que tantos años ha gime y teme su ruina y exterminio. Y para mas obligar las entrañas de esta Piadosísima Madre será sin duda medio gratísimo a sus ojos, el que antes de su día, a veinte y siete de Julio, se empiece en su santo Templo y Casa su devotísima Novena, acabándola en el día cuatro de Agosto, víspera del día de su Fiesta principal. Y el que no pueda concurrir por alguna indispensable ocupación o embarazo, la podrá hacer en su casa con su familia, y los soldados en sus cuarteles, confesando y comulgando el día primero, o último, o en ambos de la Novena. Fuera de esto, se procurará en cada uno de los nueve días hacer en reverencia de los Dolores de la Madre y Tormentos del Divino Hijo alguna obra de mortificación con prudente medida y reflexión a las circunstancias del estado de cada uno, siendo la regla más segura seguir en esta parte el dictamen del Confesor.
  
Siempre que se viere Ceuta amenazada de alguna aflicción temporal, será dictamen muy cuerdo y saludable no lisonjearse con esperanzas aéreas de que no pasará de amenaza, con la confianza de otros favores debidos a su Soberana Protección, antes bien se debe justamente recelar la ejecución del último castigo, y para evitarlo con nuevo y humilde recurso a la piedad de María Dolorosa, convendrá mucho para aplacar la indignación de su Hijo Santísimo, acogerse todos con devotísimo fervoroso corazón al asilo eficaz de su Novena, y lo mismo debe hacerse en las necesidades de nuestra Monarquía, sequedad en los campos, y en cualquier otra necesidad en lo espiritual, corporal y temporal; y aun cada uno por cualquier necesidad o pretensión privada que tenga. Y para animar a los devotos de la Novena con el auxilio espiritual y goce de las indulgencias.
   
El Excelentísmo Señor Don Diego de Astorga y Céspedes, por la Divina Gracia, Arzobispo de Toledo, concedió benignamente a todos los vecinos y forasteros de dicha Ciudad de Ceuta, ochenta días de Indulgencia en cada uno de los nueve días a los que asistieren o hicieren dicha Novena, así en el Templo de Nuestra Señora como en sus casas. Y también por las mismas razones de piedad justísima, concedió otros cuarenta días de Indulgencia en los mismos días de la Novena el Ilustrísimo Señor Don Tomás de Aguero, Obispo que fue de Ceuta; el Ilustrísimo Señor Don Fr. Tomás del Valle, Obispo que fue de Ceuta, concedió cuarenta días de Indulgencia. Así mismo el Ilustrísimo Señor Don Andrés Mayoral, Obispo actual de Ceuta, concede otros cuarenta días. También el Ilustrísimo Señor Don Bartolomé de Camacho y Madueño, Obispo de Tortosa, concede cuarenta días. Asimismo, el Ilustrísimo Señor Don Pedro de Copons y de Copons, Arzobispo de Tarragona, concede ochenta días; y el Ilustrísimo Señor Don Felipe de Aguado y Requejo, Obispo de Barcelona, concede cuarenta días de Indulgencia. De suerte que el que hiciere la Novena gana en cada día trescientos y sesenta días de Indulgencia. Y lo mismo el que rezare una Salve delante de la Santa Imagen, rogando a Dios por la Paz y Concordia entre los Príncipes Cristianos. El Eminentísimo Señor Cardenal Don Diego de Astorga concedió cien días de Indulgencia a todas las personas que rezaren una Salve delante de la Santa Imagen, que se venera con el titulo de África, en la iglesia parroquial de Orán.
  
NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA, PATRONA Y ESPECIAL PROTECTORA DE LA CIUDAD DE CEUTA, ANTEMURAL DE ESPAÑA
   

Postrados a los pies de María Dolorosa delante de una Imagen suya (si se puede haber), y hecha devotamente la Señal de la Cruz, se dirá con fervoroso y entrañable afecto el Acto de contrición a la letra, como lo enseña el Catecismo; y acabado este, se dirá la oración siguiente, que se repite todos los días.

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dolorosísima Virgen María, dignísima y verdadera Madre del Unigénito del Padre hecho hombre por nuestro amor en tus purísimas entrañas; postrado humilde y confiadamente a tus pies sacratísimos, te pido y ruego, Señora y Madre mía dulcísima, que si el favor y merced que deseo lograr de tu piadoso corazón en esta Novena ha de ser para gloria de Jesús, tu Hijo crucificado, y bien de mi alma, me lo alcances de su bondad piadosísima; y si no, me concedas lo que tú, segurísima y bondadosa esperanza mía, conocieres ser más conforme a la divina voluntad.

DÍA PRIMERO – 27 DE JULIO
Dolorosísima María, único y poderoso asilo de mi corazón y alma, que para dar principio a la Pasión de tu Hijo Jesús, y después de la Cena e institución del Sacramento del Altar, sentiste en tu amoroso y tierno corazón la penetrante herida con que te traspasaron las lágrimas y dulces afectos cariñosos con que se despidió de tu amable compañía, pidiéndote, como verdadero e hijo tuyo, licencia para ir a padecer por nosotros los pecadores: por el inexplicable y vivísimo dolor que sentiste en esta despedida, te suplico me apartes y dividas de todos los afectos que en esta vida mortal me puedan apartar de tu dulce compañía en el cielo; y que me alcances el favor que os pido en esta Novena, si ha de ser para gloria de Dios, tuya, y bien de mi alma.

Aquí se rezarán tres Avemarías en reverencia a las almas santísimas de tu Hijo y tuyas, y se prosigue hablando con su Majestad la siguiente Oración:

ORACIÓN 
Poderosísima Virgen María, fiel y cariñosa Madre de los hijos de la Iglesia que viven en los presidios y países de África: pues con tanta razón eres llamada en los cielos y en la tierra Madre de la Fe y de la Santa Iglesia, triunfadora siempre de la gentilidad, secta mahometana y herejías; por reverencia y amor a aquella sangre preciosísima que Jesús tomó de tu purísimo corazón y entrañas, te pido, divina Africana mía, nos alcances del poder de tu Hijo (que puso y dejó en tus manos la conversión verdadera) la reducción a la fe de todos los herejes y gentiles, la defensa victoriosa contra los bárbaros de este tu presidio y ciudad de Ceuta, el arrepentimiento de las culpas y la perseverancia en gracia de todos sus moradores y soldados tuyos que asisten a su defensa, y a mí la gracia que te suplico en esta Novena. Amén.

Después, levantando el corazón a Dios y a nuestra Madre y Señora de África, con humilde y fervorosa confianza de conseguir, si conviene, lo que se pide, hará cada vez interiormente su súplica y oración particular, y se prosigue:

ORACIÓN A JESÚS CRUCIFICADO
Divino amante Jesús crucificado, que difunto ya en el doloroso seno de tu afligida e inconsolable Madre, eres lastimoso objeto a los mares de su llanto, con que solicitas también de nuestros duros corazones el más vivo, tierno y continuo por nuestras culpas. No permitáis, Señor, se pierdan las almas redimidas con tu Sangre preciosísima: antes bien, aplacado con las lágrimas y gemidos amorosos con los que os pide su salud eterna la que escogisteis por Madre a un tiempo de Dios y de los pecadores. Herid eficazmente con vuestros auxilios los corazones de todos, y en especial de los que nos gloriamos con el título de hijos y esclavos de su Madre Dolorosa, para que despreciadas las honras, riquezas y deleites de esta vida, merezcamos conseguir la eterna por medio de una buena muerte. Amén.
   
Después se saludan las cinco preciosísimas Llagas de Jesús difunto en el regazo y seno de María, para mejor obligar a la Dolorosa Madre.
  • A la Llaga del Pie izquierdo: Salúdote, preciosísima amorosa Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, me perdonéis por ella cuanto os he ofendido; que traigáis a vuestra gracia a todos los pecadores, y defendáis poderosamente a esta Ciudad de las armas enemigas. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
  • A la Llaga del Pie derecho: Salúdote, hermosísima sangrienta Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, me perdonéis por ella cuanto os he ofendido; la libertad dichosa para el Cielo a todas las benditas Almas del Purgatorio; y a esta Plaza la libréis de las plagas de peste y enfermedades contagiosas. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
  • A la Llaga de la Mano izquierda: Salúdote, Celestial Divina Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, me perdonéis por ella cuanto os he ofendido; la salud, libertad y consuelo para los enfermos en los hospitales, prisioneros en las cárceles y cautivos en los moros; y para esta Ciudad el socorro abundante de mantenimientos y agua para los campos. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
  • A la Llaga de la Mano derecha: Salúdote, dulcísima penetrante Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, me perdonéis por ella cuanto os he ofendido; que abráis liberalmente la diestra de tu misericordia con los pobres y necesitados; y a esta Ciudad la libréis de las inundaciones del mar y armas enemigas. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
  • A la Llaga del Costado Sacratísimo: Salúdote, cordialísima inmortal Llaga de nuestro Señor Jesucristo, y os pido, Señor, por ella, que con los dos penetrantes filos de amor y compasión a los tormentos y dolores de su afligidísima Madre, hieras, llagues y penetres profundamente mi corazón; alivies y defiendas a tu Santa Iglesia de las tribulaciones con que la persigue el Infierno; y a esta Ciudad la conserves hasta el fin en la pureza de la Fe, y en el temor y amor santo tuyo y de tu dulcísima Madre. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

DÍA SEGUNDO – 28 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, mar amargo de penas donde entraron a derramar sus corrientes todos los ríos de los dolores e injurias de tu Hijo Jesús; por aquel dolor agudísimo que atravesó tu espíritu al saber que tu amado Hijo había sido entregado por el traidor Judas con un beso de paz en el Huerto de Getsemaní, y que habiendo sido atado como malhechor fue desamparado de sus discípulos: te suplico, Madre mía, que por las oraciones y sudor de sangre de tu Hijo en el Huerto, aprisiones mi alma y corazón con las ataduras del amor de tu Hijo y tuyo, para que así, siempre prisionero en esta vida, logre la libertad en la eterna; y también te suplico me concedas la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 29 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, teatro el más lastimoso de las penas, lágrimas y dolores, que no obstante el inmenso peso de su rigor, seguisteis con espíritu magnánimo e invencible las huellas de la Pasión de tu Hijo, llorando con inconsolable llanto la bofetada que sufrió humilde en casa de Anás, las irrisiones y escarnios en la de Caifás, y el encierro inhumano en el calabozo aquella noche: te pido, Señora y Madre mía, por el imponderable dolor que ocasionó en tu corazón el puñal tres veces sangriento de tus dolores y penas, que arraigues en el mío un verdadero amor y caridad hacia todos mis prójimos y una invencible paciencia en todos los trabajos de esta vida, para lograr tu perpetua vista y compañía en la eterna; y también te suplico la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.

DÍA CUARTO – 30 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, inaccesible abismo de lágrimas y amarguras, que después de una noche tan prolija de tormentos de tu Hijo, le visteis salir a las calles públicas llevado ignominiosamente como malhechor por los sayones y verdugos, lastimado y aprisionado con sogas y cadenas, y lleno su hermosísimo rostro de salivas inmundas y asquerosas hasta el Pretorio de Pilatos, donde le visteis y oísteis ser objeto de las calumnias y acusaciones de la ingrata Jerusalén: por aquel dolor tan penetrante y vivo que estampó en tu corazón vista tan lastimosa y tierna, te pido selles en el mío hasta morir la imagen de tu Hijo Santísimo, así dolorido y afeado por mi amor, para que esta celestial amargura me preserve siempre de la corrupción de mi alma. Y también te suplico concedas la gracia que solicito en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.

DÍA QUINTO – 31 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, escollo inmutable y peregrino donde quiebran su furor todas las olas del diluvio de los dolores y penas sin hacer mella en la invencible constancia de tu corazón: por el profundísimo dolor que dividió tu espíritu hasta el último fondo del sentimiento al ver a tu Santísimo Hijo Jesús burlado por Herodes y su ejército, vestido ignominiosamente con el traje y librea de loco e insensato, y pospuesto a Barrabás: te pido humildemente vistas a mi alma hasta la muerte con la túnica y estola blanca de la divina gracia, teñida con la sangre del Cordero Jesús, tu Hijo; y también te suplico la gracia que deseo en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.

DÍA SEXTO – 1 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, centro anchuroso a donde caminan y descansan todos los ríos de las penas y tormentos, y de donde salen todas las corrientes caudalosas para llenar las almas de todos los santos; por los vehementísimos dolores que sentiste imponderables en tu tierno corazón y espíritu al descargar la justicia del Eterno Padre el rigor de nuestras culpas con cinco mil y más azotes sobre el delicado cuerpo de tu Hijo: te pido humildemente, Madre mía, riegues mis potencias y sentidos con las lluvias de esa sangre, y con la que a arroyos derramasteis de sangriento llanto con el dolor de mis culpas y compasión a las innumerables heridas y llagas de tu Hijo, para que así, regada la tierra de mi corazón con la sangre de tu inocente Abel, dé el fruto de buenas obras y virtudes que tú deseas y me pides; y también te suplico consiga la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 2 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, celestial esfera y elemento donde viven y respiran todas las especies de dolores, cuyo número innumerable, después de Dios, solo te es conocido a ti; por aquel dolor y océano de amarguras que sentiste en los senos más profundos de tu corazón al ver coronar de espinas penetrantes, y vestir de ignominiosa púrpura y cetro al mejor Salomón, Jesús, que viste de hermosura al cielo y la tierra; y por el que también sentisteis al ver llevar a tu inocente hijo Isaac con la dura y pesada cruz a cuestas, arrastrado, caído y afrentado con la compañía de dos ladrones, cegando sus hermosos ojos con la tierra y polvo que le arrojaban, e hiriendo sus oídos con execrables injurias y blasfemias: te pido, Madre mía, de tu divino y hermoso Nazareno, auxilio y fortaleza para llevar las cruces de esta vida, y también la gracia que deseo en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 3 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, celestial tesoro y depósito de todos los tormentos y penas de la pasión de tu Hijo, espejo purísimo donde reverberan sus amarguras, sus congojas, sus lágrimas, sus tristezas, sus desamparos y agonías: por aquellas tres dolorosísimas horas en que al pie de la Santa Cruz bebió tu sediento y amante espíritu de aquel destrozado árbol de la vida todas las aguas de su Pasión y muerte, clavado tu corazón en la cruz con los mismos clavos con que visteis le puso en ella la impiedad de los judíos: te pido, Madre mía, me alcances de tu crucificado Hijo Jesús gracia eficacísima para vivir y morir crucificado al mundo en la cruz de mi Redentor; y también te suplico la gracia que deseo en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.

DÍA NOVENO – 4 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Dolorosísima María, impenetrable abismo donde se recogieron los diluvios de la Pasión y muerte del Hijo del Eterno Padre, después de que a tu vista le viste con voz clamorosa entregar su espíritu en las manos de su piedad y misericordia: por aquel dolor dolorosísimo que traspasó las amorosas telas de tu corazón con el impío golpe de la lanza que penetró el de tu difunto Hijo, y que te redujo a la soledad más desabrida y triste, siendo universal la borrasca de tus penas al ver ya difunto al Divino Nazareno, a quien tienes ante tu vista en el regazo y seno de tus brazos protectores (recibiendo en ellos ríos de sangre que brotan de estas sangrientas llagas y de su cuerpo sacratísimo): te suplico me alcances la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar tres Ave Marías. Las demás Oraciones y la Salutación a las Santas Llagas se dirán todos los días.

domingo, 19 de julio de 2026

SAN VICENTE DE PAÚL, CONFESOR Y FUNDADOR

«Quien diere a uno de estos pequeñuelos un vaso de agua fresca solamente por razón de ser discípulo mío, os doy mi palabra que no perderá su recompensa» (San Mateo X, 42).
   

Aun en los períodos de mayor decadencia religiosa, cuando los hombres parecen haber olvidado totalmente el Evangelio, Dios se encarga de que surjan en la Cristiandad ministros fieles, capaces de reavivar la caridad en el corazón de los hombres. San Vicente de Paul fue uno de esos instrumentos de la Providencia. Sus padres Juan de Paúl y Beltranda de Moras, oriundos de Tamarite de Litera en Aragón, poseían una pequeña granja llamada Ranquines en Pouy, aldea vecina a Dax, en la Gascuña (que después será renombrada San Vicente de Paúl). Allí nació Vicente el 24 de Abril de 1581, tercero de seis hermanos. Ante la inteligencia y la inclinación al estudio de que Vicente daba muestras, su padre le confió a los franciscanos recoletos de Dax para que le educasen. Vicente terminó sus estudios en la Universidad de Tolosa y, el 23 de Septiembre de 1600, a los veinte años de edad, recibió la ordenación sacerdotal de manos del obispo de Périgueux Francisco de Bourdeilles. Lo poco que sabemos sobre la juventud de Vicente no hacía prever la fama de santidad que alcanzaría en el futuro. Se dice que hizo un viaje a Marsella para vender un legado, que estuvo dos años prisionero en Túnez y que logró escapar en forma muy novelesca junto con su último amo Guillaume Gautier, un franciscano devenido a musulmán. 

El propio San Vicente cuenta que, en aquella época, lo único que le preocupaba era hacer carrera. Logró obtener el puesto de capellán de la reina Margarita de Valois, al que estaban anexas las rentas de una pequeña abadía, según la reprobable costumbre de aquel tiempo. Vivía en París con un amigo, cuando ocurrió un suceso que iba a cambiar su vida. El amigo con quien compartía sus habitaciones, le acusó de haberle robado cuatrocientas coronas y como todos los indicios estaban en contra de Vicente, empezó a esparcir entre sus conocidos el rumor de que su compañero era un ladrón. Vicente se contentó con negar el hecho diciendo: «Dios sabe la verdad». Seis meses más tarde, cuando Vicente había soportado la difamación con increíble paciencia, el verdadero ladrón confesó su fechoría. San Vicente relató más tarde el suceso en una conferencia espiritual a sus sacerdotes (pero habló en tercera persona), para hacerles comprender que la paciencia, el silencio y la resignación son la mejor defensa de la inocencia y el medio más apto para santificarse gracias a la calumnia y la persecución.

Vicente conoció en París a un virtuoso sacerdote, Pedro de Bérulle, quien sería más tarde cardenal. Bérulle, que le profesaba gran estimación, consiguió que aceptase el cargo de tutor de los hijos de Felipe de Gondi, conde de Joigny. La condesa Francisca Margarita de Silly le eligió como confesor y director espiritual.

En Enero de 1617, cuando la familia se hallaba en la casa de veraneo en Folleville, Vicente acudió a confesar a un campesino gravemente enfermo. Como el mismo penitente relató más tarde a la condesa y a otras personas, todas sus confesiones anteriores habían sido sacrílegas y debía su salvación a la bondad de San Vicente. La condesa quedó horrorizada al oír hablar de tales sacrilegios. La señora de Gondi era una buena mujer que, en vez de encastillarse en la ilusión de orgullo, por la que tantos amos se desentienden del cuidado de sus criados, comprendía que estaba ligada a sus servidores por los lazos de la justicia y de la caridad, que la obligaban a velar por el bien espiritual de su servidumbre. Las buenas inclinaciones de la condesa ayudaron también a San Vicente a caer en la cuenta del abandono religioso en que vivían los campesinos de Francia, de suerte que la condesa le convenció fácilmente para que predicase en la iglesia de Santiago el Mayor y San Juan Bautista de Folleville e instruyese al pueblo sobre la confesión. Tras los primeros sermones (del cual el primero, el día de la Conversión de San Pablo, es considerado el origen de la futura Congregación de la Misión fundada ocho años después), fue tan grande la multitud de los que acudieron a hacer su confesión general, que Vicente tuvo que pedir ayuda a los jesuitas de Amiens.

Ese mismo año de 1617, por consejo del P. Bérulle, Vicente renunció al cargo de tutor para encargarse de la parroquia de Châtillon-les-Dombes. En el desempeño de ese puesto consiguió la conversión del conde de Rougemont y otros personajes que llevaban una vida escandalosa. Pero al poco tiempo retornó a París y empezó a trabajar con los galeotes de la Conserjería. Fue nombrado oficialmente capellán de los galeotes (de los que estaba encargado el general Felipe de Gondi), y su primer cuidado consistió en predicar una misión en Burdeos, en 1622. Por entonces, comenzó a circular la historia de que San Vicente sustituyó una vez a un galeote en una galera.

La condesa de Joigny le ofreció una renta para que fundase una misión permanente para el pueblo, en la forma en que lo creyese conveniente, pero Vicente no hizo nada por el momento, ya que su humildad le llevaba a creerse incapaz de semejante empresa. La condesa, que sólo encontraba la paz en la dirección espiritual del santo, le arrancó la promesa de que nunca dejaría de dirigirla y de que la asistiría en la hora de la muerte. Deseosa por otra parte de hacer cuanto estaba en su mano por el bien espiritual de sus súbditos, consiguió que su esposo la ayudase a formar una asociación de misioneros que consagrasen su celo a atender a sus vasallos y, en general, a los campesinos. El conde habló del proyecto a su hermano, el arzobispo de París, quien puso a su disposición el edificio del antiguo colegio “Bons Enfants” para alojar a la comunidad. Los misioneros estaban obligados a renunciar a las dignidades eclesiásticas, a trabajar en las aldeas y pueblecitos de menor importancia y a vivir de un fondo común. San Vicente tomó posesión de la casa el 17 de Abril de 1625.

Como lo había prometido, el santo asistió a la condesa en su última hora, pues Dios la llamó a Sí dos meses después. En 1633, el superior de los Canónigos Regulares de San Víctor regaló a los misioneros el convento de San Lázaro, que se convirtió en la sede principal de la congregación. Por ello se llama a los padres de la Misión, unas veces lazaristas y otras vicentinos. Se trata de una congregación de sacerdotes diocesanos que hacen cuatro votos simples de pobreza, castidad, obediencia y perseverancia. Se ocupan principalmente de las misiones entre los campesinos y de la dirección de seminarios diocesanos; actualmente tienen colegios y misiones en todo el mundo. Cuando murió San Vicente, la congregación tenía ya veinticinco casas, en Francia, Argelia, el Piamonte, Polonia y aun en Madagascar.

Pero el celo de “Monsieur Vincent”, como empezó a llamársele cariñosamente, no se satisfizo con esa fundación, sino que trató de remediar las necesidades corporales y espirituales del pueblo por todos los medios posibles. Con ese fin, estableció las cofradías de la caridad (la primera de ellas en Châtillon), cuyos miembros se dedicaban a asistir a los enfermos de las parroquias. Tal fue el origen de las Hermanas de la Caridad, que San Vicente fundó con Santa Luisa de Marillac el 29 de Noviembre de 1633. De las Hermanas de la Caridad se ha dicho que «tienen por convento el cuarto de los enfermos, por capilla la iglesia parroquial y por claustro las calles de la ciudad». El santo organizó también la asociación de las Damas de la Caridad entre las señoras ricas de París, para conseguir fondos y ayuda para las obras de beneficencia. No contento con eso, fundó varios hospitales y asilos para huérfanos y ancianos y empezó a construir, en Marsella, el hospital para galeotes, que no llegó a terminar. Para financiar todos esos establecimientos encontró generosos bienhechores y dejó fijadas reglas muy sabias para su administración. Igualmente redactó un plan de retiro espiritual para los candidatos al sacerdocio, un método de examen de conciencia para la confesión general y otro para deliberar sobre la vocación, e instituyó una serie de conferencias sobre las obligaciones clericales, para remediar los abusos e ignorancia que descubría a su alrededor. Parece casi increíble que un hombre de humilde origen, sin fortuna y sin las cualidades que el mundo más aprecia, haya podido realizar solo una tarea tan extraordinaria.

Al saber San Vicente la miseria que reinaba en Lorena durante la guerra en esa región, consiguió en París una suma fabulosa de dinero para socorrer a los habitantes. Además, envió a sus misioneros a predicar entre los pobres y enfermos de Polonia, Irlanda, Escocia y aun de las Hébridas. Su congregación rescató en el norte de África a 1.200 esclavos cristianos y socorrió a muchísimos otros. El rey Luis XIII mandó llamar al santo para que le asistiese en su lecho de muerte, y la regente, Ana de Austria, le consultaba acerca de los asuntos eclesiásticos y la concesión de beneficios. Sin embargo, San Vicente no consiguió persuadir a la reina, en el asunto de la Fronda, a que hiciese renunciar a su ministro Mazarino por el bien del pueblo. Gracias a la ayuda del santo, las Benedictinas inglesas de Gante pudieron fundar un convento en Bolonia de Francia en 1652.

Pero esta colosal actividad no distraía un instante a Vicente de su unión con Dios. En los fracasos, decepciones y ataques, conservaba una serenidad extraordinaria y su único deseo era que Dios fuese glorificado en todas las cosas.

Por increíble que pueda parecer, San Vicente «era un hombre de carácter belicoso y colérico», según lo confiesa él mismo; podría creerse que se trata de una exageración debida a la humildad, pero otros testigos confirman esas palabras. «Sin la gracia –dice el mismo Vicente–, me habría dejado llevar de mi temperamento duro, áspero e intratable». Pero la gracia de Dios no le faltó y supo aprovecharla hasta convertirse en un hombre dulce, afectuoso y extraordinariamente fiel a los impulsos de la caridad y el amor de Dios. El santo quería que la humildad fuese la base de su congregación y no se cansaba de repetirlo. En cierta ocasión, se negó a admitir en su congregación a dos hombres de gran saber, diciendo: «Vuestras habilidades están por encima de nuestro nivel y pueden encontrar mejor empleo en otra parte. Nuestra gran ambición es instruir a los ignorantes, mover a penitencia a los pecadores y sembrar en el corazón de los cristianos el evangelio de la caridad, la humildad, la mansedumbre y la sencillez». Según las reglas de San Vicente, los misioneros no debían hablar nunca acerca de sí mismos, porque tales conversaciones proceden generalmente de soberbia y fomentan el amor propio. Era muy grande la preocupación de San Vicente por la rapidez con que se divulgaba el jansenismo en Francia. «Durante tres meses –confesó el santo–, el único objeto de mis plegarias ha sido la doctrina de la gracia y, cada día, Dios ha confirmado mi convicción de que Nuestro Señor Jesucristo murió por todos nosotros y que desea salvar al mundo entero». Él mismo se opuso activamente a los predicadores de la falsa doctrina y no toleró que permaneciera en su congregación ningún sacerdote que profesara sus errores.

Hacia el fin de su vida, la salud del santo estaba totalmente quebrantada. Murió apaciblemente, sentado en su silla, el 27 de Septiembre de 1660, a los ochenta años de edad, poco más de seis meses después de Santa Luisa de Marillac. Clemente XI le canonizó en 1737, y León XIII proclamó a ese humilde campesino patrono de todas las asociaciones de caridad. Entre éstas se destaca la Sociedad de San Vicente de Paul, que Federico de Ozanam fundó en París en 1883, siguiendo el espíritu del santo.

Las fuentes sobre la vida de San Vicente de Paul son muy numerosas. Han sido editadas con gran cuidado por el P. Pierre Coste, Saint Vincent de Paul, correspondance, entrétiens, documents (1920-1925), en catorce volúmenes. La biografía escrita por el mismo autor, Le grand saint du siécle (3 vols.), completa dicha obra. La primera biografía de San Vicente fue la que publicó Mons. Luis de Abelly cuatro años después de su muerte. Las biografías modernas son innumerables; citemos, entre otras, las de Bougaud, de Broglie, y Lavedan. Esta última, a pesar de su maravilloso estilo, no iguala en veracidad histórica a La vraie vie de S. Vincent de Paul de Redier (1927), ni el S. Vincent de Paul de P. Renaudin (1929). En la gran pantalla, existe «Monsieur Vincent», excelente película de 1947 basada en la vida del santo. 

MEDITACIÓN SOBRE EL AMOR AL PRÓJIMO
I. Dios promete recompensar a los que dieren por amor a Él un vaso de agua al prójimo. ¡Qué recompensa no dará a los que hayan hecho grandes limosnas y aliviado a sus hermanos en sus necesidades temporales y espirituales! ¡Cuántas ocasiones dejamos escapar de ejercer la caridad! Jesucristo nos pedirá cuenta de ello en el día del juicio. Parece que nuestra salvación depende únicamente del bien o del mal que hubiéramos hecho a nuestro prójimo.
   
II. Jesucristo mira como hecho a Él mismo todo el bien o todo el mal que hacemos a nuestro prójimo. Todos los cristianos forman un cuerpo cuya cabeza es Cristo; quien hiere los miembros hiere también la cabeza. ¡Cuál no sería tu dicha, si pudieses dar de comer a Jesucristo, vestirlo y consolarlo! Todo esto haces cuando realizas tus obras de caridad para con los pobres. Aviva tu fe a fin de ver siempre a Jesucristo en la persona de tu prójimo. Fácil te será entonces amarlo, honrarlo y hacerle el bien.
   
III. Parece que Dios ha querido hacernos dueños de nuestro destino cuando dijo, en varios lugares del Evangelio, que se nos tratará como nosotros hayamos tratado a nuestro prójimo. Se nos juzgará como hayamos juzgado a los demás; se nos dará si damos; se nos perdonará como hayamos perdonado. Así, pues, sobre nosotros mismos recaerá todo el bien o el mal que hacemos a los demás. «¡Cuán extraño, dice San Agustín, es ver a los hombres maltratarse recíprocamente! ¿Las otras creaturas no proporcionan ya bastantes ocasiones de sufrir?».

La caridad para con los pobres.
Orad por las Conferencias Vicentinas.
   
ORACIÓN 
Oh Dios, que para evangelizar a los pobres y realzar el brillo del sacerdocio cristiano, habéis revestido al bienaventurado San Vicente de una caridad y una fortaleza verdaderamente apostólicas, haced, os lo suplicamos, que honrando sus méritos, seamos fortificados por el ejemplo de sus virtudes. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 20 de junio de 2026

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA, ABOGADA DE LOS PECADORES

María Abogada (Roma, iglesia de Nuestra Señora del Rosario).

¡Oh Reina del universo y soberana generosa! Tú eres la gran defensora de los pecadores, el puerto seguro de los náufragos, el recurso del mundo, el rescate de los cautivos, el consuelo de los débiles, el alivio de los afligidos, el refugio y la salvación de toda criatura. ¡Oh, llena de gracia! Ilumina mi entendimiento y desata mi lengua, para que pueda proclamar tus alabanzas y cantarte ese saludo angelical que tan justamente mereces. ¡Salve, tú que eres la paz, la alegría y el consuelo del mundo entero! ¡Salve, paraíso de deleite, asilo seguro de todos los que están en peligro, fuente de gracia, mediadora entre Dios y el hombre!
  
SAN EFRÉN DE SIRIA. Sermón de alabanza a la Santísima Virgen María.

viernes, 12 de junio de 2026

NOVENA PARA PREPARARSE A LAS VACACIONES

Traducción de la Novena publicada en Québec por la Oficina de la Abeja en 1850, con las debidas licencias.
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Oh Dios, venid en mi auxilio.
℟. Señor, acudid pronto a socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. 
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y restituir y satisfacer si algo debiere; y por vuestro amor perdono a mis enemigos, y ofrezco vuestra santísima Pasión y muerte, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados. Y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita que me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar hasta la muerte. Amén.
 
DÍA PRIMERO
La experiencia lo enseña: de tantos jóvenes y niños que frecuentan anualmente las escuelas públicas, hay un gran número que, en los intervalos de descanso que pasan en el seno de su familia, pierden totalmente su piedad, luego la vida de la gracia, y finalmente incluso sus costumbres. En estos días consagrados al descanso, lo decimos con un sentimiento de profundo dolor, ¿la mayor parte de ellos no están en un terrible naufragio?… ¿Esta desgracia, digna de ser llorada con lágrimas de sangre, no va a llegarnos?
  
¡Oh Virgen Santa, salud y fortaleza de los débiles, no lo permitáis!
  
LETANÍA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre, Criador de los cielos, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad santa, que eres un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Madre de la divina gracia, ruega por nosotros.
Madre purísima, ruega por nosotros.
Madre castísima, ruega por nosotros.
Madre intacta, ruega por nosotros. 
Madre incorrupta, ruega por nosotros.
Madre sin mancha, ruega por nosotros. 
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre admirable, ruega por nosotros.
Madre del Buen consejo, ruega por nosotros.
Madre del Creador, ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen digna de reverencia, ruega por nosotros.
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen clemente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Trono de la sabiduría eterna, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual de elección, ruega por nosotros. 
Vaso digno de honor, ruega por nosotros. 
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros. 
Rosa mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros. 
Arca de alianza, ruega por nosotros.
Puerta del cielo, ruega por nosotros. 
Estrella de la mañana, ruega por nosotros. 
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consoladora de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega por nosotros.
Reina de los Confesores, ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
Reina asunta al Cielo, ruega por nosotros.
Reina del Santo Rosario, ruega por nosotros.
Reina de la paz, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
  
℣. Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
      
ORACIÓN
Oremos: Defended, Señor, por la intercesión de Santa María siempre Virgen, a esta familia de toda adversidad, y defended de los ataques del enemigo a la que está humildemente postrada ante Vos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La primera causa de las caídas que se tienen en el mundo es el comercio de este mismo mundo. «El mundo está lleno de maldad», dijo San Juan, no respira sino irreligión, impiedad y libertinaje. Asimismo, el Divino Salvador nos ha impedido, por el mismo apóstol, amar el mundo y las cosas que en él están. Más aún, ¿no es verdad que Él mismo lo ha cargado de anatemas por sus escándalos: «¡Ay del mundo por sus escándalos!»?… ¡Con razón debemos renunciar al comercio del mundo, y el contacto de todos sus escándalos! ¡Ay de nosotros si nos dejamos seducir de él! La maldición que el Señor lanzó nos esperaría…

¡Oh María, Auxilio de los cristianos, salvadnos!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.

DÍA TERCERO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La segunda causa de sus cambios que hemos de temer son los malos amigos. «Un buen amigo es de altísimo precio», dice el Espíritu Santo, «el que lo encuentra, halla un tesoro». Pero por la razón contraria, un mal amigo es un flagelo, una verdadera peste. Y en el mundo, ¿puede uno vanagloriarse de encontrarlos buenos? ¿Cuáles son los jóvenes de nuestro tiempo, que viven en medio del mundo fieles a los deberes que la religión impone? Y si no son religiosos, ¿no hemos de temer que, al menos, sean para nosotros buenos amigos?… Y si son malos, ¿no es verdad que su comercio nos perdería, y entraremos en sus malas formas?
  
¡Oh María, Virgen prudente, salvadnos de este peligro!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA CUARTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La causa más ordinaria de la desgracia que aquí lamentamos es el respeto humano. Un joven teme las críticas, las burlas y el desprecio de sus pares, y para evitarlas, actuará como ellos, lo que es decir que para no disgustarlos, no teme desagradar al mismo Dios. ¿Por tanto ignora a qué mal se expone por una conducta tan cobarde?… ¿Acaso Jesucristo no dijo: «Yo me avergonzaré ante mi Padre de quien se avergüence de Mí ante los hombres»? ¡Qué amenaza! ¡Oh Dios mío, está hecho! ¡Sí, os confesaremos en todo tiempo, en todo lugar, ante todos y contra todos!… Siempre seréis el Dios de nuestro corazón, para que seáis nuestra herencia por toda la eternidad!
   
¡Oh María, Virgen poderosa, obtenednos la fuerza para ser fieles a esta resolución!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA QUINTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La ociosidad es la fuente más fecunda de los desórdenes del corazón humano. Fácilmente un joven se persuade que los días de descanso que pasa en el seno de su familia no son precisamente días de ocupación y de trabajo. Así no hace el deber que los maestros amigos y prudentes le han puesto en el momento de partir, o, de hacerlos, se presiona y afana para liberarse lo más pronto posible y estar luego libre para no hacer nada. Quiere así vivir en la ociosidad. Mas ¿no es la ociosidad maestra de todos los vicios? ¿No es ella la que precipitó a David en una serie de crímenes espantosos? ¿No es ella la que todos los días entraña una infinidad de crímenes en el desorden y luego en el infierno?… ¿Qué hará ella de nosotros, si nos entregamos a ella?

¡Oh María, Virgen clemente, obtenednos la gracia de huir siempre de la ociosidad como nuestro enemigo más cruel!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA SEXTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
El medio para premunirnos contra los peligros que nos esperan es la oración. «Pedid, nos dice el Divino Maestro, y recibiréis… En verdad, en verdad, os digo: todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá». Estaremos seguros de perseverar si lo pedimos. Pidámoslo con confianza: unamos nuestras oraciones para obtener el don de la perseverancia, y luego cuando estemos frente con los enemigos, digamos frecuentemente: «Guardadnos, Señor, como la niña de vuestros ojos: protegednos bajo la sombra de vuestras alas…». A vos también, Madre compasivísima, a voz diremos con más fervor que nunca: Acoged nuestras súplicas, y libradnos de todos los peligros que amenazan las almas de vuestros hijos.
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA SÉPTIMO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
El gran medio de la perseverancia es la recepción de los sacramentos de la Confesión y la Comunión. Uno nos reafirmará en las buenas resoluciones, reparará nuestras pérdidas e incluso, nos dará un nuevo camino si hiciere falta. El otro nos asegura una fuerza que nada nos podrá hacer caer. «El que come mi carne y bebe mi sangre», nos dice el Dios que nos amó hasta hacerse nuestro alimento y nuestra bebida, «no morirá para siempre, sino que vivirá en él». Sí, el Santísimo Sacramento es la mesa que nos habéis preparado, ¡oh Dios!, delante de nuestros enemigos que se afanan por perseguirnos… Este es el que nos ha dado el vino que engendra vírgenes y el trigo de los elegidos. Fortalecidos con la virtud de Dios que habitará en nosotros, diremos como el Apóstol de las naciones: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta».
  
¡Oh María, obtenedme la gracia de acudir frecuentemente al sagrado banquete que me hará triunfar del mundo, del infierno, y de mí mismo!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA OCTAVO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
Para conservar nuestra inocencia, invoquemos frecuentemente a la que llamamos todos los días como la Reina de todos los Santos, la Madre purísima y castísima. Sabemos que ella ama con particular afecto a los jóvenes, y que ella protege de una forma toda maternal a los que le han prometido un amor filial. Ella nos ama, por supuesto, porque Jesús moribundo la impuso ante nosotros el título y los deberes de Madre. Además, ella es la Virgen poderosa, esta hija de Eva cuyo pie ha aplastado la cabeza de la serpiente antigua… Así, su poder y su amor se reúnen para imponernos ante ella los deberes de una confianza sin límites. Así, ¡oh Virgen amable y poderosa!, os invocaremos en nuestros peligros, con la confianza que hizo decir a San Bernardo: «No, nadie puede perecer cuando se invoca a María»…
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
  
DÍA NOVENO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
Un último medio de perseverancia es recordar frecuentemente todas las gracias que se han recibido en esta morada. Además, ¿de cuántas de ellas ha rodeado el Señor nuestra infancia y nuestra juventud?… ¿Por qué nos prefirió a nosotros de entre tantos hijos de nuestro tiempo, para procurarnos las ventajas de una educación cristiana? ¿Por qué nos ha recibido en esta santa casa como en un santuario, para hacernos aprender a conocerlo, amarlo y servirlo? Y esta bondad de predilección, estos cuidados de una ternura más que maternal, ¿vendríamos a olvidarla?… Y esta casa donde vivimos a la sombra de sus alas, esta casa donde tantas bondades nos han sido concedidas, ¡olvidarla también! ¡No, Señor, vuestros favores vivirán siempre en mi memoria: ellos estarán siempre en mi corazón!… «¡Que la lengua se pegue a mi paladar, que se seque mi mano derecha, si os fuere infiel al recuerdo de todas vuestras gracias, al recuerdo de este lugar santo donde me las concedéis!»
  
¡Oh María! ¡Oh Madre de misericordia!, rogad por nosotros, diremos juntos por última vez: rogad por nosotros, y preservadnos del más horrible de los males, que es el pecado.
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.