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sábado, 12 de octubre de 2019

¿POR QUÉ COINCIDE LA FIESTA NACIONAL DE ESPAÑA CON LA VIRGEN DEL PILAR?

Por César Cervera para ABC (España).
   
¿POR QUÉ COINCIDE LA FIESTA NACIONAL DE ESPAÑA CON LA VIRGEN DEL PILAR?
Cristobal Colón tomó posesión de Guanahani (Islas Bahamas) en esta fecha. Y aunque existe debate sobre quién debe ser la Reina de la Hispanidad, este título lo ostenta oficialmente la Virgen de Guadalupe.
 
Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos en la corte de Barcelona (V. Turgis, siglo XIX).
  
El 12 de octubre 1492, festividad del Pilar, Cristóbal Colón hizo tierra en Guanahani, actualmente en las islas Bahamas, y tomó posesión en nombre de los Reyes Católicos. El navegante desconocía que se trataba de un nuevo continente y no podía imaginar la trascendencia de su acto. Colón, de hecho, creyó que había llegado a Cipango (Japón). Desde entonces, la fecha ha sido usada por diversos países iberoamericanos para celebrar el encuentro de las dos culturas que dieron lugar al Nuevo Continente. No en vano, cada país ha denominado la fiesta con distintos nombres en función de la conveniencia política, como por ejemplo «Día de la Madre Patria» o «Día del descubrimiento». En España, se eligió originariamente la designación de «Día de la Raza».
  
La denominación fue creada a propuesta del exministro español Faustino Rodríguez-San Pedro, como presidente de la Unión Ibero-Americana, que en 1913 pensó en una celebración que uniese a España e Iberoamérica, eligiendo para ello el día 12 de octubre. En 1918, la fiesta de la Raza alcanzó el rango de fiesta nacional.
  
La elección de ese nombre obedeció a que a principios del siglo XX el término de Hispanidad estaba fuera de uso. No fue hasta 1926 cuando un obispo vizcaíno, Zacarías de Vizcarra, recuperó el concepto de Hispanidad y propuso en un artículo de prensa publicado en Buenos Aires cambiar el nombre a la festividad. Cinco años después Ramiro de Maeztu, que había sido Embajador de España en Argentina, leyó el artículo e hizo suya la defensa del concepto Hispanidad.
  
En 1935 se celebró por primera vez en Madrid el Día de la Hispanidad y así se mantuvo durante el franquismo, si bien el decreto de 1918 firmado por el Rey Alfonso XIII, que establecía «la Fiesta de la Raza» con este nombre, siguió en vigor durante cuarenta años. «Dada la enorme trascendencia que el 12 de octubre significa para España y todos los pueblos de América hispana, el 12 de octubre será fiesta nacional, bajo el nombre de “Día de la Hispanidad”», dejó escrito la Presidencia del Gobierno de 9 de enero de 1958 en un decreto que corregía la confusión sobre el nombre de la festividad.
   
Con la llegada del periodo democrático surgió el debate de si era conveniente cambiar el Día de la Fiesta Nacional de España al 6 de diciembre, fecha en la que se aprobó la Constitución de 1978. No obstante, una ley publicada en 1987 ratificó el 12 de octubre como festividad asociada al Descubrimiento.
    
EL DEBATE SOBRE LA REINA DE LA HISPANIDAD
 
Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura, y Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza
   
Pero, ¿por qué coincide con la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de Zaragoza y de la Guardia Civil? Se trata de una mera coincidencia, puesto que la virgen que ostenta el título de Reina de la Hispanidad es Santa María de Guadalupe de Extremadura, cuya festividad se celebra el 8 de septiembre. Así, el 12 de octubre de 1928, el cardenal Primado de España, Pedro Segura, como legado del Papa Pío XI, y en presencia del Rey Alfonso XIII, coronó canónicamente a Santa María de Guadalupe como «Hispaniárum Regína» o Reina de las Españas.
 
La íntima vinculación del santuario de Guadalupe, tanto con el descubrimiento de América como con su colonización y evangelización, está documentada, siendo así una de las causas invocadas por la Unesco el 11 de septiembre de 1993, cuando declaró a Guadalupe Patrimonio de la Humanidad. «Porque la famosa imagen de la Virgen de Guadalupe ha sido el símbolo más representativo de la cristianización de una gran parte del Nuevo Mundo», argumentó la Unesco.
   
Todavía hoy se mantiene vivo el debate teológico sobre cuál de las dos vírgenes debería gozar del título de patrona de la Hispanidad, en función de su importancia en el descubrimiento de América. Por su parte, el apóstol Santiago el Mayor es el patrón protector de España, así como el santo del Arma de Caballería y del Ejército de Tierra.

domingo, 26 de mayo de 2019

CRISTÓBAL COLÓN, ¿SANTO O COLONIZADOR SIN ESCRÚPULOS?

Traducción del artículo publicado por Luca Fumagalli para RADIO SPADA.
   
   
Los católicos siempre lo han considerado casi un santo evangelizador, los laicistas han visto en él, al contrario, un predador amoral, uno de los fundadores del colonialismo, un fautor del esclavismo. ¿Cuál es por tanto, la verdad sobre Cristóbal Colón?
   
La discusión sobre el personaje, en Italia como en el extranjero, resulta hoy casi cerrada. Colón no es más el celebrado soñador dedicado a superar los límites del mundo conocido, sino el primero de los conquistadores. Estudiosos de distintas extracciones han revolucionado definitivamente nuestro modo de mirar al Almirante, superando ciertas visiones irénicas del pasado; pero, en la mentalidad común, el aspecto heroico de la “conquista” permanece preponderante.
   
Del resto, Colón y su empresa han sellado una época: la llegada del Almirante sobre las playas de la isla de San Salvador ha sido verdaderamente escogida como la fecha convencional del fin del medioevo y del nacimiento de la modernidad, no sólo porque desde aquel momento la percepción del mundo no será más la misma, alargando perspectivas y mercados, sino también porque ha decretado el fin de la cultura fundada sobre la autoridad y el comienzo de otra, improntada sobre la experiencia (abriéndose así camino a Galileo, Copérnico y Newton).
  
Antonio Musarra, joven profesor de investigaciones de la Universidad de Florencia, se encarga de responder a todas las preguntas sobre Colón en su ensayo Processo a Colombo. Scoperta o sterminio? (con prefacio de Franco Cardini), realizando un juego procesal caracterizado por el escrutinio de un número considerable de pruebas, analizadas con escrúpulo y pasión. El objetivo es sobre todo el de reequilibrar el juicio sobre el personaje, que ciertamente no fue un tipo santo, pero tampoco un fautor del “holocausto” de los nativos americanos (como tal vez lo entienden aquellos estadounidenses [y latinoamericanos, N. del T.] que, en los últimos años, han derribado distintas estatuas dedicadas al Almirante).
   
Sobre todo el autor es hábil en huir de la tentación moralista-anacronista en la cual cae a menudo quien ama la divulgación histórica. Por ejemplo, ciertas decisiones de Colón y de la gente de su tiempo corren riesgo de ser juzgadas ligeramente como “racistas” y “genocidas”. Pero el racismo y el genocidio tienen una triste historia demasiado conectada al presente para poder resultar en categorías aplicables, sin enmendaduras, al siglo XV y al XVI.
  
Sin duda Colón fue un esclavista, cometió muchos abusos, se manchó de sangre de tantos inocentes. En este sentido, tal vez, puede ser tomado como un símbolo de la sed de expansión y conquista del hombre blanco, pero no fue un “genocida”. Fueron los conquistadores quienes obraron en tal sentido. Del resto, el espacio histórico en que maduró la empresa colombina revela una complejidad que es muy peligroso ignorar (como en cambio hace el vulgo). De hecho, las fuentes dicen que él tenía en mente cumplir una empresa nunca antes intentada y evangelizar las tierras remotas que hubiere encontrado; aspectos que ameritan ser tenidos en debida cuenta para no reducir a estereotipo la imagen del navegador genovés.
  
La realidad es que Cristóbal Colón fue un hombre de su tiempo, un tiempo lleno de contradicciones, y precisamente por esto, fascinante.
  
El libro: Antonio Musarra, Processo a Colombo. Scoperta o sterminio?, Viareggio, La Vela, 2018, 256 páginas, 15 Euros.
  

sábado, 12 de octubre de 2013

CINCO MITOS SOBRE CRISTÓBAL COLÓN Y EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA, Y SU DEBIDA REFUTACIÓN

Desde MILES CHRISTI
CELEBRANDO EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo
Traducción del artículo publicado en la edición 119 de la revista CRUSADE, de la Sociedad Americana para la Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

MITO: Colón navegaba para probar que el mundo era redondo./ REALIDAD: Cada persona educada a finales del siglo XV, sabía que la tierra era una esfera, un hecho conocido desde la antigüedad. Lo que estaba en disputa era la circunferencia de la Tierra, que Colón subestimó en una cuarta parte.
En tiempos de Cristóbal Colón, TODO INTELECTUAL SABÍA QUE LA TIERRA ERA REDONDA. El mito de que en la mal llamada ''Edad Media'' se enseñaba que la tierra era plana, fue puesto a rodar por los protestantes e iluministas del siglo XVIII en su campaña de desprestigio contra la Iglesia Católica.

MITO: La Reina Isabel vendió sus joyas de la corona para financiar el primer viaje./ REALIDAD: El tesoro real de España se agotó después de la finalización de la conquista de Granada a principios de 1492. Sin embargo, Luis de Santángel, el tesorero real, fue capaz de obtener financiación a través del acercamiento a las Sociedades de las Cruzadas en todo el Mediterráneo, así como otros financistas proveedores de fondos procedentes de España y otros países. La corona puso muy poco para financiar el viaje.

Como consecuencia de la Conquista de Granada, los tesoros de la Corona se agotaron. Por ello, si bien le reconocieron a Colón ciertos derechos, no le proporcionaron mucho dinero para la expedición.

MITO: Había un sacerdote a bordo de la Santa María en 1492./ REALIDAD: Debido a los peligros que implicaba, no había sacerdotes o frailes en el primer viaje, a pesar de la profunda piedad de Colón. Muchas de las pinturas del primer desembarco en el Nuevo Mundo en San Salvador muestran un sacerdote con Colón –contrario a los hechos-. Hubo cinco sacerdotes en el segundo viaje: el benedictino Padre Buil, el jerónimo Padre Ramón Pane y tres franciscanos.

No hubo sacerdotes en el primer viaje de Colón, sino desde el segundo viaje.

MITO: Colón introdujo la esclavitud al Nuevo Mundo./ REALIDAD: La esclavitud ya estaba muy extendida entre los indios nativos cuando Colón llegó. Colón fue insistente en el trato justo de los indígenas, una política que le ganó muchos enemigos como gobernador de La Española. Bartolomé de las Casas, un fraile español que trabajaba por la protección de los indios, se apresura a vituperar a sus compatriotas por sus abusos graves, pero está lleno nada más que de respeto y admiración por Colón. El sometimiento de masas y la importación de africanos a las Américas no comenzaron hasta una generación después de la muerte de Colón.

Fray Bartolomé de las Casas, al denunciar la esclavitud de los indígenas por los españoles, nunca acusó a Colón por ese cargo.

MITO: Colón murió en la miseria, en cadenas, en una prisión española./ REALIDAD: A pesar de que la corona española se retractó de algunos de los privilegios prometidos a Colón, él era relativamente rico en el momento de su muerte. A pesar de que regresó a España encadenado en 1500 después de su tercer viaje, el Rey y la Reina se disculparon por el malentendido y retiraron todos los cargos. El 20 de mayo de 1506, en la vigilia de la Ascensión, Cristóbal Colón yacía en su lecho de muerte en su apartamento en Valladolid, rodeado por sus compañeros franciscanos y sus hijos. A medida que los frailes cantaban las Completas, sus últimas palabras se hicieron eco de las de Cristo en la cruz: En manus tuas, Domine, commendo spiritum meum (En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu).

Cristóbal Colón fue asistido en su muerte por los frailes franciscanos, de los cuales recibió apoyo durante su vida y empresa.

lunes, 13 de septiembre de 2010

LA CUNA DE CRISTÓBAL COLÓN

Desde Zadlander


Cristóbal Colón



Sin duda alguna esta es una de las preguntas más discutidas. Evidentemente, la opción más aceptada es la de que nació en Génova, aunque muchos han querido barrer para su casa y se ha dicho que fue portugués, gallego, catalán e incluso hebreo. Sin duda alguna, todas estas demás opciones no tienen fundamentos algunos prácticamente, ¿porqué? porque existen cartas del propio Colón afirmando que era genovés, así como documentos de su hijo Hernando Colón ratificándolo. Pero vamos a analizar las distintas posibilidades:
  • Genovés (italiano): Es la opción más extendida, porque, como ya he dicho, hay documentos de él y de su hijo afirmando esta nacionalidad.
  • Portugués: Algunos dicen que Colón fue portugués por el simple hecho de que una carta del Papa a Colón iba dirigida a Cristofõm Colón, y Cristofõm es muy parecido a Cristovão (Cristóbal en portugués). Sin embargo, se ha descubierto que Cristofõm es la abreviatura de Cristoforo, nombre real de Cristóbal (en portugués).
  • Hebreo (judío): Esta es la teoría más extravagante. Según sus defensores, el pasado de Colón es tan oscuro porque quería ocultarlo. ¿Y por qué querría ocultar su pasado? Porque si hubiese dicho (hipotéticamente) que era judío no se habría ganado el apoyo de los Reyes Católicos. Aun así esta es simplemente una suposición basada en su pasado poco claro, algo que en realidad era normal en la época, al no existir ni DNI, ni partidas de nacimiento..
  • Gallego (español): Esta teoría afirma que nació en Poyo (Pontevedra), ya que el apellido Colón es originario de allí. Sin embargo, no hay más pruebas que indiquen que esta teoría sea la correcta.
  • Catalán (español): Esta teoría se basa en que (según algunos) Colón firmaba como "Colom", variante catalana del apellido. Sin embargo, viendo sus firmas, no se aprecia muy bien el nombre, por lo que si ponía Colón o Colom varía según el punto de vista.
La teoría catalana afirma que la firma de Cristóbal Colón firmaba como "Colom", pero no se aprecia bien en esta firma 


En cualquier caso, lo más probable es que fuese genovés, aunque fuese de donde fuese, lo que hizo nunca cambiará: HIZO GRANDE A ESPAÑA.


Sin importar su patria natal, debemos reconocer que engrandeció a España y a nuestra Santa Fe Católica y Apostólica 

lunes, 12 de octubre de 2009

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR

Nuestra Señora del Pilar
    
Iba el Almirante (Cristóbal Colón) navegando aquélla incertidumbre de sesenta vacías singladuras, mudo y ensimismado en su paisaje interior de aguas y estrellas. Estaba ungido. Y el Señor se complacía en descubrirle el misterio de aquélla geometría de números y de luz en que fueron creadas todas las cosas al principio. ¡Qué riesgo marear los océanos cuando aún no concierta la bitácora con la Polar, los caminos seguros donde resoplan su gozo ángeles del viento y las sirenas! Pero la corazonada del Almirante le ardía, asomada a los ojos, como un fuego rusiente, para conducir los navíos. ¿No parecían las carabelas, entre el turpial salobre de las olas, tres conchas peregrinas desprendidas del bordón de Santiago? Sí. Después de andar siglos y siglos la dura tierra española, en holocausto de sangre y de batallas, por la unidad de la fe, esta aventura extraordinaria en la inmensidad desconocida de los océanos.
    
Cristóbal Colón, héroe de la Catolicidad Hispana
   
Los Pinzones, grandes capitanes y ambiciosos, tejen, con la fatiga y el descontento de la tripulación, trampas y trifulcas al Almirante; pero él se recoge, con la seguridad de su fe iluminada, en el regazo de la Biblia. Se navega hacia la desesperación. Y, detrás de cada ola, crece el designio del retorno a Rábida.
    
De pronto, los pájaros. Inesperadamente, Un vuelo de papagayos y de grullas enhebran, con las agujas de los mástiles y el hilo de oro del sol, un soneto de luz a la esperanza. El anochecer de vísperas se cierra, como boca de lobo, sin estrellas, abrasado de vientos tropicales que enloquecen la pasión y la Sangre. El mar, en calma. Y rompe la "Salve, Regina" marinera, tan impetuosa, que atranca el milagro al corazón de Dios, en el nombre de María Santísima. ¡Qué prodigio entonces! El Almirante, vestido de negra ropilla penitente, agarra entre sus manos el gobernalle. Quiere rezar, y no puede, porque sus labios se aferran a una palabra sólo: "Tierra." Después se pone a temblar, él, endurecido de infinitas navegaciones. Una lágrima cristiana de amor enturbia el poder de sus pupilas, que adivinan allí, en lejana frontera del cielo con las aguas, el resplandor parpadeante de un fuego. ¿Se alucinan aún? El reloj que criba las arenas del tiempo, entre aquellas ampollas que parecen dos corazones de cristal, apunta las dos de la madrugada. Un morterazo y un grito: "¡Tierra a la vista!" Y Rodrigo de Triana, como el bello arcángel de la Anunciación, certifica el milagro del descubrimiento.
   
Algarabía, abrazos y canciones; los tamboriles vascongados rizan vítores de gloria al Almirante; y una oración: "Bendita sea la luz, bendita la Santa Cruz; y el Señor de la verdad y la Santa Trinidad; bendito sea este día y el Señor, que nos lo envía". Y allí van solemnes las carabelas españolas, escoltadas de una orla de indios que saltan y juegan como delfines, con el poder del mar..., y parece el cortejo de los tres Reyes Magos que rinden su homenaje a un nuevo mundo recién nacido para la mayor gloria de Dios. En el Diario del Almirante hay esta noticia que resume todos los designios del Descubrimiento: "Yo, para que los indígenas nos tuvieran mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra santa fe más por el amor que por la fuerza, les di bonetes colorados y cuentas de vidrio, que se ponían al cuello, con lo que habían mucho placer y quedaron tan nuestros que era maravilla". Está fechada un 12 de octubre de 1492, el mismo día que allí la España distante, católica y misionera, honra a su Patrona de los cielos, Santa María del Pilar. ¿Coincidencia? Pero ésta es otra historia de un estupendo prodigio, en el escenario de las aguas del Ebro, acaecido un amanecer original, catorce siglos antes.
   
Colón reclama el Nuevo Mundo para Dios y para los Reyes Católicos
  
Os lo quiero referir con todo el perfume intacto de una primera relación, escrita por mano anónima, en las últimas páginas del códice de Los Morales de San Gregorio Magno, según puede leerse en los archivos de Zaragoza. Tiene la suave fragancia espiritual de los scriptorios medievales, donde los monjes hilaban la historia, con aquel gozo de oros, azules y bermellones, según los abecedarios de una fe pura y pacífica. Se le creía contemporánea del obispo Tajón, hacia el 631, pero la crítica le ajustó la edad aproximada entre finales del XIII y principios del XIV.
   
Y fue que Santiago el Mayor, hermano de Juan el Evangelista, vino a España para anunciar la Nueva Ley de Jesucristo. Cumplía el mandamiento que el Señor les hiciera a los Doce, en su última aparición de resucitado: "Predicad el Evangelio a todas las gentes del mundo". El escritor anónimo nos describe la llegada a España, por Asturias; sus viajes misioneros en Galicia; siguiéndole todo su itinerario hasta la España Menor, que es el reino aragonés, que se llama Celtiberia. Dos videntes extraordinarias, las venerables María de Jesús de Agreda y Ana Catalina Emmerich, coinciden en ver a Santiago partir desde Jaffa, tocar Cerdeña en la ruta del mar Mediterráneo y desembarcar, más lógicamente, en Cádiz o Cartagena, para la evangelización de Andalucía. La madre Agreda coloca en Granada un aprieto de muerte para el apóstol, acorralado por sus enemigos, del que le salva la Virgen María viniendo personalmente en su socorro.

Aparición de Nuestra Señora a San Santiago
   
Pero situémosle ya, con el códice gregoriano, en Zaragoza, donde no le acompaña la fortuna en sus trabajos apostólicos. "Aquí predicó muchos días, logrando convertir para Cristo a ocho hombres". ¡Menguada pesca para aquel marino del mar de Tiberíades que había tocado con sus manos las redes abarrotadas de Pedro en aquella pesca milagrosa! Y, cosa muy natural, le rinde el desaliento a Santiago. "Con estos convertidos se entretenía en dulces enseñanzas sobre el reino de Dios, y por la noche iba a una era, cerca del río, donde se echaba en la paja." Ya se presiente el prodigio. Porque, en una de esas largas noches, desveladas por la amargura y la oración instante, percibe en los cielos un camino de luz, sonoro de canciones y de arcángeles. Ave María, gratia plena. ¿Es una alucinación de la fatiga o del viento ululante que baja del Moncayo? No. Es una evidencia estremecedora en sus claridades celestes. La humilde Virgen María, tierna Madre de la Iglesia, que él dejara en Jerusalén, está allí, palpitante, viva, hermosísima, bendiciéndole, hablándole de esta manera: "He aquí, hijo mío Jacobo, el lugar de mi elección. Mira este pilar en que me asiento, enviado por mi Hijo y Maestro tuyo. En esta tierra edificarás una capilla. Y el Altísimo obrará, por Mí, milagros admirables sobre todos los que imploren, en sus necesidades, mi auxilio. Este pilar quedará aquí, hasta el fin de los tiempos, para que nunca le falten adoradores a Jesucristo". Y la cabalgata angélica toma reverente a su Reina, y por un camino de luceros, que será para siempre el Camino de Santiago, le devuelve a su retiro de Jerusalén. Así, tan sencillamente termina el relato de la aparición de María en su carne mortal al apóstol Santiago, en Zaragoza.
   
¿Historia o leyenda? Cuando, en nuestro tiempo, aquel reducido oratorio edificado por los primeros creyentes, se ha convertido en un suntuoso templo de la Hispanidad, abrir este interrogante de duda suena a herejía intolerable. Pero acaso sea mejor que la crítica de dentro y de fuera de España haya cribado rigurosamente tan entrañable suceso. Si se niega la evangelización de nuestra Patria por Santiago el Mayor, nada puede quedar de esta prodigiosa venida de la Virgen, ni de su celeste regalo de la columna. Veamos.
   
Los adversarios argumentan en dos direcciones: una teológica; la otra, científica. Y dicen: No parece honorable a la santidad y seriedad de María este andar funambulesco por los aires, ni tampoco coherente con su carácter humildísimo el pedir, en vida aún, que el apóstol edifique un oratorio a su dedicación y culto. Pues, en respuesta, os abro la teología de la Virgen, en aquella Pentecostés, cuando preside a los Doce, la mañana elegida por el Santo Espíritu para introducir a la Iglesia públicamente en la historia del mundo. Sobre todos caen las llamas misteriosas de fuego, que los transforma, de hombres, en consagrados "testigos del Señor Jesús". Aquí, en este ardiente cenáculo, lo veis, se realiza aquella maternidad de gracia -sin estrenar aún- anunciada al mundo por las palabras de agonía de Cristo, en la mutua entrega de su Madre y Juan. Toda maternidad tiene exigencias inviolables y derechos augustos, de sacrificio, de ternuras, de tutelas y socorros cerca de los hijos. Y María, Madre de este pequeño Colegio apostólico y de toda la Iglesia universal. Pues bien; de otro lado, no se pueden negar teológicamente a Nuestra Señora gracias, carismas y dones que hayan sido concedidos a simples mortales, sino que deben atribuirsele en grado eminente. Según la luminosa dialéctica de Santo Tomás de Aquino, María alcanza, en funciones de su divina maternidad, "una grandeza y un poder, de alguna manera, infinitos", pues vive, como si dijéramos, en las mismas fronteras de la Deidad. Tanto, que el bello arcángel de la Anunciación la saluda: "Salve, la llena de gracia". Pues la consecuencia será que este don de las traslaciones o bilocaciones, ya concedido a muchos siervos de Dios, hay que reconocérselo realmente a María, que pudo venir a Zaragoza, sin indecoro circense, sino empujada por un amoroso apego que profesaba a Santiago, sin duda porque el apóstol, en su rostro y en su porte, era una estampa viva de su Hijo Jesucristo. Y como Madre de todos los apóstoles.
   
El tema de la dedicación de un oratorio a su nombre y culto puede plantearse, salvando su exquisita humildad. Las relaciones del prodigio nos aseguran que Ella trajo una columna, de origen celeste, como testimonio y signo de fortaleza. Entonces, ¿por qué no pensar que este templo que la Virgen pide a Santiago sea como el Arca de la Alianza antigua, el joyel que guarde el tesoro divino de su pilar? Nos promete una intercesión de gracias, milagros y bendiciones muy acorde con los principios dogmáticos de su maternidad divina. Porque, desde el instante de la Encarnación, para que su consentimiento a la empresa redentora de Cristo fuese racionalmente libre, fue necesario que conociera todo el ámbito de obligaciones y derechos de esa su maternidad, es decir, su condición de corredentora, de intercesora y medianera de todas las gracias. La madre Agreda describe así el encargo al apóstol: "Hijo mío Jacobo, este lugar ha se ñalado y destinado el altísimo y todopoderoso Dios del cielo para que en la tierra le consagres y dediques un templo y casa de oración, donde debajo del título de mi nombre quiere que el suyo sea ensalzado y engrandecido." y así, la humilde "esclavita" de Nazaret, María, busca primero el honor y la gloria del que la hizo grande con su poder, porque es el Altísimo.
   
El argumento científico de crítica histórica procede por meras vías de negación. Sin presentar nada positivo, se contenta con calificar de sospechoso que hasta el siglo IX no se encuentren pruebas escritas del prodigio. Mas juzgan inexplicable que los escritores clásicos primitivos omitan su consignación en absoluto: así Idacio, Orosio, San Isidoro de Sevilla, San Julián de Toledo. Y, lo que es más grave, tratadistas aragoneses como San Braulio y Prudencio. Añádase aún el silencio de las liturgias mozárabes, que acostumbran consignar, en sus calendas, las clásicas conmemoraciones de las iglesias españolas, y estará completo todo lo que hay que oponer a esta gloriosa venida de la Virgen del Pilar a España. Bien.
   
Pero comienzan a enfriarse los quilates del argumento si tenemos en cuenta que Diocleciano mandó destruir, por el fuego, todos los archivos de la Iglesia primitiva. Por otra parte, si examinamos las obras de todos los escritores citados, veremos que ninguna de ellas trata temas en los que lógicamente haya lugar para introducir noticias del suceso. Y, entonces, no es demasiado sospechoso que las omitan, máxime cuando se trataba, sin duda, de un hecho perfectamente conocido y en la conciencia profunda del pueblo fiel. ¿Pueden asegurar honradamente los adversarios de la venida de la Virgen que los naturales testigos del suceso -estos escritores religiosos citados- no se ocuparon del tema porque él no aparece en las obras escritas que conocemos? ¿Y las que se pudieron perder entre la intemperie de los siglos?
   
Desde el 855 la prueba en favor de la venida y del templo de Zaragoza es abrumadora. Piadosas donaciones que se hacen "a Santa María la Mayor de Zaragoza". La bula del Papa Gelasio II concediendo indulgencias para reconstruir el templo, derruido por el musulmán; Inocencio I, Eugenio III y Alejandro III, que acogen advocación y culto bajo su papal amparo. Los Alfonsos y los Jaimes, reyes aragoneses; Sancho el Fuerte de Navarra; los Berengueres, condes de Barcelona; multitud de obispos y fieles distinguidos, todos tuvieron a honra extender privilegios y legados, cubrir de magníficos dones esta angélica capilla, raíz y decoro de España.
 
Basílica de Nuestra Señora del Pilar
   
Por último, la actitud oficial de la santa Iglesia. En las lecciones del Propio de España para este día aceptaba "como piadosa y antigua tradición" la visita de María a Santiago. Clemente XII concedió el rezo de su oficio litúrgico, señalando la fecha del 12 de octubre. Pío VII lo elevó al rango de "primera clase con octava" para el reino de Aragón. Pío IX extendió a todas las diócesis de España el privilegio del oficio y de la misa del Pilar. Y Pío XII, en una comunicación de la Sagrada Congregación de Ritos -fecha 14 de febrero de 1958-, concedió a todas las iglesias y oratorios de España, Iberoamérica e islas Filipinas "la misa propia de la Bienaventurada Virgen María del Pilar".
  
Pero hay otra congruencia de filosofía de la historia. Los pueblos, en la armonía del mundo, como cada uno de los hombres, tienen asignado un destino en la providencia de Dios. Poniendo a Santiago como raíz de España, ya que él siembra lo permanente del hombre, toda nuestra historia se articula maravillosamente. Apóstol de la Verdad del Evangelio con una temperatura "militante", él derrama en la sangre española de nuestro cuerpo nacional aquellos ardores que el mismo Cristo define como "Hijo del Trueno". Vendrá la Reconquista para contrastar ocho siglos de un temple y de constancia aterradores, en holocausto de la unidad de nuestra fe. Y en las más dramáticas ocasiones el "Señor Santiago Caballero" combatirá la victoria de nuestros soldados. Y el mar: la definición de España como una unidad católica universal, adelantada de la fe de Cristo, que bautiza veinte naciones americanas para que recen, en castellano, el padrenuestro, el avemaría, el "Gloria al Padre", en un rosario colosal de alabanzas a la Trinidad, por Cristo Redentor, en el nombre de María Santísima. Y así es.
   
Iba el Almirante ensimismado en su paisaje interior de aguas, de estrellas, pero seguro. Allí, en las lejanías originales de España, gemía Santiago su misionar como inútil, con los pocos creyentes que le siguen. Pero aquella siembra de amarguras y de sangre florece con ímpetu milagroso de fecundidad. Es la hora del premio, la fe de este Almirante, que marca lo imposible en un navío que tiene nombre de Virgen: la Santa María. Y así Ella, que junto a las aguas del Ebro bautizó el alma de España, ahora arranca del sueño miliario estos millones de indios inocentes, como recién nacidos que España cristianiza a mayor gloria de Dios. Y este 12 de octubre bandean a victoria todas las campanas de las dos orillas; y hay un triunfo de banderas, un nurmullo de espumas, un gran vuelo de cóndores andinos, que cantan, bajo la Cruz del Sur, la gran antífona agradecida de la hispanidad, con toda la cristiandad arrodillada: Bendita y alabada sea la hora en que la Virgen Santísima vino en carne mortal a Zaragoza. Bendita sea por siempre y alabada. Amén.
  
FERMÍN YZURDIAGA LORCA

ORACIÓN
  
Omnipotente y sempiterno Dios, que maravillosamente nos preparaste celestial defensa en la gloriosísima Madre de tu Hijo: concédenos propicio que, venerándola con piadosa devoción con el especial título del Pilar, seamos protegidos con su perpetuo auxilio. Por J. C. N. S. Amén.