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lunes, 31 de agosto de 2020

NOVENA EN HONOR A SAN PEDRO CLAVER

Novena dispuesta por el padre José María Anglés SJ, y publicada en Madrid por la imprenta de Eusebio Aguado en 1852, con licencia eclesiástica. Los Gozos son de la autoría del padre Jacinto Verdaguer y Santaló.
  
NOVENA A SAN PEDRO CLAVER DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, APÓSTOL DE LOS NEGROS
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Omnipotente y sempiterno Dios, que os dignásteis conceder a España nuevo lustre en las hazañas del grande apóstol de los negros San Pedro Claver, y a todos los españoles nuevo título de confianza, dándoles tal protector y abogado; escuchad, Señor, la súplica que os dirigirá sin duda por nosotros en este momento, y para que sea más eficaz y ardorosa, preparad nuestros corazones, a fin de que sepan obligarle con el corto obsequio de esta Novena, con que nos proponemos alcanzar la imitación de sus virtudes, que es lo que Vos deseáis, y lo que hará que os gocemos en su compañía por los siglos de los siglos. Amén.
 
DÍA PRIMERO – 31 DE AGOSTO
ORACIÓN

Dulcísimo Jesús mío, autor y consumador de nuestra fe, que os dignásteis colocar el fundamento de nuestra santidad en la creencia firme de vuestra soberana palabra, y que infundisteis en el pecho de vuestro siervo San Pedro Claver, fe tan viva cual era menester para que llegase a ser un portento de santidad; por los méritos e intercesión de vuestro siervo, os suplico me concedáis el aumento de esta virtud esencial al cristiano. Haced, Jesús mío, que mis obras sean dignas de la fe que profeso, y para ello arraigad más y más en mi alma esta divina virtud. No permitáis, Jesús mío, que el ejemplo de tantos corazones incrédulos haga mella alguna en el mío; quitadme mil veces la vida antes que yo os deshonre mostrándome menos fiel a vuestra divina palabra. Así os lo suplico por intercesion de vuestro siervo, juntamente con la gracia que os pido en esta Novena, si es para gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.
    
Aquí se rezarán tres Padre nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri en obsequio del Santo.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Gloriosísimo San Pedro Claver, digno hijo del gran Padre y Patriarca San Ignacio de Loyola, y escogido de Dios para hacer gala de sus celestiales dones, y dar a conocer al mundo el poder de la divina gracia sobre la flaca naturaleza; yo me confundo en vuestra presencia al verme tan desemejante a vos, y tan desprovisto de aquellas virtudes que pudieran haceros agradables mis súplicas y alabanzas. Una sola cosa me consuela, y es que no habéis perdido en el Cielo, sino más bien perfeccionado aquellas entrañas de misericordia con que siempre acogisteis en la tierra a las más pobres y viles criaturas: aunque yo también soy del número de estas, no por eso dejo de tener derecho a vuestra protección y cariño. Compadeceos hoy de mi alma, que fue creada a imagen y semejanza de Dios, redimida con su preciosa Sangre, y en continuos peligros de perderse. Dirigidle una de aquellas tiernas miradas que siempre os merecieron las almas de tantos infelices; y si no voces sensibles corno a ellos, hacedle oír por lo menos una palabra interior de paz y de consuelo, una palabra fuerte que la despierte de su letargo, una palabra de fuego que consuma en ella toda la escoria de sus culpas, y que iluminándola la decida a imitar vuestras virtudes, para que por medio de una santa vida tenga yo una muerte semejante a la vuestra. Apoyad, protector mío, la súplica que acabo de dirigir a Jesús, para que yo consiga la imitación de aquella virtud que me propongo honrar hoy en vos, y la gracia que en particular espero en esta Novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
 
Ahora se hará la petición alentando la confianza, y se dirá la siguiente oración que el Santo hacía todos los días a María Santísima.
 
ORACIÓN
Señora, Virgen María, llena de gracia y de misericordia; yo, la más indigna de todas las criaturas, humildemente te ruego que no me consientas morir de muerte arrebatada, porque no vaya mi ánima de este mundo sin entera confesión y satisfacción de todos mis pecados. ¡Oh Virgen Santísima! Ruega por mí, pecador, ahora y en la hora de mi muerte. Amén.
 
GOZOS

 Pues el Cielo os ha enviado
Como a otro Javier,
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
En tu cielo, Iglesia Santa,
Cual sol brilla tan hermoso
En luz clara e iluminadora.
Oh Claver, la lanzáis vos.
Gloria a Dios, que bondadoso
Aqueste astro nos ha enviado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
De la tierra catalana
Vos nacisteis en el corazón
De famila cristiana,
Tal es el árbol, tal la flor.
Tú eres, Verdú, el jardín de oro
De este Lirio inmaculado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Su corazón de ángel vio María
Y de su amor lo llenó
Y dándolo a la Compañía,
«Hacedme, dijo, un serafín.
Por espejo escogió
A mi Hijo crucificado».
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Hijo de Ignacio, un día visita
Montserrat, tu camarín,
A la Reina que allí habita
Que la encuentra de gentil:
A sus pies se postra humilde,
Mas el humilde será exaltado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Transportado a la alta Gloria
Un trono Alonso Rodríguez vio:
«En este trono de victoria,
¿Quién se sentará?», preguntó a Dios.
«Allí se sentará tu discípulo
Que a tal premio está creado».
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Ya la América os demanda
Para poseeros en su corazón,
Flor hermosa catalana
Del jardín del Salvador.
Todo un mundo corre al olor
De vuestra santidad.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Negros el África le envía,
El Asia turcos a convertir,
Corazones enfermos de la herejía
Le dará Europa a curar:
Hace la América florecer
Su ardiente Apostolado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Por salvar los pobres negros
Vos os hicisteis su esclavo:
De sus corazones tristes o alegres
Vos, Claver, teneis la llave:
Cuántos cientos de miles bautizados
Que al infierno habéis arrancado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
En las llagas cancerosas
Vuestros labios se imprimen:
Las llagas os eran rosas,
El hospital vuestro jardín.
Al que es perdido abrís camino,
Dais consuelo al desterrado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Cartagena conmovida
Grita un día: «el Santo se muere»:
Todo en ella en dolor se muda:
Su alegría en grito triste,
Vos subís al trono de oro
A Rodríguez revelado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Vuestras manos todo mal curaron,
Lo venidero vuestro ojo previó.
Del sepulcro los muertos salieron
Gritados por vuestra voz,
Hasta vuestro viejo manteo
Maravillas mil ha obrado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Vos a todos los que padecen
Los teneis en vuestro corazón,
Y a los que ingratos os aborrecen
Los amais con más amor.
Librais al cuerpo del dolor
Y el alma del pecado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
A dos mundos iluminados,
Uno y otro os quieren suyo:
En los siglos admirado,
Tal virtud os da Dios
Por la escala de la cruz
Cielo arriba cuando habeis subido.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

 
Nuestra España en vos espera,
Cataluña más de corazón:
Ruega a vos la tierra entera,
De los esclavos liberador.
Del demonio sois terror,
De Jesús fiel traslado.
Glorioso Pedro Claver,
Dadnos vuestra caridad.

   
Antífona: Este hombre, despreciando el mundo, y triunfando de las cosas terrenas, ha conseguido las riquezas del Cielo con sus palabras y obras.
℣. El Señor conduce al justo por vías rectas.
℟. Y le muestra el reino de Dios.  
   
ORACIÓN
Atiende, oh Señor, nuestras súplicas, y ya que quisiste asociar en tu bienaventurado confesor Pedro el asiduo deseo de la oración y el infatigable celo por las almas, concédenos por sus méritos e intercesión, que merezcamos estar continuamente adheridos a Ti, y amar y ayudar a nuestro prójimo en obra y verdad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO – 1 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío, que os dignásteis proponer al hombre una esperanza eterna, cuyo objeto sois Vos poseído y amado para siempre y sin peligro de perderos. ¡Ah! Vos, Dios mío, que alentasteis el corazón de vuestro siervo San Pedro Claver, con esta esperanza, y le hicisteis capaz de arrostrar por ella todos los peligros del mundo, concededme por su intercesión la gracia de que yo os haga la justicia que merece la fidelidad de vuestra palabra, y labre mi dicha en esta vida, esperando con seguridad la eterna, por medio de mis buenas obras, practicadas con vuestra gracia, y sublimadas con vuestros méritos. Y pues es tanta vuestra bondad, otorgadme por añadidura la esperanza firme de conseguir aquellos bienes temporales que me hayan de servir de medios para alcanzar esa misma eterna dicha, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para gloria vuestra, honor de vuestro siervo, y bien de mi alma. Amén.
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.

DÍA TERCERO – 2 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
         
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío, único objeto digno del amor del hombre, que os dignásteis encender en el corazón de San Pedro Claver una vivísima llama, que no solo consumió cuanto pudo haber en él de desagradable a vuestros divinos ojos, sino que siempre estuvo en movimiento para daros pruebas de un amor que, como el fuego, si no trabaja no vive; por sus méritos e intercesión os suplico iluminéis mi entendimiento e inflaméis mi voluntad, para que conociéndoos con la perfección posible, os ame con aquel ardor que exige el dulcísimo precepto de amaros con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Concedédmelo, Jesús mío, y si es para vuestra mayor gloria, honor de vuestro siervo, y bien de mi alma, otorgadme también la gracia que os pido en esta Novena. Amén.
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA CUARTO – 3 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
        
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío, que enamorado en extremo de los hombres, quisisteis ser amado en la persona de todos y cada uno de mis prójimos, y me disteis por señal y distintivo de que pertenezco a vuestra escuela el amor hacia mis hermanos. ¡Ah, Jesús mío! Vos, que os dignasteis renovar en estos últimos siglos los portentos de la caridad apostólica, en los trasportes del amor de vuestro siervo San Pedro Claver hacia las almas y los cuerpos de sus prójimos; concededme por su intercesión que yo mire siempre vuestra imagen en aquellos a quienes traspasasteis todo vuestro derecho a exigir de mí las infinitas deudas que con Vos contraje. Así lograré, Jesús mío, amarlos como Vos queréis, que es lo que pido y espero, juntamente con la gracia que pretendo alcanzar en esta Novena si es para honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA QUINTO – 4 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío, que os dignásteis venir al mundo en calidad de maestro de una virtud en él desconocida, y que a la santa humildad dulcemente nos convidásteis con palabras y ejemplos; por los méritos e intercesión de San Pedro Claver, en cuyo pecho halló esta virtud campo vastísimo para sacrificaros los más raros dones de gracia y naturaleza, os suplico me concedáis que yo ponga de una vez los ojos en mi vileza, y atribuyéndoos todo lo que es vuestro, me atribuya lo que es mío, vanidad y pecado. Así, Jesús mío, mereceré vuestra gloria, y seré digno desde ahora de la gracia que os pido en esta Novena, si es para honor vuestro, el de vuestro siervo, y bien de mi alma. Amén
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA SEXTO – 5 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío, que con palabras y ejemplo nos enseñásteis a orar, pretendiendo enamorarnos de este santo ejercicio hasta hacerle nuestra ocupación incesante, y que enamorásteis de él en tal grado a San Pedro Claver, que vivió, sí, con el cuerpo en la tierra, pero entre los ángeles con el espíritu; suplicóos por sus merecimientos me otorguéis la gracia, que es prenda de muchas otras, de que yo no guste de otro trato y comunicación sino con Vos, ocupando desde ahora mi corazón y mi mente en aquella unión que me ha de hacer feliz para siempre. Así, Jesús mío, seré instrumento idóneo de vuestra gloria, y estaré más dispuesto para recibir la gracia que os pido en esta Novena, para vuestro honor, y bien de mi alma. Amén.
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO – 6 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío, que asemejándoos en todo al hombre ménos en el pecado, quisisteis sin embargo abrazar todas sus penalidades, para pagar en vuestro cuerpo inocente las penas debidas por las culpas del mío prevaricador; y que en tan alto grado infundisteis en San Pedro Claver el deseo de asemejarse a Vos en la virtud de la penitencia; os suplico por su intercesión, y por los méritos de aquel heróico destrozo que hizo de su purísimo cuerpo, me concedáis una resolución generosa de imitarle, como lo ha menester quien por su delicadeza no se decide a aplicarse los frutos de vuestra Sangre preciosa. Así lo espero, Jesús mío, para que mis apetitos y pasiones subyugadas os den la gloria que merecéis; y juntamente espero la gracia que os pido en esta Novena, si ha de ser para honor vuestro, y de vuestro siervo, y bien de mi almaAmén.
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA OCTAVO – 7 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús mío, que viniendo del Cielo a la tierra para redimirnos, tanto nos inculcásteis el desprecio y horror al mundo creado por Vos, e ingrato hasta el extremo de no conoceros, y que en el corazón de San Pedro Glaver infundisteis tan señalado odio a cuanto el mundo ama y abraza; os suplico por su poderosa intercesión, y por el mérito singular de aquel desprecio constante de los dictámenes del mundo, y de sus pompas y devaneos, que me otorguéis la gracia de que yo tenga al mundo por lo que es en realidad, por una gran farsa y mentira, y que me decida a no poner en peligro por él mi alma, y mis intereses verdaderos. Vuestra gloria, Jesús mío, lo exige así, y yo lo espero con la gracia que os pido en esta Novena, si es para gloria vuestra, honor de vuestro siervo, y bien de mi alma. Amén.
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.

DÍA NOVENO – 8 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.  
 
ORACIÓN 
Dulcísimo Jesús mío, que humanado por mi amor tomasteis por divisa la obediencia a vuestro Eterno Padre, y dándosela por blasón de su milicia a San Ignacio de Loyola, la visteis honrada por vuestro obedientísimo siervo San Pedro Claver; os suplico, por su intercesión y por el mérito de la obediencia con que solía decir que más pesaba en su balanza una sola palabra de un superior que cien revelaciones de otro que no lo fuese, me concedáis la gracia de llegar a poseer esta madre fecunda de mil otras virtudes, sin que las máximas torcidas del mundo puedan oscurecer en mí la fe de que toda la autoridad desciende de Vos, y de que a Vos oye quien oye al que la posee. De vuestra infinita bondad me prometo esta gracia, y la que os pido en esta Novena, si es para gloria vuestra, honor de vuestro siervo, y bien de mi alma. Amén.
 
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.

viernes, 30 de octubre de 2009

SAN ALONSO RODRÍGUEZ, COADJUTOR JESUITA

Continuamos con la lista de los grándes héroes (de los que no quedan muchos) de ese rebaño descarriado llamado Compañía de Jesús: San Alonso Rodíguez.


Visión de San Alonso Rodríguez (Zurbarán)
  
Desaparecida su partida de bautismo, discuten los modernos biógrafos del Santo la fecha de su nacimiento, pareciendo casi seguro que éste tuvo lugar en Segovia el año 1533. Fue hijo de Diego Rodríguez y de María Gómez, dedicados al comercio de paños, y fue el segundo de los once hijos, siete varones y cuatro hembras, nacidos de este matrimonio. Cuando Alonso tenía doce años llegaron a Segovia dos de los primeros jesuitas, que se hospedaron en casa de Diego Rodríguez y, después de practicar su apostolado en la ciudad, se retiraron a una casa de campo. Durante todo el tiempo que estuvieron en Segovia tuvo el niño Alonso verdadera intimidad y trato con ellos, y los padres le enseñaron la doctrina cristiana, a rezar el rosario, a ayudar a misa y a confesarse.
 
Uno de estos padres era nada menos que el padre Fabro, y, aunque San Alonso olvidó sus nombres, recordó toda su vida y evocaba en su ancianidad estas enseñanzas recibidas en la niñez. Su padre envió a Alonso y a su hermano mayor a estudiar a Alcalá en el colegio de jesuitas allí fundado por el padre Francisco Villanueva, amigo de la familia, y a quien fueron encomendados los dos hermanos. No estuvo allí Alonso mas que un año, pues, fallecido su padre, la madre decidió que el primogénito continuase los estudios y Alonso regresase a Segovia para ponerse al frente del negocio paterno. Parece que el Santo no reunía grandes condiciones para el comercio, y el negocio iba cada día peor. Por consejo de su madre se casó con una joven montañesa llamada María Juárez, que poseía algunos bienes de fortuna. De este matrimonio nacieron dos hijos, pero la desgracia perseguía a Alonso, que perdió primeramente a uno de los hijos y a su mujer. Ya viudo, se murieron el otro hijo y la madre del Santo, que así quedó solo.
 
Se produce entonces en su alma una profunda crisis, decidiendo entregarse a una nueva vida, que inicia con una confesión general hecha con el padre Juan Bautista Martínez, predicador de la Compañía. Después pasó tres años de rigurosa penitencia con disciplinas cotidianas, cilicio, ayunos, cuatro horas y media diarias de oración y comunión cada ocho días. En una de sus memorias escrita en 1604 (Obras, tomo I, págs. 15-17) nos explica el Santo cómo en esta época fue ascendiendo de la oración vocal a la oración extraordinaria y sobrenatural, iniciándose ya las visitas de Jesucristo y la Virgen, tan constantes durante el resto de su vida. Después de seis años de esta vida hace en 1569 cesión a sus hermanas de sus bienes y se va a Valencia en busca de su confesor, el padre Luis Santander, rector del colegio de la Compañía en esta ciudad, y con el propósito de ingresar en la misma. Para esto se presentaron dificultades casi insuperables: su edad, su falta de estudios, su poca salud.
 
El padre Santander lo colocó primero en casa de un comerciante, después de ayo de un hijo de la marquesa de Terranova. Vistas las dificultades para ingresar en la Compañía, y obedeciendo a la sugestión de un conocido en quien el Santo creía ver después una influencia diabólica, formó el propósito de dedicarse a la vida eremítica. Se produce entonces una crisis decisiva para su futura vida espiritual, pues, cuando dió cuenta al padre Santander de su proyecto, éste le dijo: “Me temo, hijo, que os perdéis, porque veo que queréis hacer vuestra voluntad”. Ante estas palabras la conmoción de Alonso fue extraordinaria, haciendo allí mismo firme propósito de no realizar nunca su voluntad en los restantes dias de su vida. Esto explica una de las notas características de la espiritualidad del Santo: la obediencia ciega y absoluta.
    
Finalmente, todas las dificultades para el ingreso de Alonso en la Compañía fueron vencidas por la decisión del padre Antonio Cordeses, uno de los grandes espirituales jesuitas y provincial a la sazón, que dijo que “quería recibir a Alonso Rodríguez en la Compañía para que fuese en ella un santo y con sus oraciones y penitencias ayudase y sirviese a todos”. Fue admitido en 31 de enero de 1571. En este mismo año, el 10 de agosto, llegaron a Palma, enviados desde Valencia para ingresar en el colegio de Monte Sión, dos padres y un hermano. Era éste el hermano Alonso Rodríguez, que desde este momento residió en Monte Sión, desarrollándose allí todos los acontecimientos de su vida religiosa. En 5 de abril pronunció sus votos del bienio o votos simples. Doce años más tarde, en 1585. también en 5 de abril, hizo sus últimos votos de coadjutor.
 
En este lapso de tiempo entre los dos votos hay que situar el periodo más duro y doloroso de su vida espiritual: los siete años llenos de sufrimiento y de terribles tentaciones, que el Santo nos relata en sus escritos. A partir de 1572 se hizo cargo del puesto de portero, que desempeñó sin interrupción durante más de treinta años, hasta mediados de 1603. Según nos relata el padre Francisco Colín, habiendo pasado ya de los setenta y dos años, “consumida su salud con la lucha perpetua de su carne y espiritu, y quebrantadas las fuerzas..., advirtiendo los superiores que no tenia sujeto para tanto trabajo ni pies para tantos pasos, habiéndole eximido primero de subir escaleras y otras cargas pesadas del oficio, se lo hubieron finalmente de quitar todo y encomendaron otros más llevaderos... Y esto hasta el año 1610, que los siete restantes ni para esto estuvo”.
  
Un conjunto de enfermedades le obligó en el año 1617 a guardar cama, no levantándose ya más, falleciendo en medio de acerbos sufrimientos en 31 de octubre de 1617 con el nombre de su amado Jesus en los labios.
 
En la manuscrita Historia de Monte Sión se nos cuenta cómo desde 1635 se inició con limosnas la construcción de una capilla de traza y arquitectura “curiosa y magnífica” para, además de a otros servicios religiosos, destinarla a guardar en ella el cuerpo del venerable hermano Alonso Rodríguez. Esto no se realizó sino mucho después. Hasta 1760 no declaró Clemente XIII heroicas sus virtudes. La causa de beatificación del hermano Alonso fue interrumpida en razón de las vicisitudes sufridas en esta época por la Compañía con las persecuciones, que culminaron en la supresión, llevada a cabo por el papa Clemente XIV. El proceso se activó cuando en 1816 Pío VII restableció la Compañía y los padres volvieron al colegio de Palma en 1823. El 25 de mayo de 1825 León XII le proclamaba Beato y, finalmente, León XIII, en 15 de enero de 1888, canonizó al Beato Alonso Rodríguez al mismo tiempo que a su amado discípulo San Pedro Claver, el apóstol de los negros esclavos.
  
El conjunto de los opúsculos de San Alonso no obedece a un plan sistemático: pero pueden clasificarse en tres grupos, conforme a los fines para que fueron escritos: a) consejos espirituales, que el Santo daba por escrito, unas veces espontáneamente, otras atendiendo peticiones, y estos papeles fueron tan solicitados que los superiores llegaron a prohibir su salida del convento sin su autorización; b) notas en las que el Santo recogía sus inspiraciones para tenerlas presentes y conseguir su progreso espiritual, denominándolas Avisos para mucho medrar; c) la cuenta de conciencia, que, obedeciendo a sus superiores, debía dar periódicamente por escrito, de las gracias recibidas de Dios, de su espíritu, de sus sentimientos. Así se formó su Memorial o Autobiografía, que, empezada en mayo de 1604, llega hasta junio de 1616. El conjunto de los escritos reproducidos en la edición del padre Nonell está constituido por trece cartapacios en cuarto y cinco en octavo. Los elementos antes indicados están agrupados formando algunos trataditos. Por ejemplo: Tratadito de la oración, Tratado de la humildad..., Amor a Dios..., Contemplación y devoción a la Virgen, Avisos para imitar a Cristo, etc. Si a esto añadimos las cartas, tenemos el panorama de la producción literaria del Santo. La manera de escribir, que hemos indicado, dió ocasión a numerosas repeticiones de conceptos e ideas, como puede comprobarse en la copiosa edición del padre Jaime Nonell. Para remediar este inconveniente elaboró el padre Borrós su Tesoro ascético, donde en solas 183 páginas recoge lo fundamental de la producción del Santo. Finalmente, su doctrina ha sido plenamente sistematizada en la obra del padre José Tarragó.
  
San Alonso, que escribió por estricta obediencia sus confesiones más íntimas, nunca habla de sí, refiriéndose siempre a una cierta persona, cuyas vicisitudes espirituales se relatan. Dentro de la Compañía la obra de San Alonso puede ser considerada como el símbolo y modelo de la espiritualidad de los hermanos coadjutores, que, alcanzando la santidad con sus trabajos humildes y obscuros, representan una especial faceta del apostolado y espiritualidad del organismo a que pertenecen.
  
Aunque ningún aspecto de las etapas y manifestaciones de la vida espiritual dejan de tener su representación en el conjunto doctrinal de los escritos del Santo, creo que tres notas principales se destacan como las más caracteristicas y personales de esta espiritualidad: el ejercicio permanente para lograr la constante y auténtica familiaridad con Dios, la ciega obediencia y profunda abnegación de sí mismo, el amor y deseo de la tribulación, que el Santo consideraba el mayor bien que se puede recibir de Dios. Desde aquella promesa que hizo al confesarse en Valencia con el padre Santander, el Santo consideró la ciega obediencia como el primer deber. Él mismo, hablando de sí dice: “Lo que le pasa a esta persona con Dios sobre esta materia de la obediencia es que era tan cuidadosa en obedecer a ciegas que un padre le dijo que obedecía a lo asno”. Se cuentan de él sucedidos que recuerdan por su ingenua simplicidad los relatos referentes a los humildes compañeros de San Francisco de Asís. En una ocasión, hallándose enfermo, el enfermero le lleva la comida, ordenándole de parte del superior que coma todo el plato. Cuando regresa el enfermero le encuentra deshaciendo el plato y comiéndoselo pulverizado.
   
Los beneficios de la tribulación los expuso San Alonso en un encantador escrito titulado Juegos de Dios y el alma. Un breve texto nos explica las ganancias del alma beneficiándose con la tribulación:
“Y el juego es de esta manera: que juega Dios con el alma, su regalada y querida, y el alma con su Dios, al cual ama con amor verdedero, y juega con Él a la ganapierde. Y es que, perdiendo en esta vida, según el uso del mundo, gana ella; y es que permitiendo Dios que sea maltratada, perdiendo, gana, callando y sufriendo el mal tratamiento, no se vengando, como se venga el mundo
  
Pasa adelante el juego, y es que el alma va siempre perdiendo de su derecho, según su carne y el mundo le enseña; y así, perdiendo, gana, porque, si ganase según el mundo y la carne le enseña, quedaría perdida. ¡Oh juego enseñado por Dios al alma, cuan digno sois de ser ejercitado!”.
  
El Santo escribe en el sabroso castellano popular y corriente de la época y sin pretensiones literarias. A veces logra páginas de verdadera belleza, cuando expone doctrinas por las que siente apasionado entusiasmo: tal ocurre al explicar los frutos que se obtienen con el Ejercicio de la presencia de Dios:
“Pues así como todas las plantas y criaturas de la tierra, con la comunicación y presencía del sol reciben de él gran virtud y las causa que crezcan y den fruto, así las almas que andan siempre en la presencia de Dios reciben de este Señor gran virtud y es causa que crezcan y den gran fruto de virtudes y buenas obras, enseñándolas grandes cosas de perfección. Y si las flores, y rosas, y los árboles reciben de parte del sol con su presencia y comunicación tanta hermosura y lindeza, y si él les faltase pondrían luto, como si fuesen sensibles. Como se ve en algunos géneros de rosas o flores, que cuando el sol quiere salir dan muestra de alegría descubriendo su hermosura y belleza con la venida y presencia del sol, que parece que le salen a recibir alegres; y cuando el sol se va de su presencia parece que ponen luto, porque luego cubren su hermosura, que parece a nuestra tristeza, por su ausencia, hasta que vuelva y le salgan a recibir con su acostumbrada hermosura y alegría; así, ni más ni menos, el alma que no reside y anda delante de su Dios, ¿cómo vivirá con tanta tristeza? ¿Quién alegrará su corazón? ¿Quién dará luz a su entendimiento? ¿Quién la encenderá en el amor divino?” (Obras, tomo III, pág. 493).
  
Pero la verdadera influencia espiritual no la ejerció San Alonso Rodríguez con sus obras, que permanecieron inéditas hasta el siglo XIX. El humilde y santo portero de Monte Sión fue durante su vida un foco radiante de espiritualidad. Dentro del convento los superiores, so pretexto de poner a prueba su obediencia, le obligaban a pronunciar pláticas en el refectorio y a contestar a consultas sobre temas arduos de doctrina, que eran siempre esclarecidos por la luminosa experiencia de su vida espiritual. Mediante su correspondencia con personalidades de Palma y de España entera ejerció un verdadero magisterio: pero aún sería mas importante la lista de cuantos recibieron directamente su enseñanza, desde los padres superiores del colegio hasta los novicios que por él pasaban.
  
Representativa de esta influencia del humilde portero es la gran figura de San Pedro Claver. Cuando llegó como novicio tuvo San Alonso la revelación de que aquel joven había de ser santo por los merecimientos de su apostolado en las Indias. Es uno de los episodios más conmovedores de la historia de la espiritualidad española esta profunda y tierna intimidad entre los dos santos. Cuando el joven Pedro Claver partió de Monte Sión consiguió licencia para poder llevarse el cuadernito de avisos espirituales que le había dado el hermano portero Alonso. Estas hojas, que hoy se conservan piadosamente en el Archivo de Loyola, acompañaron al Santo en todas las tremendas vicisitudes de su vida. Su última gran alegría fue recibir en Cartagena de Indias, poco antes de su muerte, la Vida de San Alonso Rodríguez, publicada por el padre Colín. Paralítico y clavado en un sillón escuchaba la lectura de este libro, que evocaría en su mente recuerdos de su juventud en el colegio de Monte Sión, haciéndole sentir la nostalgia de aquellas tierras y de aquellos mares impregnados del recuerdo de Raimundo Lulio, que marcó a la cristiandad aquella ruta de apostolado heroico en cuya práctica consumió su vida abnegada el santo apóstol de los negros esclavos.
 
Finalmente San Alonso Rodríguez es uno de los grandes santos de la Compañía de Jesús. Hombre de pocas letras, aunque muy dado a piadosas lecturas, su doctrina no es producto de una cultura libresca, sino el resultado de una experiencia espiritual, que logró elevarse a las más altas cimas de la vida mística. Como hemos visto, por circunstancias que parecen providenciales, toda su formación estuvo vinculada desde la niñez a la Compañía de Jesús, viniendo a ser este humilde hermano portero una de las pruebas vivientes de que se equivocan los que sostienen que la espiritualidad jesuítica es casi exclusivamente ascética.
 
PEDRO SÁINZ RODRÍGUEZ. Año Cristiano, Tomo IV. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
  
Oh Dios, fortaleza de los frágiles y elevación de los humildes, que quisiste iluminar la fama de tu siervo Alonso por el anhelo del yugo de las mortificaciones y su eximia humildad, concédenos que, siguiendo su ejemplo, perseveremos en seguir fielmente a tu Hijo en la mortificación de la carne y la humildad de la Cruz, y obtengamos la gloria eterna. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

SAN PEDRO CLAVER, MISIONERO, CONFESOR Y COPATRONO DE COLOMBIA

San Pedro Claver
  
ESCENARIO DE HORROR
No hace aún doscientos años los periódicos de La Habana publicaron estos avisos en sitio destacado:
"Un mulato como de treinta años, buen cocinero, sano y con todas tachas, menos ladrón, se cambia por negro, mulas, caballos o volanta. En el almacén que era de don Juan Rincón darán razón." (Papel periódico, 18 de enero de 1785).
 
"Buena ocasión. Se vende una mulata de dieciocho años de edad, recién venida del campo, sin vicios malos, muy dócil, 500 pesos. Otra mulata de veintiséis años, casada en la villa de Santiago, con su cría de cinco meses, en 300 pesos, alcabala y escritura y sin incluir la cría".
 
-"Adelante, señores; 200 piastras vale esta linda negra, buena lavadora, 200 piastras, señores. Vedla: es joven aún". -"¿250 piastras dijo? Es suya...", y el dueño la empujó y siguió con ella; había comprado también un reloj de la sucesión de M. Reynoil y dos sillas. (La escena sucede en Martinica, comienzos del XVIII).
  
Mercados parecidos tenían lugar en Portobello, Jamaica, Lima, Veracruz, Cartagena. Es la esclavitud de la raza de color. La trata negrera. El negocio era bueno. Un esclavo, "una pieza de Indias", se compraba en África en 1683 por ocho francos y se vendía en Cartagena en 100 pesos. Se podían permitir los negreros el lujo "de que murieran en el camino las dos terceras partes del cargamento humano".
  
El sordo rumor de los encadenados, el ambiente fétido "de las calas de los veleros, el dolor de un presente y el temor de un futuro sin esperanzas", pensaban que les destinaban a morir y de su sangre teñir los navíos, dan una estampa de colores crudos. Jacques Aragó fue un viajero que vio esta escena en Río de Janeiro:
"Allá en un salón bajo y hediondo están clavados en el suelo y en las paredes bancos negros y sangrientos. En estos bancos y sobre este piso húmedo, se sientan desnudos, hombres, mujeres, niños y alguna vez ancianos que esperan al comprador. Apenas se presenta éste en la puerta, y a una señal del amo, todo el harén se levanta, gesticula, se agita, se contrae, muge canciones salvajes, prueba de que tiene pulmones y que ha comprendido perfectamente la esclavitud. ¡Infeliz del que no trata de distinguirse de sus compañeros!, el látigo está preparado para surcar su cuerpo y hacer volar por el aire los pedazos de carne negra.
 
Ahora, silencio: el negocio va a tratarse, y cerrarse la venta.
 
-¡Eh, pst, tú, aquí...!
"Cualquiera cosa" se levanta: esa cualquiera cosa es un ser que tiene dos ojos, una frente, sesos, un corazón como tú y como yo... ¡pero me engaño!, ese pecho no encierra un corazón; pero, por lo demás, está completo.
 
-Mirad "esto" (Es el amo). Camina.
Y "eso" se pone a caminar.
 
-Ahora corre.
Y "eso" corre. Alza la cabeza, agita los miembros, patea, grita, enseña los dientes.
 
-Vamos, bravo. ¿Cuánto vale?
-Seis cuádruplos.
-Doy cinco. Pero ahora que me acuerdo, ¿ha pasado ya la viruela?
-Ya la ha tenido; mirad bien.
 
En efecto, manchas amarillas y lucientes esparcidas sobre el cuerpo negro testifican el contacto de un pequeño hierro candente, cuya cicatriz ha dejado una señal que engaña al inexperto comprador.
 
-Está bien; he aquí vuestros cuádruplos.
-Cantad ahora vosotros.
 
La cascada cae mugiendo, los compradores salen, empujando delante de ellos a puntapiés su adquisición. El amo mete su oro en una bolsa de cuero, y se coloca en la puerta para detener otros parroquianos al paso: he aquí en miniatura un mercado de negros". (Jacques Aragó, Recuerdos de un ciego: Viajes alrededor del mundo -Traducción española-, Madrid, Gaspar y Roig Editores, 1851, pág. 30)
  
Venta de esclavos (grabado inglés de principios del siglo XIX)
   
Estas escenas del realismo brutal ocurrían en el Nuevo Mundo y eran eco de la gran cacería africana.
 
Un día del siglo XV el portugués Alvise (Luis) de Cadamosto se encontró en la Costa de Oro con unos negros.
"Todos -dice- corrieron a verme como una gran maravilla...; los unos cogían mis manos y las frotaban con saliva para ver si mi blancura procedía de alguna pintura o tinte que tuviera sobre mi carne..."
 
Más tarde hay una fecha. El 12 de enero de 1510, segundo viaje de Colón. Su majestad manda a los oficiales de Indias emplear negros. Asientos de negros..., palabras que esconde la tragedia de catorce millones de seres desplazados de sus bohíos, de su tierra nativa, de sus familiares y lanzados a un mundo nuevo. Un millón llegó a Cartagena de Indias. Era uno de los tres puertos negreros autorizados por la Corona.
  
EL DORADO DIVINO
-"Padre Claver: ¿cuántos esclavos negros cree haber bautizado?
-Hermano Nicolás: según mi cuenta más de 300.000..."
 
Este diálogo seco tuvo lugar hace trescientos seis años en el colegio de los jesuitas de Cartagena de Indias. Al protagonista no le ha cubierto el polvo de tres siglos.
   
En voz baja los niños de hoy, blancos y negros, preguntan a sus padres: "¿De quién es esa calavera que va en esa urna dorada? —Es un santo, es San Pedro Claver, y agregan: se llamó el esclavo de los esclavos negros; les quería mucho; murió en Cartagena el 8 de septiembre de l654".
  
Tres siglos no han borrado su recuerdo. Y los niños blancos y negros unen sus rostros curiosos y se acercan al Santo que vive hoy como ayer. La figura de Claver se agiganta. Es el patrono de Colombia. No se piensa que ese hombre es el libertador de una raza oprimida.  
El padre Pedro Claver, cuando charlaba con el hermano Nicolás y se sometía a un verdadero reportaje, era un anciano de setenta años; le llamaban el Santo y sus ojos eran tristes.
"Era de mediana estatura, un poco inclinado, cabeza grande, rostro descarnado, color pálido obscuro, frente ancha y rugosa cruzada por dos profundas arrugas horizontales, ojos hundidos, tristes, barba poblada, boca grande".
 
El hermano Nicolás González, cuyo testimonio permite reconstruir algo de la vida del Santo, era un hermano coadjutor jesuita que le acompañó durante veintidós años. Fue su gran amigo y admirador: fue el testigo que dijo más cosas en el proceso de canonización. La personalidad de Claver le llenaba de estupor. En él no se realizaba la frase "No hay hombre grande para el ayuda de cámara".
 
Declaró con juramento, "por lo menos hacía un acto heroico diario". Esta palabra: "heroísmo", en aquel siglo XVII, tenía un sentido fuerte, sonaba a selva virgen y a sangre. Pedro Claver vivió una época brillante (1580-1651).
 
Habían pasado tres grandes sucesos: el Renacimiento, la Reforma y el descubrimiento de América. Era la etapa de la consolidación de fronteras, de forcejeo de fuerzas, de cimientos de imperios. Existía la magia fresca del Nuevo Mundo. El eco de las hazañas sonaba como clarín en los descendientes de Pizarro, Cortés, Quesada... El Dorado brillaba como una ilusión en los ojos ardientes de aquellos campesinos acostumbrados a domeñar una tierra gastada. El fabuloso nuevo mundo era el ideal de las almas selectas y de los cuerpos famélicos. América fue luz de conquista terrena y espiritual. El soldado soñaba con su espada y su misión. Era la tierra nueva para los conquistadores a lo humano y lo divino.
  
El 15 de abril de 1610 se embarcó en Sevilla en el galeón San Pedro en la madurez de los treinta años el silencioso Pedro Claver. Un conquistador más en su Dorado de esclavitud.
  
INFANCIA SIN HISTORIA
Verdú es un pueblo catalán del valle del Urgel. 2000 habitantes en tiempos del Santo. Célebre entonces y ahora por sus ferias de mulas y sus cántaros redondos que conservan el agua fresca. Paisaje de viñedos, olivos y cereales. El horizonte es amplio en la llanura. La silueta que se destaca desde la carretera de Lérida-Barcelona es simple en su simbolismo. La torre -Verdú era una villa amurallada, militar- del homenaje, que domina el castillo, gloria de los Cerveras antes, hoy depósito de cereales y una iglesia románica. Verdú fue durante mucho tiempo una ciudad levítica, de abadengo. Perteneció a la abadía de Poblet. Una sardana popular dice de la villa: "Brillas en primavera la púrpura con sus amapolas, en verano con el oro de tus trigales, en otoño con el rojo de los viñedos y el verde obscuro de los olivares". Verdú es gloria de dos grandes hombres: Juan Teres, que fue virrey de Cataluña, y Pedro Claver, el misionero de la Nueva Granada. Los amigos de la leyenda agregan un tercer personaje: Colom... Este apellido es frecuente entre los payeses, y un padrino de Claver calcetero se apellidaba Colom.
 
En la calle mayor de la villa, en una masía grande, nació el 26 de junio de 1580 Pedro Claver. Sus padres eran unos campesinos acomodados, tenían dieciocho fincas y un patronato con otras once: no pertenecían a la nobleza como se ha dicho. Los padrinos eran calceteros y canteros. Los padres del Santo se llamaban Pedro Claver y Juana Corberó. Tuvieron 6 hijos, de los cuales, Catalina y Catalina María murieron en la infancia, Jaime a los veintiún años. Quedaron tres: Juan Martín, el mayor; Isabel, la más pequeña, y el Santo, que era el penúltimo. El jefe de la familia no era muy instruido, apenas sabía firmar, pero era de juicio recto y singular bondad; figura como albacea en muchos testamentos y fue "jurat encap" en 1601 y 1605. La fe de bautismo que se conserva hoy día en el despacho parroquial de Verdú dice así:
"El 26 de junio de 1580 fue bautizado Juan Pedro, hijo de Pedro Claver, de la calle mayor, y Ana, mujer de aquél. Fueron padrinos Juan Borrel, cantero, y Magdalena, mujer de Flavian Colom, calcetero, todos de Verdú. Dios le haga buen cristiano".
 
Dios le hizo algo más: un gran santo.
 
Su infancia fue la de un campesino. No tiene historia. A los diecinueve años inició su vida eclesiástica. Más tarde entró en la Compañía de Jesús. En la maravillosa isla de Mallorca se encontró con un santo anciano, San Alonso Rodríguez. Era un místico, su figura de castellano viejo se parecía a un sarmiento retorcido por la penitencia, tenía fuego interior. Un día tuvo una visión que se refería a su amigo. Vio un trono en el cielo para Claver, "porque allá en las Indias tendría que padecer mucho".
   
San Alonso Rodríguez
  
"¡Ay!, Pedro, cuántos están ociosos en Europa mientras en América perecen tantas almas..., allá está tu misión". Pedro Claver sintió una luz en su camino y un gran ardor conquistador. Desde ese momento su alma grande soñó con el nuevo mundo. Tres ciudades de Colombia fueron el escenario de su vida:
  • Santa Fe de Bogotá, con sus casonas, sus patios, sus claustros viejos de San Bartolomé. Pedro Claver vivió en la capital dos años. Es el único santo canonizado que ha pisado estas calles y recorrido estos caminos.
  • Tunja, envuelta en su paisaje ascético y místico, dureza serena y elevación profunda. Es otra ciudad claveriana. Allí estuvo un año. 
  • Cartagena, la metrópoli cálida de la colonia, llena de luz y de contrastes, ciudad militar, mística y popular. Por sus calles y plazas el Santo de los esclavos anduvo treinta y ocho años.
  
El día 20 de marzo de 1616 Pedro Claver se ordena de sacerdote en la catedral de la ciudad heroica. Unos años más tarde, el 3 de abril de 1622, tuvo lugar una escena silenciosa pero trascendental. En un papel ordinario, vasto, con su letra clara un poco inclinada a la derecha y con trazos rectos, escribió las palabras que se han hecho inmortales:
Petrus Claver, æthiópum semper servus. "Pedro Claver, esclavo para siempre de los etíopes" (es decir, de los negros).
  
Desde este momento, la vida de este hombre no será sino una cadena de sacrificios, de entregas al hermano, que sufre abandonado. Olvidará todo lo brillante de la vida.
  
ATAÚDES FLOTANTES
La humanidad siempre ha sido cruel; hoy hay campos de concentración y gulags, ayer había barracones negreros.
 
Disposición general de un barco negrero

El padre Sandoval fue el primer apóstol de los negros que de una manera sistemática trabajó en Cartagena de Indias. Escribió un libro genial: De la salvación de los negros, que en su género es único por su valor sociológico y valiente. El galeón negrero se acerca al puerto. Ya las velas se recogen. Ha pasado el fuerte del Pastelillo y se puede oír el rumor del puerto. En el fondo del navío un terrible murmullo. Gritos de angustia, miradas ansiosas, los negreros muestran un rostro más benévolo. Ha llegado una tercera parte de su mercancía y hay interés en que dé buena impresión. "Rían, esclavos..., rían".
"Cautivos estos negros con la justicia que Dios sabe -dice Sandoval- los echan luego en prisiones asperísimas, de donde no salen hasta llegar a este puerto de Cartagena. A veces llegan doce o catorce navíos al año, hediondos, y les da tanta tristeza y melancolía por la idea que tienen que les traen para hacer aceite de ellos o comérselos, que mueren un tercio de la navegación. Vienen apretados, asquerosos y tan mal tratados que me certifican los que los traen que vienen de seis en seis con argollas en el cuello, con grillos en los pies de dos en dos, de modo que de los pies a la cabeza vienen aprisionados. Debajo de la cubierta, cerrados por fuera, donde no ven sol ni luna, que nadie puede atreverse a meterse allá sin marearse ni resistir una hora.
  
Comen cada veinticuatro horas, no más que una mediana escudilla de harina de maíz o de mijo o millo crudo y con él un pequeño jarro de agua, y no otra cosa sino mucho palo, mucho azote y malas palabras.
 
Con este tratamiento llegan unos esqueletos, sacándolos luego a tierra en carnes vivas, pónenles en un gran patio corral, acuden luego a él innumerables gentes, unos llevados de la codicia, otros de curiosidad y otros de compasión; éstos son los misioneros, y aunque van corriendo siempre hallan algunos muertos".
  
Página terrible de un testigo del maestro y antecesor de San Pedro Claver. El mismo confiesa que, ante esta humanidad repugnante, sentía espasmo y su naturaleza quería huir.
  
LA GRAN MANADA
Sólo se conserva un retazo de carta del 31 de marzo de 1617. De ella son estas líneas:
"Ayer saltaron a tierra un gran navío de negros de los Ríos de Guinea. Fuimos allá cargados de naranjas, limones, tabaco. Entramos en sus barracones, remeros de una y otra parte. Fuimos rompiendo hasta llegar a los enfermos, de que había gran manada echados en el suelo, muy húmedo y anegadizo. Echamos manteos fuera, terraplenamos el lugar, llevamos en brazos a los enfermos..."
 
La sociología de Claver no era complicada ni recargada de incisos. Tuvo un amor supremo: "Señor, te amo mucho, mucho...". Una voluntad de acero: cuando el cuerpo se rebelaba ante una llaga abierta, ante el horror de un leproso hecho pedazos, su rostro demacrado y amarillento como las olivas de su pueblo se encendía, sacaba una disciplina que termina en pequeños pedazos de hierro y allí mismo, ante el enfermo, desgarraba sus carnes magras. "Así, así, pues ya verás", y la tempestad pasaba. Su rostro, como el mar Caribe que lamía los muros de su cuarto, se volvía sereno y se inclinaba al enfermo, besaba una y otra vez sus llagas, "hasta dejarlas limpias con sus propios labios".
  
"Retírese, hermano". El hermano Nicolás, su compañero de veintidós años, dijo: "Yo le acompañé -declara en el proceso-, la enferma está en un cuarto obscuro, hacía un calor terrible y un hedor insoportable. A mí se me alborotó el estómago y me caía por tierra. El padre me dijo: "Retírese, hermano mío" y vi sus labios en las llagas de la pobre esclava negra". Una vez, una enferma no pudo soportar esta postración y gritó con angustia: "No, no, mí padre, no hagáis esto". Pocas veces la tierra ha visto a un hombre amar tanto a unos seres rotos y abandonados. como el padre Claver.
  
El capitán Barahonda testifica:
"Y los negros a su vez le amaban, pues les tenía mucho amor y siempre que lo veían iban a besarle la mano y se postraban arrodillados en su presencia".
  
Llega un buque negrero. Un día cualquiera de 1622 a 1654. La escena era muy conocida en el colegio de San Ignacio, situado junto a las murallas, a pocos pasos del desembarcadero de los esclavos. Un mensajero llegaba jadeante al cuarto de Claver. El Santo había prometido oraciones especiales al que diera la primera noticia. Gran don. Su cuarto era muy pobre: una silla desvencijada, una cama con una estera y allá, en el rincón -cosa singular- una despensa abastecida: naranjas, limones, tabaco, aguardiente o aguafuerte.
  
Al primer anuncio todo es movimiento. Los intérpretes negros "su brazo derecho"; uno, llamado Calapino, hablaba doce lenguas de África. ¿Sus nombres? Andrés Sacabuche, Aluanil, de Angola; Sofo y Yolofo, de Guinea; Viafara Manuel y Juan Moniolo... y con ellos el hermano Nicolás González, el viejo amigo. Al puerto, pronto. Cada uno con su carga. Decía Pedro Claver: "Navío de negros ha venido, es necesario anzuelo".
  
Su facha era singular: una bolsa de cuero amarrada al brazo izquierdo, en ella un revoltijo: un manual eclesiástico, los cirios, aceite santo, una cruz, tabaco, vestidos...
  
El padre Claver era melancólico en sus últimos años, pero su natural era colérico. Había sufrido mucho y visto mucha miseria. Allá se veían en la borda unas figuras negras, él saludaba con ansia. A veces no esperaba, tomaba la primera barquichuela que encontraba. El espectáculo era triste, en el ambiente fétido, mezcla de pez y desperdicios, un rebaño de seres desnudos; en su mirada, el recuerdo de un pasado de horror y terror indisimulado.
 
Pensaban que les iban a matar y por eso gritaban en su lengua aguda. ¿Habría llegado la hora de la matanza? "No temáis -gritaban los intérpretes-, es el padre Pedro; él os ama". Y Claver, en la imposibilidad de hacerse entender en todas las lenguas, les iba abrazando uno a uno, era el lenguaje común. Primero a los niños moribundos: "yo te bautizo", y allí mismo muchos volaban a la eternidad. Luego los enfermos. A veces un sorbo de aguafuerte les hacía volver en sí. Claver era muy humano para los demás, sólo para él reservaba el rigor. Su cuerpo estaba lleno de cilicios "desde los dedos del pie al cuello". El hermano Lomparte dijo un día:
-"¿Qué es eso, padre? Hasta cuándo ha de tener amarrado el borrico?"
-"Hasta la muerte, hermano" fue la respuesta.
 
El borrico era su propio cuerpo atormentado.
  
ESCLAVO, DE LOS ESCLAVOS
Y seguía la gran carrera de la caridad. La enseñanza del catecismo, maravillosa; cinco, ocho horas en lóbregos barracones. El bautismo, 300.000. La rudeza de los hospitales donde su cuerpo y su alma se entregaban. La idea fija de la liberación de sus "señores esclavos". Este fue Claver durante cuarenta años. El santo heroico. El maravilloso santo de Cartagena que hacía milagros con su Cristo de madera y sabía poner esperanzas en los que habían llegado de África sin ellas. Tuvo contradicciones. Le llamaron ignorante.
"El prefería a sus negros, y las señoras de Cartagena doña Isabel de Urbina y doña Mariana de Delgado debieron aguardar horas en la fila de esclavas que esperaban junto al confesionario del padre Claver".
  
Dice un intérprete:
"Tenía gran compasión de estas pobres negras que no tenían a nadie. Para las otras no faltaban confesores".
  
ABANDONADO
Misterios de la vida y de la ingratitud humana. El padre Claver cayó un día paralítico, "entró, después de una misión en Tolú, al colegio con el color del rostro más pálido, las facciones desencajadas, las fuerzas débiles". Estaba herido de muerte.
 
Cuatro años en este aposento que visitan hoy los turistas en Cartagena de Colombia, allí, junto al rumor del mar Caribe. El dinámico estaba inmóvil. El santo de la ciudad estaba abandonado. Todos habían huido y sólo el negro Manuel estaba a su lado. El negro Manuel, sin embargo, era esclavo nuevo. Le hizo sufrir mucho y no se quejó. "El mismo confesó luego que le dejaba sin pan ni ración. No quería vestirle, le gobernaba a empellones y sólo pudo notar que cuando bajaba a la cocina el anciano paralítico, con su mano temblorosa, tomaba una disciplina sobre sus carnes moribundas. "Más merecen mis culpas", solía decir. Era la suprema purificación del abandono y el olvido.
 
PAZ
Y llegó un día, 6 de septiembre de 1654, en que un murmullo potente se oyó en la ciudad. Despertaba de un sueño de olvido. ¿Qué sucedía? El Santo muere. El Santo muere. Y ante el moribundo empezó la apoteosis más gigantesca que los hombres hayan conocido. El 7 de septiembre perdió el habla y el día 8, entre
"la una y las dos de la mañana -dice el padre Arcos, su superior y testigo-, sin hacer acción ni movimiento alguno, con la misma paz, tranquilidad y quietud que había vivido, dio su alma a Dios".
 
El hermano Nicolás escribía sublimemente más tarde:
Quedó con el mismo semblante que siempre tuvo, Y yo conocí que había muerto porque de repente se le mudó la cara pálida y muy macilenta en un esplendor y belleza extraordinarias; conocí que su alma gozaba de Dios separada del cuerpo. Me arrodillé, besé sus pies muertos, muy bellos y muy blancos y lo mismo hicieron los que estaban allí, sacerdotes, españoles, moros...
  
Han pasado tres siglos desde aquel día memorable. San Pedro Claver no es para su ciudad, Cartagena, ni para el mundo un personaje muerto. Vive irradiando beneficios y amor. Sus reliquias van triunfales por los caminos de Colombia y en su santuario de Cartagena pasan todos los años más de 100.000 personas venidas de todo el mundo.
   
Urna con las reliquias de San Pedro Claver, en su santuario en Cartagena
  
Hoy se oye también la palabra maravillada: "el Santo, el Santo". Es el patrono de todas las misiones con negros, el patrono de los obreros de Colombia, en especial. Es una de las mayores figuras del mundo hispánico.
  • "El primer misionero del siglo XVII" (Antonio Astráin).
  • "Columna inexpugnable de la Iglesia" (Concilio Tarraconense de 1727).
  • "Su nombre queda grabado con letras de oro en la historia" (Ludwig von Pastor).
  • "La vida que mas nos ha impresionado después de la de Cristo" (León XIII).
 
RECONCILIACIÓN
Margarita era una esclava negra de Caboverde; su dueña era la gran señora cartagenera doña Isabel de Urbina, devotísima de Claver. La esclava era predilecta del Santo, pues le ayudaba a cocinar platos especiales para los leprosos de San Lázaro y en los últimos días ella preparaba, por mandato de su ama, algo nuevo para el moribundo. En la mañana del 8 de septiembre doña Isabel se acercó llorosa a la esclava. Leyó en sus ojos la noticia. El padre Pedro había muerto. "Margarita -le dijo- desde hoy eres libre". Abrió sus grandes ojos y cayó en los brazos de la gran señora. Sintió dolor por su libertad. Era la reconciliación simbólica de dos razas sobre la tumba de Claver.
 
Esta es una de las mayores grandezas de este Santo. Fue el libertador de una raza, sobre todo porque supo infundir en aquellas almas desgarradas un ideal de esperanza. Les enseñó a reír de nuevo con esa risa fresca de la raza de color. En estos tiempos de inquietudes, de odios, de egoísmos, San Pedro Claver trae un mensaje.
  
ANGEL VALTIERRA, S.I.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que para conducir a la negritud en servidumbre al conocimiento de tu Nombre, auxiliaste la caridad y corroboraste la paciencia del bienaventurado Pedro Claver: concédenos su intercesión para que; buscando a Jesucristo, amemos en obra y verdad a nuestros prójimos. Por J. C. N. S. Amén.