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sábado, 7 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: DOMINGO DE LA OCTAVA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Benziger Brothers, Nueva York, 1894.
 
DOMINGO DE LA OCTAVA DE PASCUA
    
+ EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (20, 19-31)
En aquel tiempo, siendo ya tarde aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas de donde estaban reunidos los discípulos por miedo de los judíos, llegó Jesús y se presentó en medio, y díjoles: “¡Paz a vosotros!”. Y, habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se alegraron al ver al Señor. Entonces les dijo otra vez: “¡Paz a vosotros! Como me envió a mí el Padre, así os envío yo a vosotros”. Y, habiendo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: “Recibid del Espíritu Santo: a quienes les perdonareis los pecados, perdonados les serán: y, a los que se los retuviereis, retenidos les serán”. Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Dijéronle, pues, los otros discípulos: “Hemos visto al Señor”. Pero él les dijo: “Si no viere en sus manos el agujero de los clavos y metiere mi dedo en el sitio de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. Y, después de ocho días, estaban otra vez dentro sus discípulos: y Tomás con ellos. Vino Jesús, las puertas cerradas, y se presentó en medio, y dijo: “¡Paz a vosotros!”. Después dijo a Tomás: “Mete tu dedo aquí, y ve mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel”. Respondió Tomás y díjole: “¡Señor mío, y Dios mío!”. Díjole Jesús: “Porque me has visto, Tomás, has creído: bienaventurados los que no han visto, y han creído”. E hizo Jesús, ante sus discípulos, otros muchos milagros más, que no se han escrito en este libro. Mas esto ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyéndolo, tengáis vida en su nombre.
  
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Consideraremos mañana en nuestra meditación: 1º Cuál es la paz que Jesús resucitado le desea a sus Apóstoles cada vez que se aparece en medio de ellos; 2º Lo necesaria que es esta paz; y 3° Su excelencia.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: 1º De velar sobre nuestro interior, para no permitir que nos invadan movimientos apresurados e impetuosos; 2º De tomar pausa por algunos momentos cuando percibamos que estamos en un estado de turbación de mente y ponernos en la presencia de Dios, para que nos sea restablecida la paz. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras del Apóstol: “Tened paz, y el Dios de paz y amor estará con vosotros” (II Cor. 13, 11).
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Transportémonos en espíritu al Cenáculo; escuchemos reverentes a Jesús que le dice a sus Apóstoles “¡Paz a vosotros!” (Jn. 20, 19), y adorémosle con Santo Tomás Apóstol como nuestro Señor y Dios (Ibíd., 28).
 
PUNTO PRIMERO - EN QUÉ CONSISTE LA PAZ QUE JESÚS RESUCITADO DESEA SOBRE LOS APÓSTOLES
Consiste en LA TRANQUILIDAD DEL CORAZÓN que está siempre en posesión de sí mismo, y que es su propio amo, sin nunca estar en problemas o apresurado. Consiste en un imperio sobre las pasiones, el afán, la impetuosidad, los movimientos agitados de la naturaleza, para moderarlos, dirigirlos y prevenir que nos causen problemas. Consiste en LA DULCE LIBERTAD DEL ESPÍRITU, que, haciéndolo todo en su propio tiempo, con orden y sabiduría, se aplica a su objeto sin entretenerse en los recuerdos del pasado, sin sentir ningún vínculo con el presente, y sin tener ansiedad por el futuro. Y consiste, finalmente, EN LA CALMA DEL ALMA que, comunicándose con el exterior, imprime en todas las acciones del cuerpo cierta inexpresable reserva, gentileza y moderación que es edificante; que es pacífica sin ceder a la lentitud; pronta sin estar apresurada, que no se agita a sí misma, como Marta, con esa excesiva actividad que agota sus fuerzas, sino que es tranquila como María, escuchando a Jesús y poniendo su actuar en el mismo reposo con el cual ella oía. Todos sus movimientos son gentiles, sus operaciones moderadas, sus esfuerzos son sin contención o malestar: los objetos exteriores la elevan a cualquier emoción excitada o ansiosa; o, si a veces le toman por sorpresa, toma una pausa y espera que la calma retorne; es la imagen de Dios, que nunca está más preocupado en los ultrajes recibidos que en las grandes obras que realiza.
  
PUNTO SEGUNDO - LA NECESIDAD DE LA PAZ INTERIOR
La sabiduría, dice el Espíritu Santo, mora en la calma y el reposo, no en la agitación y el tumulto” (III Reyes 19, 11). “Resuelto estoy, y nada me arredrará, dijo David al Señor, de cumplir tus preceptos” (Salmo 118, 60). “Tengo siempre mi alma en la mano, pero yo no me olvidé de tu Ley”, nuevamente dice (Ibíd., 109); significando que él estaba libre de sus agitaciones, y calmado en sus problemas; que de otra manera se habría perdido, porque el problema es el elemento del mal, el hastío la ruina de la virtud. El alma que ha perdido su paz es presa de todas las pasiones; la alegría la intoxica y la transporta, el dolor la abate y desalienta; en la oración es distraída; en la recreación es frívola; al caminar no descubre los pasos en falso que da o el precipicio al cual se expone; incluso en el bien que hace quien actúa es la naturaleza y no la gracia. Esto es incompatible con el Espíritu Santo, cuya acción, que es siempre calma, no puede armonizar con la prisa sin sentido, y cuya voz no puede ser escuchada en medio del tumulto. ¿Y qué será del alma así abandonada por su guía y dejada a sus problemas? Si una nave no puede ser guiada en un tiempo calmo, ¿qué se le dejará en tiempo de tempestad? La paz del alma es el secreto esencial y la piedra fundamental de toda la vida interior. Es la preciosa paz que debe comprarse al costo de todo lo que poseemos. El alma que la ha encontrado es más rica que si poseyera el mundo entero. ¿Hemos entendido hasta ahora la necesidad de la paz interior? ¿Trabajamos para establecer y guardar nuestra alma en este santo estado?
  
PUNTO TERCERO - LA EXCELENCIA DE LA PAZ INTERIOR
La paz interior, dice San Pablo, supera todo entendimiento” (Fil. 4, 7); y, de hecho, debe ser algo tan excelente, puesto que el mismo Salvador, al bendecir a sus Apóstoles la noche antes de su muerte, la deseó para ellos (Jn. 14, 1); les dejó en su testamento esta bendición (Ibíd., 27), y cada vez que se les aparecía después de su Resurrección, les daba la paz (Lc. 24, 36; Jn. 20, 21 y 26). Finalmente, esta era la bendición que Él les encargó llevar a cualquier lugar del mundo (Lc. 10, 5). Esta paz es de hecho más allá de todo precio; el alma que la posee escucha el más leve sonido del tentador, y le repele con una fuerza que es mayor porque está en calma. Ella observa en su interior todo lo que no está en el lugar apropiado, para poder reducirla al orden; todo lo que está defectuoso, para corregirlo; todo lo que es bueno, para hacerlo mejor. Tiene una maravillosa facilidad en la oraciónr, gran sabiduría en sus acciones, y no menos prudencia para aconsejar; en este caso, el progreso en la virtud se da sin ningún esfuerzo (Imitación de Cristo, libro primero, cap. XX, 6). Se fija enteramente en el amor de Dios, y se encuentra allí, como si estuviera, en su lugar de descanso (San Agustín, Manual de elevación espiritual, XXIX). Todo en su interior es calmo y tranquilo; es como un cielo hermoso, el cual Dios se complace en resplandecer; es como una soledad silente, donde Él ama hablar al alma; Él la llama, y viene (Salmo 84, 9); y gusta la verdad de las palabras dichas a San Arsenio por una voz celestial: “Retiro, silencio, y paz”. He aquí los medios para llegar a la perfección. ¿Empleamos estos medios? ¿Evitamos todas las distracciones, problemas y agitaciones, y nos aplicamos al recogimiento interior y exterior?

viernes, 6 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: SÁBADO DE LA SEMANA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Benziger Brothers, Nueva York, 1894.
   
SÁBADO DE PASCUA
    
+ EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (20, 1-9)
En aquel tiempo, pasado el Sábado, María Magdalena fue al sepulcro por la mañana, cuando todavía reinaban las tinieblas: y vió la piedra quitada del sepulcro. Corrió entonces, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo a quien amaba Jesús, y díjoles: “Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto”. Salió entonces Simón, y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Y corrían los dos juntos, y el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó antes al sepulcro. Y, habiéndose inclinado, vió los lienzos puestos, pero no entró. Llegó entonces Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos puestos, y el sudario que había cubierto su cabeza no estaba puesto con los lienzos, sino doblado en otro sitio. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro: y vió y creyó: porque aún no habían entendido la Escritura, según la cual era necesario que él resucitara de entre los muertos.
  
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana en las dos visitas hechas a la tumba de Nuestro Señor, como las relata el Evangelio del día: La una por las santas mujeres, y la otra por San Pedro y San Juan.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: 1º De llevar al servicio de Dios el mismo fervor que tuvieron las Santas Mujeres cuando buscaron a Jesús resucitado; 2º De animarnos a la práctica de la virtud por medio del buen ejemplo que nos muestre nuestro prójimo. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de San Agustín: “Si tales personas lo hicieron, ¿por qué yo no?”.
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Adoremos a Jesús, quien ha resucitado glorioso del sepulcro, permitiéndose el ser buscado por las Santas mujeres y por los Apóstoles San Pedro y San Juan. Él actúa por amor. Él se esconde del alma con el fin que ella pueda buscarlo; que, buscándole, pueda desearle más y más, y que, deseándole más y más, pueda crecer en amor y merecimientos. Oh, ¡cuán amable es Jesús en todos sus caminos! ¡Rindámosle nuestro homenaje de adoración, alabanza y amor!
 
PUNTO PRIMERO - LA VISITA DE LAS SANTAS MUJERES AL SEPULCRO
Temprano en la mañana (Jn. 20, 1), pasado el sábado, antes del amanecer, las santas mujeres fueron al sepulcro del Salvador y, encontrando removida la piedra que cerraba la entrada al mismo; corrieron, llenas de miedo, a decirle a los Apóstoles que el cuerpo del Señor se lo habían llevado. Los Apóstoles tomaron estos relatos como sueños solamente, y no creyeron. FUE UNA INCREDULIDAD QUE ENTRÓ MARAVILLOSAMENTE EN LOS DESIGNIOS DE DIOS, porque probaba que los testigos y predicadores de la resurrección no pertenecían al número de aquellas mentes crédulas que creen sin ninguna prueba todo cuanto les dicen. Ellos no solamente eran hombres centrados, que no creen sino después de exámenes estrictos y sobre evidencias firmes, sino también hombres cautos, que estaban dispuestos no a creer en meras pruebas indiferentes, y a no ceder a menos que la evidencia fuese perfectamente clara. Ahora, esto era precisamente lo que se necesitaba, tanto para decidir la adhesión del universo entero al gran hecho de la resurrección, base de toda nuestra creencia, como para enseñarnos a no ser ni demasiado crédulos ni demasiado incrédulos. CREER A LA LIGERA, Y SIN DISCERNIMIENTO, ES SER IMPRUDENTE Y CARECER DE BUEN SENTIDO; NO CREER, PORQUE ESTAMOS DETERMINADOS A NO HACERLO, SIN SIQUIERA TENER LA VOLUNTAD DE EXAMINAR SI EXISTEN RAZONES SÓLIDAS PARA CREER, ES UNA INFIDELIDAD.
  
La sabiduría consiste en mantenernos entre los dos extremos: no creer nada a la ligera, para que no seamos decepcionados; prestarnos voluntariamente a examinar las razones, con una disposición a creer que puede ser probado. ¿Es este nuestro modo de proceder? ¿No hemos puesto a veces en ridículo, antes de hacer cualquier examen, la simplicidad de los que creen en ciertos hechos extraordinarios? ¿Somos tan reservados en nuestras críticas como en nuestros elogios? Cuando estudiamos un hecho que nos parece extraño, ¿lo hacemos con prejuicios y un deseo de encontrar que es falso? ¿Llevamos a este estudio el candor y el amor a la verdad?
  
PUNTO SEGUNDO - LA VISITA DE SAN PEDRO Y SAN JUAN AL SEPULCRO
Menos prontos que los otros Apóstoles para condenar a las santas mujeres, San Pedro y San Juan salieron hacia el sepulcro (Jn. 20, 3). ELLOS VAN ALLÍ GOZOSOS, PORQUE VEN EN LA AUSENCIA DEL CUERPO LA PRUEBA DE QUE ÉL HA RESUCITADO, CONFORME LO HABÍA PREDICHO. La fe y el amor parece que les dan alas, y corren a toda prisa al sepulcro. ¡Maravilloso efecto de la fe y el amor! El que cree y ama hace todo felizmente; corre, vuela; nada le detiene; no siente la dificultad; no conoce lo imposible. Con su mira fija sobre el cielo, y con el amor en su corazón, su coraje no conoce límites. No solamente San Pedro y San Juan salen gozosos, sino que ENTRE ELLOS HAY UNA SANTA EMULACIÓN, que nos enseña a rivalizar unos a otros en ser el más fervoroso, el más humilde, el más caritativo. San Juan llega el primero, indudablemente por ser más joven, pero no entra: permanece fuera en la puerta, mortificando de esta forma su curiosidad y, al mismo tiempo, cediéndole a San Pedro el honor de ser el primero en entrar, a fin de honrar en él al jefe del apostolado, el doctor de la fe cuyas huellas el rebaño debe seguir. Pedro llega, mira los vestidos de lino, con el sudario doblado en un lugar aparte. San Juan entra después, mira como San Pedro, y ambos creen sin dudar, no como María Magdalena, que su Maestro había sido trasladado, sino que Jesús realmente resucitó, y por tanto verdaderamente era Dios. ¡Qué hermosa lección de mortificación, humildad y fe el de estos santos Apóstoles!

jueves, 5 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: VIERNES DE LA SEMANA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Benziger Brothers, Nueva York, 1894.
 
VIERNES DE PASCUA
    
+ EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (28, 16-20)
En aquel tiempo los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que les había señalado Jesús. Y, al verle, le adoraron: pero algunos dudaron. Y, acercándose Jesús, les dijo: “Me ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y enseñad a todas las gentes: bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándolas a guardar todo cuanto os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo”.
  
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana en la aparición de Jesucristo a sus Apóstoles sobre una montaña en Galilea, y haremos de las tres partes de su discurso los tres puntos de nuestra meditación.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: 1º De hacer frecuentemente durante el día actos de fe en la infalibilidad de la Iglesia, y actos de caridad a Jesucristo quien, por amor a nosotros, le dio este bienaventurado privilegio; 2º De mantenernos recogidos y en unión con Jesucristo, quien desea que estemos siempre con Él, como Él está siempre con nosotros. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de Nuestro Señor: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo” (Mt. 28, 20).
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Adoremos a Jesucristo en la proximidad de su Ascensión reuniendo a sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea, y dándoles allí la misión de predicar el Evangelio a todas las naciones, y a sus sucesores la misión de predicarlo hasta el fin del mundo. Agradezcámosle por esta misión, cuyo interés en el más alto grado al universo entero y a todas las edades venideras. Admiremos el poder y bondad que aquí es mostrada. Alabemos el poder, y amemos la bondad.
 
PUNTO PRIMERO - JESUCRISTO DIJO: “ME HA SIDO DADA TODA POTESTAD EN EL CIELO Y EN LA TIERRA”.
¡Qué palabras, y quién diferente a un Hombre-Dios podía decirlas! Hemos visto a menudo hombres investidos con gran poder, pero siempre ha sido un poder limitado. ¿Quién ha tenido todavía poder sobre los cielos, y sobre los vientos, sobre los truenos y las tormentas, sobre la enfermedad y la muerte? JESUCRISTO SOLO HA TENIDO PODER ILIMITADO EN EL CIELO Y SOBRE LA TIERRA; el poder de ordenarle a los elementos actuar conforme a Su propia Voluntad sobre toda la creación. Sólo de Él la gente asombrada había sido capaz de decir “¿Quién es este que hasta el viento y las olas le obedecen?”. ¡Oh todopoderoso poder de mi Salvador! Yo os adoro y bendigo con todo mi corazón. Tiemblo por los pecadores que no tiemblan a la vista de vuestra Omnipotencia, oh Jesús; pero me regocijo por los justos que os sirven, por los Apóstoles a quienes Vos habéis enviado a la conquista del mundo. Ellos son de hecho corderos en medio de lobos, pero ¿qué significa eso? Ellos no tienen nada que temer, viendo que vuestra Omnipotencia os acompaña. Vos los defenderéis contra todos los asaltos; Vos los sostenéis en las dificultades y en las pruebas. ¡Oh todopoderoso y buen Maestro, qué consolación es veros como la cabeza de vuestra Iglesia! ¡Cuánto honor y respeto no os debemos por lo que sois en Vos mismo; cuánta gratitud y amor por lo que hicisteis en el pasado; y confianza por lo que haréis en el futuro!
  
PUNTO SEGUNDO - DICE JESUCRISTO: “ID, PUES, Y ENSEÑAD A TODAS LAS NACIONES, BAUTIZÁNDOLAS EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO: ENSEÑÁNDOLES A GUARDAR TODO CUANTO OS HE MANDADO”.

Estas palabras son la consecuencia de las que la precedieron; como si Jesucristo dijera: “En virtud de, y con la ayuda de la omnipotencia que me ha sido dada, id y enseñad a todas las naciones, convertid a todas las gentes, y extended mi imperio hasta los confines de la tierra. La empresa es, lo sé, más allá de vuestras fuerzas, pero no más allá de mi Omnipotencia. Doctores y depositarios de mi Doctrina, por vosotros será preservada en mi Iglesia la fe que hace Santos. ¡Bienaventurados vosotros que sois escogidos para tan bella misión, que glorifica a Dios y que salva almas!”. “Si, dijo Santa Catalina de Siena, alguien pudiera ver la belleza de una sola alma, moriría cien veces al día para salvarla”. ¡Podemos estimar, en este elevado precio, las almas, y la misión de salvarlas!
  
CONTINUÓ JESUCRISTO: “BAUTIZAD A LAS NACIONES EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO”. Gracias, Señor, gracias por esta revelación de la Santísima Trinidad, revelación la más clara y precisa que jamás se haya hecho hasta entonces en el mundo; gracias por esta institución del Bautismo, que hace de cada uno de nosotros un hijo de Dios, heredero del Cielo, y uno de vuestros miembros; gracias por los Sacramentos todos, de entre los cuales el Bautismo es como la puerta, y que son los maravillosos canales por medio de los cuales vuestra Gracia se derrama sobre nosotros.
  
De nuevo dice el Salvador: “Enseñad a todas las naciones a observar todo lo que os he ordenado”. Yo entiendo, Dios mío, que la Fe sin obras no aprovecha, que LA FE ES LA ANTORCHA QUE DIRIGE (Salmo 118, 105), QUE NOS MUESTRA LO QUE DEBEMOS HACER; PERO NO PODEMOS SER SALVOS EXCEPTO EN LA MEDIDA DE LO QUE REALMENTE HACEMOS, y que lo hagamos por motivos de fe, porque las obras sin fe no son más meritorias para la salvación que la fe sin las obras. Aprendamos en adelante a realizar siempre nuestras obras para que estén en armonía con nuestra fe.
   
PUNTO TERCERO - “HE AQUÍ QUE YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS, HASTA LA CONSUMACIÓN DEL MUNDO”, DIJO JESUCRISTO AL TERMINAR SU DISCURSO.
¡Qué magníficas palabras! Ellas son el título de la infalibilidad de la Iglesia, porque si Jesucristo la asiste todos los días en su enseñanza, no puede ser engañada, quien escucha a la Iglesia escucha a Jesucristo. ¡Oh deliciosa consolación! Dios se hace a Sí mismo garante de mi creencia. Pero Jesucristo no solamente está con sus Apóstoles mientras ellos enseñan; Él incluso ahora está con todos nosotros, por el amor que Él nos tiene, y que nos sigue a todas partes. ¡Tener a Jesucristo con nosotros! ¡Qué buen pensamiento hace al corazón que ama! ¿Puede alguno estar en más dilecta sociedad? ¡Qué bien hace al corazón que se siente estar débil! ¿Qué hemos de temer cuando tenemos su Omnipotencia con nosotros? Tener a Jesucristo con nosotros en el Sagrado Tabernáculo, donde podemos visitarle todos los días, hablarle, exponerle nuestras alegrías y nuestras tristezas; tener a Jesucristo Morando en el fondo de nuestros corazones si deseamos encontrarle allí, gozarle por medio de la práctica de la vida interior, del recogimiento y de la caridad: ¡Qué manera de confianza y paz!

miércoles, 4 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: JUEVES DE LA SEMANA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Benziger Brothers, Nueva York, 1894.
 
JUEVES DE PASCUA
    
+ EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (20, 11-18)
En aquel tiempo María estaba fuera, junto al sepulcro, llorando. Y, mientras lloraba, se inclinó, y miró el sepulcro: y vió dos Angeles, vestidos de blanco, sentados, uno a la derecha y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Y dijéronla: “Mujer, ¿por qué lloras?”. Díjoles: “Porque han llevado a mi Señor: y no sé dónde le han puesto”. Y, después de decir esto, se volvió hacia atrás, y vió a Jesús, que estaba allí: y no sabía que era Jesús. Díjole Jesús: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, creyendo que era el hortelano, díjole: “Señor, si le has quitado tú, dime dónde le has puesto: y yo le llevaré”. Díjole Jesús: “¡María!”. Vuelta, ella, díjole: “¡Rabbóni!” (que significa Maestro). Díjola Jesús: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre: pero vete a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre, y a vuestro Padre, a mi Dios, y a vuestro Dios”. Fue María Magdalena anunciando a los discípulos: “He visto al Señor, y me ha dicho esto”.
   
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana sobre la aparición de Cristo resucitado a María Magdalena, como lo refiere el Evangelio del día, y debemos ver: 1º El ferviente amor de esta santa alma en buscar al Salvador: 2º La manera en que Jesús responde a su amor.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: Hacer frecuentemente, durante el día, actos de caridad hacia Nuestro Señor; 2º Cada hora, animarnos a vivir mejor, y mejorar la acción presente. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de la Sabiduría: “La Sabiduría se deja encontrar de los que la buscan” (Sab. 6, 13).
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Adoremos a Jesucristo, que le concedió a Santa María Magdalena el favor de ser la primera, DESPUÉS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN, a quien Él se apareció, después de levantarse del sepulcro. Congratulemos a esta ilustre amante de Nuestro Señor, y cómo ella agradeció a Jesucristo llamándole Buen Maestro. ¡Oh, cuán bueno es Él, y cómo, de hecho, merece todo el amor de nuestro corazón!
 
PUNTO PRIMERO - EL FERVOROSO AMOR MOSTRADO POR MARÍA MAGDALENA EN BUSCAR AL SALVADOR

Luego de la muerte de Jesús, María Magdalena no parecía ser capaz de separarse de Aquél a quien le había dado todo su amor; ella corrió al sepulcro y, encontrando que el sagrado Cuerpo ya no estaba allí, ella imagina que se lo han llevado. “¿Dónde lo han puesto?” Ella está determinada a descubrirlo, sin importar el precio; y en lugar de retirarse, como los discípulos y las otras mujeres hicieron ella permanece allí, retenida por el amor, a fin de buscar Lo que ha perdido; se quedó allí para lamentarse, para llorar por Aquel que ella no puede encontrar. Ella permanece en el sitio, sin temerle a nada, porque, después de haber perdido a Jesús, ya no hay más que perder. JESÚS ERA LA VIDA DE SU ALMA, Y PERDIÉNDOLE, ERA MÁS DESEABLE A SU ESTIMACIÓN MORIR QUE VIVIR, porque ella tenía esperanza de poder encontrar, en la muerte, a Quien no pudo encontrar mientras vivía. Ella permanece allí, y mira hacia el sepulcro varias veces para ver si Jesús no está allí. “Mujer, ¿por qué lloras?, dijo el Ángel que estaba sentado allí. Replica: Porque han llevado a mi Señor: y no sé dónde le han puesto” (Jn. 20, 13). Ella gira su cabeza y percibe a un hombre; es Jesús, que se presenta a ella sin hacerse conocido. Señor, exclama, si le has quitado tú, dime dónde le has puesto: y yo le llevaré” (Jn. 20, 15). Un ardiente deseo no admitirá que algo es imposible, y hace a una persona capaz de todo. ¡Cuán admirable es el amor de María Magdalena, y cuán fervoroso es! ¡Cuán intrépido es el deseo que le consume de encontrar a Jesús! ¡Dichosa el alma que ama a Jesús hasta el punto de desearlo! DIOS HACE DE NUESTROS DESEOS LA MEDIDA DE SUS BENEFICIOS: a menudo, las bendiciones más grandes cuestan nada más que el deseo. Si a veces Él difiere conceder nuestras peticiones en el momento que se las ofrecemos, es solo para hacernos desear más fervorosamente sus gracias, y para hacernos apreciarlas mejor cuando Él nos las concede. ¡Oh, si deseáramos poseer a Jesús dentro de nosotros por el recogimiento y el amor (no digo como María Magdalena lo deseó, sino solamente tanto como el hombre mundano desea la riqueza y los honores), cuán rápidamente nos volveríamos santos!
  
Nuestro mayor infortunio es no amar y, en consecuencia, no desear ardientemente nuestra perfección. Perdemos una baratija, y lo lamentamos; perdemos a Jesús al perder el recogimiento, la humildad, la paciencia, la mortificación y la caridad, y no nos molesta en lo más mínimo, y no decimos con María Magdalena: “Dime dónde está Él: estoy dispuesto a todo y a cualquier cosa para recuperarlo”. Pidámosle a nuestro Salvador que infunda en nuestros corazones ardientes deseos que nos hagan santos.
  
PUNTO SEGUNDO - CÓMO JESÚS RESPONDIÓ AL AMOR DE MARÍA MAGDALENA
Al comienzo, Santa María Magdalena tenía solamente una fe imperfecta porque, no habiendo encontrado a Jesucristo, ella supuso que se lo habían llevado, y no que Él había resucitado. JESÚS, SIN EMBARGO, SIENDO TOCADO POR SU AMOR, PRIMERO LE ENVÍA DOS ÁNGELES VESTIDOS DE BLANCO que ella vio sentados en el mismo lugar donde su Cuerpo había estado: El uno en la cabecera, y el otro a los pies; LUEGO ÉL MISMO SE PRESENTA EN PERSONA, tomando la humilde forma de un hortelano. Ella no le reconoce, pero Él se hace conocer de ella por una sola palabra: “¡María!”, le dijo. Entonces María Magdalena no puede contenerse más. Intoxicada de gozo y amor, ella cae a los pies de Jesús, exclamando: “Rabboní!”, esto es, “¡Buen Maestro!”. Ella hubiera querido permanecer allí para siempre, besar sus sacratísimos Pies, presionarlos con sus labios y su corazón. “No, dijo Jesús, debes hacer algo más que gozarte en mi Presencia; debes ir aprisa y encontrar a mis hermanos, y decirles que Yo estoy vivo, y que pronto me verán ascender hacia mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. ¡Feliz María Magdalena, que fue la primera, después de la Virgen María, a quien Jesús se manifestó! Ella es la electa del Salvador, quizá la apóstol de los Apóstoles mismos, para ir a anunciarles que Jesús ha resucitado. Ella obedece prontamente este mandato, y nos enseña con su ejemplo que debemos saber cómo dejar a Cristo para que podamos consolar y ayudar a nuestro prójimo; que es mejor ser obediente y humilde que disfrutar las divinas consolaciones; que no es suficiente con el amor que le debemos a Dios, que nos ama, sino también hacerlo amar de los demás; y finalmente, que debemos saber cómo moderar nuestra alegría, por más santa y espiritual que pueda ser, y nunca abandonarnos del todo en ella, pues seríamos tentados a cometer alguna indiscreción que nos haría olvidar el temor reverencial que es debido a Dios y la prudente aprehensión a perder las gracias que hemos recibido. ¡Qué preciosas lecciones nos apareja esta conducta de María Magdalena!

HIMNO “O fílii et fíliæ”

Resurrección de Cristo (Luis Borrassá)
    
Aunque parece de más antigüedad, este himno, que se acostumbraba recitar en la Bendición con el Santísimo Sacramento el día Domingo de Pascua y durante su octava en muchas iglesias de Francia, fue compuesto por el fraile Juan Tisserand OFM († 1497), predicador de la observancia, fundador del beaterio de las Hijas Arrepentidas de Santa Magdalena en París, y compositor de un Oficio a los Santos Protomártires Franciscanos.

El “O fílii et fíliæ” resume tres de los principales relatos de la Resurrección del Señor que se leen en las Misas durante la Octava de Pascua: el anuncio del Ángel a las Santas María Magdalena, María de Santiago y Salomé (Domingo de Pascua), la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos en el Cenáculo (Martes de Pascua), y la duda -y posterior profesión de fe- de Santo Tomás Apóstol (Domingo in Albis).
  
   
LATÍN
O fílii et fíliæ,
Rex cœléstis, Rex glóriæ
Morte surréxit hódie. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
Et mane prima Sábbati,
Ad óstium monuménti
Accessérunt discípuli. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
Et María Magdaléne,
Et Jacóbi, et Salóme
Venérunt corpus úngere. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
In albis sedens Ángelus
Prædíxit muliéribus:
In Galilǽa est Dóminus.
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
Et Joánnes Apóstolus
Cucúrrit Petro cítius,
Ad sepúlcrum venit prius. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
   
Discípulis astántibus,
In médio stetit Christus
Dicens: Pax vobis ómnibus. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
Ut intelléxit Dídymus
Quia surréxerat Jesus,
Remánsit fere dúbius, Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
Vide Thoma, vide latus,
vide pedes, vide manus,
Noli esse incrédulus. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
Quando Thomas vidit Christum,
Pedes, manus, latus suum,
Dixit, Tu es Deus meus. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
Beáti qui non vidérunt,
Et fírmiter credidérunt,
Vitam ætérnam habébunt. Allelúja.
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
In hoc festo sanctíssimo
Sit laus et jubilátio!
BENEDICÁMUS DÓMINO. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
  
De quibus nos humíllimas
Devótas æque débitas
DEO dicámus GRÁTIAS. Allelúja!
℟. Allelúja! Allelúja! Allelúja!
   
TRADUCCIÓN
Oh hijos e hijas,
El Rey de los cielos, el Rey de la gloria
Resucitó hoy de entre los muertos. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Y la mañana del día después del Sábado,
Hasta la puerta del sepulcro,
Se acercaron los discípulos. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Y María Magdalena,
Y María de Santiago, y Salomé
Vinieron a ungir el cuerpo. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Un Ángel vestido de blanco, sentado,
Dijo a las mujeres:
En Galilea está el Señor. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Y San Juan Apóstol
Corrió más que San Pedro,
Y al sepulcro llegó el primero. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
   
Estando presentes los discípulos,
En medio se les aparece Cristo
Diciendo: Paz a todos vosotros. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Pero Tomás Dídimo escuchó
Que Jesús había resucitado,
Y permaneció dudando. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Mira, Tomás, mi costado,
Mira mis pies y mis manos,
No seas incrédulo. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Cuando Tomás vio de Cristo
Sus pies, manos y costado,
Dijo: Tú eres mi Dios. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Bienaventurados los que sin ver
Creyeron firmemente,
Ellos poseerán la vida eterna. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
¡En esta santísima fiesta
Sea la alabanza y el júbilo!
BENDIGAMOS AL SEÑOR. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
  
Por todo esto, digamos humildes
Y con la debida devoción:
DEMOS GRACIAS A DIOS. ¡Aleluya!
℟. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

martes, 3 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: MIÉRCOLES DE LA SEMANA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Benziger Brothers, Nueva York, 1894.
 
MIÉRCOLES DE PASCUA
    
+ EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (21, 1-14)
En aquel tiempo se manifestó otra vez Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberiades. Y se manifestó así: Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, el llamado Dídimo, y Natanael, que era de Caná de Galilea, y los hijos del Zebedeo, y otros dos discípulos suyos. Díjoles Simón Pedro: “Voy a pescar”. Dijéronle ellos: “Vamos también nosotros contigo”. Y salieron y subieron a la barca: y aquella noche no pescaron nada. Y, llegada la mañana, se presentó Jesús en la orilla: pero los discípulos no conocieron que era Jesús. Díjoles, pues, Jesús: “Muchachos: ¿tenéis algo que comer?”. Respondiéronle: “No”. Díjoles: “Lanzad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. Y la lanzaron: y ya no podían sacarla fuera, por la multitud de los peces. Dijo entonces a Pedro aquel discípulo a quien amaba Jesús: “¡Es el Señor!”. Cuando oyó Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la túnica (pues estaba desnudo), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca (porque no estaban lejos de la orilla, sino sólo a unos doscientos codos), trayendo la red con los peces. Y, cuando bajaron a tierra, vieron unas brasas preparadas, y un pez sobre ellas, y un pan. Díjoles Jesús: “Traed los peces que habéis pescado ahora”. Subió Simón Pedro, y trajo a tierra la red, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Díjoles Jesús: “Venid, comed”. Y nadie de los que comían se atrevió a preguntarle “¿Quién eres tú?”, sabiendo que era el Señor. Y fue Jesús, y tomó el pan, y se lo dió. Y lo mismo el pez. Esta fué la tercera vez que se apareció Jesús a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
 
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana sobre la aparición de Jesucristo a sus Apóstoles a orillas del lago de Tiberíades, como se relata en el Evangelio del día, y debemos ver: 1º Lo que Jesucristo hizo por sus Apóstoles en esta aparición; 2º Lo que los Apóstoles hicieron por Él.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: 1º En nuestras relaciones hacia el prójimo, imitar la caridad de Jesucristo en esta circunstancia; 2º De llevar a los servicios de Dios el coraje de los Apóstoles y su docilidad a la gracia. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras que San Juan aplicó a Jesucristo en esa ocasión: “´¡Es el Señor!” (Jn. 21, 7).
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Adoremos a Jesucristo impelido por el amor a manifestarse a sus Apóstoles en las costas del lago de Tiberíades. Démosle gracias a Él por esta delicada atención manifestada a sus queridos Discípulos, y pidámosle que nos dé una abundante participación en la gracia de este misterio.
 
PUNTO PRIMERO - LO QUE HIZO JESÚS POR SUS APÓSTOLES EN ESTA APARICIÓN
Los Apóstoles habían pescado toda la noche sin atrapar nada, no tenían para subsistir. Jesús se apiada en su preocupación y va a ellos. “Muchachos, les dice, ¿tenéis algo que comer?” (Jn. 21, 5). ¡Qué amable previsión! ¡Qué solicitud paternal en este Divino Salvador! Él está presto a proveer para sus necesidades, pero veamos bajo qué condición: bajo la condición que ellos trabajarán. Porque EL TRABAJO ES LA LEY IMPUESTA A TODOS LOS HIJOS DE ADÁN, Y LA PEREZA ES SU RUINA. “Lanzad la red, les dijo, a la derecha de la barca y encontraréis” (Jn. 21, 6). Misteriosas palabras, que significan que en todas nuestras acciones hay un lado bueno y un lado malo; lo esencial es escoger el lado correcto. El buen lado es el lado de Dios, y no el de las creaturas: DEBEMOS CONSIDERAR SIEMPRE A DIOS SOLO, SIN BUSCARNOS A NOSOTROS MISMOS O PRESTARLE ATENCIÓN A LAS OPINIONES HUMANAS. El lado bueno es el de la Gracia, y no el de la naturaleza: NO DEBEMOS SER CONDUCIDOS POR LAS INCLINACIONES NATURALES, SINO POR LOS MOVIMIENTOS DE LA GRACIA, la cual debe regular toda nuestra conducta, nuestras recreaciones y nuestro reposo, como también nuestros asuntos y empresas. El lado bueno es el del Cielo y no el de la tierra: DEBEMOS GOBERNARNOS POR LAS MÁXIMAS ETERNAS, como hombres de mente celestial, que no tocan la tierra excepto por pura necesidad. El lado bueno, finalmente, es el lado de la Cruz, y no el de los deleites ni el del placer: DEBEMOS AFERRARNOS A LA CRUZ, QUE ES LA PORCIÓN DE LOS ELEGIDOS, Y NO A LAS ALEGRÍAS DE ESTA VIDA. ¡Qué bendiciones perdemos por dejar de observar estas santas reglas!
  
Mientras los Apóstoles estaban ejecutando la orden que les fue dada, Jesús enciende el fuego, cocina el pescado, dispone la mesa, pone pan sobre ésta, y cuando todo está listo, les dice: “Venid, comed”. Ellos llegan, traen a la orilla su red conteniendo ciento cincuenta y tres peces grandes, y Él mismo le sirve con su divina Mano a sus queridos Discípulos. ¿Quién no admiraría la caridad de Jesucristo en esta circunstancia? UNA CARIDAD PREVISORA, que no podía soportar ver a sus Discípulos sufrir sin aliviarlos; UNA CARIDAD GENEROSA que, a fin de servirles, condesciende a realizar con gozo las funciones más humildes; UNA CARIDAD AMABLE, que estudia cómo satisfacer a nuestro prójimo.
  
PUNTO SEGUNDO - LO QUE LOS APÓSTOLES HICIERON POR JESUCRISTO EN ESTA APARICIÓN
Cuatro cosas son dignas de resaltar en la conducta de los Apóstoles: 1º ELLOS OBEDECEN INMEDIATAMENTE LA ORDEN DEL SALVADOR; ellos arrojaron su red hacia donde Jesús les dijo, y los peces se agruparon allí. Ellos, que hasta entonces no habían obtenido nada, atraparon en un solo lanzamiento, nada más obedecer, ciento cincuenta y tres peces grandes. Imitémoslos; seamos siempre dóciles a la gracia; hagamos todo por medio de la obediencia, desde el deseo de agradar a Dios, en la forma que Dios quiere, y seremos bendecidos en todas nuestras obras. 2º LOS APÓSTOLES NO RECONOCIERON A JESUCRISTO A PRIMERA VISTA; fue necesario para esto que ellos tuvieran una gracia y luz especial, y cuán pocos hay que se consideran dignos de esta gracia! ¡Cuán pocos se aplican a reconocer a Jesucristo en sus Misterios, en su Doctrina, y en su Amor; cuán pocos ven y reconocen su Mano en todos los eventos, sean buenos o desdichados! Conocer a Jesús es la ciencia de los Santos, es el privilegio del amor y la pureza, como podemos ver en el ejemplo de San Juan, que fue el primero de los Apóstoles en reconocer a su buen Maestro, y exclamar: “¡Es el Señor!”. 3º Al escuchar estas palabras del discípulo virgen, PEDRO SE CIÑE LA TÚNICA Y SE ARROJA AL AGUA PARA PODER ACERCARSE MÁS PRONTAMENTE A LOS PIES DE JESÚS. La vehemencia de sus deseos le hace olvidar el peligro y la dificultad. Los corazones fervientes no se reservan nada. Tan pronto hay un pedido de servir a Dios, ellos se resuelven y van hacia adelante, mientras que el cobarde y el tibio dudan, les falta resolución, y tienen miedo a los problemas. 4º LOS APÓSTOLES, DURANTE SU COLACIÓN, SE COMPORTAN DE FORMA RESPETUOSA, ellos adoran, admiran, disfrutan en silencio la dulzura de la conversación y la mirada que Jesús les dirige, pero nadie se atreve a preguntarle “¿Quién eres tú?”, sabiendo que era el Señor (Jn. 21, 12). Así es como el alma fiel actúa; la bondad de nuestro Señor los confunde y humilla tanto que no se atreven a interrogarle o plantearle preguntas vanas o indulgirse en vanas investigaciones, sabiendo que es el Señor, que por toda conducta requiere de nosotros veneración y amor. Mientras más cercanos están a Él, más respeto le tienen; y si a veces preguntan “¿Quién eres Tú?” es solamente con el fin de conocerle mejor, para poder humillarse a sí mismos por su pequeñez en presencia de tal grandeza. SEÑOR, NO ME ATREVO A LEVANTAR MIS OJOS PARA MIRAROS, O ABRIR MI BOCA PARA HABLAROS. NO SOY NADA, EXCEPTO UN MISERABLE GUSANO ARRASTRÁNDOSE A VUESTROS PIES EN EL POLVO, MÁS POBRE Y MISERABLE DE LO QUE PUEDO ENTENDER; NADA SOY, NADA PUEDO. VOS SOLO SOIS BUENO, JUSTO Y SANTO; DERRAMAD SOBRE MÍ VUESTRA INFINITA MISERICORDIA.

lunes, 2 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: MARTES DE LA SEMANA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Benziger Brothers, Nueva York, 1894.
 
MARTES DE PASCUA
    
+ EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (24, 36-47)
En aquel tiempo se presentó Jesús en medio de sus discípulos, y díjoles: “Paz a vosotros: yo soy, no temáis”. Pero ellos, turbados y asustados, creían ver un fantasma. Entonces él les dijo: “¿Por qué os turbáis, y suben estos pensamientos de vuestros corazones? Ved mis manos y mis pies, porque soy yo mismo: palpad y ved: porque el espíritu no tiene carne y huesos, como véis que tengo yo”. Y, habiendo dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero, dudando todavía ellos, y admirándose de gozo, les dijo: “¿Tenéis aquí algo que comer?”. Y ellos le ofrecieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y, habiendo comido delante de ellos, tomando las sobras, se las dió a ellos. Y díjoles: “Estas eran las palabras que os decía, cuando todavía estaba con vosotros, porque era necesario que se cumplieran todas las cosas escritas acerca de mí en la Ley de Moisés, y en los Profetas, y en los Salmos”. Entonces les abrió el sentido, para que entendieran las Escrituras. Y díjoles: “Porque así estaba escrito, y así convenia que Cristo padeciese, y resucitase al tercer día de entre los muertos, y se predicase en su nombre la penitencia y el perdón de los pecados a todas las gentes”.
  
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana la aparición de Jesucristo a sus Apóstoles congregados en Jerusalén, y veremos: 1º La estima que tuvo Nuestro Señor a sus sagradas Llagas; 2º La estimación que debemos tener a nuestros sufrimientos.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: 1º De besar con frecuencia y amorosamente nuestro crucifijo y sobre todo las sagradas llagas impresas en él; 2º De aceptar con buen ánimo todas las pruebas de la vida. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de Nuestro Señor: “Ved mis manos y mis pies” (Lc. 24, 39).
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Transportémonos en espíritu en medio de los Apóstoles. Besemos amorosamente las llagas de Nuestro Señor en sus pies, en sus manos y en su sagrado costado; pidámosle que derrame desde allí su gracia sobre nosotros, y que nos levante hacia una nueva vida.
 
PUNTO PRIMERO - LA ESTIMA EN QUE JESÚS RESUCITADO TUVO SUS LLAGAS
No solo durante la Semana de Pasión y sobre la Cruz que Jesucristo presenta sus Llagas a nuestra meditación; Él las muestra también durante la semana de gozo pascual, pero con esta diferencia: La semana pasada estas heridas aparecían ante nosotros sangrantes y dolorosas, mientras que hoy aparécennos tan gloriosas y radiantes con la luz de la divinidad. Jesucristo quiso preservarlas en su cuerpo resucitado: 1º COMO PRUEBA IRREFRAGABLE DE QUE ERA REALMENTE EL MISMO CUERPO QUE HABÍA PADECIDO POR NOSOTROS; 2º COMO LAS GLORIOSAS INSIGNIAS DE LA VICTORIA QUE HABÍA OBTENIDO SOBRE LOS ENEMIGOS DE DIOS Y DE LA SALVACIÓN DE LOS HOMBRES; 3º COMO LA INSIGNIA DE SU AMOR POR NOSOTROS, que Él se complace en mostrar a los Cielos y la tierra a fin de inflamar nuestros corazones con amor recíproco; 4º COMO OTRAS TANTAS BOCAS DIVINAMENTE ELOCUENTES QUE PRESENTARAN NUESTRA CAUSA ANTE SU PADRE y que constantemente dirigieran a Él una omnipotente oración en favor nuestro; 5º COMO SAGRADAS FUENTES DE LAS CUALES PUDÍERAMOS EXTRAER GRACIA CONTÍNUAMENTE, con ilimitada confianza en sus méritos. ¡Oh divinas llagas, tan caras al corazón de Jesús, del cual vosotras abrísteis las puertas, cuán bellas sois! Vosotras causáis que Dios sea eternamente bendecido por todos los Ángeles y los Santos, que se deleitan en entonar el evangélico cántico: “Mirad cómo Dios amó al hombre” (cf. Jn. 11, 36); y, en el gran día del Juicio confundiréis a aquellos que no quisieron aprovechar el beneficio de la Redención (cf. Jn. 19, 37). ¡Oh adorables llagas! Yo os reverencio y os amo. Vosotras ordenáis que me acerque: ¡Os contemplo amorosamente: vosotras sois mi refugio: descanso en vosotras; vosotras sois mi luz: yo me instruyo en vuestra escuela; vosotras sois mi fortaleza: me sostendréis en mis desánimos; vosotras sois hogueras de amor: Me acercaré a vosotras, permaneceré cerca a vosotras con una meditación humilde, afectuosa y asidua, y he de estar cálido, porque no podéis permanecer cerca a un gran fuego sin sentir su calor!
  
PUNTO SEGUNDO - LA ESTIMA QUE DEBEMOS TENER A NUESTROS PROPIOS SUFRIMIENTOS
Queramos o no, debemos sufrir: sufrir en nuestro cuerpo, sufrir en nuestra alma, sufrir en nuestro corazón; sufrir por otros que nos desagradan y molestan; sufrir por nosotros mismos, por nuestros inexplicables accesos de tristeza, de impaciencia, melancolía y mal temperamento; sufrir por todas las cosas humanas: a veces por la muerte de personas que son queridas por nosotros, a veces por los reveses de fortuna, a veces por el fracaso de un undertaking, por una humillación que hemos recibido o nos hemos imaginado. Ahora, esos sufrimientos que son el lote inevitable de nuestra humanidad, deberían ser altamente estimados por nosotros: 1º PORQUE JESUCRISTO DIJO: “Bienaventurados los que sufren, bienaventurados los que lloran”; 2º PORQUE NUESTRO DIVINO SALVADOR LOS GLORIFICÓ EN SU PROPIA PERSONA, deificando y tornando adorables sus propias Llagas, que le merecieron que su Cuerpo fuese glorificado en la Resurreción, ascendiera al Cielo y se sentara a la diestra de su Padre, y el honor de juzgar en el último día a los vivos y los muertos; 3º PORQUE SIN SUFRIMIENTO NO HAY VIRTUD, no hay merecimiento, y en consecuencia, no hay recompensa ni salvación: Estamos atados a este mundo y olvidados del Cielo, pensamos sólo en disfrutar los momentos presentes y no nos ocupamos en nuestra eternidad; mientras, por otro lado, el sufrimiento, llevado en forma cristiana, es la fuente de los méritos, conduce a la práctica de las virtudes, es la garantía y la medida de la felicidad en el Cielo, así que deberían ser los días más hermosos de nuestra vida aquellos en que hemos sufrido más (cf. Salmo 89, 15); 4º PORQUE EL SUFRIMIENTO LLEVADO CON PACIENCIA NOS HACE MÁS GRATOS AL CORAZÓN DE DIOS PADRE, que entonces ve en nosotros una resemblanza de su divino Hijo. Lo mueve a acercarse a nosotros para consolarnos o liberarnos (Salmo 90, 15), por eso, dice el salmista, Él extiende su mano paternal sobre el justo, aligerando la cruz, para sustentarlo (Salmo 36, 24). Daniel es arrojado al foso de los leones, los ministros del rey de Babilonia arrojados al horno, José en prisión; Dios está allí para salvarlos; 5º PORQUE EL SUFRIMIENTO SIEMPRE HA SIDO EL DELEITE DE LOS SANTOS. “Me gloriaré, dijo San Pablo, en las aflicciones, sean enfermedades que ataquen mi cuerpo, calumnias que ataquen mi honra, o la pobreza que me reduce a estar mal alojado y mal vestido, o persecuciones de fuera, o problemas de adentro” (II Cor. 12, 10), porque entonces la virtud de Cristo me sostiene (Ibíd., 9). “O padecer o morir, dijo Santa Teresa; no puedo vivir sin la cruz”, tan enteramente ha tomado Jesucristo el sufrimiento quitándole su amargura y embalsamándolo con su divina dulzuralas aflicciones, sean enfermedades que ataquen mi cuerpo, calumnias que ataquen mi honra, o la pobreza que me reduce a estar mal alojado y mal vestido, o persecuciones de fuera, o problemas de adentro. Ahora, ¿en qué grado estimamos padecer? ¿Cómo llevamos lo que nos molesta? Pidámosle a Nuestro Señor que nos dé sentimientos más cristianos.

domingo, 1 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: LUNES DE LA SEMANA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Bezinger Brothers, Nueva York, 1894.
 
LUNES DE PASCUA
   
+ EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (24, 13-35)En aquel tiempo iban dos discípulos el mismo día a una aldea, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén, llamada Emaús. Y hablaban entre sí de todo lo que había sucedido. Y acaeció que, mientras conversaban y se preguntaban mutuamente, acercándose a ellos Jesús en persona, caminó con ellos: pero sus ojos estaban velados, para que no le conocieran. Y díjoles: “¿Qué habláis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?”. Y respondiendo uno, llamado Cleofás, le dijo: “¿Tú sólo eres el peregrino en Jerusalén que no ha sabido lo ocurrido en ella estos días?”. Entonces él les dijo: “¿Qué cosas?”. Y dijeron ellos: “Lo de Jesús Nazareno, que fué un varón profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo: y cómo le condenaron a muerte los sumos pontífices y nuestros príncipes, y le crucificaron. Mas nosotros esperábamos que él había de redimir a Israel: y ahora, sobre todo esto, hoy es el tercer día que ha sucedido esto. Aunque también unas mujeres de las nuestras nos han asustado, porque fueron al sepulcro antes del día, y sin encontrar su cuerpo, volvieron diciendo que habían visto una aparición de Ángeles, los cuales dicen que él vive. Y fueron al sepulcro algunos de los nuestros: y hallaron como habían dicho las mujeres, pero a él no le encontraron”. Entonces él les dijo: “¡Oh estultos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los Profetas! ¿No fue necesario que Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?”. Y, comenzando por Moisés y por todos los Profetas, les interpretó todas las Escrituras que hablaban de él. Y se acercaron a la aldea donde iban: y él fingió ir más lejos. Y le obligaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque anochece y ya se acaba el día”. Y entró con ellos. Y sucedió que, mientras estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, y lo bendijo, y lo partió, y se lo alargó. Y se abrieron sus ojos, y le conocieron, y él se desvaneció ante sus ojos. Y se dijeron mutuamente: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, cuando nos hablaba en el camino, y nos declaraba las Escrituras?”. Y, levantándose luego, volvieron a Jerusalén: y encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, diciendo: “El Señor ha resucitado verdaderamente, y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron también lo que les había pasado en el camino: y cómo le conocieron en la fracción del pan.
  
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana en el conmovedor relato de los Discípulos de Emaús, contenida en el evangelio del día, y veremos: 1º Cuáles fueron, en esta ocasión, sus defectos y sus virtudes; 2º Cuán grande fue la bondad de Cristo hacia ellos.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: 1º De permanecer unidos en Jesucristo mediante el recogimiento, y ser dóciles a las inspiraciones de su Gracia; 2º De velar sobre nuestras conversaciones a fin de no permitir que salga de nuestros labios una palabra digna de reproche. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de los discípulos: “¿No ardía en nosotros nuestro corazón mientras Jesús nos hablaba en el camino y nos exponía las Escrituras?” (Lc. XXIV, 32).
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Transportémonos en espíritu al camino que conduce a Emaús; consideremos a Jesucristo acercándose a los dos discípulos, que iban de camino, y participando con ellos en santa conversación. Bendigámosle por su asidua Caridad, y pidámosle que nos haga capaces de aprovechar esta amigable entrevista.
 
PUNTO PRIMERO - LOS DEFECTOS Y LAS VIRTUDES DE LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS
1º Estos discípulos NO ENTENDÍAN CÓMO ESPERAR EL PROPIO TIEMPO DE DIOS. Jesucristo había dicho: “Resucitaré al tercer día”, y ellos no esperaron hasta el final del tercer día, sino que emprendieron su viaje llenos de desánimo. Esta es una falta que nosotros cometemos a menudo: queremos ser atendidos en el momento, toda demora nos desconcierta y estremece nuestra fe. Merecemos que Jesús debiera decirnos lo que a ellos les dijo: “Oh hombres de poca fe, duros para creer”. 2º Ellos BUSCAN SU CONSOLACIÓN EN LAS COSAS EXTERIORES, al hacer un viaje a Emaús. Ellos olvidan que la verdadera consolación se encuentra en Dios solo, y que es más pérdida que provecho el buscarlo en las creaturas. Si Jesucristo no hubiese acelerado a ellos su socorro, habrían perdido su fe, puesto que ellos no creyeron ni a las santas mujeres ni a los Apóstoles que les testificaron la resurreción de Jesucristo; ellos estaban al punto de perder su esperanza, visto que ya empezaron a no esperar. “Nosotros esperábamos” (Lc. XXIV, 21), decían. Finalmente, estaban para perder su caridad, porque no vieron en Jesucristo nada más que un profeta, y no hablaban de ser Sus discípulos, sino de ser extraños. 3º ERA REPUGNANTE PARA ELLOS ENTENDER LA CONEXIÓN DE DOS COSAS TAN INSEPARABLES COMO LO SON LOS MEDIOS Y EL FIN, es decir, LA CRUZ Y LA GLORIA, la muerte y la vida, el sufrimiento por poco tiempo y el gozo eterno; y era necesario que Jesucristo les debiese traer a su recuerdo esa importante verdad. “¿No era necesario que Cristo padeciera para que entrase así en su gloria?”. ¿No somos un poco como ellos?
  
Pero si estos discípulos tenían sus defectos, ellos también tenían virtudes que son adecuadas para edificarnos. Así, 1º SU CONVERSACIÓN ES SANTA, y a la pregunta que les dirigió el Salvador: “¿Qué habláis entre vosotros mientras camináis?” (Lc. XXIV, 17), ellos fueron capaces de responder: “Estábamos hablando de Jesús” (Ibíd., 19). Ay, si el Salvador se presentara a nosotros en nuestras conversaciones y nos preguntara sobre lo que estuviéramos hablando, ¿no nos sonrojaríamos por las muchas palabras calumniosas, burlas, disputas, frivolidades y mal humor? ¿Nuestro Señor podrá decirnos: “Esos son los discursos de un cristiano, de un hombre con la mente puesta en el Cielo que aspira a la santidad, de un siervo de Jesucristo que tiene su lengua aún tinta en su Sangre”? 2º Nuestros peregrinos ESCUCHABAN CON GRAN RESPETO LA INSTRUCCIÓN DE JESUCRISTO, las grababan en su corazón, que estaba inflamado en santo ardor (Ibíd., 31). 3º Ellos SE UNIERON A ÉL, Y DESEARON NUNCA MÁS SEPARARSE DE ÉL: “Quédate con nosotros, Señor” (Ibíd., 29), le dicen. ¡Hermosas palabras, que debiéranos dirigirlas a nosotros mismos! Quédate con nosotros en nuestros problemas, para preservarnos de la impaciencia, murmuraciones y desalientos, y para enseñarnos a bendecir a Dios en todas las cosas; quédate con nosotros en las tentaciones y pruebas, para sostenernos; quédate con nosotros en las horas de sequedad y disgusto; en los tiempos de enfermedades y cuando estemos en peligro de muerte, para asistirnos; quédate con nosotros en medio de los problemas de la Iglesia y de las tinieblas de la iniquidad que cubre la tierra, para defendernos e iluminarnos. 4º Ellos RECONOCIERON A NUESTRO SEÑOR AL PARTIR EL PAN (Lc. XXIV, 35), esto es, en la Comunión: es allí de hecho donde el alma cristiana reconoce todo el amor del divino Salvador. 5º Después PARTIERON HACIA JERUSALÉN, A FIN DE ANUNCIARLO A LOS APÓSTOLES (Ibíd., 33); cuando amamos, lo llevamos en el corazón para hacer que otros amen aquello que amamos.
  
PUNTO SEGUNDO - LA CONMOVEDORA BONDAD DE JESUCRISTO HACIA LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS
Jesucristo tuvo piedad de estas dos ovejas descarriadas que se habían separado de los otros Apostoles: Él se hace cercano a ellos, les habla gentilmente, conversa con ellos mientras caminan al mismo paso, ni más rápido ni más lento; les pregunta sobre lo que estaban hablando, no porque estuviese ignorante de eso, sino porque quiere ofrecerles una oportunidad de abrirle a Él sus corazones, y Él mismo usa la oportunidad para explicarles el misterio de su Pasion y Muerte. Él les reprueba caritativamente, a fin de que ellos se examinen y reconozcan sus faltas; les prueba que todo cuanto en las Sagradas Escrituras desde los tiempos de Moisés hasta los Profetas se dijo del Mesías se realizaba en su propia Persona, y al mismo tiempo que ilumina sus inteligencias les toca su corazón, inflama su voluntad y enciende en ellos la llama de amor santo y divino. Finalmente, al llegar a Emaús, después de haberles llevado a imaginar que pasaría de largo, a fin de excitarlos a desear que se quedara con ellos, Él se detiene en su posada, y pensando que era una iglesia, Él consagra allí la Divina Eucaristía, la distribuye a ellos, y no los deja hasta después de alimentarlos con el angélico Pan. ¿Puede haber mayor bondad y dulzura? Estos son los actos de Nuestro Salvador concernientes a nosotros mismos: Su gracia operante sale a nuestro encuentro en el camino de la vida; se acomoda a nuestra debilidad, con su divina luz nos ilumina, nos atrae por sus divinas inspiraciones, mezclando palabras de aliento y reproches; finalmente, no se va de nosotros hasta que nos ha ganado, tomando posesión de nuestra voluntad sin restringir nuestra libertad. Oh, ¡cuánta bondad merece este amor a nosotros! ¿Cómo respondemos a él? ¿No hemos sido infieles a la gracia, y frecuentemente no nos rebelamos contra sus inspiraciones?