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miércoles, 6 de noviembre de 2024

OBISPÓN EMÉRITO DE SAN MARINO BLASFEMA CONTRA SAN LUIS GONZAGA


Un prelado italiano ha confirmado una vez más que es difícil superar la irreverencia y la inmadurez intelectual de un obispón novusordita.

Andrea Turazzi, obispón emérito de San Marino-Montefeltro y hermano del fallecido sacerdote-presbítero javeriano Roberto Silvio Turazzi († 2022; ordenado sacerdote el 30 de Mayo de 1964 con el Rito Romano tradicional a diferencia de su hermano –“instalado” presbítero el 27 de Mayo de 1972 con el rito montini-bugniniano–) proporcionó más pruebas.

Invitado por el párroco de el párroco de San Apolinar Obispo y Mártir de Tresigallo, el “monseñor” Luca Piccoli, Turazzi celebró una conferencia en la iglesia del pueblo que se publicó en Internet.
  
A la hora y 10 minutos de la conferencia, Turazzi aseguró que
«Dios ama a todos sus hijos. Entonces ¿cuál es el criterio que da el Señor? No son nuestros criterios. Incluso en nuestras familias tenemos algún hijo o nieto que se ha separado o en la parroquia he tenido varios niños y niñas homosexuales. Y son amados por Dios. Pero ¿sabéis que San Luis Gonzaga, dicen los estudiosos, era homosexual? ¡Y él era el santo de la pureza! Por eso ante Dios no hay nadie que no sea amado con ternura y cada uno tiene su propio camino».

En declaraciones a La Nuova Bussola Quotidiana ayer 5 de Noviembre, el príncipe Mauricio Gonzaga, descendiente de la familia de San Luis Gonzaga, calificó la afirmación de Turazzi como una “inferencia”:
«Ya escuché este rumor en el pasado, pero no hay pruebas ni de documentos ni de cartas. Pero no se desprende nada de esto, sabemos que siendo niño hizo una promesa de castidad a la Virgen de la Anunciación en Florencia. Una promesa que reiteró en forma de voto de castidad cuando era adolescente y que mantuvo durante toda su vida. A pesar de su carácter bastante ardiente, típico de todos los Gonzaga».

La Nuova Bussola Quotidiana se puso en contacto con Turazzi, quien con renuencia les dijo que «me lo mencionó un padre jesuita, que es grafólogo. Según él era homosexual, pero obviamente no practicaba». Gracias a Dios.

Y cuestionado sobre si ese jesuita grafólogo había escrito alguna publicación sobre esa supuesta, Turazzi respondió (con una cuña de sátira contra los periodistas):
«No, no, es sólo su opinión, pero no quiero que nadie tenga un can-can sobre esto, vosotros los periodistas sois muy hábiles para crear casos sobre cosas que se dicen al paso y que no se pueden demostrar científicamente. Yo estaba en esa iglesia y estábamos entre ‘cuatro amigos’».
No, Turazzi, los que salieron con «cosas que se dicen al paso y que no se pueden demostrar científicamente» fueron esos ‘cuatro amigos’, entre esos el jesuita y tú, que propalaste esa “inferencia” en la iglesia de Tresigallo. Y Don Piccolo también, que no manifestó rechazo alguno a tus palabras. ¿Y no quieres «que nadie tenga un can-can sobre esto»? Al menos sé varón y aguanta presión.

Al final, Turazzi, viéndose sin opciones, intentó una suerte de amende honorable:
«Si me dices que los descendientes lo niegan, pues bueno… lo rectificaré todo».
   
San Luis Gonzaga fue tan preclaro en la caridad y la castidad que la Rota Romana declaró para su canonización en 1617 (30 años después de su muerte) que «nunca tuvo estímulo alguno a la carne ni pensamiento lascivo. Se puede decir de Luis, que tuvo una pureza angelical, que tuvo mérito angélico» («Númquam stímulum carnis in córpore passus est, nec cogitatiónem ullam in mente impúram hábuit. Mérito ígitur Alóysim Angélicus dici potest, qui angélicam puritátem hábuit»), y la Liturgia lo testifica también, tanto en la Misa Latina Tradicional:
«Cœléstium donórum distribútor, Deus, qui in angélico júvene Aloísio miram vitæ innocéntiam pari cum pœniténtia sociásti: ejus méritis et précibus concéde; ut, innocéntem non secúti, pœniténtem imitémur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum [Oh Dios, dispensador de los dones celestiales, que habéis unido en el angélico Luis, una admirable inocencia de vida con un gran espíritu de mortificación, haced, por sus méritos y oraciones, que, si no hemos imitado su pureza, por lo menos imitemos su penitencia. Por Jesucristo Nuestro Señor]». Amén.
Y hasta el mismo Novus Ordo que simula Turazzi:
«Deus, cæléstium auctor donórum, qui in beáto Aloísio miram vitæ innocéntiam cum pæniténtia sociásti, ejus méritis et intercessióne concéde, ut, innocéntem non secúti, pæniténtem imitémur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum [Dios, autor de los dones del cielo, que en San Luis Gonzaga has unido penitencia con admirable pureza de vida, concédenos, por sus méritos e intercesión, que, si no le hemos seguido en la castidad, lo imitemos como penitente. Por nuestro Señor Jesucristo]». Amén.
En cuanto al conflicto de San Luis Gonzaga con su padre Ferrante, marqués de Castellón, he aquí cómo lo explican los historiadores:
«El padre no quería que la casa cayera en manos de su hermano [Rodolfo], porque respetaba a Luis, que demostró grandes dotes diplomáticas y políticas y que se dedicó durante más de diez meses, incluso después de su intención de dejarlo todo, al negocio de su padre».
Y si quería Turazzi (que salió con un tibio y pro forma «Sea cual sea el resultado, nos comprometeremos con coherencia a ser testigos del Evangelio de la vida por una cultura y una política favorable a la familia» después del referendo que legalizó el aborto en San Marino). proponer un “santo homosexual”, el ejemplo lo tenía más cerca a su tiempo: Pablo VI Montini. Y no es una “inferencia”, sino un hecho sabido tanto en Milán (donde fue detenido una noche vestido de seglar y frecuentando un establecimiento de acompañantes masculinos) como en Roma (el presidente Giuseppe Saragat tenía informes del Servicio Secreto italiano sobre la homosexualidad de Montini, información presente en los papeles póstumos del antiguo general de carabineros Giorgio Manes), y el mismo Vaticano (el ex Guardia Noble Franco Bellegrandi relata que en muchas ocasiones los favoritos de Montini –a quienes nombró en disrintos puestos en el Vaticano– protagonizaban incidentes en el Palacio, y que este era amante del actor Paolo Carlini; y según contara el padre Luigi Villa, el mismo prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Pietro Palazzini Conti, se lo hizo saber al postulador de la causa), y hasta por los servicios de inteligencia estadounidense, británico y soviético (que lo usaron para obligarlo a ser espía de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial –y en el caso del Departamento Central de Inteligencia soviético, para revelar, por medio de su secretario jesuita Alighiero Tondi, los nombres de los sacerdotes y obispos clandestinos–), y la masonería (que le arrancó su primer decreto pontificio –casualmente el de la cremación– a cambio de no revelar sus reuniones secretas con Carlini en un hotel de Suiza).

martes, 21 de junio de 2022

TESTIMONIO DE SAN ROBERTO BELARMINO SOBRE SAN LUIS GONZAGA


Carta de San Roberto Belarmino al padre Virgilio Cepari SJ, autor de la Vida del bienaventurado San Luis Gonzaga:
Muy Reverendo Padre mío,
    
Con mucho gusto responderé a lo que V. R. me pregunta, porque juzgo que es gloria de Dios nuestro Señor que se sepan los favores que su Divina Majestad hace a sus siervos. Yo confesé largo tiempo a nuestro dulcísimo y santísimo hermano Luis Gonzaga, y una vez le confesé generalmente de toda su vida, y me ayudaba a Misa, trataba y comunicaba conmigo con afecto y gusto de cosas de nuestro Señor. Por la noticia de estas confesiones, y por la comunicación y trato que con él tuve me parece que con toda verdad se pueden afirmar de él las cosas siguientes.
    
Lo primero, que en toda su vida no hizo pecado mortal, y esto lo tengo por cierto desde la edad de siete años hasta su muerte; y en cuanto a los siete primeros años (en los cuales aún no tenía aquel conocimiento tan particular de Dios como después) téngolo por conjeturas, porque no es verosímil que en aquella edad pecase mortalmente; principalmente teniéndole ya Dios señalado para una pureza tan grande como tuvo. Lo segundo, que desde el séptimo año de su vida en el cual (como él me decia) se había convertido del mundo a Dios; vivió vida perfecta. Lo tercero, que jamas sintió estímulo de carne. Lo cuarto, que de ordinario no tenía ni sentía distracción en la oración y contemplación, la cual por la mayor parte tenía de rodillas sin arrimarse a nada. Lo quinto, que fue un dechado de obediencia, de humildad, de mortificación, de abstinencia, de prudencia, de devoción, de pureza.
     
En los últimos días de su vida tuvo un consuelo tan excesivo representándosele la gloria de los bienaventurados, que le pareció no haber durado un cuarto de hora habiendo durado casi toda la noche. En el mismo tiempo habiendo muerto el padre Ludovico Corbineli, y preguntándole yo qué juzgaba de aquella alma, él con gran resolución me respondió: Pasó solamente por el Purgatorio. Y conociéndole yo la condición y cuán considerado era en sus palabras, y el recato tan extraordinario que tenía para no afirmar lo que podía ser dudoso, tuve por cierto que lo había sabido por revelación; pero no le quise, apretar más por no darle ocasión de vanagloria. Otras muchas cosas pudiera decir que dejo por no asegurarme de mi memoria. En conclusión, yo tengo para mí que él se fue derecho al Cielo, y siempre tuve escrúpulo de rogar por su alma pareciéndome, que hacía injuria a la gracia de Dios que reconocí en ella; y al contrario jamás tuve escrúpulo de encomendarme á él, porque tengo gran confianza en sus oraciones.

V. R. me encomiende a nuestro Señor.
   
De palacio, a 17 de octubre de 1601.
   
De V. R.
   
Hermano afectísimo en Cristo,
Roberto card. Belarmino

lunes, 12 de junio de 2017

NOVENA EN HONOR DE SAN LUIS GONZAGA

Novena compuesta en italiano por un sacerdote de la Compañía de Jesús en Milán, y traducida al español por un devoto de San Luis Gonzaga. Con licencia otorgada por el obispo de Barcelona en 1844.
 
MODO DE REALIZAR LA NOVENA
  1. Empieza y continúa la Novena en gracia de Dios; confiésate si conoces que lo necesitas, y conclúyela con la santa Comunión.
  2. Se pone en cada día una meditación de la vida de San Luis Gonzaga, el fruto que se puede sacar, y una oracion al Santo. Puedes emplear devotamente un cuarto de hora, o por lo menos leerlo con cuidado.
  3. Después de este ejercicio rezarás seis veces el Padre Nuestro y Ave María con el Gloria Patri, en memoria de los seis años que San Luis Gonzaga vivió en religión, los que podrás aplicar por el alma del Purgatorio que fue mas devota de San Luis Gonzaga; como así mismo para alcanzar alguna gracia especial. Y luego dirás la oración que allí se pone para tomar al Santo por protector, con la antífona y oracion propia del Santo.
  4. Puedes hacer cada día dos visitas a algun altar de San Luis Gonzaga, o en tu casa a alguna imagen suya, rezándole cada vez doce Gloria Patri, que hacen en todo veinte y cuatro, que tantos fueron los años que San Luis Gonzaga vivió en la tierra.
  5. Oye devotamente cada día el santo sacrificio de la Misa, y mientras asistes a ella da gracias a la Santísima Trinidad por la gloria que ha dado a San Luis Gonzaga, y a este efecto podrás decir el Te Deum, o tres veces el Credo.
  6. Harás otra visita a la Santísima Vírgen María, saludándola tres veces con la Salve a honra de su triplicada virginidad. Puedes considerar que te hallas a los pies de la devota imagen de nuestra Señora del Buen Consejo, así llamada porque dio a San Luis Gonzaga el consejo de entrar en la compañía de Jesús; y suplícale te sea maestra en la elección del estado que debes tomar. Y si ya le has elegido, que te enseñe el modo con que has de agradar a Dios en el estado que tienes.
    
NOVENA EN HONOR DE SAN LUIS GONZAGA
 
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrézcoos, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que los perdonaréis, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me dareis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y servicio hasta la muerte. Amén.
  
DÍA PRIMERO - 12 DE JUNIO
MEDITACIÓN: PUREZA Y CASTIDAD DE SAN LUIS GONZAGA
Considera que San Luis Gonzaga conservó ileso hasta la muerte el lirio de su virginal inocencia. A don tan excelente concurrió el Cielo con un raro privilegio, porque le eximió de todo estímulo de la carne y de todo pensamiento impuro, de suerte que, como afirma la sagrada Rota, Luis debe por esto llamarse Ángel: «Númquam stímulum carnis in córpore passus est, nec cogitatiónem ullam in mente impúram hábuit. Mérito ígitur Alóysim Angélicus dici potest, qui angélicam puritátem hábuit». Luis correspondió a estas misericordias de Dios observando una guarda exactísima de sus sentidos, y consagrando con voto su virginidad a Jesús y María, cuando tenía solos nueve años de edad.
 
FRUTO
Coteja la pureza de este Ángel con tu vida, y confúndete detestando tus pasados desaciertos. Guarda con cuidado la castidad propia de tu estado, y ponla bajo del patrocinio de Santa María y de San Luis Gonzaga, con firme voluntad de evitar toda sombra de culpa, y de peligro en tal materia.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO
Angélico joven San Luis Gonzaga, suplícoos que desde el Cielo, en donde ya vivís glorioso en el coro de los vírgenes, miréis con piedad por mí, que vivo entre tantos peligros de perder la pureza. Alcanzadme con vuestra intercesión, que en adelante todos mis pensamientos, palabras y obras respiren candor de virtud, de tal suerte que no desagraden al Rey y a la Reina de las vírgenes, Jesus y María. Amén.
 
Aquí rezarás seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Luego pedirás al Santo el favor que más deseas.
 
CONSAGRACIÓN A SAN LUIS GONZAGA
Oh gloriosísimo San Luis Gonzaga, lirio de pureza, espejo de modestia y Ángel en las costumbres: mirad, Santo mío, que yo os escojo por mi especial abogado y protector en el negocio de mi salvación eterna. Sed vos el director de mi vida y el ejemplar de mis acciones. Defended de toda impureza mis sentidos, mi entendimiento y mi corazon, que yo desde ahora por vuestra mano los entrego todos a mis dulcísimos amores Jesús y María. Sed siempre mi ángel de guarda en todos los peligros y tentaciones, y no me desamparéis jamás, ni en vida, ni en muerte. Amén.
 
GOZOS EN HONOR DEL ÁNGEL JESUITA SAN LUIS GONZAGA
 
Ejemplar de perfeccion,
De toda virtud modelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
   
De Gonzaga en noble cuna
Fue Castellón vuestro oriente,
Que en Vos nobleza eminente
Con la santidad se aduna:
De la gracia en posesion
Entráis antes que del suelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
   
«Jesus, María» dijeron
Luego al hablar vuestros labios,
Que nunca en ellos resabios
De otro lenguage cupieron:
A Dios diste el corazón
Desde niño sin recelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
   
Siempre a más favor aspira
La virtud de vuestro pecho,
Que publicó con despecho
El padre de la mentira:
Burla de la noche el hielo
Vuestra alta contemplación.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
   
Cuando rendido en la cama
Estábais al dulce sueño
Os respetó como dueño
La actividad de la llama:
Os libró del agua el Cielo
Atento a vuestra oración.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
  
Aunque como ángel voláis
De la virtud a la altura,
Por cilicio a la cintura
Espuelas os aplicáis;
Alas vuestro corazón,
Tiene para tanto vuelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
  
Siendo niño, a María ofrecísteis
Con voto virginidad,
Y de cualquier liviandad
A la menor sombra huísteis:
Con todo, en la confesión
Surcais mar de llanto y duelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
   
De ángeles por el sustento
Anhelais con tal deseo,
Que os le dio el gran Borromeo
Con indecible contento;
Se os abrasó el corazon
Hecho un Etna, un Mongibelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
  
De la juventud espejo,
Para que fueseis un día,
Os llamó a la compañía
La Virgen del Buen Consejo:
Buscásteis la religión
Con ansias, afan y anhelo:
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
  
Con angélico recato,
Del mundo ya retirado,
Aun desde el noviciado,
Con Dios solo es vuestro trato:
Absorto en contemplación
Érais de ángeles modelo:
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
  
En las ciencias Querubín
Luego os mostráis estudiando,
Y al Dios de amor contemplando
Sois teólogo Serafín:
Toma el cielo por blasón
Sacaros luego del suelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
    
De dolencias la Piscina
Ángel de vida os publica,
Vuestro poder multiplica
Aceite, vino y harina:
De ajenas deudas razón
Dais con dinero del cielo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
    
Mayor en lo celestial
Es aún vuestra asistencia;
Quien de virtud pida ciencia
Seguro tiene el caudal:
Milagros de devoción
Son fruto de vuestro celo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
   
Ejemplar de perfeccion,
De toda virtud modelo.
Sed en todo desconsuelo,
Luis Gonzaga, nuestro patrón.
   
Antífona: Lo hicisteis poco inferior a los Ángeles, y le coronásteis de gloria y honor.
℣. Rogad por nosotros, bienaventurado San Luis Gonzaga.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
 
ORACIÓN
Oh Dios, dispensador de los dones celestiales, que habéis unido en el angélico Luis, una admirable inocencia de vida con un gran espíritu de mortificación, haced, por sus méritos y oraciones, que, si no hemos imitado su pureza, por lo menos imitemos su penitencia. Por J. C. N. S. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 13 DE JUNIO
Por la señal ✠...
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN: PUREZA DE CONCIENCIA DE SAN LUIS GONZAGA
Considera que San Luis Gonzaga, aunque inocentísimo y virgen, se tuvo por gran pecador. Un pequeño hurto de una poca polvora y una palabra menos compuesta sin saber lo que se decía, antes del uso de razón, fueron los grandes pecados que cometió en todo el discurso de su vida. Y con todo Luis los lloró como excesos enormísimos, hasta desmayarse de dolor. No tuvo en algún tiempo otras culpas mas graves que le pudiesen hacer reo en el tribunal de la penitencia. Vivía con tal pureza de conciencia y tan lejos de todo defecto, que el cardenal Belarmino, su confesor, discurrió haber sido Luis con rarísimo privilegio confirmado en gracia.
  
FRUTO
Repasa en tu pensamiento los pecados que has cometido, que serán bien diferentes en la cualidad y en el número, de los pecados de Luis. Haz reflexión sobre si tienes algún remordimiento de no haberlos declarado bien al confesor. Duélete frecuentemente, por ser ofensas cometidas contra un Dios dignísimo de ser amado. Repite con David a Dios: «Contra Vos solo he pecado, y a vuestra vista cometí la maldad» (Salmo L, 4).
 
ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO
Angélico joven San Luis Gonzaga, moveos a compasión de mi pobre alma, rea de tantas y tan graves culpas. Alcanzadme luz para conocer la cantidad y gravedad de ellas, y espíritu para detestarlas con aquella perfecta contrición que Vos tuvísteis de culpas tan ligeras. Yo junto mi dolor y propósito con el vuestro, y sólo me pesa de haber pecado, porque ofendí a un Dios de infinita bondad. Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días. 
  
DÍA TERCERO - 14 DE JUNIO
Por la señal ✠...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: PENITENCIA DE SAN LUIS GONZAGA
Considera que al paso que San Luis Gonzaga se creyó un gran pecador, se trató tambien como tal con asperísima vida. Sus ayunos fueron tan rigurosos que se tuvo por gran milagro pudiese sustentarse con tan corto alimento. De tierna edad, y en las cortes tomaba disciplina de sangre muchas veces en la semana, y después algunas veces al dia. Ceñía sus costados con espuelas de caballo, y tormentaba su cuerpo; aun en el tiempo de descanso, con tal pedazos de tabla que ponia bajo la sábana, y le interrumpía el sueño. Por eso la santa Iglesia admirando la rara union de tanta inocencia con tanta penitencia, hace mencion de ella en la oracion del Santo que arriba se puso.
 
FRUTO
Aunque tuvieses la inocencia de Luis, no debías omitir la penitencia exterior, diciendo San Pablo que los que son de Cristo, han de crucificar su carne: «Qui Christi sunt, carnem suam crucifixérunt». (Gálatas V, 24) ¿Cuánto más deberá abrazar la penitencia el que es pecador? Mira qué debieras tú hacer, y qué es lo que haces. El que ha pecado es reo, y merece castigo. Oye a San Bernardo, que te dice «Si bien lo piensas dirás conmigo: reo es de muerte; sea crucificado» (Certe si recto sentis, mecum dices: reus est mortis; crucifígátur).
  
ORACIÓN PARA EL DÍA TERCERO
Angélico joven San Luis Gonzaga, yo debiera ejercitarme en aquellas austeridades tau grandes, con que Vos martirizásteis vuestra inocencia. Con todo, bien sabéis vos cuánto busqué mi amor propio, las delicias, huyendo del padecer. Suplícoos, oh gran Santo, me alcancéis de Jesús crucificado el espíritu de penitencia que corresponde a tantas maldades como he cometido. Por lo menos conseguidme que yo abrace con resignacion y lleve con paciencia aquellas cruces que el Cielo me envía para mi espiritual provecho. Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 15 DE JUNIO

Por la señal ✠...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: MODESTIA DE SAN LUIS GONZAGA
Considera que el nombre amabilísimo de ángel, que a San Luis Gonzaga dio la Sagrada Rota, se lo confirmó la santa Iglesia, diciendo en su oficio, que con razon le llamaron Ángel en carne: «Homo sine carne, aut Ángelus in carne mérito appellátus» (Lección III de máitines) Este nombre se adquirió con su rara modestia cuando niño, jamás dejó ver al ayuda de cámara que lo vestía, sino las puntas de los pies. Palabras impuras, como entendiese el significado, ni salieron jamas de sus labios virginales, ni sufrió que otro las dijese en su presencia. Se cree que no viese jamas rostro de mujer, pues ni miró á la cara de la emperatriz cuando la servía; ni fijó los ojos en la de su misma madre. Tuvo por fin horror, siendo niño, de besar aún la sombra de una niña, y no le pudieron hacer consentir en ello.
 
FRUTO
Examina tu interior, y mira cómo observas el precepto del Apóstol: «Vuestra modestia sea manifiesta a todos» (Filipenses IV, 5). Palabras impuras, miradas libres, señas indecentes, pinturas inmodestas, vanidades escandalosas, son pecados y origen de pecados. Cuando Luis llegaba a alguna conversación, luego se desvanecía toda sombra de inmodestia: tanto era el respeto que se tenía a este Ángel en carne. El que quiera agradar a San Luis Gonzaga, respire modestia en todas las cosas.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA CUARTO
Angélico joven San Luis Gonzaga: yo, vuestro indignísimo siervo, quiero haceros una promesa que será muy de vuestro agrado. Yo os ofrezco mis cinco sentidos, y singularmente los ojos, oidos y lengua, para que los defendáis de toda fealdad. Ea pues, oh celestial modelo de modestia, suplícoos que hagáis con vuestro ejemplo y con vuestro patrocinio, que yo venga a ser una viva copia vuestra, de tal suerte que todos conozcan de mi vivir modestísimo, que yo soy un verdadero devoto vuestro. Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO - 16 DE JUNIO

Por la señal ✠...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: EL AMOR A DIOS QUE TUVO SAN LUIS GONZAGA
Considera que el amor de Dios es el que hace los santos; y tanto es uno más Santo, cuanto más rico está de tan precioso amor. Luis amó a Dios luego, siempre y ardentísimamente, de donde, en el breve curso de su vida, llegó a una sublimísima santidad. Él mismo confesó que empezó a amar a Dios al primer uso de razon, añadiendo: «Y de esto estoy mas que cierto». Toda su vida fue una continua unión con Dios, y aún en las cortes pasaba extático muchas horas cada día en oracion. Siendo secular le dijo Luis a un sacerdote: «¡Oh Dios! Quisiera saber amar a Dios con aquel fervor que merece tan gran Majestad». Se dice en su vida, que escribió un confesor suyo, que el alma y potencias de Luis estaban llenas todas de Dios.
 
FRUTO
El alma de San Luis Gonzaga estaba llena del amor de Dios: tu alma, ¿quién sabe? ¡Que no esté llena de amor propio! El primero te introduce en el Paraíso; el segundo te precipita al Infierno. Estos dos amores no pueden estar juntos, y de donde está el uno, se aparta el otro. Renueva en tí los conjuros del santo Bautismo, diciendo: «Sal de mí, espíritu inmundo, y da lugar al Espíritu Santo» (Exi a me immúnde spíritus, et de locum Spíritui Sancto) y ahuyéntalo luego, si acaso le tuvieses, con un perfecto amor de Dios.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA QUINTO
Angélico joven San Luis Gonzaga, en esta novena deseo abrasarme en vuestra hermosa llama. Suplícoos que hagáis que yo ame a Dios con todo mi corazon: esta es la gracia que mas nos debe importar a mí y a Vos, Santo mío. Si yo parto de este mundo privado del amor de Dios, habemos de ser enemigos para siempre. Ea, pues, no dejéis, ¡oh Luis!, que entre nosotros suceda tan dura separación. He aquí pues, mi firme resolución en vida y en muerte, sea vuestro el cuidado de que no se mude. Yo os amo, oh mi Dios, con todo mi corazon; os amo, Señor, mi todo, por vuestra suma bondad. «Dios mio, mi todo, sobre todas las cosas, y en todas las cosas; concededme, ¡oh Señor!, que os ame» (San Agustín). Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO - 17 DE JUNIO

Por la señal ✠...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: LA CARIDAD QUE CON EL PRÓJIMO TUVO SAN LUIS GONZAGA
Considera que el amor de Dios no puede estar separado del amor del prójimo, y en estos dos amores consiste toda la santidad (cf. Mateo XXII, 40), Fue en San Luis Gonzaga el amor del prójimo igualmente fino al que tuvo a Dios. De tal fineza de amor dio grandes pruebas en vida, y despues ya glorioso en el Cielo. Desde niño se ejercitaba en enseñar la doctrina cristiana a los ignorantes: Por amor de sus prójimos eligió la Compañía de Jesús, como destinada toda a sus medras espirituales. La caridad de Luis para con los pobrecitos y enfermos llegó a lo sumo, hasta constituirle mártir; pues le vino la muerte por servir a los enfermos de mal contagioso. Hállase ya bienaventurado en el Cielo, y con todo parece que esté aun conversando entre nosotros repartiendo continuamente a sus devotos todo genero de gracias, hasta multiplicar vino, aceite, harina y otras cosas comestibles para el mantenimiento de pobres personas.
 
FRUTO
Continuas son las ocasiones de ejercitar la caridad con el prójimo: en casa con tus domesticos, fuera de ella con los enfermos, con los atrabajados y pobres. Si mandas, si sirves, si haces viaje, en todo se te presenta la caridad para hacerte observar el gran precepto del Redentor, que nos manda amarnos mutuamente como él nos amó: «Hoc est præcéptum meum: ut diligátis ínvicem, sicut diléxi vos» (Juan XV, 12). Mira cómo te portas tocante a odios y rencores, malas voluntades y diferencias. San Luis Gonzaga puso paz entre su hermano y el duque de Mantúa. En semejantes casos acude al Santo por consejo, y experimentarás maravillas.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SEXTO
Angélico joven San Luis Gonzaga, todas vuestras virtudes son amables y admirables. Pero la mayor y más ventajosa para mí es vuestra amabilísima caridad, y el afán que tenéis en ayudarnos. Yo protesto que soy uno de vuestros prójimos: miserable sí, mas en fin soy vuestro, y por título especial de haberos elegido por mi protector: cuanto más me hallo menesteroso, tanto más dilatado campo se le abre a vuestra caridad para beneficiarme. Algún tiempo dijo Dios en presencia de vuestra gran devota Arsilia Alíssimi: pide y otorga. Pedid pues para mí a Dios, y otorgadme aquellas gracias que juzguéis más convenientes a mi eterna salud. Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 18 DE JUNIO

Por la señal ✠...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: VOCACIÓN DE SAN LUIS GONZAGA
Considera que a un ángel tan puro y fervoroso como San Luis Gonzaga se le debía habitacion más propia que la del siglo. La Madre de Dios le llamó al estado religioso, y le aconsejó que entrase en la Compañía de Jesús. Para obtener Luis de su padre la licencia de dejar el mundo, ¡cuántas lágrimas y sangre derramó! Alcanzada finalmente esta licencia, y renunciado el marquesado de Castellón a favor de su hermano Rodolfo, partió Luis a Roma para constituirse hijo del patriarca San Ignacio. Jamás hubo alguno que se alegrase tanto de adquirir un principado, como el Santo de dejarlo. El sacrificio que don Ferrante hizo a Dios de un hijo tan digno, le valió una tranquilísima y santa muerte.
 
FRUTO
No dejes de hacer gran caso de las divinas inspiraciones, pues de despreciar una sola, puede depender tu eterna ruina. Si ya has tomado estado, mira si satisfaces enteramente a tus obligaciones. Las omisiones pueden ser también culpa grave. Haz reflexión, que la eleccion del estado, si aun no lo has elegido, es uno de los mayores negocios que puede tener una alma cristiana; piénsalo bien, y encomiéndalo a Dios, diciéndole: «Señor, ¿qué queréis que haga?» (Actas IX, 6) El padre, o el que tiene su lugar, guárdese de oponerse por fines humanos a la vocación religiosa de las personas que le están sujetas.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SÉPTIMO
Angélico joven San Luis Gonzaga, propio es de ángeles el traernos las divinas inspiraciones. Sed pues, vos, mi ángel mensajero de la divina voluntad; pedid a Dios qué es lo que quiere de mi, y alcanzadme con vuestros ruegos, que yo entienda bien la voluntad del Criador; y entendida, la ejecute con presteza y fervor. Sí, Dios mio, así os lo suplico juntamente con vuestro siervo y mi hermano San Luis: «Enséñame a hacer tu voluntad (Salmo CXLII, 10). Hágase tu voluntad, así en la tierra, como en el cielo». Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO - 19 DE JUNIO

Por la señal ✠...
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN: MUERTE SANTA DE SAN LUIS GONZAGA
Considera que en el año sexto de su vida religiosa, y en el vigésimocuarto de su edad murió San Luis Gonzaga, correspondiendo su felicísimo tránsito a su santísima vida. Por servir a los enfermos de contagio, enfermó, y murió mártir de la caridad, ya que no lo había sido de la fe, como tanto había deseado. Duró tres meses su dolorosa enfermedad, y fueron para nosotros una escuela celestial de paciencia, de humildad, de union con Dios, y de todas las virtudes. Predijo el día y la hora de su trance, y después de haber pedido y recibido muchas veces los santos Sacramentos, besando las llagas de un crucifijo, y repitiendo los dulcísimos nombres de Jesus y María, expiró, comprobando por el hecho lo que dice el Espíritu Santo, que el que vive justo, muere bienaventurado: «Beáti mórtui, qui in Dómino moriúntur» (Apocalipsis XIV, 13).
 
FRUTO
El que bien vive, bien muere; y «el que vive mal, muere pésimamente» (Salmo XXXIII, 22). En qué consista el bien vivir y el bien morir, puedes aprenderlo de San Luis Gonzaga, que con su inocencia y penitencia te enseña los dos únicos caminos para vivir y morir santamente. Da una vista por tu alma, que tal vez en breve estará de partida para el otro mundo; y con una exacta confesion, y con actos fervorosos de fe, esperanza y caridad, ponla en aquel estado que quisieras al punto de tu muerte. Toma a San Luis Gonzaga por abogado para aquel terrible momento, del cual pende la eternidad, y suplícale que muera tu alma con la muerte de los justos.
   
ORACIÓN PARA EL DÍA OCTAVO
Angélico joven San Luis Gonzaga, si me queréis, esta es la gracia que me habréis de alcanzar por complemento y corona de todas las demás, y que con el corazon en los labios os pido. Suplícoos me libréis de mala muerte; haced que yo acabe mis dias en gracia de Dios, prevenido con los santos Sacramentos, y que mis últimas voces sean Jesus y María. Asistid, ¡oh gran Santo!, a mis agonías; no dejéis que me venza el enemigo. Si vos, oh Luis, os empeñáis en protegerme en los últimos alientos de mi vida, espero que la he de acabar como Vos, diciendo a mi Jesús: «En vuestras manos, Señor, encomiendo mi espíritu». Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 20 DE JUNIO
Por la señal ✠...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: GLORIA QUE TIENE SAN LUIS GONZAGA EN EL CIELO
Considera que Luis ha muerto, y se ha verificado en él el divino oráculo: «Llevármelo he, y glorificarlo he» (Salmo XC, 15). Le ha glorificado el Altísimo en el Cielo y en la tierra. Cuanta gloria posea en el cielo San Luis Gonzaga, lo publicó en aquel maravilloso éxtasis que tuvo Santa María Magdalena de Pazzi, diciendo: «¡Oh, qué gloria tiene Luis, hijo de Ignacio! Me parece, a modo de decir, que no pueda haber tanta gloria en el cielo, como la que veo que posee Luis». A demas de esto, cuanto guste Dios de glorificar en la tierra a este angélico joven, para comprehenderlo bien, basta leer su vida, visitar sus altares, y reparar en tantos y tan estupendos milagros que obra el Señor a la invocacion de este gran Siervo suyo. De suerte que, como pronunciaron los auditores de la sagrada Rota: «Resplandece por todo el mundo la santidad de este Angélico jóven confirmada con gloriosísimas maravillas».
   
FRUTO
Debes singularmente despertar en ti dos afectos al considerar a San Luis Gonzaga tan glorioso en el cielo y en la tierra. El primero de esperanza de ser tú algun día participante de aquella bienaventurada eternidad que el Santo posee. El paraíso se hizo tambien para ti, y entrarás sin falla en él si emprendes firmemente el imitar las virtudes de San Luis Gonzaga. El segundo afecto ha de ser de una tierna confianza en el Santo, que merece tanto para con Dios, y es tan amante de ayudarnos en todas nuestras necesidades, así espirituales, como temporales, como lo demuestra la experiencia.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA NOVENO
Angélico joven San Luis Gonzaga, me alegro con vos de la gloria a que os ha elevado la Majestad divina en premio de vuestra santísima vida. Rindo gracias al Criador de haberos glorificado tan altamente en el Cielo y en la tierra. Espero que con vuestra ayuda he de ser compañero vuestro en el paraíso, y a fin de que esta esperanza mia sea bien fundada, suplícoos, Santo mío, que seais mi ángel protector; concededme que yo viva angélicalmente, para que en vuestra compañía todos vuestros devotos y yo, salvándonos por vuestra intercesion, bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y le alabemos, y ensalcemos por siempre jamás. Amén.
 
Seis veces el Padre Nuestro, con el Ave María, y Gloria Patri. Pide al Santo el favor que más deseas. La consagración y los gozos se rezarán todos los días.

lunes, 21 de junio de 2010

SAN LUIS GONZAGA, CONFESOR

Os conjuro, hermanos, por la misericordia de Dios,
a que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios.
(Romanos 12, 1)

San Luis Gonzaga
San Luis Gonzaga, nació el 9 de marzo, de 1568, en el castillo de Castiglione delle Stivieri, en la Lombardia. Hijo mayor de Ferrante, marqués de Chatillon de Stiviéres en Lombardia y príncipe del Imperio y Marta Tana Santena (Doña Norta), dama de honor de la reina de la corte de Felipe II de España, donde también el marqués ocupaba un alto cargo. La madre, habiendo llegado a las puertas de la muerte antes del nacimiento de Luis, lo había consagrado a la Santísima Virgen y llevado a bautizar al nacer. Por el contrario, a don Ferrante solo le interesaba su futuro mundano, que fuese soldado como el.

La Casa de Gonzaga (cuyas armas vemos arriba) era una de las más distinguidas en la Italia del siglo XVI

Desde que el niño tenía cuatro años, jugaba con cañones y arcabuces en miniatura y, a los cinco, su padre lo llevó a Casalmaggiore, donde unos tres mil soldados se ejercitaban en preparación para la campaña de la expedición española contra Túnez. Durante su permanencia en aquellos cuarteles, que se prolongó durante varios meses, el pequeño Luis se divertía en grande al encabezar los desfiles y en marchar al frente del pelotón con una pica al hombro.

En cierta ocasión, mientras las tropas descansaban, se las arregló para cargar una pieza de la artillería, sin que nadie lo advirtiera, y dispararla, con la consiguiente alarma en el campamento. Rodeado por los soldados, aprendió la importancia de ser valiente y del sacrificio por grandes ideales, pero también adquirió el rudo vocabulario de las tropas. Al regresar al castillo, las repetía cándidamente. 

Su tutor lo reprendió, haciéndole ver que aquel lenguaje no sólo era grosero y vulgar, sino blasfemo. Luis se mostró sinceramente avergonzado y arrepentido de modo que, comprendiendo que aquello ofendía a Dios, jamás volvió a repetirlo.

Apenas contaba siete años de edad cuando experimentó lo que podría describirse mejor como un despertar espiritual. Siempre había dicho sus oraciones matinales y vespertinas, pero desde entonces y por iniciativa propia, recitó a diario el oficio de Nuestra Señora, los siete salmos penitenciales y otras devociones, siempre de rodillas y sin cojincillo.  Su propia entrega a Dios en su infancia fue tan completa que, según su director espiritual, San Roberto Belarmino, y tres de sus confesores, nunca, en toda su vida, cometió un pecado mortal. 

San Roberto Belarmino, tutor de San Luis Gonzaga

En 1577 su padre lo llevó con su hermano Rodolfo a Florencia, Italia, dejándolos al cargo de varios tutores, para que aprendiesen el latín y el idioma italiano puro de la Toscana. Cualesquiera que hayan sido sus progresos en estas ciencias seculares, no impidieron que Luis avanzara a grandes pasos por el camino de la santidad y, desde entonces, solía llamar a Florencia, "la escuela de la piedad". 

Un día que la marquesa contemplaba a sus hijos en oración, exclamó: «Si Dios se dignase escoger a uno de vosotros para su servicio, "¡qué dichosa sería yo!". Luis le dijo al oído: «Yo seré el que Dios escogerá.». Desde su primera infancia se había entregado al la Santísima Virgen. A los nueve años, en Florencia, se unió a Ella haciendo el voto de virginidad. Después resolvió hacer una confesión general, de la que data lo que él llama «su conversión». 

A los doce años había llegado al más alto grado de contemplación. A los trece, el obispo San Carlos Borromeo, al visitar su diócesis, se encontró con Luis, maravillándose de que en medio de la corte en que vivía, mostrase tanta sabiduría e inocencia, y le dio él mismo la primera comunión.

Obligado por su rango a presentarse con frecuencia en la corte del gran ducado, se encontró mezclado con aquellos que, según la descripción de un historiador, "formaban una sociedad para el fraude, el vicio, el crimen, el veneno y la lujuria en su peor especie". Pero para un alma tan piadosa como la de Luis, el único resultado de aquellos ejemplos funestos, fue el de acrecentar su celo por la virtud y la castidad. 

A fin de librarse de las tentaciones, se sometió a una disciplina rigurosísima. En su celo por la santidad y la pureza, se dice que llegó a hacerse grandes exigencias como, por ejemplo, mantener baja la vista siempre que estaba en presencia de una mujer. Sea cierto o no, hay que cuidarse de no abusar de estos relatos para crear una falsa imagen de Luis o de lo que es la santidad. No es extraño que en los primeros años, después de una seria desición por Cristo, se cometan errores al quererse encaminar por la entrega total en una vida diferente a la que lleva el mundo. El mismo fundador de los Jesuitas explica que en sus primeros años cometió algunos excesos que después supo equilibrar y encausar mejor.  Lo admirable es la disponibilidad de su corazón, dispuesto a todo para librarse del pecado y ser plenamente para Dios. Además, hay que saber que algunos vicios e impurezas requieren grandes penitencias.  San Luis quiso, al principio, imitar los remedios que leía de los padres del desierto. 

Algunos hagiógrafos nos pintan una vida del santo algo delicada que no corresponde a la realidad. Quizás, ante un mundo que tiene una falsa imagen de ser hombre, algunos no comprenden como un joven varonil pueda ser santo. La realidad es que se es verdaderamente hombre a la medida que se es santo. Sin duda a Luis le atraían las aventuras militares de las tropas entre las que vivió sus primeros años y la gloria que se le ofrecía en su familia, pero de muy joven comprendió que había un ideal mas grande y que requería mas valor y virtud.
 
Hacía poco más de dos años que los jóvenes Gonzaga vivían en Florencia, cuando su padre los trasladó con su madre a la corte del duque de Mántua, quien acababa de nombrar a Ferrante gobernador de Montserrat. Esto ocurría en el mes de noviembre de 1579, cuando Luis tenía once años y ocho meses. En el viaje Luis estuvo a punto de morir ahogado al pasar el río Tessin, crecido por las lluvias. La carroza se hizo pedazos y fue a la deriva. Providencialmente, un tronco detuvo a los náufragos. Un campesino que pasaba vio el peligro en que se hallaban y les salvó.

Una dolorosa enfermedad renal que le atacó por aquel entonces, le sirvió de pretexto para suspender sus apariciones en público y dedicar todo su tiempo a la plegaria y la lectura de la colección de "Vidas de los Santos" por Surius. Pasó la enfermedad, pero su salud quedó quebrantada por trastornos digestivos tan frecuentes, que durante el resto de su vida tuvo dificultades en asimilar los diarios alimentos. 

Otros libros que leyó en aquel período de reclusión son Las cartas de Indias, sobre las experiencias de los misioneros jesuitas en aquel país, le suscitó la idea de ingresar en la Compañía de Jesús a fin de trabajar por la conversión de los herejes y Compendio de la doctrina espiritual de fray Luis de Granada. Como primer paso en su futuro camino de misionero, aprovechó las vacaciones veraniegas que pasaba en su casa de Castiglione para enseñar el catecismo a los niños pobres del lugar. 

En Casale-Monferrato, donde pasaba el invierno, se refugiaba durante horas enteras en las iglesias de los capuchinos y los barnabitas; en privado comenzó a practicar las mortificaciones de un monje: ayunaba tres días a la semana a pan y agua, se azotaba con el látigo de su perro, se levantaba a mitad de la noche para rezar de rodillas sobre las losas desnudas de una habitación en la que no permitía que se encendiese fuego, por riguroso que fuera el tiempo.

Fue inútil que su padre le combatiese en estos deseos. En la misma corte, Luis vivía como un religioso, sometiéndose a grandes penitencias.  A pesar de que ya había recibido sus investiduras de manos del emperador, mantenía la firme intención de renunciar a sus derechos de sucesión sobre el marquesado de Castiglione en favor de su hermano.
 
En 1581, se dio a Ferrante la comisión de escoltar a la emperatriz María de Austria en su viaje de Bohemia a España. La familia acompañó a Ferrante y, al llegar a España, Luis y su hermano Rodolfo fueron designados pajes de Don Diego, príncipe de Asturias. A pesar de que Luis, obligado por sus deberes, atendía al joven infante y participaba en sus estudios, nunca omitió o disminuyó sus devociones. 

Cumplía estrictamente con la hora diaria de meditación que se había prescrito, no obstante que para llegar a concentrarse, necesitaba a veces varias horas de preparación. Su seriedad, espiritualidad y circunspección, extrañas en un adolescente de su edad, fueron motivo para que algunos de los cortesanos comentaran que el joven marqués de Castiglione no parecía estar hecho de carne y hueso como los demás.
 
El día de la Asunción del año 1583, en el momento de recibir la sagrada comunión en la iglesia de los padres jesuitas, de Madrid, oyó claramente una voz que le decía: «Luis, ingresa en la Compañía de Jesús.»

La vocación de San Luis Gonzaga se dirigía a una meta: la Compañía de Jesús ("Sagrado Corazón de Jesús con San Ignacio de Loyola y San Luis Gonzaga", anónimo fechado en 1770 en neoclásico de la Nueva España)
 
Primero, comunicó sus proyectos a su madre, quien los aprobó en seguida, pero en cuanto ésta los participó a su esposo, este montó en cólera a tal extremo, que amenazó con ordenar que azotaran a su hijo hasta que recuperase el sentido común. A la desilusión de ver frustrados sus sueños sobre la carrera militar de Luis, se agregaba en la mente de Ferrante la sospecha de que la decisión de su hijo era parte de un plan urdido por los cortesanos para obligarle a retirarse del juego en el que había perdido grandes cantidades de dinero. 

De todas maneras, Ferrante persistía en su negativa hasta que, por mediación de algunos de sus amigos, accedió de mala gana a dar consentimiento provisional. La temprana muerte del infante Don Diego vino entonces a librar a los hermanos Gonzaga de sus obligaciones cortesanas y, luego de una estancia de dos años en España, regresaron a Italia en julio de 1584.

Al llegar a Castiglione se reanudaron las discusiones sobre el futuro de Luis y éste encontró obstáculos a su vocación, no sólo en la tenaz negativa de su padre, sino en la oposición de la mayoría de sus parientes, incluso el duque de Mántua. Acudieron a parlamentar eminentes personajes eclesiásticos y laicos que recurrieron a las promesas y las amenazas a fin de disuadir al muchacho, pero no lo consiguieron. 

Ferrante hizo los preparativos para enviarle a visitar todas las cortes del norte de Italia y, terminada esta gira, encomendó a Luis una serie de tareas importantes, con la esperanza de despertar en él nuevas ambiciones que le hicieran olvidar sus propósitos. Pero no hubo nada que pudiese doblegar la voluntad de Luis. Luego de haber dado y retirado su consentimiento muchas veces, Ferrante capituló por fin, al recibir el consentimiento imperial para la transferencia de los derechos de sucesión a Rodolfo y escribió al padre Claudio Aquaviva, general de los jesuitas, diciéndole: «Os envío lo que más amo en el mundo, un hijo en el cual toda la familia tenía puestas sus esperanzas.»

Inmediatamente después, Luis partió hacia Roma y, el 25 de noviembre de 1585, ingresó al noviciado en la casa de la Compañía de Jesús, en Sant'Andrea. Acababa, de cumplir los dieciocho años. Al tomar posesión de su pequeña celda, exclamó espontáneamente: "Este es mi descanso para siempre; aquí habitaré, pues así lo he deseado" (Salmo cxxxi-14). Sus austeridades, sus ayunos, sus vigilias habían arruinado ya su salud hasta el extremo de que había estado a punto de perder la vida. 

Sus maestros habían de vigilarlo estrechamente para impedir que se excediera en las mortificaciones. Al principio, el joven tuvo que sufrir otra prueba cruel: las alegrías espirituales que el amor de Dios y las bellezas de la religión le habían proporcionado desde su más tierna infancia, desaparecieron.

Seis semanas después murió Don Fernante. Desde el momento en que su hijo Luis abandonó el hogar para ingresar en la Compañía de Jesús, había transformado completamente su manera de vivir.  El sacrificio de Luis había sido un rayo de luz para el anciano.

No hay mucho más que decir sobre San Luis durante los dos años siguientes, fuera de que, en todo momento, dio pruebas de ser un novicio modelo. Al quedar bajo las reglas de la disciplina, estaba obligado a participar en los recreos, a comer más y a distraer su mente. Además, por motivo de su salud delicada, se le prohibió orar o meditar fuera de las horas fijadas para ello: Luis obedeció, pero tuvo que librar una recia lucha consigo mismo para resistir el impulso a fijar su mente en las cosas celestiales. 

Por consideración a su precaria salud, fue trasladado de Milán para que completase en Roma sus estudios teológicos. Sólo Dios sabe de qué artificios se valió para que le permitieran ocupar un cubículo estrecho y oscuro, debajo de la escalera y con una claraboya en el techo, sin otros muebles que un camastro, una silla y un estante para los libros. 

Luis suplicaba que se le permitiera trabajar en la cocina, lavar los platos y ocuparse en las tareas más serviles. Cierto día, hallándose en Milán, en el curso de sus plegarias matutinas, le fue revelado que no le quedaba mucho tiempo por vivir. Aquel anuncio le llenó de júbilo y apartó aún más su corazón de las cosas de este mundo. 

Durante esa época, con frecuencia en las aulas y en el claustro se le veía arrobado en la contemplación; algunas veces, en el comedor y durante el recreo caía en éxtasis. Los atributos de Dios eran los temas de meditación favoritos del santo y, al considerarlos, parecía impotente para dominar la alegría desbordante que le embargaba.

En 1591, atacó con violencia a la población de Roma una epidemia de fiebre. Los jesuitas, por su cuenta, abrieron un hospital en el que todos los miembros de la orden, desde el padre general hasta los hermanos legos, prestaban servicios personales. 

Luis iba de puerta en puerta con un zurrón, mendigando víveres para los enfermos. Muy pronto, después de implorar ante sus superiores, logró cuidar de los moribundos. Luis se entregó de lleno,  limpiando las llagas, haciendo las camas, preparando a los enfermos para la confesión. 

Luis contrajo la enfermedad. Había encontrado un enfermo en la calle y, cargándolo sobre sus espaldas, lo llevó al hospital donde servía. 

Pensó que iba a morir y, con grandes manifestaciones de gozo (que más tarde lamentó por el escrúpulo de haber confundido la alegría con la impaciencia), recibió el viático y la unción. Contrariamente a todas las predicciones, se recuperó de aquella enfermedad, pero quedó afectado por una fiebre intermitente que, en tres meses, le redujo a un estado de gran debilidad. 

Luis vio que su fin se acercaba y escribió a su madre: «Alegraos, Dios me llama después de tan breve lucha. No lloréis como muerto al que vivirá en la vida del mismo Dios. Pronto nos reuniremos para cantar las eternas misericordias.» En sus últimos momentos no pudo apartar su mirada de un pequeño crucifijo colgado ante su cama. 

En todas las ocasiones que le fue posible, se levantaba del lecho, por la noche, para adorar al crucifijo, para besar una tras otra, las imágenes sagradas que guardaba en su habitación y para orar, hincado en el estrecho espacio entre la cama y la pared. Con mucha humildad pero con tono ansioso, preguntaba a su confesor, San Roberto Belarmino, si creía que algún hombre pudiese volar directamente, a la presencia de Dios, sin pasar por el purgatorio. San Roberto le respondía afirmativamente y, como conocía bien el alma de Luis, le alentaba a tener esperanzas de que se le concediera esa gracia. 

En una de aquellas ocasiones, el joven cayó en un arrobamiento que se prolongó durante toda la noche, y fue entonces cuando se le reveló que habría de morir en la octava del Corpus Christi. Durante todos los días siguientes, recitó el "Te Deum" como acción de gracias.

Algunas veces se le oía gritar las palabras del Salmo: "Me alegré porque me dijeron: ¡Iremos a la casa del Señor!" (Salmo CXXI - 1). En una de esas ocasiones, agregó: "¡Ya vamos con gusto, Señor, con mucho gusto!" Al octavo día parecía estar tan mejorado, que el padre rector habló de enviarle a Frascati. Sin embargo, Luis afirmaba que iba a morir antes de que despuntara el alba del día siguiente y recibió de nuevo el viático. Al padre provincial, que llegó a visitarle, le dijo:

-¡Ya nos vamos, padre; ya nos vamos ...!
-¿A dónde, Luis?
-¡Al Cielo!
-¡Oigan a este joven! -exclamó el provincial- Habla de ir al cielo como nosotros hablamos de ir a Frascati.

Al caer la tarde, se diagnóstico que el peligro de muerte no era inminente y se mandó a descansar a todos los que le velaban, con excepción de dos. A instancias de Luis, el padre Belarmino rezó las oraciones para la muerte, antes de retirarse. El enfermo quedó inmóvil en su lecho y sólo en ocasiones murmuraba: "En Tus manos, Señor. . ." 

Entre las diez y las once de aquella noche se produjo un cambio en su estado y fue evidente que el fin se acercaba. Con los ojos clavados en el crucifijo y el nombre de Jesús en sus labios, expiró alrededor de la medianoche, entre el 20 y el 21 de junio de 1591, al llegar a la edad de veintitrés años y ocho meses. 

Los restos de San Luis Gonzaga se conservan actualmente bajo el altar de Lancellotti en la Iglesia de San Ignacio, en Roma.

Fue canonizado en 1726.

El Papa Benedicto XIII lo nombró protector de estudiantes jóvenes.

El Papa Pio XI lo proclamó patrón de la juventud cristiana.

Bibliografía:

  • Benedictinos, monjes de la abadía de San Agustin en Ramsgate. The Book of Saints. VI edition. Wilton: Morehouse Publishing, 1989
  • Butler, Vida de Santos, vol. IV.  México, D.F.: Collier’s International - John W. Clute, S.A., 1965.

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN LUIS GONZAGA 

I. El joven santo fue víctima del amor de Dios; le sacrificó su fortuna, abandonando su marquesado para entrar en la Compañía de Jesús, a pesar de los obstáculos que oponía su padre a su piadoso designio. ¿Estás acaso, retenido en el mundo por lazos tan fuertes como los suyos? Dios bien merece que dejes todo lo que tienes, para seguir su llamado y ganar su paraíso; deja todo, si no materialmente, por lo menos por el espíritu y la voluntad.

II. Sacrificó Luis su cuerpo a Dios por el voto de virginidad, que renovó al entrar en religión. Émulo de la pureza de los Ángeles, llevó la modestia hasta no poner nunca sus ojos en una mujer. Además, mortificó su cuerpo con rigurosa y continua penitencia. ¿Quieres consagrar tu cuerpo a Jesucristo como hostia viva y santa? Custodia tus sentidos, mortifícalos. La vida de un cristiano debe ser continuo martirio.

III. Consagró el santo su libertad a Dios por el voto de obediencia. Los honores que ahora recibe, en el cielo y en la tierra, son el precio de su voluntario abatimiento. El camino más seguro para ir al cielo es el de la obediencia. Obedece a tus superiores fielmente, prontamente, sin murmurar; a Jesucristo es a quien obedeces, Él es quien te recompensará. En fin, recuerda que no sólo los religiosos, sino también los cristianos deben ser víctimas que se inmolan sin cesar a Dios. Los cuerpos de los fieles son hostias de Dios, miembros de Cristo, templos del Espíritu Santo (San Agustín).

La castidad.
Orad por las órdenes religiosas.

ORACIÓN
Oh Dios, dispensador de los dones celestiales, que habéis unido en el angélico Luis, una admirable inocencia de vida con un gran espíritu de mortificación, haced, por sus méritos y oraciones, que, si no hemos imitado su pureza, por lo menos imitemos su penitencia. Por J. C. N. S. Amén.