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miércoles, 25 de septiembre de 2024

LAS LLAGAS DEL SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO

Sermón pronunciado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en la fiesta de la Impresión de las Sagradas Llagas del Seráfico Padre San Francisco de Asís (martes 17 de Septiembre de 2024).
   

domingo, 11 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA UNDÉCIMO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
   
   
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
11 DE AGOSTO – DÍA UNDÉCIMO DEL MES DE SAN DOMINGO: ENCUENTRO DE DOS SANTOS
   
PRELUDIO
Imaginemos a Domingo en éxtasis, con los ojos elevados hacia una visión que lo absorbe y parece deleitarlo en el tercer cielo.
            
PENSAMIENTOS
Es una fraternidad maravillosa que unió las dos grandes órdenes, levantadas por Dios, en el siglo XIII, para reformar la Iglesia y regenerar el mundo. Esta dulce unión tiene su origen en un acontecimiento milagroso en la vida de nuestro santo patriarca.

Una noche, mientras estaba orando, una visión se desarrolló ante sus ojos encantados. Sobre su cabeza vio aparecer la imagen de Jesucristo como suspendida en el aire. El rostro del Salvador estaba lleno de ira. En su mano sostenía tres flechas que parecía dispuesto a lanzar al mundo para castigarlo por su extrema perversidad. Pero María, reina del Santísimo Rosario, arrodillada ante su hijo, le presentó dos hombres, cuyo celo era convertir a los pecadores y apaciguar la ira divina. Dominique se reconoció en uno de estos hombres: el otro le era desconocido. Ahora bien, al día siguiente, habiendo entrado en una iglesia para orar, vio a este extraño, que le habían mostrado, bajo el humilde hábito de un mendigo, y reconociéndolo como su compañero y su hermano, corre hacia él, lo abraza, lo baña con sus lágrimas y le dice: «Tú eres mi compañero; Estarás conmigo: apoyémonos unos a otros, y nada prevalecerá contra nosotros». Tal fue, según los historiadores más serios, el origen de la amistad que unió a Francisco de Asís y Domingo de Guzmán, amistad que duró tanto como sus vidas. A partir de entonces tuvieron un solo corazón y una sola alma, aunque sus órdenes permanecieron separadas y cada uno trabajó por su cuenta en la gran tarea que la Providencia le había asignado. Un vínculo de caridad une todavía a las dos familias religiosas. «Creados juntos al servicio de la Santa Iglesia», dice el Beato Humberto, «sentía que Dios los había destinado desde toda la eternidad a la misma obra de salvar las almas.
           
PRÁCTICA: Cuidado con el exclusivismo, al que nos inclinamos con demasiada naturalidad, también en la religión, y honrar, a ejemplo de los santos, a todas las familias religiosas que trabajan, con la aprobación de la Iglesia, por la salvación del prójimo, mediante la oración o a través de la acción.

INVOCACIÓN: Seráfico San Francisco, Apostólico Santo Domingo, ¡rogad por nosotros!

CARACTERÍSTICA HISTÓRICA: La amistad de los Frailes Predicadores y los Frailes Menores.
«El abrazo de Domingo y Francisco se ha transmitido de generación en generación en las personas de su posteridad. Una franca amistad que une hoy día aún a ambas Órdenes de Predicadores y Menores. Se han encontrado en iguales oficios en todos los puntos del globo; han edificado sus conventos en los mismos lugares; han ido a mendigar a las mismas puertas; su sangre, derramada por Jesucristo, se ha mezclado mil veces en el mismo sacrificio y la misma gloria; han cubierto con su librea los hombros de príncipes y princesas, han poblado el Cielo con sus santos; sus virtudes, su poder, su fama, sus necesidades, se han aproximado sin cesar en todos los sitios, y nunca una sombra de celos ha empañado el cristal sin mácula de su amistad, seis veces secular. Se han esparcido juntos por el mundo, de la misma manera que se extienden y entrelazan las ramas gozosas de dos troncos parecidos en edad y fuerza; han adquirido y compartido el afecto de los pueblos, como dos hermanos gemelos reposan sobre el seno de su única madre; se han dirigido a Dios por los mismos caminos, como dos perfumes preciosos ascienden libremente hasta el mismo punto del cielo. Todos los años, cuando llega en Roma la fiesta de Santo Domingo, salen las carrozas del convento de Santa María de la Minerva, en donde reside el General de los dominicos, y van a buscar al convento de “Ara-Cœli” al General de los franciscanos. Este llega acompañado por gran número de sus hermanos. Los dominicos y franciscanos, reunidos en dos hileras se dirigen al altar mayor de la Minerva, y después de haberse saludado recíprocamente, los primeros van al coro; los últimos quedan en el altar para celebrar el oficio del amigo de su Padre. Sentados luego a la misma mesa, parten juntos el pan, que no les ha faltado nunca desde hace siglos; y una vez terminada la comida juntos, el cantos de los franciscanos y el de los dominicos entonan, en medio del refectorio, esta antífona: “El seráfico Francisco y apostólico Domingo nos han enseñado vuestra ley, ¡oh Señor!”. El cambio de estas ceremonias tiene lugar en el convento de “Ara-Cœli” cuando llega la fiesta de San Francisco; y lo mismo sucede en todo el mundo, allí en donde hay un convento de dominicos y un convento de franciscanos cercano uno al otro y que permitan a sus habitantes exteriorizar un signo visible del piadoso y hereditario amor que les une»» (Vida de Santo Domingo, por el padre Lacordaire).
          
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

jueves, 16 de enero de 2020

¿SAN FRANCISCO DE ASÍS PREDIJO AL “PAPA FRANCISCO”?

Traducción del artículo publicado por Christopher A. Ferrara en THE REMNANT.

  
A menudo los Tradicionalistas son ridiculizados por comentaristas neocatólicos por confiar en citas supuestamente apócrifas de Papas o Santos sobre la actual crisis eclesial. Pero estos críticos nunca demuestran que las citas son apócrifas; solamente aseguran que lo deben ser, porque parecen demasiado probatorias para ser verdad. Esto sucede frecuentemente en cajas de comentarios o respuestas a preguntas en línea en websites neocatólicos, donde el comentarista neocatólico profesa que no puede encontrar la fuente de determinada cita, significando que no se ha molestado en hacer alguna investigación seria más allá de unas pocas búsquedas en Google.
  
Tomar esta cita de Pío XII, por ejemplo, hablando en 1931 cuando todavía era Monseñor Pacelli, sirviendo como Secretario de Estado de Pío XI:
«Estoy preocupado por las confidencias de la Virgen a la pequeña Lucía de Fátima. Esta persistencia de Nuestra Señora ante el peligro que amenaza la Iglesia, es una advertencia divina contra el suicidio que representaría la alteración de la fe, en su liturgia, su teología y su alma
 
Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico!
   
Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: “¿Dónde le han puesto?”». 
Cuando citén este pasaje por primera vez, hace casi 17 años, fui contactado por una prominente luminaria neocatólica que demandó una fuente para ello, porque él y sus amigos creían que era “apócrifa”.  No recibí la cortesía de un gracias cuando le señalé las páginas 52-53 de la biografía de Pío XII por Mons. Georges Roche, Pie XII Devant L’Histoire (París: Éditions Robert Laffont, 1972), una obra francófona agotada que logré obtener luego de una extensa búsqueda de inventario de un vendedor de libros usados. Yo vi el original francés que confirma la precisión de la traducción inglesa antes de citar la declaración.
  
Un sacerdote modernista apóstata, un tal Émile Poulet, que dejó el sacerdocio y se casó, atentó poner en duda la credibilidad del relato de Mons. Roche sobre las palabras del futuro Pío XII. Poca sorpresa: Poulet, que murió en 2014 a los 94 años, pertenecía al movimiento de los “sacerdotes obreros” que fue condenado por nadie más que Pío XII, como lo noté aquí. Su atentado para refutar la cita involucró quisquillosidades sobre lo que afirmaba eran errores factuales en algún lugar de la biografía de Mons. Roche. Pero no tenía evidencia de que la cita fuera cuando mucho una invención. Simplemente deseaba que lo fuera.
  
Démosle a nuestros amigos neocatólicos otra cita “apócrifa” para descartar sin más. Esta pertenece a una sorprendente profecía por San Francisco de Asís sobre un futuro ocupante de la Cátedra de San Pedro:
«Poco antes de morir en 1226, el Santo Padre [San Francisco de Asís] reunió a los miembros de su orden y les advirtió sobre grandes tribulaciones que caerían sobre la Iglesia en el futuro, diciendo:
“Sed fuertes, mis hermanos, tomad fuerza y creed en el Señor. Se acerca rápidamente el tiempo en el que habrá grandes pruebas y tribulaciones; abundarán perplejidades y disensiones, tanto espirituales como temporales; la caridad de muchos se enfriará, y la malicia de los impíos se incrementará. Los demonios tendrán un poder inusual; la pureza inmaculada de nuestra Orden y de otras, se oscurecerá en demasía, ya que habrá muy pocos cristianos que obedecerán al verdadero Sumo Pontífice y a la Iglesia Romana con corazones leales y caridad perfecta.
 
En el momento de esta tribulación, un hombre elegido no canónicamente se elevará al pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte. Entonces, los escándalos se multiplicarán, nuestra Orden se dividirá, y muchas otras serán destruidas por completo, porque se aceptará el error en lugar de oponerse a él.
 
Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios…
 
Aquellos que preserven su fervor y se adhieran a la virtud con amor y celo por la verdad, han de sufrir injurias y persecuciones; serán considerados como rebeldes y cismáticos, porque sus perseguidores, empujados por los malos espíritus, dirán que están prestando un gran servicio a Dios mediante la destrucción de hombres tan pestilentes de la faz de la tierra…
 
Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a estos un verdadero Pastor, sino un destructor”». [Saltos de párrafo agregados]
Esta cita aparece en Works of the Seraphic Father St. Francis of Assisi, publicada en 1882 por la editorial Católica londinense R. Washbourne, págs. 248-250. Está fácilmente disponible como un libro de Google. Debe resaltarse que el mismo libro contiene un apéndice que presenta las “Obras dudosas de San Francisco”, de la cual la cita no forma parte. Así, el mismo editor distinguió claramente las profecías auténticas de San Francisco de las que pueden ser apócrifas. Además, difícilmente pudo haber en 1882 algún motivo “tradicionalista radical” para hacer circular citas falsas del santo.
 
“San Francisco en éxtasis”. Caravaggio, 1595
  
Claramente, la profecía de San Francisco no es una predicción del Gran Cisma Occidental (1378-1417), que no involucró un “destructor” sobre la Cátedra de San Pedro que lleva a los fieles al error, la apostasía grandemente difundida, y la persecución de los Católicos fieles como “cismáticos”. Sino que contiene elementos hoy muy familiares a nosotros. ¿Y qué inferencia puede trazarse desde la coincidencia de la profecía de San Francisco sobre un futuro “destructor” en el oficio papal que parece corresponder más bien con el pontificado del único Papa que ha tomado el nombre de Francisco como el suyo propio?
   
Otra cosa para considerar: San Francisco, uno de los más grandes santos en la historia de la Iglesia, uno de los pocos que es conocido y reverenciado por todo el mundo, reveló libremente su visión de un destructor eclesial que usurpa el oficio papal. Es decir, San Francisco no sufrió de la papolatría actualmente reinante, que sostiene que la indefectibilidad de la Iglesia depende de defender toda palabra y obra de determinado Papa como algo consistente con la Tradición y declara como algo absolutamente inadmisible la idea que el ocupante del oficio Petrino pueda ser una amenaza para la integridad de la Fe. En cambio, San Francisco, iluminado por el mismo Cielo, reconoció la realidad venidera de lo que San Roberto Belarmino, un Doctor de la Iglesia, hipotetizó como posible en principio, para citar otra cita “apócrifa”:
«Así como es lícito resistir al Pontífice que agrede al cuerpo, así también es lícito resistir a aquel que agrede a las almas o destruye el orden civil o, sobre todo, trata de destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad…». De Controversiis sobre el Romano Pontífice, trad. Ryan Grant (Mediatrix Press: 2015), Libro II, Capítulo 29, pág. 303.
¿San Francisco predijo la venida del Papa Francisco? Nosotros no lo juzgamos, aunque la Iglesia puede también emitir un juicio de Francisco como el del anatema póstumo de Honorio I. ¿San Francisco ha estado horrorizado por las palabras y obras del Papa que ha presumido tomar su nombre?  Esa pregunta se resuelve sola. 

lunes, 15 de abril de 2019

FRENTE A LAS CONSOLACIONES, RETORNARLAS A DIOS

  
«Cuando el servidor de Dios es visitado por el Señor en la oración con alguna nueva consolación, antes de terminarla debe levantar los ojos al cielo y, (juntas las manos), decir al Señor: “Señor, a mi, pecador e indigno, me has enviado del cielo esta consolación y dulzura; te las devuelvo a ti para que me las reserves, pues yo soy un ladrón de tu tesoro”. Y también: “Señor, arrebátame tu bien en este siglo y resérvamelo para el futuro”. Así debe ser, de modo que, cuando salga de la oración, se presente a los demás tan pobrecito y pecador como si no hubiera obtenida ninguna gracia nueva. Por una pequeña recompensa se pierde algo que es inestimable y se provoca fácilmente al Dador a no dar más».

martes, 12 de febrero de 2019

SI TU OJO TE HACE PECAR...

Traducción del artículo publicado en TRADITION IN ACTION.
          
He aquí cómo San Francisco de Asís interpretó estas palabras del Evangelio: “Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo” (Marcos IX, 46). San Francisco está discutiendo con el líder musulmán, el sultán Al-Kamil en 1219, durante la V Cruzada.
  
   
El sultán Al-Kamil hizo otro intento para probar a San Francisco, esta vez en materia de las enseñanzas evangélicas de Cristo. Este incidente muestra que él tenía alguna familiaridad con la doctrina cristiana, quizá sobre lo que ya San Francisco le había predicado. El jeque confrontó al fraile con las palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña, recogidas en el Evangelio según San Mateo:
“Yo os digo, que no hagáis resistencia al agravio; antes si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiere armarte pleito para quitarte la túnica, alárgale también la capa” (Mat. 5: 39-40).
 
El sultán le preguntó a San Francisco por qué, a la luz de esta enseñanza de Jesús, los Cruzados deberían estar invadiendo la tierra de los musulmanes. Puesto que el pasaje enseña “volver la otra mejilla” y oponer al mal el bien, el sultán estaba arguyendo que no había justificación para las invasiones cruzadas, aun cuando sabía que los musulmanes habían tomado por fuerza la tierra de los Cristianos siglos atrás.
   
Una vez más, la respuesta de San Francisco sorprendió a Al-Kamil. Él declaró que el sultán no había estudiado completamente el Evangelio, y señaló al rey las palabras que Jesús dijo más temprano en el mismo discurso:
“Que si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecar, sácale y arrójale fuera de ti; pues mejor te está el perder uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si es tu mano derecha la que te sirve de escándalo o incita a pecar, córtala y tírala lejos de ti; pues mejor te está que perezca uno de tus miembros, que no el que vaya todo tu cuerpo al infierno” (Mat. 5: 29-30).
  
San Francisco entonces procedió a impartir una interpretación distintiva a estas líneas, refiriéndolas a aquellos que atentan apartar a los Cristianos de su fe y del amor de Dios. El sultán era tan querido para él como su propio ojo, admitió ante el potentado (Florecillas de San Francisco, cap. XXIV, pág. 1354 Ómnibus). Pero alguien muy cercano a nosotros que intente apartarnos de nuestra Religión, incluso si fuera la “niña de nuestro ojo, debe ser repelido, sacado, expelido” para que nuestra Fe y salvación puedan estar seguras.
  
Por esta razón, “es justo que los Cristianos invadan la tierra que tú habitas” toda vez que los musulmanes buscan llevar a todos a su propia religión y lejos de la adoración de Cristo, y a blasfemar su Nombre (Leyenda de Perugia, no. 37, pág. 1015 Ómnibus). Por otra parte, continuó, si el sultán y su pueblo “reconocían, confesaban y adoraban al Redentor, ellos serían muy amados por toda la Cristiandad”.
  
Cuando San Francisco hubo terminado de hablarle al sultán, “todos los espectadores estaban admirados de sus respuestas” (San Buenaventura, Vida Mayor, cap. V, no. 8, pág. 668 Ómnibus).
  
FRANK M. REGA, TOFS. St. Francis of Assisi and the Conversion of the Muslims (San Francisco de Asís y la conversión de los musulmanes). TAN Books, 2007, págs. 68-69.

jueves, 4 de octubre de 2018

LA ORACIÓN QUE SAN FRANCISCO NUNCA ESCRIBIÓ

Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
  
A San Francisco le han creado una imagen falsa, parcial y mítica, a pesar de los avances habidos hacia un mejor conocimiento del personaje y de su tiempo.

También le atribuyen al santo composiciones inexistentes. Un ejemplo de ello es la llamada “Oración Simple”, que todos le atribuyen a él (y que no se encuentra en ningún escrito suyo), pero que es de autor anónimo.

Investigaciones posteriores realizadas por el académico francés Christian Renoux permitieron entrever los verdaderos orígenes de la oración, cuya autoría continúa siendo incierta.

En la búsqueda del origen de la oración no se puede ir más allá de diciembre de 1912, cuando fue publicada en “La Clochette” (La campanilla), una “petite revue catholique pieuse”, fundada por el sacerdote y periodista normando Esther (o Esiher) Auguste Bouquerel Guillouard († 1923). Entre las hipótesis dadas, suponen que el autor fue el mismo Suquerel.
 
La siguiente es la primera versión que se ha encontrado (en la revista parisina La Clochette, N.º 12, diciembre de 1912, pág. 285, en idioma francés):
Belle Prière à faire pendant la Messe
   
Seigneur, faites de moi un instrument de votre paix.
Là où il y a de la haine, que je mette l’amour.
Là où il y a l’offense, que je mette le pardon.
Là où il y a la discorde, que je mette l’union.
Là où il y a l’erreur, que je mette la vérité.
Là où il y a le doute, que je mette la foi.
Là où il y a le désespoir, que je mette l’espérance.
Là où il y a les ténèbres, que je mette votre lumière.
Là où il y a la tristesse, que je mette la joie.
Ô Maître, que je ne cherche pas tant à être consolé qu’à consoler,
à être compris qu’à comprendre, 
à être aimé qu’à aimer,
car c’est en donnant qu’on reçoit,
c’est en s’oubliant qu’on trouve,
c’est en pardonnant qu’on est pardonné,
c’est en mourant qu’on ressuscite à l’éternelle vie.

Una traducción de la oración al idioma español es la siguiente:
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.
[En algunas versiones se agrega un “amén” final, para darle más verosimilitud como oración cristiana].
    
En 1913 la descubre el canónigo Louis Boissey († 1932), apasionado por el problema de la paz, y la publica en los “Annales de Notre Dame de la Paix” (Tinchebray, Francia), N.º 13, enero de 1913, pág. 582, citando como origen “La Clochette”, la revista de la Liga de la Santa Misa, de la cual Boissey era suscriptor. Allí ocurre el primer cambio: añade en «Là où il y a la discorde» y «Là où il y a l’erreur» el prefijo de, quedando «Là où il y a de la discorde» y «Là où il y a de l’erreur».

El mismo año, el marqués Alejandro Lorenzo María Estanislao de La Rochethoulon y Grente († 1941), fundador de “Le Souvenir Normand” y lector de los Annales, la publica en su revista como “Prière du ‘Souvenir Normand’ au Sacré-Cœur inspirée du testament de Guillaume le Conquérant, Rouen Saint-Gervais, 9 sept. 1087”, pero en penúltimo lugar menciona como fuente a “La Clochette Normand”. Ocurre el segundo cambio: se revierte la segunda modificación del canónigo Boissey, y se ponen en mayúscula las palabras “foi” y “espérance”.

El 20 de enero de 1916 aparece en la primera plana de “L’Osservatore Romano”, donde se dice que “Le Souvenir Normand” había enviado al Santo Padre «el texto de algunas oraciones por la paz. Entre ellas nos complace reproducir una, dirigida especialmente al Sagrado Corazón. He aquí el texto, con su conmovedora sencillez». Y ocurre un tercer cambio: de «c’est en s’oubliant qu’on trouve» (en italiano «nel dimenticare se stessi che ci ritrova»), pasa a un “psicologizante” «nel dimenticare se stessi che si ritrova se medisimi» («c’est en s’oubliant soi-même qu’on se retrouve soi-même»).

El 3 de febrero del mismo año, el diario asuncionista “La Croix” de París daba a conocer que el 25 de enero, el cardenal Gasparri había escrito al marqués de La Rochethoulon Grente, agradeciéndole el envío hecho a su Santidad. Tres días después de esa carta (el 28 de enero), el mismo periódico reproducía en la página 6 el texto publicado por el Osservatore Romano, atribuyéndolo a Boissey (aun cuando el propio marqués dijo en su carta al Papa que el original no era de allí, pero no mencionó que era de La Clochette), aunque con otro cambio más “psicologizante”: «c’est en se donnant qu’on reçoit».
  
Al año siguiente, es publicada en el libro “Face à l’épreuve” del padre Alexandre Pons Aragon († 1938), protonotario apostólico y canónigo teologal de la catedral primada de Cartago, no solo llamándola medieval (como en Le Souvenir Normand), sino «très ancienne» (muy antigua).
  
Fue por aquel entonces cuando el Padre capuchino Étienne (Benoît) de París, visitador de la Orden Tercera en Réims, hizo imprimir en Reims una estampa de San Francisco, con la invocación al Sagrado Corazón en su reverso, presentándola por primera vez como “Oración por la paz”. Al pie de la página subrayaba que aquella oración, tomada de “Le Souvenir Normand”, era una síntesis perfecta del ideal franciscano que había que promover en el mundo de hoy.
  
Una traducción inglesa aparece, y su traducción francesa es citada como original en el número de septiembre de 1925 de la revista “Vie Franciscaine”.

Los primeros que relacionaron la oración con San Francisco fueron los “Chevaliers du Prince de la Paix” (Caballeros del Príncipe de la paz), una organización protestante fundada por el pastor (y posterior teniente de la Résistance) Étienne Pierre Bach Cuénod († 1986), en vísperas del VII centenario de la muerte del santo (1926). Bach conoció la oración por medio del pastor Jules Rambaud († 1947), fundador de la Unión Protestante Cristiana de Francia, y la publicó en la página 3 del número 7 del “Bulletin des Chevaliers de la Paix” de Diciembre de 1925, y en el tercer encuentro de la organización en Bois-Tizac (Gironda) en Agosto de 1927, él hizo la atribución (aunque cuatenta años después, reconoció en una carta al padre Willibrord-Christian van Dijk OFM Cap. que «había buscado el origen de la oración, aunque sin éxito»).
  
A partir de 1925, empezó a difundirse en todo el mundo, en especial en Estados Unidos y Canadá y siguieron los países germánicos. En 1927, fue publicada en la revista cuáquera “Friends’ Intelligencer”, atrbuyéndola a “Saint Francis of Assissi” (sic), y en el libro de 1936 “Living Courageously” del ministro campbelita y pacifista estadounidense Kirby Herbert Page Pounds († 1957). Los medios católicos franceses no empezaron a atribuirla a San Francisco hasta 1947. 

Otra traducción inglesa fue publicada como parte de “New every morning: The prayer book of the daily broadcast service”, una antología de las oraciones usadas al inicio de sus transmisiones por la BBC en 1936. Una tarjeta con la oración, titulada Prayer of Saint Francis, fue impresa por la compañía de publicidad Mowbray.

En 1937, el teólogo luterano alemán Friedrich Johann Heinrich Delekat († 1970) hace la traducción alemana a instancia de una señorita Martin, iniciadora de los Caballeros de la Paz en Suiza, difundiéndose después de la guerra en Alemania.
 
En la segunda mitad del siglo XX la “Oración Simple”, como la llaman en Asís, empezó a hacerse popular, sobre todo, cuando los frailes del Sacro Convento la imprimieron en diversas lenguas, bajo su nombre, en las estampas de San Francisco.

El resto de la historia es conocido: difusión mundial, infinidad de versiones en cada lengua y muchos cantos inspirados en ella. Se ha convertido casi en la oración oficial de los scouts y de las familias franciscanas; los herejes anglicanos la consideran la oración ecuménica por excelencia; algunas sectas protestantes la han adoptado incluso como texto litúrgico (ejemplo de ello, la iglesia calvinista de Ginebra la adoptó en 1945 con el título “La prière de François d’Assise (XIIIe siècle)” como parte de la Liturgie de l’Eglise de Genève, pág. 427), ha sido pronunciada en una sesión de las Naciones Unidas y, últimamente, está teniendo una gran acogida entre las religiones no cristianas, sobre todo desde que Asís se ha convertido en el centro mundial del falso ecumenismo y del diálogo interreligioso.

El éxito se debe a la manipulación del nombre y fama de San Francisco (y a esto hay que agregar la aparición de Bergoglio, el usurpador de turno del Trono de San Pedro y su falsa bondad y misericordia), pero también a la riqueza del contenido, junto con su sencillez; y es precisamente el contenido y el título original: Invocación al Sagrado Corazón, lo que permite atribuir su composición a un autor de principios del siglo XX.
 
Giuseppe Lanza del Vasto († 1970; nacido Giuseppe Giovanni Luigi Maria Enrico Lanza di Trabia-Branciforte Nauts-Oedenkoven), filósofo, poeta, activista de la no violencia, fue uno de los difusores de la falsa “Oración de san Francisco”. Él afirmó haber conocido la versión francesa de La Croix el 4 de septiembre de 1939 en la iglesia católica de Thonex, cerca de Ginebra. 
 
Fuente de inspiración pudo haber sido la siguiente fórmula de consagración al Sagrado Corazón, promulgada por León XIII en 1899, y recomendada por San Pío X en 1905 para ser recitada cada año:
«Sé el rey de los que viven en el error o que la discordia ha separado de ti; llévalos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que no haya más que un único pastor.
  
Sé el rey de todos los que viven en las viejas supersticiones populares, no te resistas a atraerlos de las tinieblas a la luz y al reino de Dios.
  
Concede, Señor, a tu Iglesia una libertad segura y sin obstáculos, concede a todos los pueblos el orden y la paz».
En esta oración anónima hay cierta concordancia con el espíritu y el estilo franciscano. Para comprobarlo es suficiente leer, por ejemplo, la Admonición 27 de San Francisco, escrita a modo de estribillo:
«Donde hay amor y sabiduría, allí no hay temor ni ignorancia.
Donde hay paciencia y humildad, allí no hay ira ni turbación.
Donde hay pobreza con alegría, allí no hay ambición ni avaricia.
Donde hay quietud y meditación, allí no hay preocupación ni disipación.
Donde está el temor de Dios guardando la casa, allí el enemigo no puede encontrar la puerta de entrada.
Donde hay misericordia y discreción, allí no hay soberbia ni dureza».
O, mejor aún, los siguientes “Dichos” del beato Gil de Asís, tercer compañero del santo:

LATÍN
«Beátus ille qui amat, et non desíderat amári:
Beátus ille qui timet, et non desíderat timéri:
Beátus ille qui servit, et non desíderat sibi servíri:
Beátus ille bene se gerit erga álios, et non ut álii se bene gerant erga ipsum:
Et quía hæc magna sunt, ídeo stulti ad ea non attíngunt».

TRADUCCIÓN
«Dichoso el que ama y no desea, en cambio, ser amado.
Dichoso el que teme y no desea, en cambio, ser temido.
Dichoso el que sirve, y no desea ser servido.
Dichoso el que se comporta bien con los demás, y no desea que los demás se comporten bien con él.
Y porque estas son grandes cosas, los necios no se elevan a ellas».
   
Un Ermitaño urbano, devoto de San Francisco

FUENTES
  • Díaz Sosa, Alejandro Francisco OFM (1998). Instrumento de tu paz: comentario a la “Oración simple” de San Francisco de Asís.
  • Renoux, Christian (2001). La prière pour la paix attribuée à saint François, une énigme à résoudre (en francés) (1.ª edición). París: Editions Franciscaines. págs. 92-95. La misma obra fue publicada en italiano: Renoux, Christian (2003). La preghiera per la pace attribuita a san Francesco, un enigma da risolvere. Padua: Messaggero. El título puede traducirse como: La oración por la paz atribuida a San Francisco, un enigma por resolver.
  • Renoux, Christian. «The Origin of the Peace Prayer of St. Francis». The Franciscan Archive (en inglés).
  • Van Dijk, Willibrord Christiann OFM Cap. (1975). «Une prière en quête d’auteur» (Una oración en busca de un autor). Evangile Aujourd’hui (París: Les Editions Franciscaines).

LETANÍA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS


Tomada del libro Oráte, fratres: seu euchológium ad usum sacerdótum et clericórum, por fray Gaudencio Guggenbichler OFM, ed. Herder, Friburgo de Brisgovia 1901. Traducción nuestra.
 
LATÍN
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýre, eléison.
 
Christe, áudi nos.
Christe, exáudi nos.
   
Pater de cœlis, Deus, miserére nobis.
Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére nobis.
Spíritus Sancte, Deus, miserére nobis
Sancta Trínitas, unus Deus, miserére nobis.
  
Sancta María, immaculáte concépta, ora pro nobis.
Sancta María, Advocáta Seráphici Religiónis, ora pro nobis.
Sancte Francísce Seráphice, ora pro nobis.
Sancte Francísce, Pater prudentíssime, ora pro nobis.
Sancte Francísce, Patriárcha páuperum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, despíciens mundum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, exémplum pœniténtiæ, ora pro nobis.
Sancte Francísce, vincens mundi vítia, ora pro nobis.
Sancte Francísce, imitátor Salvatóris, ora pro nobis.
Sancte Francísce, ferens Christi stigmáta, ora pro nobis.
Sancte Francísce, Jesu charactéribus insígnite, ora pro nobis.
Sancte Francísce, norma castitátis, ora pro nobis.
Sancte Francísce, forma humilitátis, ora pro nobis.
Sancte Francísce, via errántium, ora pro nobis.
Sancte Francísce, médela infirmórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, colúmna Ecclésiæ, ora pro nobis.
Sancte Francísce, fídei defénsor, ora pro nobis.
Sancte Francísce, athléta Christi, ora pro nobis.
Sancte Francísce, propugnáculum militántium, ora pro nobis.
Sancte Francísce, scutum inexpugnábile, ora pro nobis.
Sancte Francísce, málleus hæreticórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, convérsio paganórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, erígens cláudos, ora pro nobis.
Sancte Francísce, suscítans mórtuos, ora pro nobis.
Sancte Francísce, mundans leprósos, ora pro nobis.
Sancte Francísce, exstírpator vitiórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, procurátor divínae grátiæ, ora pro nobis.
 
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Parce nobis, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Exáudi nos, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Miserére nobis.

Christe, áudi nos.
Christe, exáudi nos.

Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýre, eléison.
  
Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur Nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat Volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.

℣. Ora pro nobis, Beáte Patris Nostri Francísce.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.

ORATIO
Extíngue in nobis desidérium mundanárum rerum, omnípotens Deus, et intercedénte beáto Francísco Patre páuperum concéde propítius, ut sorte nostra conténti in hoc sǽculo ætérna fórtius appetámus.

Omnípotens sempitérne Deus, infúnde córdibus nostris stúdium castæ humilitátis et húmilis castitátis, ut imitándo Beáto Patre Nostrum Francíscum tibi mundo corde et córpore serviámus.
 
Deus, cujus Ecclésia sánguine crevit fidélium, infúnde propítius sancti Patris Francísci spíritum supplícibus tuis: ut vel sánguinem pro tui Nóminis confessióne profúndere cupiámus, vel per obœdiéntiæ virtútem, gratam tibi de nobis víctimam offerámus.

Dómine Jesu Christe, qui frigescénte mundo ad inflammándum corda nostra tui amóris igne, in carne beatíssimi Patris nostri Francísci Passiónis tuæ sacra Stigmáta renovásti: concéde propítius, ut ejus méritis et précibus crucem júgiter ferámus, et dignos fructus pœniténtiæ faciámus. Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
 
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
  
Santa María, concebida sin mancha original, ruega por nosotros.
Santa María, Abogada de la Religión seráfica, ruega por nosotros.
San Francisco seráfico, ruega por nosotros.
San Francisco, Padre prudentísimo, ruega por nosotros
San Francisco, Patriarca de los pobres, ruega por nosotros.
San Francisco, despreciador del mundo, ruega por nosotros.
San Francisco, ejemplar de penitencia, ruega por nosotros.
San Francisco, vencedor de los vicios del mundo, ruega por nosotros.
San Francisco, imitador del Salvador, ruega por nosotros.
San Francisco, portador de los estigmas de Cristo, ruega por nosotros.
San Francisco, marcado con los caracteres de Jesús, ruega por nosotros.
San Francisco, norma de castidad, ruega por nosotros.
San Francisco, modelo de humildad, ruega por nosotros.
San Francisco, camino de los errantes, ruega por nosotros.
San Francisco, remedio de los enfermos, ruega por nosotros.
San Francisco, defensor de la fe, ruega por nosotros.
San Francisco, atleta de Cristo, ruega por nosotros.
San Francisco, baluarte de los soldados, ruega por nosotros.
San Francisco, escudo inexpugnable, ruega por nosotros.
San Francisco, martillo de los herejes, ruega por nosotros.
San Francisco, convertidor de los paganos, ruega por nosotros.
San Francisco, que levantas a los paralíticos, ruega por nosotros.
San Francisco, que resucitas a los muertos, ruega por nosotros.
San Francisco, que limpias a los leprosos, ruega por nosotros.
San Francisco, extirpador de los vicios, ruega por nosotros.
San Francisco, procurador de la divina gracia, ruega por nosotros.
 
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
 
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
  
Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurado Padre nuestro San Francisco.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
 
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a Ti mi clamor.

ORACIÓN
Extingue en nosotros, ¡oh Dios omnipotente!, el deseo de las cosas mundanas, y concédenos propicio, por la intercesión del bienaventurado San Francisco, padre de los pobres, que estando contentos con nuestra suerte en este mundo, podamos desear más fuertemente las cosas eternas.
 
Omnipotente y sempiterno Dios, infunde en nuestros corazones el celo por una casta humildad y una hunilde castidad, para que imitando a nuestro bienaventurado padre San Francisco, te sirvamos con corazón y cuerpo puros.
  
Oh Dios, cuya Iglesia florece con la sangre de los fieles, infunde benigno en nosotros suplicantes el espíritu de padre San Francisco para que, o deseando derramar nuestra sangre por la confesión de tu Nombre, o por la virtud de la obediencia, podamos ofrecer de nosotros mismos una víctima grata para ti.
 
Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, hais impreso en el cuerpo del bienaventurado padre San  Francisco las Sagradas llagas de tu Pasión, dígnate, en vista de sus méritos y de su intercesión, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Tú que vives y reinas en los siglos de los siglos. Amén.

martes, 25 de septiembre de 2018

NOVENA EN HONOR A SAN FRANCISCO DE ASÍS

Novena compuesta por un fraile franciscano de Palma de Mallorca en 1850. Mons. Rafael Manso, Obispo de Mallorca, concedió por cada oración 40 días de Indulgencia. Puede rezarse en cualquier momento del año, y por devoción en preparación a sus fiestas (las dos primeras son celebradas por toda la Iglesia, las otras son exclusivas de la Orden Franciscana):
  • 4 de Octubre (Fiesta litúrgica).
  • 17 de Septiembre (Impresión de los Sagrados Estigmas).
  • 16 de Abril (Primera aprobación de la Regla franciscana por el Papa Inocencio III).
  • 25 de Mayo (Traslación de sus reliquias y dedicación de la Basílica Patriarcal de Asís).
  • 16 de Julio (Canonización por el Papa Gregorio IX).
  • 12 de Diciembre (Hallazgo del cuerpo de San Francisco de Asís en tiempo de Pío VII).

MODO DE PRACTICAR ESTA NOVENA
Para que el santo ejercicio de esta novena sea provechoso a tu alma, y puedas alcanzar por medio de ella lo que deseas, te esforzarás en imitar la virtud que en cada uno de estos nueve días te enseñará el santo Patriarca, y la que será el objeto de tu meditación. Puesto de rodillas delante del altar o imagen del santo, procurarás arreglar tus potencias y sentidos, y movido de una santa compunción, contrito y humillado dirás de esta manera:

NOVENA EN HONOR AL SERÁFICO PATRIARCA SAN FRANCISCO DE ASÍS

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Dios omnipotente y Padre misericordiosísimo, que penetráis hasta lo más íntimo del corazón, aquí me tenéis rendido a vuestra divina presencia, movido de un vivo deseo de conocer mis pecados, para poderlos debidamente llorar, y obtener de vuestra inefable bondad el perdón de todos ellos. Alumbrad mi entendimiento con vuestras soberanas luces, inflamad mi voluntad con un rayo de vuestro divino amor, para que devota y fructuosamente medite en esta novena las virtudes, que con su ejemplo me enseñará mi seráfico padre San Francisco. Sostenedme, Dios mío, con vuestra gracia. María, Madre de Dios y madre de pecadores, ayudadme a alcanzar de vuestro divino Hijo el perdón de todas mis culpas, y la perseverancia final en su santo amor y temor. Amén.
 
DÍA PRIMERO - 25 DE SEPTIEMBRE
MEDITACIÓN SOBRE LA HUMILDAD DE SAN FRANCISCO.
En el instante mismo en que fue concebido el seráfico Patriarca, fue tal el resplandor con que el Cielo iluminó todo el valle de Espoleto, donde moraban sus padres, por manera que estremecido el Infierno de tan grande prodigio, movió implacable guerra contra el que iba a nacer, hasta acabar con su vida, si pudiese. Pero ¿qué podria conseguir Lucifer y sus ministros contra el que custodiaban millares de ángeles? Dios tiene destinado a San Francisco para exaltarle y engrandecerle, y San Francisco a la vez se humilla y abate; y esta misma humildad, con que especialmente le honra la Iglesia, le elevó a aquel trono de gloria, del que por su soberbia había sido destronado el ángel malo.
 
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, resplandor del Padre de las luces, que en señal de que el seráfico Patriarca venía a iluminar el mundo con las luces de su ejemplo y predicación, derramasteis en el momento de su concepción un raudal admirable de fulgores sobre el suelo de su patria; suplicoos, Señor mío, que por sus méritos y poderoso valimiento llegue al conocimiento de mi propia nada y al de mis pecados, para que verdaderamente arrepentido de todos ellos, los confiese con verdadero dolor, permaneciendo siempre humillado bajo el suave yugo de vuestra divina ley; con lo cual merezca el premio prometido a los humildes de corazón, que es el ser exaltado en la eterna gloria. Así sea.
 
Ahora diremos cinco veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri en memoria de las cinco llagas que imprimió Jesucristo Señor nuestro en el cuerpo de nuestro seráfico Padre.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Seráfico Padre mío, prodigio de la gracia y copia la más viva de Cristo crucificado, he meditado una de vuestras heroicas virtudes, y prometo desde ahora arreglar conforme a ella mi comportamiento. Elegido vos para reparar el mundo, vuestra voz, cual clarín evangélico, resonó por todas partes, despertando a los pecadores del funesto letargo de la culpa. Despertad, Padre mío, mi adormecida conciencia, y haced que, avivado por la divina gracia, llore humildemente mis desaciertos y extravíos. Vos formasteis, cuando acá en la tierra morábais, la caritativa resolución de conceder cuanto se os pidiese por amor de Dios. Por este mismo amor suplícoos que de tal modo ejerciteis conmigo los oficios de padre, de manera que nunca desmerezca vuestra protección y amparo, cumpliendo siempre, a imitación vuestra, lo que sea del agrado de Dios. Y vos, dulcísima Madre mía, que tanto agraciasteis a vuestro siervo San Francisco, impetradme de vuestro divino Hijo la gracia particular que le pido en esta sagrada novena, si ha de ser a mayor gloria de Dios, provecho del prójimo y bien de mi alma. Para ello interpongo también la poderosa protección de mi seráfico Patriarca, ayudado de la cual y de la vuestra, me prometo una vida santa, una muerte dichosa y la bienaventuranza eterna. Así sea.
  
GOZOS EN HONOR AL SERÁFICO PATRIARCA SAN FRANCISCO
  
Pues con Dios tanta cabida
Tenéis, Padre soberano,
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Vuestro nacimiento santo
Causó con igual porfía
Al mundo eterna alegría
Como al Infierno dio llanto:
El Cielo ansioso por tanto
Como un pesebre os convida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Cuando os llegasteis a echar
En la nieve, Santo mío,
No tuvisteis miedo al frío,
Que a todos hace temblar:
Y pues no disteis lugar
A la pasión atrevida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
En una zarza, a mi ver,
De cambrones penetrantes,
¡Oh Francisco!, quereis antes
Arrojaros, que caer:
Y la que espinas fue ayer,
Hoy de tenerlas se olvida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
En apariencias de dama
Os tentó el demonio, y luego
Para apagar aquel fuego
De otro fuego hicisteis cama:
Vuestra fervorosa llama
Fue del Infierno temida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Herido, mi Padre fiel,
En manos, pies y costado,
De Cristo crucificado
Hacéis un vivo papel:
Y pues sois a la de Aquél
Imagen tan parecida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
  
Entre resplandores bella,
Dejó el mundo vuestra alma,
A gozar dichosa palma
Se fue como clara estrella:
Y pues del lugar de aquella
Dio Lucifer su caída.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
En pie quedó, como es cierto,
¡Oh divino Serafìn!,
Vuestro cuerpo, porque al fin
No tuvo en qué caer muerto:
Y en la esfera en que os advierto,
Sois de pobres acogida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Y pues sois patrón y guía
De quien busca vuestro amparo,
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
 
Antífona: ¡Oh mártir de deseo, San Francisco! ¡Con qué afecto tan tierno y compasivo sigues por el camino de la Cruz al que se la carga por tu amor! En vano suspiras por el martirio, pues ya el mismo Señor crucificado imprime en ti sus llagas, y hace que sientas la atrocidad de sus dolores. Atiende desde el Cielo a tus devotas ovejuelas, y alcánzales de Dios que vayan a aumentar el número de tus dichosos compañeros en la gloria.
  
℣. Ruega por nosotros, padre nuestro San Francisco.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que por los méritos del bienaventurado San Francisco adornaste tu Iglesia con una nueva familia, concédenos que, a imitación suya, despreciemos las cosas de la tierra, y nos hagamos dignos de ser partícipes de los dones celestiales: Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
      
DÍA SEGUNDO - 26 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN SOBRE LA POBREZA DE SAN FRANCISCO.
Estando en gravísimos dolores la madre del seráfico Patriarca, sin que pudiese darle a luz, un ángel en apariencia de peregrino se acercó a la puerta de su casa, y dijo a los que en ella había: «Si queréis que la señora tenga un feliz y pronto alumbramiento, conducidla al establo, y cumplidos quedarán todos vuestros deseos». En seguida la condujeron al indicado lugar, y recobrando ésta de repente los perdidos alientos, vio nacido con felicidad el fruto de sus entrañas. ¡Oh viva imagen de Jesús! La pobreza de un establo os muestra el camino que habéis de seguir, y os posesiona la virtud que en este día quereis enseñarme. A la pobreza de espíritu llamábais vuestra madre, vuestra hermana y vuestra señora, y en desnudez y pobreza quisisteis vivir y morir.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús de mi vida, que con admirable providencia dispusisteis que naciese el seráfico San Francisco en un establo, para que desde el instante de su nacimiento comenzase a ser imagen vuestra: haced que así como supo desprenderse de todo afecto terreno, siendo su único deseo el copiar en sí la pobreza del pesebre y la desnudez del Calvario, no dejando a sus hijos otro patrimonio que la pobreza; sepa yo imitar a vuestro siervo San Francisco en esta heroica virtud, y que arrancando de mi corazón todo apego a las cosas terrenas, aprenda a ser un verdadero pobre de espíritu, y diga a imitación suya: «Dios y Señor mío, vos sois para mí todas las cosas»; y renunciándolo todo por vuestro amor, alcance el premio que teneis prometido a los pobres de espíritu, que es el Reino de los cielos. Amén.
  
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 27 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN SOBRE LA PENITENCIA DE SAN FRANCISCO.
Llevando a bautizar en la iglesia de San Rufino al recién nacido, dispuso Dios que un ángel en figura de peregrino se ofreciese a tener al niño en la pila mientras le bautizasen, lo que gustoso condescendió el que fuese destinado para este ministerio. Púsosele el nombre de Juan, nombre que encerraba el doble concepto de predicador y de penitente, para lo cual el Cielo le tenía destinado. Concluida la función desapareció el ángel peregrino, y luego se notó sobre el hombro derecho del niño Juan, que despues se llamó Francisco, una cruz roja, que llevó impresa toda su vida. ¡Oh signo de penitencia y de mortificación, cuán grabado quedaste en el alma del penitente San Francisco!
  
ORACIÓN
Omnipotente Dios, mi Criador y Salvador mío: por el sacramento del bautismo me habéis franqueado la entrada en los inmensos tesoros de vuestra gracia, y en retorno de tan gran beneficio me comprometí a abrazarme con la cruz de la mortificación. De esta virtud me proponéis un ejemplar el más cumplido y admirable en la persona del penitente San Francisco. Desde que emprendió este el camino de la cruz, que impresa llevó siempre en su hombro derecho, sus ayunos fueron continuos, sus disciplinas sangrientas y sus cilicios atroces. Sobre las punzantes espinas de una zarza y sobre las voraces llamas del fuego arrojaba su cuerpo desnudo, para mortificar la carne y rendir los esfuerzos de la concupiscencia. Haced pues, dulce Redentor mío, que yo aprenda a mortificar mis apetitos y a sujetar mis pasiones; y que caminando por la senda de la penitencia, llegue al término apetecido de vuestra gloria. Amén.
 
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 28 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN SOBRE LA PACIENCIA DE SAN FRANCISCO.
Después de haber pasado el seráfico Patriarca treinta días en el desierto, entregado a continuas y asombrosas penitencias, sale a predicar por las calles y plazas de Asís. Unos le tienen por loco, otros le llenan de insultos, los muchachos le apedrean, y todos le desprecian. Su mismo padre le obliga a que comparezca ante el tribunal del obispo, y después de haberle cubierto de oprobios e injurias, le precisa a que haga renuncia de su mayorazgo. ¡Oh invicta paciencia de San Francisco! A todo se resigna su pacientisimo espíritu, y despojándose hasta del vestido que lleva, para entregarle a su enfurecido padre, exclama: «De buena gana lo renuncio todo, y desde hoy en adelante podré decir con toda verdad: ya no tengo más padre que el que está en los Cielos».
  
ORACIÓN
Amantísimo Dios, Padre pacientísimo y Señor mío, vos que hicisteis conocer a vuestro querido siervo San Francisco cuán grata os es la virtud de la santa paciencia, virtud que tan cumplidamente supo imitar, sufriendo con resignación, no solo los insultos y oprobios de los extraños, sí que también los más amargos atropellamientos de su mismo padre. Agudos fueron los dolores y penosísimas las enfermedades con que probasteis su admirable paciencia: inhumanos fueron los tratamientos con que, permitiéndolo vos, probaron su extenuado cuerpo los hombres, y hasta los mismos demonios. Por esta misma paciencia de mi padre San Francisco, suplícoos humildemente que me concedáis aquella fortaleza de ánimo que necesito, para que así pueda suportar con alegría los trabajos y penalidades que sea de vuestro agrado enviarme, a fin de que merezca conseguir la recompensa que tenéis prometida a los que con paciencia se abrazan con la cruz de los contratiempos, ultrajes y toda suerte de desgracias. Así sea.
 
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO - 29 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN DEL AMOR QUE SAN FRANCISCO TENÍA A DIOS.
Caldeado el corazón de San Francisco en la fragua del amor divino, en alas de caridad vuela con sus compañeros a impetrar del sumo Pontífice la confirmación de la regla que le había inspirado Jesucristo. Asegurado de la divina misión, no suspira más que amar a Dios, y que sea amado y loado de todos los hombres. El incendio de caridad que abrasa su corazon, y que San Buenaventura llama «un ascua de fuego abrasador», le inflama, le diviniza, le merece el nombre de Serafín. Este mismo le hacia decir a sus hijos: «Nada debemos desear, nada más debemos apetecer que al Criador, al Redentor y al Salvador, porque solo Él es el verdadero bien, el bien por excelencia, el único bien que debemos amar. Alabemos pues, bendigamos, glorifiquemos, adoremos y demos gracias al Altísimo, eterno y sumo Dios».
  
ORACIÓN
Amorosísimo Redentor y bienhechor de las almas, ¿quién será capaz de comprender la caridad que ardía en el abrasado corazón de vuestro siervo Francisco? Traspasada su alma con el encendido dardo de vuestro amor, os decia: «Dios mío y todas las cosas! ¡Quién sois vos, dulcísimo Señor y Dios mío, y quién soy yo, vil gusano de la tierra! Yo, Señor, deseo daros todo mi corazón, todo mi cuerpo y toda mi vida; quiero amaros, y quisiera tener ocasiones en que manifestaros mi amor». Haced pues, dulce amor de los corazones, que el mío, que tantas veces se ha olvidado de su Dios, ya no piense más que en su Criador, y no sepa vivir sino amando al único objeto digno de ser amado. Quiero amaros, dulce Jesus mío, y a imitación del amante San Francisco, digo con toda la efusión de mi alma: «La fuerza de vuestro amor aparte de mi mente cuanto está bajo del Cielo, para que víctima del amor divino muera por Aquel que por mí murió». Así sea.
 
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO - 30 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN DEL AMOR DE SAN FRANCISCO A LOS PRÓJIMOS.
El ardoroso volcán del divino amor, que había trasformado a Francisco en un abrasado serafín, le hacía decir que no podia reputarse amigo de Cristo, si no extendia su caridad a las almas que había redimido con su Sangre. Contemplábase deudor a sus prójimos de su oración, de su predicación, de sus penitencias y de su buen ejemplo. Su caridad le hacía pensar en la salvación de los hombres, del mismo modo que había pensado Jesucristo; y clamando a Dios de lo íntimo de su corazón por la salud espiritual de los hombres, oye al divino Salvador que le dice: «Muy solícito andas tú y tus hijos por la salvación de las almas; pide pues lo que quieras por su salvación, porque yo te suscité para luz de las gentes y reparación de la Iglesia». Alentado Francisco con estas palabras, y con la protección de María, pide la célebre indulgencia de Porciúncula, con la que a todos quiere abrir las puertas del paraíso. «¡Oh caridad admirable!, exclama San Buenaventura. ¡Oh caridad excelsa, que a imitación del Apóstol hace a Francisco un todo para todos, para salvarlos a todos!».
  
ORACIÓN
Misericordiosísimo Abogado de los hombres, que en prueba de la complacencia con que escucháis los clamores de vuestros siervos, concedisteis a vuestro siervo Francisco la milagrosa indulgencia de Porciúncula, y quisisteis renovar en él los excesos de vuestra gran caridad a los hombres; haced que mi corazón, a imitación del caritativo Francisco, no solo se compadezca de las miserias espirituales de mis semejantes, sí que tambien de las corporales. Estas le hacían tan compasivo, que se tenía por ladrón si no socorría la necesidad del que contemplaba más necesitado que él, desprendiéndose de sus vestidos y de su necesaria comida en alivio de las necesidades ajenas; y aquellas las lloraba con tanta amargura, que se tenía por indigno de la misericordia de Dios si no la lograba por los pecadores. Por esta tan abrasada caridad os suplico, Padre mío, que arda mi corazón en llamas de amor al prójimo, y que siendo con él misericordioso, alcance el eterno premio que teneis prometido a los compasivos. Amén.
 
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 1 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN DEL AMOR DE LA PASIÓN DE JESUCRISTO.
Jesús crucificado y los tormentos de la pasión de este divino Redentor, a manera de un hacecillo de mirra moraban en la mente de Francisco, y en él deseaba con ansias transformarse. En el principio de su conversión le aparece Jesucristo chorreando sangre de sus llagas, y a su vista quedan de tal modo impresos en su alma los horrores del Calvario, que a su recuerdo no puede contener las lágrimas ni los suspiros en todo el resto de su vida. Le preguntan ¿por qué tan tierna y amargamente llora?, y contesta: porque llora la pasión de Jesucristo, cuyos dolores quisiera se dejasen sentir en todo el mundo. Este piadoso recuerdo es el que encarecidamente encarga a sus hijos, y este es el que le transforma en la imagen de Jesús, cuando sobre el nuevo Gólgota recibe las llagas de su amado. Francisco no conoce otro tesoro, otro galardón, otra gloria que a Jesús, y éste crucificado. Francisco es el nuevo reparador del mundo.
  
ORACIÓN
Amantísimo Jesús crucificado, que para renovar la memoria de vuestra pasión y muerte, que tan olvidada tenía nuestra ingratitud, hicisteis que apareciese al mundo el seráfico Francisco, e imprimisteis en sus manos, pies y costado vuestras sagradas llagas, y fuese una viva imagen vuestra; humildemente os suplico por los méritos de este mi glorioso Patriarca, que derramando en nuestros corazones el espíritu de gratitud y reconocimiento, nos animeis a agradecer y corresponder al beneficio inestimable de nuestra redención. Haced, Señor, que a imitación de San Francisco, llevemos siempre impresos en nuestra alma los dolores agudísimos y los crueles tormentos que quisisteis padecer para rescatarnos de la muerte eterna. Imprimid, oh benignísimo Jesús, imprimid en nuestra mente la memoria de vuestra muerte, inflamad nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, y haced que a imitación de San Francisco no deseemos otra gloria, otro tesoro, que a Jesús, y éste crucificado. Amén.
 
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 2 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN DE LA DEVOCIÓN DE SAN FRANCISCO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO.
Aquel amor incomprehensible de Jesús al hombre, que le obligó a permanecer entre nosotros en el santísimo Sacramento de la Eucaristía, era el objeto de las fervorosas meditaciones del patriarca San Francisco, y el que le inundaba de estupor al paso que de júbilo. Comulgaba frecuentemente, dice San Buenaventura; pero con tanta devoción que volvía devotos a los que le miraban. El humildísimo concepto que tenía formado de sí mismo, y la angelical pureza que debe acompañar a los ministros de tan tremendo sacrificio, que simbolizada en un vaso de tersísimo licor le dio a conocer un ángel enviado del Cielo, le retrajeron de ascender a la dignidad sacerdotal. Movido de esta misma reverencia decia a los sacerdotes de su orden: «Tributad, hermanos míos, tributad todo el honor y reverencia que podáis al Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo». Si la bienaventurada Virgen María es tan altamente honrada porque trajo en su seno el sagrado cuerpo de Jesucristo, ¿cuál debe ser la santidad y pureza del que le hace bajar del Cielo a la tierra, le recibe en su pecho, y aun le da a gustar a los demas? Estremézcase toda la tierra, y humíllese confundido el hombre cuando ve en manos del sacerdote a Cristo, hijo de Dios vivo. ¡Oh obra estupenda y admirable! ¡Oh prodigio de amor! ¡Oh liberalidad inestimable! El Dios de los cielos y de la tierra se humilla hasta ocultarse por nuestra salud bajo las especies de pan. Humillémonos también nosotros, y postrémonos a su presencia.
  
ORACIÓN
Dulcísimo y amorosísimo Jesús, que tantas veces hicisteis gustar a vuestro siervo Francisco aquellas celestiales dulzuras, que gustan las almas que dignamente os reciben en el sacramento del amor: yo me confundo a vista del estupendo prodigio, que obrasteis por nuestro amor, y no puedo hacer otra cosa que humillarme en vuestra real presencia. ¡Cuán poco he imitado al serafín Francisco en aquella pureza y santidad de alma, que exigis a los que deben gustar el pan de los ángeles, que nos tenéis siempre preparado en la Eucaristía! Vos, Señor, hacíais sentir al patriarca Francisco las más delicadas dulzuras en medio de las más grandes tribulaciones. ¡Oh Señor! No merezco estos favores; pero por el amor que os obligó a quedaros en el augusto Sacramento del altar, dad una mirada benigna sobre esta mi pobrecita alma, derramando en ella una sola gota de aquel bálsamo suavísimo con que curáis las más profundas llagas; y haced que a imitación de San Francisco no ame, ni quiera, ni desee amar otra cosa, sino a vos, en agradecimiento del amor que me manifestais en el santísimo Sacramento. Amén.
 
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 3 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
MEDITACIÓN DE LA DEVOCIÓN DE SAN FRANCISCO A LA INMACULADA VIRGEN MARÍA.
La santa Iglesia quiere que nosotros llamemos a la Virgen María esperanza nuestra: «Esperanza nuestra, Dios te salve». De tal manera tenía el patriarca San Francisco puesta en esta divina Madre su esperanza, que la constituyó su patrona y la de toda su Orden seráfica. En su honor, dice San Buenaventura, «ayunaba desde la fiesta de los apóstoles San Pedro y San Pablo, hasta su triunfante Asunción a los cielos; y en el primer capítulo que celebró, ordenó a sus hijos que cantasen todos los sábados una misa solemne en honor de la inmaculada Virgen María». Las iglesias consagradas a esta divina Señora eran el objeto de su mayor devoción, y su aseo y adorno el de su atención. Tantos obsequios, tantas oraciones y tantas devociones con que honraba a tan digna Madre, eran efecto de su amor; y este amor le hacía decir, que «ni en el Cielo ni en la tierra se conocía otro nombre, despues del de Jesús, del que reportasen los fieles mayores gracias, en quien depositaran mejor su confianza, ni de quien recibiesen mayor consuelo que del santísimo Nombre de María». Y María a la vez corresponde a la devoción de Francisco, depositando en sus brazos el fruto virginal de sus entrañas, y asegurándole su proteccion para con sus hijos y devotos.
  
ORACIÓN
Jesús y Señor mío, vos manifestasteis a mi padre San Francisco que el medio más seguro para llegar a vos es el de María vuestra Madre. Rogad pues por mí, ¡oh Madre de Dios!, ya que vuestro Hijo os escucha y os concede todo lo que le pedís. Es verdad que soy indigno de vuestra protección; pero vos nunca habéis abandonado al que ha recurrido a vos. ¡Oh María! A vos entrego mi alma: vos habéis de salvarla. Por los méritos de vuestro devoto Francisco os suplico que me alcancéis la perseverancia en la divina gracia, y el amor para con vuestro Hijo y para con vos. Alcanzadme, ¡oh Madre mía!, este favor de que yo, a imitación de mi padre San Francisco, siempre acuda a vos en todas mis tentaciones y peligros de perder la gracia. Asistidme especialmente en la hora de mi muerte: haced que expire pronunciando vuestro nombre y el de vuestro Hijo, diciendo: «Jesús y María, a vosotros encomiendo el alma mía. Amén».
 
Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.

sábado, 4 de agosto de 2018

VISIÓN DE SANTO DOMINGO Y DE SAN FRANCISCO

“Visión de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán” (Zacarías González Velázquez y Tolosa, Museo del Prado).
   
Refiere el beato Santiago de Vorágine en su Leyenda Dorada este episodio de la vida de Santo Domingo de Guzmán:
Un fraile menor, que había sido compañero de San Francisco durante muchos años, relató a muchos de los frailes de la Orden de Predicadores que cuando Santo Domingo estaba en Roma para la confirmación de su orden por el papa, vio en una noche a Jesucristo en el aire, sosteniendo tres lanzas en su mano (hambre, peste y guerra), y blandiéndolas contra el mundo, y su Madre corrió aprisa hacia Él, y le preguntó qué iba a hacer.
 
Y Él le respondió: «Todo el mundo está lleno de vicios, de soberbia, de lujuria y de abaricia, y por eso lo voy a destruir con estas tres grandes lanzas».
 
Entonces la Santísima Virgen se postró a sus pies y le dijo: «Hijo querido, ten piedad, y detén tu ira por tu misericordia».
  
Y Jesucristo le dijo: «¿No ves cuántos errores e injurias me hacen?».
  
Y Ella le respondió: «Hijo, atempera tu ira y deténla un poco, tengo un verdadero siervo y un noble luchador contra los vicios, que ha de recorrer todo el mundo y lo conquistará, y lo pondrá bajo tu señorío, y he de darles otro siervo en su ayuda que luchará como él hace».
  
Y nuestro Señor, su Hijo, dijo: «Estoy sosegado y recibo tu oración, pero debería ver a quién enviarás a tan grande oficio».
  
Entonces Ella le presento a Santo Domingo, y Jesucristo dijo: «Verdaderamente este es un buen y noble luchador, y hará tan dillgentemente lo que tú has dicho».
  
Luego Ella le mostró a Él y ofrecióle a San Francisco de Asís, y él lo elogió tanto como el primero.
  
Santo Domingo consideró diligentementene a su compañero en esa visión, porque nunca lo había visto antes, y lo encontró en el de la iglesia, y sabiendo que él que lo había visto en la visión sin otra compañía, y comenzó a besarlo y dijo: «Tú eres mi compañero, tú debes correr conmigo, y estaremos juntos, y ningún adversario nos superará».
  
Y luego él le relató en su orden las visiones que tuvo, y desde entonces ellos fueron un solo corazón y una sola alma en nuestro Señor, y ordenó que esta caridad debería guardarse como perdurable por aquellos que vengan después.

Abrazo de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán