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lunes, 26 de abril de 2010

FRUTO DE LA EUCARISTÍA: LA VIDA ETERNA

Desde Salutaris Hostia


Joan. 6.35.47

Dos cosas tenemos que examinar aquí: la primera es, el fruto espiritual que debemos sacar de la Eucaristía; y la segunda, el modo de sacar dicho fruto. Qué fruto sea este, fácil es de entender, pues es el desapegarnos de la vida mortal, y unirnos con Dios: lo cual explica Jesucristo claramente con aquellas palabras: En verdad en verdad os digo, que me buscáis, no porque habéis visto los prodigios que he obrado, sino por haber comido de los panes que multipliqué en el Desierto, y de que os hartasteis. Trabajad, no por la vianda que perece, sino por la que no perece jamás, la cual el Hijo del Hombre os dará porque á éste el Padre Dios aprobó con su sello, confirmando su doctrina, y su misión con tantos milagros. 

¡Bien claramente os explicais, Salvador mío! Vuestro ánimo es desprendernos de la vianda, y de la vida presente, y caduca, que se lleva nuestras atenciones, y por la que trabajamos todo el año; y traspasar nuestra diligencia, y trabajo á la vianda, y á la vida que no perece. Enseñadme, Salvador mío: atraedme de aquel modo admirable, que hace que pasemos á Vos: apartadme de todos aquellos cuidados, que no se enderezan sino á vivir para morir: hacedme gustar de aquella vida, en donde jamás se muere. 

¡Qué de milagros hacéis para que creamos en Vos! (Joan. 6. 30. 31) ¡Qué de maravillas, y prodigios! Nos habéis saciado de pan en el Desierto, es verdad. Pero ese pan, ¿acaso es comparable con el Maná que Moisés dio á nuestros Padres, del cual está escrito: Que les dio á comer pan del Cielo? El pan que Vos nos habéis dado, es pan de la tierra; y hay tanta diferencia entre Vos, y Moisés, como entre la tierra, y el Cielo. Las cuales palabras nos enseñan, que los Judíos no pensaban sino en los medios de sustentar la vida perecedera , y mortal; y que no sin razón Jesucristo les había reprehendido sus deseos carnales, porque no ponían su pensamiento en otra comida mas noble, que la del Maná, con que mantuvieron sus cuerpos en el Desierto; ni conocían otro Cielo, que las nubes que lo habían llovido: sin trascender á que no había tomado la denominación de Pan del Cielo, y de Ángeles, sino porque era figura de Jesucristo que les había de traer la vida eterna. Por eso, pues , usa de la expresión de que se sirve la Escritura para ensalzar el milagro del Maná, y para levantar las almas al verdadero Pan de Ángeles , que es el que las hace bienaventuradas ; puesto caso que después que Jesucristo encarnó , se ha hecho familiar, y perceptible á los hombres para darles vida. 

Díceles: Que ha bajado del Cielo. Que quien venga á el, jamás tendrá hambre; y quien crea en él, jamás tendrá sed (Ib.33. 35. 48) Que él es, por consiguiente, el verdadero Pan, y el verdadero sustento de las Almas, que vienen á él por la fe; empero que no por eso se pueden prometer  los hombres unirse con su divinidad, supuesto que es un objeto muy alto para una naturaleza pecadora, y abandonada á los sentidos corporales: que se ha hecho hombre por habitar entre los hombres: que la carne que ha tomado, es el solo, y único medio que les ha dado para unirse á él; y que por eso la ha llenado de la misma Divinidad, y consiguientemente del espíritu, y de la gracia, ó como dice S. Juan, de la gracia, y de la verdad (Joan. I. 44)  y en otra parte: que el espíritu no le ha sido dado con medida y que todos hemos recibido de su plenitud (Ibid. 3. 34. ) es decir, del espíritu de que está lleno. Con que de aquí sé sigue que nosotros tenemos en él la verdadera vida, la vida eterna, la vida del alma, y del cuerpo ; y no precisamente en él, como Hijo de Dios , sino también como Hijo del hombre. Trabajad en prepararos á recibir la Vianda, que se os dará por el Hijo del hombre; con tal que al mismo tiempo creáis que él es el Pan que ha bajado del Cielo, esto es, que es el Hijo de Dios  y con tal que creáis también que su carne, con que os quiere dar vida, está llena de Vida, y de espíritu. Y así, el fin adonde se endereza, es á hacernos vivir vida eterna, según el cuerpo, y el alma. La voluntad de mi Padre, dice, es que no pierda Yo nada de lo que me ha dado, y que para dar vida, así al cuerpo, como al alma, lo resucite en el último día. Y aún más: nuestros padres comieron el Maná, y con todo eso murieron; pero el que comiere de este Pan, vivirá eternamente (Joan. 6. 39. 59.).

Ve aquí, pues, el fruto de la Eucaristía, instituida para llenar el deseo que tenemos de vivir; y para darnos, por medio de ella, la vida eterna del alma, por la manifestación de la verdad  y del cuerpo, por la gloriosa resurrección. Señor, ¡qué mas tengo que desear! Vivir; vivir en Vos; vivir para Vos; vivir de Vos  y de Vuestra eterna verdad; vivir enteramente; vivir en el alma y vivir en el cuerpo, no perder nunca la vida, y vivir siempre. Todo esto lo tengo en la Eucaristía: luego lo tengo todo: solamente me falta gozar de  ello.

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FUENTE: Meditaciones sobre el Evangelio. J. B. Bossuet, Obispo de Meaux. 1775

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