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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 22 de enero de 2017

CARTA APOSTÓLICA “Testem Benevoléntiæ Nostræ”, SOBRE LA HEREJÍA DEL AMERICANISMO

El Americanismo ( o “herejía de la acción”, como la llamara Pío XII) actualiza las enseñanas heterodoxas de Pelagio de la prevalencia del esfuerzo humano hasta el punto de prescindir de los divinos auxilios, al agregar la separación Iglesia-Estado y el optimismo individualista y autoconfiado rechazando todo elemento doctrinal y disciplinario de la Iglesia considerado contrario al “espíritu del siglo”.
 
Para una perspectiva histórica sobre esta herejía, recomendamos leer nuestro artículo EL AMERICANISMO, ANTESALA AL MODERNISMO DEUTEROVATICANO.
 
CARTA APOSTÓLICA “Testem Benevoléntiæ Nostræ”, SOBRE LA HEREJÍA DEL AMEICANISMO

A nuestro querido hijo, James Card. Gibbons, Cardenal Presbítero del Título de Santa María del Trastevere, Arzobispo de Baltimore:
 
Querido hijo, Nuestro, Salud y Bendición Apostólica.
 
Os enviamos por medio de esta Carta el renovado testimonio de esa buena voluntad que nunca hemos dejado de manifestar a lo largo de nuestro pontificado a vos, a vuestros colegas en el Episcopado y a todo el pueblo estadounidense, valiéndonos gustosamente de toda oportunidad que nos ha sido ofrecida tanto por el feliz progreso de vuestra Iglesia como por cuanto habéis hecho recta y provechosamente para salvaguardar y promover los intereses católicos. Por otra parte, hemos considerado y admirado frecuentemente el noble carácter de vuestra nación, el cual permite al pueblo americano ser sensible a toda buena obra que promueve el bien de la humanidad toda y el esplendor de la civilización.
  
Sin embargo, esta carta no pretende repetir las palabras de alabanza tantas veces pronunciadas, sino más bien llamar la atención sobre algunas cosas que han de ser evitadas y corregidas, y puesto que ha sido concebida en el mismo espíritu de caridad apostólica que ha inspirado nuestras anteriores cartas, podemos esperar que la toméis como otra muestra de nuestro amor; esto más aun porque busca acabar con ciertas disputas que han surgido recientemente entre vosotros y que perturban el ánimo de muchos, si no de todos, con no poco detrimento de su paz.
 
Os es conocido, querido hijo Nuestro, que el libro sobre la vida de Isaac Thomas Hecker, debido principalmente a los esfuerzos de quienes emprendieron su publicación y traducción a una lengua extranjera, ha suscitado serias controversias por ciertas opiniones que presenta sobre el modo de vivir cristianamente. Nos, por consiguiente, a causa de nuestro supremo oficio apostólico, teniendo que guardar la integridad de la fe y la seguridad de los fieles, estamos deseosos de escribiros con mayor extensión sobre todo este asunto.
 
El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a la sabiduría católica a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe acercarse un poco más a la humanidad de este siglo ya maduro, aflojar su antigua severidad y hacer algunas concesiones a los gustos y opiniones recientemente introducidas entre los pueblos. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no sólo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas que conforman el "depósito de la fe". Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar las voluntades de aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos de la doctrina como si fueran de menor importancia, o moderarlos de tal manera que no conservarían el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado.
 
No se necesitan muchas palabras, querido hijo Nuestro, para entender con cuán reprobable designio ha sido pensado esto, si tan sólo se recuerda la naturaleza y el origen de la doctrina que la Iglesia transmite. El Concilio Vaticano dice al respecto: «La doctrina de la fe que Dios ha revelado no es propuesta como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un divino depósito confiado a la Esposa de Cristo para ser fielmente custodiado e infaliblemente declarado. De ahí que también hay que mantener perpetuamente el sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonarlo bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo» (Constitución Dei Fílius, sobre la fe católica, cap. IV).
 
No puede en absoluto considerarse como carente de culpa el silencio con el que ciertos principios de la doctrina católica son intencionalmente omitidos y oscurecidos con un cierto olvido.
 
Pues uno y el mismo es el Autor y Maestro de todas estas verdades que son abrazadas por la disciplina cristiana: «el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre» (Juan 1, 18). Estas verdades son adecuadas para todos los tiempos y todas las naciones, como se ve claramente por las palabras de Nuestro Señor a sus apóstoles: «Id, pues, y enseñad a todas las naciones; enseñándoles a observar todo lo que os he mandado, y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 19). Sobre este punto dice el Concilio Vaticano: «Deben ser creídas con fe divina y católica todas aquellas cosas que están contenidas en la Palabra de Dios, escrita o transmitida, y que son propuestas por la Iglesia para ser creídas como materia divinamente revelada, sea por juicio solemne, sea por su magisterio ordinario y universal» (Constitución Dei Fílius, sobre la fe católica, cap. III). Así pues, no ocurra que alguien omita o suprima, por motivo alguno, alguna doctrina divinamente transmitida; en efecto, quien lo hiciese estaría queriendo más separar a los católicos de la Iglesia que atraer a ella a los que disienten. Vuelvan, pues no hay nada más querido por Nos, vuelvan todos los que andan extraviados lejos del rebaño de Cristo, pero no ciertamente por un camino distinto al que el mismo Cristo nos mostró.
 
La disciplina de vida afirmada para los católicos no es de tal naturaleza que no pueda acomodarse a la diversidad de tiempos y lugares.
 
La Iglesia tiene ciertamente un espíritu clemente y misericordioso que le ha sido dado por su Autor; razón por la cual, desde su inicio ha cumplido gustosamente aquello que dijo San Pablo de sí mismo: «Me he hecho todo con todos para salvarlos a todos» (1 Corintios 9, 22).
 
La historia de todos los tiempos pasados es testigo de que esta Sede Apostólica, a la cual ha sido confiada no sólo el magisterio, sino también el régimen supremo de toda la Iglesia, se ha mantenido siempre «en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo significado» (Constitución Dei Fílius, sobre la fe católica, cap. IV); y no obstante, en cuanto al modo de vivir, de tal manera ha solido disponer su disciplina que, manteniendo incólume el derecho divino, nunca ha desatendido las costumbres e idiosincrasia de los diversos pueblos que ella abraza. ¿Quién puede dudar de que actuará de nuevo con este mismo espíritu si así lo requiere la salvación de las almas?
 
Pero este asunto no corresponde al arbitrio de personas particulares, que a menudo se engañan con la apariencia de bien, sino que debe dejarse al juicio de la Iglesia. En esto debe estar de acuerdo todo el que desee escapar a la censura de nuestro predecesor, Pío VI, quien declaró como «injuriosa para la Iglesia y el Espíritu de Dios que la guía» la doctrina contenida en la proposición LXXVIII del Sínodo de Pistoya: «que la disciplina establecida y aprobada por la Iglesia debe ser sometida a examen, como si la Iglesia pudiese formular una disciplina inútil o más pesada que lo que la libertad cristiana pueda soportar».
 
Pero, querido hijo Nuestro, en el asunto del que estamos hablando, es más peligroso y más pernicioso para la doctrina y la disciplina católicas aquel proyecto por el que los seguidores de la novedad sostienen que se debe introducir una suerte tal de libertad en la Iglesia que, disminuyendo de alguna manera su supervisión y cuidado, se permita a cada uno de los fieles ser más indulgente con sus propias ideas y con su propia actividad. Por lo demás, aquellos afirman que esto es requerido por el ejemplo dado con la libertad, recientemente introducida, que es ahora el derecho y fundamento de la comunidad civil.
 
Hemos hablado largamente de este punto en la carta apostólica sobre la constitución de los Estados dada por Nos a los Obispos de toda la Iglesia, donde también hemos mostrado la diferencia que existe entre la Iglesia, que es de derecho divino, y todas las demás asociaciones, que dependen de la libre voluntad de los hombres.
 
Así pues, conviene observar más detenidamente cierta opinión que es presentada como argumento para proponer tal libertad a los católicos. Se alega que después del solemne juicio dado en el Concilio Vaticano acerca del magisterio infalible del Romano Pontífice, ya no hay por qué preocuparse más de este asunto, y por consiguiente, desde que esto se encuentra ya a salvo, se puede abrir ahora un campo más amplio para la especulación y para la acción de cada uno.
 
Pero evidentemente tal manera de argumentar es contraria a la sensatez, ya que, si hemos de llegar a alguna conclusión a partir del magisterio infalible de la Iglesia, ésta sería más bien la de que nadie debería desear apartarse de éste, y más aun, que guiándose y dirigiéndose todos enteramente por el mismo magisterio, se conservarían más fácilmente inmunes de todo error propio. Y además, aquellos que arguyen esto, se alejan completamente de la providente sabiduría del Altísimo, que ha querido confirmar con un juicio más solemne la autoridad y el magisterio de su Sede Apostólica, y por ello mismo ha querido sobre todo que ésta alejase más eficazmente de los hijos de la Iglesia los peligros de los tiempos presentes. La licencia que a menudo es confundida con la libertad; una tal pasión por hablar y contradecir; en fin, la facultad de opinar lo que se quiera y de expresarlo por escrito, todo esto tiene a las mentes tan envueltas en las tinieblas que es ahora mayor que antes la utilidad y la necesidad del magisterio de la Iglesia, para que las personas no sean apartadas de la conciencia y del deber.
 
Dista ciertamente de Nos el rechazar todo lo que el ingenio de estos tiempos ha producido. Por el contrario, ciertamente acogemos gustosos cuanto es pertinente a la búsqueda de la verdad o al compromiso por el bien, para aumento del patrimonio de la doctrina y realización de los fines de la prosperidad pública. Pero todo esto, para que no carezca de una verdadera utilidad, no debe jamás existir ni desarrollarse al margen de la sabiduría y la autoridad de la Iglesia.
 
Corresponde ahora que nos refiramos a las conclusiones que han sido deducidas de las opiniones arriba mencionadas, en las cuales, si, como creemos, no ha sido mala la intención, sin embargo ciertamente lo que afirman no deja de suscitar desconfianza.
 
En primer lugar, todo magisterio externo es rechazado por éstos, que quieren alcanzar la perfección cristiana, por considerarlo superfluo e incluso menos útil; dicen que el Espíritu Santo infunde ahora en las almas de los fieles unos carismas mayores y más abundantes que en los tiempos pasados, guiándolos e instruyéndolos, sin mediación alguna, por un cierto impulso misterioso.
 
Ciertamente no es poco temerario querer determinar el modo en que Dios se ha de comunicar con los hombres; pues esto depende únicamente de su voluntad y Él mismo es el más libre dispensador de sus dones. «El Espíritu sopla donde quiere» (Juan 3, 8). «Y a cada uno de nosotros ha sido dada la gracia según la medida de los dones de Cristo» (Efesios 4, 7).
 
¿Y quién que recuerde la historia de los Apóstoles, la fe de la Iglesia naciente, los combates y muertes de tan animosos mártires, en fin, aquellos tiempos antiguos tan fructíferos y llenos de hombres santos, osará compararlos con el nuestro y afirmar que en ellos fue menor la efusión del Espíritu Santo? Pero, más allá de esto, no hay nadie que ponga en cuestión la verdad de que el Espíritu Santo actúa mediante un secreto descenso en las almas de los justos y los mueve con consejos e impulsos, pues si así no fuera, todo magisterio y cuidado externo sería inútil. «Si alguno afirma que... puede dar su asentimiento a la predicación evangélica de salvación sin la iluminación del Espíritu Santo, que a todos mueve dulcemente para consentir y creer en la verdad, está engañado por un espíritu de herejía» (Segundo Concilio de Orange, canon 7). Más aun, como sabemos también por experiencia, estos consejos e impulsos del Espíritu Santo son las más de las veces experimentados a través de la mediación de cierta ayuda y preparación del magisterio externo. Dice sobre esto San Agustín: «Él (el Espíritu Santo) coopera a que los buenos árboles den fruto, ya que externamente los riega y los cultiva mediante algún siervo, y por Sí mismo les confiere el crecimiento interno» (De Grátia Christi, cap. XIX). Es decir, corresponde a la ley ordinaria de la providencia amorosa de Dios que, así como ha decretado que los hombres se salven en su mayoría por el ministerio de los hombres, así también ha establecido que aquellos a quienes llama a un mayor grado de santidad sean guiados a éste por los hombres; de tal modo que, como dice el Crisóstomo, «seamos educados por Dios mediante los hombres» (Homilía I, In inscriptiónem Altaris). Un claro ejemplo de esto nos es dado en el inicio mismo de la Iglesia. Pues aunque Saulo, «respirando amenazas y muertes» (Hechos 9, 1), escuchó la voz del mismo Cristo y le preguntó: «Señor, ¿qué quieres que haga?», fue enviado a Damasco a buscar a Ananías: «Entra en la ciudad y allí se te dirá lo que debes hacer» (Hechos 9, 6).
 
Ocurre además que quienes buscan una mayor perfección, por el hecho mismo de recorrer un camino pocas veces transitado, están más expuestos a extraviarse, y por eso necesitan más que los demás de un maestro y guía.
  
Por otro lado, esta guía ha sido siempre obtenida en la Iglesia, y esta doctrina la han profesado unánimemente cuantos en el curso de los siglos han florecido con su sabiduría y santidad. Así pues, quienes la rechazan lo hacen ciertamente con temeridad y peligro.
 
Pero quien considere cuidadosamente este asunto, eliminada ya toda guía externa, difícilmente encontrará a qué pueda referirse en la opinión de los innovadores esta más abundante efusión del Espíritu Santo, que tanto ensalzan.
 
Ciertamente el auxilio del Espíritu Santo es absolutamente necesario, sobre todo para el cultivo de las virtudes; sin embargo, aquellos aficionados a la novedad ensalzan más de lo correcto las virtudes naturales, como si éstas respondiesen mejor a las necesidades y costumbres del tiempo actual, y como si conviniese al hombre estar adornado con ellas para estar mejor fortalecido y preparado para la acción.
 
Ciertamente es difícil entender cómo personas en posesión de la sabiduría cristiana puedan preferir las virtudes naturales a las sobrenaturales y atribuirle a aquéllas una mayor eficacia y fecundidad. ¿Puede ser que la naturaleza ayudada por la gracia sea más débil que cuando se abandona a sus propias fuerzas? ¿Acaso han probado ser débiles e ineptos en el orden de la naturaleza aquellos hombres santísimos, a quienes la Iglesia distingue y rinde culto por haber sobresalido en las virtudes cristianas? Y aunque sea lícito maravillarse algunas veces ante ilustres actos de las virtudes naturales, ¿cuántos entre los hombres sobresalen realmente por la práctica de éstas? ¿Hay alguien cuya alma no haya sido probada, y en grado intenso? Para superar constantemente estas pruebas, así como para guardar toda la ley en el mismo orden de la naturaleza, necesita el hombre ser ayudado por el auxilio divino. Aquellos actos naturales a los que arriba hemos aludido, si son mirados con mayor atención, mostrarán ser más una apariencia que verdaderas virtudes. Incluso concediendo que lo sean, si alguno no quiere «correr en vano», olvidándose de la eterna bienaventuranza a la que Dios en su bondad nos destina, ¿de qué nos aprovechan las virtudes naturales si no son secundadas por el don y la fuerza de la gracia divina? Así pues, dice bien San Agustín: «Maravillosas son las fuerzas y veloz el rumbo, pero fuera del verdadero camino» (In Psalmo XXXI, 4). Pues así como la naturaleza del hombre, debido a la caída primera, se encontraba en el vicio y la deshonra, pero por el auxilio de la gracia es elevada, renovada y fortalecida con una nueva grandeza, así también las virtudes, que son ejercidas no con las solas fuerzas de la naturaleza, sino con la ayuda de esta misma gracia, se hacen fecundas para la bienaventuranza eterna y adquieren un carácter más sólido y firme.
  
A esta opinión acerca de las virtudes naturales está muy unida aquella otra, según la cual el conjunto de las virtudes cristianas se divide como en dos tipos: pasivas, como las llaman, y activas; y añaden que las primeras eran más convenientes en los tiempos pasados, mientras que estas últimas son más acordes con el presente. Surge la pregunta sobre qué debe entenderse de esta división de las virtudes; pues no existe ni puede existir una virtud verdaderamente pasiva. «Con el nombre de virtud, dice Santo Tomás, se designa cierta perfección de una potencia; y el fin de la potencia es el acto; y el acto de la virtud no es otra cosa que el buen uso del libre albedrío» (Suma Teológica, parte I-II, cuestión 55, art. 1), ciertamente con la ayuda de la gracia de Dios, si se trata del acto de una virtud sobrenatural.
  
Sólo creerá que ciertas virtudes cristianas están adaptadas a ciertos tiempos y otras a otros quien no recuerde las palabras del Apóstol: «A quienes de antemano conoció, a éstos los predestinó para hacerse conformes a la imagen de su Hijo» (Romanos 8, 29). Cristo es el maestro y paradigma de toda santidad y a su medida deben conformarse todos los que aspiran a ser colocados en las sedes de los bienaventurados. Ahora, Cristo no conoce cambio alguno con el pasar de los siglos, sino que Él es «el mismo ayer, hoy y siempre» (Hebreos 13, 8). Así pues, se dirigen a los hombres de todas las edades aquellas palabras: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mateo 11, 29); para toda época se ha manifestado Él como «obediente hasta la muerte» (Filipenses 2, 8); y vale para toda época la sentencia del Apóstol: «Aquellos que son de Cristo han crucificado su carne con sus vicios y concupiscencias» (Gálatas 5, 24).
  
¡Ojalá que hoy en día muchos cultivasen abundantemente esas virtudes, como lo hicieron hombres santísimos en los tiempos pasados! Pues estos, con humildad, obediencia y abstinencia fueron poderosos «en palabra y en obra», con máximo provecho no sólo para la religión sino también para la sociedad civil y el bienestar público.
  
Dado este menosprecio de las virtudes evangélicas, falazmente calificadas de pasivas, era fácil que lentamente se apoderase de las mentes un desprecio por la vida religiosa. Y que esto sea común a los autores de estas nuevas opiniones lo inferimos de algunas afirmaciones suyas sobre los votos que profesan las órdenes religiosas. Pues dicen ellos que estos votos se alejan mucho del espíritu de nuestro tiempo, ya que coartan los límites de la libertad humana; que son más propios de mentes débiles que de mentes fuertes; y que lejos de ayudar a la perfección cristiana y al bien de la sociedad humana, son más bien obstáculo y perjuicio para una y otra.
  
Pero cuán falsas son estas afirmaciones es algo evidente si se tiene en cuenta la práctica y la doctrina de la Iglesia, que siempre ha aprobado en gran manera el modo de vida religioso. Y ciertamente no sin razón, pues quienes, llamados por Dios, han abrazado libremente este estado de vida, no contentos con la observancia de los preceptos comunes y yendo hasta los consejos evangélicos, se han mostrado como aprestados y valientes soldados de Cristo. ¿Acaso juzgaremos esto como propio de mentes débiles? ¿O tal vez como inútil o perjudicial para un estado más perfecto de vida? Quienes así se atan con la profesión de los votos religiosos, lejos de haber sufrido una disminución en su libertad, disfrutan de aquella libertad más plena y más libre «con la que Cristo nos ha liberado» (Gálatas 5, 1).
  
Este otro parecer suyo, a saber, que la vida religiosa es o enteramente inútil o de poca ayuda a la Iglesia, además de ser injurioso para las órdenes religiosas, no puede ser ciertamente la opinión de alguien que haya revisado los anales de la Iglesia. ¿Acaso vuestro país, los Estados Unidos, no debe tanto los comienzos de su fe como de su cultura a los hijos de estas familias religiosas? Precisamente hace poco habéis decretado, cosa muy digna de alabanza, que a uno de ellos le sea erigida públicamente una estatua.
  
Ahora bien, en este mismo tiempo, ¡cuán activa y fructuosa es la obra que realizan las asociaciones religiosas católicas dondequiera que se encuentran! ¡Cuántos se dirigen a nuevas fronteras para imbuirlas del Evangelio y ampliar los límites de la civilización; y esto con sumo esfuerzo y en medio de grandes peligros! Entre ellos, no menos que en el resto del clero, el pueblo cristiano encuentra predicadores de la Palabra de Dios, directores de las conciencias, maestros de la juventud, y la Iglesia toda, ejemplos de santidad.
 
Ninguna diferencia de dignidad debe hacerse entre quienes siguen un estado de vida activa y quienes, encantados por la vida retirada, dan sus vidas a la oración y mortificación corporal. Y ciertamente cuán buen reconocimiento han merecido ellos, y merecen, es conocido con seguridad por quienes no olvidan que «la plegaria asidua del justo» (Santiago 5, 16) sirve para traer las bendiciones del cielo, sobre todo cuando a tales plegarias se añade la mortificación corporal.
 
Pero si hay quienes prefieren congregarse sin la obligación de los votos, que lo hagan; esto no es algo nuevo en la Iglesia ni mucho menos algo censurable. Tengan cuidado, sin embargo, de no ensalzar tal estado por encima de las órdenes religiosas. Por el contrario, ya que en los tiempos presentes la humanidad es más proclive que antes a entregarse a los placeres, han de ser mucho más estimados quienes «habiendo dejado todo han seguido a Cristo».
  
Finalmente, para no alargarnos más, se afirma que el camino y método que hasta ahora se ha seguido entre los católicos para atraer de nuevo a los que se han apartado de la Iglesia debe ser dejado de lado, y otro debe ser elegido.
  
Sobre este asunto, bastará evidenciar, querido hijo Nuestro, que no es prudente despreciar aquello que la antigüedad en su larga experiencia ha aprobado y que es enseñado además por autoridad apostólica. Las Escrituras nos enseñan (Eclesiástico 17, 4) que es deber de todos trabajar por la salvación de nuestro prójimo según las posibilidades y posición de cada uno. Los fieles realizan muy provechosamente este deber que les ha sido asignado por Dios mediante la integridad de su conducta, sus obras de caridad cristiana, y su insistente y continua oración a Dios. Por otro lado, quienes pertenecen al clero deben realizar esto con una instruida predicación del Evangelio, con la reverencia y esplendor en las ceremonias, y especialmente dando a conocer con sus propias vidas la belleza de la doctrina que inculcó el Apóstol a Tito y a Timoteo.
  
Pero si de entre las diversas maneras de predicar la Palabra de Dios, alguna vez parezca que deba preferirse la de dirigirse a los no católicos, no en los templos sino en algún lugar adecuado, sin buscar las controversias sino conversando amigablemente, esto ciertamente no merece reprensión alguna; pero, sean destinados a esto por la autoridad de los obispos aquellos cuya ciencia y virtud probadas les sean de antemano conocidas.
 
Creemos que hay muchos entre vosotros que están separados de la verdad católica más por ignorancia que por mala voluntad; a estos los conducirá quizás más fácilmente al único rebaño de Cristo quien les presente la verdad como un amigo y con una predicación familiar.
  
Así pues, por todo lo que acabamos de decir, es evidente, querido hijo Nuestro, que no podemos aprobar aquellas opiniones que en conjunto son llamadas por algunos con el nombre de «americanismo».
  
Sin embargo, si por este nombre se quiere significar el conjunto de dones espirituales que adornan a los pueblos de América, así como otros a otras naciones, o si, además, por este nombre se designa vuestra condición política y las leyes y costumbres por las cuales sois gobernados, no hay ninguna razón para que lo rechacemos. Pero si por este nombre no sólo se quiere aludir a las doctrinas arriba mencionadas, sino que se las exalta, ¿qué duda habrá de que nuestros venerables hermanos, los obispos de América, serán los primeros en repudiarlo y condenarlo como algo sumamente injurioso para ellos mismos y para todo su país? Pues suscita la sospecha de que hay entre vosotros quienes se forjan y desean en América una Iglesia distinta de la que existe en todas las demás regiones.
 
Pero la Iglesia es una, tanto por su unidad de doctrina como por su unidad de régimen, y ésta es la Iglesia católica: y, puesto que Dios estableció su centro y fundamento en la Cátedra de San Pedro, con razón es llamada Romana, porque «donde está Pedro allí está la Iglesia» (San Ambrosio, In Psalmo 11, 57). Por eso, si alguien desea recibir el nombre de católico, debe ser capaz de decir de corazón las mismas palabras que Jerónimo dirigió al Papa Dámaso: «Yo, no siguiendo a nadie antes que a Cristo, estoy unido en comunión con Su Santidad, esto es, con la Cátedra de Pedro; sé que la Iglesia ha sido edificada sobre esa piedra y que quien no recoge contigo, desparrama».
 
Estas instrucciones que os damos, querido hijo Nuestro, en cumplimiento de nuestro deber, en una carta especial, tomaremos el cuidado de que sean comunicadas también al resto de obispos de los Estados Unidos, testimoniando una vez más el amor con el que abrazamos a todo vuestro país, un país que así como en tiempos pasados ha hecho tanto por la causa de la religión, con la feliz ayuda de Dios hará aún mayores cosas en adelante.
  
Para vos y para todos los fieles de Estados Unidos impartimos con gran amor, como promesa de la asistencia divina, nuestra bendición apostólica.
 
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 22 de enero del año 1899, vigésimo primero de nuestro pontificado.
  
LEÓN PP. XIII

sábado, 21 de enero de 2017

ORACIÓN A SANTA INÉS PARA OBTENER FORTALEZA

Martirio de Santa Inés
  
¡Cuán dulce y fuerte es, oh Santa Inés, el amor de tu Esposo Jesús! ¡De qué manera se apodera de los corazones inocentes, para transformarlos en corazones intrépidos! Así sucedió contigo. El mundo y sus goces, el suplicio y sus tormentos, todo ello era sin importancia para ti. El juez pagano te condenó a un insulto peor que mil muertes, sin saber que el Ángel del Señor te defendería. ¿Por qué no tuviste temor? Fue porque el amor de Jesús llenó tu corazón. La hoguera no era nada, la espada no era nada, incluso el infierno que movían los hombres, no significó nada para ti, porque tu amor te decía bien alto, que ninguna violencia humana sería capaz de arrebatarte el corazón de Jesús, tu divino Esposo; tenías su palabra y conocías muy bien su fidelidad.
 
¡Oh niña, inocente aún en medio de la capital de la pagana corrupción, y libre de corazón en medio de un pueblo esclavo, qué bien vemos en ti las virtudes de nuestro Emmanuel! Él es Cordero, y tú eres sencilla como Él; es el León de la tribu de Judá, y como Él eres tú invencible. ¡Verdaderamente, esos Cristianos, como decían los paganos, son una nueva raza bajada del cielo para poblar la tierra! Una familia que tiene Mártires y héroes y heroínas como tú, ¡santa valerosa!, que tiene jóvenes vírgenes, inflamados como sus pontífices y guerreros, de un ardor celestial y que no pretenden otra cosa que salir de este mundo después de haber depositado en él la semilla de las virtudes, es el pueblo de Dios, que no puede extinguirse. Sus Mártires son para nosotros la representación de las virtudes de Jesucristo. De suyo eran tan frágiles como nosotros; tenían una desventaja que nosotros no tenemos: vivir en la misma entraña del paganismo, paganismo que había corrompido la tierra entera, y no obstante eso, fueron fuertes y castos.
 
Ten piedad de nosotros y ayúdanos, ¡oh Inés, que eres una de las más resplandecientes entre los santos! Él amor de Jesús languidece en nuestros corazones. Tus luchas nos conmueven hasta llorar al oír contar tu heroica conducta, pero somos cobardes en la lucha que tenemos que librar contra el mundo y nuestras pasiones. El ansia habitual por la facilidad y las comodidades ha alimentado en nosotros cierta afeminación y, al volver nuestro interés hacia nimiedades, ¿cómo podemos tener seriedad y valor frente al deber? ¡La santidad! No podemos entenderla, y cuando oímos o leemos sobre ella, ¡gravemente decimos que los Santos hicieron cosas extrañas e imprudentes, y que se condujeron por nociones exageradas! ¿Qué debemos pensar en tu fiesta, de tu desprecio al mundo y sus placeres, de tu celestial entusiasmo y de tu afán por ir a tu Jesús mediante el sufrimiento? Tú, Inés, fuiste cristiana; ¿y nosotros no lo somos? Ruega por nosotros para que podamos amar como cristianos, esto es, con un amor generoso y activo, con un amor que pueda sentir indignación cuando nos pidan menos desapego a todo lo que no es de nuestro Dios. Ruega por nosotros para que nuestra piedad sea la del Evangelio, y no la piedad a la moda que le agrada al mundo y que nos hace agradables a nosotros mismos. Cierto es que existen almas valerosas que te siguen, pero son pocas; auméntalas con tu intercesión para que el Cordero pueda ser seguido doquiera vaya en el Cielo, por un cortejo innumerable de Vírgenes y Mártires.
 
Oh inocente santa, te presentas a nosotros, cada año, en la cuna del divino Niño; y nos regocijamos en tu fiesta al pensar en el maravilloso amor que hay entre Jesús y su valiente y pequeña Mártir. Este Cordero está para morir por nosotros también, invítanos a Belén; háblale a Él por nosotros, que la intercesión de una santa que Le amó como tú lo hiciste pueda obrar maravillas aún en los pecadores, cual somos nosotros. Condúcenos a la Virgen y Madre María, tú que imitaste su pureza virginal, y alcánzanos de ella una de esas plegarias suyas tan poderosas que purifican corazones aún peores que los nuestros.
 
Ruega, oh Inés, por la Santa Iglesia, que también es la Esposa de Jesús. Ella fue la que te hizo nacer a su amor; de ella tenemos también nosotros la luz y la vida. Alcánzale que sea bendecida cada vez más con un número siempre creciente de vírgenes fieles. Ampara a Roma, la ciudad que guarda tus reliquias y que te ama tan tiernamente. Bendice a los Prelados de la Iglesia, y obten para ellos la dulzura del cordero, la solidez de la roca y el celo del buen Pastor por la oveja perdida. Y finalmente, ¡oh esposa de Jesús!, escucha las oraciones de todos cuantos te invocan; enciéndase tu caridad hacia estos tus hermanos exiliados, y enséñanos del Sagrado Corazón de Jesús el secreto de encendernos con más fervor en un mundo cada vez más decadente. Amén.
  
Dom Prosper Gueranger OSB. El Año Litúrgico -edición inglesa-, vol. III. J. M. O'Toole & Son Printing, Dublín, 1868. Págs. 384-386

viernes, 20 de enero de 2017

EL JURAMENTO MASÓNICO EN 1974

Traducción del artículo publicado en LA MASSONERIA SMASCHERATA (un blog protestante, pero el artículo es interesante y verídico)

 
El Juramento masónico (que deben prestar los afiliados cuando son iniciados en la Masonería) en la Gran Logia de Italia de los Antiguos Libres y Aceptados Masones comunión de Piazza del Gesù (por tanto una obediencia masónica importante que ha tenido en el tiempo importantes masones en sus filas, como por ejemplo los actores Gino Cervi, Carlo Dapporto, Paolo Stoppa, Aldo Fabrizi y Antonio de Curtis -mejor conocido como Totò-, y el poeta y escritor Gabriele D’Annunzio). Este juramento masónico de esta obediencia masónica se encuentra en la documentación recogida por la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre la logia masónica P2 (https://www.senato.it/service/PDF/PDFServer/BGT/909720.pdf). ¡Justo para cerrar la boca de aquellos que quieren hacer creer que en la Masonería no se presta ningún juramento cuando se afilian! A propósito, algo en particular: ¡este juramento fue hecho por alguno en el 1974! ¡Y 1974 es el año de iniciación en la Masonería (de otra obediencia masónica) también de un masón que se profesa creyente evangélico y que tiene algunos admiradores en las Asambleas de Dios en Italia! Aquí lo que él también juró en aquel lejano 1974:
«PROMETO Y JURO de no revelar jamás los secretos de la Masonería Libre; de no hacer conocer a nadie lo que me será develado, bajo pena de tener cortada la garganta, rasgados el corazón y la lengua, las vísceras desgarradas, hecho pedazos mi cadáver, luego quemado y reducido en polvo, y este dispersado al viento para execrada memoria e infamia eterna».
 
¿No os hace temblar todo esto? ¡A nosotros nos causa horror! Y termino aquí, pero podría decir mucho más solo sobre esta parte del juramento masónico que es mucho, pero muy inquientante.
 
El que tenga oídos para oír, que oiga.
 
Giacinto Butindaro

EL ECUMENISMO Y LA MASONERÍA EN LA IGLESIA ORTODOXA

El término “Ortodoxia mundana” refiérese a los Patriarcados e iglesias autocéfalas que se llaman Ortodoxas a sí mismas, pero que cayeron en la herejía ecumenista. El ecumenismo es la madre de todas las herejías contemporáneas, ya que busca unir consigo a todas las religiones y sectas bajo auspicio de una pretensa “civilización del amor”, sobreseyendo las diferencias doctrinales. La Religión Ecuménica mundial, al aceptar que todas las religiones, creencias, ideas y dioses por igual conducen a la salvación, se opone a las Sagradas Escrituras y al dogma Unam, Sanctam, Cathólicam et Apostólicam Ecclésiam.
      
El movimiento ecuménico en la Iglesia Ortodoxa ha sido constante en todos los patriarcas constantinopolitanos desde el siglo XX, al igual que la infiltración masónica:
  • Comenzó con el patriarca Joaquín III de Constantinopla, el cual fue miembro de la logia Próodos (Progreso) de Estambul. Este mismo, en 1903, tras ser reelecto como patriarca de Constantinopla, promulgó una encíclica anticipando el movimiento ecuménico, al proponer discernir entre las diferencias y las divisiones para superar los obstáculos que impiden la unidad de los cristianos.
  • En 1920 se publicó una encíclica del patriarca Germán V, donde propugna por el acercamiento entre las distintas iglesias y la unificación de las conmemoraciones más importantes del Cristianismo, a la par que condena el proselitismo misionero como atentado contra el respeto mutuo entre las distintas denominaciones (CUALQUIER PARECIDO CON LOS ANTIPAPAS DEUTEROVATICANOS ES PURA REALIDAD).
  • En 1922, es electo Melecio IV Metaxakis como Patriarca constantinopolitano (Metaxakis se inició en la logia Armonía del Gran Oriente de Grecia en 1909, y alcanzó el grado 33.º R.E.A.A. al año siguiente). Melecio IV es recordado porque según informes del embajador griego en Washington al prefecto de Tesalónica, el 17 de Diciembre de 1921, revestido con todos los ornamentos, “tomó parte en un servicio anglicano, se arrodilló en oración con ellos, veneró su Santa Mesa, dio un sermón y bendijo a los presentes” (lo que causó su deposición como Arzobispo de Atenas); y el año siguente presionó para que el Patriarcado Ecuménico aceptase como válidas las órdenes anglicanas, decisión por la cual Roma elevó su protesta (en consonancia con la Encíclica Apostólicæ Curæ del Papa León XIII, que definió que las órdenes anglicanas SON NULAS E INVÁLIDAS EN SÍ MISMAS). Finalmente en 1923 presionó por la aceptación del calendario gregoriano en la ortodoxia, a pesar de que éste fue anatematizado en fecha tan reciente como 1902 (su sucesor Gregorio VII lo implementará en 1924).
  • Basilio III, electo en 1925, se inicia como masón en una logia del Gran Oriente de Turquía (la masonería en esa nación se remonta hacia 1720, e influyó en la política otomana de los siglos XIX y XX. Los líderes del movimiento “Jóvenes Turcos” –ژون تركلر/Jön Türkler–, entre ellos Mustafá Kemal Atatürk, se iniciaron en la logia Macedonia Risorta –o en la logia Véritas, según otros investigadores– de Tesalónica).
  • Atenágoras es más famoso: él y Pablo VI se levantaron mutuamente las excomuniones de 1054. Atenágoras se inició como masón en Atenas, donde se había trasladado en 1910 tras ser ordenado diácono. En 1952, cuatro años después de ser electo Patriarca constantinopolitano (aunque hay quien afirma que derrocó a su antecesor Máximo V con apoyo norteamericano), presentó una encíclica donde aprobaba que la Iglesia Ortodoxa participaría en el Movimiento Ecuménico y sería miembro (aunque condicionado) del Consejo Mundial de Iglesias. En 1960, organizó la Conferencia Pan-Ortodoxa de Rodas, que comenzó la relación ecuménica entre la ortodoxia constantinopolitana con los monofisitas de Egipto y Siria, siguiendo desde entonces amistosos encuentros y oraciones junto con Pablo IV de Roma (desde entonces el Patriarca conmemora en su liturgia al ‘Papa’ nombrándole en los dípticos) y Michael Ramsey de Canterbury, a pesar que el canon 33 del Sínodo de Laodicea prescribe que ‘nadie debe orar con herejes o cismáticos’, y que el canon 45 de los Santos Apóstoles decreta que ‘si un obispo, presbítero o diácono solamente ha orado con herejes, sea excomulgado; pero si les permite ejercer como clérigos, sea depuesto de su cargo’.
  • Demetrio I fue electo como Patriarca el 16 de Julio de 1972, y siguió los esfuerzos de su predecesor hacia la unificación con los Papistas, Monofisistas, etc. En 1975 estableció la intercomunión oficial con los latinos ‘por economía’ (discrecionalidad pastoral), siguiendose concelebraciones anuales. Cuatro años después, Demetrio anunció la creación de una “Comisión conjunta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica Romana”, como también la “Comisión conjunta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Orientales (monofisistas)”. El 20 de Julio de 1990, en la “Doxología Ecuménica” realizada en el Davies Symphony Hall de San Francisco (California), Demetrio oró junto a muchos clérigos de Roma, monofisistas y protestantes, además de rabinos e imanes (Demetrio decía que los ortodoxos y los musulmanes adoran al mismo Dios).
  • Y de Bartolomé I (masón del Arco Real), que ha superado a sus antecesores Atenágoras y Demetrio, ni hablar: graduado de la Academia Teológica de Halki en 1961, fue ordenado diácono por el superecumenista Melitón de Calcedonia, entonces Metropólita de Imvros y Tenedos. Luego, contrario a la ley canónica, fue oficial de las Fuerzas Armadas Turcas durante dos años, de donde salió a continuar estudios en el Pontificio Instituto Oriental de la Gregoriana en el período 1963-1968. Fungió como vicepresidente de la Comisión Fe y Orden del Consejo Mundial de Iglesias. En 1991, lideró la delegación bizantina a la VII Asamblea General del CMI en Canberra, Australia, donde se realizaron ceremonias paganas. A menudo habla favorablemente del Corán, de la Torá y de la mística musulmana. Su programa de pontificado incluye “la tolerancia y la coexistencia interfe, la protección del medio ambiente y la unidad del mundo en la paz, la justicia, la solidaridad y el amor”, condenando el proselitismo como pecado y usando el ecumenismo como herramienta propagandística y de control en manos de las Naciones Unidas (ME RECUERDA A BERGOGLIO, dirá alguno). 

De las demás iglesias ortodoxas que están bajo la jurisdicción del Patriarcado de Constantinopla, largo sería el contar. Pero tal como el rey, así su grey. La “Ortodoxia Mundana” comenzó más temprano que la Roma Apóstata su aggiornamento (o αναβάθμιση, anabáthmisi), y como ésta, perdió las notas de Canonicidad y Sucesión Apostólica.

martes, 17 de enero de 2017

LOS CASOS DE PEDERASTIA RETORNARÁN A LA CONGREGACIÓN PARA EL CLERO Y A LA ROTA

COMENTARIO PERSONAL
Bergoglio es un hipócrita al condenar el abuso de menores mientras que permite que los cardenales amigos protejan a presbíteros que son acusados por este delito. Incluso él mismo, como arzobispo de Buenos Aires, protegía a presbíteros y obispos de historial dudoso cuando menos. Casos famosos en Argentina fueron el del presbítero Julio César Grassi (del obispado de Morón, provincia arquidiocesana de Bs. As.), al cual a pesar de ser condenado judicialmente a 15 años de prisión, todavía conserva estado clerical, y el del "obispo" homosexual Juan Carlos Maccarone de Santiago del Estero. Bergoglio dijo que las acusaciones contra ellos eran persecución política y mediática contra la Iglesia. Eso sin mencionar el tristemente célebre caso de Juan Barros, obispo de Osorno (Chile), el cual fue acusado de ser cómplice del también pedófilo Fernando Karadima, y respecto del cual Bergoglio dijo que las acusaciones eran puras calumnias.

A continuación veremos otro episodio que confirma también no sólo la hipocresía, sino el carácter despótico que asumió Jorge Mario Bergoglio Sívori al verse entronizado por la mafia St. Gallen mediante la Conspiración Santa María la Mayor como el sexto reclamante conciliar al papado.
  
UN ESCANDALO DE ABUSO DE MENORES VIENE PARA EL PAPA FRANCISCO
Por Michael Brendan Dougherty para THE WEEK
  
  
La Iglesia Católica ha estado plagada desde hace mucho tiempo por enfermizos escándalos que involucran a presbíteros abusando niños. Y alegadamente se aproxima otro escándalo, esta vez por el con factura del mismísimo Papa.
 
Dos personas con relaciones directas con el Vaticano me dijeron que el Papa Francisco, siguiendo el consejo de su camarilla de aliados en la Curia, está presionando para revertir las reformas que fueron instituidas por sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI en el manejo de los casos de presbíteros abusadores. Francisco está tirando para adelante con este plan aunque los oficiales de la curia y los cardenales que lo apoyan ya han traído más escándalo a su papado urgiéndole a un trato más indulgente con los ofensores.
 
En 2001, el Vaticano instituyó una gran reforma en cuanto al manejo de los casos de presbíteros acusados de abuso de menores. La jurisdicción sobre estos casos fue removida de la Congregación del Clero y la Rota Romana (la Corte Suprema del Vaticano), y conferida a la oficina de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF). Subsecuentemente, el volumen y la velocidad con que la Iglesia Católica removió a los presbíteros abusadores aumentó. Ese fue el legado del Papa Benedicto al intentar confrontar "la inmundicia" en la Iglesia.
  
Recientemente, el Papa Francisco hizo pedir al Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, una opinión del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, dirigido por el cardenal Francesco Coccopalmerio, acerca de la posibilidad de retornar la competencia para tratar los casos de abusadores desde la CDF al Clero y a la Rota. La oficina de Coccopalmerio respondió positivamente.
  
Francesco Coccopalmerio
 
Y aunque no fue mencionado en los informes de mass media, el Papa Francisco también discutió esta "reforma de la reforma" sobre el abuso infantil cuando se reunió con su grupo especial de consejeros, el Consejo de Cardenales, a mediados de Diciembre, me contó un prelado con conocimiento de primera mano sobre la reunión. La oficina de prensa del Vaticano no respondió a las solicitudes de confirmación o comentario sobre el particular.
 
El Papa Francisco siempre ha hablado duramente sobre el abuso de menores. En una carta a los obispos el 28 de Diciembre, la fiesta de los Santos Inocentes, denunció el abuso de menores:
"Personas que tenían a su cargo el cuidado de esos pequeños han destrozado su dignidad. Esto lo lamentamos profundamente y pedimos perdón. Nos unimos al dolor de las víctimas y a su vez lloramos el pecado. El pecado por lo sucedido, el pecado de omisión de asistencia, el pecado de ocultar y negar, el pecado del abuso de poder".
  
Francisco fue elegido en parte para reformar una curia disfuncional. Así que cambiar responsabilidades no es un problema en sí. Y es difícil no creer en la sinceridad de sus jeremiadas contra los ofensores de menores. Pero el desempeño de la CDF en este asunto es de lejos mejor que antes de 2001.
 
Así que, ¿por qué el reversazo? Quizá porque la CDF ha tomado un duro acercamiento acribeyano al tema del abuso de menores, que choca con el estilo más personal y autocrático de este papa. O tal vez porque reformar la reforma pudiera recompensar a sus aliados y humillar a un antagonista.
 
Rumores de esta reforma han circulado en Roma durante meses. Y no felizmente. El Papa Francisco y sus cardenales aliados son conocidos por interferir con los juicios de la CDF sobre abusos de menores. Esta intervención ha devenido tan endémica al sistema que los casos de abusos presbiterales en Roma tienen dos clasificaciones diferenciales. La primera es culpable o inocente. La segunda es "con amigos cardenales" o "sin amigos cardenales".
 
Y de hecho, el Papa Francisco está aparentemente presionando con su reversión de prácticas abusivas incluso aunque los cardenales que son favorables a esta reforma de la reforma le hayan traído problemas por sus amigos.
 
Considere el caso del "P". Mauro Inzoli. Inzoli vivió tan flamígeramente y tenía un gusto por los coches lujosos que se ganó el apodo de "Don Mercedes". Él también fue acusado de molestar a niños. Alegadamente abusaba de los menores en el confesionario. Incluso fue tan lejos como para enseñarles a los niños que el contacto sexual con él estaba legitimado por las Escrituras y su fe. Cuando su caso llegó a la CDF, fue hallado culpable. Y en 2012, bajo Benedicto XVI, Inzoli fue reducido al estado laico.
  
Mauro "Don Mercedes" Inzoli, miembro de Comunión y Liberación. Condenado por pederastia.
 
Pero supimos que Don Mercedes tenía "amigos cardenales": El cardenal Coccopalmerio y Monseñor Pío Vito Pinto, ahora decano de la Rota Romana, intervinieron en favor de Inzoli, y el Papa Francisco lo retornó al estado clerical en 2014, invitándole a "una vida de humildad y oración". Esas constricciones parecían no causarle mayor problema a Inzoli. En Enero de 2015, Don Mercedes participó en una conferencia sobre la familia en Lombardía.
 
Pío Vito Pinto, decano de la Rota Romana. Aparece en la Lista Pecorelli de prelados masones con fecha de iniciación 2 de Abril de 1970, matrícula 3337/42 y nombre código PIPIVI.
 
Este verano, las autoridades civiles finalizaron su propio juicio contra Inzoli, condenándolo por ocho ofensas. Otras quince resultaron prescritas por el paso del tiempo [1]. La prensa italiana reprochó al Vaticano, específicamente a la CDF, por no compartir información que encontraron en su juicio canónico con las autoridades civiles. Por supuesto, el papa mismo pudo haber permitido a la CDF compulsar la información a las autoridades  civiles si lo deseaba.
 
Es asombroso que después de haber cedido a solicitudes de intervención de Coccopalmerio y Pinto (pedidos que fueron injustos y humillantes), el papa procediera a darle autoridad sobre algunos casos de abuso de menores a Pinto. Pero tal vez eso no sea lo primero en su mente. Hacerlo recompensaría a uno de los amigos del Papa Francisco y humillar a alguien que ve como un antagonista.
 
El veterano reportero eclesial John Allen anotó recientemente en el noticiario Crux que el Papa Francisco no siempre ataca directamente cuando intenta dispararle en las rodillas a sus críticos dentro de la Iglesia, o a los obstáculos a su reforma en el Vaticano. A veces, les da vuelta. Allen escribió que "eso significa que formalmente mantiene a una persona en un cargo mientras confía la responsabilidad real a otro y, por tanto, convertir al oficial original, si no en algo casi irrelevante, ciertamente menos decisivo".
 
Ese ha sido el modus operándi de Francisco con la CDF, dirigida por el cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller, en el pasado. Cuando el Papa Francisco quiso cambiar el proceso de declaración de nulidad matrimonial, esencialmente pasó por encima de Müller, un constante crítico de los puntos de vista papales sobre el matrimonio y los sacramentos. En su lugar, el papa acudió al cardenal Coccopalmerio. La lealtad de Mons. Pinto es incuestionable. Fue Pinto quien arremetió contra cuatro cardenales que públicamente cuestionaron la ortodoxia del reciente documento papal Amóris lætítia. Los cuatro cardenales criticaron el documento porque alienta cambios a la práctica sacramental católica que ellos consideran imposibles según la doctrina católica. Pinto les recordó que el papa podría removerles el estatus cardenalicio. Mientras que el cardenal Müller parecía darles ayuda y consuelo a esos cardenales, diciendo que la práctica sacramental de darle la comunión a los adúlteros no debería ser aprobada.
 
En cualquier caso, sobre el abuso, la justicia impartida por la CDF de Müller parece ser demasiado áspera para el papa y sus aliados. Y así, el papa espera que el rol de la CDF sea irrelevante en estos casos.
 
Nada se ha decidido sobre esto finalmente, y es posible que las mentes más sensatas prevalezcan y le recuerden al Papa Francisco que los cardenales y los cargos están realmente sirviendo a sus mejores intereses y haciendo justicia en nombre de su autoridad. O al menos recordarle que mientras la prensa parece alentarle a deshacer la enseñanza de Juan Pablo II sobre la comunión a los divorciados, ellos no podrían hacer lo mismo si aliviase las sanciones contra los ofensores de niños que acontece tienen amigos en el círculo interno que le rodea.
  
NOTA DEL TRADUCTOR
[1] El artículo 157 del Código Penal Italiano establece que los delitos prescriben entre los seis años y el máximo de la pena establecida, excepto cuando se sanciona con cadena perpetua. En el caso sub júdice, el artículo 609 quater del citado código, los actos sexuales con menores tienen pena de entre seis y doce años de prisión, y los abusos de Inzoli transcurrieron entre 2004 y 2008. Pero como se acogió al proceso abreviado (artículos 438 y ss. del Código de Procedimiento Penal italiano), la pena le fue reducida en una tercera parte.

lunes, 16 de enero de 2017

DEL DEBER DE IMITAR EL EJEMPLO DE LOS SANTOS

"Todo el que admira con amor religioso a los Santos y celebra una y otra vez con alabanzas la gloria de los justos, debe imitar su justicia y su vida santa. El que siente alegría ensalzando los méritos de algún santo, ha de tener empeño también en ser, como el santo, fiel al servicio de Dios. Así, pues, o imita uno al que alaba o no alaba al que no quiere imitar. El que tributa elogios a otro, hágase digno de ser alabado, y el que admira el mérito de los Santos, hágase también admirar por su vida santa. Si amamos a las almas justas y fieles por el aprecio que hacemos de su justicia y su fe, también nosotros podemos ser lo que son ellos, si lo que hacen ellos, lo hacemos nosotros.
 
NUESTROS MODELOS
Y no es difícil para nosotros imitar sus acciones, pues, mientras los primeros Santos, para hacerlas, no tuvieron ejemplos anteriores que imitar, no fueron imitadores de otros, se nos presentan ellos a nosotros como ejemplares que debemos copiar en la práctica de la virtud. Así, tanto por el provecho que sacamos nosotros de su ejemplo, como por el que saque el prójimo del nuestro, será Jesucristo perpetuamente glorificado por sus siervos en la Santa Iglesia.
 
Ya en los primeros tiempos del mundo el inocente Abel fue sacrificado; Enoc, porque era grato a Dios, fue arrebatado de este mundo; Noé fue hallado justo; Abraham, probado y hallado fiel; Moisés se distinguió por su mansedumbre; Josué, en la castidad; David por la clemencia; Elías agradó al Señor; Daniel fue piadoso; sus tres compañeros, vencedores; los Apóstoles, discípulos de Cristo, fueron nombrados maestros de los creyentes; instruidos por ellos, los Confesores luchan con valentía; los Mártires, consumados en perfección, triunfan; y legiones de cristianos, armados por Dios, infligen al diablo continuas derrotas. Por sus virtudes todos estos son parecidos; por sus combates, diferentes; por sus victorias, gloriosos.
 
NECESIDAD DE LUCHAR
Oh cristiano, eres soldado cobarde si piensas que vas a vencer sin luchar y a triunfar sin esfuerzo. Despliega tu fuerza, lucha con valor, pelea sin desmayo en esta refriega. Recuerda tu pacto, atiende a las condiciones, mira lo que es la milicia: el pacto, lo hiciste; las condiciones, las aceptaste; en la milicia, te alistaste".
  
SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sermón De la imitación de los mártires

lunes, 9 de enero de 2017

EL SENTIMIENTO JUDÍO CONTRA LOS CRISTIANOS

El rabino judeo-francés Shlomo Chaim Hacohen Aviner escribió lo siguiente en 2010:
Tenemos largas cuentas con el cristianismo, unas cuentas llenas de sangre. El cristianismo es el que derramó más sangre judía a lo largo de toda la historia –ya sea a través de cristianos devotos, cristianos menos devotos, y personas que absorbieron la cultura cristiana. El Holocausto fue obra de los alemanes, que nunca negaron su cristianismo.
 
Los cristianos convinieron exterminarnos – a filo de espada, o de cualquier otra forma. Pero, ¿por qué? ¿Qué les hicimos?
 
Es que los cristianos arguyen que ellos son Am Israel (el Pueblo de Israel) auténtico. Hubo un intento que nosotros seamos Am Israel, pero según su forma de pensar eso fracasó, y por ello fuimos sustituidos por un nuevo Am Israel: Somos el Am Israel de carne, pero ellos son el Am Israel espiritual, el verdadero Am Israel – Verus Israel. Somos el Am Israel viejo, sólo las escorias históricas que deberán desaparecer totalmente.
 
Pero para su enojo, nosotros no desaparecemos – y argüimos que somos Am Israel. Por eso, ellos hacen todo lo que pueden para “ayudarnos” a desaparecer: Pogromos, inquisición y conversión por la fuerza. Judíos que se negaron a convertirse fueron tirados a la hoguera, sus barrigas fueron partidas, los golpearon hasta matarlos, las mujeres fueron violadas, sus riquezas fueron robadas, los ahogaron y los acogotaron – a través de la religión que se apoda a sí misma “la religión del amor”. Esa religión pregona que cuando te dan una cachetada, debes ofrecer la otra mejilla – pero en la práctica, fue ella la que nos golpeó todo el tiempo. Y peor que ello: De momento que fuimos sustituidos, estamos demás en el mundo. Debemos dejar de existir, o convertirnos al cristianismo.
 
Pero somos un pueblo terco, y no dejamos de existir. Por ello, el cristianismo tuvo que adoptar otra teoría: No importa si ese pueblo continúa existiendo, lo importante es que sea humillado. Siendo un pueblo desgraciado y humillado es un monumento vivo-muerto que atestigua que el cristianismo es auténtico, ya que “el nuevo y auténtico Am Israel” es el importante, cuenta con un millar y medio de adeptos –en contraste con los judíos, que son desgraciados, pobres y necesitados. Por el contrario, que se queden así para toda la eternidad, como una excelente prueba. Así escribe el filósofo religioso cristiano Pascal– que también fue un conocido matemático.
 
En resumen, hay tres soluciones: Desaparecer, convertirse al cristianismo o por lo menos ser humillados en el exilio – el judío perseguido, solitario y errante. En base a ello, nos persiguieron y nos hicieron sufrir hasta la muerte.
 
En comparación con ellos, el problema árabe es lateral: En nuestra ausencia, se acostumbraron a vivir en nuestra tierra y ambicionaron también el poder. Es un conflicto territorial. Pero el conflicto con el cristianismo no es por un trozo de tierra, sino que es algo básico, esencial – ¿quién es Am Israel? O nosotros, o ellos. Es así que el cristianismo se comporta según ese triángulo infernal: Matar, convertir o humillar.
 
Pero hubo un desperfecto en su plan: Volvimos a nuestra tierra, y el Estado de Israel fue creado. Los profetas vaticinaron que Am Israel volverá a su tierra, pero según los cristianos son ellos los que deben volver. Ellos no volvieron, nosotros sí. ¡Un gran problema! Al principio del Holocausto, el Papa exhortó a todos los dirigentes cristianos del mundo prohibir de toda forma posible el nacimiento del Estado de Israel – porque de ello depende todo el destino del cristianismo, y no sólo su trono.
 
En efecto, las profecías se cumplen en nosotros. Ya no somos el judío errante, el judío solitario – somos un pueblo respetable, que vive en su tierra. Ya no se nos puede dar cachetadas, porque Tzaha”l (el Ejército de Defensa de Israel) sabe devolver y doblar – el que nos de una cachetada en la mejilla, recibirá dos cachetadas en ambas mejillas, para que todos vean y teman.
 
Hubo un percance en el plan, pero enseguida se repusieron: Es cierto que fue creado el Estado de Israel, pero seguramente se desmoronará – y nosotros lo ayudaremos a desmoronarse, provocando su desequilibrio.
 
Hasta aquí la concepción católica. En contraste, los malditos protestantes arguyen que el tema no es urgente: Que vuelvan a su tierra, que construyan su estado –e incluso el Beit HaMikdash (el Templo)– y cuando terminen, todos se convertirán al cristianismo. ¡Y ese será un gran acontecimiento, muy importante! Por supuesto, también hoy en día hay que esforzarse en convertir judíos al cristianismo: Ya no se los puede matar, tienen su propio ejército. También humillarlos se volvió difícil. Pero todavía se los puede convertir, y eso es lo que hacen los protestantes en todo el mundo – y sobre todo en Israel. El presupuesto de la misión en Israel –millones de dólares– es el doble que el de todos los otros países juntos.
 
Desde su punto de vista, convertir un judío es un gran éxito – pero hacerlo en Israel, es lo más importante. Así dejará de existir Am Israel. En nuestro país hay muchos misioneros: 8000 pagos que trabajan jornada completa, otros muchos que trabajan jornadas parciales, y varias decenas de miles de voluntarios que hacen su labor cuando es necesario. Todos ellos actúan en silencio y engañando a las personas, haciendo el mal con astucia.
 
Ellos ubican a los judíos que están en mala situación económica, les dan dinero sin hablarles una palabra de cristianismo, una y otra vez. De esa forma se vinculan con ellos, y después de uno o dos años empiezan a hablarles de religión. Así actúan sin descanso, cuando su meta es convertir a todo Am Israel.
 
Por supuesto, no debemos preocuparnos demasiado: No lo lograrán. Pero también que conviertan a algunos judíos, es una desgracia. Hay que estar atentos, y luchar contra esa vergüenza y ese oprobio.
 
Hay una secta que se apoda “Testigos de Jehova”, que reparten dinero y librillos que parecen muy inocentes: “Am Israel – ¿qué es?”. “¿Qué es judaísmo?”. “¿Qué es el Mesías?”. Sobre los librillos están dibujados la estrella de David, el candelabro y otros símbolos judíos. Ellos penetran lentamente dentro del mundo judío.
 
Todos esos misioneros, de todo tipo, buscan judíos desgraciados: Problemas económicos, problemas sicológicos, peleas entre cónyuges, problemas de educación de los hijos… Ellos les hablan al corazón, y lentamente los envenenan.
 
Y hay peores: “Judíos para Jesús” – parte de ellos son judíos que se convirtieron al cristianismo. Tienen kipa, hablan hebreo y se enrolan en el ejército. También sus hijos son misioneros: El hijo viste una kipa tejida, estudia en una Ieshiva Tijonit (liceo religioso) y participa de las actividades de Bney Akiva (movimiento juvenil religioso) – pero es un misionero. También su hija lo es, en la Ulpena (liceo religioso para muchachas). Van al Beit HaKneset (Sinagoga), se visten como judíos, rezan como judíos – no revelan su identidad. Imparten clases de Tanaj (Biblia) que parecen totalmente comunes y normales – pero con el tiempo, introducen ideas cristianas. Son unos 5000, y viven en todo el país – también en los asentamientos. En el Midrejov de Ierushalaim podrás ver a veces Jasidim (miembros de una corriente jasídica) de Breslav que bailan y cantan: ¡No! Ellos son misioneros disfrazados. Hay también Jasidim de Breslav auténticos que pasan por allí, y en su inocencia caen en la trampa, cantan y bailan con ellos…
 
Parte de ellos se disfrazan de Jasidim de Breslav, otros de datiim leumim (religiosos nacionalistas), y hay también quienes se disfrazan de jaredim (ultra-ortodoxos). Andan de casa en casa en los barrios jaredim y reparten dinero – como si fuese de una organización de caridad. Vuelven una y otra vez, y van atrapando a sus víctimas con su tela de araña.
 
Tanto nos hicieron sufrir a lo largo de las generaciones, y todavía continúan intentando convencernos que hay una persona que es un dios, un dios-humano, tres que son uno, uno que es tres… Ya lo escuchamos, frente a la hoguera, cuando nos dijeron: “¡Conviértanse al cristianismo, o los tiraremos al fuego!”. Y contestamos: “¡Escucha Israel, el Eterno es nuestro Señor, el Eterno es uno!”. Entonces, ¿quizás nos dejarán en paz ahora?
 
¡No! Ellos no cesan. Se encuentran en el país, y cazan almas desgraciadas. Las compran con dinero, y después las convierten al cristianismo – les hacen el bautismo en el Kineret o en la piscina de un hotel.
 
Hay que abrir los ojos y luchar. La organización “Yad LeAjim” lucha ya hace decenas de años contra los misioneros. Pero no es solamente su papel: Es el papel de todo judío – religioso o secular, derechista o izquierdista, Ashkenazi o Sfaradi – detener esas repugnantes acciones, cuando ellos se atreven a venir a nuestra propia tierra para convertirnos al cristianismo.
 
También en el exterior ellos actúan, pero los judíos allí son más cuidadosos. Tienen buenas “antenas” para saber diferenciar. Pero aquí en nuestra tierra, es más difícil. En una esquina de Tel-Aviv hay dos muchachos sentados, que cantan cantos de Eretz Israel (la Tierra de Israel) acompañados de guitarras – ¿cómo podrás saber si son misioneros? Ellos reparten gratuitamente librillos de judaísmo – y sólo al final es nombrado Jesús.
 
Debemos cuidarnos, ser conscientes del peligro. Ellos trabajan mucho dentro de los círculos de Olim (inmigrantes) de Rusia – y parte de ellos son cristianos que llegaron al país amparados por la “Ley del Retorno”.
 
Por eso, no debemos olvidar que el cristianismo es el enemigo número uno a lo largo de toda la historia. Los depravados asesinos árabes son poca cosa en comparación. También las armas árabes, son armas cristianas: Los árabes no saben fabricar armas. Ya hace 400 años que están estancados – desde el punto de vista cultural, científico y tecnológico. Ellos no saben fabricar armas, y si los cristianos no les venderán, habrá paz. La anhelada paz llegará por sí sola. Pero los cristianos les venden armas, y les enseñan a utilizarlas. Los cristianos son nuestro principal enemigo, en todas las generaciones.
 
El Rambam (Maimónides) escribe que toda la Torá es una lucha contra la idolatría (More Nebujim 3:29). El cristianismo es una idolatría disfrazada de Tanaj (Orot, Pág. 34): Idólatra por dentro, judío por afuera. “No hay más judío, no hay más griego” – dijo Paulus. Se puede ser judío y griego al mismo tiempo: Un griego idólatra por dentro, y un judío por fuera. Por ello, nuestra lucha contra el cristianismo es la misma lucha contra la idolatría – aunque mucho más compleja y sofisticada.
    
No es por azar que en el libro “Orot” – el gran libro del Rav Kuk, donde habla del renacimiento de la nación, el regreso a Tzion, la reconstrucción de la tierra – se habla tanto del cristianismo, nuestro opositor, y se habla del enorme daño que le produce a la humanidad. La respuesta al cristianismo, es Israel y su renacimiento: También para ello renacemos, gracias a D’s. Volvemos a nuestra tierra, nos reforzamos y también reforzamos nuestra lucha contra ellos.
 
Nos reforzaremos, y nos fortaleceremos.

COMENTARIO
La verborrea sádica de Shlomo Chaim Hacohen Aviner (cuyo nombre real era Claude Langenauer) en este texto delata que es un individuo que tiene serios problemas mentales, lo que lo hizo insoportable hasta los soldados del Tzahal por sus constantes apelos a la violencia desproporcionada y crueldad contra los habitantes de Gaza en la operación Plomo Fundido. Además, sobre él pesan graves acusaciones de abuso sexual.
 
Pero bueno, QUE ELLOS, QUE INMBUIDOS ESTÁN DE SATÁNICA PERFIDIA, PEREZCAN CON EL ANTICRISTO EN EL ARMAGEDÓN, COMO EN SU TIEMPO LES PASÓ CON SIMÓN BAR KOJBA, YA QUE RECHAZARON A JESUCRISTO, EL MESÍAS QUE MOISÉS Y LOS PROFETAS ANUNCIARON.

domingo, 8 de enero de 2017

EL “GAUCHITO GIL”, SIERVO DEL DIABLO

Tomado de LA PUERTA ANGOSTA
 
  
El “Gauchito Gil” y “San la muerte” son dos de los personajes más «venerados» por los ladrones para conseguir que los robos que van a cometer sean exitosos y la Policía no los atrape, según indicaron fuentes policiales en la Argentina.
 
El “Gauchito Gil” era un hombre llamado Antonio Mamerto Gil Núñez que vivió en el 1800 en la provincia de Corrientes.
 
La leyenda cuenta que al Gauchito se ganó la enemistad de un comisario porque ambos deseaban a la misma mujer, y pasó a vivir prófugo. Para mantenerse, el prófugo formó una banda de ladrones que robaba principalmente ganado y el botín siempre lo repartía entre los pobres. La historia del “Gauchito Gil” terminó cuando fue detenido y degollado por las autoridades.
 
Una alta fuente policial consultada señaló que desde entonces los delincuentes veneran al “Gauchito Gil” por su condición de ladrón, prófugo y enfrentado a la Policía. «Los ladrones veneran al Gauchito, le ponen velas antes y después de los robos para asegurarse el éxito y no ser detenidos», agregó el vocero consultado por la prensa.
 
Para las autoridades de entonces, Antonio de la Cruz Gil era un gaucho matrero, desertor, ladrón y asesino, al cual buscaban con intensidad, hasta que pudo ser atrapado en una emboscada en la cual murió como consecuencia del enfrentamiento.
 
Este delincuente era muy devoto de San la muerte, y ambos están asociados a la hora de conceder los deseos de quien sea... Aunque ninguno de sus devotos satisfechos imaginan el alto precio que habrán de pagar al verdadero Patrón del Gaucho... El mismo que dijo:
“Te daré todo esto (todos los reinos del mundo con todo su esplendor), si te postras para adorarme”. (Mateo 4, 9)

viernes, 6 de enero de 2017

ANUNCIO DE LAS FIESTAS MOVIBLES 2017

En el Rito Romano tradicional, el día de la Epifanía, el Diácono, luego del canto del Evangelio, hacía el anuncio de la Pascua y las fiestas movibles del año.

Para el año 2017, tenemos el siguiente (Imagen proporcionada por SCHOLA SAINTE CÉCILE): 
  
  
LATÍN
Novéritis, fratres caríssimi, quod annuénte Dei misericórdia, sicut de Nativitáte Dómini nostri Jesu Christi gavísi sumus, ita et de Resurrectióne ejúsdem Salvatóris nostri gáudium vobis annuntiámus:

Die duodécima Februárii erit Domínica in Septuagésima. 

Prima Mártii dies Cínerum, et initium jejúnii sacratíssimæ Quadragésimæ. 

Sexta décima Aprílis sanctum Pascha Dómini nostri Jesu Christi cum gáudio celebrábitis. 

Quinta vigésima Máji, erit Ascénsio Dómini nostri Jesu Christi. 

Quárta Júnii Festum Pentecóstes. 

Quínta décima ejúsdem Festum sacratíssimi Córporis Christi. 

Tértia Decémbris Domínica prima Advéntus Dómini nostri Jesu Christi, cui est honor et glória, in sǽcula sæculórum. Amen.

TRADUCCIÓN
Sabed, carísimos hermanos, que como por la misericordia de Dios, hemos saboreado las alegrías del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, así os anunciamos hoy el próximo gozo de la Resurrección de este mismo Dios y Salvador nuestro: 

El día doce (12) de Febrero será Domingo de Septuagésima. 

El día uno (1) de Marzo será el miércoles de Ceniza y el comienzo del ayuno de la santa Cuaresma. 

El día diez y seis (16) de Abril celebraremos con entusiasmo la santa Pascua de Nuestro Señor Jesucristo. 

El día veinte y cinco (25) de Mayo se celebrará la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. 

El día cuatro (4) de Junio, la fiesta de Pentecostés. 

El día quince (15) del mismo mes, la fiesta de Corpus Christi. 

El día tres (3) de Diciembre será el primer Domingo del Adviento de Nuestro Señor Jesucristo, a quien sea dado honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 3 de enero de 2017

DE LOS JUDÍOS MESIÁNICOS

Tomado de SURSUM CORDA

   
Existe una secta que está floreciendo gracias a Intenet: los judíos mesiánicos. ¿Quiénes son estas personas? Se trata de supuestos judíos que creen en Jesús como el Mesías prometido a Israel. Hasta aquí podríamos preguntarnos cual es la novedad respecto a que los judíos se convirtieran al Señor, pero lo especial es que se trata, en su mayoría de personas que se convierten al judaísmo mesiánico, no de judíos que van a Cristo. Dicho de otra manera, se trata de personas que adoptan costumbres y vestimentas propias del judaísmo moderno, hablan utilizando hebraísmos como Tanaj por “Antiguo Testamento”, talmidím por “discípulos”, Ruaj Ha-Kodesh por “Espíritu Santo” y (la favorita) Yeshua por “Jesús”.
  
El siguiente artículo tiene entonces, como fin, dar una explicación general sobre este colectivo llamado “Judíos mesiánicos” y mostrar las grandes diferencias entre ellos. También tiene como fin alertar y prevenir a todos aquellos que, débiles en la fe, pueden caer en la astuta retórica de estas personas.
 
El origen
Los judíos mesiánicos surgieron en la década de 1960[1] aunque hunde su historia en el siglo XIX. En 1809, Joseph Frey fundó la London Jews' Society y la London Society for Promoting Christianity Amongst the Jews, una sociedad anglicana que tenía por fin convertir a los judíos al cristianismo sin que estos tuvieran que abandonar ciertas prácticas culturales distintivas, tales como las reuniones del Shabath, el uso del hebreo, y el uso de ciertas vestimentas. Entre los adherentes a este grupo se encontró Benjamin Nehemiah Solomon, un inmigrante judío polaco que se convirtió al cristianismo y que tradujo el Nuevo Testamento del inglés al Yiddish.

Si bien hacia 1813, con la fundación de la sociedad “Beni Abraham” se puede decir que comienza un movimiento autónomo de judíos conversos, estos se mantuvieron siempre dentro del anglicanismo. En Europa Oriental, por su parte, Joseph Rabinowitz inició una congregación destinada únicamente a traer judíos al cristianismo, partiendo desde la base de la autonomía eclesiástica. Estableció su campo de acción en Kiev en 1884[2], y según el interesante libro de Dan Cohn-Sherbok, fue el creador de la primera liturgia judeo-cristiana moderna[3]. Fundamental para el naciente movimiento judío-cristiano fue el teólogo luterano y filólogo Franz Delitzsch, un importante hebraísta que tradujo el Nuevo Testamento desde el texto griego (conocido como Textus Receptus) al hebreo; además fue el fundador del Institutum Judaicum, que tenía como fin enviar misioneros a convertir a los judíos del Este de Europa.
 
En Estados Unidos, por su parte, misioneros metodistas se enfocaron en los judíos, y con la colaboración de inmigrantes judeo-conversos fundaron en 1890 "Hope of Israel". Allí se les permitía mantener ciertas formas de adoración y cultos propios del judaísmo[4].
  
No obstante, es muy importante señalar por qué los protestantes se habían enfocado hacia los judíos. La respuesta la debemos encontrar en el movimiento dispensasionalista. Se trata de un sistema teológico que sostiene que Dios se va revelando a los hombres por etapas a través de pactos o dispensaciones, estos pactos sucesivos amplían la verdad revelada anteriormente, no la suprimen ni la remplazan. De esta manera, la dispensación a Israel nunca fue remplazada con la dispensación de la Iglesia, razón por la cual Dios tiene en la tierra dos pueblos, o mejor dicho tiene a su pueblo (los judíos) y tiene a la Iglesia, que son los que han nacido de nuevo y tienen la fe de Jesucristo. Los dispensacionalistas sostienen además que la Iglesia no pasará la Tribulación de Apokalypsis, sino que será raptada a los cielos y que en la Tierra se quedarán todos aquellos que no reconocieron a Jesucristo como su salvador. Dios dará entonces una última oportunidad a la humanidad y los 144.000 judíos se convertirán, predicarán y trataran de ganar para Cristo la mayor cantidad posible de personas hasta que sean todos asesinados por el Anticristo, un poderoso político que nacerá en Europa [5]. Por lo tanto, cuanto antes se convirtiera a los judíos al cristianismo, más se aceleraría la manifestación del Anticristo y la Iglesia sería raptada y los judíos convertidos, o bien se irían con la Iglesia, o bien se quedarían a predicar.
 
¿Qué nombre recibían estos judíos convertidos? Se los denominaba notsrim (נוֹצְרִים), es decir, “nazarenos” en alusión a Hechos 24:5, pero en la década de 1950, comienza a circular un vocablo muy particular: meshichyim (מְשִׁיחִיים), especialmente para los misioneros en Israel, a fin de diferenciarlo del resto de los cristianos, que estaban siendo perseguidos en el naciente Estado de Israel[6].
  
Notas
[1] Ariel, Yaakov (2006). "Judaism and Christianity Unite! The Unique Culture of Messianic Judaism". En Gallagher, Eugene V.; Ashcraft, W. Michael. Jewish and Christian Traditions. Introduction to New and Alternative Religions in America.
[2] Yaakov Shalom Ariel. Evangelizing the Chosen People: Missions to the Jews in America, 1880–2000.
[3] Cohn-Sherbok, Dan, "The emergence of Hebrew Christianity". En Messianic Judaism (Google Books). Londres-New York: Continuum International Publishing Group, 2000, pp 18-24.
[4] Ibid.
[5] Este es un resumen muy breve del dispensasionalismo y de la doctrina del rapto. Existen variantes importantes. Lamentablemente, este sistema ha empezado a leudar en el catolicismo, especialmente entre los tradicionalistas. Es muy interesante además señalar que uno de los “padres” del dispensasionalismo fue el jesuita expulso Manuel Lacunza Díaz por medio de su obra “la Venida del Mesías en Gloria y Majestad”.
[6] Yaakov, Ariel, op cit.

domingo, 1 de enero de 2017

MENSAJE DE AÑO NUEVO

Carísimos hermanos en Jesús y María, salud.
 
Damos gracias a Dios Uno y Trino que nos permitiese llegar a un nuevo año, con todo y mirar que éste reúne efemérides tan lamentables como son el 500° aniversario de la rebelión del maldito Martín Lutero, el 300° de la fundación de la perversa Francmasonería que tanto daño le ha hecho al Trono y al Altar, y el 100° de la Revolución Comunista en Rusia, sumado a que la Apostasía suma otro año campante. Pero basta de quejarse, este año celebramos un siglo de eventos gloriosos para la Iglesia: es el centésimo aniversario de la consagración episcopal de Eugenio Pacelli (futuro Pío XII) y la promulgación del Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico, y muy principalmente por las apariciones de Nuestra Señora del Rosario a los pastorcitos de Fátima, en las cuales presentó encarecidamente el rezo del Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María como el último recurso para resistir en estos últimos tiempos.
 
Es precisamente por motivo del siglo de las Apariciones de Fátima que decidimos consagrar especialmente este como Año Mariano "Nuestra Señora del Segundo Advenimiento". La Bienaventurada siempre Virgen Santa María, que siempre ha tenido un lugar especial entre nuestro blog, será reverenciada y vindicada en este año como nunca se ha visto; y con su intercesión poderosa continuaremos la Guerra Frontal y sin cuartel contra los enemigos del Remanente, tanto en el plano espiritual como material. Tenemos la convicción de que por el divino auxilio seguiremos combatiendo hasta las últimas consecuencias, porque la Causa de Dios es Nuestra causa.

Nuevamente, no sabemos cuándo será el día, pero queremos que cuando llegue, merezcamos el galardón que se le otorga a cuantos han sacrificado todo en la lucha por la Sana Doctrina Católica.

Frater Jorge Rondón Santos
Año Mariano 2017, a 1 de Enero.

martes, 27 de diciembre de 2016

NO LES TENEMOS MIEDO

Vienen tiempos más peligrosos que los actuales, porque el Nuevo Orden Judeo-Masónico del Anticristo y la Ramera Deuterovaticana están impulsando con furor sus malditos designios. Sabemos que por denunciar y condenar sus errores, crímenes y herejías corremos gran riesgo, pero que quede clara una cosa: NO LES TENEMOS MIEDO:
  • Si nos van a matar, QUE NOS MATEN.
  • Si nos van a encarcelar, QUE VENGAN A ARRESTARNOS.
  • Si nos van a exiliar, TENEMOS LA MALETA HECHA PARA PARTIR, Y NUESTRA PATRIA ES EL CIELO.
  • Si nos excluyen de la sociedad, NUNCA QUISIMOS SER SUS BORREGOS.
  • Si nos van a difamar, NOS IMPORTA MUCHO NI POCO LO QUE PIENSEN DE NOSOTROS.
  • Pueden hacer lo que quieran, pero…
 
LA PERSECUCIÓN DEMUESTRA QUE TENEMOS RAZÓN, Y QUE ELLOS SON UNOS COBARDES.
ELLOS ODIAN LA VERDAD, Y QUIEREN SILENCIARNOS POR ELLO.
DESDE LA TUMBA SE OIRÁ NUESTRA VOZ CONDENÁNDOLOS.
CRISTO VENCIÓ Y VENCERÁ.

domingo, 25 de diciembre de 2016

VATICANO II, EL CONCILIO ANTIESPAÑOL O LA VENGANZA DE LOS REPUBLIQUETOS

Se cumplen 55 años de la convocatoria de Roncalli/Juan XXIII bis al Vaticano II. Concilio concluido por Montini/Pablo VI el 8 de diciembre de 1965. Angelo Giuseppe Roncalli Marzolla, el antipapa Juan XXIII bis (ya hubo un Juan XXIII antes que él, Baltasare Cossa), tenía 77 años al ser electo el 28 de octubre de 1958. Tres meses después, convocó a un concilio único en la historia: borró de un plumazo el Syllabus del Bienaventurado Pío IX bajo la consigna del aggiornamento (puesta al día), y silenció con la Östpolitik el apelo de Nuestra Señora de Fátima a la condena del comunismo. Y aunque murió el 3 de junio de 1963 sin verlo desarrollado, Giovanni Battista Montini Alghisi, devenido Pablo VI, cabeza visible del sector progresista entre los obispos, asesorado por teólogos como el dominico Yves Congar, el jesuita Karl Rahner y los jovencísimos sacerdotes Joseph Ratzinger Tauber y Hans Küng, logró imponerse frente a las resistencias del cardenal Alfredo Ottaviani, prefecto del Santo Oficio, de un Cœtus Internationális Patrum con liderato de Marcel Lefebvre y Antônio de Castro-Mayer, y separando del aula conciliar a Pierre Martin Ngô-dinh-Thuc, el desterrado arzobispo de Hue (Vietnam), al cual Montini hizo derrocar en favor de Philippe Nguyên-Kim-Diên, más acepto al modernismo.
   
Casi nadie sabe que el Concilio fue el acta de defunción del nacionalcatolicismo, es decir, la consideración de la Iglesia romana por el Caudillo como “sociedad perfecta” y única religión del Estado, definida así por el Concordato de 1953. En España, la convocatoria del Vaticano II causó disgusto entre la jerarquía nacionalcatólica, y con justa razón, pues se sabía que era la oportunidad de la izquierda republiqueta y separatista (de la cual muchos clérigos se inficionaron) para revanchas. Máxime si se tiene en cuenta que Roncalli (con ancestros en la mancomunidad navarra del valle del Roncal, que en años de la República fue socialista y peneuvista), cuando fue nombrado nuncio del Vaticano, se había relacionado con los republiquetos exiliados en París, y desdeñaba el término “Cruzada” para referirse a la Guerra Civil; y que Montini, hijo de una maestra judía y un diputado del democristiano Partido Popular italiano -que tuvo el descaro de albergar a terroristas socialistas perseguidos judicialmente por el Duce Mussolini-, odiaba personalmente a Francisco Franco (de ahí que el Gobierno les presentaba como peligrosos compañeros de viaje del comunismo, y en los diarios Pueblo -de la Organización Sindical- y Arriba -del Movimiento Nacional-, a Montini le calificaron de “Tontini”).
 
La cuota hispánica dentro del Vaticano II constaba de seis cardenales (entre ellos el Arzobispo Primado de Toledo, Enrique Plá y Deniel), un patriarca (Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá y último Patriarca de las Indias Occidentales), 10 arzobispos y 69 obispos, muchos por encima de los 80 años de edad, que tenían convicción de tener una misión nacional, como en Trento: defender la Inmaculada Iglesia Católica mediante la condena solemne del comunismo y la intensificación de la devoción a la Bienaventurada Virgen María. Pero debieron apurar el cáliz de amargura al encontrar el desprecio de muchos de sus colegas o, mínimo, la curiosidad infantil ante “la Rusia de Stalin pero con muchos curas”, como era tenida la España de postguerra a raíz del inusitado aumento de vocaciones sacerdotales que hubo en la nación luego de la represión antitea de Azaña, Negrín, Aguirre, Largo Caballero y Companys, entre otros. Yves Congar redactó en su diario que el odio al nacionalcatolicismo era tal que “cuando los obispos españoles intervenían en el aula conciliar, los padres conciliares aprovechaban para salir al baño”, porque a él le parecía execrable que “vendiesen la figura de un dictador como el gran salvador del Cristianismo” (así escribió Congar).
 
La mayoría de los obispos españoles execró los cambios modernistas del Concilio, lo que les valió de Rahner que los llamase “monofisistas papales que nos consideran a nosotros (los partidarios de una reforma) como nestorianos episcopalistas” porque “piensan que solo venimos a abolir el Vaticano I”. El arzobispo José María Cirarda, emérito de Pamplona, cuenta en sus memorias que el día antes de la clausura, cuando iba a votarse el documento Dignitátis Humánæ, el obispo de Canarias, Antonio Pildain y Zapiain, le confesó, pálido, que estaba rezando para que Dios interviniese a fin de impedir la aprobación de dicha declaración. Cirarda le inquirió ¿Cómo podrá hacer Dios tal cosa?, a lo cual Pildain contestó: «Útinam ruat cúppula Santi Petri super nos» (tan solo si la cúpula de San Pedro colapsase sobre nosotros). Advirtióles Franco, con apocalíptica lucidez, sobre las calamidades que ocasionaría a España la libertad religiosa y la concepción gnóstica de la dignidad humana, además del carácter inasumible de la separación Estado-Iglesia que Roncalli y Montini tanto querían. Memorable en este sentido es la intervención del Arzobispo Castrense, Mons. Luis Alonso Muñoyerro:
España disfruta de la unidad católica desde el siglo VII, desde el rey Recaredo. Por la fuerza de esta unidad, la religión católica está en 22 repúblicas de América y en Filipinas. A ella es deben las victorias sobre los mahometanos en España y Lepanto. Y en nuestros tiempos, una gran victoria contra el comunismo”.
  
Pero como en todo buen trigo hay cizaña, ese rol lo tuvo Vicente Enrique y Tarancón, entonces obispo de Solsona, y protegido de un Montini que, por puro odio al Caudillo, le nombraría arzobispo de Toledo en 1969. Tarancón se alió con el bando modernista durante el Concilio, y logró imponerse a sus hermanos mitrados, piadosos y convencidos de la Verdad sí, pero mal organizados (tanto que les tocó defenderse como francotiradores, a falta de un liderazgo propio y fuerte -Pla y Deniel tenía 88 años, y Ejio y Garay murió en 1963-). Sumado a ello el impío y sedicioso obispo de Calahorra-La Calzada, Fidel García Martínez, al que le pareció indiferente la República atea, y vio en el Concilio la oportunidad de vengarse de quienes expusieron a la luz pública su mala conducta (García era amante de fiestas en los hoteles de lujo de Barcelona, cabarés y salas de fiestas; y que igual aparecía en la Feria de Sevilla que en París, siempre rodeado de bellas mujeres). La derrota para los obispos españoles, como para el Cœtus, era inevitable. Sólo había una explicación para la derrota: los hijos del Mundo son más astutos que los de la Luz, o más verídicamente: LA CONJURA JUDEOMASÓNICO-COMUNISTA INTERNACIONAL CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA SE HABÍA ENTRONIZADO EN LA CÁTEDRA PETRINA. 
 
Y aún posteriormente, el odio de Montini contra la España Católica no cesó: Cuando en 1969 se aprobó la Nueva Misa, Jean Guitton, a pesar de su íntima amistad con Montini, nada más obtuvo un “Eso jamás” de éste cuando pidió conservar el Rito Romano Tradicional para la Francia. Pero a los españoles les fue peor: Mosén Joseph Bachs y Mosén Joseph Mariné, representantes de los cerca de 6000 sacerdotes integrantes de la Hermandad Sacerdotal Española de San Antonio María Claret (que tenían aún el recuerdo de las improvisaciones litúrgicas que se presentaron en las zonas controladas por el bando republicano durante la Guerra), que enviaron sendas cartas a Montini el 5 de noviembre y el 11 de diciembre, sin recibir contestación (la última carta era en respuesta a Aníbal Bugnini, que declaró groseramente que existía la posibilidad de una excepción, privilegio o indulto a favor de aquellos sacerdotes cuya edad o salud les privara de condiciones físicas necesarias para adaptarse a la nueva misa). Bachs y Mariné le replican que lo que le falta a los sacerdotes españoles es la capacidad moral, intelectual y espiritual para aceptar una Liturgia que al decir del hermano Max Thurian de Taizé, “hacía teológicamente posible que las comunidades no católicas pudieran celebrar la Santa Cena con las mismas plegarias que la Iglesia Católica. Y si con el Rito Romano era así, con el Rito Mozárabe (o de San Isidoro) la cosa pintaba peor: Muchos en la Primada Toledana querían abolirlo, y actualmente solo se celebra en ella y otros lugares de España una versión que al mismo Cardenal Cisneros le causaría sumo desagrado de puro modernizada que está.
 
Es dable asegurar que los republiquetos anarco-comunistas masonazos anticlericales, los mismos que asesinaron curas, monjas y seglares con métodos de tortura que ni a Nerón se le hubieran ocurrido, quemaron iglesias, profanaron tumbas, fusilaron Cristos y Vírgenes en plaza pública, etc. (crímenes tan evidentes que el que quiera negarlos no es más que un maldito y estúpido demonio), se revistieron de sotana en el execrable deuterovaticano concilio para vengarse del hombre providencial que un 18 de Noviembre declaró la Cruzada por Dios y por la Patria. Y así mismo, es lamentable presenciar a unos individuos que se beneficiaron del respiro que dio la Cruzada para perseguir a la Iglesia. Que Dios NO LOS PERDONE. Y con más razón debemos rechazar el Vaticano II, no sólo porque es una demolición contra la Fe Católica, sino también porque representa una afrenta al orgullo nacional.

MENSAJE DE NAVIDAD

Amados hermanos, ¡Feliz y Santa Navidad para todos vosotros!
  
Este ha sido un año en el cual Dios nos ha manifestado una vez más sus misericordias, especialmente porque este año fue un Año Santo en razón de coincidir este año el Viernes Santo con la Anunciación (porque como habíamos dicho, Nuestro Señor Jesucristo fue crucificado el 25 de Marzo del año 33). Todo esto en consolación por tantas situaciones difíciles que en el plano espiritual hemos visto y sufrido, pero con la esperanza de que todo cuanto hemos padecido es por causa del Amor a la Verdad y Sana Doctrina Católica, y que cada vez más está cerca nuestra libertad.
  
Pidámosle a la Santísima Virgen María, a quien consagramos anticipadamente el año próximo, que nos siga fortaleciendo en la Fe para poder recibir el galardon inmarcesible de la Gloria Eterna.
 
Frater Jorge Rondón Santos
Año Santo 2016, a 25 de Diciembre.