Vexílla Regis

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MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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sábado, 3 de abril de 2021

EL VATICANO II, ACOMPLEJADO ANTE LA MODERNIDAD Y NO LO ADMITE

Tomado de ACTUALITÉS FSSPX.
   
EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD NO RECONOCIDO DEL CONCILIO
    
Procesión de entrada de los Padres conciliares en octubre de 1962, durante el Concilio
   
En la entrevista concedida a DICI el 12 de marzo de 2021, el Padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad San Pío X, afirmó: “La disolución doctrinal y moral de los últimos años refleja este complejo de inferioridad que los hombres de la Iglesia mantienen frente al mundo moderno”.
    
Esta observación muestra cuánto depende el aggiornamento conciliar de una actitud psicológica en la que se mezcla una gozosa admiración por la modernidad y una sorda desconfianza hacia la Tradición.
    
Desde hace más de 50 años, la admiración se ha manifestado en un optimismo irenista y la desconfianza en el arrepentimiento repetido.
    
Para lograr que esta nueva relación con el mundo fuera aceptada, el Concilio quiso ser pastoral y no doctrinal. Según el Concilio, la doctrina es dogmática, por lo tanto, psicorrígida, y la pastoral es flexible, por lo tanto, misericordiosa.
      
Pero se omite decir que los autores de esta revolución están profundamente acomplejados frente a la modernidad triunfante y avergonzados por la Tradición, a sus ojos, tan pesada.
     
Hoy, los nuevos pastores solo tienen ojos para la ecología. La pastoral se ha vuelto bio-amazónica: debemos salvar el planeta.
    
Antiguamente la Iglesia se preocupaba principalmente por salvar las almas, pero es necesario evolucionar, discernir los “signos de los tiempos” que ahora tienen las trenzas de Greta Thunberg y la redondez de la Pachamama.
    
¿Cuál es el resultado de esta actualización o, más precisamente, de esta adaptación a los gustos actuales? La influencia mediática de la Iglesia hoy en día es inversamente proporcional a su influencia doctrinal y moral.
    
Aparece en los periódicos y en la radio, pero está muriendo en los seminarios vacíos y las iglesias desiertas, con una catequesis indigente y una liturgia profanada.
     
Solo escuchamos los acordes disonantes de la cacofonía pastoral: algunos obispos dan la comunión a los divorciados “vueltos a casar”, otros la niegan; hay sacerdotes que bendicen las uniones homosexuales, otros las condenan... Y el Papa invita a la misericordia pastoral.
    
No es la sociedad contemporánea la que es compleja, son los clérigos los que son complejos. De hecho, la nueva pastoral descansa sobre un complejo de inferioridad.
      
Un complejo no reconocido, porque es inconfesable. Porque manifiesta, fundamentalmente, una pérdida de fe: los hombres de la Iglesia abrazan las ideas del mundo, olvidando que la Iglesia es la esposa de Cristo.
     
¿Esto tiene cura? San Pablo escribió a los romanos: “No os acomodéis a este siglo, antes transformaos, por la renovación de vuestro espíritu, para que experimentéis cuál sea la voluntad de Dios, que es buena y agradable y perfecta” (Rom 12, 2).
     
Los romanos de hoy harían bien en seguir esta sana enseñanza, transformándose “por la renovación del espíritu”, y actualizándose en “la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta”.
    
Padre Alain Lorans FSSPX

viernes, 2 de abril de 2021

NOVENA DEL PÉSAME A NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Novena dispuesta por el Padre Maestro Fray Francisco de la Transfiguración, escritor general del Orden de descalzos de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos; y publicado en México por la imprenta de Luis Abadiano y Valdés en 1851. El Ilmo. y Revmo. Sr. Don Fray José María de Jesús Belaunzarán y y Ureña OFM Ref., Obispo de Monterrey, por sí y por la hermandad que tiene con los Ilmos. Señores Obispos de Puebla, Valladolid y Durango, concedió 200 días a cada palabra de las contenidas en esta Novena.

NOVENA DEL PÉSAME DIRIGIDO A MARÍA SANTÍSIMA DE LA SOLEDAD POR LA DOLOROSA MUERTE DE SU SANTÍSIMO HIJO JESUCRISTO NUESTRO REDENTOR
   
     
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Bendita sea la Beatísima Trinidad, que crió a la Madre de Dios para padecer por mi bien tanta pena y soledad en la muerte de mi Redentor Jesucristo.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, mi Dios y mi Redentor, Padre de mi alma y Señor de mi corazón, a quien tanto ofendí sin disculpa, sin juicio y sin temor: pequé, Señor, contra Vos y contra mí, y más me pesa de ser Vos el ofendido que ser yo tan perjudicador, más siento mi ingratitud que el que me castigue, más me aflige vuestra ofensa que mi infierno. Alma y corazón mío, ¿a que esperas? Tuve alma para entregarla al demonio por el pecado, ¿y no tengo alma ni conciencia para sacarla de su dominio? Tuve corazón para agraviar a la bondad infinita, ¿y no tengo corazón para sentir tan enormes ofensas? ¡Oh Jesús de mi alma!, ¿para que nací al mundo, para llenar con mis culpas el número de los desdichados? Renuncio Señor, el ser y el vivir, si te he de ofender. Menos mal me fuera la infelicidad de la nada que la infelicidad de la culpa, quisiera tener un dolor tan grande que me llegase hasta mi muerte. Tomará hacer una penitencia tan grande como tu misericordia. Pero como creo, Señor, que tu misericordia es mayor que toda la misericordia humana, espero salvarme en tu santísima pasión y muerte. Te amo Dios mío, más que a todo lo criado, y mientras más te amo, más amarte deseo. Y como creo en un Dios verdadero, como espero en un Señor tan poderoso y como amo a un Padre tan benigno, creo que no puede faltar la misericordia a mi fe, la promesa a mi esperanza, y tu gracia a mi contrición. Aumentad, Señor, mi arrepentimiento, dadme, odio eficaz de todos mis pecados, y muera yo de amor y dolor de haberte ofendido. Esta muerte, te pido, esta muerte deseo; y si no te mueven mis ansias, muévete la compasiva soledad de tu Madre Santísima. Por el dolor que al morir tuvo vuestra Majestad dejarla tan desamparada y sola, te ruego para mi muerte una final penitencia, para morir en tu gracia y alabar eternamente tu misericordia. Amén.
   
DÍA PRIMERO
CONSIDERACIÓN
Considera, oh alma mía, que habiendo acompañado la Reina del Cielo a su santísimo Hijo en su lastimosa pasión hasta verlo espirar y bajar de la cruz, y viendo quitarlo de sus brazos después y poner en el sepulcro el santo cadáver del Señor primer paso da su soledad, con verdaderas lágrimas de Madre, y con cuanta ternura pudo su alma, con sumo amor y dolor lo depositaba ella espiritualmente en su pecho, para tener el consuelo de traer aquel Cordero de Dios consigo. Del mismo modo quedaba dentro del sepulcro con él, para esperar allí la luz de su resurrección. Y arrojándose como herida cierva a la fuente de sus amarguras, abrazada con el santo cadáver, con ayes, suspiros y congojas, se moña de dolor por haber de separarse de Jesús. Y temerosos todos de que se quedase muerta en este lance, apartando a la Virgen y cerrando el sepulcro con una gran piedra, dio el mayor golpe en el corazón de María, no dejando ya el menos resquicio de alivio a su alma, pues ni vivo ni muerto le veías ya a su crucificado Hijo. Y abrazándose con el sepulcro, bañándolo con vivas lágrimas, que, hasta hoy día, perseveran impresas y congeladas en aquella piedra dichosa, en tristes soliloquios:
   
SOLILOQUIO
¡Oh amabilísimo Jesús de mi alma, cayó en este lago mi vida, y pusieron en mi corazón la piedra! Ya llegó hijo mío la hora que se acabare nuestra compañía, ya llegó la triste hora de verme sola en la tierra, ya llegó la hora de que me lloren sola todas las criaturas, y ya llegó la última hora de apartarme de tu sepultura. Pero ¿Dónde iré y moraré sin tu morada? ¿Cómo podré vivir sin tu vista? ¡Oh Hijo de mis entrañas! Aquí en este sepulcro he de perseverar de noche y de día, aunque me consuman los fríos, el sol y las aguas. Si tuve valor en mi pecho para verte crucificado, muerto y con el pecho abierto a mis ojos, también tendré aliento en mi alma para estarme en tu sepulcro sola. Gustosa aquí me sepultara para estar siempre donde tu estuvieras, más ya que no puede ser mi persona, sepúltese conmigo mi alma, y pues es tan tuya, aquí la pongo a tus pies con todo mi corazón, imprimiendo en esta piedra mis lágrimas para eterna memoria de mi soledad.

DEPRECACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh afligida Emperatriz de la Gloria! Como está sentada y sola la ciudad de Dios más santa ¿sola y tan desamparada la suprema reina de cielo y tierra, sola y tan sola, que no tiene a quien volver la cara? ¿sola y tan pobre que no tiene mas ropa que lo que en su virginal cuerpo tenía con la sangre de su Hijo Dios, salpicada? Pues ¡Oh desamparada Señora! Si me permitís os acompañe en vuestra soledad, aquí tenéis mi alma y mi vida a vuestros pies. Admitidme por vuestro Hijo, Oh Madre verdadera de Dios, que quiso nacer de vos, para que me admitieseis por hijo a mí, si me respondéis que mi culpa tuvo la culpa de veros tan desconsolada y sola, yo Señora, así lo confieso, ya lo veo, ya lo lloro, pero por ser vos quien sois, por la pasión y muerte de Jesús, por la pena que al morir sintió de dejarte sola, te ruego te duelas de mí, que no tengo otra madre ni otro amparo que Vos. Peque Señora contra tu Hijo Dios, y contra ti a quien después de Dios debo amar. Cuando en vos no interesara yo otra gloria que la de conoceros, y que os dejáis amar de quien como yo tan indigno, nunca puede merecerlo, protesto delante de Dios y de todas las criaturas amaros con todo mi corazón y mi alma y serviros toda mi vida. ¿queréis admitirme a vuestra compañía y gracia? ¿queréis alcanzarme de vuestro Hijo el perdón de tantas ofensas? Madre mía de la Soledad, decidme que sí. Mirad Señora, que de solo pensar que siendo ciertas mis culpas no puedo llorar más lágrimas que tiene de gotas el mar, pierdo el juicio de dolor. Pero Madre y Señora mía, si es verdad infalible que por mi bien se hizo Dios hombre, si por mi bien os hizo su dignísima Madre, si solo por mi bien padeció tal muerte y pasión, y solo por mi bien padecisteis tan amarga soledad, esta razón sola os debe mover a pedir perdón de mis culpas. A título de madre mía, es fuerza que yo ponga en vos toda mi esperanza, pues la fe me enseña que la Madre de Dios es Madre mía, también, pudiera tenerme celo y emulación, pues no han llegado ellos a tanta dignidad de tener a la Madre de Dios por reina, si, a quien sirven con humildad, pero por Madre no, reservándose tan amoroso renombre para mí. Hijo vuestro soy por la gracia de Dios, y más precioso ser vuestro Hijo que mi vida ¿Cuándo merecí yo que la Madre de Dios me adoptara por Hijo al pie de la Cruz? ¿Cuándo merecí yo que padeciera por mí tanta soledad? Pues ¡Oh verdadera Madre de amor! Y ¡Oh verdadero amor de Madre! Yo, la criatura mas indigna, acudo de corazón al mérito de vuestra soledad, para asegurar mi salvación. Ofreced Señora, por mis culpas, de ese mar hermoso de vuestras lágrimas una sola gota, pues una lágrima vuestra vale más que todos los méritos de los santos en la presencia Divina. Alcánzame Señora, lo que pido en esta novena, hacedme esta gracia, y recibe mi vida y mi alma por tuya, que no quiero más vida ni más alma que para amar y servir a vuestro Hijo Jesús, y a vuestra Majestad en la tierra, serviros y amaros en la gloria. Amén. Un Ave María y Gloria Patri.

ORACIÓN
Oh benignísimo Jesús, que tanto aprecio hiciste de las lágrimas de tu purísima Madre que las debate impresas en tu sepulcro para siempre! por sus lágrimas preciosísimas te ruego me des eficaces auxilios cara que yo las tenga impresas toda mi vida en mi pecho, y que solo vean mis ojos las lágrimas de mi arrepentimiento con mía eficaz contrición de haberte ofendido, para que viviendo y muriendo en tu gracia, viva a los pies de María Santísima en tu gloria. Amén.
  
CANCIÓN DEVOTA EN REVERENCIA DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA (sin trovar la Salve de la Iglesia. El Sr. Cardenal Álvaro Eugenio de Mendoza Caamaño y Sotomayor concede cien días de Indulgencia por cada vez que se cante o rece la sobredicha canción; y el Señor Arzobispo de Farsalia Juan de Moya de la Torre OFM Obs., Inquisidor General, concede ochenta)

Salve Virgen pura,
Dolorosa Madre,
Salve, Virgen bella.
Madre Virgen, salve.

Salve, compasiva
Virgen admirable
Mar de amargas penas
Y dulces piedades.

Un nuevo martirio
Mis culpas añaden
A tu dolorosa
Alma inconsolable.

Mis yerres hirieron
Tu corazón grande,
Que infunde en los nuestros
Alientos vitales.

Enferma de amores,
Con flores punzantes,
De la pasión rosas,
Quieres aliviarte.

Flores de alabanza,
Nuestro afecto amante
Mezcla con tus penas
Y espinas letales.

Sean tus martirios,
Dolorosa Madre,
Vida con que mueran
Las culpas mortales.

A las malas almas
Tus dolores sanen,
Y en ellos las buenas
Sus mejoras hallen.

Y pues tus angustias
Tanto ante Dios valen.,
Por ellas pedimos
Nuestra gloria alcances.

¡Oh amor de amarguras
Nuestras voces clamen,
Y ampara a las almas
Que esta salve te hace.

¡Oh clemente! ¡Oh pía!
¡Oh cándida ave!
¡Oh triste María!
Salve, Salve, Salve.
   
Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, la Pasión y Muerte de nuestro Redentor Jesús, y el dolor y soledad de María Santísima concebida sin pecado original. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
¡Oh alma mía! considera que, viendo el noble José a la Reina del cielo tan desamparada y sola en aquel triste campo, postrada a sus pies le dijo: Señora, puesto que a tu desamparo y soledad se llega el ser tan pobre, que ni aun propia habitación tenéis en esta ciudad, te pido por el amor de tu Hijo y mi Maestro, te dignes de venir a mi casa, siquiera por esta noche, y me darás la dicha de honrarme y el gusto de merecer servirte. Y oyendo esta Señora tan piadosa atención, con sabia humildad le respondió su discreción, yo os agradezco el deseo que tenéis de ampararme, y recibiera con todo amor tus favores, pero por disposición de mi Hijo Jesús estoy encomendad a su amado apóstol Juan, el me hará la caridad de cuidar de mí. Y convencidos sus deseos con tan alta razón, dándole la Virgen la dulce bendición de su amable natural, se despidieron, llevándola estampada en su corazón. Y llenando cono triste tórtola aquel solitario campo de modestos llantos y gemidos, se lamentaba en este amoroso:

SOLILOQUIO
Si según su merito he de llorar yo a mi difunto Hijo ¿Quién dará fuentes de lágrimas a mis ojos, y mares a mi cabeza para llorar estos tres días? ¡Oh difunto Hijo de la más dichosa madre! No te puedo llorar como mereces ¿Qué madre tuviera a Dios por hijo que no se deshiciera en llanto? Si toda mi alma se transformara en penas, si todo mi cuerpo se convirtiera en lágrimas, aun fuera muy poco para tu merecimiento. Ayudadme, discípulo amado, ayudadme mujeres piadosas, ayudadme ángeles y hombres, ayudadme a llorar la pasión y muerte de mi Hijo Dios, y luego, después lloradme a mi que me ha puesto en tan lastimosa soledad.
   
Síguese la Deprecación, el Ave María y el Gloria Patri.
    
ORACIÓN
Oh Jesús mío, verdadero Dios y verdadero hombre, que tanto aprecio hiciste de lo que padeció tu Madre, que te dolió más lo que padeció esta Señora, que lo que tú padeciste! Pésame que por mis culpas se viese tu inculpable Madre en tanta soledad. Y te ruego me des compasión verdadera de todo lo que padeció esta Señora, y que la adoren y amen todas las criaturas en la tierra, para verla y amarla contigo en tu gloria. Amén.  Un Ave María y Gloria Patri.
   
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.
    
DÍA TERCERO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
¡Oh humano corazón! Considera que viendo el Evangelista San Juan que se llegaba la noche, le dijo a esta desconsolada Madre: no dudo, Señora lo sensible que te será ausentarte del sepulcro, donde yace el cadáver de tu amado, y retirarte del calvario que regó con su última sangre mi Maestro: pero ni es decente a tu honestidad perseverar aquí, ni conveniente que entremos anochecido en Jerusalén: y así te ruego hagas a Dios este nuevo sacrificio, que a no ser preciso no te persuadiera este quebranto. Vamos, Señora y Madre mía, a mi casa, que es obligación mía mirar por tu importante vida; y cuantos te miraren tan descaecida y necesitada, culparán mi cuidado, sino te procuro algún alivio. El deseo de obedecer María Santísima a San Juan, dio algún aliento a su corazón, y abrazándose con el sepulcro, se despidió con este tiernísimo:
   
SOLILOQUIO
¡Oh Hijo de mis entrañas Jesús! ya me es preciso el irme de aquí. ¡Pero qué digo! ¿cómo es posible el irme, si es dejarte? ¿qué embarazo hallas en que yo me muera? Si ya se acabó tu pasión y tu vida, acábese también la mía arrimada a esta piedra y darás a mi cuerpo la honra de enterrarme junto a tu sepulcro; pero, Hijo y Dios mío no quiero la muerte, si tú quieres que yo en tanta soledad viva; pues siendo tu querer el mejor, a este se rinde gustosa mi voluntad. ¡Ah Dios Hijo mío, Jesús! ¡A Dios, Hijo de mi corazón! A Dios pido resucites con presteza para que resucite mi alma. Y ¡oh sepulcro del más hermoso cielo! ¡A Dios, tesoro del cadáver más rico! ¡A Dios relicario del más bello cuerpo! quédate en paz, glorioso con mi Jesús, mientras yo voy a llorar, mi soledad.
   
Síguese la Deprecación, el Ave María y el Gloria Patri.
    
ORACIÓN
¡Oh Maestro mío Jesús, que puesto en el sepulcro me enseñaste a morir por tu amor, y a sepultarme a todas las cosas del mundo! Por aquel dolor con que María Santísima en el sepulcro se despidió, que no me permitas me retire yo un instante de tu santísima voluntad, ni que jamás se aparte de mi memoria de tu muerte y pasión, para que, obrando siempre conforme a tu beneplácito, viva justo, muera santo, y reine contigo y María por los siglos de los siglos. Amén.
    
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
Considera que temiendo San Juan pues al despedimiento del sepulcro, falleciese la Virgen de dolor, llegó y levantó a su majestad, y ayudada de todos se encaminó a donde estaba la Cruz en el calvario, adoró aquel sacrosanto madero, y llevándola de la mano las Marías, o mejor decir, dándole su mano a la divina omnipotencia, empezó a bajar las sendas de su dolor, quería andar y no podía su amor, quería quedarse y era imposible, quería irse, y no veía por donde, no quería pisar  aquella tierra bendita que regó su Hijo con su sangre preciosa, y mirándola en el suelo tan pisada decía: ¡Oh Sangre de mi Dios! Si los ángeles te adoran ¿Cómo los hombres te pisan? Y llegando al sitio donde perdió de vista el calvario, aquí fue el resto de sus sentimientos, pues volviéndose a su sepulcro, prorrumpiendo su corazón en vivos llantos, decía este amoroso:
  
SOLILOQUIO
Oh vosotros que andáis el camino del dolor ¿A dónde me lleváis? ¿Dónde me cabe que yo me aparte de aquí? ¿Qué dirá de mi corazón mi alma, si yo lo pierdo de vista?  ¡que dirá de mi el Padre Eterno, que me aparto del cadáver de su unigénito Hijo? ¿Qué dirá la eterna sabiduría de que dejó sola en el sepulcro la carne que tomó en mis entrañas? ¿Qué dirá de mi amor el Espíritu Santo, que dejo solo el cadáver mas precioso? ¿en que se conocerá que soy la Madre del mejor Hijo? ¡yo a tomar descanso y mi Dios en el sepulcro!  ¡Mi Jesús en una obscura soledad y yo entrarme en Jerusalén! ¿Qué Madre soy? ¿Qué amor le tengo, es mi cariño que mi descanso, primero es mi honra que mi vida, pues vuelva yo al calvario, y persevere de noche y de día en el sepulcro, hasta que mis ojos lo vean resucitado. Pero si por disposición del Altísimo ha de ser mi alma mártir en todo, séalo también en perder de vista el sepulcro. Vamos a mi mayor soledad, que en hacer ya siempre la voluntad de mi Dios, consiste mi honor, mi amor y mi maternidad.
   
Síguese la Deprecación, el Ave María y el Gloria Patri.
    
ORACIÓN
¡Oh Salvador del mundo! Por el dolor y sentimiento con que bajaba María mi Señora el camino del calvario, te suplico me pongas a mí en el camino de la perfección del cielo, y que de tal forma baje yo la senda de la humanidad, que se borre de mi corazón toda sombra de altivez. Por aquellos sentidísimos pasos que dio esta Señora con tanta debilidad no permitas que ninguna alma borre el camino de cruz, hasta llegar a la casa del Señor, donde vives y reinas con María por infinitos siglos. Amen.
   
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.
    
DÍA QUINTO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
¡Oh compasivo corazón! Considera que, entrando la Virgen por Jerusalén, los modestos sollozos que respiraba, las silenciosas lágrimas que vertía, y lo ensangrentado del manto y ropa que llevaba, iba diciendo quién era, y cuantos la miraban decían: ¡Oh cuánta injusticia se ha cometido hoy en Jerusalén contra esta Señora y contra su Hijo Jesús! Tal iba esta Señora, que solo de mirarla podía enternecer las piedras: hasta la dura obstinación judaica se compadecía de verla. Salían de sus casas las doncellas y señoras de Jerusalén solo por ver tan hermosa soledad. Y enternecidas de lástima, unas la convidaban a llevársela consigo; otras le ofrecían alimento, y muchas le acompañaron hasta que llegó a la casa de San Juan, donde con cortesía y amor le agradeció a toda aquella caridad, y dándole las gracias a las piadosas Marías se les ofreció por su sierva toda su vida; y reconociendo ellas tal favor, besándole la mano le pidieron descansase un poco, y tomase algún alimento; a lo que respondió la Reina del cielo: Mi descanso y alimento ha de ser ver a mi Hijo resucitado: vosotras, carísimas de mi corazón, satisfaced vuestra necesidad: y haciéndoles una humilde inclinación, se retiró al más retirado aposento, a sentir más a solas su soledad. Y viéndose entre aquellas pobres paredes, puestos sus ojos en el suelo, cruzadas sus purísimas manos, entre suspiro y suspiro, decía este tiernísimo:
  
SOLILOQUIO
¡Oh dulcísimo Hijo mío Jesús! ¿Dónde estás? ¿Cómo ya no te veo, y cómo sin verte vivo? ¿Sepultado mi Hijo Dios, y yo sin morir? No lo creyera de mi corazón. ¡Oh Juan, discípulo amado, muéstrame a tu divino Maestro! ¡Oh Magdalena! ¿Dónde está aquel amabilísimo Jesús que tanto amabas? ¡Oh parientas mías, María Cleofás y María Salomé! ¿qué se ha hecho vuestro pariente Jesús? Murió todo nuestro gozo, y murió en una afrentosa cruz: murió atormentada de espinas su cabeza, clavados sus pies y manos, alanceado su pecho, desnudo y desamparado de todos. ¡De qué hombre, por malísimo que haya sido, se lee tal vilipendio! ¡Oh Hijo mío! Anoche te prendieron, esta mañana te azotaron y sentenciaron; a medio día te crucificaron; esta tarde te vi muerto y sepultado, y ahora tan lejos de mí, que aún no puedo ver tu sepulcro. ¡Oh qué bien dijo el profeta, que mi amargura había de pasar a amarguísima! Porque ¿qué amargura más amarga que esta soledad y memoria?
   
Síguese la Deprecación, el Ave María y el Gloria Patri.
    
ORACIÓN
¡Oh Redentor de las almas; que diste vida a la muerte con la muerte de tu vida! Por aquellos pasos que desanduvo esta Señora bajando la calle de la Amargura, lavando coa sus lágrimas vuestra sangre derramada, viendo donde cayó vuestra Majestad, en donde os arrastraren, donde os encontró y miró con sus tiernísimos ojos; es suplicó me deis verdadero conocimiento, y gobernéis mis pasos: par que siguiendo en esta vida vuestras pisadas, camine a la gloria, donde con el Padre y el Espíritu Santo, para siempre vives y reinas. Amén.
    
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.
     
DÍA SEXTO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
¡Oh corazón mío! considera a la Reina del cielo en un total desamparo, sin Hijo, sin Esposo sin Padre, sin madre, pobre, afligida, y en tierra extraña. Si tuviera esta Señora en su Soledad a su dichoso Padre Señor San Joaquín, viviera su amabilísima Madre Señora Santa Ana, ya tuviera a quien volver la cara y algún alivio en su pena: y ya que le faltaban sus padres: si viviera Señor San José; su dignísimo esposo, y a tuviera un tan leal corazón con quien partir su dolor, y acompañar su soledad; pero huérfana de los mejores padres del mando, viuda de tan santísimo esposo, muerto el mejor hijo de todos los nacidos, destituida de todo humano consuelo, ¿cómo podía esta Señora vivir en tal soledad? Con esta consideración, dice San Efrén, clamaba la Reina del cielo este sentidísimo:
  
SOLILOQUIO
¡Oh Jesús de mi corazón! mira mi pobreza y soledad: ni tengo casa donde parar mi decencia y la tuya recoger mi pobre persona, ni tengo donde reclinar la cabeza, ni me han quedado padres a quien volver la cara, ni tengo a mi celestial esposo que con su justo trabajo nos buscaba a ti y a mí el alimento. La orfandad de mis padres Señora Santa Ana y Señor San Joaquín, la pudo suplir mi esposo José. La viudez de mi esposo José no me era penosa viviendo tú, mi Jesús; pero muerto tú, mi Jesús, que eres mi Padre, mi Esposo, mi Hijo y mi Dios, ¿cómo he de vivir en tanta desamparo, pobreza y soledad? Pero ¡o Jesús de mi corazón! amo por toda mi vida la virtud de la pobreza, venero y adoro tu sabia providencia divina, que sabiendo esto no excusaste privarme de tan dichosos padres y de tan feliz esposo. Y te ruego por esta orfandad y viudez, resucites presto para alivio de mi soledad.
   
Síguese la Deprecación, el Ave María y el Gloria Patri.
    
ORACIÓN
¡Oh amabilísimo Jesús, que con tu infinito poder diste a la Virgen tan invencible valor en su soledad, para sentir y llorar tu muerte y pasión! Te pido, Señor, que sienta mi alma lo que en su soledad sintió esta Señora. Siento que no sean mis ojos mares de lágrimas para satisfacer en algo mis culpas, que ocasionaron en el corazón de María tanta pena; y te ruego por la soledad de la Virgen, seas misericordiosísimo Padre en la soledad de mi muerte, y que en los últimos desamparos de mi vida esté a mi lado esta Señora, para cantar a tus pies eternamente la gloria de la soledad de María. Amén.
   
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.
       
DÍA SÉPTIMO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
¡Oh alma mía! Considera que al punto que entró en su retiro la afligidísima Madre de Dios, llamando al Señor San Juan, puesta de rodillas a sus pies, le dijo con humildad: Amado Discípulo de mi Jesús, razón es cumplir las palabras que mi Hijo Dios nos habló desde la cruz: su dignación te nombró por hijo mío, y a mí por madre tuya; tú eres Sacerdote del Altísimo; por esta gran dignidad es razón que yo te obedezca en todo cuanto hubiere deshacer; y desde ahora quiero que me mandes, pues toda mi alegría es a en obedecer basta la muerte. A que respondió el Apóstol: Señora y Madre mía; yo soy quien ha de estar obediente a tu voluntad, porque el nombre de hijo no dice autoridad sino rendimiento; el mismo que a mí me hizo su sacerdote, te hizo á ti su dignísima Madre y estuvo siempre sujeto a tu obediencia, siendo el sumo Eterno Sacerdote de la gloria. Hijo mío, Juan, respondió es a Señora: yo en esta vida siempre he de tener superior a quien rendir mi parecer- para esto sois ministro de Dios, y como tal me debes dar este consuelo en mi soledad. Hágase, Madre y Señora mía, tu voluntad, respondió el Apóstol, pues en ella aseguro todo mi acierto. Y sin más palabras le pidió la Señora licencia para quedarse sola, y soltando el mar amargo de su alma, repasaba los misterios de su hijo tiernísimo:
  
SOLILOQUIO
¡Oh Hijo de mis entrañas, Jesús!, ¿Que para tal muerte y pasión te concebí, te parí y te crie? Con gusto hemos conversado en esta vida, a nadie hemos agraviado fielmente me has atendido y yo con toda fidelidad te he servido como a mi Hijo Dios verdadero. Pero ¿por que motivo los cruelísimos judíos te crucificaron? ¿qué causa diste para que te dieran tan afrentosa muerte? cometiste alguna maldad para que te sentenciasen así? No, hijo amabilísimo dignación tuya ha sido redimir tan á costa luya y mía al género humano, dejándoles a mares la doctrina y los ejemplos. Gustosísima me ha sido esta redención de que puedo recibir los plácemes por la gloría que se sigue a Dios y a los hombres.
   
Síguese la Deprecación, el Ave María y el Gloria Patri.
    
ORACIÓN
¡Oh Jesús mío, que diste gustoso la vida porque no se pierdan las almas! reconocidos a lo poco que merecen nuestras súplicas y a lo mucho que vale la soledad de la Virgen en tu presencia, te pedimos mires sus hermosísimos ojos, y no permitas que con nuestra vista te desagrademos. Mira, Señor, aquel traspasado corazón tan conforme con tu voluntad, y concédenos una total resignación en ti: mira aquel anhelo por verte resucitado, y danos una final penitencia, para verle y amarte con María en la gloria. Amén.
    
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.
      
DÍA OCTAVO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
¡Oh alma mía! considera que al paso que corría la noche sus horas, crecía el mar de congojas en el corazón de María; y entrando el Evangelista y las piadosas Marías á consolar a su solitaria reina, y procurarle su vida, solicitaban tomase algún alimento para mantener su cuerpo y dar ejemplo á todos los afligidos. Mas si estaba muerto su gusto ¿cómo había degustar el alimento? Si solo eran sus manjares las lágrimas, no era dable que buscase algún alivio. No es de creer que quien tan fina sentía, ocurriese a los comunes auxilios; y así ni aun cabe el imaginar que se recogiera a dormir un rato la que estaba con todo su pensamiento en el calvario y en las llagas de su Hijo. ¿Cómo es posible se acostará a descansar en el lecho la que no veía a su celestial descanso? Sentada y desvelada gemía, lo que para ser debidamente llorado pedía un llanto infinito, diciendo en triste:
  
SOLILOQUIO
¡Oh Nazareno mío, que dabas consuelo a los vivos, y dabas vida a los muertos! ¡Oh gran Profeta, poderoso en obras y palabras! ¿Qué hiciste para que los judíos te crucificaran? ¿Son estas las gracias que dan a tus buenas obras? ¿Es esta la paga de tu verdadera doctrina? ¿Es este el premio que dan a la virtud y milagros? ¿Tanto han podido las manos de los hombres contra su humanado Dios? ¿A esto ha llegado la maldad del mundo? ¿A tanto ha llegado la malicia del demonio? ¿A tanto ha llegado la bondad y clemencia de mi Hijo? ¿Tan grande es el aborrecimiento que tiene Dios al pecado? ¿Tan grande es el rigor de la divina justicia? ¿En tanto estima Dios la salvación de las almas? ¡Oh Hijo de mi corazón, Jesús! Mira como estoy en mi soledad, ten misericordia de mí; apresura tu resurrección, mira que voy a toda prisa a espirar.
   
Síguese la Deprecación, el Ave María y el Gloria Patri.
    
ORACIÓN
¡Oh Jesús mío, y qué noche tan sola le hicieron pasar a María Santísima mis culpas! Por aquel dolor que sintió cuando vio amanecer el sábado, y que aún no salía del sepulcro su sol divino Jesucristo, te ruego no rae hagas cargo de lo mal que he usado de la luz del día para ofenderos. Y por aquella tenebrosa noche que pasó tan sola la Virgen, te pido me restituyas a la luz de tu divina gracia, y no me dejes caer en la oscuridad de la culpa para que, sirviéndote con fidelidad en este mundo, te sirva a los pies de María Santísima en el cielo. Amén.
   
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.
     
DÍA NOVENO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Preparatoria
   
CONSIDERACIÓN
Considera que, amaneciendo el sábado, estando la Madre de Dios en la media noche de su. soledad, como a las cuatro de la mañana entró cuidadoso el Evangelista á saladar a su solitaria Reina, y puesta la Señora de rodillas, le pidió su bendición, y le dijo saliesen a recibir a San Pedro, que ya venía a buscarla tan lloroso como arrepentido. Y entrando San Pedro, arrojándose a los pies de la Madre de la gracia, le dijo: Pequé Señora, pequé delante de Dios, negando tres veces a mi Maestro Jesús. No pudo hablar más, oprimido de lágrimas de lo íntimo de su corazón. Y la prudentísima Virgen, puesta de rodillas, le dijo: Pidamos perdón de tu culpa a mi Hijo, tu divino Maestro. Hizo María Santísima oración por el Apóstol: y alentándolo con las dulces palabras de su misericordia, confirmó a San Pedro en la verdadera esperanza. Y repasando todos los misterios de nuestra redención, se encendía más y más el dolor de su corazón, viendo con su ilustrado entendimiento las muchas almas que se habían de condenar en todo el mundo, y si poderse ir a la mano en el sentimiento, con lágrimas y suspiros de lo íntimo de su pecho, decía este sentidísimo:

SOLILOQUIO
¡Oh Redentor del Mundo, que no pudiendo todas las criaturas posibles destruir el pecado, bajaste del cielo para con tu muerte destruirlo! ¿y qué, ha de haber criaturas tuyas que desprecien tu preciosísima Sangre? ¿Qué, no se han de salvar todos, cuando por salvar a todos has muerto? ¿Qué, lo que padeciste por salvarlos les ha de servir a muchos de mayor tormento? ¿Qué, muchos de los que mi Hijo Dios me dio al pie de la cruz por Hijo adoptivo, han de ir a ser esclavos eternos del demonio? ¡Oh Hijo de mi corazón, Jesús! ¿Cómo yo estoy en esta soledad viva, sabiendo que hay almas por quienes has derramado en vano tu sangre preciosa? Sábete, Hijo mío Dios, que lo que dejo en esto de sentir es porque no puedo sentirlo más. Un Ave María y Gloria Patri.
    
DEPRECACIÓN PARA EL ÚLTIMO DÍA
¡Oh amabilísima Madre de todos los pecadores! Que pasando aquel tristísimo día del sábado, día señalado a la pasión, por ser todo el día de tu soledad, entrando en la segunda noche repasando a solas los misterios de nuestra redención, engrandeciendo las infinitas obras de tu Hijo Dios, los ocultos juicios de su alta sabiduría, la nueva Iglesia que con tanta gracia y hermosura dejaba fundada, la felicidad de todo el género humano, la inestimable suerte de los predestinados, la formidable desdicha de los réprobos, que de tanta gracia y gloria por su voluntad se hacían indignos. Después de la media noche entró el Arcángel San Gabriel y postrándose a tus pies, te saludó por Reina de toda alegría, como en otra ocasión por Reina de la gracia, y entre muchos coros angélicos, éntrelos Patriarcas y Profetas antiguos, aliados de tus dichosos padres y de tu purísimo esposo, viste a tu Hijo Jesús resucitado, más hermoso y glorioso que todos juntos, para honor del cielo, para consuelo del mundo, para confusión del infierno, para triunfo y victoria de Jesús, y para gloria de tu soledad; pues arrodillándote a sus divinos pies, levantándote a sus divinos brazos el Señor comunicó a tu alma toda su gloria, digno premio y honor a tu soledad santísima. Pues ¡oh Madre y Señora nuestra! avivad en nuestras almas el amor de tu soledad, para que, acompañándote aquí en los desconsuelos, te acompañemos en los eternos gozos. Y por los méritos de tu soledad por la pasión y muerte de Jesús, por la alegría de su resurrección, te pedimos el aumento de nuestra Madre la Iglesia, la extirpación de todas las herejías, la paz y concordia entre los príncipes cristianos, la libertad de los pobres cautivos, luz para los que viven ciegos en el pecado, la gracia para los vivos, y la gloria para las benditas almas del Purgatorio. Amén.
   
La Canción y la Jaculatoria se dirán todos los días.

EL ROSTRO DE SAN FRANCISCO DE PAULA

En la iglesia de Santa María de las Gracias de Benincasa, en Vietro sul Mare, se conserva una servilleta en la cual fue impreso el rostro de San Francisco de Paula.
   
   
En el año 1483, el rey Luis XI de Francia llamó a San Francisco de Paula para que acudiese a su país, y en su camino el Santo se detuvo en Salerno, donde fue acogido por el pueblo y los legados de los reyes de Francia y de Nápoles. Sin embargo, se hospedó en casa de los esposos Capograsso. Los Capograsso eran muy ilustres y devotos, pero estaban afligidos porque su linaje (de los más antiguos de Salerno) se extinguiría porque sus hijos morían a los dos años. Hablando al respecto con San Francisco de Paula, este les dijo «No os resignéis, porque el Señor os enviará aún otros hijos, los cuales perpetuarán vuestro matrimonio». El Santo les dijo que al primer hijo le pusieran por nombre Francisco María, y a los demás los nombres que quieran, siempre que los acompañase el nombre de María. La profecía se haría realidad, y sus descendientes aún viven en la ciudad de Sulmona.
   
Mientras el santo comía su magra cena en casa de los Capograsso, advirtió que un pintor estaba retratándolo a escondidas. San Francisco de Paula, cuya humildad no sufría que le honraran, se cubrió el rostro con una servilleta, en la cual quedó impresa su imagen. Los descendientes de los Capogrosso tuvieron en gran veneración esta reliquia de San Francisco de Paula que la conservaban consigo. En 1656, al desatarse la peste, ellos se marcharon a la población de Benincasa, perteneciente a la ciudad de Vietro sul Mare, y acabada esta, donaron a la iglesia de Santa María de las Gracias la servilleta con el rostro de San Francisco de Paula, donde se le erigió un altar de mármol donde es expuesta. La reliquia es llevada en procesión junto con la estatua de San Francisco de Paula el último domingo de Agosto.

«CUÁNTO DOLOR SOPORTÓ POR TU AMOR»

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
    
   
Alma mía, te pido que nunca salga de tu mente el grandísimo amor de tu Esposo y dulce Redentor Cristo Jesús.
    
Esta contemplación será nuestro pan y nuestro alimento, noche y día.
       
Nuestro vivir y nuestro morir sea continuamente en las Llagas y las Entrañas del Dulcísimo Verbo Encarnado.
      
Contempla, pues, alma mía, cuánta fue Su Pasión y cuánto Su Dolor.
    
No hay pasión que a esta pueda [anche solo] asemejarse, porque todos sus sentidos eran brutalizados y golpeados por dentro y por fuera, Su tristeza era grandísima en Su noble y fuerte Mente, en la cual con fuerte impresión aprehendía las cosas que Lo emtristecían, máximamente, los pecados de todos los hombres.
     
Los cuales pecados eran en deshonor de Su Padre e instrumento inmenso de perdición de almas.
       
Y tanto más cuando veía contra Él a los judíos pecar gravísimamente, siendo Sus hermanos, teniendo tristeza de la malicia de los grandes y compasión de la ignorancia de los pequeños, esto es, de la plebe.
    
Aún más aumentaba Su tristeza cuando veía padecer a todas generaciones de hombres: del pueblo hebraico al gentil, siendo por los escribas y por los fariseos acusado y por Pilato condenado.
    
Por Herodes befado y por hombres y mujeres perseguido –y en máxima forma por aquella mujer que hizo negar a Pedro– por príncipes y siervos, de Sus amigos abandonado, de Pedro negado, por Judas traicionado.
     
Y todas estas generaciones de hombres llevaban la tristeza interior de nuestro Salvador.
      
Todavía se movía Su Corazón purísimo, teniendo tristeza de la ofensa la cual injustamente toleraba, y tanto más cuando era en grande irreverencia de Su Eterno Padre, sobre todo viéndose despojado y desnudo ante tanto pueblo, entre el cual ya había predicado gloriosamente y hecho admirables operaciones.
      
Aun la crueldad de la Pasión y de la muerte, la cual no había merecido, Lo afligía mucho y tanto más cuanto esta provenía de la mísera voluntad de escribas y fariseos.
       
Pero sobre todo estas aflicciones más Lo afanaban hacia la Piedad y Compasión que tenía hacia aquellas devotas mujeres, las cuales con grande dolor Lo seguían.
       
Y sobre todo dolor Lo afligían las lágrimas y suspiros y grandísima pasión de Su Dulce Madre, La cual amaba ternísimamente.
    
Fue tan grande la Pasión de nuestro Salvador en los sentimientos.
     
Mas llevó también una acerbísima Pasión en los sentidos externos y, principalmente, en el tacto siendo golpeado tantas veces en la Columna, y trapasado en la Cabeza por la Corona de agudísimas espinas.
    
Y tanto más cuanto era befado, y golpeado, y empujado, y continuadamente golpeado de personas innobles y crueles, los cuales no sabían qué fuese la piedad.
    
Pero sobre todo esto fueron las Llagas cuando fue Crucificado, porque fue herido en los puntos nerviosos, esto es, en las Manos y los Pies; y agravaba el dolor el peso del Cuerpo prendido sobre aquellos clavos, y tanto más por el largo tiempo en el cual estuvo suspendido, por cuanto el Dulce y Buen Jesús era de sana constitución, pero delicada y muy sensible.
   
Esto porque siendo todavía Su Físico noble y robusto, según los filósofos, Él tenía una fortísima sensibilidad y por esto cada mínima puntura o corte resultaba muy dolorosa.
    
Luego piensa en cuánto dolor soportó por tu amor.
      
Su pureza aumentó este dolor, porque Jesús atravesó en el dolor toda Su sensibilidad, incluso la incrementó voluntariamente porque, habiendo asumido di Propria sponte esta Pasión, quería recibirla aún más grave para satisfacer el Sacrificio en bien de la humanidad.
      
¡Oh Caridad inestimable!
      
Jesús habría podido satisfacer Su Sacrificio con una gota de sangre, mas para demostrar Su amor y para convencer a Su creatura para amarlo, aceptó un padecimiento desgarrador.
      
Ulteriormente la multitud de las pasiones, las cuales concurrían juntas en aquel cándido Cuerpo, multiplicando por mucho el Dolor, porque no padeció solamente en una parte del Cuerpo, sino en todas, de la Cabeza a los Pies.
    
Y no solamente en el sentido del tacto, sino en todos: en el gusto cuando le fue dado la hiel y el vinagre para beber; en el olfato, porque fue Crucificado en un lugar fétido, donde se mataba y torturaba; en el oído, porque continuamente oía la voz de los judíos que Lo blasfemaban y hacían befas de Él, y por otra parte allá donde las santas mujeres que lo seguían; además, [oía] las palabras piadosas y llenas de lágrimas y suspiros de Su dulce Madre, más angustiada que todas juntas frente la Cruz.
      
Alma mía, tu esposo Jesús, para salvarte, ha soportado tanta pasión, demostrándote las entrañas de Su misericordia, para incitar a tu duro corazón a amarLo.
    
Es ciertamente duro como el hierro quien, en Todo Esto pensando, no se inflama. Por tanto, contempla mucho Su Pasión para inflamarte de Su dulce Amor, el cual hace aparecer toda fatiga ligera y con alegría ayuda a caminar hacia la Vida eterna
    
FRAY JERÓNIMO SAVONAROLA OPTratado del amor a Jesús, cap. VII y último “De la grandeza de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”.

jueves, 1 de abril de 2021

DEL LAVADO DEL ALTAR EL JUEVES SANTO

   
Una de las ceremonias que se realizan el Jueves Santo es la denudación de los altares, simbolizando cómo Nuestro Señor fue despojado de sus vestiduras por los soldados romanos antes de la Crucifixión. Conexo a esta ceremonia está el lavado de los altares, que rememora el lavado y unción de su Sagrado Cuerpo en preparación para ser sepultado, y simboliza cómo la Sangre de Cristo, divino Cordero, nos purifica de todo pecado para poder acercarnos dignamente al Santo Sacrificio de la Misa.
   
En su obra De los Oficios Eclesiásticos, San Isidoro de Sevilla relata que era costumbre el Jueves Santo lavar los altares e incluso el pavimento de la iglesia, significando el acto de humildad con que Nuestro Señor lavó los pies de sus discípulos; y San Eligio también habla en términos similares de la misma práctica y el mismo motivo. La práctica era conocida en la Edad Media en toda Europa y en Inglaterra, cuyo Missále ad usum Insígnis et Præcláræ Ecclésiæ Sarum describe la ceremonia en estos términos:
«Después de la cena, que todos los clérigos se reúnan en la iglesia para lavar los altares, hacer el Mandato y rezar la Completa.
  
Primero, que se bendiga el agua del modo acostumbrado, fuera del coro y privadamente. Luego que se preparen dos de los Sacerdotes más dignos, con un diácono y subdiácono y dos acólitos, todos revestidos en alba y amito, y que dos clérigos porten vino y agua, y comenzarán desde el altar mayor a lavarlos, vertiendo en ellos vino y agua, y entre tanto el coro canta ante el altar el responso ℞. In monte Olivéti orávit ad Patrem: Pater, si fíeri potest, tránseat a me calix iste: Spíritus quidem promptus est, caro autem infírma. Fíat volúntas tua, diciendo su verso ℣. Verúmtamen non sicut ego volo, sed sicut Tu vis. Fiat volúntas tua y sin Glória Patri. Acabado el verso, el excelentísimo Sacerdote dirá en voz baja la Oración del Santo en cuyo honor fue consagrado el altar, sin la nota que termina Per Christum Dóminum nostrum, ni que la anteceda ni siga el Dóminus vobíscum, sino el Orémus antes de la Oración, y después el ejecutor del oficio besará el altar seguido por los demás clérigos.
Del mismo modo lavarán todos los altares con los responsos y versos, como están ordenados en la predicha historia, esto es 
℞. In monte Olivéti orávit ad Patrem: Pater, si fíeri potest, tránseat a me calix iste: Spíritus quidem promptus est, caro autem infírma. Fíat volúntas tua.
℣.  Verúmtamen non sicut ego volo, sed sicut Tu vis. Fiat volúntas tua.
℞. Circumdedérunt me viri mendáces; sine causa flagéllis cecidérunt me. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
℣. Quóniam tribulátio próxima est, et non est qui adjúvet. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
℞. Tristis est ánima mea usque ad mortem: sustinéte hic, et vigiláte mecum: nunc vidébitis turbam, quæ circúmdabit me: Vos fugam capiétis, et ego vadam immolári pro vobis.
℣. Ecce appropinquábit hora et Fílius Hóminis tradétur in manus peccatórum. os fugam capiétis, et ego vadam immolári pro vobis.
℞. Ecce vídimus eum non habéntem spéciem, neque decórem: aspéctus ejus in eo non est: hic peccáta nostra portávit, et pro nobis dolet: ipse autem vulnerátus est propter iniquitátes nostras: Cujus livóre sanáti sumus.
℣. Vere languóres nostros ipse abstúlit, et infirmitátes nostras ipse portávit. Cujus livóre sanáti sumus.
℞. Unus ex discípulis meis tradet me hódie; væ illi per quem tradar ego. Mélius illi erat si natus non fuísset.
℣. Qui intíngit manum mecum in parópside, hic me traditúrus est in manus peccatórum. Mélius illi erat si natus non fuísset.
℞. Judas mercátor péssimus ósculo pétiit Dóminum: ille ut agnus ínnocens non negávit Judæ ósculum: Denariórum número Christum Judǽis tradídit.
℣. Avarítiæ inebriátus venéno, dum sitit lucrum pervénit ad láqueum. Denariórum número Christum Judǽis tradídit.
℞.  Una hora non potuístis vigiláre mecum, qui exhortabámini mori pro me? Vel Judam non vidétis, quómodo non dormit, sed festínat trádere me Judǽis?
℣. Dormíte jam et requiéscite, ecce appropinquábit qui me traditúrus est. Vel Judam non vidétis, quómodo non dormit, sed festínat trádere me Judǽis?
℞. Senióres pópuli consílium fecérunt, ut Jesum dolo tenérent, et occidérent. Cum gládiis et fústibus exiérunt tamquam ad latrónem.
℣. Cogitavérunt iniquitátem sibi et egrediébantur foras. Cum gládiis et fústibus exiérunt tamquam ad latrónem.
℞. O Juda, qui dereliquísti consílium pacis, et cum Judǽis consiliátus es trigínta argénteis, vendidísti Sánguinem justum. Et pacis ósculum ferébas, quam in péctore non habébas.
℣. Os tuum abundávit malítia et língua tua concinnábat dolos. Et pacis ósculum ferébas, quam in péctore non habébas.
℞. Revelábunt cœli iniquitátem Judæ, et terra advérsus eum consúrget, et maniféstum erit peccátum illíus, in die furóris Dómini. Cum eis qui dixérunt Domino Deo: Recéde a nobis, sciéntiam viárum tuárum nólumus.
℣. In die perditiónis salvábitur et ad diem ultiónis ducétur. Recéde a nobis, sciéntiam viárum tuárum nólumus.
℞. Circumdedérunt me viri mendáces; sine causa flagéllis cecidérunt me. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
℣. Quóniam tribulátio próxima est, et non est qui adjuvet. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
Con la oración del Santo, como está dicho.
   
Que ningún responso empiece sino ante el altar, y donde todos cantarán como dijimos arriba. 
  
Siempre en la última ablución cántese el responsorio Circumdedérunt con su verso. Y si hubieren más los altares en la iglesia que los responsorios de la predicha historia, entonces reiníciese la historia guardando el orden señalado, pero siempre se deberá cantar el responso Circumdedérunt en último lugar.
   
Después de lavado el Altar, entren a capítulo, y el diácono leerá el Evangelio Ante die festum (San Juan XIII, 1-15), como se lee en la Misa, y si quiere, dirá el Sermón. Acabado esto, los dos dichos Sacerdotes lavarán los pies de los otros en el coro, uno de un lado y otro del otro, y luego ellos harán lo mismo mutuamente».
   
En su libro de 1818 Descrizione delle funzioni della Settimana Santa nella Capella Pontificia (Descripción de las funciones de la Semana Santa en la Capilla Pontificia), págs. 99-104, el bibliotecario y erudito Francesco Girolamo Cancellieri describe la ceremonia del lavado del altar de la Confesión en la basílica de San Pedro:
Mientras las Maitines y Laudes son cantadas en el Coro, es preparada una mesa cerca al altar mayor, del lado de la Epístola, por el sub-altarista una mesa de madera, sobre la cual se ponen siete vasos, que antes eran de plata, y ahora son de vidrio, y además uno de plata dorada, con vino generoso, que se mandaba de la Cantina de Palacio, y ahora desde la Sacristía, con una vasija de cobre plateado con siete toallas, o secamanos de cándido lino, y otra con siete esponjas. Cuando en el Coro se canta el Benedíctus de las Laudes, son distribuidas a cada Canónigo, Beneficiado y Clérigo beneficiado los hisopos hechos con ramas de boj, pero más comúnmente de sanguino, todos amarrados y ajustados a forma de diadema.
   
En este tiempo el sacristán del Coro prepara sobre la credencia, situada in cornu Epístolæ, un pluvial negro con siete estolas similares. Terminado todo el Oficio, el canónigo hebdomadario, y los seis canónigos ancianos se dirigen a la credencia mencionada, y depuestas sus capas, se ponen la sobrepelliz sobre el roquete, y las estolas negras, y el hebdomadario, depuesta la capa, se pone la estola sobre el roquete, y el pluvial negro. Precediendo la Cruz, y dos candeleros con dos velas amarillas apagadas, portadas procesionalmente por los acólitos, se dirige todo el Capítulo hacia el Altar Mayor con este orden.
    
Preceden los dos custodios, la Cruz en medio de los dos Acólitos, el Seminario, los Clérigos beneficiados, los Beneficiados, los Canónigos, dos con roquete, capa y estola, y el canónigo hebdomadario con el pluvial, en medio de los maestros de ceremonias. Llegados al Altar mayor, sale el acólito con la Cruz, y los acólitos en el altar referido, y se ponen cerca a la Sagrada Mesa por la parte oriental, con la cara dirigida hacia el Clero. Los capellanes, los músicos y los alumnos del Seminario vaticano están a los lados del altar. Todo el capítulo forma un círculo alrededor, y arrodillado, y ahora un poco, unidos al canónigo hebdomadario y a los seis canónigos, que se arrodillan en la primera grada. El hebdomadario entona la antífona Divisérunt sibi, que se prosigue sin canto por los capellanes, músicos y seminario. Luego de esta se recita alternativamente el salmo Deus, Deus meus (Salmo XXI):
Antiphona. Ps. 21, 19. Divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem.
Psalmus 21
Deus, Deus meus, réspice in me: quare me dereliquísti? * longe a salúte mea verba delictórum meórum.
Deus meus, clamábo per diem, et non exáudies: * et nocte, et non ad insipiéntiam mihi.
Tu autem in sancto hábitas, * laus Ísraël.
In te speravérunt patres nostri: * speravérunt, et liberásti eos.
Ad te clamavérunt, et salvi facti sunt: * in te speravérunt, et non sunt confúsi.
Ego autem sum vermis, et non homo: * oppróbrium hóminum, et abjéctio plebis.
Omnes vidéntes me, derisérunt me: * locúti sunt lábiis, et movérunt caput.
Sperávit in Dómino, erípiat eum: * salvum fáciat eum, quóniam vult eum.
Quóniam tu es, qui extraxísti me de ventre: * spes mea ab ubéribus matris meæ. In te projéctus sum ex útero:
De ventre matris meæ Deus meus es tu, * ne discésseris a me:
Quóniam tribulátio próxima est: * quóniam non est qui ádjuvet.
Circumdedérunt me vítuli multi: * tauri pingues obsedérunt me.
Aperuérunt super me os suum, * sicut leo rápiens et rúgiens.
Sicut aqua effúsus sum: * et dispérsa sunt ómnia ossa mea.
Factum est cor meum tamquam cera liquéscens * in médio ventris mei.
Aruit tamquam testa virtus mea, et lingua mea adhæsit fáucibus meis: * et in púlverem mortis deduxísti me.
Quóniam circumdedérunt me canes multi: * concílium malignántium obsédit me.
Fodérunt manus meas et pedes meos: * dinumeravérunt ómnia ossa mea.
Ipsi vero consideravérunt et inspexérunt me: * divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem.
Tu autem, Dómine, ne elongáveris auxílium tuum a me: * ad defensiónem meam cónspice.
Erue a frámea, Deus, ánimam meam: * et de manu canis únicam meam:
Salva me ex ore leónis: * et a córnibus unicórnium humilitátem meam.
Narrábo nomen tuum frátribus meis: * in médio ecclésiæ laudábo te.
Qui timétis Dóminum, laudáte eum: * univérsum semen Jacob, glorificáte eum.
Tímeat eum omne semen Israël: * quóniam non sprevit, neque despéxit deprecatiónem páuperis:
Nec avértit fáciem suam a me: * et cum clamárem ad eum, exaudívit me.
Apud te laus mea in ecclésia magna: * vota mea reddam in conspéctu timéntium eum.
Edent páuperes, et saturabúntur: et laudábunt Dóminum qui requírunt eum: * vivent corda eórum in sǽculum sǽculi.
Reminiscéntur et converténtur ad Dóminum * univérsi fines terræ:
Et adorábunt in conspéctu ejus * univérsæ famíliæ géntium.
Quóniam Dómini est regnum: * et ipse dominábitur géntium.
Manducavérunt et adoravérunt omnes pingues terræ: * in conspéctu ejus cadent omnes qui descéndunt in terram.
Et ánima mea illi vivet: * et semen meum sérviet ipsi.
Annuntiábitur Dómino generátio ventúra: * et annuntiábunt cœli justítiam ejus pópulo qui nascétur, quem fecit Dóminus. 
   
Comenzada la Antífona, se levanta el hebdomadario, y quitándose el pluvial, parte con los otros seis canónigos con estola a la Sagrada Mesa, de la cual, antes que venga procesionalmente el clero, remueve el subaltarista una toalla fina, que la recubre toda, pero sin caer por ninguna parte, y prepara sobre la mesa los siete vasos con vino. 
   
El canónigo altarista con la sobrepelliz sobre el roquete, y sin estola, entrega el vaso al hebdomadario y a los otros seis canónigos, los cuales vierten sobre la mesa todo el vino, y con los hisopos lo lavan. Terminado este lavado, el hebdomadario desciende cerca a la mesa pequeña, y los seis canónicos se ponen en pie en la puertecilla del cancel, entre las columnas de la Confesión. A estos suceden otros seis canónigos, que lavan la Mesa con el mismo modo, esto es, con los aspersorios, y así por orden de ancianidad lo hacen los otros canónicos, los beneficiados y los clérigos beneficiados, y cada uno de ellos retorna a su puesto, acabada la ceremonia.
    
Después de ellos van los capellanes, los clérigos, los alumnos del Seminario y los músicos, a los cuales se les han distribuido previamente los hisopos fuera del coro.
   
Cuando todo el clero ha acabado de hacer esta ceremonia, se lleva por el subaltarista una vasija con siete esponjas, las cuales el canónigo altarista entrega al hebdomadario y a los asistentes, y pulen la Mesa. Luego les entrega los siete secamanos, con los cuales la enjugan. Finalmente el hebdomadario, retomado el pluvial, vuelve a arrodillarse con los seis canónigos asistentes; y los capellanes genuflexos y todo el clero repiten la antífona Divisérunt sibi, y el verso Christus factus est pro nobis obœ́diens usque ad mortem, y después dice el Pater noster en voz baja, y recita la Oración
Réspice, quǽsumus, Dómine, super hanc famíliam tuam, pro qua Dóminus noster Jesus Christus non dubitávit mánibus tradi nocéntium, et crucis subíre torméntum. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Luego se arrodilla sobre el pavimento con todo el clero, y venera las tres Reliquias mayores de la Cruz, la Santa Faz y la lanza, preservadas en la galería sobre la estatua de Santa Verónica.
   
Terminada la ostensión de las Santas Reliquias, se van procesionalmente a la Sacristía, donde cada uno se desviste los ornamentos. Partido el clero, el subaltarista, con ayuda de los clérigos, acaba de pulir y enjugar la Mesa, la cual permanece descubierta hasta todo el Viernes Santo.
    
La ceremonia se conserva también entre los monjes dominicos, que la realizan de esta forma: Después de la Misa del Jueves Santo, los frailes, en procesión, llevan el Santísimo Sacramento al sepulcro. Los sacerdotes se dirigen, cada uno acompañado con dos acólitos revestidos con alba (en el rito dominico, durante las fiestas mayores los acólitos usan alba y no sobrepelliz) cargando vinajeras de agua y vino, para la denudación de los altares en el monasterio. El sacerdote luego lavaba los altares (o las aras) con agua y vino. Durante el rito del lavado el sacerdote y los ministros cantan el salmo Miserére (Salmo L).
  
Padre Eugène Sousa OP lavando el ara en la capilla de los hermanos legos en el Priorato de San Alberto Magno en Oakland, CA (c. 1958). El hermano Peter de Man OP sostiene la vinajera de vino y viste alba.

A LOS COMPROMISARIOS QUE LES PREOCUPA EL “QUÉ PENSARÁN LOS PROTESTANTES”

Imagen tomada de Twitter.
   
  
TRADUCCIÓN
«Actuar contra la religión Católica para los protestantes. ¿A quién le importa lo que ellos puedan pensar? Lo que hagan los Católicos no hace la diferencia en la mayoría de los protestantes. Ellos son mayormente de mala voluntad, así que no hay riesgo de “alejarlos”. Y además, los que son elegidos se unirán infaliblemente a la Iglesia a pesar de todos los obstáculos. Aquellos que se escandalizan y rechazan el Catolicismo solo se condenarán a sí mismos por las vidas inmorales que tenían siendo Católicos, según San Agustín. Para ellos, nosotros somos la Ramera de Babilonia aun cuando digamos algo ortodoxo, así que solo debemos usar verdaderos principios Católicos en las discusiones en vez de preocuparnos sobre lo que cualesquiera denominadas “exageraciones” puedan hacerles. A la gente que estaba escandalizada por la “idolatría” y se hicieron iconoclastas, ¿qué les dijo San Juan Damasceno? Es VUESTRA maldita culpa por malentender. Tal como Ratzinger, que seguramente no pensaba en lo que los CATÓLICOS pudieran pensar cuando él adoraba en la Mezquita Azul o en la sinagoga, o con esa “presbítera” luterana. Él no tiene autoridad, es simple y llanamente el padre Ratzinger, uno de esos anticuados modernistas de saco y corbata que nos dio el Vaticano II, totalmente impenitente» (KARANJIT MICHAEL DUTT, B.Tech.)

LA VIRGEN DERROTA AL “ESTADO ISLÁMICO”

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   
   
Una estatua de la Virgen que fue decapitada por el “Estado Islámico” fue restaurada y devuelta el 19 de marzo a la iglesia caldea de Mar Addai (San Tadeo) en la ciudad asiria de Karamlech (Irak).
  
El sacrilegio se produjo en 2016, durante la ocupación de las aldeas de la llanura de Nínive (2014-2017). La cabeza de la estatua se encontró entre los escombros de la iglesia.
    
La estatua restaurada fue exhibida en la Misa de Francisco del 7 de marzo en Erbil, a 60 km al este de Karamlech.
   
La mayoría de los habitantes de Karamlech huyeron a Erbil para escapar del ISIS/Dáesh. Durante la ocupación de la ciudad, el ISIS/Dáesh quemó hasta la muerte a una mujer asiria de 80 años por no cumplir con las leyes islámicas. Una gran parte del histórico monasterio sirocatólico de Mar Behnam (San Benham, ܡܳܪܝ̱ ܒܶܗܢܰܡ),  fue destruida.
   
COMENTARIO: La restauración de la imagen fue liderada por el sacerdote de rito caldeo Thabet Habeb Yousif Al Mekko, párroco de Mar Addai en Karamlech y pariente del sacerdote caldeo Ragheed Aziz Ganni (siríaco ܪܓܝܕ ܥܙܝܙ ܓܢܝ), que fue asesinado junto a los subdiáconos Basman Yousef Daud, Wahid Hanna Isho y Gassan Isam Bidawed por desconocidos armados el domingo 3 de Junio de 2007 luego de ofrecer la Misa en la iglesia católica caldea del Espíritu Santo en Mosul. Y el hecho que la imagen aún conserve la grieta en el cuello y las manos cortadas denota no sólo el odio que el Dáesh (en cuanto agente de Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia de Saúd y la Entidad Nazionista) albergan contra la Iglesia Católica, sino que también acusa contra Francisco Bergoglio y su secta del Vaticano II, que ardidos por la definición dogmática de la Asunción y la proclamación de la Realeza de Santa María por Pío XII, blasfeman contra la Santísima Virgen, desobedecen sus mandatos, adulteran sus palabras, y so pretexto de ecumenismo le niegan los honores que por derecho divino Le pertenecenvaliéndose de términos desobligantes (y desafortunadamente, mas toca indicarlo, también acusa a algunos sedevacantistas que, por un celo contrario a ciencia y que sólo se le puede llamar ESCRÚPULO –que es falsa devoción–, le hacen emulación a estos, rechazando la autoridad de los Padres y Doctores de la Iglesia que no escatimaban alabanzas a la Santísima Virgen, por temor de ver reducido el honor debido a Jesucristo).

HIMNO “O REDÉMPTOR, SUME CARMEN”, DE LA BENDICIÓN PONTIFICAL DE LOS SANTOS ÓLEOS

S. E. Enrique Card. Pla y Deniel, Arzobispo de Toledo y Primado de las Españas, consagrando el Santo Crisma en la Catedral Primada (fecha desconocida).
  
En el Pontifical Romano tradicional se estatuye que en la Misa Pontifical del Jueves Santo se hagan bendecir los Santos Óleos por parte del Obispo (que es, según la ley canónica, el único ministro autorizado para tal ceremonia), en dos momentos distintos: el Óleo de los enfermos antes del Per quam hæc ómnia, Dómine, semper bona creas; y el Santo Crisma (que no es solamente bendecido sino consagrado) y el Óleo de los catecúmenos (antiguamente llamado Óleo de los exorcismos), después de la reserva de la Hostia en el Sepulcro.
  
En esta ceremonia, se hace cantar el siguiente himno, cuya autoría unos atribuyen a San Venancio Fortunato, Obispo de Poitiers (y así lo recoge Migne en su Patrología Latina), y otros a anónimo poeta irlandés que usó para el efecto el himno IX del Cathemérinon y el himno II del Peristéphanon (ambos del himnógrafo español Aurelio Prudencio), pero en todo caso proviene de la liturgia galicana para la antigua “Missa Chrismális”, y posteriormente pasó al Pontifical Romano tradicional. Por primera vez, los presentamos en latín y una traducción al español (con la mayor fidelidad al original):
  
HIMNO “O REDÉMPTOR, SUME CARMEN”
  
LATÍN
Antífona: O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium.

  
Áudi, Judex mortuórum,
Una spes mortálium,
Áudi voces proferéntum
Donum pacis prǽvium.
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.

    
Arbor fœta alma luce
Hoc sacrándum prótulit,
Fert hoc prona præsens turba
Salvatóri sǽculi.
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.

    
Stans ad aram imo supplex
Infulátus Póntifex,
Débitum persólvit omne,
Consecráto Chrísmate.
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.

    
Consecráre tu dignáre,
Rex perénnis pátriæ,
Hoc olívum, signum vivum,
Jura contra dǽmonum.
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.

    
Ut novétur sexus omnis
Unctióne Chrísmatis:
Ut sanétur sauciáta
Dignitátis glória.
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.

    
Lota mente sacro finte
Aufugántur crímina,
Uncta fronte sacrosáncta
Ínfluunt charísmata.
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.

    
Corde natus ex Paréntis
Alvum implens Vírginis,
Præsta lucem, cláude mortem
Chrísmatis consórtibus.
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.

    
Sit haec dies festa nobis,
Sæculórum sǽculis
Sit sacráta digna láude,
Nec senéscat témpore. 
O Redémptor, sume carmen
Temet concinéntium
.
        
TRADUCCIÓN
Antífona: Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

  
Escucha, Juez de los muertos
Y única esperanza de los mortales,
Escucha las voces que te dirigimos
Con el don previo a la paz.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

    
Este árbol crecido a los rayos de alma luz
Ha producido este óleo consagrando:
Que gustosa ofrece la presente multitud
Al Salvador del mundo.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

    
Suplicante, de pie ante el altar,
Revestido el Pontífice,
Paga toda la deuda
Consagrando el Crisma.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

    
Dígnate consagrar,
Rey de la perenne patria,
Este olivo, señal viva
De la victoria contra los demonios.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

     
Por la renovación de todo sexo
Con la unción del Crisma,
Para que sea sanada de su herida
La gloria de su dignidad.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

    
Lavada el alma en sagrada fuente,
Es purificada de sus crímenes,
Ungida su frente fluyen
Los carismas sacrosantos.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

    
Tú que naciste del corazón del Padre
Y descendiste al seno de la Virgen,
Concede tu luz y rescata de la muerte
Chrísmatis consórtibus.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.

    
Sea este para nosotros día de fiesta
Por los siglos de los siglos.
Sea consagrado de digna alabanza
Que no envejezca en el tiempo.
Oh Redentor, recibe el himno
Que armoniosos te cantamos.
   
La entonación de este himno se divide en dos momentos: Cuando se hacen conducir desde la sacristía los óleos para el Santo Crisma y el Óleo de los catecúmenos, se cantan las cuatro primeras estrofas, y las restantes, una vez consagrado y bendecido respectivamente, son regresados a la sacristía.
  
Los modernistas cuando cantan este himno en su “Misa crismal” (cuyas versiones 1955, 1965 y 1969 fueron creadas por el vicenciano masón Aníbal Bugnini), omiten la primera y la tercera estrofa después de la “Renovación de los votos sacerdotales” y antes de la “bendición de los óleos” (que aduciendo su alibí de “razones pastorales”, en ellos ocurre luego de la “Liturgia de la Palabra”, que es como ellos llaman a nuestra “Misa de los Catecúmenos”).

SANTA MARÍA EGIPCÍACA, PENITENTE

«El espíritu compungido es el sacrificio más grato para Dios; no despreciarás, ¡oh Dios mío!, el corazón contrito y humillado» (Salmo L, 19).
   
   
El más famoso testimonio de la confianza popular en la intervención de María es el relato de la conversión de Santa María Egipcíaca (en copto Ϯⲁⲅⲓⲁ Ⲙⲁⲣⲓⲁ Ⲛⲣⲉⲙⲛ̀ⲭⲏⲙⲓ; en griego Αγία Μαρία ἡ Αἰγυπτία; en etíope ቅድስት ማርያም ግብፃዊት). Una hermosa tradición cuenta que en el siglo V un santo sacerdote llamado Zózimo después de haber pasado muchos años de monje en un convento de Palestina dispuso irse a terminar sus días en el desierto de Judá, junto al río Jordán. Un día vio por allí una figura humana, que más parecía un esqueleto que una persona robusta. Se le acercó y le preguntó si era un monje y recibió esta respuesta: «Yo soy una mujer que he venido al desierto a hacer penitencia de mis pecados».
      
Y dice la antigua tradición que aquélla mujer le narró la siguiente historia: Su nombre era María. Era de Egipto. Desde los 12 años llevada por sus pasiones sensuales y su exagerado amor a la libertad se fugó de la casa. Cometió toda clase de impurezas y hasta se dedicó a corromper a otras personas. Después se unió a un grupo de peregrinos que de Egipto iban al Santo Sepulcro de Jerusalén. Pero ella no iba a rezar sino a divertirse y a pasear.
   
Y sucedió que al llegar al Santo Sepulcro, mientras los demás entraban fervorosos a rezar, ella sintió allí en la puerta del templo que una mano la detenía con gran fuerza y la echaba a un lado. Y esto le sucedió por tres veces, cada vez que ella trataba de entrar al santo templo. Y una voz le dijo: «Tú no eres digna de entrar en este sitio sagrado, porque vives esclavizada al pecado». Ella se puso a llorar, pero de pronto levantó los ojos y vio allí cerca de la entrada una imagen de la Sma. Virgen que parecía mirarla con gran cariño y compasión. Entonces la pecadora se arrodilló llorando y le dijo: «Madre, si me es permitido entrar al templo santo, yo te prometo que dejaré esta vida de pecado y me dedicaré a una vida de oración y penitencia». Y le pareció que la Virgen Santísima le aceptaba su propuesta. Trató de entrar de nuevo al templo y esta vez sí le fue permitido. Allí lloró largamente y pidió por muchas horas el perdón de sus pecados. Estando en oración le pareció que una voz le decía: «En el desierto más allá del Jordán encontrarás tu paz».
     
María Egipciaca se fue al desierto y allí estuvo por 40 años rezando, meditando y haciendo penitencia. Se alimentaba de dátiles, de raíces, de langostas y a veces bajaba a tomar agua al río. En el verano el terrible calor la hacía sufrir muchísimo y la sed la atormentaba. En invierno el frío era su martirio. Durante 17 años vivió atormentada por la tentación de volver otra vez a Egipto a dedicarse a su vida anterior de sensualidad, pero un amor grande a la Sma. Virgen le obtenía fortaleza para resistir a las tentaciones. Y Dios le revelaba muchas verdades sobrenaturales cuando ella estaba dedicada a la oración y a la meditación.
     
La penitente le hizo prometer al santo anciano que no contaría nada de esta historia mientras ella no hubiera muerto. Y le pidió que le trajera la Sagrada Comunión. Era Jueves Santo, 1 de Abril del 421, y San Zózimo le llevó la Sagrada Eucaristía. Quedaron de encontrarse el Día de Pascua (4 de Abril), pero cuando el santo volvió la encontró muerta, sobre la arena, con esta inscripción en un pergamino: «Padre Zózimo, he pasado a la eternidad el Viernes Santo día de la muerte del Señor, contenta de haber recibido su santo cuerpo en la Eucaristía. Ruega por esta pobre pecadora, y devuélvele a la tierra este cuerpo que es polvo y en polvo tiene que convertirse».
     
El monje no tenía herramientas para hacer la sepultura, pero entonces llegó un león y con sus garras abrió una sepultura en la arena y se fue. Zózimo al volver de allí narró a otros monjes la emocionante historia, y pronto junto a aquélla tumba empezaron a obrarse milagros y prodigios y la fama de la santa penitente se extendió por muchos países.
   
San Alfonso María de Ligorio y muchos otros predicadores narraron muchas veces y dejaron escrita en sus libros la historia de María Egipciaca, como un ejemplo de lo que obra en un alma pecadora, la intercesión de la Sma. Madre del Salvador, la cual se digne también interceder por nosotros pecadores para que abandonemos nuestra vida de maldad y empecemos ya desde ahora una vida de penitencia y santidad.
   
Los ortodoxos conmemoran a Santa María Egipcíaca el día 1 de Abril (como los católicos) y el quinto domingo de la Gran Cuaresma, en el cual se acostumbra que el Sacerdote, luego de la Divina Liturgia, bendiga los frutos secos. Su vida, escrita por San Sofronio de Jerusalén, es leída durante las Maitines del Gran Canon de San Andrés Cretense el jueves de la cuarta semana de la Gran Cuaresma. En la iglesia copta, su fiesta es el 6 de Parmouti (14 de Abril).
   
ORACIÓN (Del Oficio propio)
Clementísimo Dios, que manifiestas especialmente tu omnipotencia con el perdón y la misericordia, multiplica tu misericordia sobre nosotros, para que por la intercesión de la bienaventurada María, absuelvas clemente por tu piadosa compasión a quienes están atados por la cadena de los pecados. Por J. C. N. S. Amén.