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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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miércoles, 3 de abril de 2024

MURIÓ EL NEOCONSERVADOR HUONDER


A las 13:50h (hora local) de hoy 3 de Abril de 2024 falleció el obispón emérito de Coira (Suiza) Vitus Huonder, a causa del cáncer de páncreas.

Vitus Huonder nació en Trun (cantón de los Grisones) el 21 de Abril de 1942. Su familia se trasladó a Disentis, donde estudió en la escuela del monasterio benedictino de San Martín, y en 1963 ingresó al seminario de la abadía de Einsieldein, y estudió teología en la Universidad de Friburgo, donde se doctoró con la tesis “Israel, hijo de Dios: Sobre la interpretación de un tema del Antiguo Testamento en la exégesis judía en la Edad Media” en 1973. Fue “instalado” presbítero el 25 de Septiembre de 1971 por el obispo Johannes Anton Vonderach Gisler y obispón de Coira el 8 de 2007 por Amédée Antoine-Marie Grab Triolet OSB con el inválido rito montini-bugniniano en ambas ocasiones (por tanto, NO ERA SACERDOTE NI OBISPO CATÓLICO). Al retirarse por límite de edad, escogió hacerlo en la escuela Santa María de Wangs (cantón de San Galo) dirigida por la FSSPX, como parte de las negociaciones que el Vaticano mantiene con la Fraternidad.
  
Como se sabe, Huonder era un neoconservador que, cuando estuvo en la diócesis de Coira, combatía la ideología de género y “ordenaba” presbíteros para la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, y un modernista que participaba en eventos ecuménicos y permitía monaguillas en las celebraciones. Y en la Fraternidad San Pío X (donde llegó a simular de pontifical por sus 50 años de “instalación” presbiteral), fue tan elemento de polarización como lo fue en su diócesis, porque mientras Menzingen lo acogió, algunos sacerdotes y fieles lo veían como un lobo entre el rebaño, y sembró duda sobre los Santos Óleos al presidir la “Misa Crismal” el Jueves Santo de 2023 en Zaitzokfen (Alemania).

A 55 AÑOS DE LA NUEVA MISA

Mons. Domenico Celada, teólogo, liturgista y profesor de música y canto gregoriano en la Pontificia Universidad Lateranense, colaboró en la redacción del “Breve examen crítico del nuevo Ordo Missæ”, y dedicó tres artículos sobre la “Reforma Litúrgica” y cuán anticatólica es, antes y después de su implementación. En represalia, la Curia Romana ordenó su remoción de la cátedra y de su ministerio, dejándolo en la más negra miseria, en la cual murió en 1971.

Traemos por primera vez estos tres artículos en español y en una sola publicación. En el tercero, particularmente, se observa un tono afín con el usado por el Señor en su Elénchus contra Pharisǽos (Mt. 23, 13 ss.), o en las imprecaciones no menos incisivas que dirige a los judíos en Juan 8, 21 ss. En este caso, los destinatarios son los ideólogos y fautores de la ruptura en la tradición litúrgica, que una propaganda tan dolosa como eficaz logró presentar como “apertura”.

MAURIAC Y LOS IDIOTAS
   
Recuerdo haber escrito, en el número de abril-junio de 1966 de una revista de música, una nota sobre la liturgia después del Concilio Vaticano II. Eran los meses en los que el plan destructivo de ciertos “liturgistas” tomaba forma, en todo su significado trágico, y habían llegado a proponer esas llamadas “misas de los jóvenes”, acompañadas de orquestas de salón de baile, que representan –incluso dejando de lado cualquier consideración de carácter religioso– el triunfo de la ignorancia y la estupidez.
Escribí entonces: «La sagrada liturgia atraviesa un período de gran crisis, quizás el más doloroso de su historia. Nunca ha habido tanta decadencia y confusión: realmente se estaba tocando fondo».
En aquella ocasión recibí mensajes de conformidad y alabanza por lo escrito, bien puedo decirlo, de todas partes del mundo católico: cartas de simples fieles, de muchos sacerdotes y párrocos, incluso de obispos y cardenales. Sin embargo, para ser honesto, debo decir que también recibí una fuerte “reprimenda” por parte de la oficina eclesiástica encargada de la llamada reforma litúrgica, oficina conocida con el nombre de “Consilium”, sobre la cual ya existe una amplia literatura ciertamente no benévola.
   
El emisor de la “reprimenda” (escrita en papel membretado oficial, con escudo y número de protocolo) comenzó expresando su sorpresa ante mi diagnóstico de “crisis” en la liturgia, y sostuvo, por el contrario, que «la liturgia atraviesa uno de sus períodos más florecientes y prometedores»; tras lo cual declaró que mis comentarios eran de una «falsedad supina” y que todo el texto representaba una «insinuación ofensiva» y una “evaluación subjetiva y errónea». Mi prosa era, además, «desconcertante, descarada, ofensiva y audaz».
Apenas salí completamente ileso de esa avalancha de adjetivos, agrupados de a cuatro, bajo los cuales podría haberme asfixiado. No han pasado ni tres años desde entonces.
Hace unos veinte días abrí L'Osservatore Romano y encontré un artículo de siete columnas (una página entera del periódico de la Santa Sede) titulado “Historia de la Iglesia y crisis de la Iglesia”. En él, el distinguido historiógrafo Hubert Jedin escribe textualmente: 
«En primer lugar, visible a todos, está la crisis litúrgica, por no hablar de caos. Cuando hoy, domingo por la mañana, se recorre las iglesias parroquiales de una ciudad, se encuentra en cada una un servicio divino “organizado” de manera diferente; uno encuentra omisiones; a veces se oyen lecturas diferentes de las previstas por el ordo litúrgico; si luego uno llega a otro país cuyo idioma no conoce, se siente completamente extraño…».
Parece importante señalar que Hubert Jedin, en su claro diagnóstico de la situación actual de la Iglesia, menciona “en primer lugar” –incluso antes de la crisis de fe– precisamente la crisis litúrgica, ahora “visible a todos”. Considerando la autoridad del escritor y la del periódico vaticano, que nunca publica un artículo excepto después del más riguroso control, hay que concluir que hoy la crisis de la liturgia es un hecho indiscutible, y que es lícito hablar y escribir sobre ella sin temor a recibir misivas llenas de adjetivos poco halagadores [1].
Por otro lado, en tres años han pasado muchas cosas. La Congregación de Ritos se vio obligada a intervenir contra los numerosos experimentos arbitrarios con una “declaración” del 29 de diciembre de 1966 (que, por otra parte, es letra muerta), y el propio Papa, en la famosa alocución del 19 de abril de 1967, expresó su dolor y aprensión por lo que sucede en el campo litúrgico, subrayando la «perturbación de los buenos fieles» y denunciando una cierta mentalidad encaminada a la «demolición del auténtico culto católico», implicando también «subversiones doctrinales y disciplinarias».
Pero de particular interés es la comparación que el estudioso hace entre la crisis vivida por la Iglesia en el siglo XVI y la de la actualidad. ¿Cómo superó la Iglesia aquella crisis? Jedin responde: «No renunciando a su autoridad, ni aceptando fórmulas equívocas de compromiso, ni acogiendo el caos litúrgico creado [en ese momento] por innovaciones arbitrarias en el servicio divino».
Esto es muy cierto. Si los decretos tridentinos restablecieron la seguridad de la fe, el misal y el breviario de San Pío V unificaron aún más la liturgia. De hecho, no debemos olvidar que la “lex orándi”, según un antiguo adagio, es también la “lex credéndi”: la ley de la fe. Por tanto, parece lógico que a la “licéntia orándi” actual le corresponda una “licéntia credéndi”.
Hubert Jedin escribe: «Me temo que, dentro de poco, en algunos lugares, ya no se encontrará un misal latino...» Y sin embargo (recuerda el estudioso),
«la propia Constitución litúrgica (art. 36) mantiene como regla, de la misma manera que era antes, la liturgia en latín. ¿No sería un disparate que la Iglesia católica en nuestro siglo –en el siglo de la unificación del mundo– renunciara por completo a un vínculo de unidad tan precioso como lo es la lengua litúrgica latina? ¿No equivaldría esto a un deslizamiento muy tardío hacia un nacionalismo que ya se considera superado?...».
Se trata de preguntas puramente retóricas, ya que la inexplicable renuncia al latín se ha producido prácticamente “in fráudem legis”, contra la obligatoriedad de una ley conciliar que prescribe claramente la preservación del uso del latín, y contra el derecho de los fieles católicos al aprovechamiento de un bien común.
Ahora, habiendo roto la unidad de la lengua y destruido la identidad de los ritos, el caos se ha extendido del campo litúrgico al doctrinal. Ya en abril de 1967, Pablo VI comenzó a lamentar «algo muy extraño y doloroso», la «alteración del sentido de la única y genuina fe». Pero esto fue la consecuencia –con una lógica perfecta e inexorable– de alterar el grandioso edificio de la Liturgia, es decir, de haber traducido, mutilado y reemplazado textos y fórmulas que en sí mismos representaban una “summa” de piedad y doctrina. Hoy se comprende más que nunca la verdad de la enseñanza de Pío XII en la encíclica Mediátor Dei: «El uso de la lengua latina es un signo claro y noble de unidad, y un antídoto eficaz contra cualquier corrupción de la doctrina pura».
La crisis de la liturgia es ahora “visible a todos”. Se han descubierto muchos engaños. A pesar de ello, los innovadores siguen trabajando con el celo de quien no está muy seguro de sí mismo, siguen manipulando, distorsionando y demoliendo lo poco que queda (Recientemente se celebró una conferencia de liturgistas para discutir “nuevas plegarias eucarísticas” y un nuevo “ordo Missæ”...)
Respecto a estos obstinados reformadores que perturban la liturgia, el célebre novelista católico François Mauriac escribía hace no mucho:
«Me pregunto, presa del pánico: ¿y si todos estos brillantes innovadores no fueran más que un grupo de atroces imbéciles? Entonces ya no habría escapatoria: porque ha sucedido que los sordos recuperen la audición, que los ciegos vuelven a ver; incluso ha sucedido que los muertos resuciten; pero no hay ninguna prueba, ningún documento, sobre un idiota que haya dejado de serlo».
Me parece que el académico francés es demasiado pesimista. Parece haber olvidado que a cualquier idiota, aunque no pueda dejar de serlo, se le puede poner simplemente en condiciones de no hacer daño.
    
Por Monseñor Domenico Celada (“Il Tempo di Roma”, 20 de Febrero de 1969).

NOTA
[1] Enojado por este artículo de Hubert Jedin, Annibale Bugnini escribió una carta privada de protesta al autor y luego tuvo el detalle de citarla extensamente en su libro La reforma de la liturgia (p. 283). Este apasionado ataque a la praxis litúrgica de la Iglesia durante la mayor parte de su historia debe ser seguramente uno de los pasajes más notables jamás escrito por un católico (si su autor puede ser considerado tal):
«Como buen historiador que sabe sopesar ambas partes y llegar a un juicio equilibrado, ¿por qué no menciona los millones y cientos de millones de fieles que por fin han logrado dar culto en espíritu y en verdad? Quienes por fin pueden orar a Dios en su propia lengua y no con sonidos sin sentido, y estar felices de saber de ahora en más lo que dice ¿No son ellos “la Iglesia”? Respecto al latín como “vínculo de unidad”, ¿cree que la Iglesia no tiene otras formas de asegurar la unidad? ¿Cree que hay una unidad profunda y sentida en medio de la incomprensión, la ignorancia y la “oscuridad de la noche” de un culto que carece de rostro y luz, al menos para los que están en la nave? ¿No piensa que un pastor sacerdotal debe buscar y fomentar la unidad de su rebaño –y por tanto del rebaño universal– mediante una fe viva que se alimenta de los ritos y se expresa en el canto, en la comunión de los espíritus, en el amor que anima a la Eucaristía, en la participación consciente y en la entrada al misterio? La unidad del lenguaje es superficial y ficticia; el otro tipo de unidad es vital y profunda... Aquí en el Consilium no trabajamos para museos y archivos, sino para la vida espiritual del pueblo de Dios»
 
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LA NUEVA LITURGIA Y LA VERDAD REVELADA

Después de un artículo, que apareció en un diario romano, el 16 de mayo del angustioso año de 1969, al darnos cuenta de las primeras reacciones causadas en el mundo católico que el nuevo “Ordo Missæ”, que recién en ese tiempo se promulgó y que entraría en vigor el 30 de noviembre del mismo año, surgieron un sinnúmero de cartas, sobre todo de sacerdotes, reflejando la angustia católica. En estas últimas semanas, además, me he entrevistado con numerosos miembros del clero secular y regular y, por tanto, puedo afirmar, con plena conciencia de lo que estoy diciendo, que no he encontrado hasta ahora un solo sacerdote, no digo ya satisfecho, pero ni siquiera resignado, ante las nuevas disposiciones encaminadas a destruir lo poco que queda todavía de la Santa Misa.
   
La promulgación de un “ordo” nuevo –es decir, el abandonar el venerable Misal Romano, para remplazarlo por otro nuevo Misal, de cuya ortodoxia muchos ilustres teólogos tienen grandes reservas– es un hecho, que ha provocado un verdadero drama en las conciencias sacerdotales.

La destrucción progresiva de la Liturgia.
La destrucción progresiva de la Liturgia es, por desgracia, una realidad ampliamente conocida, aunque no debidamente valorizada, por sacerdotes y por laicos. En menos de cinco años, las estructuras milenarias de este Culto Divino, que, por siglos, habían sido consideradas como “la obra de Dios”, han sido desmanteladas.
    
Se comenzó por la abolición del latín perpetrada de una manera fraudulenta. El Concilio, en efecto, habla claramente establecido: «el uso de la lengua latina debe conservarse” (art. 36 de la Const. Sacrosánctum Concílium, concediéndose, sin embargo, el uso de las lenguas vernáculas, en ciertos casos y en ciertas partes del rito). Más, en realidad, sin tener en cuenta la autoridad del concilio, el latín ha sido prácticamente suprimido, en todas partes, en todas ocasiones y en todas las partes del rito. La lengua de la Iglesia ha sido abandonada, aún en los Oficios litúrgicos, que tienen un carácter internacional.
    
Hoy, se pretende resaltar la universalidad de la Iglesia con el empleo, en los Oficios Divinos, del mayor número posible de lenguas diversas. El resultado trágico y obvio ha sido hacer incomprensibles –excepción hecha de los políglotas– todas las partes del rito, dichas en otras lenguas que no sean la propia. Este es el Pentecostés a la inversa. En Jerusalén, las multitudes «ex omni natióne quæ sub cœlo est”, «de todas las naciones debajo del cielo”, comprendían a los apóstoles, que hablaban una sola lengua; hoy, en cambio, los sacerdotes hablan en los ritos sagrados todas las lenguas y nadie entiende nada, a no ser los que tienen la misma lengua o el mismo dialecto. En lugar de Pentecostés, sería mejor hablar de Babel.
   
Hemos visto en estos últimos años, eliminar las manifestaciones y gestos sublimes de la piedad y de la adoración, tales como “las señales de la cruz”, “los besos al altar”, que es símbolo de Cristo, “las genuflexiones”, etc., etc., gestos y manifestaciones que el secretario de la comisión encargada de la “reforma litúrgica”, padre Aníbal Bugnini, se ha atrevido a calificar públicamente de “anacrónicas” y de “fastidiosas” (sic).
   
En su lugar se ha querido imponernos un rito vulgar, vociferante y confuso, en gran manera fastidioso. Se ha querido justificar hipócritamente estos cambios con el pretexto de evitar las molestias y el disgusto de los fieles –muchos de los cuales–, después de este funesto 7 de marzo, no han vuelto a poner los pies en la Iglesia. Y no vacilan en proclamar un “éxito” cuando han logrado obtener de una parte de los fieles (pocos, en verdad), la repetición mecánica de fórmulas que la rutina ha hecho ya inexpresivas y del todo ineficaces.
   
Hemos sido espectadores azorados de la introducción en nuestras Iglesias de repugnantes parodias de textos sagrados musicalizados con ritmos de cabaret y acompañados de instrumentos propios de los centros de vicio.
   
El gran instigador y propagandista de esas así llamadas “misas de juventud” (¿) es, a no dudarlo, el padre Aníbal Bugnini. Se dice, en efecto, que durante una reunión tenida en el Vicariato de Roma, para tratar de reprimir y criticar el triste caso de la “Misa Yeyé”, que cada domingo se celebraba en la Iglesia de San Alejo Falconieri–, el padre Bugnini, con un descaro increíble defendió, por el contrario, la necesidad urgente de extender este “ensayo” a otros grupos juveniles. En este edificio, el cardenal Vicario de Roma, Angelo Dell’Acqua, se opuso a esta insensata proposición. Pero Bugnini, a pesar de esta oposición, triunfó al fin, propagando por todas partes su sacrílega exhibición.
    
“Gracias” pues, al P. Bugnini y a su equipo de liturgistas, la liturgia se encuentra destrozada, envilecida, degenerada, desacralizada. En “ciertas Misas” ya solo falta ahora la desnudez para hacerlas más novedosas. Pero bien podrá ser que “para atraer a los jóvenes”, lleguemos también a eso, ya que, en una Iglesia de París, se ha tenido recientemente una “velada bíblica”, con ballets ejecutados, según las circunstancias, por negros semidesnudos.
  
Satanás agradecido con el padre Aníbal Bugnini.
El éxito completo del demonio será entonces perfecto. De todos modos, yo creo que Satanás tiene una inmensa gratitud hacia el P. Bugnini, a este religioso que, durante el Pontificado de Juan XXIII –es bueno no olvidarlo– fue expulsado de la Universidad Pontificia de Letrán y de otros ateneos, en los que él enseñaba la liturgia, precisamente por sus ideas iconoclastas; este es el religioso que ahora, de un modo extraño e inexplicable, ha llegado a ocupar el Secretariado de la Congregación para el Culto Divino.
   
Durante el Sínodo Episcopal de octubre de 1967, el P. Bugnini presentó a los Obispos un ensayo de “Misa reformada”, que él llamó “normativa” y el hecho es bien conocido –dicho ensayo no fue aprobado por los Padres–. No sabemos si los Obispos han sido o no consultados después por este activo secretario, pero el hecho es que la “Misa normativa”, ligeramente retocada, es a la que ahora inexplicablemente se nos presenta como legalizada e impuesta.
   
La seria opinión de un Prelado en este punto.
Esta nueva subversión no puede, pues, ser, en manera alguna, imputada a los Obispos. Un Prelado de los más dignos, que, durante el Concilio, desempeñó tareas muy importantes y cuyo nombre, por delicadeza, me permito ocultar, se expresaba recientemente de esta manera:
«Me he puesto a estudiar el nuevo “Ordo” y en su lectura no he podido pasar más allá de la mitad. ¡De tal manera he quedado consternado con esa lectura! En adelante no se puede hablar ya de “liturgia romana”: todas sus notas características han sido destruidas. En su lugar se nos ha dado una mezcla de míseros fragmentos, que pretenden imitar otras liturgias, y de muchas vaciedades, que han germinado en los nidos estériles de una gente sin preparación, sin madurez, orgullosa… No estoy hablando de la parte ritual. No terminaría nunca. Cada línea de este miserable librillo está llena de errores, contradicciones, necedades, ignorancias… Ahora deploro haber votado en favor de la Constitución Conciliar, en nombre de la cual (pero ¿cómo?), ha sido llevada a la práctica esta herética pseudo-reforma, triunfo de la arrogancia y de la ignorancia. Si yo pudiese, retractaría mi voto y, por una acta notarial, haría constar en un proceso que mi voluntad había sido impúdicamente víctima de una estafa increíble».
Del nuevo “Ordo Missæ” mucho se ha escrito ya, con la debida competencia y sin omitir los gravísimos problemas de orden teológico que él suscita. Se ha denunciado, sobre todo, la escandalosa definición de la Misa así como ciertos pormenores rituales, evidentemente excogitados para hacer patente a los fieles que la Misa no será, en adelante, otra cosa que “una asamblea popular”, durante la cual se celebra, un, así mal definido, “memorial del Señor”.
   
A este propósito, don Clemente Bellucco (el sacerdote veneciano que fue el primero en denunciar las graves omisiones y ambigüedades de un “nuevo catecismo”, impreso por los salesianos de Turín) me ha autorizado a publicar esto que sigue:
«San Jerónimo, en su carta Ad Lucíferum (19), después de la famosa emboscada de Rimini, en la cual éste había sido condenado por traición a la fe de Nicea, escribe con una angustia infinita: “Ingémuit totus Orbis et Ariánum se ese mirátus est!” (“el mundo entero gimió al verse, con estupor, convertido al arrianismo”). Con una distancia de tantos siglos, un derrumbe no menos grave se pretende producir en el seno de la Santa Iglesia Católica.
     
Afirmación en gran manera paradójica y de sabor herético es la que leemos en el número 7 de la “Institútio Generális Missális Románi” que forma parte del “Decrétum” del 6 de abril de 1969 de la Sagrada Congregación de Ritos. En ese decreto se lee que la mencionada Institutio ha sido aprobada por el Soberano Pontífice. Nos permitimos dudar de esta afirmación.
    
Los Papas NO pueden contradecir ni declarar falsos, en materia que interesa al dogma, los principios doctrinales solemnemente afirmados por sus Predecesores. El artículo 7 de la Institutio contiene una fórmula que destruye la esencia de la Misa y el mismo artículo atribuye a la Misa otra esencia que contradice al dogma católico. ¿Es posible que alrededor de los Papas de tantos siglos pudiesen anidar continuamente el embuste, el fraude, la perversa fe de personas “altamente calificadas, que gozan de la confianza ciega de los pontífices hasta lograr con éxito, muchas veces, inducirlos después miserablemente en el error? ¿Es posible que nosotros podamos tener la seguridad de no ver reproducirse de nuevo los ejemplos de un Cardenal [Oliverio] Carafa que engañó a Paulo II; de un Carnecci que engañó muchas veces a varios Papas hasta el momento en que Pío V lo envió ad patres; de un Nicolás Coscia que engañó a Benedicto XIII hasta en que Clemente XII lo envió ad patres; de Giacomo Antonelli que durante 25 años engañó a Pío IX y nadie, fuera de nuestra hermana la muerte, lo envió jamás ad patres, con estupefacción de la historia, cuyo juicio definitivo todavía espera?
    
Es por esto por lo que nosotros hoy nos preguntamos con asombro ¿cómo ha podido lograr conducir al error a los dos últimos pontífices reinantes otro nuevo Antonelli, que pontifica todavía en la Congregación de Ritos, con su inefable… padre Bugnini”?».
Hasta aquí Don Belucco, pero, si yo quisiera publicar todas las impresiones, aunque no fuesen sino las más penosas, sobre la nueva subversión de la estructura del Divino Sacrificio, ya prácticamente devastada, yo creo que no bastaría un libro. No puedo, sin embargo omitir lo que sobre esta materia me escribe Monseñor Francesco Spadafora, profesor ordinario de la Universidad Pontificia de Letrán: «En el nuevo Ordo Missæ el dogma mismo está comprometido. Este nuevo ordo Missæ es un acto arbitrario, realizado no se sabe precisamente por quién ni por qué, contra el sentimiento de la misma Congregación de Ritos y de la mayoría absoluta de los Obispos. Acto arbitrario, injustificado e injustificable».
   
El 30 de noviembre está lejano y no se puede todavía prever si, en el intervalo, intervengan nuevos hechos. La realidad actual es que el estado general de las almas de sacerdotes y de fieles es de la más deprimente angustia. Un cura de la Arquidiócesis de Florencia me escribe: «Yo vivo en un estado de alma que no sabría describir: sufro intensamente y con frecuencia derramo lágrimas amargas. Pienso con terror que ese día se aproxima y siento escalofrío. Yo quisiera escribir, quisiera llegar hasta la presencia de Paulo VI para postrarme a sus pies y suplicarle, me dispense de celebrar esta “Misa”…».
   
Cualquiera que sea el sesgo que tomen los acontecimientos, dado que el Venerable Misal Romano ha sido, durante siglos, como lo ha reconocido el Santo Padre, el alimento cotidiano, gracias al cual innumerables hombres y los más santos de ellos «han alimentado su piedad hacia Dios»; sería absurdo, –a mí así me parece–, querer ahora privar de este alimento cotidiano a los sacerdotes y a los fieles. Debemos pues poner nuestra más grande confianza en el Soberano Pontífice. Leemos en el Santo Evangelio (Lc. XI, 11): «¿Y cuál padre de vosotros si su hijo le pidiera pan le dará una piedra o, si pescado, le dará en su lugar una serpiente? o, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?». Si esto se puede decir de cualquier padre, ¿podemos nosotros creer otra cosa de aquel que nosotros llamamos Santo Padre?
  
Por Monseñor Domenico Celada (“Lo Speccio”, 1 de junio de 1969).
   
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CARTA A LOS ILUSTRES ASESINOS DE NUESTRA SANTA LITURGIA
   
Hace tiempo que deseaba escribiros, ilustres asesinos de nuestra santa Liturgia. No ya porque suponga que mis palabras pudieran tener algún efecto en vosotros, caídos hace ya mucho tiempo en las garras de Satanás y devenidos sus obedientísimos siervos, sino para que todos aquellos que sufren por los innumerables delitos cometidos por vosotros puedan reconocer su propia voz. No os ilusionéis, señores. Las llagas atroces que habéis abierto en el cuerpo de la Iglesia claman venganza ante el rostro de Dios, justo vengador. Vuestro plan de subversión de la Iglesia a través de la liturgia es antiquísimo. Intentaron realizarlo muchos predecesores vuestros mucho más inteligentes que vosotros, que el Padre de las Tinieblas ha acogido ya en su reino. Y yo recuerdo vuestro resentimiento, vuestra risa maliciosa y burlona, cuando le augurabais la muerte, una quincena de años atrás, a aquel gran Pontífice que fue el siervo de Dios Eugenio Pacelli, luego de que éste comprendiera vuestros designios y se os hubiera opuesto con la autoridad de la Tiara. Después de aquel famoso convenio de “liturgia pastoral”, sobre el cual cayeron como una espada las clarísimas palabras del papa Pío XII, vosotros abandonasteis el místico consejo espumando enojo y veneno.

Ahora os habéis salido con vuestro propósito. Por el momento, al menos. Habéis creado vuestra “obra maestra”: la nueva liturgia. Que esta no sea obra de Dios se demuestra sobre todo (prescindiendo de las implicaciones dogmáticas) por un hecho muy simple: es de una fealdad espantosa. Es el culto de la ambigüedad y del equívoco, y no pocas veces el culto de la indecencia. Bastaría esto para entender que vuestra “obra maestra” no proviene de Dios, fuente de toda belleza, sino del antiguo escarnecedor de las obras de Dios.
   
Sí, habéis quitado a los fieles católicos las emociones más puras, derivadas de las cosas sublimes de las que se ha nutrido la liturgia por milenios: la belleza de las palabras, de los gestos, de las músicas. ¿Qué les habéis otorgado en cambio? Un certamen de fealdades, de “traducciones” grotescas (como es sabido, vuestro padre que está allá abajo no posee el sentido del humorismo), de emociones gástricas suscitadas por los maullidos de las guitarras eléctricas, por gestos y actitudes –y es poco decir- equívocos.
   
Pero, si no fuese suficiente, hay otro signo que demuestra cómo vuestra “obra maestra” no viene de Dios. Y son los instrumentos de los que os habéis servido para realizarlo: el fraude y la mentira. Habéis logrado hacer creer que un Concilio habría decretado la desaparición de la lengua latina, el archivado del patrimonio de la música sacra, la abolición del tabernáculo, el revestimiento de los altares, la prohibición de doblar las rodillas ante Nuestro Señor presente en la Eucaristía, y todas vuestras otras progresivas etapas, que toman parte (dirían los juristas) de un “único designio criminal”.
   
Vosotros sabíais muy bien que la “lex orándi” es también la “lex credéndi”, y por tanto que, mudando una, habríais mudado la otra. Vosotros sabéis que, apuntando vuestras lanzas envenenadas contra la lengua viva de la Iglesia, habréis prácticamente terminado con la unidad de la fe. Vosotros sabíais que, decretando el acta de muerte del canto gregoriano y de la polifonía sacra, habríais podido introducir a vuestro antojo todas las indecencias pseudomusicales que desacralizan el culto divino y echan una sombra equívoca sobre las celebraciones litúrgicas. Vosotros sabíais que, destruyendo tabernáculos, sustituyendo los altares por las “mesas para la refección eucarística”, negándole al fiel que doble las rodillas delante del Hijo de Dios, en breve habríais extinguido la fe en la real Presencia divina. Habéis trabajado muy atentamente. Os habéis ensañado contra un monumento en el que habían puesto manos Cielo y tierra, porque sabíais que con esto destruiríais a la Iglesia. Habéis llegado a quitarnos la Santa Misa, arrancando nada menos que el corazón de la liturgia católica (esa Santa Misa a cuya vista nosotros fuimos ordenados sacerdotes, y que nadie en el mundo nos podrá jamás prohibir, porque nadie puede pisotear el derecho natural).
   
Lo sé, ahora podréis reir por cuanto estoy por decir. Y reíd únicamente.
   
Habéis llegado a quitar de las Letanías de los santos la invocación “a flagéllo terræmótus, líbera nos Dómine”, y nunca como ahora la tierra ha temblado en cualquier latitud.

Habéis quitado la invocación “a flagéllo terræmótus, líbera nos Dómine”, y nunca como ahora nos hemos encontrado tapados por el fango de la inmoralidad y de la pornografía en sus formas más repelentes y degradantes.
   
Habéis abolido la invocación “ut inimícos sanctæ Ecclésiæ humiliáre dignéris”, y nunca como ahora los enemigos de la Iglesia prosperan en todas las instituciones eclesiásticas, a todo nivel.
   
Reíd, reíd. Vuestras risotadas son groseras y sin alegría. Es bien cierto que ninguno de vosotros conoce, como nosotros las conocemos, las lágrimas de la alegría y del dolor. Vosotros no sois ni siquiera capaces de llorar. Vuestros ojos bovinos, ténganse por bolas de vidrio o de metal, miran las cosas sin verlas. Sois similares a las vacas que miran el tren.
   
Antes que a vosotros, prefiero al ladrón que arranca la cadenita de oro al niño, prefiero al carterista, prefiero al atracador a mano armada, prefiero incluso al profanador de tumbas. Gente mucho menos sucia que vosotros, que le habéis rapiñado al pueblo de Dios todos sus tesoros.
   
En espera de que vuestro padre infernal que está allá abajo os acoja también a vosotros en su reino, “allá donde habrá llanto y rechinar de dientes”, quiero que sepáis de nuestra invencible certeza: que aquellos tesoros nos serán restituidos. Y será una “restitútio in íntegrum”. Vosotros habéis olvidado que Satanás es el eterno vencido.
       
Por Monseñor Domenico Celada (“Vigilia Romana”, Noviembre de 1971).

MES DE LA PASIÓN DE CRISTO – DÍA TERCERO

Traducción a partir del libro L’Année Pieuse, del padre Francisco de Ligny, publicado en Amiens por la imprenta de Alfredo Caron en 1851.
   

DÍA TERCERO: Tanto amó Dios al mundo
  
PENSAMIENTOS PRÁCTICOS
Considera, alma mía, que tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. ¡Oh misericordia de nuestro Dios!, para salvar al pecador y redimir al esclavo, entrega a su amado Hijo a la muerte de cruz; para perdonar a los culpables, condena a los inocentes. Cuántas gracias encerradas en este divino beneficio, y ¿que no te hayas entregado al entregarse por ti Jesucristo, que devino en tu libertador, tu pontífice, tu paz, tu reconciliación, tu esperanza, y el precio y autor de tu salvación? Semejante exceso de bondad debería excitar en ti los sentimientos del más tierno amor y de la más profunda gratitud.
    
ORACIÓN
Padre Eterno, Dios de bondad y misericordia, Vos no queréis que ninguno de vuestros hijos perezca; por eso enviaste a vuestro único Hijo al mundo, para que el mundo sea salvo por Él. Olvidáis, en cierto modo, que Él es objeto de vuestra eterna complacencia y las delicias de los Ángeles, para entregarlo en manos de sus más crueles enemigos que Le hacen sufrir el oprobio, la ignominia, el tormento y el suplicio de la cruz. Padre justo, ¿dónde encontraréis una víctima más agradable? Ella misma viene a ofrecerse a vuestros golpes e inmolarse por la salvación de los hombres. Golpead, gran Dios, venid y saciad vuestra ira; pero que una dedicación tan generosa, que un sacrificio tan perfecto aplaque vuestra ira. Mirad, no nuestros pecados que claman venganza contra nosotros, sino el rostro de vuestro Cristo cubierto de llagas, que pide misericordia. Si el número de nuestras iniquidades detiene el curso de vuestras gracias, recordad que nos habéis librado, por vuestro Hijo, de la esclavitud del diablo y de la condenación eterna, y que este adorable Salvador nos ha merecido, por su Pasión y por su Cruz, salvación y gloria de una eternidad bienaventurada. Sin duda, ¡Dios mío!, merecéis un amor infinito por un beneficio igualmente infinito, pero yo sólo soy una pobre criatura. ¡Ah!, que al menos este don inefable, que contiene todos los dones, absorba todo mi amor y todo mi agradecimiento; por eso os amo, ¡oh Dios de amor!, y sólo quiero amaros, Os amo con toda la amplitud de mi corazón y con todo el ardor de mi alma. 
      
PRÁCTICA: De vez en cuando durante el día, fija tu mirada en la imagen de Jesús crucificado y bésala con tierno amor. Haz con devoción el Vía crucis (Indulgencia plenaria). 

ASPIRACIÓN: Señor Jesús, me amasteis hasta morir por mí; hacedme amaros al menos hasta el punto de vivir para Vos.

LETANÍA DE LA PASIÓN DE CRISTO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
  
Jesús, que has instituido el santísimo Sacramento del altar en memoria de tu pasión, ten piedad de nosotros.
Jesús, que saliste del cenáculo para morir, ten piedad de nosotros.
Jesús, orando en el Olivete, ten piedad de nosotros.
Jesús, consolado por un ángel, ten piedad de nosotros.
Jesús, sudando sangre y agua, ten piedad de nosotros.
Jesús, vendido y traicionado por Judas, ten piedad de nosotros.
Jesús, apresado y atado por los soldados, ten piedad de nosotros.
Jesús, abandonado por tus discípulos, ten piedad de nosotros.
Jesús, presentado a Anás y Caifás, ten piedad de nosotros.
Jesús, golpeado por un criado, ten piedad de nosotros.
Jesús, acusado por falsos testigos, ten piedad de nosotros.
Jesús, juzgado digno de muerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, ultrajado, golpeado durante la noche, ten piedad de nosotros.
Jesús, negado tres veces por San Pedro, ten piedad de nosotros.
Jesús, despreciado por Herodes, ten piedad de nosotros.
Jesús, vestido con una túnica blanca, ten piedad de nosotros.
Jesús, a quien Barrabás fue preferido, ten piedad de nosotros.
Jesús, azotado, ten piedad de nosotros.
Jesús, magullado por nuestros crímenes, ten piedad de nosotros.
Jesús, vestido con púrpura, ten piedad de nosotros.
Jesús, coronado de espinas, ten piedad de nosotros.
Jesús, golpeado con una caña, ten piedad de nosotros.
Jesús, presentado al pueblo, ten piedad de nosotros.
Jesús, condenado a muerte por Pilato, ten piedad de nosotros.
Jesús, entregado a la voluntad de los judíos, ten piedad de nosotros.
Jesús, cargado con la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, conducido al Calvario, ten piedad de nosotros.
Jesús, despojado de tus ropas, ten piedad de nosotros.
Jesús, atado a la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, levantado en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, que oraste por tus enemigos, ten piedad de nosotros.
Jesús, puesto en el rango de malhechores, ten piedad de nosotros.
Jesús, blasfemado en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, que prometiste paraíso al buen ladrón, ten piedad de nosotros.
Jesús, que recomendaste a tu Madre a San Juan, ten piedad de nosotros.
Jesús, abandonado por tu Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús, ebrio de vinagre en tu sed, ten piedad de nosotros.
Jesús, que dijiste: Todo está consumado, ten piedad de nosotros.
Jesús, que has encomendado tu alma a tu Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús, obediente hasta la muerte en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, muerto en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, traspasado con una lanza, ten piedad de nosotros.
Jesús, que manifestaste tu poder después de tu muerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, descendido de la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, sepultado, ten piedad de nosotros.
   
Sednos propicio, perdónanos Señor.
Sednos propicio, escúchanos Señor.
    
De todo mal, líbranos, Señor.
De todo pecado, líbranos, Señor.
De la pestilencia, del hambre y de la guerra, líbranos, Señor.
De todo peligro del alma y del cuerpo, líbranos, Señor.
De la muerte eterna, líbranos, Señor.
Por tus trabajos y tus vigilias, líbranos, Señor.
Por tus dolorosos azotes, líbranos, Señor.
Por tu coronación de espinas, líbranos, Señor.
Por tu sed, tus lágrimas y tu desnudez, líbranos, Señor.
Por tu preciosa muerte y tu Cruz, líbranos, Señor.
Por tu Preciosísima Sangre, líbranos, Señor.
Por tus santísimas llagas, líbranos, Señor.
   
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
℣. Adorámoste, oh Cristo, y bendecímoste.
℟. Porque redimiste al mundo por tu Cruz.
   
ORACIÓN
Adorable Jesús, sufriendo y muriendo por Amor por nosotros, concédenos la gracia de sufrir contigo y por Ti; para que, viviendo, sufriendo y muriendo en Tu Amor, seamos eternamente felices Contigo y en Ti. Amén.

martes, 2 de abril de 2024

SACARON AL “ARZOBISPO SODALITÉ” DE PIURA


El Vaticano anunció hoy que fue aceptada la renuncia presentada por el arzobispón de Piura (Perú) José Antonio Eguren Anselmi, de 67 años.

La renuncia de Eguren se da en medio de las investigaciones realizadas en 2023 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre el controversial movimiento Sodalicio de Vida Cristiana, cuyo fundador Luis Fernando Figari Rodrigo fue apartado como superior general en 2014 por acusaciones de abusos sexuales, de conciencia y de poder. El arzobispón de Malta Charles Jude Scicluna Falzon, secretario general adjunto del Dicasterio, y el monseñor español Jordi Bertomeu Farnós estuvieron cuatro días en Perú recogiendo testimonios y declaraciones de víctimas y miembros del Sodalicio.
   
Hijo de Alejandro Eguren Bresani y Blanca Anselmi, José Antonio fue uno de los miembros fundacionales del Sodalicio, al que ingresó mientras estudiaba en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fue “instalado” presbítero el 12 de Diciembre de 1982 por el cardenal Juan Landázuri Ricketts OFM para la Archidiócesis de Lima (en 2001, el Sodalicio empezó a incardinar presbíteros propios), y obispón titular de Castillo de Ripa (Perusa, Italia) y auxiliar de Lima el 7 de Abril de 2002 por el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne OD. El 11 de Julio de 2006, fue promovido a la archidiócesis de Piura, remplazando a Óscar Rolando Cantuarias Pastor.
    
Eguren fue acusado por el periodista Pedro Salinas (autor del libro “Mitad monjes, mitad soldados”) de no ser ajeno al sistema de abusos propio del Sodalicio (lo llamó “El Juan Barros peruano”), y de presuntamente ser parte del entramado de tráfico de tierras en Piura por la organización criminal “La Gran Cruz del Norte”, por lo que el periodista fue condenado a un año de prisión suspendida por presunta difamación en un controversial fallo de la jueza Judith Cueva Calle, del Juzgado 1.º Unipersonal Penal de Piura en 2019, sentencia que fue anulada después que Eguren desistiera del proceso. Pero en 2023 emergieron denuncias de los campesinos de Catacaos sobre presuntas prácticas de extorsión por empresas vinculadas al Sodalicio para despojarlos de sus tierras.

Eguren fue el último miembro del Sodalicio con un alto cargo eclesial, después que Kay Martín Schmalhausen Panizo (ex-prelado territorial de Ayaviri) abandonara el movimiento en 2018, al emerger los casos de abuso y notar la poca disposición del movimiento para esclarecer los casos.

NOVELL, FINALMENTE SE CASÓ (Ahora por la Iglesia)

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

La novelista Silvia Caballol Clemente (40 años), esposa del ex obispón de Solsona, España, Javier Novell Gomá (54 años), ha anunciado al mundo en Instagram que se casó con el obispón por la iglesia «gracias a la misericordia del Santo Padre» que aceleró su secularización.
      
Incluyó una bonita foto y calificó de «honesto» presentarse a sí misma y a su familia como carne de cañón para la prensa amarilla.
    
Caballol subrayó que admira «la gran calidad humana y espiritual del Papa Francisco», y confirmó que su marido «sigue siendo obispo, pero sin poder ejercer su ministerio».
   
No se puede descartar que la sinceridad de Caballol se base en la necesidad de cierta atención mediática para impulsar las ventas de sus novelas eróticas que, sin duda, le granjearon la simpatía de Francisco y, sobre todo, de Tucho Fernández.
   
Novell dimitió como obispón de Solsona en Agosto de 2021, y en Noviembre del mismo año contrajo matrimonio civil, lo que le valió una suspensión latæ senténtiæ.
    
En Abril de 2022, cuatro meses después de su matrimonio civil, Novell fue padre de gemelas.

HASTA LOS LAICOS ROBAN EN LA IGLESIA CONCILIAR

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
Retrato de un malversador laico de la Iglesia Conciliar: el ujier Oscar Emmanuel Ehighalua, que se fugó con una bolsa de dinero de la colecta de la parroquia más grande de Charlotte en los EE. UU.
Ehighalua es el último malversador de la Iglesia Conciliar a medida que su Gran Holocausto Sexual y Malversación se extiende hacia abajo desde los pseudopapas, cardenales, obispones y presbíteros criminales a los laicos que roban en su propia secta mientras Francisco Bergoglio les hace simplemente un guiño y un gesto de asentimiento.
    
Apenas pasa un día sin que un presbítero, obispón, cardenal, o incluso un antipapa neoiglesiano sea atrapado y arrestado en la malversación de fondos eclesiales. Incluso “monjas” conciliares han robado dinero de las colectas neoiglesianas y han ido a Las Vegas para apostarlo. Ahora este reciente robo, un pecado grave contra el Séptimo Mandamiento de la Ley de Dios, seha filtrado a los laicos conciliares, que han sido corrompidos por la rampante inmoralidad deuterovaticana, simplemente con un guiño por Francisco Bergoglio y su régimen.
    
El 24 de Marzo de 2024, un ujier en la iglesia de San Mateo (la parroquia más grande en Charlotte, Carolina del Norte), Oscar Emmanuel Ehighalua, fue atrapado escondiendo una bolsa de dinero de colectas conteniendo 3.500 dólares estadounidenses. La policía le endilgó tres cargos por felonía de malversación. Si él no hubiese sido atrapado por la policía, sería sospechoso el ujier neoiglesiano de haber estado planeando un robo mucho mayor para el Domingo de Pascua [Parte de la información para este Comentario proviene de WSOC-TV Charlotte].
    
Católicos tradicionales, por criminales que sean estos laicos neoiglesianos, la mayor responsabilidad es la de los pseudopapas (ahora Francisco Bergoglio), que parecen no hacer nada para detener el crimen desenfrenado en su secta con un guiño y un gesto de asentimiento. Como dice el viejo refrán, «el pez por la cabeza hiede». A estas alturas es innegable que está claro, si no lo fue ya durante los últimos sesenta años de existencia de la Iglesia Conciliar, que ella está podrida hasta la médula. La Iglesia Conciliar ciertamente NO es la Iglesia Católica.

MES DE LA PASIÓN DE CRISTO – DÍA SEGUNDO

Traducción a partir del libro L’Année Pieuse, del padre Francisco de Ligny, publicado en Amiens por la imprenta de Alfredo Caron en 1851.
   

DÍA SEGUNDO: El Sagrado Corazón de Jesús sufriente
  
PENSAMIENTOS PRÁCTICOS
Considera, alma mía, que el Corazón de Jesús fue el primero en conocer el dolor, y que en el momento de la Pasión agotó gota a gota el cáliz amargo en cuyo fondo estaba la muerte del Salvador y la vida del Salvador del mundo; y es el amor el que ha sido la fuente de tanto sufrimiento. Tú has afligido el Corazón de Jesús y por tus pecados has renovado su Pasión; y, sin embargo, esta negra ingratitud no Le impidió ni un solo momento amarte y sentirse más conmovido por tu eterna pérdida que por el insulto que le hiciste al despreciar su ternura. Gime ante la frialdad y el desprecio con que has pagado un amor tan tierno y generoso.
  
ORACIÓN
¡Divino Salvador, qué admirable ha sido la bondad de vuestro Corazón! Preferís mi salvación a vuestro honor y a vuestra vida. Compasivo a la vez que generoso, Os sacrificasteis enteramente por mi eterna felicidad; no habéis escatimado nada para suavizar la dureza de mi corazón y unirlo a Vos con los lazos de la más tierna caridad. Por mí, ¡oh amable Jesús!, rompisteis a llorar en el huerto de Getsemaní, donde el amor os hizo sudar sangre. Por mí, vuestra cabeza fue coronada de espinas, vuestra boca regada con vinagre, vuestros pies y vuestras manos fijados a la cruz, y vuestro Corazón traspasado con una lanza. ¡Cuántas veces, Señor, pudisteis justamente destruirme entregándome al poder de los demonios y a las torturas del Infierno! Vos siempre me habéis sostenido, siempre habéis esperado con inefable paciencia, habéis escuchado la voz de vuestro Corazón, el clamor de vuestra Sangre, que os pedía misericordia para mí. No permitáis que vuelva a abusar de esta invencible clemencia; antes grabad en mi alma vuestras amarguras y vuestras ignominias, para que sienta de ellas la impresión plena, y para que la espada que traspasó vuestro adorable Corazón quede siempre enterrada en el mío. Perdonad también, ¡oh Jesús!, a tantos pecadores que Os ofenden, haced volver a Vos a tantos ingratos que os abandonan, abrid vuestros ojos a tantos ciegos que se precipitan al abismo, para que todos cosechemos los frutos de la gracia y de la misericordia que nos ha merecido vuestro Corazón humillado por nuestros pecados.
      
PRÁCTICA: De vez en cuando durante el día, fija tu mirada en la imagen de Jesús crucificado y bésala con tierno amor. Haz con devoción el Vía crucis (Indulgencia plenaria). 

ASPIRACIÓN: Señor Jesús, me amasteis hasta morir por mí; hacedme amaros al menos hasta el punto de vivir para Vos.

LETANÍA DE LA PASIÓN DE CRISTO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
  
Jesús, que has instituido el santísimo Sacramento del altar en memoria de tu pasión, ten piedad de nosotros.
Jesús, que saliste del cenáculo para morir, ten piedad de nosotros.
Jesús, orando en el Olivete, ten piedad de nosotros.
Jesús, consolado por un ángel, ten piedad de nosotros.
Jesús, sudando sangre y agua, ten piedad de nosotros.
Jesús, vendido y traicionado por Judas, ten piedad de nosotros.
Jesús, apresado y atado por los soldados, ten piedad de nosotros.
Jesús, abandonado por tus discípulos, ten piedad de nosotros.
Jesús, presentado a Anás y Caifás, ten piedad de nosotros.
Jesús, golpeado por un criado, ten piedad de nosotros.
Jesús, acusado por falsos testigos, ten piedad de nosotros.
Jesús, juzgado digno de muerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, ultrajado, golpeado durante la noche, ten piedad de nosotros.
Jesús, negado tres veces por San Pedro, ten piedad de nosotros.
Jesús, despreciado por Herodes, ten piedad de nosotros.
Jesús, vestido con una túnica blanca, ten piedad de nosotros.
Jesús, a quien Barrabás fue preferido, ten piedad de nosotros.
Jesús, azotado, ten piedad de nosotros.
Jesús, magullado por nuestros crímenes, ten piedad de nosotros.
Jesús, vestido con púrpura, ten piedad de nosotros.
Jesús, coronado de espinas, ten piedad de nosotros.
Jesús, golpeado con una caña, ten piedad de nosotros.
Jesús, presentado al pueblo, ten piedad de nosotros.
Jesús, condenado a muerte por Pilato, ten piedad de nosotros.
Jesús, entregado a la voluntad de los judíos, ten piedad de nosotros.
Jesús, cargado con la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, conducido al Calvario, ten piedad de nosotros.
Jesús, despojado de tus ropas, ten piedad de nosotros.
Jesús, atado a la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, levantado en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, que oraste por tus enemigos, ten piedad de nosotros.
Jesús, puesto en el rango de malhechores, ten piedad de nosotros.
Jesús, blasfemado en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, que prometiste paraíso al buen ladrón, ten piedad de nosotros.
Jesús, que recomendaste a tu Madre a San Juan, ten piedad de nosotros.
Jesús, abandonado por tu Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús, ebrio de vinagre en tu sed, ten piedad de nosotros.
Jesús, que dijiste: Todo está consumado, ten piedad de nosotros.
Jesús, que has encomendado tu alma a tu Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús, obediente hasta la muerte en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, muerto en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, traspasado con una lanza, ten piedad de nosotros.
Jesús, que manifestaste tu poder después de tu muerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, descendido de la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, sepultado, ten piedad de nosotros.
   
Sednos propicio, perdónanos Señor.
Sednos propicio, escúchanos Señor.
    
De todo mal, líbranos, Señor.
De todo pecado, líbranos, Señor.
De la pestilencia, del hambre y de la guerra, líbranos, Señor.
De todo peligro del alma y del cuerpo, líbranos, Señor.
De la muerte eterna, líbranos, Señor.
Por tus trabajos y tus vigilias, líbranos, Señor.
Por tus dolorosos azotes, líbranos, Señor.
Por tu coronación de espinas, líbranos, Señor.
Por tu sed, tus lágrimas y tu desnudez, líbranos, Señor.
Por tu preciosa muerte y tu Cruz, líbranos, Señor.
Por tu Preciosísima Sangre, líbranos, Señor.
Por tus santísimas llagas, líbranos, Señor.
   
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
℣. Adorámoste, oh Cristo, y bendecímoste.
℟. Porque redimiste al mundo por tu Cruz.
   
ORACIÓN
Adorable Jesús, sufriendo y muriendo por Amor por nosotros, concédenos la gracia de sufrir contigo y por Ti; para que, viviendo, sufriendo y muriendo en Tu Amor, seamos eternamente felices Contigo y en Ti. Amén.

lunes, 1 de abril de 2024

BERGOGLIO “PARTE PALITOS” CON LA MAFIA DE SAN GALO


En “El sucesor”, su más reciente libro-entrevista (cero y van…) con el opusino méxico-español Javier Martínez-Brocal Ogayar, corresponsal de ABC en Roma, Francisco Bergoglio reveló que en el cónclave de 2005, el cardenal Joseph Ratzinger era «su candidato».
   
Normalmente, los cardenales juran mantener en secreto so pena de excomunión cuanto acontece durante y después del cónclave:
«Todos y cada uno de nosotros Cardenales electores presentes en esta elección del Sumo Pontífice prometemos, nos obligamos y juramos observar fiel y escrupulosamente todas las prescripciones contenidas en la Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II, Univérsi Domínici Gregis, emanada el 22 de febrero de 1996. Igualmente, prometemos, nos obligamos y juramos que quienquiera de nosotros que, por disposición divina, sea elegido Romano Pontífice, se comprometerá a desempeñar fielmente el “munus petrínum” de Pastor de la Iglesia universal y no dejará de afirmar y defender denodadamente los derechos espirituales y temporales, así como la libertad de la Santa Sede. Sobre todo, prometemos y juramos observar con la máxima fidelidad y con todos, tanto clérigos como laicos, el secreto sobre todo lo relacionado de algún modo con la elección del Romano Pontífice y sobre lo que ocurre en el lugar de la elección concerniente directa o indirectamente al escrutinio; no violar de ningún modo este secreto tanto durante como después de la elección del nuevo Pontífice, a menos que sea dada autorización explícita por el mismo Pontífice; no apoyar o favorecer ninguna interferencia, oposición o cualquier otra forma de intervención con la cual autoridades seculares de cualquier orden o grado, o cualquier grupo de personas o individuos quisieran inmiscuirse en la elección del Romano Pontífice» (Const. Univérsi Domínici Gregis, art. 53),
lo cual no fue óbice para que Bergoglio soltase la sopa: «En ese cónclave –el dato es conocido–, a mí me usaron». Él se justificó diciendo: «Antes de continuar te digo una cosa. Los cardenales juran no revelar lo que sucede en el cónclave, pero los papas tienen licencia para contarlo», y reveló que un grupo de cardenales [la “Mafia de San Galo”] intentó bloquear la elección de Ratzinger poniendo su nombre:
«Sucedió que yo llegué a tener cuarenta de los ciento quince votos en la Capilla Sixtina. Eran suficientes para frenar la candidatura del cardenal Joseph Ratzinger, porque, si me hubieran seguido votando, él no habría podido alcanzar los dos tercios necesarios para ser elegido papa».
Martínez-Brocal pregunta si fue para elegir a Bergoglio, pero él negó, diciendo:
«Esta no fue la idea de quienes estaban detrás de los votos. La maniobra consistió en poner mi nombre, bloquear la elección de Ratzinger y luego negociar un tercer candidato diferente. Me contaron, más tarde, que no querían a un papa “extranjero”.
  
Fue una maniobra en toda regla. La idea era bloquear la elección del cardenal Joseph Ratzinger. Me usaban a mí, pero detrás ya estaban pensando en proponer a otro cardenal. Todavía no estaban de acuerdo sobre quién, pero ya estaban a punto de lanzar un nombre».
Bergoglio detalla las fechas:
«El cónclave empezó el lunes 18 de abril de 2005. La primera votación fue por la tarde. Aquella operación fue en la segunda o tercera votación, el martes 19 por la mañana. Cuando me di cuenta por la tarde, le dije a un cardenal latinoamericano, el colombiano Darío Castrillón: “No embromen con mi candidatura, porque ahora mismo voy a decir que no voy a aceptar, ¿eh? Dejame ahí”. Y allí fue elegido Benedicto.
    
Era el único que en ese momento podía ser Papa. Después de la revolución de Juan Pablo II, que había sido un pontífice dinámico, muy activo, con iniciativa, que viajaba… hacía falta un papa que mantuviera un sano equilibrio, un papa de transición. Y es verdad. Si hubieran elegido a uno como yo, que hace mucho lío, no habría podido hacer nada. En aquel momento, no habría sido posible. Yo salí contento. Benedicto XVI fue un hombre que acompañó el nuevo estilo. Y no le fue fácil, ¿eh? Encontró mucha resistencia dentro del Vaticano».
«Con la elección de Joseph Ratzinger, [el Espíritu Santo] estaba diciendo: Aquí mando yo. No hay espacio para maniobras», concluyó.
  
COMENTARIO: Con estas declaraciones al paparazzo wannabe Martínez-Brocal, se confirman las versiones presentadas en un “diario del cónclave” publicado en 2009 por la revista italiana “Limes”, que da cuenta de las votaciones en el cónclave del 2005:
  1. Primera votación (18 de Abril de 2005, 18:00h)
    • Joseph Alois Ratzinger Tauber/Peintner: 47 votos
    • Jorge Mario Bergoglio Sívori SJ: 10 votos
    • Carlo Maria Martini Maggia SJ: 9 votos
    • Camillo Ruini Rizzoli: 6 votos
    • Angelo Raffaele Sodano Brignolo: 4 votos
    • Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga SDB: 3 votos
    • Dionigi Tettamanzi Ciceri: 2 votos
    • Otros: 34 votos
      
  2. Segunda votación (19 de Abril de 2005, 9:30h)
    • Ratzinger: 65 votos
    • Bergoglio: 35 votos
    • Sodano: 4 votos
    • Tettamanzi: 2 votos
    • Otros: 9 votos
      
  3. Tercera votación (19 de Abril de 2005, 11:00h)
    • Ratzinger: 72 votos
    • Bergoglio: 40 votos
    • Darío de Jesús Castrillón Hoyos: 1 voto
    • Otros: 2 votos
        
  4. Cuarta votación (19 de Abril de 2005, 16:30h).
    • Ratzinger: 84 votos
    • Bergoglio: 26 votos
    • Christoph Schönborn von Doblhoff OP: 1 voto
    • Giacomo Biffi Bossi: 1 voto
    • Bernard Francis Law Stubblefield: 1 voto
    • Otros: 2 votos
En su momento, el cardenal belga Godfried Daneels (él mismo miembro de la Mafia de San Galo y protector del hoy laicizado obispón de Brujas Roger Joseph Vangheluwe Veys) sentenció: «Aún no ha llegado el momento de elegir a un Papa hispanoamericano», dos días después que el colombiano Alfonso López Trujillo disuadiese de a sus símiles de votar por Bergoglio porque no había «ninguna auténtica alternativa a Ratzinger» y por lo irónico que el apoyo a un candidato latinoamericano sea precisamente de los cardenales alemanes y estadounidenses».

La “Mafia de San Galo” fue un grupo conformado por Achille Silvestrini Gambarati (cardenal curial), Carlo Maria Martini Maggia (cardenal arzobispón de Milán), Paul Verschuren SCJ (obispón de Helsinki, Finlandia), Jean-Félix-Albert-Marie Vilnet Lévêque (arzobispón de Lila, Francia), Johann Weber (obispón de Graz-Seckau, Austria), Walter Kasper Bacher (obispón de Rotemburgo-Stuttgart, Alemania –posteriormente cardenal–), Karl Lehmann Waldner (obispón de Maguncia, Alemania –posteriormente cardenal–), Godfried Danneels Stoferis (cardenal arzobispón de Malinas-Bruselas, Bélgica), Adrianus Herman “Ad” van Luyn SDB (obispón de Roterdam, Países Bajos), Cormac Murphy-O’Connor Cuddigan (cardenal arzobispón de Westminster, Inglaterra) y su antecesor George Haliburton Basil Hume Tisserye OSB, Joseph Pierre Aimé Marie Doré PSS (arzobispón de Estrasburgo, Francia), Alois Kothgasser Krisper SDB (obispón de Innsbruck, posteriormente arzobispón de Salzburgo –ambas en Austria–), Sviatoslav Shevchuk Krokis (arzobispón mayor de Kiev-Galicia de la Iglesia Grecocatólica Ucraniana) y José da Cruz Policarpo (patriarca de Lisboa, Portugal), que se reunió anualmente desde 1995 hasta 2006 a instancias de Martini y del obispón de San Galo (Suiza) y ex-secretario general del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (no confundir con la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea) Jakob Andreas Ivo Fürer Braegge. El objetivo del grupo era contrarrestar a Juan Pablo II Wojtyła en sus últimos años, luego obstaculizar a Ratzinger (cuya elección no pudieron evitar en 2005, como se ha visto) y hacer elegir a Bergoglio en 2013.
   
La profusión de libros-entrevistas por parte de Bergoglio aumenta la percepción que él está en “modo despedida”, aparte del hecho que las meditaciones del Vía crucis de este año fueran escritas por él mismo (donde suprime la 9.ª estación “Jesús cae por tercera vez” y añade como 11.ª estación “El grito de abandono de Jesús”), y que Jean-Marie Guénois, corresponsal de Le Figaro Magazine, diera cuenta que so capa de “restauración”, en Santa María la Mayor ya le están preparando la sepultura y en el Vaticano suenan varios nombres:
  • Pietro Parolin Miotti (Secretario de Estado)
  • Matteo Maria Zuppi Fumagalli (Arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana)
  • Péter Erdő Kiss (Arzobispo de Estrigonia-Budapest y Primado de Hungría)
  • Pierbattista Pizzaballa Tadini OFM (Patriarca Latino de Jerusalén)
  • Lars Anders Arborelius Unander OCD (Obispo de Estocolmo)
  • Juan José Omella y Omella (Arzobispo de Barcelona y expresidente de la Conferencia Episcopal Española)
  • José Tolentino Calaça de Mendonça TOSD (Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación)
  • Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don Hettiarachchige (Arzobispo de Colombo, expresidente de la Conferencia Episcopal de Sri Lanka y vicepresidente de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia)
  • Charles Maung Bo Tin SDB (Arzobispo de Yangón)
  • Luis Antonio “Chito” Tagle y Gokim (Prefecto del Dicasterio para la Evangelización –antigua Propagánda Fide–)
  • Jean-Marc Noël Aveline (Arzobispo de Marsella)
y una constante: «TODO MENOS UN LATINOAMERICANO, TODO MENOS UN JESUITA».

EL “VÍA CRUCIS PSICOLÓGICO” DE BERGOGLIO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

Las meditaciones para el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo fueron escritas por el propio Francisco (quien, por segunda vez, no asistió al sitio, siendo remplazado por la nulidad del cardenal vicario Angelo de Donatis Fattizzo). Suprimió la 9.ª estación en la que Cristo cae por tercera vez bajo la Cruz e inventó una 11.ª estación del “grito de abandono de Jesús”. Los textos trataban más sobre la psicología y los sentimientos [¿del propio Francisco?] que sobre la Pasión de Cristo. Ejemplos:
  1. «Jesús, me doy cuenta de lo poco que te conozco, pues me cuesta entender tu silencio».
  2. «Jesús, nosotros también tenemos nuestras cruces que llevar. A veces, son realmente pesadas: una enfermedad, un accidente, la muerte de un ser querido, una decepción amorosa, un hijo descarriado, un trabajo perdido, una herida que no cicatriza, un proyecto fracasado, la frustración de otra esperanza» (El enfoque en el “yo”, “mi”, “me” es omnipresente: «Uno mi cruz a la tuya, te traigo mi cansancio y mis preocupaciones, echo sobre ti toda carga de mi corazón»).
  3. «Imagino que, mientras besas la tierra fría y seca, piensas en el hombre, formado del polvo de la tierra». Francisco reza por «la única cosa que necesito, y es la capacidad de amar» [una capacidad que los narcisistas no poseen].
  4. Sobre la madre, Francisco dice: «Ves reflejados el tierno amor, las cálidas caricias y el cariñoso abrazo que te rodearon y sostuvieron desde tus primeros años».
  5. «¡Cuánto nos cuesta pedir ayuda, no sea que demos la impresión de que no estamos a la altura de las circunstancias! Qué esfuerzos nos tomamos para ponernos en la mejor luz, para dar un buen espectáculo!».
  6. Francisco condena los falsos juicios, las calumnias, las burlas y las condenas «sin necesidad de un desfile truculento: basta un teclado para vomitar insultos y condenas» [una referencia al Internet libre que Francisco odia de verdad].
  7. La Cruz soporta «todo el peso de la decepción, el fracaso y la humillación», «Me doy cuenta de ello cada vez que me siento abrumado, asediado e incomprendido; cuando me agobian las cargas de la responsabilidad y el trabajo, cuando me encuentro preso de la ansiedad y la desesperación».
        
    Y: «No hay nada peor que el remordimiento propio y el abrumador sentimiento de culpa».
  8. Sobre las mujeres de Jerusalén que lloran por Cristo: «¿Es mi propia oración capaz de lágrimas? ¿Me conmuevo cuando te contemplo, crucificado por mi causa, y contemplo tu amor suave y herido? ¿Me aflijo por mi hipocresía y mi infidelidad?».
  9. «Te miro, Jesús, despojado de tus vestiduras, y me doy cuenta de que me pides que me despoje de tantas cosas innecesarias".
  10. «Señor, no te bastó con perdonarnos, también nos disculpaste ante el Padre: “porque no saben lo que hacen”. Te pones de nuestro lado, te conviertes en nuestro abogado, intercedes por nosotros».
  11. «Hiciste esto [clamar a Dios] por mí, para que cuando sólo vea oscuridad, cuando experimente el derrumbe de mis certezas y el naufragio de mi vida, ya no me sienta solo, sino que me dé cuenta de que tú estás ahí a mi lado».
  12. Las primeras palabras de la meditación sobre la muerte de Cristo son: «¡Un criminal en el Paraíso!».
  13. A la Madre de Dios: «Mientras sostienes en tus brazos el cuerpo sin vida de Jesús, oyes una vez más las últimas palabras que te dirigió: He aquí a tu hijo. Madre, ¡yo soy ese hijo! Tómame en tus brazos y cura mis heridas».
  14. «Será verdaderamente Pascua si doy algo de mí a Aquel que dio su vida por mí».

RESUCITAR CON CRISTO

Sermón predicado por el Rvdo. P. Pío Vázquez SSM el Domingo 31 de Marzo de 2024 (Domingo de Pascua).
  

MES DE LA PASIÓN DE CRISTO – DÍA PRIMERO

Traducción a partir del libro L’Année Pieuse, del padre Francisco de Ligny, publicado en Amiens por la imprenta de Alfredo Caron en 1851.
   

DÍA PRIMERO: Consagración del mes a Jesús sufriente
  
PENSAMIENTOS PRÁCTICOS
Considera, ¡oh alma mía! que la devoción a Jesús sufriente es la más útil y afectuosa de todas las devociones, la que más excitará en tu corazón el amor de Dios y el arrepentimiento de tus pecados. Para honrar con piedad la dolorosa pasión del Salvador, síguelo, durante este mes, a los distintos teatros de sus sufrimientos; Imaginemos al Hombre-Dios, entregado a una tristeza excesiva en el huerto de Getsemaní, arrastrado ante los atrios, coronado de espinas, azotado, desgarrado a golpes y magullado por el peso abrumador de la cruz. Después de haber presenciado esta larga agonía de Jesús, ¿podrás negarle algunas lágrimas de piedad y de ternura?
  
ORACIÓN
Oh Dios, que para redimir al mundo quisisteis nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el beso de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio, como inocente cordero; presentado ante Anás, Caifás, Pilatos y Herodes; escupido y acusado con falsos testigos; abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado de espinas, golpeado con la caña, cubierto el Rostro con una púrpura por burla; desnudado afrentosamente, clavado en la Cruz y levantado en ella, puesto entre ladrones, como uno de ellos, dándoos a beber hiel y vinagres y herido el costado con la lanza; Os ruego que me concedáis la gracia, indigno como soy, de considerar, durante este mes, tantos y tan crueles dolores, de deplorar la malicia de los malvados desatada contra Vos y de bendecir vuestra paciencia inalterable. Es con esta intención, ¡oh Jesús sufriente y crucificado!, que deseo seguiros en espíritu en las diversas estaciones de vuestra dolorosa Pasión y meditar sobre vuestros sufrimientos y vuestras humillaciones durante los días que la Iglesia dedica más particularmente a la veneración de este adorable y lúgubre misterio. Es verdad, Señor, que mi vida no sería demasiado larga para leer el libro de vuestros dolores y de vuestras ignominias; pero, si Os dignáis, durante estos días de salvación, imprimir profundamente en mi corazón vuestras sagradas Llagas y embriagar mi alma con vuestra preciosa Sangre, como deseo y os ruego, ¿podré olvidar a Aquel a quien tanto le costé? ¿Podré negar a tanta Sangre una lágrima de amor y arrepentimiento?
   
PRÁCTICA: De vez en cuando durante el día, fija tu mirada en la imagen de Jesús crucificado y bésala con tierno amor. Haz con devoción el Vía crucis (Indulgencia plenaria). 

ASPIRACIÓN: Señor Jesús, me amasteis hasta morir por mí; hacedme amaros al menos hasta el punto de vivir para Vos.

LETANÍA DE LA PASIÓN DE CRISTO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
  
Jesús, que has instituido el santísimo Sacramento del altar en memoria de tu pasión, ten piedad de nosotros.
Jesús, que saliste del cenáculo para morir, ten piedad de nosotros.
Jesús, orando en el Olivete, ten piedad de nosotros.
Jesús, consolado por un ángel, ten piedad de nosotros.
Jesús, sudando sangre y agua, ten piedad de nosotros.
Jesús, vendido y traicionado por Judas, ten piedad de nosotros.
Jesús, apresado y atado por los soldados, ten piedad de nosotros.
Jesús, abandonado por tus discípulos, ten piedad de nosotros.
Jesús, presentado a Anás y Caifás, ten piedad de nosotros.
Jesús, golpeado por un criado, ten piedad de nosotros.
Jesús, acusado por falsos testigos, ten piedad de nosotros.
Jesús, juzgado digno de muerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, ultrajado, golpeado durante la noche, ten piedad de nosotros.
Jesús, negado tres veces por San Pedro, ten piedad de nosotros.
Jesús, despreciado por Herodes, ten piedad de nosotros.
Jesús, vestido con una túnica blanca, ten piedad de nosotros.
Jesús, a quien Barrabás fue preferido, ten piedad de nosotros.
Jesús, azotado, ten piedad de nosotros.
Jesús, magullado por nuestros crímenes, ten piedad de nosotros.
Jesús, vestido con púrpura, ten piedad de nosotros.
Jesús, coronado de espinas, ten piedad de nosotros.
Jesús, golpeado con una caña, ten piedad de nosotros.
Jesús, presentado al pueblo, ten piedad de nosotros.
Jesús, condenado a muerte por Pilato, ten piedad de nosotros.
Jesús, entregado a la voluntad de los judíos, ten piedad de nosotros.
Jesús, cargado con la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, conducido al Calvario, ten piedad de nosotros.
Jesús, despojado de tus ropas, ten piedad de nosotros.
Jesús, atado a la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, levantado en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, que oraste por tus enemigos, ten piedad de nosotros.
Jesús, puesto en el rango de malhechores, ten piedad de nosotros.
Jesús, blasfemado en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, que prometiste paraíso al buen ladrón, ten piedad de nosotros.
Jesús, que recomendaste a tu Madre a San Juan, ten piedad de nosotros.
Jesús, abandonado por tu Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús, ebrio de vinagre en tu sed, ten piedad de nosotros.
Jesús, que dijiste: Todo está consumado, ten piedad de nosotros.
Jesús, que has encomendado tu alma a tu Padre, ten piedad de nosotros.
Jesús, obediente hasta la muerte en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, muerto en la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, traspasado con una lanza, ten piedad de nosotros.
Jesús, que manifestaste tu poder después de tu muerte, ten piedad de nosotros.
Jesús, descendido de la Cruz, ten piedad de nosotros.
Jesús, sepultado, ten piedad de nosotros.
   
Sednos propicio, perdónanos Señor.
Sednos propicio, escúchanos Señor.
    
De todo mal, líbranos, Señor.
De todo pecado, líbranos, Señor.
De la pestilencia, del hambre y de la guerra, líbranos, Señor.
De todo peligro del alma y del cuerpo, líbranos, Señor.
De la muerte eterna, líbranos, Señor.
Por tus trabajos y tus vigilias, líbranos, Señor.
Por tus dolorosos azotes, líbranos, Señor.
Por tu coronación de espinas, líbranos, Señor.
Por tu sed, tus lágrimas y tu desnudez, líbranos, Señor.
Por tu preciosa muerte y tu Cruz, líbranos, Señor.
Por tu Preciosísima Sangre, líbranos, Señor.
Por tus santísimas llagas, líbranos, Señor.
   
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
℣. Adorámoste, oh Cristo, y bendecímoste.
℟. Porque redimiste al mundo por tu Cruz.
   
ORACIÓN
Adorable Jesús, sufriendo y muriendo por Amor por nosotros, concédenos la gracia de sufrir contigo y por Ti; para que, viviendo, sufriendo y muriendo en Tu Amor, seamos eternamente felices Contigo y en Ti. Amén.