Vexílla Regis

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MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 28 de junio de 2018

LEÓN DUPONT FRENTE A LA BLASFEMIA

 
Cada vez que oía una palabra que atacaba directamente a la Divina Majestad, León Dupont, «el Hombre Santo de Tours», promotor de la Adoración de la Adoración Eucarística nocturna y de la devoción a la Santa Faz, era movido de una virtuosa indignación. A él no le frenaban ni las consideraciones personales ni el respeto humano. El celo por la ultrajada gloria de Dios lo urgía a actos que ningún otro se habría permitido a sí mismo, pero a los cuales la eficacia de sus oraciones, y la bendición del cielo, siempre vinculaban una gracia especial de reparación, y no infrecuentemente, una sonora conversión. Una vez, mientras viajaba, tomó su asiento al lado del conductor, que profirió una expresión blasfema. El señor Dupont instantáneamente le ofreció una fuerte bofetada. Sorprendido e indignado, el conductor del carruaje detuvo sus caballos y demandó una explicación del insulto que le ofrecieron. El señor Dupont replicó: «Hombre infeliz, eres tú quien me ha insultado. ¡Tú has ultrajado a mi Padre! ¿Quién te da el derecho de insultar a mi Padre en esta forma?». «Tu Padre...», dijo el blasfemo, sobresaltado por la afirmación tanto como por la bofetada. «Sí, Dios es mi Padre y tu Padre; ¿por qué Lo ultrajas?», contestó el señor Dupont. Y entonces con la elocuencia de su corazón y la vivacidad de su fe, él se dedicó a hacerle comprender cuán indigno era de un Cristiano el blasfemar contra el tres veces santo Dios. El pobre hombre, confundido y avergonzado, alegó como excusa su deplorable hábito y prometió enmienda. Para cuando terminaron el viaje, ellos se hicieron buenos amigos. El señor Dupont, al partir, le presentó una moneda de cinco francos, y le invitó a visitarle en Tours. Él tuvo la gratificación de saber posteriormente del conductor mismo que había corregido su mal hábito y estaba llevando una vida Cristiana.
 
En otra ocasión, cuando iba en una diligencia desde Saint-Malo a Rennes, el postillón escasamente hablaba sin proferir juramentos. No obstante la presencia de dos o tres agentes viajeros, a cada juramento, el señor Dupont repetía en alta voz un Gloria Patri en reparación. Al final, incapaz de aguantarlo más, tomó al postillón por el brazo y le dijo: «Amigo, cesa, te pido, de blasfemar del santo Nombre de Dios. Cada vez que desees jurar, dame una bofetada en su lugar; eso me favorecería mucho mejor». Podemos juzgar la impresión que tuvo sobre sus oyentes por las palabras de un hombre cuyo único pensamiento era la gloria de Dios. Un buen religioso, que estuvo una vez en el asiento del vehículo con él, relata que le pagó al conductor mucho dinero para refrenar la blasfemia. Como esta práctica era habitual con él, sabremos solamente en el día del Juicio, cuantas blasfemias evitó.
 
Cuando pasaba por las calles de una ciudad, nunca dejaba de reprobar a los blasfemos, aunque a menudo él era remunerado con insulto y desprecio. Una vez, sin embargo, se encontró con un hombre desgraciado que estaba profiriendo terribles imprecaciones. El señor Dupont se detuvo y le suplicó encarecidamente que o guardase silencio o le diese un empujón. «¿Por qué debería golpearte?», preguntó el hombre en su asombro. «Porque sería menos doloroso para mí recibir un golpe tuyo, que oirte ultrajar el santo Nombre de Dios». Impresionado por sus palabras, el blasfemo pidió que le perdonara y prometió enmendarse.
 
Su celo en este punto le sugería precauciones minuciosas que difícilmente se le ocurrirían a otra persona. Uno de sus amigos escribe: «Estaba caminando en una ocasión con el señor Dupont. Él vio una piedrecilla que estaba sobre el pavimento; la tomó y la puso contra un muro, señalando que dijo: “Cada vez que encontremos una piedra en una calle o camino, deberíamos siempre removerla, porque puede causar que un hombre o una bestia tropiese, y además de las lesiones que pudiera causarles, el hombre se irritaría y se vería tentado a blasfemar del santo Nombre de Dios”».

miércoles, 27 de junio de 2018

CARTA DE MONS. LEFEBVRE AL CARDENAL OTTAVIANI, SOBRE LA CRISIS ECLESIAL GENERADA POR EL VATICANO II

Traemos otro documento histórico que apenas recientemente ve la luz pública: La carta que Mons. Marcel Lefebvre enviara al Santo Oficio liderado por el cardenal Alfredo Ottaviani en 1966, exponiéndole las consecuencias que trajo el Vaticano II a un año de su clausura, y apelando al reclamante al Papado en ese tiempo que haga el retorno a la Fe y la Doctrina Católica (aunque sabemos ahora que no sucedió NADA, toda vez que el mismo Montini apoyaba la deriva teológica y disciplinaria).
   
Esta carta, que no pierde actualidad -sobre todo ahora que salió el Anuario Pontificio del 2018 y el Anuario Estadístico Eclesial del año 2016 señalando la persistente disminución en las vocaciones sacerdotales y religiosas neo-eclesiales desde el año 2015-, tiene cierto viso profético, porque describe el “magisterio mediático” de Bergoglio, que prefiere sentar cátedra con sus improvisadas entrevistas, audiencias y homilías (alentando el error y la impiedad, por descontado). - Original en Italiano publicado en RADIO SPADA, traducción y negrillas nuestras.
   
Mons. Marcel Lefebvre
  
CARTA DE Mons. MARCEL LEFEBVRE AL Card. OTTAVIANI, PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE (EX SANTO OFICIO), EN RESPUESTA A UNA PETICIÓN AVANZADA POR EL MISMO CARDENAL
 
Eminencia,
 
Su carta del 24 de Julio, concerniente a la puesta en discusión de algunas verdades de Fe, ha sido comunicada, a través de los buenos oficios de nuestra secretaría, a todos nuestros Superiores mayores.
  
Nos hay llegado pocas respuestas. En aquellas que nos han llegado del África no se niega que en este momento hay una gran confusión en las mentes. Incluso si estas verdades no parecen haber sido puestas en discusión, en la práctica se asiste a una disminución del fervor y de la regularidad en la recepción de los sacramentos, sobre todo del Sacramento de la Penitencia.
  
Se constata una notable disminución del respeto debido a la Santa Eucaristía, sobre todo de parte de los sacerdotes, y una escasez de vocaciones sacerdotales en las misiones francófonas: las vocaciones en las misiones de habla inglesa y portuguesa están menos influenciadas del nuevo espíritu, pero ya las revistas y los diarios están difundiendo las teorías más avanzadas.
  
Parecería que el motivo para el limitado número de respuestas recibidas, sea debido a la dificultad de cogliere estos errores, que se han difundido por todas partes. La causa del mal está principalmente en una literatura que siembra la confusión en las mentes a través de las presentaciones que son ambiguas y equívocas, pero detrás de las cuales se descubre una nueva religión. Creo que es mi deber plantearle plenamente y claramente lo que se evidencia de mis conversaciones con numerosos obispos, sacerdotes y laicos en Europa y en África, y que emerge también de lo que he leído en los territorios de lengua inglesa y francesa.
  
Hubiera gustoso seguido el orden de las verdades señaladas en Su carta, pero me permito decirle que el mal presente parece mucho más grave que la negación o la puesta en discusión de algunas verdades de nuestra fe. Hoy eso se manifiesta en una extrema confusión de ideas, en una ruptura de las instituciones de la Iglesia, de las fundaciones religiosas, de los seminarios, de las escuelas católicas –en breve, de lo que era el apoyo permanente de la Iglesia. Y no es más que la continuación lógica de las herejías y los errores que han minado la Iglesia en los últimos siglos, sobre todo del liberalismo del siglo pasado, que ha buscado a toda costa reconciliar la Iglesia con las ideas que han conducido a la Revolución francesa.
 
En la medida en que la Iglesia se ha opuesto a estas ideas, que van contra la sana filosofía y teología, ella ha hecho progresos. Mientras, en cambio, cada compromiso con estas ideas subversivas ha provocado un alinamiento de la Iglesia con el derecho civil, con el consiguiente peligro de esclavizarla a la sociedad civil.
   
Además, cada vez que grupos de católicos se han dejado atraer por estos mitos, los Papas valientemente los han llamado al orden, iluminando y, si es necesario, condenando. El liberalismo católico fue condenado por el Papa Pío IX, el modernismo por el Papa León XIII, el movimiento del Sillon por el Papa San Pío X, el comunismo por el Papa Pío XI y el neomodernismo por el Papa Pío XII.
 
Gracias a esta admirable vigilancia, la Iglesia ha crecido y se ha difundido; las conversiones de los paganos y de los protestantes han sido muy numerosa; la herejía era completamente alejada; los Estados han aceptado una legislación más católica.
  
Todavía, grupos de religiosos empapados de estas falsas ideas han llegado a infiltrarse en la Acción Católica y en los seminarios, gracias a una cierta indulgencia de parte de los obispos y de la tolerancia de algunas autoridades romanas. Prestamente fueron escogidos para obispos de entre estos religiosos. Esta era la situación existente en el momento en el cual el Concilio, con las comisiones preliminares, se preparaba a proclamar la verdad contra tales errores, a fin de desterrarlos de la Iglesia por largo tiempo. Hubiera sido el final del protestantismo y el inicio de una era nueva y fecunda para la Iglesia.
  
Ahora, esta preparación fue odiosamente rechazada para hacer puesto a la más grave tragedia que la Iglesia haya sufrido jamás. Habíamos asistido al matrimonio de la Iglesia Católica con las ideas liberales. Significaría negar la evidencia, ser voluntariamente ciegos, no afirmar con coraje que el Concilio ha permitido a aquellos que profesan los errores y siguen las tendencias condenadas por los Papas citados antes, el creer legítimamente que las sus doctrinas han sido sancionadas y aprobadas.
  
Considerando que el Concilio se estaba preparando a ser una luz esplendente en el mundo de hoy (si hubiesen sido aceptados los documentos pre-conciliares en los cuales se encontraba una solemne profesión de doctrina cierta, frente a los problemas hodiernos), ahora sin embargo se puede y debe constatar que:
  • En modo más o menos general, cuando el Concilio ha introducido las innovaciones, ha perturbado la certeza de las verdades enseñadas por el Magisterio auténtico de la Iglesia, en cuanto pertenecientes auténticamente al tesoro de la Tradición.
  • Sobre la transmisión de la jurisdicción de los obispos, las dos fuentes de la Revelación, la inspiración de la Escritura, la necesidad de la gracia para la justificación, la necesidad del bautismo católico, la vida de la gracia entre los herejes, los cismáticos y los paganos, los fines del matrimonio, la libertad religiosa, los Novísimos, etc. … sobre todos estos puntos fundamentales la doctrina tradicional era clara y era unánimemente enseñada en las universidades católicas. De ahora en adelante, numerosos textos del Concilio sobre estas verdades, permitirán dudar de ellas.
 
Las consecuencias de todo esto han sido rápidamente elaboradas y aplicadas en la vida de la Iglesia:
  • Dudas sobre la necesidad de la Iglesia y de los sacramentos, han llevado a la desaparición de las vocaciones sacerdotales;
  • Dudas sobre la necesidad y la naturaleza de la “conversión” de las almas, han llevado a la desaparición de las vocaciones relgiosas, a la destrucción de la espiritualidad tradicional en los noviciados y a la inutilidad de las misiones;
  • Dudas sobre la legitimidad de la autoridad y sobre la necesidad de la obediencia, han causado la exaltación de la dignidad humana, la autonomía de la conciencia y de la libertad, que están trastornando todos los ámbitos basados sobre la Iglesia (congregaciones religiosas, diócesis, sociedad secular, familia).
El orgullo tiene como consecuencia normal la concupiscencia de los ojos y de la carne. Y tal vez uno de los más terroríficos signos de nuestro tiempo es el ver hasta qué punto ha llegado la decadencia moral de la mayor parte de las publicaciones católicas. Ellas hablan sin ningún reparo de sexualidad, de control de los nacimientos con todo medio, de la legitimidad del divorcio, de educación mixta, de flirteos, de bailes, como medios necesarios a la edificación cristiana, al celibato del clero, etc.
 
Las dudas sobre la necesidad de la gracia para ser salvos, hacen sí que el bautismo caiga en la más baja consideración, así que en el futuro esto será pospuesto a más tarde, ocasionando la negligencia del Sacramento de la Penitencia, tanto más que si se trata de una postura del clero y no de los fieles. Lo mismo dígase para la Presencia Real: está el clero que se comporta como si no lo creyera más, escondiendo el Santísimo Sacramento, suprimiendo todas las señales de respeto hacia las Sacras Especies y todas las ceremonias en su honor.
  
Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia como única fuente de salvación, sobre la Iglesia Católica como la única verdadera religión, que derivan de las declaraciones sobre el ecumenismo y sobre la libertad religiosa, están destruyendo la autoridad del Magisterio de la Iglesia. De hecho, Roma no es más la única y necesaria Magístra Veritátis.
 
Yendo pues a los hechos, estoy obligado a concluir que el Concilio ha alentado de manera inconcebible la difusión de los errores liberales. Fe, moral y disciplina eclesiástica son sacudidas de sus fundamentos, realizando las previsiones de todos los Papas.
  
La destrucción de la Iglesia está avanzando a un ritmo acelerado. Dando una autoridad exagerada a las Conferencias Episcopales, el Sumo Pontífice se ha quedado impotente. ¡Cuántas dolorosas lecciones en un solo año! Pero es el Sucesor de Pedro, y sólo él, quien puede salvar la Iglesia.
  
Rodéese el Santo Padre de fuertes defensores de la fe: los nombres de las diócesis importantes. Proclame la verdad con docuemtos de importancia extraordinaria descartando el error sin el temor de contradicciones, sin el temor de poner en discusión las disposiciones pastorales pastorali del Concilio.
    
Que el Santo Padre se digne:
  • Alentar a los obispos a corregir la fe y la moral, cada uno en la respectiva diócesis, como conviene a todo buen pastor;
  • Sostener a los obispos valientes, exhortándoles a reformar sus seminarios y a recuperar el estudio de Santo Tomás de Aquino;
  • Alentar a los Superiores Generales a mantener en los noviciados y en las comunidades los principios fundamentales del ascetismo cristiano y, sobre todo, la obediencia;
  • Alentar el desarrollo de las escuelas católicas, de una prensa informada de la sana doctrina, de asociaciones de familias cristianas;
  • Y, en fin, redargüir a los instigadores de errores y reducirlos al silencio. Las alocuciones de los miércoles no pueden sustituir las encíclicas, los decretos y las cartas a los obispos.
 
¡Sin duda es temerario que yo me exprese en este modo! Mas es con amor ardiente que redacto estas líneas, el amor a la gloria de Dios, el amor a Jesús, el amor a María, a la Iglesia, al Sucesor de Pedro, Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo.
 
Pueda el Espíritu Santo, al cual está dedicada nuestra Congregación, dignarse venir en ayuda al Pastor de la Iglesia universal.
 
Que Vuestra Eminencia se digne aceptar la garantía de mi más respetuosa devoción en Nuestro Señor.
 
Marcel Lefebvre,
Arzobispo titular de Sinada en Frigia,
Superior General de la Congregación del Espíritu Santo.
20 de Diciembre de 1966.

MISA DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

Del Misal Romano de San Pío V.
   
Die 27 Junii
BEÁTÆ MARÍÆ VÍRGINIS DE PERPÉTUO SUCCÚRSU
Duplex
  
Introitus. Gaudeámus omnes in Dómino, diem festum celebrántes sub honóre beátæ Maríæ Vírginis: de cujus sollemnitáte gáudent Ángeli et colláudant Fílium Dei. (T.P. Allelúja, allelúja.) Ps. 44, 2. Eructávit cor meum verbum bonum: dico ego ópera mea Regi. ℣. Glória Patri.
 
ORATIO
Dómine Jesu Christe, qui Genetrícem tuam Maríam, cujus insígnem venerámur imáginem, Matrem nobis dedísti perpétuo succúrrere parátam: concéde, quǽsumus; ut nos, matérnam ejus opem assídue implorántes, redemptiónis tuæ fructum perpétuo experíri mereámur: Qui vivis.
  
Commemoratione Octava S. Joannis Baptistæ.
ORATIO
Deus, qui præséntem diem honorábilem nobis in beáti Joánnis nativitáte fecísti: da pópulis tuis spirituálium grátiam gaudiórum; et ómnium fidélium mentes dírige in viam salútis ætérnæ.

Et fit Commemoratio Feriæ.
 
Léctio libri Sapiéntiæ.
Eccli. 24, 23-31.
  
Ego quasi vitis fructificávi suavitátem odóris: et flores mei fructus honóris et honestátis. Ego mater pulchræ dilectiónis et timóris et agnitiónis et sanctæ spei. In me grátia omnis viæ et veritátis: in me omnis spes vitæ et virtútis. Transíte ad me, omnes qui concupíscitis me, et a generatiónibus meis implémini. Spíritus enim meus super mel dulcis, et heréditas mea super mel et favum. Memória mea in generatiónes sæculórum. Qui edunt me, adhuc esúrient: et qui bibunt me, adhuc sítient. Qui audit me, non confundétur: et qui operántur in me, non peccábunt. Qui elúcidant me, vitam ætérnam habébunt.
 
Graduale. Cant. 6, 3 et 9. Tota formósa et suávis es, fília Sion, pulchra ut luna, elécta ut sol, terríbilis ut castrórum acies ordináta.
℣. Judith 13, 22. Benedíxit te Dóminus in virtúte sua, quia per te ad níhilum redégit inimícos nostros.
 
Allelúja, allelúja. ℣. Luc. 1, 28. Ave, María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus. Allelúja.
 
Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Prov. 8, 17-19. Ego diligéntes me díligo: et qui mane vígilant ad me, invénient me.
℣. Mecum sunt divítiæ et glória, opes supérbæ et justítia.
℣. Mélior est enim fructus meus auro et lápide pretióso, et genímina mea argénto elécto.
 
Tempore autem Paschali omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Luc. 1, 28. Ave, María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus. Allelúja.
℣. Prov. 8, 34. Beátus homo, qui audit me, et qui vígilat ad fores meas cotídie, et obsérvat ad postes óstii mei. Allelúja.
 
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
Joann. 19, 25-27.
  
In illo témpore: Stabant juxta Crucem Jesu Mater ejus, et soror Matris ejus, María Cléophæ, et María Magdaléne. Cum vidísset ergo Jesus Matrem, et discípulum stantem, quem diligébat, dicit Matri suæ: Múlier, ecce fílius tuus. Deinde dicit discípulo: Ecce Mater tua. Et ex illa hora accépit eam discípulus in sua. Credo.
 
Offertorium. Jerem. 18, 20. Recordáre, Virgo Mater, in conspéctu Dei, ut loquáris pro nobis bona, et ut avértat indignatiónem suam a nobis. (T.P. Allelúja.)
 
SECRETA
Tua, Dómine, propitiatióne, et beátæ Vírginis et Matris Maríæ intercessióne, ad perpétuam atque præséntem hæc oblátio nobis profíciat prosperitátem et pacem. Per Dóminum.
   
Pro Octava S. Joannis Baptistæ.
SECRETA
Tua, Dómine, munéribus altária cumulámus: illíus nativitátem honóre débito celebrántes qui Salvatórem mundi et cécinit adfutúrum, et adésse monstrávit.
  
Et fit Commemoratio Feriæ.
  
Præfatio de Beatæ Mariæ Virginis
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubique grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: Et te in Festivitáte beátæ Maríæ semper Vírginis collaudáre, benedícere et prædicáre. Quæ et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne concépit: et, virginitátis glória permanénte, lumen ætérnum mundo effúdit, Jesum Christum, Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Ángeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cœli cœlorúmque Virtútes ac beáta Séraphim sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces ut admitti jubeas, deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
 
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cœli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
    
Communio. Regína mundi digníssima, María, Virgo perpétua, intercéde pro nostra pace et salúte, quæ genuísti Christum Dóminum, Salvatórem ómnium. (T.P. Allelúja.)
  
POSTCOMMUNIO
Adjúvet nos, quǽsumus, Dómine, immaculátæ Genetrícis tuæ sempérque Vírginis Maríæ intercéssio veneránda: ut, quos perpétuis cumulávit benefíciis, a cunctis perículis absolútos sua fáciat pietáte concórdes: Qui vivis.
  
Pro Octava S. Joannis Baptistæ.
POSTCOMMUNIO
Sumat Ecclésia tua, Deus, beáti Joánnis Baptístæ generatióne lætitiam: per quem suæ regeneratiónis cognóvit auctórem.
  
Et fit Commemoratio Feriæ.

martes, 26 de junio de 2018

¿MADURO ES COLOMBIANO? DOCUMENTAL VENEZOLANO ANALIZA LAS PRUEBAS

Noticia tomada de LA FM (Colombia).
 
DOCUMENTAL PROBARÍA QUE MADURO ES COLOMBIANO
Walter Márquez asegura que Nicolás Maduro no es venezolano y que fue registrado en una notaría de Bogotá.
  
Por Cristian Serrano.
 
Nicolás Maduro Moros y Delcy Eloína Rodríguez Gómez
  
El documental “Mi Paisano: orígenes colombianos de Maduro”, promovido por el parlamentario e historiador venezolano Walter Márquez junto al expresidente de Colombia, Andrés Pastrana, ofrece un análisis de los orígenes colombianos de Nicolás Maduro y la condición de doble nacionalidad que podría otorgarle una inhabilidad para ser el primer mandatario de Venezuela.
 
El trabajo documental cuenta con el apoyo de varios periodistas y cineastas venezolanos, quienes usaron la figura del anonimato, allí ofrecen una serie de versiones sobre el lugar nacimiento de Nicolás Maduro mientras se hace un especial énfasis en el acta de nacimiento del mandatario Venezolano.
 
En una entrevista para el canal NTN24, Walter Márquez aseguró que este trabajo tiene fundamentos serios e incluso llega a advertir que el registro de nacimiento original de Maduro se realizó en Bogotá y que dos años después se presentó una partida de nacimiento fraudulenta en Caracas.
  
     
“Tiene una fundamentación histórica, jurídica y política de primer orden, en virtud, de que está demostrado de manera irrefutable e irrebatible que Nicolás Maduro no nació en Venezuela, su partida de nacimiento que fue registrada dos años después en nuestro país en Caracas, de acuerdo a estudios hechos por expertos en la materia, es chimba, es fraudulenta y la partida de nacimiento original en Bogotá fue arrancada su original de una de las notarías de Bogotá”, argumentó Walter Márquez.
  
Márquez también aseguró que el propio gobierno venezolano ha tenido inconsistencias sobre el caso de la nacionalidad de Maduro, puesto que cinco voceros han dado diferentes versiones sobre el lugar en el que se realizó el registro de nacimiento de Nicolás Maduro. José Gregorio Vielma Mora, exgobernador de Táchira, Elías Jaua, Tibisay Lucena y el propio Maduro han dicho cosas diferentes sobre el caso.
  
El parlamentario e historiador venezolano aseguró que las nuevas pruebas que aporta este trabajo documental, hacen que nuevamente tome vida la posibilidad de plantear que la presidencia de Nicolás Maduro es ilegal.
  
Finalmente, Walter Márquez aseguró que está preparando una acción ante la Corte Penal Internacional para que la fiscal internacional se pronuncie sobre todas las investigaciones relacionas con la presunta doble nacionalidad de Nicolás Maduro.

domingo, 24 de junio de 2018

LA OBSESIÓN MIGRANTISTA DE BERGOGLIO

Traducción del artículo publicado por Marco Tosatti en STILUM CURIÆ, visto en ACTA APOSTATICÆ SEDIS.
  
Caros amigos y enemigos de Stilum Curiæ, hoy Super Ex realmente escribe cosas para pensar y meditar, y para debatir. Porque su artículo trata sobre lo que parece, si no un misterio, una rareza: esto es, la obsesión migrantista del Pontífice reinante; y dada la cantidad y la repetitividad de las intervenciones, realmente creo que se puede usar en este punto, por lo menos en un tono lúdico, el término obsesión. Leed a Super Ex con atención.
  
EL INMIGRACIONISMO DE BERGOGLIO ES UNA HEREJÍA ENSEÑADA POR CARLO MARÍA MARTINI.
  
Esta es la tesis, veamos el desarrollo.
  
¿Por qué se trata de una herejía? Porque no se funda, como se podría creer a simple vista, sobre la ignorancia absoluta de los hechos. No es simple ignorancia y crasa superficialidad.
 
¿Realmente podemos creer que Bergoglio no sepa qué hay bajo la inmigración hodierna? ¡Imposible! Los obispos africanos lo han denunciado a menudo, invitando a los hijos del África a no dejarse engañar, a no dejar su tierra, su familia, sus raíces, para irse a una Europa secularizada, en la cual se encontrarán marginados, explotados, al capricho de una cultura materialista y nihilista que les reducirá a autómatas “celularizados” noche y día.
 
Es de veras imposible que Bergoglio no sepa que los menores migrantes acaban, en gran parte, explotados sexualmente, aproximadamente 7 u 8 de cada 10 mujeres. Imposible que no sepa que el tráfico de carne humana genera ganancias astronómicas para los traficantes africanos y para los occidentales, y que es movido por innumerables intereses de las distintas mafias. Las cuales, mucho antes que “Roma Capitale”, habían comprendido, con Raffaele Cutolo (fundador de la Nueva Camorra Organizada), el potencial criminal presente en los fenómenos migratorios incontrolados.
  
  
Imposible realmente que Bergoglio no haya entendido que una buena parte de los inmigrantes acaba, después de ser pasada por el mercado de la droga, en las prisiones de Occidente, después de haber dejado solas a sus mujeres y niños en África (¿es claro o no que la gran parte de aquellos que huyen, esto es, hombres jóvenes y fuertes, abandonan en la miseria y la desesperación a mujeres, niños, y ancianos que se quedan?).
 
No, Bergoglio sabe bien todo, como también sus amigos, George Soros y Emma Bonino, que son de todo menos ingenuos incautos. Por esto no se oyen, ni cuando las denuncias arriban de la Rama Judicial (ver las declaraciones del fiscal de Catania Catania Carmelo Zuccaro).
 
¿Y entonces? Y entonces la herejía esposada por Bergoglio es una suerte de utopía comunista: él sueña con una fraternidad universal, multicolor, en la cual no existan más fronteras, culturas, raíces, religiones diferentes…

El primer dogma de esta utopía es el ecumenismo absoluto: todos los dioses son iguales, y Cristo no es en absoluto “el Camino, la Verdad y la Vida”; el segundo es el optimismo de Rousseau: no existe ningún pecado original, los hombres todos son naturalmente buenos, y el pecado está en quienes primero ponen un “recinto” en sus propiedades (“recinto” es la palabra usada por el protocomunista Rousseau; Bergoglio diría “muro”).
 
¿Recordáis a Marx? Quería construir el mundo perfecto, en el cual no existirían más las clases sociales, propiedad privada, policía, prisiones, llaves, puestas… El paraíso en la tierra.
 
Se llama utopía, y toda utopía es construída precisamente sobre la idea de que el mal no sea salvado por Dios, sino por los hombres. El mundo de Bergoglio no es el de las hadas, como podría parecer, en el cual todo se obtiene, basta la varita mágica (que en este caso es la palabra “acogida”); no, es aquel de la utopía: el mundo multiétnico, multicolor, multirreligioso, sin muros, puertas, llaves, pecado… es el sueño de un hombre que, como es bien evidente por tantos otros aspectos, no tiene una visión trascendente, sí inmanente de la existencia.
   
Vayamos al segundo punto: el jesuita Martini como maestro de Bergoglio (independientemente del juicio negativo que el ex-arzobispo de Milán tuviera del cardenal argentino, considerado culturalmente demasiado grosero y de un caracter nada confiable).
  
     
Martini fue un alfil del diálogo ecuménico llevado hasta el exceso, esto es, al indiferentismo moral y religioso, y en particular del diálogo con el Islam (no obstante en ciertas circunstancias había también comprendido los peligros de éste). Fue él el ideólogo de una sociedad “interracial, intercultural y también interreligiosa”, llegando a alabar la inmigración en sí misma y a auspiciar una “sociedad multi-cultural y multi-integrada” (“Avvenire”, 10 de febrero de 1990).
 
¿Cómo? A través de gestos de varios tipos (como lavar los pies el Jueves Santo a los extranjeros, cosa que Bergoglio repite de continuo), la afirmación de Cartas de los “derechos del migrante”, el elogio de la apertura de todas las fronteras, y oíd atentos el componente utópico-marxista, ¡la invitación a la supresión de las mismas cárceles, en nombre de un superamiento del mal, de la culpa, del pecado por medio del diálogo! (entrevista otorgada al periodico “Un’ora d’aria” -Una hora de aire-, editado por los brigadistas rojos de la cárcel “San Vittore”, “Avvenire”, 2 de marzo de 1988).
  
     
Si fuésemos a releer un poco la prensa católica de los años Noventa, encontraremos los mismos actores de hoy: a modo de ejemplo la Cáritas que coreaba a la ley Martelli [Ley 39 del 28 de febrero de 1990, Disposiciones en materia de asilo, N. del T.] y a la Turco-Napolitano [Ley 40 del 6 de marzo de 1998, Disciplina de la inmigración y Normas sobre la condición del extranjero, N. del T.], y que suscribía llamados junto a los comunistas de la ARCI (Asociación Recreativa y Cultural Italiana) y del diario Il Manifesto, por una “sociedad multicultural y multirreligiosa”.
  
Era evidente, entonces, que no existía una verdadera urgencia migrante, sino solamente un sueño, una ideología immigrazionista. La misma ideología que, hoy funge como caballo de Troya para la destrucción tanto del Occidente como de la misma África.
  

jueves, 21 de junio de 2018

LECCIÓN DE UN PADRE A SU HIJA PRO ABORTO

Noticia tomada de LA VOZ DEL INTERIOR (Argentina) - Vía CATÓLICOS ALERTA.
  
LA CRUDA CARTA DE UN PADRE PRO VIDA A SU HIJA QUE ESTÁ A FAVOR DEL ABORTO: “NO FUISTE PLANEADA. NO TE BUSCAMOS”
En el Día del Padre, el hombre subió una carta a su Facebook ilustrada con una foto de su hija de 15 años usando un pañuelo verde.

El pañuelo verde, símbolo de los simpatizantes del aborto en Argentina.
    
La discusión por la legalización del aborto no sólo ha generado opiniones divididas dentro del Congreso, sino en el seno de las familias. Así ocurrió en la casa de Marcelo Savazzini, quien en el Día del Padre publicó en su Facebook una dura carta dirigida a su hija de 15 años, que está a favor de la despenalización del aborto.
 
El hombre, visiblemente en contra de la legalización de la práctica, acompañó el posteo con una foto de su hija Agustina usando un pañuelo verde. “No fuiste planeada. No te buscamos”, comenzó diciendo.
 
La carta completa
“Hace 15 años o un poco más me enteré que habías sido engendrada. No fuiste planeada. No te buscamos. No fuiste producto de una pareja constituida con un proyecto firme. Al principio me dio miedo, y después otras cosas que prefiero no decir.
 
Tanto tu madre como yo decidimos seguir adelante con tu vida. A pesar de las dudas. Quizás hubiera sido más fácil quitarte con un aborto y prescindir de una gran responsabilidad, siendo yo un pendejo; no tan pendejo pero muy pelotudo.
 
Si hubiese existido la posibilidad de borrarte en un hospital público de manera legal y gratuita…yo no sé qué hubiese decidido. O tu madre en primer lugar. La cuestión es que seguimos adelante con tu vida y fue el acierto más grande de mi vida. No fue fácil, pero hice lo mejor que pude y te amé desde el primer momento. Hoy sólo deseo que seas una persona de bien y aunque el pañuelo que llevás puesto no coincide con mis pensamientos, no obstante te amo y te respeto.
 
Sólo espero que algún día puedas ver más allá de tu ombligo, que sepas que el tema requiere seriedad porque se trata de vidas y que respetes y no ridiculices a la gente que piensa diferente a vos, especialmente a tu familia y misma sangre. El apellido es lo de menos. Te amo. #salvemoslasdosvidas”



NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Novena escrita por el Padre Gabino Chávez, con Imprimátur otorgado por el Obispado de León (Guanajuato) el 18 de Marzo de 1895, que concedió 40 días de Indulgencia por cada día de la Novena; y Mons. Ignacio Arcigas, Arzobispo de Michoacán, otorgó por esta Novena 80 días de Indulgencia.
   
NOVENA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
  
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Señor, abrirás mis labios.
℟. Y mi boca anunciará tu alabanza
℣. Dios mío, entiende en mi ayuda.
℟. Apresúrate, Señor, en socorrerme.
  
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, y ahora, y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Oh Señor y Dios mío!, que has hecho notoria tu salud, haciendo que por todo el universo se dé a conocer la Redención y se predique la santa Fe en la cual nosotros tuvimos la dicha de nacer, y que has revelado en presencia de todas las naciones, y delante de los ciegos gentiles la gloria del Redentor, mira, Señor, cuán ingratos hemos sido a este grande beneficio que a nosotros por medio de la Virgen María nos concediste, cuando se dignó bajar a nuestro suelo a apresurar la conversión de estos pueblos infieles, ablandando sus corazones y docilitándolos para que recibiesen la luz de la Fe, con los inmensos bienes que a las almas comunica; yo te ruego, Señor, que perdonando mi desagradecimiento y todos mis pecados, hagas también notoria para mí tu salud, convirtiéndome de veras a tu amor y servicio, y la hagas notoria en mí a los otros, para que ayude con mis buenos ejemplos a que mi Salvador sea de todos amado y conocido; te pido que reveles la gloria del Redentor con la conversión de los pecadores delante de las almas mundanas que, abandonando las prácticas piadosas y apartadas de los sacramentos, parecen verdaderos gentiles, sepultados en las sombras de la muerte y del pecado. Haz nacer, Señor, para ellos y para mí, que te lo ruego, la luz indeficiente, que recorriendo el profundo abismo de mi corazón, y posándose sobre las olas agitadas del mar de mis pasiones, en mí habite, y en mí radique para pertenecer de este modo a los escogidos que son heredad tuya. Así sea.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Virgen de Guadalupe, amada Madre mía! ¡Qué dulce es para un hijo el poder cantar con toda confianza la gloria y la hermosura de su Madre! ¡Cuánto se goza al poder aplicarte con la Iglesia las grandiosas palabras que de la Sabiduría eterna están escritas! Sí, Señora y Reina de lo criado: desde el nacimiento del sol hasta el ocaso, tu nombre, así como el de tu Unigénito, es grande en las naciones. El suyo es infinitamente grande, como que es nuestro Dios, nuestro Padre y Redentor, cuyo nombre es sobre todo nombre; mas el tuyo es inmensamente grande, pues eres su verdadera Madre, como a Juan Diego le dijiste, y eres la Reina del mundo, y el encanto de la tierra y la alegría de los cielos. Tú habitabas con Jesús tu Hijo en las más encumbradas alturas, y tu trono estaba colocado sobre una columna de luciente nube, cuando te dignaste ser encontrada por los que no te buscaban, porque apenas te conocían, y no habían experimentado la dulzura de tu bondad, ni la ternura maternal de tu amor, ni la grandeza de tu misericordia. Aún no te interrogaban como hijos a su madre, que les enseñe y les instruya; aún no se dirigían a la Madre de la luz y del conocimiento, preguntándole por el camino que habían de seguir, y por las verdades y máximas que debían practicar, y ya tuviste la dignación de aparecerles en persona de uno de sus hijos, y aparecerles, no en enigma ni escondida, sino llena de luz, y a las claras, dejando ver tu virginal semblante, y respirar tu celestial aroma, y escuchar tu dulce y arrebatadora voz. Sí, Madre mía, allí te vió el amado Juan, tan graciosa como la paloma que sube de los ríos de las aguas, cuyo olor inestimable impregnaba sus vestiduras. Allí te vió la última vez, cuando a manera de días primaverales, las flores de los rosales y los lirios de los valles te cercaban, pues tu planta los había hecho brotar de repente en el monte desierto. Y si a los hombres que aún no te interrogaban, tan dulce y tan hermosa apareciste, también con tu presencia en nuestro suelo respondes a los Ángeles que tres veces admirados preguntan: «¿Quién es esta que va subiendo como la aurora al despuntar?»... ¡Eres tú, oh hija de Sion, toda hermosa y toda suave; como la luna, hermosa; como el sol, escogida! «¿Quién es esta que cual varilla de humo aromático de mirra y de incienso, va subiendo por el monte desierto?». ¡Es la hermosísima paloma, la amiga y esposa del Dios eterno! «¿Quién es esta que como el sol se adelanta, y viene con la belleza de la Jerusalén celeste, de dónde ha salido para visitar a los hombres?». ¡Es la que vieron las hijas de Sion y feliz la llamaron las almas de nobleza real, y la colmaron de alabanzas! ¡Oh Reina y Madre mía! Hoy todos los términos de esta tierra, han visto la salud de nuestro Dios; todos los confines de nuestra República han resonado con tus glorias, tus hijos han entonado tus alabanzas, te han agradecido en el alma tus finezas; en peregrinaciones han entrado a tu tabernáculo, y han adorado al Señor en el lugar donde tus plantas se posaron. Y yo también con todos tus hijos te visito, Madre mía; yo te alabo, yo proclamo tus glorias, yo agradezco con todo mi corazon tus favores, y te pido me concedas el mayor de todos ellos, que es el ir a conocerte y a amarte, y a alabarte, y contigo a gozar de Dios en los cielos. Amén.
   
Antífona: Tabernáculo de Dios es María, colocado en medio de su Ciudad, y no será conmovido. Ave María. ℣. Virgen de Guadalupe. ℟. Ruega por nosotros.
  
Antífona: Tú has salido para la salud de tu pueblo; para su salud has salido con Jesucristo tu Hijo. Ave María. ℣. Virgen de Guadalupe. ℟. Ruega por nosotros.
  
Antífona: Gloriosas cosas de ti han sido dichas, oh Ciudad de Dios: el Señor te ha fundado sobre las santas montañas. Ave María. ℣. Virgen de Guadalupe. ℟. Ruega por nosotros.
  
Antífona: Una gran señal apareció en el cielo: era una mujer cubierta por el sol, y la luna debajo de sus pies. Ave María. ℣. Virgen de Guadalupe. ℟. Ruega por nosotros.
  
Antífona: El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una gran luz; para los que habitaban en la región de la sombra de la muerte, la luz les ha nacido. Ave María. ℣. Virgen de Guadalupe. ℟. Ruega por nosotros.
     
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, y ahora, y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  
℣. Madre mía, a ti de lejos vendrán tus hijos.
℟. Y de tu lado se alzarán tus hijas.
  
DÍA PRIMERO - 3 DE DICIEMBRE
 
ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO
En tus labios, Madre mía de Guadalupe, ha puesto la Iglesia las mismas palabras, que en otro tiempo dijo el Señor, cuando se le erigió aquel magnífico templo por el rey Salomón: «Yo escogí y santifiqué este lugar, para que allí esté mi nombre y permanezcan mi corazón y mis ojos todos los días». ¡Qué tres dones tan señalados! ¡Qué tres prendas tan dulces y preciosas! ¡Tu nombre, tu corazón y tus ojos! ¡Tu nombre, de Guadalupe; tu corazón de Reina, y tus ojos de Madre! Déjame, ¡oh Reina y Madre!, valorizar estas prendas que nos diste; déjame meditar sus excelencias y su precio. Tú escogiste y santificaste el sitio de tus apariciones; benignamente lo escogiste entre todos los sitios de la tierra para colmarlo de favores de gracias; lo escogiste porque lo quisiste; lo escogiste porque lo amaste; lo escogiste por una predilección inaudita e inmerecida. Y porque lo escogiste lo santificaste: lo santificaste con tu celestial y santa presencia, con tus benignas y varias visitas, como santificaste las montañas de Judá con tu visita a Santa Isabel; lo santificaste, mandando erigir allí un Santuario y haciendo para él dulcísimas promesas; lo escogiste y santificaste, para que allí estuviera tu nombre, no sólo el nombre glorioso y bendito de María, Madre de Dios, sino el nombre querido de Guadalupe, la nacida entre las peñas, porque quiere nacer siempre por su amor y devoción en la dureza de nuestros corazones; la que ahuyenta a los que nos devoran, pues ahuyentó entonces a los demonios y a los ídolos, y ha seguido ahuyentando todos los males que devoran nuestro cuerpo, las pestes que devoran nuestra vida, las inundaciones que devoran nuestras ciudades, y los enemigos aún más terribles que se revuelven como leones rugientes pretendiendo devorarnos. Escogiste y santificaste ese lugar para que permanezca en él tu corazón de Reina clementísima, tu corazón que se inclina a perdonar a los reos, a acoger a los pecadores, a ayudar a los miserables, a socorrer a los pobres, a consolar a los afligidos, a auxiliar a los cristianos; tu corazón, que después del de Jesús, es el más tierno, el más benigno, el más compasivo y el más generoso de los corazones. Escogiste el lugar y lo santificaste, para que permanezcan allí, junto con tu corazón, también tus ojos. ¡Oh, ojos dulces de Paloma sin mancha! ¡Oh, ojos sencillos y puros que con sus miradas hicieron volar al Esposo, como dice el divino Cantar! ¡Oh, ojos dulcísimos y misericordiosos! ¿Conque aquí nos los dejaste, Madre mía? ¿Conque en tu imagen los tenemos, y misteriosamente bajos, no mirando como en Lourdes el azul de los cielos, sino inclinados a nuestro pobre suelo, para mirar y penetrar las necesidades y penas de tus hijos? ¡Oh, ojos de Madre y de Reina! Ojos de Madre para compadecernos, y ojos de Reina para ayudarnos; ojos de Madre para mirarnos con ternura inefable; y ojos de Reina para socorrernos con generosidad indecible! ¡Oh Madre mía de Guadalupe! Aquí cumples todos los días con nosotros lo que te piden tus hijos por toda la redondez de la tierra cuando te cantan: «vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos».  Vueltos los tienes. Señora, en tu imagen hacia nosotros, siempre mirándonos, amándonos y compadeciéndonos. Danos, Virgen Santísima, danos de nuevo ahora tu nombre, para que luchando contra los enemigos conservemos nuestra fe tan combatida; danos tu real corazón para que levante nuestra esperanza, haciéndonos confiar en tus larguezas; danos tus ojos dulces, hermosos, puros, compasivos y tiernos para que ellos nos enciendan, pues son antorchas de amor santo y divino, en las llamas de la caridad, a fin de que logremos amar ardientemente a Jesucristo, y después de este destierro, mostrándonoslo tú, gozarlo por los siglos de los siglos. Amén.
   
GOZOS GUADALUPANOS
  
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
   
Cuando me acuerdo, ¡oh Madre!
De tu visita,
Y que al suelo bajaste
Por darme vida,
De gratitud mi pecho
Luego se colma,
Pues serme, prometiste,
Madre amorosa.
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
    
Al dichoso Juan Diego
Le tengo envidia,
Pues como él no te escucho
Madre querida;
Pero miro tu imagen;
Y al contemplarla,
¡Es tan dulce y tan bella
Que arroba mi alma!
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
   
Tus ojos de paloma
A mí inclinados,
Me anuncian el remedio
De mis trabajos:
Pues misericordiosos
Son con tus hijos,
Ellos a Dios, airado,
Me harán propicio.
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
   
Mil veces en mis tristes
Y amargas penas,
En nadie hallo consuelo;
Tú me consuelas.
Sólo el verte me alivia,
Y vengo a verte,
Y salgo consolado
Siempre, sí, ¡siempre!
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
   
¡No sé qué hallo en tu imagen
Que me regala!
Fijo en ella mis ojos
Y veo tu cara,
Y hallo dulcedumbre
Que guardo dentro,
Y deseo aún más el verte
Y a verte vuelvo.
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
   
Juntas tus lindas manos
Orando al cielo,
Contigo a orar me invitan
Con tierno ruego;
Y tus plantas, posadas
Sobre el querube,
Me guían al cielo, ¡oh Virgen
De Guadalupe!
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
  
El sol, para vestirte,
Sus rayos manda.
Y la luna te sirve
De humilde peana,
Y el querubín alado,
Tu manto coge,
Y a tus plantas disfruta
De inmenso goce.
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
   
Las estrellas que ocupan
El vasto espacio,
Cual otro cielo adornan
Tu regio manto;
Haz que así tus virtudes
¡Oh dulce Reina!
Iluminen de mi alma
Las tres potencias.
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
   
Virgen de Guadalupe,
Reina y Señora,
Recibe de mi canto
La última estrofa;
¡Adiós, mi amada madre,
Dueña de mi alma,
Mi corazón te dejo,
Tenlo a tus plantas!
Virgen y Madre mía
De Guadalupe,
¡Deja que tus encantos
Mi alma disfrute!
    
ORACIÓN
Oh Dios, que habiéndonos colocado bajo el patrocinio singular de la beatísima Virgen María, nos has querido colmar de continuos beneficios, concede a los que humildemente te suplicamos, que los que hoy nos regocijamos en la tierra con su memoria, algún día nos gocemos con su presencia allá en los cielos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO - 4 DE DICIEMBRE
Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO
¡Oh amada Madre mía de Guadalupe! en cuya boca pone la Santa Iglesia estas palabras: «Yo hice en los cielos que naciera la luz indeficiente, y como niebla, cubrí la tierra toda»; tú, como Madre del Verbo encarnado, luz de luz, y verdadero Dios de Dios verdadero, fuiste quien le hiciste nacer en el tiempo, para que viniese a alumbrar, como anunció Zacarías, a los que están sentados en las tinieblas y en la sombra de la muerte; el oficio de la aurora que hace lucir el sol para el mundo, lo hiciste, Virgen Santa, de un modo especial para con nosotros, cuando te dignaste aparecer en nuestro suelo, y venir a ser la aurora del sol de la Fe, naciente entonces entre pueblos idólatras y ciegos. Tú alumbraste a los unos para que no desconociesen en los pequeñuelos la dignidad humana; tú ablandaste a éstos para que gozosos aceptasen el yugo suave de la Fe y de la Ley divina; tú diste esfuerzo a los hombres apostólicos para proteger a la pequeña grey, y unción a su palabra para introducir la Fe en los corazones; tú, al mismo tiempo, hiciste nacer en estos tus hijos la indeficiente luz del Evangelio, y como niebla, pura y refrescante, los protegiste del ardor de las persecuciones y de la furia de sus enemigos. ¡Bendita seas, Señora y Madre mía, por tan grande dignación! ¡Alabada seas por tanta bondad y misericordia! Mas ahora vengo a suplicarte que te dignes continuar los mismos soberanos oficios con nosotros: la luz de la Fe se ha obscurecido con millares de errores que por todas partes circulan; la claridad del Evangelio se ha ofuscado con las perversas máximas que se proclaman y se practican; el ardor de la persecución (más que nunca obstinada), vuelve a fatigar y a entristecer a los fieles. Haz de nuevo que luzca más pura la luz de la Fe, para que se afirme en los corazones que esté debilitada, y alumbre a los que no la han visto o la tienen perdida. Refrigéranos con tu sombra bienhechora, para que el sol de la adversidad no nos haga sucumbir en la lucha, que sostenemos con todos los elementos de corrupción que nos rodean. Afírmate en la montaña de Sion, y ten tu descanso en la ciudad santificada por tu elección y tu presencia; desplega en Jerusalén tu poder de excelsa Reina, y extiende más y más las raíces de tu amor y devoción en este pueblo que tanto has honrado con tu visita, y a quien has dejado por heredad tu imagen tan querida. Y pues en la plenitud de los santos está tu perpetua morada, y pues donde está la madre morar deben los hijos, trasládanos desde las tinieblas del destierro, a las felices mansiones de la Luz increada. Amén.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 5 DE DICIEMBRE
Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
   
ORACIÓN PARA EL DÍA TERCERO
Enséñame, Señora y Madre mía de Guadalupe, ¿por qué te comparas con el cedro del Líbano, con el ciprés del monte Sion, con la palma de Cades, y con la rosa de Jericó? ¿Por qué te llamas la hermosa Oliva en medio de los campos, y te muestras levantada como el plátano junto a las aguas y en medio de las plazas? ¡Ah! ¡Es porque las más lindas producciones de la naturaleza son figuras, aunque débiles, de tu inefable hermosura, y símbolo de tus grandezas, y cifra de tus virtudes! Tú eres el cedro de altura inexplicable, porque así como el cedro se eleva mucho más que los otros árboles, así tú estás elevada sobre todos los santos, y como en tu Asunción la Iglesia canta sobre los mismos coros de los ángeles; eres tú, cedro, Madre mía, por la rectitud de tu conducta y de tu intención y de tu alma; pues el cedro es derecho y levantado; eres cedro por la solidez de tu fe, que firme y constante estuvo en los días de la pasión y de tu llanto; cedro eres tú, Virgen María, por la incorrupción de tu alma sin pecado, y la de tu cuerpo en el sepulcro y en el cielo; cedro eres en el Líbano del Tepeyac, por la incorrupción del frágil lienzo y la duración prodigiosa de tu imagen. Como el ciprés del monte Sion, eres, Señora, porque recta te elevas hacia el cielo, en lo alto de nuestras montañas; porque tu verdor nunca se marchita, ni tu poder se amengua, ni tu bondad se acaba; porque eres la hermosura del jardín de la Iglesia, y a todos nos encaminas a lo alto de la gloria, como el ciprés apunta siempre al cielo con su punta. Palma eres de Cades, Virgen de Guadalupe, porque en un monte, antes desierto, como palma apareciste, suave, hermosa, excelsa, y de rayos coronada como la palma de sus hojas; palma de duración perpetua, porque perpetuamente nos acompañas y estás en medio de nosotros; palma, porque ella es emblema de triunfo, y por ti triunfamos del error y la mentira; palma que levantada al cielo deja colear sus frutos a la tierra, como tú, Reina y Señora de los Ángeles, nos ofreces aquí tus beneficios y mercedes; y palma también, porque en el tejido de la fibra de la palma, nos dejaste tu imagen soberana. Tú eres la rosa y plantación de rosas en Jericó, porque eres Virgen y plantación de vírgenes en la Iglesia. Rosa eres porque eres Reina de los santos, como la rosa es reina de las flores; rosa, porque embalsamas las almas con tu aroma, como la rosa embalsama con el suyo los jardines; rosa de resplandeciente blancura por tu inocencia, y de purpurinos matices por tus dolores; rosa mística aclamada por los fieles del mundo entero, y rosa del Tepeyac, al cual adornas con tu hermosura, y embalsamas con tu olor, y engrandeces con tu atractivo; rosa a cuyo imperio brotaron otras rosas en medio del invierno para pintar tu imagen y testificar tu presencia. Tú eres la hermosa oliva en medio de los campos, que derramas por todas partes suaves frutos de misericordia y de consuelo, produciendo el óleo que ilumínalas mentes y nutre las almas, y cura las llagas y dolencias; tú has sido levantada como el plátano que regado con el agua de las gracias más copiosas, alegra con su vista, y recrea con su frescura, y refresca con su sombra, y vigoriza con sus frutos. ¡Oh Madre y Reina mía! Sé tú para mi corazón el cedro que me comunique la incorrupción de la castidad; el ciprés que me guíe al cielo rectamente; la palma que me haga alcanzar el triunfo sobre mis pasiones, y la rosa que me encienda en el amor a mi Dios y a mis hermanos. Sé tú, ¡oh Virgen de Guadalupe!, la oliva que me alcance la misericordia del Señor en esta vida, y el árbol frondoso que me haga gozar del fruto de vida eterna, en el dulcísimo Jesús, fruto bendito de tu vientre. Así sea.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA CUARTO - 6 DE DICIEMBRE
Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
   
ORACIÓN PARA EL DÍA CUARTO
¡Virgen de Guadalupe! Cuán grande te contemplo en las prerrogativas y excelencias que el Señor te concedió, y por las cuales eres comparada con los árboles más bellos y elevados, con el cedro y el ciprés, y con la palma y con el plátano; pero no menos me admiran y me aprovechan tus humildes y profundas virtudes, significadas por arbustos pequeños, pero preciosos para el hombre por los frutos y provechos que le traen; por eso dices con la Iglesia de ti misma: «Como el cinamomo y el bálsamo que produce aromas, he exhalado yo olor; como la mirra escogida, suave perfume derramé», y te comparas luego con varias especies aromáticas, y terminas asegurando que tu olor es el del bálsamo puro y no mezclado, y que con incienso no cortado aromaste tu habitación. Mas ¿por qué tantos modos de aromas y de olores? ¿Por qué tantas especies curativas y estimadas? Porque todas las virtudes, juntas y mezcladas en tu corazón nobilísimo, embalsaman al Cielo y a la tierra, y a los Ángeles y a los hombres; porque como el cinamomo o la canela, que se mezcla a las viandas para hacerlas olorosas y delicadas, tus virtudes, y tu culto, y tu nombre y tu imagen se mezclan entre todos los fieles de todas las edades, para hermosear y alentar nuestra vida; y como el bálsamo, originario de la Judea, a todas partes ha sido transportado para aprovechar su precio y sus virtudes, así tú, de la Judea has sido llevada por todo el Universo, y como bálsamo que derrama salud y suave olor, veniste a establecerte en medio de nosotros. ¡Oh, y cuántas almas has embalsamado aquí con el aroma de tus virtudes! ¡Cuántas has atraído con la suavidad de tu conversación y de tu trato! ¡Cuántas y cuántas has curado con el bálsamo del consuelo, calmando aquí sus penas, aliviando sus dolencias y sanando las llagas que las propias pasiones, a las ingratas criaturas habían abierto y enconado! Es cierto que a veces los remedios habrán sido amargos, y las curaciones dolorosas, porque también eres mirra escogida, que en el monte de la mirra, es decir, en el Calvario, tomaste parte en las amarguras de la Pasión; pero en tus inefables dolores, cobraste virtud para curar todas las penas de tus hijos, o para quitar al menos lo amargo de sus sufrimientos, dejando para ti la mirra de la Cruz, y siendo allí mismo, y por ella, la suavidad de olor para calmar las ajenas amarguras. Así, oh Madre, tú eres para tus devotos, el bálsamo de la misericordia, no mezclado con nada acre ni nada amargo; el bálsamo no mezclado con la hiel de la ira, que unge los corazones y les proporciona el perdón y la salud. Y esto hace decir a tu devotísimo siervo San Buenaventura, que «el olor de María, fue como la canela en la corteza de la conversación; como bálsamo interiormente en la unción de su devoción; como mirra en el amargor del castigo; que fue su olor, el de la canela en sus santas acciones; el del bálsamo en su suavísima contemplación, y el de la mirra durante la amarguísima Pasión». Derrama, pues, estos preciosos aromas desde tu imagen embalsamada, Virgen de Guadalupe; cura aquí nuestras llagas con el bálsamo de tus piedades, mezcla en nuestras acciones la canela de tus preciosos ejemplos, para que suban a Dios, como en otro tiempo el sacrificio de Noé, en olor de suavidad; aplícanos, si preciso es, aun la mirra amarga de los castigos, que tú tornarás dulces, como son los de una madre; llena tu santuario, que es aquí tu habitación, con el vapor odorífero de tus virtudes y atractivos, como incienso no cortado, sino del árbol producido, porque tú misma eres una fuente de amor y de misericordia, que bondadosamente los comunicas a tus hijos. Y así llegaré a verte, Madre mía amabilísima, planta aromática del Cielo, y a aspirar tus suavísimos perfumes, y a gozar tus dulcísimos frutos, por los siglos sin fin. Amén.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA QUINTO - 7 DE DICIEMBRE
Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
   
ORACIÓN PARA EL DÍA QUINTO
Cuánto anhela mi alma la dicha y la alegría, ¡oh mi querida Madre, María de Guadalupe! ¡Con qué sed insaciable, con qué especie de ávida codicia va pasando de criatura en criatura, como de flor en flor, o mejor, de miseria en miseria, tratando de encontrar lo que en sus ansias busca, y de hartarse de los goces que a veces proporcionan! Busca en ellas la dulzura de la miel y del panal, y llega pronto a cobrar una saciedad fastidiosa que le enferma y debilita. ¿Dónde está, pregunta ella angustiada, dónde está lo que busco día por día, y no encuentro sino engaño y horror? ¿Dónde se hallan la paz y la dicha, y la esperanza y la vida? Y una voz dulcísima, tierna y delicada, viniendo de lo alto, responde así: «Yo, como el terebinto, he extendido mis ramas, y mis ramas son de honor y de gracia. Yo, como la vid, he fructificado suavidad de olor, y mis flores son finitos de honor y probidad.... Pasad a mí los que me codiciáis, y seréis llenados con mis producciones. Porque mi espíritu más que la miel, es dulce, y mi heredad sobre la miel y el panal. Los que me comen, aún tendrán hambre, y los que me beben, aún tendrán sed. El que me escucha no será confundido». ¡Gracias, gracias mil, Madre mía! ¡He oído tu voz, y he sido iluminado; he escuchado tus palabras, y he quedado consolado! Tus frutos son de honor y de gracia, cuando los de las criaturas son de vergüenza y de miseria. Tú tienes como el terebinto ramas verdes y frondosas para cobijarme con tu sombra, y defenderme del sol de las persecuciones; tú tienes como la vid, olor de suavidad para confortarme, y flores de virtudes que son frutos del Espíritu Santo, honorables y santos; a ti me invitas a pasar dejando la vanidad de las criaturas y codiciando la verdadera dicha, que, después del Señor, en ti se encuentra; tú nos prometes llenarnos, cuando en el mundo nada nos llena y satisface; y no llenarnos de ti misma, sino de tus generaciones, es decir, de Jesús tu divino Hijo, que siendo uno solo, vale por mil mundos; tú, a los que el mundo llena de amarguras, nos participas de tu espíritu más dulce que la miel de los panales, y a los que las criaturas llenan de fastidiosa saciedad, nos ofreces en ti misma un manjar que mientras más se come, causa más hambre, y un licor que causa más sed mientras más de él se bebe. La voz del mundo y del demonio, es mentirosa e inquietante, y quien la escucha y la sigue padecerá la eterna confusión; pero tú nos adviertes que el que a ti escucha, jamás será confundido, y que el que por ti, y en ti trabaja, no ensuciará su alma con el pecado, como los que trabajan en las miserables criaturas, antes los que te ilustran, cantando tus alabanzas y publicando tus glorias, y pregonando tus finezas, obtendrán la vida eterna. ¡Hoy vengo, pues, a ti, María de Guadalupe, y paso a ti, aceptando con toda mi alma tu gracioso convite! ¡Aquí vengo a huir de los tormentos de la tierra, cobijándome bajo las ramas del terebinto de los cielos; vengo a gozar del olor de la viña y a recrearme con sus frutos y sus flores; vengo a ser llenado del néctar de tu amor y de las generaciones de las virtudes de tu alma, y del fruto bendito de tu seno vengo a saciarme de ti, para no tener más amor a las terrenas bellezas, ni más hambre de sus halagos, ni más sed de agradarles! ¿Qué otra belleza puedo desear sino la belleza de mi Madre que me ama, de mi Madre que es Reina y soberana, de mi Madre que es el encanto de los Cielos y de la tierra, y nos deja su imagen para mirarla, y en ella recrearnos, y con ella alegrarnos y consolarnos mientras la vemos a Ella misma en el cielo? ¡Madre, Madre! Amarte quiero, venerarte, alabarte e ilustrarte aquí en la vida presente, mientras en mí cumples tu gloriosa promesa: «Los que me ilustran, obtendrán la vida eterna». Amén.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 8 DE DICIEMBRE
Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA SEXTO
Cuando fuiste a visitar a Santa Isabel a las montañas, ¡oh amada Madre mía!, dos cosas la llenaban de admiración y de pasmo, y la hacían prorrumpir en grandes alabanzas: la una era tu persona que a su casa llegaba, y que conociéndote con la luz de la Fe, y la dignidad a que habías sido sublimada, exclamaba en el trasporte de su gratitud y de su amor: «¿De dónde esto a mí, que venga la Madre de mi Señor á mí?». ¿De dónde viene tan gran bondad? ¿De dónde dimana tanta dignación que a mí, pobre mujer, perdida entre estas montañas, venga, subiendo por ellas y arrostrando su aspereza, nada menos que la Madre del Señor, la que lleva a todo un Dios en su seno, a visitarme? Admiraban también a la Santa, los prodigiosos efectos de tu habla virginal. «Desde que sonó tu voz en mis oídos saltó de gozo el infante en mis entrañas», porque tu voz, ¡oh Madre mía! formada en aquella garganta, y salida de aquel pecho, donde la Divinidad habitaba, no podía menos de.ser una voz saludable, difusiva de la gracia y expulsiva del pecado, y así fuiste por ella el instrumento de la santificación del Bautista, el mayor nacido entre los hombres. Mas ¡oh, y con cuánta razón nos recuerda la Iglesia en tu fiesta, este misterio, Virgen de Guadalupe! Porque si tú subiste, en vida mortal, de Nazaret a los montes a visitar una santa mujer, ahora, gloriosa en el Cielo, bajas de allí a otra montaña afortunada a visitar a tus humildes hijos; entonces llevabas a Jesús en tu purísimo seno, para que alumbrase al niño Juan, sacándolo de las tinieblas del pecado de origen; ahora vienes a hablar con otro Juan, de infantil sencillez; para hacerle promesas grandiosas, y por su medio y en tu imagen, traer a Jesucristo, por la Fe, para aquellos pueblos idólatras; entonces tu voz maternal colmó al infante de alegría y a su madre de espíritu profético; ahora, tu voz alegra al otro Juan, y le encanta hasta creerse al paraíso trasportado, y acarrea al pueblo la gracia de la Fe con el Bautismo; entonces, habitaste por tres meses en aquella casa, llenándola de paz y bendiciones, ahora te quedaste en tu imagen maravillosa, habitando por siglos en medio de nosotros, y pidiendo un templo en el sitio cercano a la ciudad, para tener tu casa no lejos de tus hijos, y vivir próxima a ellos, y asistir en medio de ellos, y estar siempre vigilante desde esa atalaya de amor maternal, y permanecer dispuesta siempre a recibirlos, a oir la relación de sus enfermedades y trabajos, a consolarlos en sus penas, y a bendecirlos en sus empresas y tareas. ¡Bendita seas, pues, Madre mía, por tu bondadosa visita: bendita por tu permanencia en nuestro suelo; bendita porque quisiste dejarnos tu peregrina imagen que tanto nos alegra y nos consuela! Como Santa Isabel aquí clamamos: ¿de dónde a nosotros tanta dicha que la Madre de Dios haya venido a nosotros? ¿De dónde tal favor? ¿De dónde tanta dignación? ¿De dónde ha de ser sino del amor de madre para con tus hijos, de la misericordia y la clemencia que en tu corazón tienen su asiento? Ayúdanos, Señora, a meditar estas finezas, a agradecer estas mercedes, y a corresponder estos favores, para que un día merezcamos ir a cantarlos eternamente en el Cielo. Amén.
 
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 9 DE DICIEMBRE
.Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
   
ORACIÓN PARA EL DÍA SÉPTIMO
«¿Quién es ésta que se adelanta como el sol, hermosa como la ciudad de Jerusalén?». Eres tú, Madre mía, que vienes a nuestro suelo, como el sol, porque contigo y por ti nos vino la luz de la Fe, y el conocimiento de Jesucristo, verdadero sol de justicia; eres tú que en la mañana de nuestra conversión del gentilismo, vienes como un sol a desbaratar las tinieblas de la idolatría, y a poner en fuga las fieras infernales, y a derramar la luz de la gracia y las virtudes, donde antes y por tantos siglos había reinado la noche de la idolatría, con sus crueldades y sus vicios; eres tú que reúnes en ti sola la hermosura de toda la celeste Jerusalén, porque tienes la elevación de los Ángeles, con el celo de los Apóstoles, la fortaleza de los Mártires, el fervor de los Confesores, con la cándída pureza de las Vírgenes; eres tú la más perfecta imitadora de Jesucristo, y la Reina de todos los Ángeles y los Santos. «Miráronte las hijas de Sion adornada con las flores de la primavera, y felicísima te aclamaron». Te miró Juan Diego, y se llenó de gozo: te miró el Prelado, rodeada de las rosas milagrosas, y lleno de lágrimas se prosternó ante ti para venerarte; te miraron cuantos allí estaban, y ensalzaron tu bondad, y confesaron tus misericordias; te vieron las hijas de Sion, las almas cristianas que en esos días te contemplaban, y no cesaban de alabarte y bendecirte, te han visto durante tres siglos las generaciones y ante tu imagen te han proclamado millares de voces bienaventurada, como en tu cántico anunciaste. «Flores aparecieron en nuestra tierra, y por ello te alabamos, Santa Madre de Dios». Flores hermosísimas, y de variadas formas; flores de diversos matices, y de gratos olores; flores frescas y lozanas con las gotas de rocío reluciendo en sus hojas, porque tú eres la mística rosa, que en tu seno llevaste al Rocío de los cielos; flores que atestiguaron tu fineza, y que pintaron tu imagen y que nacieron a tu soplo en un terreno estéril y en el helado invierno. ¿Cómo no alabarte por ello, Santa Madre de Dios, cuando esas flores son emblema de las virtudes que con tu mirada haces nacer en la dureza de nuestros corazones? Sí, Reina y Señora mía, haz germinar en mi alma los blancos lirios de la pureza; adórnala con los nardos aromáticos de los buenos ejemplos, enriquécela con las azucenas de la castidad, y con las violetas de la penitencia; pero sobre todo, embellecela con las flores que más allí se vieron: con las rosas de la caridad para con Dios y mis hermanos, para que presentándome aquí en tu santuario como una tierra desierta, sin camino y sin agua, a fin de ver tu virtud y tu gloria, aparezcan en mi las flores, como en otro tiempo en el estéril Tepeyac, y mis labios prorrumpan en alabanzas de la Madre de Dios, que tales maravillas obra con su poder, y tales favores concede por su misericordia. Y te cantaremos un cántico nuevo, porque cada día nos das nuevas pruebas del amor que nos tienes, y de la generosidad con que nos auxilias; y anunciaremos tu gloria entre las gentes; entre esas gentes que ignoran a Dios y no conocen sus beneficios, ni adoran su Providencia; entre esas gentes que a ti no te conocen, ni gozan de las dulzuras de su Madre, ni calman sus pesares a tus plantas. ¡Virgen de Guadalupe! ¡Ten compasión de tantas almas extraviadas! ¡Ten compasión de todos tus hijos! ¡Ten compasión de mí que te amo y te venero! Amén.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA OCTAVO - 10 DE DICIEMBRE
Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
   
ORACIÓN PARA EL DÍA OCTAVO
«Como el arco refulgente entre nubes de gloria; como flor de rosales en días de primavera», así, ¡oh Virgen de Guadalupe!, apareciste en otro tiempo al dichoso Juan, que entre los resplandores del iris te miraba, y escuchaba cantares de inaudita melodía, y ante la Flor de aquel campo, respiraba los más suaves periumes. Como Juan, el discípulo amado, te miraba en proféticas visiones, allá en una isla solitaria, contemplando «una gran señal, una mujer vestida del sol, y la luna bajo de sus plantas, y en su cabeza una corona de doce estrellas», asi Juan Diego, el neófito de ti amado, te mira en el monte silencioso, no ya en visión, sino con los ojos del cuerpo, y te encuentra rodeada de los rayos del sol y de los vivos colores del iris y con la luna a tus pies, y con muchedumbre de estrellas que bordan tu regio manto. Mas si aquella misteriosa mujer no hablaba, sino sólo exhalaba dolorosos gemidos, tú, Señora, hablas manifestando tus voluntades, y pidiendo servicios que recompensarás como Reina; si a aquella mujer se le dieron alas para volar y retirarse al desierto, tú aquí, aunque volaste al Cielo de donde habías salido a visitarnos, eliges un nuevo desierto para morar en tu imagen y convertirlo, con sólo ello, en jardín delicioso. Mas si levantas tus ojos y al derredor con ellos miras, se te mostrarán los pueblos enteros que reunidos en piadosas congregaciones, y partiendo a veces, desde los puntos más lejanos, vienen a buscar aquí, no los curiosos espectáculos ni los grandiosos monumentos, ni las riquezas y pompas de las ciudades, sino sólo y únicamente a ti, que eres su Madre; tú eres la ciudad de Dios a la que se encaminan: tu imagen, el dulce espectáculo que los arrastra; tu templo y tu santuario, los piadosos monumentos que contemplan; tu culto y tus altares, las riquezas y las pompas que los maravillan; «todos ellos se han congregado y vinieron tan sólo para ti»; son hijos tuyos venidos desde lejos, o hijas tuyas a ti consagradas, y que morando en ti y contigo, no hacen más que salir como de tu lado para venir a visitarte. Y cuando llenos de gozo llegan a tus plantas, cuando cansados y fatigados descansan delante de tu altar y a la sombra de tu santuario, no encontrando palabras bastantes para alabarte y bendecirte, toman aquellas que la Iglesia les enseña, y que en otro tiempo se dirigían á la heroica Judith, figura tuya. ¡Oh Señora, Señora y Madre mía, Virgen de Guadalupe, encanto de mi alma! «Tú eres la gloria de Jerusalén», porque no tenemos en nuestras ciudades cosa más gloriosa y más excelsa que tú; «tú eres la alegría de Israel», porque todo el pueblo de Dios no tiene mayor alegría que en visitarte, y amarte e invocarte; «tú eres la honra soberana de tu pueblo», porque como no hay mayor honra que el ser hijos de Dios, la mayor, después de ella, es tenerte por Madre, y guardiana, y Protectora, y Patrona de nuestro pueblo, nombrada por los representantes más augustos de tu Hijo sobre la tierra. «Oh Santa Madre, libre de toda mancha, escogida por Aquél que rompió los vínculos de la muerte, haz, clementísima Virgen, que tus hijos que con tanto gozo celebran tus fiestas se alegren con la verdadera luz de la santa Fe, que te pedimos te dignes con tus suplicas aumentarla en nosotros, así como afirmar nuestra esperanza y robustecer la caridad en nuestras almas; tú que eres nuestra esperanza, aparta de nosotros los azotes de la divina justicia; las guerras, la peste, el hambre y los temblores. Consuela a los presos y necesitados que gimen por su suerte, realiza los deseos de tus hijos y sana a los enfermos. Alegra nuestros días con la tranquilidad y la paz, apacigua las enemistades, y aplaca a los perversos que maquinan siempre males. ¡Oh María, Madre piadosísima! ampáranos benigna, para que después de los trabajos del destierro, vayamos a reinar y alabar eternamente a tu Hijo divino». Amén.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA NOVENO - 11 DE DICIEMBRE
Por la Señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y las cinco Avemarías.
     
ORACIÓN PARA EL DÍA NOVENO
«No hizo cosa igual con ninguna otra nación», dijo el Sumo Pontífice Benedicto XIV al ver tu hermosa imagen, Virgen de Guadalupe, y esta palabra nos indica al mismo tiempo la grandeza de tus mercedes y la obligación de nuestro agradecimiento. Con ninguna otra nación te has mostrado Reina tan clemente, Soberana tan amable, Madre tan tierna; a ninguna has visitado en su cuna con visitas tan prodigiosas, con fines tan altos y con prendas perpetuas de tu amor y protección; a ninguna le has dejado una imagen tuva pintada por los Ángeles, estampada en el manto de uno de sus hijos, con tan peregrina hermosura, con tan vivos colores y con tan admirable duración. Pero si en ninguna nación has hecho tan grandes favores, ¿de cual esperarías mayor agradecimiento, mas señales de amor y culto más reverente? Es cierto que las generaciones han pasado amándote y bendiciéndote, que los Prelados han tratado siempre de aumentar el esplendor de tu culto, y que los gobernantes han venido al pie de tu imagen a recoger con las insignias del mando, el acierto y la prudencia en el ejercicio de sus cargos, es cierto que tu santuario se ha ido renovando cada vez con más magnificencia, y que una rica corona te está preparada para mostrar cuanto el culto tiene de más grande en ensalzar las imágenes y hacerlas más venerables. Todo esto es cierto, Virgen de Guadalupe, pero ¿qué vale todo ello ante la grandeza de tus favores? ¿Qué proporción entre los homenajes de un culto que en todas partes te es debido, con los particularísimos beneficios que no se han concedido a ninguna otra nación? ¿Cómo podremos pues, oh Madre, mostrarte nuestro reconocimiento? ¿Qué te diremos, o qué nuevas palabras encontraremos para manifestarte nuestro amor y gratitud? ¡Bendita seas, Hija predilecta del Padre, Madre verdadera del Hijo, Esposa escogida del Divino Espíritu! ¡Bendita seas, Madre de los hombres, a quienes por hijos te dio Jesucristo en el Calvario! ¡Bendita seas, porque has mostrado con nosotros entrañas de verdadera Madre, no haciendo con ninguna otra nación tan singulares finezas! «Yo soy la verdadera Madre de Dios»; dijiste al neófito sencillo en tu visita; y amorosa habiéndolele das el tierno nombre de hijo, y aun de hijo pequeñuelo, y tierno, y muy querido; y amorosa, habiéndole, le indicas que conviene que él, pobre y humilde, y no otro alguno, sea tu mensajero y tu ministro en la grande fineza que quieres mostrarnos; y amorosa, habiéndole, le prometes que recompensarás su obediencia ¡como si el servirte a ti, Reina del cielo, no fuese la más dulce delicia, y la mejor de las recompensas! Amorosa, habiéndole, le dices que has sanado a su enfermo, obrando en su favor tan misericordiosa maravilla, y amorosamente habiéndole, le prometes que en el templo que se levante, te mostrarás Madre amorosa y tierna de cuantos te invocaren. ¡Oh, y cuán perfectamente has cumplido en tantos años tu promesa, Virgen de Guadalupe! Aquí has enjugado millares de veces nuestras lágrimas; aquí has aclarado nuestras dudas; aquí has despertado o afirmado sacerdotales o religiosas vocaciones, y bendecido y hecho felices cristianos matrimonios; aquí has remediado males sin medida, angustias privadas que oprimían los corazones, y públicas calamidades que agobiaban a los pueblos; aquí has seguido siempre amorosamente hablando a todos tus hijos; amorosa hablando a los justos para que no se desvíen, diciéndoles suavemente en lo más hondo de su alma: «Yo soy la madre del hermoso amor, y del temor y del conocimiento y de la santa esperanza. En mí hallaréis toda gracia para continuar en el camino de la verdad, en mí toda esperanza de vivir la vida de las virtudes», amorosa hablando a los pecadores, exhortándolos a llegar a ti, y a llenarse de los frutos que produces, y de los sentimientos de contrición que despiertas, y de las virtudes que comunicas: amorosa hablando a las almas afligidas, invitándolas a participar de tu espíritu, más dulce que la miel, y de tu herencia más regalada que el panal; amorosa hablando a las almas tibias y olvidadas, recordándoles que tu memoria vive en el pueblo cristiano por las generaciones de los siglos. ¡Yo también quisiera ahora amorosamente hablarte, Madre de Dios, y guarda de las Vírgenes, Puerta del celestial palacio, nuestra esperanza en la tierra, y en el cielo gozo; con filial amor quisiera ahora hablarte, Paloma de inmortal belleza que moras entre plantíos de azucenas; vara que germinas desde la raíz, la medicina de nuestras llagas; torre cerrada siempre y vedada al infernal dragón; estrella amiga de los navegantes que se hallan en peligro de naufragio! ¡Protégenos, oh Madre en las decepciones de la tierra que amargan tanto nuestra vida! Faro luciente del Tepeyac, dirígenos con los rayos de tu luz argentada; disipa las tinieblas de tantos errores, líbranos de los peligrosos escollos y muéstranos una segura vía, entre las tempestuosas olas del mar de este mundo. Y a mí, tu pobre siervo, que tanto te amo, alcánzame del Señor la gracia especial que te he pedido en estos días, si a mi alma no fuere dañosa, ni estorbare la gloria de mi Dios y Señor. ¡Bendita seas, Reina y Señora mía! ¡Bendita seas, Virgen de Guadalupe! Te dejo mi corazón, te entrego mi alma, para que a Dios la lleves; ¡bendíceme en mi vida, bendíceme en mi muerte! Amén.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.