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jueves, 13 de agosto de 2026

ORACIONES EN TERREMOTO: HISTORIA Y ACTUALIDAD


En menos de dos meses, hemos visto que han ocurrido fuertes terremotos en Venezuela (24 de Junio) y Colombia (10 de Agosto), que han dejado en total miles de muertos, heridos y muchas edificaciones destruidas o severamente dañadas.
  
Si bien es imprudente establecer un nexo casual unívoco entre un terremoto específico y un pecado específico y una afrenta a la justicia asociar los pecados de unos con los castigos de otros, esto no significa que no haya relación entre los desastres naturales y la condición pecaminosa de la humanidad después de la caída de Adán y Eva, ni que Dios no intervenga en el mundo que Él creó (de otro modo, ¿para qué entonces la noción de la Providencia?, o ¿para qué rezar?).

Podríamos citar en este sentido a todos los Papas antiguos hasta Pío XII inclusive, y no pocos santos (cf. las palabras de San Aníbal María de Francia en la predicción del terremoto de Messina, o los Avisos de la Providencia de San Alfonso María de Ligorio). Pero vamos a centrarnos en las oraciones en prevención o en ocasión de terremoto, sin mayores comentarios en ellas, recordando que la ley de oración sigue la ley de la creencia: «obsecratiónum quóque sacerdotálium sacraménta respiciámus, quæ ab Apóstolis trádita, in toto mundo átque in omni cathólica Ecclésia unifórmiter celebrántur, ut legem credéndi lex státuat supplicándi [consideremos también las fórmulas sagradas de las oraciones sacerdotales, que, transmitidas por los Apóstoles, se recitan uniformemente en todo el mundo y en toda la Iglesia Católica, de modo que la norma de la oración establece la norma de la fe]» (San Próspero de Aquitania, De la gracia de Dios y el libre arbitrio contra el Colador. En Migne, Patrologia Latina, vol. 51, cols. 209–210).
  
Además de la invocación «A flagéllo terræmótus» en la Letanía de los Santos, en la liturgia constan varias oraciones donde se alude a los terremotos y se implora la protección divina, al tiempo que se reconoce que estos son signos de su indignación.
  
En la reconstrucción del Nocturno (Maitines) en el Oficio monacal hispánico por dom Jorge Pinell y Pons OSB (“Las horas vigiliares del Oficio monacal hispánico”. En Litúrgica, n.º 3. Abadía de Montserrat 1966, pág. 311), basándose en el Códice Regio de la Universidad de Salamanca, el Códice Compostelano y el Códice Londinense, el segundo responsorio para los sábados es el siguiente:
℟. Qui réspicis in terram, et facis eam trémere, * miserére nobis, Dómine [Tú que miras la tierra, y la haces temblar, * Ten piedad de nosotros, Señor].
℣. Ad te levámus óculos nostros, qui hábitas in cœlis [A Ti, que habitas en los Cielos, levantamos nuestros ojos] (Solo en el Códice Londinense).
℣. Peccávimus cum pátribus nostris, injúste égimus, iniquitátes fécimus. P. Miserére nobis, Dómine [Pecamos como nuestros padres, procedimos injustamente, cometimos iniquidad. Ten piedad de nosotros, Señor].
La primera antífona, inspirada en el salmo 103, 2, aparece en la letanía de San Martín en el Misal Stowe.

En el antifonario de la abadía de Nonantola, y como parte de la letanía en el día segundo de las Rogativas menores en el rito de Lyon (en Edmundo Martène OSB, De antiquis Ecclesiae Ritibus, tomo III. Venecia, imprenta de Juan Bautista Bonelli 1783, pág. 188) y en la letanía después de la hora tercia en el Breviario Ambrosiano, consta la siguiente antífona: «Propter peccáta nostra, Deus, commovísti terram et conturbásti eam. Sana, Dómine, contritiónes ejus, quóniam motus est» (Por nuestros pecados, oh Dios, conmoviste la tierra y la llenaste de turbación. Sana, Señor, sus heridas, porque se ha movido).

Luego de la secuencia sísmica que asoló los Apeninos entre el 14 de Enero y el 2 de Febrero de 1703, el Papa Clemente XI aprobó estas oraciones votivas para la Misa durante los tiempos de terremotos:
  • ORATIO
    Omnípotens sempitérne Deus, qui réspicis terram, et facis eam trémere: parce metuéntibus, propitiáre supplícibus; ut cujus iram terræ fundaménta concutiéntem expávimus, cleméntiam contritiónes ejus sanántem júgiter sentiámus. Per Dominum (Omnipotente y sempiterno Dios, que miras la tierra y la haces temblar, perdona a cuantos Te temen, atiende nuestra súplica y, después de haber temido tu enojo que sacude los cimientos de la tierra, podamos luego experimentar tu clemencia que repara las ruinas. Por Jesucristo nuestro Señor).
  • SECRETA
    Deus, qui fundásti terram super stabilitátem suam, súscipe oblatiónes et preces pópuli tui: ac treméntis terræ perículis pénitus amótis, divínæ tuæ iracúndiæ terróres, in humánæ salútis remédia convérte; ut, qui de terra sunt, et in terram reverténtur, gáudeant se fíeri sancta conversatióne cœléstes. Per Dóminum. (Oh Dios, que fundaste la tierra sobre sus cimientos, recibe las oblaciones y súplicas de tu pueblo, y una vez alejados todos los peligros de este temblor de tierra, convierte los terrores de tu divina ira en remedios de humana salvación, para que quienes fueron hechos de la tierra y a ella han de volver puedan regocijarse por tu preservación y se hagan ciudadanos del Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor).
  • POSTCOMMUNIO
    Tuére nos, Dómine, quǽsumus, tua sancta suméntes: et terram, quam vídimus nostris iniquitátibus treméntem, supérno múnere firma: ut mortálium corda cognóscant, et te indignánte tália flagélla prodíre munéribus: et te miseránte cessáre. Per Dóminum. (Suplicámoste, ¡oh Señor!, que protejas a cuantos hemos recibido tus Sacramentos, y por tu celestial don afirma la tierra que hemos visto temblar por nuestras iniquidades, para que los corazones de los mortales sepan que tales azotes vienen cuando eres ofendido, y cesan por tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor).
  
Y finalmente, mediante decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de fecha 13 de Febrero de 1924, el Papa Pío XI aprobó la fórmula de bendición de equipo sismógrafo, y ordenó incluirla en el Apéndice del Ritual Romano:

Benedictio Seismograph
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cœlum et terram.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
  
Orémus.
 
ORATIO
Omnípotens sempitérne Deus, qui réspicis terram et facis eam trémere, hoc seismógraphon tua bene ✠  dictióne perfúnde: et præsta, ut signa terræ treméntis in ipso congruénter adnoténtur, et ad utilitátem plebis tuæ átque ad majórem tui nóminis glóriam promovéndam recte intelligántur. Per Christum Dóminum nostrum [Omnipotente y sempiterno Dios, que miras la tierra y la haces temblar, derrama tu bendición sobre este sismógrafo, y concede que registre adecuadamente las señales de los temblores de tierra y promueva su recto entendimiento, para utilidad de tu pueblo y para la mayor gloria de tu Nombre. Por Jesucristo nuestro Señor]. Amen.
  
Virgo María Dolorosíssima, esto nobis propítia et intercéde pro nobis. Sancte Emígdi, ora pro nobis, et in nómine Jesu Christi Nazaréni defénde nos, et hoc seismógraphon ab ímpetu terræmótus [Oh María, Virgen Dolorosísima, sénos propicia e intercede por nosotros. San Emigdio, ruega por nosotros, y en el nombre de Jesucristo Nazareno, defiéndenos y a este sismógrafo del ímpetu de los terremotos].
  
Se asperja el sismógrafo con agua bendita.
  
Después del Vaticano II, con su enfoque en el “Hombre Moderno”™ y que se enfatizó en la misericordia dejando la justicia en un segundo (o último) plano, Bugnini hizo mover el hacha contra las oraciones en tiempo de terremoto, reemplazando la colecta por este texto: 
Deus, qui fundásti terram super stabilitátem suam, parce metuéntibus, propitiáre supplícibus, ut, treméntis terræ perículis pénitus amótis, cleméntiam tuam iúgiter sentiámus, et, tua protectióne secúri, tibi serviámus gratánter. Per Dóminum [Dios omnipotente, que afirmaste la tierra sobre sus cimientos, te pedimos que disipes nuestros temores y escuches nuestras súplicas, para que, apaciguados los temblores de la tierra, experimentemos constantemente tu misericordia y, seguros de tu protección, te sirvamos con acción de gracias. Por nuestro Señor Jesucristo…]
Y se suprimieron las otras dos oraciones.
   
Repetimos, no pretendemos en este artículo atribuir culpas específicas (aunque las hay) ni conectarlas a los terremotos. Se trata de presentar cómo la Iglesia, en su ley de oración y creencia, presenta que las culpas colectivas provocan la ira divina manifestada en los desastres naturales y las conmociones sociales, pero al mismo tiempo llama a la conversión para atraer la misericordia. Y a tal propósito, queremos concluir con este responsorio del oficio de Maitines del 5.º domingo post-Octava de la Epifanía en el Breviario Gótico:
℟. Dómine, omnis consciéntia nostra rea est ante te: * Sed tu, Deus, potens es, mundáre nos a peccátis nostris; quía delícta nostra a te non sunt abscóndita [Señor, toda nuestra conciencia es culpable ante Ti * Pero Tú, Dios, que eres poderoso, límpianos de nuestros pecados, porque nuestros delitos no están ocultos ante Ti].
℣. Peccávimus cum Pátribus nostris, injúste égimus, iniquitátes fécimus. P. Sed tu, Deus, potens es, mundáre nos a peccátis nostris; quía delícta nostra a te non sunt abscóndita [Pecamos como nuestros padres, procedimos injustamente, cometimos iniquidad. Pero Tú, Dios, que eres poderoso, límpianos de nuestros pecados, porque nuestros delitos no están ocultos ante Ti].
℣. Glória, et honor Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto, in sǽcula sæculórum. Amen [Gloria y honor al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén].
℟. Dómine, omnis consciéntia nostra rea est ante te: * Sed tu, Deus, potens es, mundáre nos a peccátis nostris; quía delícta nostra a te non sunt abscóndita [Señor, toda nuestra conciencia es culpable ante Ti * Pero Tú, Dios, que eres poderoso, límpianos de nuestros pecados, porque nuestros delitos no están ocultos ante Ti].

Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
13 de Agosto de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Fiesta de los Santos Mártires Hipólito y Casiano; de San Juan Berchmans y San Máximo el Confesor. Conquista de México-Tenochtitlán por Hernán Cortés. Fiesta de Nuestra Señora, Refugio de los Pecadores

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)