Postrados a vuestros pies, henos aquí, gloriosísimo San José. Injusto sería no reconocer los sin número de beneficios que de Vos recibimos, oscura ingratitud dejar de manifestaros nuestro reconocimiento. ¿Qué haremos nosotros y que os daremos, pobres y sin méritos como somos? Esto mismo es lo que venimos a ofreceros. Nada valemos, nada podemos, pero lo que tenemos, nuestra vida, nuestras fuerzas, nuestra actividad o al menos nuestro buen deseo, eso os ofrecemos, de ahora en adelante nos proponemos consagrarnos enteramente a vuestro servicio, y trabajaremos cuanto de nosotros dependa, para que seáis por todos conocido y amado, y se propague siempre más ilustre devoción, para que sean siempre más numerosos los que os honren y participen de vuestras gracias. Somos débiles e inconstantes, bien sabemos y lloramos, pero por eso mismo venimos a Vos, para que intercedáis por nosotros y alcancéis de Dios la gracia y la perseverancia en ella. Acordaos que jamás se ha oído decir que ninguno haya implorado vuestro auxilio, y no fuese por Vos consolado; acogednos, aceptadnos ahora por vuestros siervos y por vuestros compañeros e hijos en el Cielo. Amén.

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