Desde La Antorcha Negra
- Jo, mami. Yo no quiero veranear en el Tercer Mundo.
- Pero si te va a gustar mucho, Sasha, ya verás. Es un sitio muy divertido y pintoresco. ¿Te acuerdas de cuando estuvimos en Disneylandia? Pues esto es igual pero a lo grande. Como un cuento de hadas. Imagínate un reino disparatado con un rey bobalicón y simpático que, en lugar de meter a los ladrones en la cárcel, los invita a cenar. Un país donde los jueces no persiguen a los delincuentes sino que juzgan a personas que murieron hace mucho tiempo y se dedican a dar conferencias pagadas por los banqueros. Los banqueros, a su vez, en lugar de prestar dinero, lo cogen a puñados de las arcas públicas y se lo guardan. Los políticos, por su parte, se dedican a prohibir.
- ¿Qué prohíben?
- Pues...casi todo. En este curioso reino la gente no puede fumar, ni comer chuches, ni beber alcohol, ni ir a los toros, ni publicar libros que molesten, ni...
- ¿Y la gente no se queja?
- No, porque pueden hacer otras muchas cosas: las niñas pueden abortar, por ejemplo. También pueden quemar su bandera y el retrato del rey.
-¿Del rey bobalicón?
- Exacto.
- ¿Y quién es el Presidente?
- ¿Te acuerdas de las niñas que vinieron a casa disfrazadas de zombis?
- Sí. A mí la más gordita me daba un poco de miedo.
- Pues el Presidente de este país tan loco es su papá.
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