Vexílla Regis

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MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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miércoles, 25 de diciembre de 2019

MENSAJE DE NAVIDAD

   
Amados hermanos en Jesús, María y José, salud y bendición.
  
Como tantos años ha, celebramos otra vez el Nacimiento de Nuestro Salvador según la carne. Acontecimiento tan importante (hasta el punto que parte la historia de la humanidad en dos), y Misterio que fue realizado, como dice San Ignacio de Antioquía, en el silencio de Dios (cf. Carta a los Efesios XIX, 1); y que recordamos en nuestros hogares con el belén (pesebre) y el rezo de la Novena.

Por eso, no es de recibo para nosotros los Católicos decir “felices fiestas” como lo hacen los mundanos (e incluso muchos modernistas) en pos de un ecumenismo secularista e idólatra que, si no pone en el centro al solsticio, pone entonces al satánico engendro regordete creado por una marca de refrescos llamado “Santa Claus” (“Papá Noel”, “Santi Cló”, “Viejo Pascuero” et al.) junto al despilfarro de los días previos y los banquetes pantagruélicos con ingesta de cantidades navegables de alcohol en la noche del 24, con las consecuencias de todos conocidas.
  
Hermanos, estando como estamos en unos tiempos malísimos como los actuales, que esta celebración de la Navidad (la cual engloba también la Epifanía y su respectiva Octava), nos ayude a mantener la esperanza en Jesús nuestro Señor, que un día volverá como el Rey victorioso que es, precedido también por su Santísima Madre, a quien pedimos por su intercesión y la de todos los Ángeles y Santos ante Dios Uno y Trino.

¡SANTA Y BENDECIDA NAVIDAD PARA TODOS VOSOTROS, HERMANOS DILECTOS!

JORGE RONDÓN SANTOS
25 de Diciembre de 2019
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Fiesta de Santa Anastasia de Roma, Virgen y Mártir.

martes, 24 de diciembre de 2019

PRÉDICA DE SAN BONIFACIO A LOS GERMÁNICOS


«¡Oíd, hijos del bosque! Esta noche no correrá sangre, salvo lo que la pena ha sacado del pecho de una madre. Porque esta es la noche del nacimiento de Cristo, el hijo del Todopoderoso, el Salvador de la humanidad. Más justo es Él que Baldur el Hermoso, más grade que Odín el Sabio, más amable que Freya la Buena. Desde que vino, el sacrificio ha terminado. La oscuridad, Thor, a quien habéis llamado en vano, está muerta. En lo profundo de las sombras de Niffelheim está perdido para siempre. Y ahora, en esta noche de Cristo, comenzaréis a vivir. Este árbol de sangre ya no oscurecerá vuestra tierra. En el nombre del Señor, lo destruiré».

San Bonifacio, tras salvar la vida de un niño pequeño, que iba a ser usado como sacrificio frente al Roble de Thor.

LA NARCO-IGLESIA DEL “PADRE” ÁNGEL GARCÍA RODRÍGUEZ

Noticia tomada de LIBERTAD DIGITAL. Vía AMOR DE LA VERDAD.
   
VECINOS EN GUERRA CONTRA EL “PADRE” ÁNGEL: «TIENE UNA NARCO-IGLESIA. HAY PALIZAS Y ESTAMOS AMENAZADOS»
Los afectados denuncian que la parroquia de San Antón se ha convertido en un albergue para camellos y delincuentes.
   
ELENA BERBERANA
 
Los vecinos del “padre” Ángel denuncian su gestión de la parroquia de San Antón
  
«Si os cuento lo que pasa aquí me parten la cara. No puedo hablar», nos dice un señor que se marcha apresuradamente cuando le preguntamos por la situación que denuncian los vecinos de Chueca. Acusan al mediático padre Ángel de haber convertido la parroquia de San Antón en un foco de peleas, broncas, puñaladas, drogas e insalubridad. No pueden más y están aterrados. Esta iglesia, situada en calle Hortaleza, está abierta las 24 horas del día para “acoger a los sin techo”, en palabras del párroco. Pero, la realidad es bien distinta.
  
El barrio, sacudido en los 80 por la heroína y los cientos de atracos de yonquis, vuelve a revivir su pasado más peligroso. Lo que nunca pudieron imaginar sus vecinos es que el regreso del infierno en sus calles iba a venir de la mano de un sacerdote que rechaza escuchar sus súplicas y quejas. Solo hay que pasear por la zona para dar fe de la gravedad de la situación.
 
En el barrio nadie quiere hablarnos, al menos delante del rebaño del “padre” Ángel García Rodríguez. «Nos hacen el gesto de cortarnos el cuello si se nos ocurre decir lo más mínimo de lo que sucede ahí dentro de la parroquia», nos informa el dueño de un comercio que nos ruega que le mantengamos en el anonimato. En la entrada del centro religioso se ve a varios voluntarios de Mensajeros de la Paz, ONG que preside el “padre” Ángel.
  
No nos dejan pasar al interior de la iglesia, «es para mendigos y hay que preservar su intimidad», responde uno de los voluntarios. Desde el rellano se ve cómo se entremezclan neones y pantallas digitales con querubines y santos. Hay zona de wifi, expendedores de donativos [¿de preservativos?] y hasta una estación de recarga de patinetes eléctricos. Decenas de personas duermen de mala forma en los bancos y a lo lejos hay varios sillones donde descansan otros tantos.
  
El “padre” Ángel en la zona de recargas de patinetes de su parroquia
  
A medida que se acerca la madrugada, aquello se convierte en una película de terror, según relatan los vecinos. «He visto cuchilladas, gente esnifando cocaína en mi portal y no dejan de robarnos. Me han insultado cuando les he dicho que no defecaran delante de mi negocio y me han amenazado diciendo que iban a ir por mí y a por mis hijos. Son la mayoría marroquíes, negros, portugueses, de países del Este… Yo no soy racista, solo describo la realidad. ¿A qué iglesia va la policía cada dos por tres?», lamenta Sergio, una de las víctimas de los ataques.
  
«La policía se lleva gente esposada todos los días. Se conectan dentro a Internet con sus móviles. Entran a los comercios y nos tienen atemorizados. Hay un vecino que está de baja con moratones porque le han pegado una paliza. También a otra víctima invidente que le dio sin querer con el bastón a uno de estos delincuentes al pasar y le pegaron entre cinco. Está hecho polvo. Tengo mucho miedo por mi mujer y mis hijos», continúa declarando a Libertad Digital uno de los afectados.
   
¿Una parroquia o un negocio?
En todo momento, desde la Plataforma de Vecinos de Chueca, niegan que tengan aporofobia [fobia a los pobres], tal y como los acusa el “padre” Ángel. «Ellos no son todos pobres. Muchos son delincuentes, pequeños traficantes y adictos que utilizan la iglesia como un espacio de impunidad que supuestamente cuentan con el beneplácito del “Padre” Ángel, que obtiene financiación de grandes empresas y subvenciones públicas utilizando la iglesia como su escaparate», advierte Esteban Benito, presidente de la Asociación de Vecinos de Chueca.
   
Entrada de la iglesia del “padre” Ángel
  
Sandra nos llama por teléfono. Es propietaria desde hace veinte años de un piso en la calle Hortaleza. Está al límite y quiere vender su casa. «Esto es un negocio. Ni religión, ni cristianismo ni nada. La gestión de esta parroquia la lleva la ONG Mensajeros de la Paz. Utiliza a los pobres. Los adictos no les importa», remata.
  
Varias mujeres nos desvelan que por la noche salen acompañadas y tienen hasta un grupo de whatsapp para coordinarse. Pili, una de ellas, también acusa al “padre” Ángel de ser un sacerdote que se lucra con el mal ajeno. Dice que lo conoce desde hace mucho tiempo y asegura que se salta cualquier normativa. «Tiene montado un albergue fuera de la ley en su parroquia. Pululan camellos, yonquis… La Policía Nacional interviene hasta 9 veces al día y el SAMUR [Servicio de Asistencia Municipal de Urgencia y Rescate del Ayuntamiento de Madrid] hasta cinco veces al día. Roban en las casas, en los comercios, defecan en la calle. Meten navajazos, y las chicas jóvenes ni salen por la noche. Al “padre” Ángel le da igual, hace lo que le da la gana, se salta todas las leyes de Patrimonio y Urbanismo. No tiene vergüenza ese hombre que dice ser católico», resume la joven con voz nerviosa.
   
Policía Nacional en la entrada de la iglesia del “Padre” Ángel tras un apuñalamiento
   
José Luis trabaja en la zona de Chueca. Cerca de la parroquia de San Antón. Nos cuenta que cómo le tiran papeles con fuego en su casa prendidos a su balcón para que arda su vivienda. «Me quejé al “padre” Ángel y no me hizo ni caso. Un grupo de camellos nos ha amenazado con quemar nuestro edificio mientras dormimos. Hemos cambiado todas las cerraduras. No podemos entrar solos en los garajes porque están ahí. Nos condicionan toda la vida. Hemos tenido que organizarnos para extremar nuestra seguridad. En mi bloque hemos invertido mucho dinero en cámaras de seguridad y con gran esfuerzo porque somos gente trabajadora. Encima, este párroco no tiene piedad. Nos contesta con que odiamos a los pobres. No es así, esto es un tema de delincuencia. Los adictos duermen en la puerta de nuestras casas y mantienen sexo delante de nuestros niños. Al vecino del primero le tiran piedras desde el balcón. El “padre” Ángel no nos hace caso porque lo que tiene es una plataforma para conseguir dinero. Huele fatal y estamos expuestos continuamente. Los Servicios Sociales no pueden permitir eso». 
   
«No es un párroco. Es un negociante»
Los vecinos confirman a Libertad Digital que el “padre” Ángel vive en un inmueble de dos plantas de más de 200 metros cuadrados. Además, no viviría solo. «El “padre” Ángel convive con un señor mayor y un niño adoptado de raza negra». Alberto fue víctima del acoso callejero e intentó hablar con el famoso párroco. Pero fue apartado por sus guardaespaldas, según narra: «El “padre” Ángel viene todos los días acompañado de dos gorilas. Se baja a diario de un cochazo que lo deja en Fuencarral con su conductor privado, y viene andando con sus dos escoltas. No hay quien se le acerque. Es como un mafioso vestido de cura. No es un párroco, es un negociante».
   
Mendigos duermen en calle Hortaleza
   
Uno de los vecinos que consiguió hablar con el “padre” Ángel se llevó una gran decepción. «Me respondió con que yo era una mala persona. Le recordé que también hay gente enferma y la parroquia no está preparada para acoger a personas así. Los tiene sin asistencia sanitaria y contagiándose entre ellos de enfermedades. Me dijo que ojalá me viera algún día yo así y se fue acompañado de sus guardaespaldas», se queja Ricardo, inquilino desde hace más de diez años de un piso en Chueca.
  
Esteban Benito, presidente de la asociación vecinal, opina lo mismo. «El “padre” Ángel tiene más negocios. Posee residencias de ancianos por toda España y todas están bajo su poder. Está todo orquestado a través de su Fundación Mensajeros de la Paz. Es una persona muy influyente».
  
El “Padre” Ángel
  
Tanto es así que el Arzobispado le cedió la gestión total de la iglesia. Pero Benito avisa de que en última instancia el responsable del edificio de la Iglesia de San Antón es el Ayuntamiento de Madrid. «[Manuela] Carmena dio barra libre al “padre” para que hiciera lo que quisiera. Nunca nos escuchó. Ahora, estamos a la espera de una reunión con el nuevo equipo de gobierno. Vivimos una situación muy injusta. Ellos duermen allí porque los albergues no los quieren y, es más, tampoco van. Los centros de acogida regulados tienen unas normas y como allí no pueden delinquir, se vienen aquí. Son personas que podrían estar atendidas, y todo lo que dice el “padre” Ángel de ellos es falso. Insistimos, es el instrumento para conseguir más dinero. El negocio perfecto», finaliza Esteban Benito.
   
(Los nombres de los vecinos han sido cambiados a excepción del presidente de la Asociación de Vecinos de Chueca, Esteban Benito)

LA NAVIDAD NEGRA, O EL GENOCIDIO COMETIDO POR SIMÓN BOLÍVAR EN PASTO

BOLÍVAR Y SUCRE: LA PERSONIFICACIÓN DE HITLER PARA LOS PASTUSOS.
Por Miguel Argote
  
Hace algunos meses, sentados en un restaurante departíamos una charla muy amena entre docentes, acerca de la actitud de Bolívar en su relación con la maldad histórica en contra de los pastusos y cuál no sería mi sorpresa cuando una compañera salió en defensa de Bolívar, momento en el cual pensé que era absurda su objeción, pues desconocía los hechos históricos y no sería la única pastusa en desconocerlos.  Me propuse que conocieran la verdadera historia de este “suceso”, por ello recopilé datos con fuentes históricas fidedignas, que llegaran al alma de mi compañera, a los pastusos y sobre todo, a mis alumnos.
  
Entonces considere redactar un relato en forma de una historia actual, para ello en determinado momento puede que plagie y no coloque comillas respectivas, pero esa no es mi intención.
  
En los últimos años han aparecido tanto en Colombia como en Argentina o Ecuador algunos historiadores dispuestos a derribar los «mitos» de las revoluciones hispanoamericanas. Les recomendaría que los sigan de cerca pues de seguro que aprenderán muchas cosas sobre la historia «menos conocida».
Publicado por Cabeleira Santoro. Madrid – España
Siguiendo con la serie de entradas sobre aquellos amerindios y mestizos leales a España durante las guerras de independencia hispanoamericanas hoy hablaré sobre la ciudad de San Juan de Pasto y sus habitantes de mayoría indomestiza. Esta localidad ubicada en el antiguo Virreinato de Nueva Granada luchó con bravura contra las tropas independentistas siendo posteriormente masacrada bajo el mando de Antonio José de Sucre en la llamada Navidad Negra de Pasto.
  
San Juan de Pasto fue fundada por españoles a mediados del siglo XVI en lo que actualmente se conoce como el departamento de Nariño (Colombia). A pesar de que existen ciertas discrepancias sobre la fecha exacta de su fundación las autoridades colombianas decidieron elegir el 24 de junio de 1537 como fecha oficial del nacimiento de la ciudad. Tras su fundación el municipio de Pasto se convirtió rápidamente en una de las principales urbes de la región, lo cual desembocó un proceso de mestizaje, en donde los indomestizos siempre conformaron la mayoría de la población pastusa, como todavía sucede en la actualidad. La prosperidad alcanzada hizo de Pasto una ciudad de fuerte carácter hispano con grandes connotaciones monárquicas y religiosas.
  
Este marcado carácter hispano sería reafirmado una vez comenzaron los primeros destellos separatistas en el Virreinato de Nueva Granada. Tanto así que en la temprana fecha del 29 de agosto de 1809 la Alcaldía de San Juan de Pasto publica un auto que cuestiona el proceso de independencia en el cual se destacan los siguientes extractos:
“¿Con qué otros –en referencia a los impuestos– podrá soportar sus erogaciones la nueva soberanía? Registradlo en todas las combinaciones de vuestra discreción y no las hallaréis”.
“Veréis echarse sobre las temporalidades de los regulares y venderles sus fundos, reduciéndolos a intolerable mendicidad; y últimamente: veréis recargar los tributos con nuevas imposiciones que constituyan sus vasallos en desdichada esclavitud…”
“Esta es la felicidad pomposa a la patria que nos proponen. Nos halagan con palabras vacías de objeto, y luego se verán en la necesidad de arrojar el rayo tempestuoso sobre los miserables que han tenido la inconsideración de someterse a su dorado veneno…”.
Este documento demuestra que los pastusos de la época tenían la suficiente perspectiva como para presagiar las grandes calamidades que traería consigo la independencia, incluso hasta nuestros días.
  
Una vez estalla la guerra de independencia, la ciudad de San Juan de Pasto permanece leal a España incluso tras la instauración en 1811 de la república bautizada como Provincias Unidas de la Nueva Granada. Tras varias rebeliones fallidas contra la delegación del gobierno republicano en Pasto se consigue reinstaurar la soberanía española el 20 de mayo de 1812 gracias a las milicias formadas por los propios pastusos con la inestimable ayuda de los negros cimarrones provenientes del Valle del Patía. Al enterarse de la pérdida de la localidad el nuevo gobierno republicano entró en cólera y a través de la Gobernación de Popayán envió una carta fechada el 4 de julio de 1812 al cabildo de Pasto donde decía:
“La ruina de Pasto ha llegado y esa ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas. No hay remedio: un pueblo estúpido, perjuro e ingrato que ha roto los pactos y convenciones políticas y que con la más negra perfidia ha cometido el horrible atentado de hacer prisionero al Presidente de este Gobierno, después que enjugó sus lágrimas y le levantó de la desgracia en los días de sus amarguras, debe ser, como el Pueblo Judío, entregado al saqueo y a las llamas. Tiemble, pues, la ingrata Pasto que ha hecho causa común con los asesinos y ladrones de Patía, y tiemblen esos hombres de escoria y de oprobio que se han erigido en cabezas de la insurrección de los pueblos. Una fuerza poderosa, terrible, destructora y hábilmente dirigida va a caer sobre esa ciudad inicua. Ella será víctima del furor de un Reino entero, puesto en la actitud de vengarse y aniquilarla. Las tropas belicosas de las provincias confederadas de la Nueva Granada reducirán a pavesas a Pasto y sólo podrá evitar su irremediable destrucción poniendo inmediatamente en libertad las personas del Presidente, oficiales y soldados, pérfidamente sorprendidas, y entregando todas las armas. Decídase, pues, ese Ayuntamiento: ésta es la primera y última intimidación que le hace este Gobierno, justamente irritado, de la Provincia de Popayán.”
Queda de manifiesto que ya en 1812 el gobierno republicano estaba dispuesto a realizar una masacre contra toda la población de Pasto sin hacer distinciones entre civiles y milicianos como finalmente sucedería 10 años después. Pero esta carta no fue una manifestación aislada puesto que entre las órdenes impartidas por Simón Bolívar hay una referencia a la ciudad de Pasto que dice “haced lo posible por destruir a los pastusos”.
    
Tras casi dos años de feroz resistencia, el general Antonio Nariño envía una misiva a la localidad de San Juan de Pasto en la cual conminaba al municipio a deponer las armas y aceptar la autoridad republicana bajo amenaza de ser atacada por el ejército separatista. El 4 de abril de 1814 el ayuntamiento de Pasto responde de la siguiente manera:
“Nosotros hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos y costumbres. De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación…”.
   
A pesar del continuo hostigamiento de las tropas independentistas los pastusos siguieron siendo fieles a España. Su lealtad sería recompensada con la llegada de las tropas españolas provenientes de Europa  que reinstauraron el Virreinato de Nueva Granada en el año 1816.
  
Sin embargo, en 1819 el ejército independentista retoma el poder constituyendo la República de Colombia. Pese a que este hecho supuso el final definitivo del Virreinato Neogranadino, la ciudad de Pasto se mantuvo bajo control español gracias a la determinación de los pastusos que siguieron combatiendo contra el gobierno republicano. El 7 de abril de 1822 se produce la Batalla de Bomboná a unos 50 kilómetros de San Juan de Pasto donde las tropas realistas lideradas por el coronel Basilio Modesto García derrotan al ejército dirigido por Simón Bolívar pese a estar en inferioridad numérica. Debido a esta inferioridad los efectivos españoles se vieron notablemente mermados lo que supuso la capitulación de la localidad de Pasto ante las fuerzas republicanas el 8 de junio de 1822. No obstante, la derrota sufrida por Simón Bolívar a manos de los pastusos no fue olvidada puesto que el bando separatista consideró una humillación que milicianos indomestizos vencieran a su máximo líder. Tanto fue así que hasta modificaron el relato de la Batalla de Bomboná para dar como vencedor a Simón Bolívar. En definitiva, aquella batalla supuso el desencadenante último de la Navidad Negra de San Juan de Pasto que acontecería ese mismo año.
  
Pese a la reciente capitulación los pastusos emprenden en el mes de septiembre un nuevo ataque que desemboca en la Segunda Batalla de la Cuchilla de Taindala producida el 24 de noviembre de 1822 en las proximidades de Pasto. La milicia realista dirigida por Benito Boves vence al ejército independentista liderado por Antonio José de Sucre contra todo pronóstico. Esta nueva derrota de las fuerzas republicanas enfureció a Simón Bolívar, de tal forma que movilizó en masa a sus mejores tropas para lo que pretendía ser una brutal venganza contra toda la ciudad de San Juan de Pasto, sin excepción alguna. El 24 de diciembre de 1822 el ejército dirigido por Antonio José de Sucre, bajo las órdenes de Simón Bolívar, llega a la localidad de Pasto en donde se produce la aniquilación de toda resistencia miliciana debido a la enorme superioridad numérica del contingente independentista.
 
A partir de ese momento se producen una serie de brutales acontecimientos que, posteriormente, se conocerían bajo el nombre de la Navidad Negra de San Juan de Pasto. Una vez que la ciudad quedó indefensa, el ejército republicano se ensañó en una sanguinaria venganza por el apoyo del pueblo pastuso a la causa española. El mayor de los abusos cometidos por los independentistas fue el exterminio de la mayor parte de la población pastusa, sin hacer distinciones entre milicianos y civiles, hasta el extremo de asesinar a mujeres, ancianos, niños e incluso bebés.
  
Se calcula que cerca de 500 pastusos fueron asesinados a lo largo de los tres días que duró la presencia de las tropas separatistas. Tal fue la masacre que la Calle del Colorado de la ciudad de Pasto debe su nombre a la cantidad de sangre allí derramada por las víctimas pastusas durante la Navidad Negra. Además de esta matanza hubo multitud de violaciones a mujeres y niñas.
   
Sin embargo, todo esto fue sólo una parte de la brutal represalia; también hubo un expolio y destrucción absolutos tanto de las propiedades de los vecinos como de las iglesias y edificios públicos. Se robaron todo tipo de objetos de valor y destruyeron los archivos del ayuntamiento, junto con los libros parroquiales, suponiendo a la postre la pérdida de un patrimonio histórico de incalculables dimensiones, que abarcaban casi tres siglos de la historia de la ciudad.
    
La Navidad Negra de Pasto fue una matanza y expolio de tal magnitud que incluso algunos conocidos personajes independentistas criticaron con dureza a Antonio José de Sucre por permitir tales atrocidades. El general José María Obando le  dedicó las siguientes palabras:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad ejecutados contra un pueblo entero que de boca en boca ha transmitido sus quejas a la posteridad”
Por su parte el voluntario irlandés Daniel Florencio O’Leary dijo en referencia a la Navidad Negra:
“[…] en horrible matanza que siguió, soldados y paisanos, hombres y mujeres, fueron promiscuamente sacrificados y se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y a asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes; hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los libros públicos y los archivos parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas”.
No obstante, aunque Antonio José de Sucre estaba al mando del asalto a la localidad de Pasto, no se debe olvidar que las órdenes venían impuestas por Simón Bolívar. El general Antonio José de Sucre actuó con semejante crueldad porque sabía que no traería consecuencias para su persona,  que contaba con el beneplácito de su superior. Como mencioné, la derrota de Simón Bolívar en la Batalla de Bomboná supuso un duro golpe para su prestigio debido a que hombres con menor preparación y en menor número lograron vencerle. Desde entonces el anhelo del líder independentista era vengarse a toda costa de los pastusos, pese a la capitulación de San Juan de Pasto, apenas dos meses después de aquella batalla.
   
El nuevo alzamiento de la ciudad fue la excusa perfecta para planificar su venganza máxime tras otra derrota del ejército republicano a manos de los pastusos en la Batalla de Taindala. Entre las numerosas tropas que movilizó Simón Bolívar para la tarea se encontraban muchos de los supervivientes de su derrota en Bomboná como los hombres del Batallón Rifles.
  
Por desgracia, la masacre realizada en Pasto no debe sorprender a nadie, pues el bando independentista había acuñado el concepto de “guerra a muerte”, que consistía en el asesinato de civiles, el saqueo y la destrucción indiscriminada de propiedades y el fusilamiento de los prisioneros de guerra. Sin embargo, en este caso, fue peor puesto que estaba en vigencia el Tratado de Regulación de la Guerra firmado por el propio Simón Bolívar, el 25 de noviembre de 1820, donde se especificaba que los pueblos que fueran ocupados por las tropas militares serían bien tratados y respetados.
  
A modo de curiosidad si eres colombiano y alguna vez te has preguntado por el origen de las burlas hacia los pastusos, efectivamente, éstas son debidas a su lealtad al Imperio Español durante la guerra de independencia. Una vez consolidado el gobierno republicano se ejerció una deliberada estigmatización sobre los pastusos que, posteriormente, se tradujo en una caricaturización de los mismos y la cual continúa vigente en la sociedad colombiana.
ESPANTOSO GENOCIDIO EN PASTO (Extraído de Medina Patiño, Isidoro. Bolívar, genocida o genio bipolar, Imp. Visión Creativa, Pasto, 2009, págs. 69 y sigs.)
La Navidad negra - Diciembre de 1822
«Porque ha de saber ud. que los pastusos... son los demonios más demonios que han salido de los infiernos... Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando a aquel país una colonia militar. De otro modo Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos aunque demasiado merecidos». [Simón Bolívar, Carta a Francisco de Paula Santander. Potosí, 21 de Octubre de 1825] Academia Nariñense de Historia, Manual de Historia de Pasto, Tomo IV, Graficolor, 2003, p. 26 
El tremendo odio que el Libertador Simón Bolívar sentía contra la ciudad de Pasto y sus moradores, por el apoyo a España, se desencadenó en la navidad de 1822, cuando las tropas patriotas, al mando de Antonio José de Sucre, se tomaron la ciudad y protagonizaron uno de los más horripilantes episodios de la guerra de la Independencia. Fue una verdadera orgía de muerte y violencia desatada, en la que hombres, mujeres y niños fueron exterminados, en medio de los más incalificables abusos. Este hecho manchó sin duda alguna, la reputación de Sucre, quien de manera inexplicable permitió que la soldadesca se desbordara, sin ninguna clase de control. Fue una navidad negra, cuyos detalles presentamos en las líneas siguientes:
  
Solo una mente bipolar desequilibrada pudo ordenar unas acciones tan terribles, en contra de un pueblo entero. Con este ataque del ejército patriota a la ciudad, Simón Bolívar demostró una vez más su odio visceral en contra del pueblo pastuso y como instrumento de su sangrienta venganza, utilizó a su paisano, el General Antonio José de Sucre, el oficial de sus mayores afectos, quien, de manera inexplicable, permitió a sus soldados perpetrar toda clase de iniquidades, como jamás se habían visto.
   
Podría decirse que la saña con la que llegó el ejército republicano era producto de la corajuda guerra que les estaba dando la ciudad de Pasto y el reciente revés sufrido en Taindala. Pero nada de eso, ni siquiera el anhelo de una liberación continental para las élites “criollas”, justifica la matanza y los abusos cometidos.
  
Horas de horror
Trasladémonos al 24 de diciembre de 1822. Sí, es la celebración de la Navidad, pero el pánico reina en Pasto. Ya se tienen noticias del avance del ejército patriota, al mando de Sucre. Se trata de unas tropas en las que viene nada menos que los batallones Rifles, Bogotá y Vargas, integrados por militares de una gran veteranía, curtidos en toda clase de combates. Como si esto fuera poco, los acompañan los escuadrones de Cazadores Montados, Guías y Dragones de la Guardia, reforzados también con soldados de la vecina Quito. El día anterior, se ha sabido que ese ejército ya ha atravesado el paso del Guáitara, muy mal defendido por las milicias improvisadas que allí quedaron, por lo que el 24 se esperaba su llegada en cualquier momento.
  
La mayoría de los hombres (informados de la gran superioridad de los enemigos), el oficial español Remigio Boves, Agualongo y otros pocos, prefieren huir a las montañas. Numerosas mujeres y niños buscan refugio en las iglesias. Creen que los enemigos tendrán respeto de esos recintos sagrados, pero se darán cuenta, demasiado tarde, de su terrible equivocación.
  
A pocos minutos de las tres de la tarde, se escucha un grito de espanto:
¡Ya están aquí, ya están aquí!
Es cierto. Las tropas patriotas han llegado a la ciudad y luego de su extenso recorrido, aparecen en el atrio de la Iglesia de Santiago, frente al antiguo camino de Caracha. El día es triste y frío y el imponente volcán Galeras se encuentra nublado, como no queriendo ser testigo de las iniquidades que en cuestión de minutos van a dar comienzo.
  
Prácticamente no hay resistencia en las barricadas defensivas que se han levantado. El jefe de Pasto, Estanislao Merchancano y su segundo, el comandante, Agustín Agualongo, han huido a las montañas, al darse cuenta que se encuentran en inferioridad de condiciones y que, por lo tanto, en caso de dar batalla, seguramente serán hechos prisioneros o muertos.
  
Santiago, el primer derrotado
Entonces, en esos momentos de intenso pánico, a alguien se le ocurre decir: ¡Saquemos a Santiago para que nos defienda!
  
Al parecer no queda otra alternativa. Sólo un milagro puede salvar en esos aterradores momentos a Pasto y los aterrorizados moradores se lo piden al apóstol Santiago. Entonces, su imagen es colocada en medio de quienes tratan de rechazar el brutal ataque. Es una imagen increíble: por un lado los patriotas en violenta arremetida, por el otro, unos pocos hombres, con los rostros demudados por el miedo, cuya única arma es una imagen de yeso. Los minutos que siguen demuestran que los milagros no son cosa de todos los días. Santiago no sirve absolutamente para nada. Es más un estorbo, que cae al suelo en medio del fragor del combate, mientras, poco a poco, los atacantes van minando la poca resistencia para apoderarse definitivamente de la ciudad que tantos dolores de cabeza le ha causado al proceso de emancipación de la Nueva Granada.
  
Los episodios que siguen a continuación son infernales.
A pocos metros de la Iglesia de Santiago, uno de los soldados le arrebató su hijo de brazos a una desesperada madre. Enloquecida trata de recuperarlo y como una fiera enfurecida se lanza contra el hombre. Pero, otro de los soldados, la degüella de un certero sablazo y su cabeza rueda por la pendiente, con la boca abierta en un grito silencioso. Acto seguido, el soldado que le había quitado el niño, en medio de una carcajada de demente, lanza al infante hacia arriba y lo ensarta en su bayoneta, mientras que la soldadesca lo aplaude. Toda la ciudad de Pasto parece un solo grito de dolor. A sangre y fuego se somete a la población; templos, capillas y conventos cayeron en poder de los atacantes, a excepción del de las Conceptas, que se levantaba donde hoy es la Gobernación de Nariño.
  
Un homicidio espantoso
En la Catedral de 1822, hoy Iglesia de San Juan, las tropas al mando de Sucre y enviadas por el Libertador Simón Bolívar perpetran un asesinato espantoso, cuya víctima es el sacristán que pasaba de los 80 años de edad. En efecto, las tropas lo agarran y lo obligan a colocar su cabeza en la pila bautismal. El pobre anciano no puede hacer nada para defenderse de la brutal agresión. Es entonces, cuando uno de los oficiales patriotas Apolinar Morillo posterior asesino confeso de Sucre-, le descarga una mole de adobe. La escena no puede ser más dantesca. La sangre salta por doquier y mancha las paredes de la iglesia. Mientras se perpetra este asesinato incalificable, la soldadesca que ha entrado al templo en sus caballos, enlaza las sagradas imágenes de las vírgenes y de los santos, que acto seguido son despojadas de sus ornamentos y sus riquezas terrenales, en una orgía de muerte, destrucción y pillaje, en medio de los alaridos de las mujeres que están siendo violadas y pasadas a cuchillo y de los gritos de los hombres, que también son degollados. Pero la navidad negra, apenas está comenzando. 
  
¡Tome usted a mi hija!
 Al darse cuenta de la nula resistencia, los soldados republicanos, convertidos en verdaderos animales, empezaron a ingresar con brutal violencia a las casas, para robar, matar y violar sin pudor alguno a todas las mujeres, aunque estas fueran niñas o ancianas. Los gritos y alaridos de las infortunadas se escuchaban por doquier. Fue entonces, cuando en medio de esa orgía de sexo desenfrenado, muchas madres en su desesperación decidieron sacar a sus hijas a la calle, para entregársela a algún soldado blanco, antes de que un negro la violara.
 ¡Señor, por favor, tome usted a mi hija! Fue una exclamación que se escuchó muchas veces en ese caos en el que se convirtió la ciudad.
  
Las violaciones fueron múltiples y de acuerdo con las crónicas de la época, todas las mujeres que fueron sorprendidas en Pasto, ese 24 de diciembre de 1822, fueron víctimas de vejámenes sexuales, de los cuales no se salvaron las monjas en los conventos.
  
De los robos y abusos cometidos, es de rescatar la opinión del general José María Obando, quien no vacila en criticar los incalificables excesos y responsabiliza de los mismos al general Sucre:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano (?) e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad…”
    
Increíbles bacanales
Realmente, como lo dice el general José María Obando, nunca se sabrá qué pasaba por la mente de Antonio José de Sucre, al permitir tantos desmanes, que él perfectamente pudo evitar. Córdova mismo, alarmado por este gravísimo error político e histórico, le pidió que cesara la matanza y, ante su fuerte insistencia, ordenó a Sucre, al tercer día del genocidio, que este Coronel, con el cuerpo que comandaba, desarmara a los enloquecidos y borrachos soldados, en particular a los de “Rifles”, compuesto por venezolanos y mercenarios ingleses.
  
Pasto fue, pues, durante tres días el epicentro de hechos horribles y abusos inimaginables contra su población. En cercanías a la hoy Plaza de Nariño, soldados en avanzado estado de embriaguez seguían abusando sexualmente de las mujeres, sin importar que esto fuera en plena calle. Lo más horrible de todo es que, muchas veces, satisfechos de su bellaquería, los infames soldados, procedían a degollar a las indefensas mujeres.
 Respecto a los muertos, en las calles se amontonaron por lo menos quinientos cadáveres de hombres, mujeres y niños, la mayoría con el cuello cortado. Al cabo de pocos días y a pesar de la frialdad del clima, la pestilencia fue insoportable, ya que nadie se atrevía a sepultar los cadáveres por el riesgo de convertirse en uno de ellos, en una ciudad en donde la soldadesca hacía lo que le daba la gana.
 Tanto así que ni siquiera los templos de Santiago, San Juan, San Andrés, Taminanguito y San Sebastián, sirvieron de protección a quienes se refugiaron en ellos convirtiéndose en escenario de crímenes horrorosos, que parecieran ser cometidos por brutales dementes.
Destrucción cultural
 Aparte de la terrible matanza y los escabrosos hechos que rodearon el vil ataque a Pasto por parte de las tropas republicanas, la ciudad sufrió a su vez un irreparable daño cultural y económico, como lo dice José Rafael Sañudo: “Se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los archivos públicos y los libros parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. La matanza de hombres, mujeres y niños se hizo aunque se acogían a las iglesias y las calles quedaron cubiertas con los cadáveres de los habitantes, de modo que “el tiempo de los Rifles”, es frase que ha quedado en Pasto para significar una cruenta catástrofe”.
   
Tesoros escondidos
De esa nefasta navidad de 1822, han quedado para la posteridad muchas historias, que años después, obviamente no han perdido vigencia en Pasto. Por ejemplo, es una realidad que, al darse cuenta de la llegada del ejército patriota, fueron muchos quienes, de manera desesperada, escondieron sus pertenencias de valor en patios y paredes, con la esperanza de volver algún día por ellas. Al respecto, son informaciones conocidas que numerosos entierros han sido descubiertos en viejas viviendas o en patios y, por lo que se sabe, una gran cantidad de tesoros todavía esperan ser descubiertos en la hoy capital de Nariño. Por mi parte, estoy plenamente convencido de esto puesto que en Pasto, en la época de los acontecimientos que estamos relatando, había personas que poseían grandes fortunas, especialmente en monedas de oro.
  
Finalmente, como epílogo de los trágicos acontecimientos de esa navidad de 1822, hay que decir que, por culpa de lo sucedido en esa fecha, la guerra de Independencia se prolongó por dos años más con todas sus trágicas consecuencias en lo humano y en lo económico. Ese diciembre no hubo celebración de navidad, ni villancicos, a consecuencia de la más espantosa tragedia que haya afrontado la ciudad de Pasto en su historia. Producto, de acuerdo con todos los antecedentes descritos, de una mente bipolar, como la del Libertador Simón Bolívar, quien encontró en su paisano Antonio José de Sucre un inesperado cómplice para que se perpetrara la matanza y abusos contra la población pastusa. Además, los documentos quemados fueron la causa para que se perdiera la memoria de la región, la cual ardió en las hogueras de la violencia y la barbarie.

lunes, 23 de diciembre de 2019

LA VIDA “MARAVILLOSA” DE SIMÓN WIESENTHAL

  
BREVE BIOGRAFÍA DE SIMÓN WIESENTHAL: DE CENICIENTO, Y SIN ESCALAS, A BARÓN DE MÜNCHHAUSEN
(No me vengan a decir que es poca cosa para este coso)
     
¿Quién es este señor que refleja la acuarela de mi pintora? ¿Acaso Don Quijote? No. Porque Don Quijote era un caballero andante, castellano de cuño real y cristiano cabal, enamorado, sabio, poeta y medio loco, pero no un embustero oxidado. Es el Barón de Münchhausen, quien fuera un mentiroso incorregible muy lejano a Don Quijote y muy cercano a don Simón Wiesenthal, según él mismo lo acredita con su imaginación agreste.
   
Un pequeño introito a modo de tentempié
Es muy difícil que en nuestros tiempos exista persona alguna que no haya escuchado, aunque más no sea someramente, del polaco don Simón Wiesenthal, el implacable cazador de nazis y, por tal motivo un Benemérito de la Humanidad. Pero como se ve, éste era poco y, sobre el pucho la escupida: apareció Beate Klarsfeld, miembro de la terrible organización sionista Sherit Hapleitá (con la invalorable ayuda de su marido Serge Klarsfeld), quien se dedicó con ahínco a ser cazadora de nazis (el caso Klaus Barbie, en Bolivia es el mayor de sus éxitos), a la par de denunciar la aparición de líderes nazis en Hispanoamérica, entre los cuales se encontraba nuestro General Juan D. Perón y otros fascistas de alcurnia, que da siempre la casualidad o son peronistas o son nacionalistas. Del otro lado: liberal y bolchevique no encontraron uno. Y, en el fondo, es este el motivo por el cual les dedico, como un caballero que soy, a estos dos cazadores, los renglones que siguen. Es decir, les devuelvo la gentileza, aunque sin necesidad de tornarme macaneador.
    
Cita la literatura infantojuvenil, aquella que nos hacían leer nuestros maestros en la época nefasta del Tirano Prófugo, al Barón de Münchhausen como el mayor mentiroso que haya existido sobre la faz de la tierra en todos los tiempos, a extremo tal que le mató el punto a Néstor Diletante, que no es poco. En verdad no he tenido el placer de leer por completo las andanzas de este personaje por los prados del Señor, aunque sí he espigado algunos capítulos que me han prestado por aquí y por allá, en ayer y otrora. Mas como Dios me ha negado esta suerte, la que acepto sin pestañar, porque debe hacerse su voluntad y no la mía, no me ha negado la otra: de tener amigos esparcidos en los rincones por doquier. Y, gracias a uno de éstos, me ha llegado un envío del doctor don Gervasio Fernández Funes, que vive en Montevideo cerca del coqueto Miguelete, el libro Los Asesinos entre Nosotros, que son las memorias traducidas al castellano de Simón Wiesenthal, editado por Noguer, de Barcelona, en España. Lectura recomendable para todos aquellos que se dedican a estos estudios y mucho más para los que desean reírse un rato a costillas de un delirante.
   
Amistades que me hicieron mal y sin embargo las quiero
En la presentación de su libro, dice don Simón que ha estado en una docena de campos de concentración y que sólo sobrevivió por una serie de milagros. Los que en realidad no parecen ser tales, si se tiene en cuenta la promiscuidad en la que vivía Wiesenthal con los oficiales de la Schutz-Staffeln (SS), dado que como ingeniero diplomado ejerció importantes 2 funciones durante cuatro años y dos meses al lado de los terribles nazis, los que, desde luego, sabían que don Simón era judío, todo lo cual resulta desde ya, más que un milagro, una maravilla sin abuela. Tal es el caso de su amistad con el ex oficial de la SS, Heinrich Guentheret, a quien en diciembre de 1965, es decir, 20 años después de guerra que involucra su martirio, lo invitó especialmente para el casamiento de su hija. Por este botón para la muestra, el lector se habrá dado cuenta que nos encontramos ante uno de los buenos y, que por tal hecho, debería ser simplemente descalificado de todo lo que dice en adelante. Conste además que a esto lo dice Wiesenthal y no quien esto escribe, que ya el lector lo puede haber calificado de nipo-nazi-facho-falanjo-peronacionalista. Y en una de esas, con tal etiqueta, se ha quedado corto el decidor.
   
Una vida maravillosa

Szymon/Simón Wiesenthal Rapp (שִׁמְעוֹן וִיזנְטל רֶאפּפ)

Wiesenthal nació un 31 de diciembre de 1908. Y, aunque tenía a esa fecha madre y padre, fue su abuelo materno quien lo anotó en los registros, sin que medie explicación alguna del autor, el día 1° de enero de 1909. Así anduvo a las gambetas y agachadas por esta causa, hasta que la policía lo descubrió y fue acusado de haber adulterado tal fecha para evitar el servicio militar. Una falta muy grave ayer y hoy. Mas hete aquí que sobrevino el primer milagro: convenció a la severa policía polaca de que el culpable había sido su abuelo, el que no pudo ser llamado a atestiguar porque se había muerto. Y colorín colorado este cuento ha terminado.
   
En el almacén que tenía su padre, próspero comerciante, gustaba pasar las horas armando casitas y castillos con panecillos de azúcar, los que luego aquél recogía de la mesa, el suelo y el jergón del perro, aunque manoseados, pisoteados y babeados por el niñito, reintegrándolos a su caja para la venta a la confiada clientela del barrio. Es que don Simón quería ser arquitecto, por lo que luego se recibió de ingeniero, que es como decir que le gustaba el triciclo pero se hizo aviador. Y esto no fue por maldad, sino porque en los exámenes que le tomaron en la ciudad de Lwow, no pudo responder más de cuatro preguntas de las sesenta que le hicieron. Lo que quiere decir que era mejor que [Domingo Faustino] Sarmiento, que tenía 14 años y estaba en primer grado haciendo la “o” con un vaso, como nos cuenta en Recuerdos de Provincia (¿será por esto que lo llamaban Padre del Aula?). Decepcionado Simón ingreso a la universidad técnica de Praga, donde y desde luego, no había examen de ingreso y la única exigencia era llenar un formulario, cortarse las uñas y tener el certificado de la vacuna contra el coqueluche. Bueno: en verdad, a veces, todo no se puede. Y demos al hombre el mérito que tiene. Además, ¿para que tanta exigencia con un postulante a ingeniería?
   
En la página 29 nos cuenta: “Pasé (en Praga, se entiende) los días más felices de mi vida. Era muy popular entre mis compañeros como estimulante polemista en reuniones estudiantiles y como brillante maestro de ceremonias en actividades sociales. Tenía excelente memoria para divertidas historias aderezadas con mímicas. Tenía también talento para la sátira. Mi humor era particularmente del gusto de mis amigos no judíos, a quienes encantaba la profundidad y la oculta ironía de mis historias. Cuando iba a pasar las vacaciones de Navidad y Pascua a mi casa, llevaba toda la noche en el tren con mis amigos, contando historias, y al llegar a casa, estaba tan ronco que no podía hablar”. Digan si no es un capullito de alelí. Se ve que de jovencito ya estaba practicando lo que después haría toda su vida: darle al macaneo sin asco.
   
Una misa milagrosa
Resulta que en 1941, los granujas ucranianos que ayudaban a las malvadas tropas alemanas entraron en Lwow (pero no dice por qué él no estaba estudiando en Praga). Entonces los ucranianos que estaban en la ciudad aprovecharon para hacer un progrom que duró tres días y tres noches. Al final habían asesinado unos 600 judíos de los cuales don Simón no recuerda el nombre de ninguno a pesar de ser sus vecinos y correligionarios. Más tarde él y otros 40 judíos, entre abogados, médicos, profesores e ingenieros, fueron apresados y llevados al patio de la prisión de Brigki. En el centro de aquella explanada había una mesa repleta de botellas de vodka, salchichas y zakusky (digamos entre nosotros: una picadita), más con fusiles y municiones. Y ahí nomás les ordenaron a los judíos de la arriada ponerse cara a la pared con las manos en la nuca.
   
Un ucraniano comenzó a disparar haciendo centro en la nuca de cada judío (justo donde tenían las manos). Cada dos disparos el verdugo interrumpía las ejecuciones y se iba a la mesa a beber vodka y darle al zakusky que parece estaba muy bueno. En el ínterin otro hombre le alcanzaba otro fusil recién cargado (¿qué fusiles usarían estos ucranianos en 1941 que cargaban dos tiros? ¿Acaso el arcabuz de Pizarro o el que llevaba Robinson Crusoe?). Otros ucranianos iban depositando a los judíos muertos en sus ataúdes. Y así los gritos y los disparos se fueron acercando a don Simón, quien recuerda que del miedo que tenía solamente miraba a la pared (pero veía todo lo que pasaba a su lado y a sus espaldas, lo que no deja de ser portentoso, pero no tanto si se sabe que fue un Elegido del Señor de Israel). Y cuando parece que le tocaba el turno a él, comenzó el tañido de las campanas de la iglesia llamando a misa vespertina. Entonces resonó una voz aguardentosa de uno de estos borrachines que dijo: “¡Basta! ¡Tenemos que ir a misa a comulgar” (lo que prueba, aunque él no lo diga, que don Simón por lo menos entendía el ucraniano). Parece mentira, pero los ucranianos, terribles asesinos y temulentos sin costura, no querían perderse la misa, ni la comunión (¿qué le dirían estos asesinos en la confesión al cura del pueblo?). Pero no es una mentira lector, es uno de los tantos milagros que le sucedieron a don Wiesenthal y él los cuenta con intrepidez haciéndome poner los pelos como un cepillo.
    
Después de esto parece que se quedó dormido en ese mismo lugar y no recuerda por cuanto tiempo (parece que la misa fue larga; y a la mortadela con queso de la picadita, ¿quién se la comió?). Hasta que la luz mortecina de una linterna le dio en la cara despertándolo. Se trataba de Bodnar, un polaco que había sido su capataz en una de sus obras y lo quería salvar. Entonces don Simón pidió que también ayudase a su amigo Gross (de los restantes judíos supuestamente vivos no dice nada) por tener a su madre viejita. Y Bodnar ideó un plan que consistía en darle un garrotazo a cada uno de estos dos y hacerlos pasar por espías rusos, para llevarlos luego al comisario ucraniano de la calle de la Academia. Y fue así que este polaco le dio semejante garrotazo a don Simón que lo dejó sin dientes y los labios como riñón partido. Pero en fin, así son los amigos, y agrego de metido no más: menos mal que era un amigo, porque de haber sido un conocido simplemente, le arranca la cabeza del palazo. El asunto fue que esa noche Wiesenthal estaba en su casa (que se ve los del progrom no la tocaron y a sus progenitores tampoco, porque su padre seguía con el próspero negocio), lo más campante, aunque reconoce que no pudo silbar por varios días. Un detalle importante. Gracias a la misa y a un ex empleado, don Simón había salvado su vida.
   
Lwow - iglesia de las santas Olga e Isabel
   
Comienza su ascenso de canillita a campeón
A fines de 1941, Wiesenthal fue remitido a un campo de trabajos forzados (lamentablemente no nos dice por qué). Era un taller de reparaciones de locomotoras del Ferrocarril del Este. El forzado trabajo que haría don Simón, ponga y dele a sudar, consistía en pintar el águila alemana y la cruz gamada en las locomotoras capturadas a los rusos, tarea que hacía con gran primor según él lo dice con detalle y merecía las felicitaciones de los nazis. Estando en esto, un día muy frío, se le presentó su jefe, el nazi Heinrich Guentheret (el invitado al casamiento de su hija veinte años más tarde), y se compadeció de él porque tenía las manos azules por el frío por lo que el malvado le regaló sus guantes. Interrogado por Guentheret sobre dónde había estudiado tuvo miedo, porque él sabía de la envidia que los alemanes les tenían a los judíos por ser más inteligentes que ellos. Entonces don Simón mintió diciendo que lo había hecho en una escuela de comercio (complicados estos polacos: en una escuela de comercio en lugar de llevar los libros le enseñaban dibujo y pintura). Pero otro judío que estaba a su lado y preso como él, lo desmintió a los gritos diciéndole a Guentheret que Simón era ingeniero y que no le creyera nada porque todo lo que decía eran mentiras (aquí, lector, esto se merece, si usted me permite, un ¡Oh! y un ¡Huy!). Sorprendido el nazi le preguntó por qué le había mentido y si no sabía que ese era un delito muy grave en Alemania. Lleno de indignación Guentheret, en lugar de mandarlo a la moledora de carne, lo ascendió a Técnico y Orientador. Por lo que aquí Wiesenthal consumó otro milagrito.
  
   
Cuenta don Wiesenthal que este nuevo cargo lo hizo gozar a de la más completa libertad “en aquel mar de locuras”. Y trabó amistad con los 50 oficiales SS que estaban a cargo de los talleres (aquí me largo otro ¡Oh! y un ¡Ayayai!), los que se comportaron siempre correctamente con los judíos y los polacos. También lo fue con el Inspector Superior Adolf Kohlrautz, a cargo de aquel asentamiento maldito. Y fue tan grande aquella intimidad con Kohlrautz que le permitió a Wiesenthal tener en su escritorio dos pistolas cargadas, que había obtenido clandestinamente y de hecho robadas (¿para qué querría un hombre pacífico como Wiesenthal, un capullito de petunia, dos pistolas cargadas donde todos, supuestamente, eran amigos?). De esto se deduce que a don Simón le tocaron unos nazis macanudos, ¿o no? Aparte de que, como él mismo lo dice, tenía despacho privado y escritorio, mientras que los restantes pobrecitos judíos andaban a salto de mata, comiendo gambeta, muertos de frío y con un par de latigazos de yapa. ¿Otro milagro? Parece que sí, y ¿cuántos van? (Confieso: estoy por abandonar esto; pero no, seguiré, en honor a vosotros).
   
El cumpleaños del Führer
El día 20 de abril de 1943 se cumplía el 54° aniversario del nacimiento del Führer, que dice don Simón “fue día de sol y primavera”. Wiesenthal había salido temprano de la cama para terminar un enorme cartel que decía: “Wir lieben unseren Führer” (nosotros amamos a nuestro conductor). Relata que con anterioridad había pintado enormes cartelones con la cruz gamada para las celebraciones de las SS. Y estando en esta faena, cayó un oficial de apellido Dyga que, sin decir agua ni viene, tomó a Wiesenthal y otros judíos y los condujo a otro campo de concentración distante a tres kilómetros de aquellos talleres ferroviarios, donde él la estaba pasando pichichú con sus amigotes nazis.

Estampilla con motivo del cumpleaños de Hitler (20 de Abril de 1943)
     
El motivo de aquel cambio fue que, para conmemorar el cumpleaños del Führer, iban a ejecutar a 54 judíos. Esto es, uno por cada año de vida de Hitler (no me digan que esto no es original). En cuanto llegó al lugar pudo reconocer entre los judíos elegidos para inmolar, que eran todos científicos de primer nivel, catedráticos, abogados, médicos y todos los otros intelectuales que había en el campo (del que don Simón se le olvidó darnos el nombre). Una pesada lluvia caía en ese momento (lo que ya presagia otro milagro, porque a tres kilómetros de allí era un “día de sol y primavera”) sobre el tenebroso campo de ejecución. En el lugar se había cavado una zanja de 450 m de largo (para enterrar 54 judíos, de donde pueden ocurrir una de dos: o la zanja era demasiado larga o los judíos eran muy grandotes, porque le corresponderían más de 8m para cada uno).
   
Los a ejecutar fueron puestos al borde de aquella cuneta horripilante, y don Wiesenthal vio al SS de nombre Kautzer (acababa de llegar y ya sabía el nombre del fusilador), ir matando de a uno a los judíos que caían en la fosa. Hasta que le llegó el turno a don Simón, que parece siempre era el último porque le había tocado el número 54, dado que pudo contar los 53 anteriores. Pero en ese preciso instante se sintió una voz férrea que gritó: “¡Wiesenthal!”, por lo que giró un poco su cabeza muy tímidamente; entonces la voz volvió a sonar: “¡Sí, usted, Wiesenthal!” (lo que revele ya dos cosas: o que este alemán era un idiota redomado o que don Simón no nos dice la verdad; porque allí había, según sus dichos, una sola persona: él, esperando que lo faenen, y no 350, y justamente esta persona se llamaba Wiesenthal y no Pototo Mangiafiore). No habrán sonado las campanas, pero don Simón se salvó de la Huesuda Parca de nuevo. He aquí otro milagro.
   
Los 11.000.000
Es el cálculo que hace Wiesenthal de los que perecieron en el holocausto. Y no quiere saber nada con que hayan sido menos. Sí señor: 6 millones de judíos, 5 millones de yugoeslavos, rusos, polacos, checoslovacos, holandeses, franceses y muchos otros más. Sólo de niños dice que perecieron un millón reventándolos contra las paredes. Don Simón participó activamente en el proceso de Nüremberg. Sus testimonios fueron tomados al pie de la letra sin que ofreciera un solo documento. De este proceso salieron los linchamientos de los jerarcas del nazismo y otras condenas durísimas, como la de Rudolf Hess (que ya llevaba cinco años de prisión, incomunicado).
    
Una de cow boys para la muchachada ignara
En el campo de concentración de Lwow –dice afligido don Simón–, uno de los más perversos guardias de las SS, era conocido con el sobrenombre de Tom Mix, como el muchachito de las (añejas) películas del Far West, porque su pasatiempo favorito era montar a caballo, y disparar a los prisioneros.” Simón Wiesenthal tiene muchos testimonios, pero no conocía el nombre del artista que encarnaba a Tom Mix, así como se ve que tampoco conocía el nombre del alemán que hacía semejantes barbaridades. En fin, todo no se le puede pedir a un hombre que sufrió tanto y que hizo más milagros que el Pastor Jiménez en la cancha de Boca, ¿no le parece? Además este libro tiene su mérito: fue lectura obligatoria en Alemania.
  
Forma práctica de rellenar los hoyos de las bombas
Don Simón, aunque hombre sabio si lo hubo enantes, comenzó a entender los misterios que encierra la mente alemana después de la guerra. Antes parece que no. Y esto ocurrió cuando tuvo acceso a la correspondencia que los SS escribían a sus esposas. Por ejemplo, recuerda una carta en que un führer de las SS describía como tal cosa que una unidad bajo su mando había sido designada para rellenar el cráter abierto por una bomba rusa en Umán, cerca de Kiev, en Ucrania (¡qué bombita, madre mía!, ¿será como las de 15 toneladas que le tiraron los yanquis a los afganos para salvaguardar los Derechos Humanos?). Los matemáticos alemanes (¡mire el lector en la que andaban estos sinvergüenzas!) calcularon después de varias semanas, que los cuerpos de 1.500 judíos serían suficientes para rellenar semejante agujero.
   
Por este motivo, e inmediatamente, se ejecutaron 1.500 judíos, cuyos cadáveres fueron tapando el hoyo; después les colocaron tierra y una tela metálica por arriba. Así habría desaparecido el socavón. No haré hincapié en el lamentable antecedente de que la socava de don Simón jamás fue encontrada. No. Pero si me llama la atención de la frialdad en el relato, el cual se encuentra desprovisto de todo rasgo emotivo que haga notar la afectación espiritual de quien haya presenciado, o simplemente conocido, semejante inhumanidad.
   
Pero en la primera carilla de esta carta (su letra fue sometida a un grafólogo de renombre y nos dijo que su autor no padecía ninguna patología mental), el SS le preguntaba a su esposa sobre las flores de su jardín con gran melancolía, prometiéndole que le conseguiría una empleada rusa para que le ayudase en los quehaceres domésticos.
   
Wiesenthal cita otra carta que vio, donde un SS le cuenta a su esposa cómo mataban a los niños recién nacidos en cautiverio, arrojándolos contra las paredes (¡qué no diría sobre esto la Carlotto que es Wiesenthal con polleras!) y, al cambiar de tema, el alemán le pregunta por su propio hijito que sabía estaba cursando un sarampión. Ahora digo yo, siempre puro metido, que hacer estas cosas es una barbaridad peor que la del canalla de Herodes. Pero imaginarlas, sin que jamás hayan existido, es digno de la psiquiatría, por lo que el dicente es poseedor de un mente extraviada, vaya saberse en qué vericuetos de su criminalidad.
   
Eichmann
“Pasé una semana en Nüremberg –cuenta don Wiesenthal–, leyendo día y noche (esto, ¿acaso sería parte de los trabajos forzados a los que fue sometido?, y, ¿cómo haría para conseguir libros en un campo de concentración?). Eichmann aparecía como jefe ejecutor de la máquina aniquiladora, que constantemente pedía grandes sumas (¿cómo sabía Simón que Eichmann pedía más y más dinero al gobierno central de Berlín, si él no salía de su barraca?), con el objeto de construir más cámaras de gas y crematorios y para financiar institutos de investigación especial (y a esto último, ¿cómo lo habrá conocido si no pasaba de su condición de recluso?), para estudiar los gases letales y sus métodos de ejecución.” Visto esto resulta que Eichmann era lo que yo pensaba: un majadero incurable. Todos los venenos, sólidos, líquidos y gaseosos vienen con una cartilla editada por su fabricante, con todos los efectos que produce en animales y vegetales, entonces, ¿qué andaba averiguando el alemán exterminador? Tenía que leer el prospecto solamente. O levantar el teléfono y hablar con el proveedor. Aunque habría sido más fácil hablar con la Cruz Roja internacional que la tenía a tiro de mata gatos. Y hablando de proveedores y de la Cruz Roja, recuerdo que en el proceso contra Ernst Zundel, llevado a cabo en Toronto, Canadá, el 8 de enero de 1985, se ventiló el asunto de que el Zyclon-B (Z-B) que habrían usado los nazis para exterminar judíos fue provisto por los EE. UU. (la Dupont, su único fabricante), por lo menos hasta 1943. ¿Y la Cruz Roja no le avisó a los yanquis lo que estaban haciendo los nazis con semejante pesticida? No quiero pensar que los gringos les proveyeron el Zyclon-B y después los acusaron de asesinatos de lesa humanidad. Un negocio redondo.
   
El Doctor Menguele
“El nombre del Dr. Josef Menguele era conocido de cuantos estuvieron en Auschwitz y aún para los que no estuvieron allí. Millares de niños y adultos, tiene Menguele en la conciencia (…) Odiaba especialmente a los gitanos, tal vez porque parecía uno de ellos y por eso ordenó la muerte de millares” (no me digan que no es un buen motivo). En ninguna parte dice don Simón que haya conocido personalmente al doctor Menguele, luego habla por boca de un tercero con versión de segunda, o vaya a saber de qué mano. Y bien, así sigue toda esta parte sobre el supuesto galeno asesino, con versiones “de un hombre que me contó”; lo que “Hermann Langbein, escritor judío, que me contó una vez”; que “escuchó que había dado muerte a millares de niños mellizos por toda Europa (…) para cambiarle el color de sus ojos, de pardos a azules”; que escuchó decir que “Menguele era el SS perfecto, pero no cuenta cómo este nazi maldito cortaba la churretera con té de barba de choclo. Le refirieron que le “sonreía a las muchachas bonitas mientras las enviaba a la muerte (…) y frente al crematorio de Auschwitz alguien lo oyó decir: Aquí los judíos entran por la puerta y salen por la chimenea”; etc. Y así sigue esta narración de historias chapuceras, cuyo autor las escribió porque es evidente que sus motivos tendrían. Lo grave en todo esto es que haya gente que se las haya creído y mucho más grave que exista gente que aún se las crea. Sin embargo estas declaraciones “que me contaron”; “yo no lo ví pero me dijeron”; “me lo manifestó una chica, cuyo nombre no recuerdo, que ella vio a Fulanita de Tal encadenada”; que “al lado del coso estaba un foso donde se quemaban los cadáveres y las llamas llegaban a catorce metros de altura”; “que una amiga le dijo que Merengadita de Cual había tenido un bebé y que los captores la rifaron en una partida de truco de hacha y tiza”; etc., me parece haberlo escuchado en alguna parte. No hace mucho. Ante un juez y un fiscal. Pero no me acuerdo a dónde. Disculpará el lector esta imprecisión de mi parte.
   
La aguja infalible
Reconozco que el título es muy raro pero, como verá el lector, es la que se deduce de la historia contada por don Simón en las pp. 227 y 228 de su memoria.
  
Dice que Ruth le contó una historia, pero él en realidad pensaba en otra cosa, que era en “una pequeña habitación gris oscura (digo yo de puro metido: ¿cuántas personas habrá que hayan visto en su vida una habitación pintada de gris oscuro?). La entrada está a la izquierda, la salida en el centro de la pared de atrás, y esa salida conduce directamente al crematorio de campo de concentración de Grossronsen, próximo a lo que era entonces Breslau y hoy es Wroclaw, en Polonia (palabras por las que pienso Wiesenthal fue un testigo ocular). En el escenario no hay nada más que una mesita con varias jeringas y unos pocos frascos llenos de un líquido incoloro, y una silla, no más que una (da la impresión que don Simón conocía bien el ambiente). Un ligero olor a carne quemada flotaba en el aire (¿los nazis estaban haciendo un asadito o estaban quemando gente?). Estamos en el año de 1944 y la hora puede ser cualquiera del día o de la noche (esto, para ser una acusación, es bien precisa, no me digan que no, porque lo narrado no es un chiste)”.
  
“Nosotros nos hallamos –dice Wisenthal- en la antecámara del crematorio de Grossronsen. No hay cámara de gas en este campo de concentración (aunque no sea de don Simón es ¡otro milagro!), y el crematorio es manejado por un ruso llamado Iván el Negro, porque el humo constante le dejó negras las manos y la cara (¡Santo Cielo! Aparte que este Iván no se bañaba nunca, parece que Wiesental lo conocía hasta por el apodo antes que por el olor, ¿cómo habrá hecho?). Iván tiene un aspecto terrible, pero pocos internados lo ven cuando están vivos (pero él estaba internado, vivo y lo vio). Cuando Iván se ocupa de ellos, la gente ya no le tiene más miedo (esto es humor negro puro). Él lleva sus cenizas hasta una huerta vecina, donde son usadas como fertilizantes, en ella los guardias plantan verduras para la cocina del campo (de donde se deduce que estos nazis eran ecologistas). Sé de esto porque soy uno de los prisioneros que trabajaban en la huerta (de donde se deduce que don Simón de ingeniero pasó a pintor, y de allí, por ahora, a hortelano).
   
Ahora aparece un joven –sigue diciendo el sobreviviente del holocausto– en el centro de la sala (o sea que él estuvo allí, fue un espectador, ¿qué estaría haciendo el bueno de don Simón?). Sobre su uniforme de las SS, lleva una ropa blanca de médico (es decir: él lo vio). La mayoría de los prisioneros no conocían hasta aquel momento al joven doctor (pero parece que él sí lo conocía de antes, ¿tal vez de la huerta? ¡Wiesenthal conocía a todos! He aquí otro milagro), que era miembro del comité de recepción.
  
Cuando llegan los transportes de prisioneros, les es ordenado bajar la rampa y quedarse en posición de firmes frente a la mesa (nótese que Wiesental hace su narración como un espectador, ¿acaso no estaba entre los prisioneros?). El doctor sentado atrás de ella, mueve el índice para la derecha, vida, o para la izquierda, muerte (¿y don Simón a dónde estaría?, ¿acaso detrás del doctor?) Un SS va haciendo señales en una lista (Wiesenthal vio las señales y la lista). El doctor hace una segunda revisación en el despojo humano que tiene enfrente (seguro que él no era, porque cuando lo encontraron estaba gordo).”
   
“¡Abra la boca! –cuenta que dijo el galeno alemán– ¡Más! Hace una señal de asentimiento con la cabeza. El prisionero vale algo: tres dientes de oro (parece que él los contó). El doctor marca una gran cruz negra en la frente del prisionero, con un grueso lápiz mojado (¡ni locos los nazis, tan apegados al oro y los dólares, iban a dejar escapar esos dientes!).
   
SIMÓN WIESENTHAL... Su credibilidad es cuestionada
   
“¡Abtreten! (salir de las filas). Todos los marcados tienen que registrarse en los escritorios del campo y los dientes de oro que poseen en la boca (él seguro que no porque su amigo, el polaco Bodnar, de un garrotazo se los extrajo sin anestesia dejándole la boca como una morcilla), son debidamente registrados. ¡Ya no les pertenecen, pero los SS les permiten usarlos mientras están vivos, porque ¿quién dijo que los SS eran inhumanos? (mire don Simón: esto si que es humor negro de pésimo gusto). No serían capaces nunca, de arrancar los dientes de oro de un hombre vivo (parece que su amigo, el polaco Bodnar, no pensaba lo mismo).
  
Puestas en fila las víctimas, el doctor (dice don Simón más adelante que era de apellido Babor, es decir también lo conocía, así como su sobrenombre que era Herr Doktor, ¿cómo habrá hecho para conocer tal apellido y su mote?) llenaba una jeringa y le ordenaba a la persona a inmolar que se desnudase hasta la cintura. Hecho esto le indicaba que se sentase en la única silla que allí había. Simultáneamente dos SS tomaban al sujeto por ambos brazos y el médico le clavaba la aguja en el corazón inyectándole el líquido, que era ácido fenólico que mata instantáneamente (observe el lector que Wiesenthal conoce hasta el nombre del compuesto químico). Y el resto de los prisioneros que estaban en la cola esperando el turno para ser inyectados, ¿qué hacían? No. De esto don Simón no nos cuenta nada, por lo que supongo nada habrán hecho.
   
________________________________________________
   
Y bien señor lector: a esto yo no lo sigo más. Me duele la cabeza. Que lo siga otro si puede. Pero algo de fuerzas me quedan para darle un consejo a la muchachada de la Organización Wiesenthal que veo son muy jóvenes: hagan desaparecer este libro y eviten, como lo han hecho hasta ahora, que se reedite. Porque miren: no hay nada peor que avivar a la gilada, que después se vuelve contra. Bien, me dirán seguramente, pero ¿cómo hacemos para ocultar un libro escrito por nuestro fundador? ¡Ah, no, esa es harina de otro costal! Habrá que inventar algo. Total la gilada es capaz de manducarse un adoquín con mayonesa.
   
Mientras se les ocurre algo yo les aconsejaría que sigan insistiendo en que el General Perón era un nazi; que los peronistas son todos nazis; que los nacionalistas son lo peor de lo peor en este horripilante sentido; que el oro nazi robado a los judíos fue el financista de la Revolución NacionalJusticialista y que el oro nazi está enterrado en algún lugar de la Patagonia. En cambio el General Justo (el edificio del Colegio Militar de la Nación construido durante su presidencia es copia exacta de un cuartel de los SS, cosa que demostraré en breve con fotografías: una por una; lo sabrá a esto la Garré que se las da de bataclana), Lonardi, Rojas, el Gordo Codovila (enterrado en Moscú), Norteamérico Ghioldi, los hermanitos Frondizi, Santucho, Gorriarán Merlo, todos los Virreyes y ahora Kirchner con su fámula, no. Ellos fueron y son hombres y mujeres de la Democacacracia.
  
JUAN PAMPERO
   
FINALMENTE PARA MUESTRA UN BOTÓN, PORQUE NO FALTARÁN LOS SIMONADICTOS QUE DIRÁN QUE TODO ES MENTIRA, QUE EL ANTISEMI… eso… que pobrecitos que no les creen… bla, bla, bla……
  
SIN COMENTARIOS
   
En 1946 él publicó las memorias “KZ Mauthausen”. En ese libro él reprodujo un bosquejo que él dijo haber hecho de memoria en 1945, de las ejecuciones bestiales realizadas por los carceleros nazis.
   
La revista Life Magazine, 1946, exhibió las fotografías de tres jóvenes soldados alemanes que sus comandantes habían enviado a través de las líneas enemigas vistiendo uniformes capturados de los E.E. U.U. en misiones del sabotaje, durante la ofensiva a las Ardenas del diciembre de 1944, Sorprendidos fueron condenados a la muerte por un consejo de guerra de los E.E. U.U., el 24 de Diciembre de 1944”.
  
 
Mas antecedentes sobre el mitómano en cuestión:
http://www.vho.org/GB/Journals/JHR/15/4/Weber8-16.html (Ingles)
Faked Holocaust Memoirs – Simon Wiesenthal
http://www.zundelsite.org/english/wiesenthal/bogus_nazi_hunter/index.html

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¿Cuántos cadáveres se necesitan para rellenar los cráteres que dejaron las bombas en la ciudad de Wesel, después de una incursión civilizadora de las aviaciones de los EE. UU. y de su Graciosa Majestad Británica?

EL PELIGRO DE MEZCLAR EL ERROR Y LA VERDAD

«El peor tipo de hereje es el que, mientras enseña mayormente la verdadera Doctrina Católica, añade una palabra de herejía, como una gota de veneno en una taza de agua».
   
PAPA LEÓN XIII. Encíclica “Satis Cógnitum”, sobre la unidad de la Iglesia. 29 de Junio de 1896.

LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS DE CONSTANTINOPLA

Reflexión publicada en PRAVOSLAVIE.RU - Traducción propia.
 
LA “GUERRA DE LOS CIEN AÑOS” CONSTANTINOPOLITANA
La cuestión ucraniana del Fanar no es una banal venganza por la ausencia de la Iglesia ortodoxa rusa en el Concilio de Creta, sino un elemento de una estrategia plurienal dirigida a eliminar cualquier otro centro de influencia en la ortodoxia fuera de la Iglesia de Estambul.

El Patriarca Bartolomé y el Papa Francisco
  
Cuanto más se desarrolla el conflicto entre el Patriarcado de Constantinopla y la Iglesia rusa, más claro resulta que el problema principal del mundo ortodoxo no es tanto la “cuestión ucraniana” en sí, sino, más que todo, la crisis de los mecanismos interactivos entre las modernas Iglesias ortodoxas.
  
Casi desde el inicio de las activas acciones del patriarca Bartolomé en Ucrania, muchos expertos han notado que su objetivo principal no era la ayuda desinteresada a los “cismáticos” fuera de los confines de la Iglesia, sino la afirmación de su autoridad sobre todo el mundo ortodoxo. El tomos ucraniano se ha convertido sólo en la punta de diamante que el patriarca Bartolomé ha lanzado contra sus adversarios, adversos al completo dominio de Constantinopla en la Iglesia ortdoxa.
  
Es necesario afirmar la actual existencia de una lucha entre dos modelos alternativos de estructura eclesial, cada uno de los cuales afirma ser exclusivamente conforme a la tradición ortodoxa y al derecho canónico. El Patriarcado de Constantinopla promueve activamente una de estas alternativas, la segunda es menos activamente propuesta por la Iglesia ortodoxa rusa, también por un cierto número de jerarcas de Iglesias locales.
  
La Ucrania en este contexto es un campo de “batalla general” cuyo resultado, sin exagerar, depende del futuro de la Ortodoxia en su conjunto y de la Iglesia ortodoxa rusa en particular. Este artículo intentará explicar el por qué
  
La Guerra de los cien años
Para los lectores que no conocen a todo la historia de la Iglesia, podría surgir la pregunta: ¿por qué hoy aparece la cricis en las relaciones de las Iglesias ortodoxas? ¿Es una especie de conflicto local limitado que desaparecerá en el tiempo y después todo recuperará su equilibrio?
  
En efecto, se puede decir que la crisis asociada a las ambiciones de Constantinopla, en un modo o en el otro, se ha desarrollado desde… el IV Concilio Ecuménico (451). Y si hablamos de la actual fase de existencia de la Iglesia, el fundamento de la oposición fue puesto a inicio del siglo XX por el Patriarca de Constantinopla Melecio [Meletios Metaxakis].
  
La ruina del Imperio otomano y la revuelta del nacionalismo griego, que Melecio sostiene con entusiasmo, desencadenó otra crisis. Todavía, las ideas utópicas por el renacimiento del Imperio bizantino colapsaron y para “sobrevivir” los fanariotas deberán cambiar su estrategia. En cuanto tal, la internacionalización de las actividades de Constantinopla fue escogida sobre la base de la idea del primado del patriarca ecuménico en la Iglesia ortodoxa. Al mismo tiempo, los fanariotas contaban activamente sobre la ayuda de los países occidentales y obtuvieron de la Turquía un status especial para el Patriarcado griego, si bien con derechos limitados.
  
Por entonces, la lógica de la supervivencia (y de la orientación hacia los países occidentales) se convirtió en uno de los principales motores de la política del Fanar. Si, en el interior del Imperio otomano, su dominación eclesiástica fue lograda por medio de los otomanos (gracias a la cual los griegos de Estambul llegaron a asimilar los viejos patriarcados orientales –Antioquía, Alejandría y Jerusalén– y asumir el control de las iglesias serbias, búlgaras y rumanas), sin el soporte de los emperadores y de los sultanes, fueron constreñidos a seguir un camino de falsificación de sus particulares “privilegios” y primados en el mundo ortodoxo.
  
Fue durante el Patriarcado de Melecio aparecieron las primeras tesis propagandistas de que Constantinopla es el “centro de toda la Ortodoxia”, la voz universal de la Iglesia, “la Iglesia madre y el centro hacia el cual todas las Iglesias ortodoxas locales convergen y se originan” y que el Patriarca de Constantinopla es, ni más ni menos, “el primado de los primados de todas las Iglesias ortodoxas”.
  
Aparte de las reivindicaciones históricas y canónicas del primado, el Fanar inició a difundir agressivamente su influencia administrativa en todo el mundo, abriendo nuevas diócesis y absorbiendo a los no griegos.
    
Como ejemplo más destacado de la agresión fanariota, podemos citar sus acciones contra la Iglesia rusa. Aprovechándose de la persecución contra la Iglesia ortodoxa rusa por parte de los bolcheviques, Constantinopla intentó destruirla casi completamente, quitándole la Iglesia de Finlandia, concediendo ilegalmente la autocefalia a la Iglesia polaca y sosteniendo a los “renovadores” rusos [la denominada ‘Iglesia Viva’ –Живая Церковь, Zhiváya Tsérkov– (sic) de siniestra memoria].
  
Por tanto, la “guerra” de Constantinopla contra la Iglesia ortodoxa rusa no es una venganza ordinaria por no haber participado en el Concilio de Creta. Es una estrategia a largo plazo que quiere eliminar todos los otros centros de influencia en la Ortodoxia, a excepción del Fanar. Este es el motivo por el cual Constantinopla no se detendrá hasta cuando haya completamente destruido la Iglesia multinacional rusa: después de Finlandia, Estonia y Ucrania, probará hacer lo mismo en Bielorusia, Moldavia, en Kazajistán, etc.
   
El Fanar puede producir una destrucción similar ante la Iglesia serbia y, en general, en cualquier Iglesia que se interponga en su camino. Va notado que el Fanar busca someter la autocefalia apenas creada imponiendo un tomos en el cual son prescritos los especiales “privilegios” de Constantinopla. El tomos ucraniano en este contexto es un buen ejemplo. La autocefalia de tales Iglesias adquiere así un carácter relativo y su soberanía se vuelve casual.
  
Afortunadamente, al inicio del siglo pasado, el Fanar no logró realizar plenamente sus planes y la crisis fue de nuevo puesta en segundo plano. Todavía, implícitamente, el asunto Metaxakis ha continuado viviendo y desarrollándose.
   
En 1948, el hermano de armas de Melecio, Atenágoras (Spira) deviene patriarca de Constantinopla con el apoyo de los Estados Unidos. Él ha reasumido todas las actividades de Metaxakis en particular, realizando los preparativos para el Concilio pan-ortodoxo y abriendo las puertas al ecumenismo radical. Sucesivamente, el curso de Constantinopla no ha cambiado.
    
La trampa cretense.
   
Catedral de Creta
  
Después de muchos años de preparación, el Concilio de Creta fue la apoteosis de los planes “papistas” de Constantinopla. No obstante la ausencia de cuatro Iglesias, el patriarca Bartolomé ha conseguido parcialmente resolver su objetivo principal: imponer un nuevo modelo de relaciones interortodoxas.
  
Un atento estudio de las reglas de tal Concilio asegura los límites, considerablemente en el principio de colegialidad, y afirma la dictatura de los patriarcas de Constantinopla.
  
En primer lugar, Constantinopla tiene el derecho exclusivo de convocar concilios pan-ortodoxos, si bien ningún canon de los concilios ecuménicos le confiere tal derecho (históricamente, los emperadores han siempre convocado concilios, también cuando era necesario deponer a los mismos patriarcas).
   
En segundo lugar, el procedimiento para el examen de los documentos presentados al Concilio es sorprendente. A la vista del artículo 11, parágrafo 2, no es tomado en consideración todo el documento en su conjunto, sino solamente las enmiendas que pueden ser adoptadas solo por consenso (luego Constantinopla goza del veto universal sobre cualquier modificación).
  
En tercer lugar, para someter una cuestión en el Concilio para ser examinada o para tener el derecho de hablar, es necesario pasar por medio del “cedazo” de una comisión especial, luego obtener la autorización del presidente del Concilio (al ejemplo, el Patriarca de Constantinopla).
   
Todas estas esfumaduras han provocado el rechazo a participar en el Concilio por parte de la Iglesia búlgara. En junio de 2016, en una entrevista el metropólita Gabriel Lovchansky, ha explicado las acciones de la IBC [Iglesia Ortodoxa Búlgara]:
«Estamos invitados a la catedral, donde todo está previsto. Sí, también, hasta ahora –hasta en el último momento– no había decisión alguna de ir al Concilio. Pero ahora, en todo caso, la verdad es clara».
Según el metropólita Gabriel, los proyectos de los documentos del Concilio de Creta fueron preparados también antes de la adopción de los reglamentos, y los representantes de las Iglesias han pensado poderlos modificar sustancialmente o rechazarlos durante el encuentro, por tanto han cedido a las presiones de los fanariotas. Todavía, después de la adopción del reglamento, esto se ha convertido en algo casi imposible.
«Se esperaba que estas cosas pudiesen ser revisadas en el Concilio. Por consecuencia, la Sinaxis adopta el estatuto que –te lo he dicho– no consiente ninguna modificación en el Concilio».
Se agrega que la comisión para la preparación de los documentos fue controlada –y en el caso su renovación continuará siendo controlada– por los fanariotas. Algunas fuentes sostienen que en la preparación del Concilio, han ignorado abiertamente los comentarios de cierto número de Iglesias locales, insistiendo constantemente sobre su versión de los textos, hasta cuando las firmas de los representantes de la Iglesia sobre los documentos no fueran puestas.
  
Hoy, hay un misterio sobre cómo la mayor parte de las Iglesias locales habían aceptado tales reglamentos dictatoriales y fueron al Concilio. ¿Bajo qué influencia hipnótica han perdido de vista el evidente peligro asociado a la concesión de poderes injustificados a Constantinopla? Parece que para ellos la catástrofe de Creta está comenzando a suceder solo ahora.
   
La publicación griega Oukraniko ha recientemente publicado la transcripción de una conversación con uno de los denominados primados de la iglesia “griega”. Probablemente estamos hablando del Patriarca Teófilo de Jerusalén.
«Toda la responsabilidad espera a nosotros los primados. ¡Debemos inculparnos por haber creído en la institución! [Al Patriarca constantinopolitano] Lo habíamos elevado al tercer cielo, dándole el primado. […] Habíamos cometido un error y fuimos al Concilio de los Príncipes. Cierto, entonces teníamos buenas intenciones, no pensábamos a dónde habrían llevado los eventos… Ahora nos dicen: “Has reconocido el primado del patriarca y no se puede volver atrás”», le explicaron al obispo.
Por tanto, las Iglesias que desean preservar el principio católico de la Ortodoxia y, en el complejo, preservar la Ortodoxia en cuanto tal, son simplemente obligadas a elevar la cuestión de la revisión de las reglas de los Concilios pan-ortodoxos.
  
Para renegar de los reglamentos cretenses, existen todos los motivos.
  
En primer lugar, no fueron firmados por la Iglesia de Antioquía (que se puede también elevar la cuestión de la legitimidad del Concilio mismo, que según las reglas debería ser convocado con el consenso de todas las Iglesias sin excepciones).
  
En segundo lugar, no fueron aprobados por el Concilio mismo, por tanto no pueden y no deben ser vistos como una suerte de “dogma”.
     
Unión en marcha.
  
     
Aparte de la amenaza de destrucción del sistema católico ortodoxo, hay otro peligro que no es siempre visible tras los combates en en torno a los detalles. Esto puede parecer paradójico para algunos, pero la afirmación del Fanar sobre su status de “primero sin iguales” en el mundo ortodoxo está estrechamente ligada a sus planes ecuménicos para una nueva unión con la Iglesia católica.
  
Esto es demostrado por numerosos hechos que no son solamente los recientes y frecuentes encuentros entre los fanariotas y los católicos o las declaraciones sobre la inevitable unificación de las Iglesias. No son siempre visibles, pero estos procesos clave requieren una atención especial.
   
Sobre todo, en el ámbito del mencionado Concilio de Creta, fue adoptado un documento sobre la conducta de la Iglesia ortodoxa ante el resto del mundo cristiano. Muchos expertos han observado que, aparte de hacer valer su derecho de convocar los concilios, la adopción de este documento fue uno de los objetivos principales del patriarca Bartolomé.
  
Sus formulaciones vagas y ambiguas consienten la metamorfosis de la teología ortodoxa y legalizan el ecumenismo radical rechazando usar los conceptos de cisma y herejía en relación a los cristianos heterodoxos.
 
Notemos también algunos puntos (9º y 10º) vinculados al diálogo con los heterodoxos.
  
¡Tal diálogo es presentado como un resultado que puede ser anulado solo por consenso! Vale decir, la misma lógica perversa es aplicada aquí como en el voto sobre la enmienda a los documentos: es casi imposible influenciar la salida del diálogo, porque la última palabra será siempre del Fanar. Incluso si algunas Iglesias abandonaren este proceso, el diálogo continuará.
  
Además, Constantinopla asume el status injustamente elevado de una comisión que conduce el diálogo con los católicos. Desde su punto de vista, los documentos que son el resultado del trabajo de tal comisión son obligatorios para todas las Iglesias locales, incluso si no es claro cuándo la representación en estas comisiones ha iniciado a significar una implicación en algo más que una simple discusión teórica.
  
Controlando esta comisión, el Fanar lleva esencialmente a las Iglesias locales a reconocer el primado del Papa.
  
Desde el 2006, luego de una larga interrupción de los trabajos y después que la comisión fuese presidida por el metropólita Juan de Pérgamo [Zizioulas], el tema de sus encuentros se ha concentrado solo sobre el primado del jefe del Vaticano. En junio de este año, el patriarca Bartolomé en su carta al papa Francisco ha anunciado el completamiento de los trabajos respecto al primado del papa. La decadencia está prevista para noviembre del próximo año.
   
En segundo lugar, en la vigilia del Concilio de Creta, el copresidente de la comisión mixta para el diálogo ortodoxo-católico, el arzobispo Job (Getcha) (sucesor de Zizioulas en el 2016) ha publicado un artículo que puede ser considerado una declaración programática de la iglesia de Constantinopla. En tal documento, ha afirmado que ¡entre la Iglesia ortodoxa y la religón católica romana, no hay cisma, sino solo una interrupción de comunicación!
  
Estos dos hechos indican que el Patriarca Bartolomé está preparando una unión con la Iglesia católica bajo forma de restauración de la comunión eucarística y reconocimiento del primado del Papa sobre la base de una fórmula que será preparada para el próximo año.
  
Parece difícil: ¿cómo combinar las pretensiones de primado y la concesión de este primado a Roma? En realidad, no hay contradicción.
  
En primer lugar, la imposición agresiva de la idea de la existencia obligatoria de un único primado en la Igleisa [ortodoxa] es un paso intermedio hacia la unión con los católicos. Los fanariotas enseñan que tal primado es algo natural para la Iglesia, lo que significa que el primado del papa en caso de restablecimiento de la unidad con los católicos, según su opinión, no debería provocar indignación.
  
En segundo lugar, probablemente entre Roma y Constantinopla, hay algunos acuerdos que dejarán a este último [Bartolomé] como “primero” en el mundo ortodoxo. Los grandes griegos no lo necesitan. Además, en la fase inicial, el primado de Roma será formulado en términos sencillos, a fin de no provocar un rechazo inmediato por las Iglesias locales. Los fanariotas pueden incluso afirmar que Roma ha aceptado la Ortodoxia, no que Constantinopla ha concluido una unión con Roma.
  
En tercer lugar, como habíamos dicho, el Fanar está motivado por la “lógica de la supervivencia”. El hecho es que los griegos son un pueblo relativamente pequeño. Su peso político y económico en la Unión europea deja mucho que desear y la diáspora estadounidense se está disolviendo gradualmente en el ambiente angloparlante. Para no quedar al margen de la historia durante el proceso de globalización, están obligados a buscar un patrocinador frente a los Estados Unidos y al Vaticano, que son capaces de ofrecerles un “puesto en el sol”.
  
Por tanto, la Ortodoxia de los fanariotas es una suerte de “mercancía” exclusiva, con la cual negocian para el “mundo griego” un boleto para el “tren de la historia”, hasta cuando este “tren” no les sea completamente desaparecido.
  
“La última batalla es la más difícil”
A la luz de lo anterior, es necesario traer algunas conclusiones prácticas.
  1. No debemos olvidar que un compromiso no resolverá el problema, y Constantinopla no se detendrá sobre el camino de la destrucción de la Iglesia ortodoxa rusa, así como sobre la afirmación de la plenitud de su poder en el mundo ortodoxo. El único modo para detener la promoción de los fanariotas en sus respectivos campos es condenar sus errores teológicos. El inicio de esto puede ser establecido por el Concilio de los obispos de nuestra Iglesia, durante el cual es necesario presentar la cuestión de la apropiación ilegal, por parte de Constantinopla, del status de “primero sin iguales” y del “privilegio” de recibir apelaciones del clero de otras iglesias locales.
  2. No podemos aceptar tener un Concilio pan-ortodoxo sobre las condiciones del Fanar, porque es una de las partes en conflicto y no puede fungir como organizador de la revisión de sus propias acciones en Ucrania. Volver al “formato cretense” será un error. Tenemos necesidad de nuevos reglamentos y reglas para la interacción de las Iglesias locales. El escenario más ventajoso sería un encuentro pan-ortodoxo presidido por una tercera parte. 
  3. En ningún caso el “problema ucraniano” puede ser reducido a la cuestión de la legalidad de la “jerarquía” de la “Iglesia ortodoxa cismática ucraniana”, omitiendo el hecho de la invasión de Constantinopla en la jurisdicción de la Iglesia ortodoxa rusa. A juzgar por las declaraciones de los albaneses, chipriotas, rumanos y de otras iglesias, se ignora la abrogación de la ley del 1686 y se reconoce indirectamente el derecho de Constantinopla a conceder la autocefalia en Ucrania. Es necesario evitar ignorar este problema y exigir la creación de una comisión pan-ortodoxa para estudiar los documentos históricos ligados a la transferencia de la metrópolis de Kiev al Patriarcado de Moscú.
  4. Deben ser desarrolladas las críticas teológicas a la nueva eclesiología del Fanar. En nuestros tiempos, la teología no debería permanecer confinada, sino que debería tener el valor práctico de proteger la fe ortodoxa. En particular, se deberá prestar atención al análisis de la teología modernista del metropólita Juan (Zizioulas), cuyas debilidades son evidentes y que son un cómodo objetivo de críticas. Es también necesario crear plataformas internacionales para el diálogo teológico, alternativas a aquellas controladas por los fanariotas.
  5. La Iglesia ortodoxa rusa debe formular principios eclesiológicos comprensibles a todas las Iglesias locales y se puede erigir como un estandarte en torno al cual se unirán todos aquellos que se oponen al “papismo” de Estambul. Estos principios deberán ser: la verdadera soberanía de las Iglesias locales, independientemente de los caprichos de Constantinopla; el respeto de los confines canónicos de las Iglesias y –cosa aún más importante– el primado de una colegialidad real y no falsa en la Iglesia. En particular, es necesario garantizar el derecho para cualquier Iglesia local de dirigir la convocación de un Concilio pan-ortodoxo.
  
ALEXÉI SMIRNOV,
Grupo analítico del canal de Telegram ‘Pravblog’, especialmente para “Pravoslavie.ru”
11 de Diciembre de 2019