Reseña de Pietro Ferrari al libro de Giuseppe Scalici “1944. La distruzione, la guerra aerea in Italia e le sue conseguenze” (1944. La destrucción, la guerra aérea en Italia y sus consecuencias), con epílogo de Francesco Ingravalle, “Guardare in faccia la guerra” (Mirar de frente), Florencia, Passaggio al Bosco, 2024. Tomada de RADIO SPADA.
«¡Llegan los libertadores!». MÁS ALLÁ DE LA NARRATIVA ESTADOUNIDENSE Y LA EXPORTACIÓN DE LA DEMOCRACIA
El tema del artículo es la estrategia terrorista desencadenada deliberadamente en el período 1943-1945 contra la población civil italiana por los bombarderos angloestadounidenses y la campaña de odio, asesinatos por la espalda, atentados y sabotajes llevada a cabo por las bandas partisanas del Comité de Liberación Nacional, en estrecha y orgánica complicidad con el enemigo.
La referencia histórica se centra en una Italia dividida, entre el «Reino del Sur», sometido a la autoridad militar angloestadounidense, y la República Social Italiana, tras la rendición incondicional del 8 de septiembre, resultado del golpe de Estado del 25 de julio de 1943, perpetrado por círculos vinculados a la corona y los servicios de inteligencia “atlánticos”, presentes no solo en la cúpula de las Fuerzas Armadas, sino también dentro del propio Partido Nacional Fascista. Fue, tomando prestado el título de un famoso texto de Ernesto Galli della Loggia, la “muerte de la patria” y el fin de la soberanía nacional.
La “destrucción” a la que alude el título del libro no fue sólo material, a pesar del altísimo coste en vidas humanas (entre 80.000 y 100.000 víctimas civiles, según estimaciones aproximadas), de pueblos devastados, infraestructuras, iglesias, escuelas (basta citar, como ejemplo horroroso, el ataque de las fortalezas volantes estadounidenses a Gorla el 20 de octubre de 1944, cuando fue alcanzada la escuela primaria Francesco Crispi: murieron más de 200 personas, entre niños, profesores y personal).
La “destrucción” fue también moral [1], espiritual y psicológica, determinando un clima de total subyugación, de renuncia a toda forma de dignidad nacional, así como del deseo de una seria reconstrucción histórica de aquellos acontecimientos epocales que determinan decisivamente la situación actual, dada la persistencia de la lógica de Yalta de la partición, por la cual Italia, como el resto de la Unión Europea, sigue siendo una provincia de la anglosfera occidental.
Pero volvamos al tema de este ensayo. Un merecido espacio está dedicado a los pilotos republicanos que, en condiciones prohibitivas dada la correlación de fuerzas, obstaculizaron los bombarderos enemigos, que surcaban los cielos a diario, transportando su carga letal, desde los aeródromos puestos a disposición por el “gobierno” de Brindisi. Los enfrentamientos solían involucrar entre 20 y 30 cazas interceptores italianos contra formaciones de cientos de Fortalezas Volantes y cazas de escolta. Se trataba de auténticas misiones suicidas que tuvieron el mérito de salvar vidas y evitar daños materiales aún mayores. El precio que pagaron los pilotos de la República Social fue altísimo: más de 200 murieron en combate y cuatro fueron asesinados por partisanos después de la guerra, en nombre de ese antifascismo militante que aún hoy se ostenta constantemente, contra toda lógica y racionalidad. Un nombre destaca: el mayor Adriano Visconti, comandante del primer Grupo de Cazas “As de Bastos”, asesinado a traición en Milán por los “patriotas” mientras negociaba las condiciones de rendición.
La destrucción también pone de relieve la perfecta armonía entre las bandas partisanas, que traicioneramente designaban objetivos, y los angloamericanos, que abastecían a su quinta columna con armas y dinero. Un ejemplo contundente de esta complicidad, dirigida a la subyugación de Italia, es el asesinato de Giovanni Gentile en Florencia el 15 de abril de 1944. El filósofo, conocido por sus opiniones moderadas y sus llamamientos a la unidad de propósito más allá de las líneas partidistas y a la reconciliación entre los italianos, fue asesinado por los gapistas [militantes de los Grupos de Acción Patriótica constituidos por el Partido Comunista Italiano a semejanza de la no menos criminal “Résistance” francesa, N. del T.] toscanos, una fuerza liderada por el servicio secreto británico (SOE). El intento desesperado de Gentile por evitar la inminente guerra civil entre italianos, un intento que habría frustrado los planes de las potencias enemigas, debía ser evitado.
Y la labor de infiltración británica es bien conocida, incluso después de la guerra, en la prensa, las comunicaciones, las escuelas, la cinematografía, etc., con el objetivo de consolidar la hegemonía del Oeste Atlántico en Italia, denigrando sistemáticamente la historia nacional, las tradiciones y a su pueblo. Y todo ello con el apoyo activo de “intelectuales”, periodistas, cineastas y otros lacayos voluntarios [2].
Lamentablemente, cabe señalar que, incluso hoy, ese clima psicológico no se ha superado. Salvo algunas excepciones significativas [3], falta una reconstrucción equilibrada del período histórico examinado. Prevalece una lectura sesgada, basada en eslóganes más que en la ciencia, cuyo objetivo es mantener intacta la hegemonía sobre la sociedad civil por parte de una pequeña minoría de supuestos intelectuales, políticos y asociaciones que no tienen intención de renunciar a la visibilidad, el poder efectivo y una financiación significativa, obviamente pública.
NOTAS
[1] Las páginas de “La pelle” (La piel), de Curzio Malaparte, son muy tristes. En ellas se describe la bienvenida de los napolitanos a los “libertadores”.
[2] Citemos, solo para ofrecer un ejemplo, el libro de Luigi Barzini Jr. “Gli italiani” (Los italianos), un vademécum de esos estereotipos negativos y lugares comunes sobre los italianos, publicado, no por casualidad, en inglés.
[3] Nos referimos a historiadores rigurosos como Renzo De Felice y Claudio Pavone, a los que ciertamente no se puede acusar de simpatías por el Veintenio fascista.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)