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martes, 28 de abril de 2026

MULLALLY EN EL VATICANO, Y PRÉVOST HACIÉNDOLE CORO


Ayer 28 de Abril fue recibida en audiencia privada la señora  Sarah Elisabet Bowser Mills de Mullally, en arte “Arzobispo de Canterbury y Primado de la Comunión Anglicana”, por Roberto Francisco Riggitano-Prévost Martínez OSA, en arte “Papa León XIV”, en el Palacio Apostólico del Vaticano.

En el encuentro (donde Sarah fue acompañada del arzobispón conciliar de Westminster Charles Philip Richard Moth Hambly, el director del Centro Anglicano de Roma y nuevo Representante cantuariense ante la Santa Sede Anthony Ball, el Consejero nacional para las Relaciones ecuménicas Matthias Grebe; y la canóniga Margaret Cave, directora para el Ministerio episcopal –lo que sea que eso signifique–), Riggitano-Prévost dio un discurso llamando a los miembros de sus respectivas iglesias (conciliar y anglicana) a «predicar juntos a Cristo» (aunque una predicación sin Cristo, que es lo único que ellos hacen):
«Su visita me trae a la memoria el memorable encuentro, hace sesenta años, entre San Pablo VI y el Arzobispo Michael Ramsey, cuyo aniversario conmemoró junto con el Cardenal Koch en la Catedral de Canterbury la mañana siguiente a su toma de posesión. Desde entonces, los Arzobispos de Canterbury y los Obispos de Roma han seguido reuniéndose para orar juntos, y me complace que hoy continuemos con esta tradición.
  
[…] Si queremos que el mundo tome en serio nuestra predicación debemos, por lo tanto, ser constantes en nuestras oraciones y en nuestros esfuerzos por eliminar cualquier piedra de tropiezo que obstaculice la proclamación del Evangelio. La atención a la necesidad de unidad con miras a una evangelización más fecunda ha sido un tema recurrente a lo largo de todo mi ministerio: de hecho, se refleja en el lema que elegí cuando fui nombrado obispo: In Illo uno unum, “En el único Cristo somos uno” (San Agustín, Comentario sobre el Salmo 127, 3).
  
A este respecto, cuando el arzobispo Michael Ramsey y San Pablo VI anunciaron el primer diálogo teológico entre anglicanos y católicos, hablaron de buscar el “restablecimiento de la plena comunión en la fe y en la vida sacramental” (cf. Declaración conjunta, 24 de marzo de 1966). Ciertamente, este camino ecuménico ha sido complejo. Aunque se han logrado muchos avances en cuestiones históricamente divisivas, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas, lo que ha hecho que el camino hacia la plena comunión sea más difícil de discernir. Sé que la Comunión Anglicana también está enfrentando muchas de estas mismas cuestiones en la actualidad. Sin embargo, no debemos permitir que estos desafíos constantes nos impidan aprovechar cada oportunidad posible para proclamar juntos a Cristo ante el mundo. Como dijo mi querido predecesor, el Papa Francisco, a los Primados de la Comunión Anglicana en 2024: “Sería un escándalo que, debido a las divisiones, no realizáramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo” (Discurso a los participantes en la Asamblea de los Primados de la Comunión Anglicana, 2 de mayo de 2024). Por mi parte, añado que también sería un escándalo si no siguiéramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy insuperables que puedan parecer».
  
Y recibió de su homóloga una copia de la edición de 1910 del poema “El sueño de Geroncio” del cardenal Juan Enrique Newman, un retablo ayacuchano de la Natividad, y un frasco con miel de las colmenas del Palacio de Lambeth.
  
Una de esas «diferencias aparentemente insuperables» (porque de facto parece superada) está en que en el anglicanismo se reconoce la “ordenación” presbiteral de mujeres desde 1992 y la episcopal desde 2014 (aunque ya se practicó varias décadas antes), cuestión que si entre los anglicanos genera división (a tal punto que se nombran obispos sufragáneos para los que no las admiten”), en los conciliares es materia de excomunión, adicional a que de por sí las órdenes anglicanas son «absolutamente nulas e inválidas» por defecto grave de forma e intención, tal como definió León XIII Pecci en su encíclica Apostolicæ Curæ, y lo recordó el cardenal Kurt Koch Buhlmann, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (y cuya tesis doctoral versó sobre la teología del teólogo protestante alemán Wolfhart Pannenberg), al periodista Daniel Beurthe en una entrevista publicada por The Tablet el 23 de Abril«La Iglesia católica no puede reconocer las ordenaciones anglicanas, como decidió el Papa León XIII. Esto aplica independientemente de si la persona ordenada es hombre o mujer».
  
Aun así, y no conforme con la “bendición” de dos días atrás en la basílica de San Pedro, la señora Mullally no tuvo empacho alguno en presidir la Oración de medio día (Hora sexta) en la Capilla Urbaniana del Palacio Apostólico, mientras Riggitano-Prévost le hacía la segunda.
  
El Papa San Agatón sentenció: «El que ora con herejes, es hereje». Principio recogido en el canon 2316 pío-benedictino: «El que, espontánea y conscientemente, ayude de cualquier modo a la propagación de la herejía, o comunique en las cosas sagradas con los herejes contrariando lo prescrito en el canon 1258, es sospechoso de herejía».

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)