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martes, 30 de mayo de 2023

OTRA VEZ EL ANTISEDEVACANTISMO DE SCHNEIDER (y esta vez llevándose a Santo Tomás de Aquino)


El obispón auxiliar de María Santísima en Astaná (Kazajistán) Atanasio Antonio Schneider Trautmann ORC, participó el 14 de Marzo en la conferencia en vivo de la Confraternidad de Nuestra Señora de Fátima fundada por Christopher P. Wrent.
   
Ante la pregunta «¿El Papa Francisco ha perdido su oficio porque siempre enseña herejía y va contra la Fe Católica?», Schneider respondió con esta parrafada:
«Primero, yo diría que la cuestión de la pena de muerte todavía no ha sido procmamada como un dogma de fe de manera infalible, por tanto formalmente, aun si el Papa Francisco negase la verdad de la legitimidad de la pena de muerte, él no cometió herejía formalmente, es solo una cuestión técnica.
   
La otra cuestión, más de principios, es que es imposible que un Papa pierda automáticamente su oficio por enseñar herejía. ¿Por qué? Porque, nuevamente, somos una estructura jerárquica. No somos una comunidad democrática que puede deponer a su líder, como las comunidades protestantes, o los partidos políticos, o las comunidades ortodoxas de los obispos ortodoxos que no tienen lo que yo llamo una “estructura jerárquica”, una cabeza visible, sino un colegio, la sinodalidad. Y entonces, cuando hay solamente el principio de la sinodalidad, como en los ortodoxos, ellos pueden deponer a su patriarca, pueden deponer a su cabeza. Y por tanto, ya hay un error: la sinodalidad como el único principio. La sinodalidad también es válida en la Iglesia Católica, pero no es el único principio ni el más importante: El más importante es el primado de Pedro. Por supuesto, claro está, junto con la sinodalidad de los obispos.
   
Esto llevaría a la herejía del Conciliarismo, que fue condenada por la Iglesia en el siglo XV, que dice que hay en la Iglesia un cuerpo, digamos, el concilio o un grupo de obispos o cardenales, que pueden pronunciar un juicio definitivo sobre la cabeza de la Iglesia. Esto es contrario, es ilógico, de nuestra estructura, la estructura católica del primado, que fue dada por Dios. En este caso, iríamos a la estructura del conciliarismo, la sinodalidad o el episcopalismo. Esto es muy peligroso, y por tanto es imposible deponerlo. ¿Por qué? Repito, por la estructura divina de la Iglesia.
  
Y en segundo lugar, también porque el Papa no recibió su oficio de los cardenales –ellos solo lo eligieron–, sino que lo recibió inmediata y directamente de Dios, y solo Dios puede removerlo, o él mismo cuando renuncia o cuando está muriendo. Quiero decir, en este caso, Dios lo remueve.
   
A veces, Dios puede removerlo antes, para librar a la Iglesia de otros males, pero esa es decisión de Dios y de Su providencia. Y así, detrás de todas estas teorías, incluso las de San Roberto Belarmino, [Tomás de Vío] Cayetano, y demás, estas son solo teorías, no son enseñanza de la Iglesia, nunca. ¿La Iglesia ha enseñado esto? Nunca. Incluso los Santos Doctores de la Iglesia pueden tener errores, y cometieron errores. Incluso el mayor Doctor de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, cometió errores en doctrina, porque él rechazó la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, él negó el carácter sacramental de la consagración episcopal, por ejemplo, y estaba convencido que la materia de la ordenación es la transmisión del cáliz al sacerdote. Estos son errores objetivos, así que Santo Tomás de Aquino cometió estos errores, y sin embargo siguió siendo un hombre santo y un doctor confiable, porque Tomás de Aquino no tenía el don de la infalibilidad. Es solamente la Iglesia la que tiene totalmente este don, y el Papa bajo circunstancias muy estrictas.
  
Y el mismo San Roberto Belarmino cometió aquí un error cuando promovió esta hipótesis, o Cayetano, o digamos, San Francisco de Sales, y otros. Esto no es una demostración de la Tradición constante e inmutable de la Iglesia, por tanto, no es para mí una autoridad en este caso, quiero decir. Tengo mucho respeto a San Roberto Belarmino, por supuesto, pero no en este punto.
   
Y entonces, ¿qué hay detrás de todo esto? Bueno, también tenemos que declarar que un Papa no es capaz de cometer herejía cuando está enseñando ex cáthedra, quiero decir, cuando está enseñando en una forma definitiva, final. Es imposible, porque está definido dogmáticamente por el Concilio Vaticano I, que dice que en estos casos, la Divina Providencia, la asistencia del Espíritu Santo está protegiendo al Papa, está guardándolo, de que no cometa un error. Así, él no puede cometer herejía cuando está enseñando definitivamente. En otras palabras, cuando el Papa no está enseñando definitivamente, no está enseñando ex cáthedra, él puede cometer errores, inclusive una herejía. Y esto no significa, quiero decir, con esto no está perdiendo automáticamente su oficio porque no está enseñando definitivamente.
  
Así, detrás de todas estas teorías de la pérdida automática del oficio papal y luego juzgar al Papa y deponerlo, y demás, para mí, detrás de todo esto hay una falta de confianza en que Dios está guiando a Su Iglesia. Es un atentado implícito de que nosotros tomemos la Iglesia en nuestras manos y resolvamos el problema. Es demasiado humano. Y también está detrás de todo esto un remplazo implícito de la cruz, del momento del Gólgota de la Iglesia que tenemos que soportar y aceptar, creyendo que Dios acabará con este tiempo de confusión con un Papa que está promoviendo errores. Así que debemos tener una visión sobrenatural más profunda».
   
Si nos tomamos el marrón de transcribir todo esto que acabas de leer, fue porque es necesario para refutar los errores de Schneider, que como el cabestro (buey manso adiestrado para dirigir la manada de los toros de lidia), a los que se suma el llevarse por delante esta vez a Santo Tomás de Aquino en un juicio injusto, deshonesto y anacrónico, a saber:
  • Contrario a la vulgáta posterior, Santo Tomás de Aquino postuló que la Santísima Virgen María fue concebida sin mancha de pecado original. Las afirmaciones de que él no aceptaba esta doctrina (que entonces era una cuestión disputada) no podían nacer sino de falsificadores posteriores como Juan de Monzón OP († 1412), cuyas vicisitudes y polémicas refiere San Juan Eudes y que provocaron no solo la excomunión a De Monzón, sino que la orden dominica fuese proscrita de la Sorbona y la diócesis de París entre 1387 y 1403.
  • Del Suplemento a la Suma Teológica, cuestión 37, art. 2, y del Compendio Moral Salmaticense, se concluye que para Santo Tomás de Aquino, la materia del Orden era tanto la transmisión del cáliz lleno de vino y la patena con la hostia como la imposición de manos por el obispo. Por otra parte, la CONSAGRACIÓN (no Ordenación) episcopal significa la promoción a la plenitud del sacerdocio a fin de ejercer algunas funciones de carácter jerárquico (Suplemento a la Suma Teológica, cuestión 40, art. 3), y el tema de si esta es un sacramento o no era algo discutido incluso en fechas recientes (León XIII ni siquiera quiso abordar el tema en “Apostólicæ Curæ”, ¿ahora Schneider, que no es sino un laico a la luz de esta última encíclica, viene a pontificar sobre ello? Lo que hay que ver…)
Como buen neocón que está bajo sospecha por su postura ambivalente y camaleónica, Schneider necesita siempre defender que está en conexión canónica visible con el Papa Francisco Bergoglio, conexión que expresa por «la aceptación pacífica y moralmente universal del nuevo Pontífice por parte del episcopado y del pueblo católico» (argumento que actualmente se verifica falaz e inútil), aun cuando ello le lleve a calumniar a los Santos y Papas verdaderos (como es tradición en él) y a desconocer de manera hortera y flagrante que esa «teoría» como él la llama está basada en un dogma de Fe católica cual es que los herejes, cismáticos y apóstatas están fuera de la Iglesia y en consecuencia no puede pretender ser cabeza quien está fuera del Cuerpo Místico; y se refleja en el derecho canónico, como quiera que el canon 188 § 4 pío-benedictino (e incluso el canon 194 §1, 2º del código wojtyliano) están influidos por la Bula “Cum ex Apostolátus Offício”, que establece claramente (sin perjuicio de la infalibilidad pontificia) que la asunción de un jerarca incurso en herejía, apostasía o cisma, es nula e inválida, sin necesidad de declaración o juicio alguno:
«si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circunstancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie. Y en consecuencia, los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder» (Papa Pablo IV, Bula “Cum ex Apostolátus Offício”, 15 de Febrero de 1559, n. 6-7).
Y desde luego, ante el Magisterio, la “teoría” de Schneider nada puede hacer, y tanto él como quienes lo siguen, quedan corridos.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)