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jueves, 2 de enero de 2020

CRÓNICAS DEL FUTURO: AQUELLA PRIMERA CEREMONIA DE LA BOFETADA

Artículo publicado por Aldo María Valli en su sitio homónimo. Traducción tomada de SANTA IGLESIA MILITANTE - SEGUNDA ÉPOCA.
  
  
Atención. El siguiente artículo contiene IRONÍA. En caso de acertada alergia a la IRONÍA, abstenerse de la lectura.
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También ayer por la noche, 31 de diciembre del año 3520, la hermosa Ceremonia de la Bofetada se repitió en la Plaza del Diálogo, anteriormente Plaza de San Pedro, cuyos orígenes se pierden en las brumas del tiempo.

Según los liturgistas más acreditados, la Ceremonia de la Bofetada nació hace mil quinientos años, cuando el Papa de la época, Francisco Misericordioso I (el primero de una larga serie de clementes Franciscos), se acercó a la plaza para admirar el belén tradicional (que entonces era real y no holográfico como ahora), y se acercó a la multitud para saludar. Los fieles, reunidos detrás de una valla, extendieron sus manos para estrechar la del papa y Francisco, como de costumbre, se dejó tocar voluntariamente, dando sonrisas. Pero aquí una creyente un poco más devota y emprendedora agarró al Papa por el brazo y  lo atrajo con fuerza hacia ella, tal vez para recibir una caricia o una buena palabra o una bendición especial. Fue entonces cuando el papa Francisco Misericordioso reaccionó con fastidio, liberándose decididamente del control de la fiel, golpeando la mano de la misma con una bofetada, que desde aquel momento fue conocida como la Bofetada de Francisco.
  
Desde esa noche, la Ceremonia de la Palmada ha sido un momento privilegiado entre las liturgias de fin de año. De hecho, por la forma en que el papa abofetea a los fieles, los católicos trazan auspicios para el año que está por nacer. Si la bofetada no está muy decidida (digamos una palmadita), el año nuevo estará marcado por desastres. Por el contrario, si la bofetada (como la primera bofetada de Francisco Misericordioso I) es vigorosa, es un signo de energía papal, el año nuevo estará lleno de excelentes noticias.

Los liturgistas arúspices, designados para el examen de la palmada, también consideran importante la expresión que se dibuja en la cara papal. Si, en el momento del tirón, la cara del Papa permanece imperturbable, el año nuevo estará en línea con el anterior; Si sólo se dibuja una leve sonrisa en el rostro papal, un signo de resistencia o, peor aún, de debilidad, el año nuevo tendrá eventos ruinosos; si finalmente aparece una expresión decididamente fruncida o, mejor aún, enojada (como sucedió en el caso de Francisco Misericordioso I) en el rostro papal, el año nuevo estará lleno de excelentes perspectivas para la Iglesia y para el mundo.

Según la tradición, inmediatamente después del golpe, los fieles son conducidos a la prisión de la gendarmería, donde se lleva a cabo la segunda parte más secreta de la Ceremonia de la Bofetada. Aquí, de hecho, el Papa, puede decidir si abofetear al sujeto nuevamente u otorgar la Gracia Papal. No se admiten testigos en esta segunda parte de la ceremonia. De ahí numerosas leyendas sobre el destino de los fieles. Ciertamente se sabe que la Gracia Papal se interpreta como un signo de debilidad, mientras que un castigo severo y justo, cuyo alcance no se conoce, es considerado un signo de fuerza por el Papa y de firmeza al mando del barco de Pedro.

También parece que fue precisamente después de la primera Ceremonia de la Bofetada que el Papa Francisco Misericordioso I escribió la conocida exhortación apostólica Gaudete et malmenate (Alegraos y golpead), para transmitir el recuerdo de ese episodio significativo.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)