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jueves, 16 de enero de 2020

¿SAN FRANCISCO DE ASÍS PREDIJO AL “PAPA FRANCISCO”?

Traducción del artículo publicado por Christopher A. Ferrara en THE REMNANT.

  
A menudo los Tradicionalistas son ridiculizados por comentaristas neocatólicos por confiar en citas supuestamente apócrifas de Papas o Santos sobre la actual crisis eclesial. Pero estos críticos nunca demuestran que las citas son apócrifas; solamente aseguran que lo deben ser, porque parecen demasiado probatorias para ser verdad. Esto sucede frecuentemente en cajas de comentarios o respuestas a preguntas en línea en websites neocatólicos, donde el comentarista neocatólico profesa que no puede encontrar la fuente de determinada cita, significando que no se ha molestado en hacer alguna investigación seria más allá de unas pocas búsquedas en Google.
  
Tomar esta cita de Pío XII, por ejemplo, hablando en 1931 cuando todavía era Monseñor Pacelli, sirviendo como Secretario de Estado de Pío XI:
«Estoy preocupado por las confidencias de la Virgen a la pequeña Lucía de Fátima. Esta persistencia de Nuestra Señora ante el peligro que amenaza la Iglesia, es una advertencia divina contra el suicidio que representaría la alteración de la fe, en su liturgia, su teología y su alma
 
Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico!
   
Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: “¿Dónde le han puesto?”». 
Cuando citén este pasaje por primera vez, hace casi 17 años, fui contactado por una prominente luminaria neocatólica que demandó una fuente para ello, porque él y sus amigos creían que era “apócrifa”.  No recibí la cortesía de un gracias cuando le señalé las páginas 52-53 de la biografía de Pío XII por Mons. Georges Roche, Pie XII Devant L’Histoire (París: Éditions Robert Laffont, 1972), una obra francófona agotada que logré obtener luego de una extensa búsqueda de inventario de un vendedor de libros usados. Yo vi el original francés que confirma la precisión de la traducción inglesa antes de citar la declaración.
  
Un sacerdote modernista apóstata, un tal Émile Poulet, que dejó el sacerdocio y se casó, atentó poner en duda la credibilidad del relato de Mons. Roche sobre las palabras del futuro Pío XII. Poca sorpresa: Poulet, que murió en 2014 a los 94 años, pertenecía al movimiento de los “sacerdotes obreros” que fue condenado por nadie más que Pío XII, como lo noté aquí. Su atentado para refutar la cita involucró quisquillosidades sobre lo que afirmaba eran errores factuales en algún lugar de la biografía de Mons. Roche. Pero no tenía evidencia de que la cita fuera cuando mucho una invención. Simplemente deseaba que lo fuera.
  
Démosle a nuestros amigos neocatólicos otra cita “apócrifa” para descartar sin más. Esta pertenece a una sorprendente profecía por San Francisco de Asís sobre un futuro ocupante de la Cátedra de San Pedro:
«Poco antes de morir en 1226, el Santo Padre [San Francisco de Asís] reunió a los miembros de su orden y les advirtió sobre grandes tribulaciones que caerían sobre la Iglesia en el futuro, diciendo:
“Sed fuertes, mis hermanos, tomad fuerza y creed en el Señor. Se acerca rápidamente el tiempo en el que habrá grandes pruebas y tribulaciones; abundarán perplejidades y disensiones, tanto espirituales como temporales; la caridad de muchos se enfriará, y la malicia de los impíos se incrementará. Los demonios tendrán un poder inusual; la pureza inmaculada de nuestra Orden y de otras, se oscurecerá en demasía, ya que habrá muy pocos cristianos que obedecerán al verdadero Sumo Pontífice y a la Iglesia Romana con corazones leales y caridad perfecta.
 
En el momento de esta tribulación, un hombre elegido no canónicamente se elevará al pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte. Entonces, los escándalos se multiplicarán, nuestra Orden se dividirá, y muchas otras serán destruidas por completo, porque se aceptará el error en lugar de oponerse a él.
 
Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios…
 
Aquellos que preserven su fervor y se adhieran a la virtud con amor y celo por la verdad, han de sufrir injurias y persecuciones; serán considerados como rebeldes y cismáticos, porque sus perseguidores, empujados por los malos espíritus, dirán que están prestando un gran servicio a Dios mediante la destrucción de hombres tan pestilentes de la faz de la tierra…
 
Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a estos un verdadero Pastor, sino un destructor”». [Saltos de párrafo agregados]
Esta cita aparece en Works of the Seraphic Father St. Francis of Assisi, publicada en 1882 por la editorial Católica londinense R. Washbourne, págs. 248-250. Está fácilmente disponible como un libro de Google. Debe resaltarse que el mismo libro contiene un apéndice que presenta las “Obras dudosas de San Francisco”, de la cual la cita no forma parte. Así, el mismo editor distinguió claramente las profecías auténticas de San Francisco de las que pueden ser apócrifas. Además, difícilmente pudo haber en 1882 algún motivo “tradicionalista radical” para hacer circular citas falsas del santo.
 
“San Francisco en éxtasis”. Caravaggio, 1595
  
Claramente, la profecía de San Francisco no es una predicción del Gran Cisma Occidental (1378-1417), que no involucró un “destructor” sobre la Cátedra de San Pedro que lleva a los fieles al error, la apostasía grandemente difundida, y la persecución de los Católicos fieles como “cismáticos”. Sino que contiene elementos hoy muy familiares a nosotros. ¿Y qué inferencia puede trazarse desde la coincidencia de la profecía de San Francisco sobre un futuro “destructor” en el oficio papal que parece corresponder más bien con el pontificado del único Papa que ha tomado el nombre de Francisco como el suyo propio?
   
Otra cosa para considerar: San Francisco, uno de los más grandes santos en la historia de la Iglesia, uno de los pocos que es conocido y reverenciado por todo el mundo, reveló libremente su visión de un destructor eclesial que usurpa el oficio papal. Es decir, San Francisco no sufrió de la papolatría actualmente reinante, que sostiene que la indefectibilidad de la Iglesia depende de defender toda palabra y obra de determinado Papa como algo consistente con la Tradición y declara como algo absolutamente inadmisible la idea que el ocupante del oficio Petrino pueda ser una amenaza para la integridad de la Fe. En cambio, San Francisco, iluminado por el mismo Cielo, reconoció la realidad venidera de lo que San Roberto Belarmino, un Doctor de la Iglesia, hipotetizó como posible en principio, para citar otra cita “apócrifa”:
«Así como es lícito resistir al Pontífice que agrede al cuerpo, así también es lícito resistir a aquel que agrede a las almas o destruye el orden civil o, sobre todo, trata de destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad…». De Controversiis sobre el Romano Pontífice, trad. Ryan Grant (Mediatrix Press: 2015), Libro II, Capítulo 29, pág. 303.
¿San Francisco predijo la venida del Papa Francisco? Nosotros no lo juzgamos, aunque la Iglesia puede también emitir un juicio de Francisco como el del anatema póstumo de Honorio I. ¿San Francisco ha estado horrorizado por las palabras y obras del Papa que ha presumido tomar su nombre?  Esa pregunta se resuelve sola. 

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