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domingo, 18 de enero de 2026

LO QUE QUEDÓ DEL ALTAR DE LA CÁTEDRA

La Basílica de San Pedro tenía en su ábside el altar de la Cátedra, justo debajo del conjunto escultórico de Bernini que presenta a los Padres Latinos (San Ambrosio y San Agustín) y los Padres Griegos (San Juan Crisóstomo y San Atanasio el Grande), sobre los cuales la cátedra de San Pedro es sostenida por las nubes bajo un rompimiento de gloria en el cual el Espíritu Santo ilumina con su luz.
  
Este altar había sido dedicado por Pío IX luego de su restauración encargada para conmemorar el decimoctavo centenario del martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y la ostensión de la Cátedra en 1867.
  

Aun así, en 1994, al director de la Fábrica de San Pedro (los que se encargan del mantenimiento y ornato de la Basílica) decidieron demoler el altar, el cual remplazaron con una mesa tipo yunque, y las gradas simplemente pasaron a ser la sede del presidente litúrgico de turno:
   
  
Tal demolición se hizo muy a contravía de lo que ellos mismos dispusieron en la instrucción Eucharísticum Mystérium” del 25 de Mayo de 1967, que en su artículo 24 establece:
«[…] Hay que evitar la dilapidación de los tesoros de arte sagrado al adaptar las iglesias, pero si se juzga que tales tesoros hay que sacarlos del lugar en que ahora se encuentran, por la instauración litúrgica, según el juicio del Ordinario, pedidos los pareceres de los técnicos y, si el caso lo requiere, con el consentimiento de aquellos a quienes afecta, hágase esto con prudencia y de tal manera que en los nuevos puestos sean colocados de un modo adecuado y digno de las obras».
Y en la introducción del “Ritual de Dedicación de Iglesias y Altares” promulgado en 1977, cap. IV, art. 7, el principio de un solo altar es solo para las iglesias nuevas, no para las antiguas como es la Basílica de San Pedro:
«Conviene que en las nuevas iglesias no se construya sino un solo altar para que, dentro del único pueblo de Dios, el altar único exprese que uno solo es nuestro Salvador Jesucristo y que es única la eucaristía de la Iglesia».
Pero tal demolición no podía significar menos. El altar, consagrado para el Santo Sacrificio de la Misa, no podía ser profanado con una cena comunal como es el Novus Ordo.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)