Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
El roquete es una vestimenta eclesiástica que no es litúrgica, sino de distinción jurisdiccional, cuyo uso está (de facto estaba) regulado con precisión.
«Se prohíbe el uso del roquete, excepto para aquellos a quienes legítimamente pertenece; y además se establece y declara que a nadie se le permite servir o asistir en la celebración de la Misa o los oficios divinos vistiendo el roquete, ni vistiendo una sobrepelliz con mangas estrechas semejantes al roquete». Así lo dictaminó la Sagrada Congregación de Ritos, en un decreto confirmado por Urbano VIII y recogido en el Misal Romano.
Pero, ¿a quién pertenece legítimamente el uso del roquete?
El Papa.
El Sumo Pontífice siempre lleva el roquete, y lo lleva descubierto en todas partes, puesto que su jurisdicción ordinaria y universal la recibe directamente de Cristo al aceptarla. Consciente de que esta vestidura simboliza esta verdad de fe, así como la gran responsabilidad que conlleva, el Papa Urbano VII solía decir: «Esta prenda tan fina pesa tanto sobre mí que las palabras no pueden expresarlo. ¡Quién creería que algo hecho de lino tan ligero pesa tanto!».
Los Cardenales.
Los miembros del Sagrado Colegio llevan el roquete descubierto en todas partes excepto en la Urbe romana. Allí lo cubren con la capa. Lo llevaban descubierto solo durante la Sede Vacante para significar que, habiendo dejado de vivir el Romano Pontífice, la suprema autoridad de la Iglesia se depositaba temporalmente en sus manos [1].
Los obispos.
Todos los obispos usan el roquete, pero en la antigüedad no todos de la misma manera.
En primer lugar, cabe señalar que en tiempos pasados, la persona elegida al episcopado, si estaba presente en la Curia Romana, después del Consistorio recibía el roquete del Papa, quien se lo imponía «como signo del poder con el que lo investía» (Moroni). Esto significaba la verdad de la fe según la cual el poder de jurisdicción (expresado por el roquete) proviene de los obispos no de la consagración episcopal, sino del Romano Pontífice.
Además, hasta 1969, las normas ceremoniales disponían que los obispos residentes usaran el roquete descubierto solo dentro del ámbito de su propia jurisdicción (limitada), debiendo cubrirlo con el mantelete una vez que abandonaban su diócesis. Esto es un signo de que ni siquiera existía la percepción de un Colegio Episcopal compuesto por iguales y con la función de sujeto de poder supremo en la Iglesia universal, como el que se menciona en Lumen géntium [2].
El roquete se concede también a prelados menores y a canónigos regulares y seculares.
Bibliografía: Caballero GAETANO MORONI, voz “Roquete”, en Dizionario di erudizione storico-ecclesiastica, vol. LVIII, Venecia, Tipografía Emiliana, 1852, págs. 70-78.
NOTAS

Vale aclarar que la teoría de que la jurisdicción episcopal procede del mandato pontificio es del jesuita Diego Laínez y fue acogida por los teólogos italianos, mientras que lo contrario (esto es, que la jurisdicción procede de la consagración episcopal, siendo el papa el que delimita el área de su ejercicio –competencia–) era sostenida por los españoles en el Concilio de Trento.
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