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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 4 de septiembre de 2014

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY (del mes de Septiembre)

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
   
     
XIV Septiembre y Jueves Santo
   
Caía la tarde del Jueves Santo... Junto con las primeras sombras, los horrores de una agonía espantable inundaban ya el Corazón desgarrado de Jesús... El Nazareno Salvador era el Hijo del Hombre..., tenía una madre, ¡única en su ternura, divina en su hermosura! Su cariño y mirada eran para Jesús más que el cantar de los ángeles, más que el aura perfumada de los cielos... Era Ella la bendición del Padre... ¡Y debía dejarla, por amor de los humanos! ¡Oh, Jueves Santo, día de las despedidas supremas del Maestro!... Había llegado su hora: postrado en tierra, de rodillas ante la Virgen María, el Hijo-Dios le pide licencia para morir, en redención de sus verdugos... Y entrecortada la voz por los sollozos, descansando su cabeza soberana sobre el pecho de su Madre, le confía Jesús a las ovejitas recobradas del rebaño... María le tiene estrechado entre los brazos, puesto el recuerdo en la cuna de Belén, y los ojos, milagrosamente iluminados, en el Calvario del mañana... Y esa Reina llora, ungiendo la cabeza del redentor con sus preciosas lágrimas...; llora, ofreciendo al Eterno Padre esa Víctima, el Cordero Inmaculado...; llora, bendiciendo al mundo, cuyo rescate comenzó en la casita dichosa de Nazaret, y que terminará al siguiente día en un cadalso de horror, de sangre y de vergüenza... Abraza, delirante de amor, al Hijo, y antes que las espinas profanen su frente, la besa en nombre del cielo, porque es su Dios...; vuelve a besarlo en nombre de la tierra, porque es su Rey..., y pronuncia un ¡fiat! desgarrador, omnipotente... Era ya la noche; Jesús ha confiado su madre desolada a los amigos de Betania y a los ángeles, y se aleja, llevando el alma anegada en una agonía más amarga que la muerte...
   
(Pausa)
      
LAS ALMAS: Que bien sienta, Jesús sacramentado, recordarte a esta hora, y en este día incomparable, esa tu primera angustia crudelísima: el sacrificio de tu Madre, por amor del mundo desdichado... ¡Señor!, no sólo como Dios que eres, sino como Jesús, el Hijo de María, Tú penetras y comprendes la crueldad mortal de las separaciones de la tierra... y el dolor que provocan las ausencias, las despedidas y la muerte... ¡Ah!, precisamente porque eres Jesús, venimos, pues, a desahogarnos en aquella primera herida de tu Corazón, abierta al despedirte de María, dolorosa como ninguna Madre, desde ese instante... Mira en Ella, Jesús, a tantas madres, a tantas esposas, a tantas almas que lloran hoy ante el Sagrario, la ausencia de seres muy queridos... Cuántas llegarán mañana, solas, ante la Cruz ensangrentada... Sí, vendrán solas, porque la desgracia, ¡ay!, y tal vez la falta de fe, tienen alejados del hogar o de tus templos a un hermano, al esposo, o algún hijo... alejados, pero no despedidos, mil veces no, del sagrario de tu Corazón, que es la resurrección de los caídos... En él, como en un cáliz, vienen a llorar contigo, en este Getsemaní, las angustias de la ausencia, muchas madres atribuladas, tantos padres cristianos, muchos hermanos desolados, que reclamen de tu Corazón la paz, en el triunfo de tu amor en sus hogares..., la paz en el regreso de los pródigos..., la paz en la resignación por las crueldades de la muerte...
   
No importa que suframos nosotros, Maestro, aquí a tu lado; pero que los nuestros sean también tuyos, que te adoren, que te amen todos, como el día, sin nubes de la Primera Comunión... ¡Oh, dulce Nazareno, recuerda las congojas de María, al despedirte Tú de ella, el Jueves Santo..., no olvides el postrer abrazo de tu Madre, y el encargo que te hizo de velar, con especial ternura, en la Eucaristía sacrosanta, por las madres doloridas... y por todos los ausentes del hogar!...
   
(Pausa)
   
(Pedid a los Sagrados Corazones de Jesús y de María que, por la mutua aflicción del Jueves Santo, remedien tantas desdichas morales del hogar; en este día en que nos obsequió su Corazón en la Santa Eucaristía, no puede negarnos esa gracia).
   
Con el Corazón lacerado, humedecido el pecho y los cabellos con las lágrimas de su divina Madre, sube Jesús la colina de Sión y llega con los suyos a la sala de la última Cena de su vida... Está herido de amor... El llanto ha enrojecido sus ojos hermosísimos, y pugna todavía por brotar a raudales; pero el Maestro lo contiene prisionero en su Corazón, que ya agoniza... “Y como nos hubiera amado siempre con amor sin límites, en esa hora sublime, nos amó con exceso”, con delirio infinito: deliciosamente enloquecido, por su propia caridad, se hizo Pan... se hizo Eucaristía, e inerme, indefenso, aniquilado, se nos entregó en la Hostia, hasta la consumación de las edades... “Te venció el amor, Jesús. ¡Viva tu Corazón Sacramentado!”.
   
(Pausa)
    
Al recordar la dádiva por excelencia del Corazón de Jesucristo, su maravillosa Eucaristía, hemos exclamado, con ardor del alma: “¡Viva tu Corazón Sacramentado!”. Pero ¡ay!, no es eso, no, el grito de un mundo que heredó la dureza de un pueblo deicida, y aun la perfidia del discípulo traidor. Ahí tenéis al Dios Sacramentado, ahí está, decepcionado de millares de sus redimidos... Fabricó la prisión de su Sagrario, inventó el cielo de la Hostia, y su pueblo le pagó con el olvido... Su pueblo hizo el silencio alrededor del Arca Santa, y ahí donde le veis, almas consoladoras, ahí le tiene abandonado entre las sombras de ese pobre calabozo, siendo el Dios, que es la bienaventuranza de los cielos...
   
Llama, y su voz se pierde en el desierto; pide, y su reclamo se disipa en el silencio; se queja..., y su gemido le apaga, muchas veces, el clamor de sus hijos, que ríen y cantan, despreocupados por completo del Cautivo del altar... Y el Hombre-Dios conoció esta afrenta, y la saboreó en toda su indecible amargura, al consagrar el primer pan, el Jueves Santo. ¡Oh, sí lo supo, y su Corazón no vaciló, porque os esperaba a vosotras, almas fidelísimas..., porque os veía llegar con una plegaria de consuelo y de victoria, ante su altar! Digámosela con una sola voz, y que esa oración sea a un tiempo el desagravio de ese ignominioso olvido y el pedido imperioso de una nueva era de triunfo para el Corazón de Jesús Eucaristía...
   
LAS ALMAS: Con el íntimo fervor con que comulgó San Juan, de tu mano benditísima, y con la fe ardorosa de San Pablo, suplicámoste, Jesús Sacramentado, que despiertes en las almas incontenibles ansias, hambre divina de comulgar. Te conjuramos, pues, que nos escuches:
   
Por la primera Comunión, distribuida a tus apóstoles en la Cena misteriosa del Jueves Santo...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por las protestas de amor y de fidelidad, de tus discípulos al entregarles el tesoro de tu Sagrado Corazón...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por el poder maravilloso conferido a los apóstoles y por la institución del sacerdocio para la perpetuidad de los misterios eucarísticos...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por la renovación, no interrumpida desde entonces, del holocausto del Cenáculo y de la Cruz, en el maravilloso sacrificio de la Misa...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por las inagotables larguezas de tu Corazón, en las victorias otorgadas a tu Iglesia por el Sacramento del altar...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por los prodigios incesantes de santificación, operados en la recepción frecuente y cotidiana del maná sacramentado...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por tu residencia fidelísima de veinte siglos de Sagrario, no obstante el olvido, el desdén y el sacrilegio...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por la sabiduría de tu Iglesia, al invitar con santo apremio a la recepción frecuente y diaria de la adorable Eucaristía...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
Por la ternura redentora que ha abierto a los pequeñitos, de un mundo que se pierde, el refugio de tu Corazón y de tu Santo Tabernáculo...
(Todos en voz alta) Reina, Corazón Divino, por la Comunión de cada día.
    
(Pausa)
   
(Pedid con especial fervor en esta tarde el triunfo del Sagrado Corazón en la Comunión diaria).
    
El que es Señor del cielo y soberano de la tierra, es ya el divino esclavo de los hombres...; el que nos dio la vida, se ha aniquilado... el que rompió nuestras ligaduras, las ha tomado para sí, y es, por amor incomprensible, prisionero nuestro desde el Cenáculo...
    
Arrastrando invisibles cadenas baja de Sión, se interna entre los olivos de Getsemaní... y, cayendo ahí de hinojos, ora y comienza a agonizar... Se cierne en ese instante la tempestad de todos los dolores sobre su Corazón despedazado, y, en medio de todas las congojas, repite, entre sollozos: “¡Los amo, Padre! ¡Hiere, pero salva, perdona a los humanos!”... Arrecian las angustias; han pasado los verdugos, los blasfemos, los insultadores de su Cruz, los negadores de su Evangelio y de su amor... Y ha repetido: “¡Los amo, Padre!... ¡Perdona a los humanos!”. Han pasado los apóstatas, los infelices renegados, que pisotearon el altar en que adoraron...; ha pasado la muchedumbre infinita de los cobardes, de los que temieron confesarlo, de los que se avergonzaron de su Rey y Salvador, y ha exclamado, dolorido: “¡Los amo, Padre!... ¡Perdona a los humanos!”... Han pasado los perseguidores de su Iglesia, los que han luchado con la mentira, los seductores de los pueblos, los hipócritas, los soberbios...; han pasado los ruines, los indiferentes de conciencia, la turba incontable de los gozadores que profanaron el alma en un lodazal de pasiones nefandas..., y el divino Agonizante ha repetido: “¡Los amo, Padre!... ¡Salva, perdona a los humanos!”... Han pasado los sacerdotes tibios e infieles, los padres mundanos y culpables de la perdición de sus hijos...; han pasado los hogares con todos sus delitos, las sociedades con todas sus orgías, los pueblos y gobernantes con todas sus insultantes rebeldías...; han pasado los que abofetearon al Pontífice, su Vicario, y sollozando y ahogando en ese lago insondable de tedios, de horrores y agonías, ha balbuceado: “¡Sí, los amo, Padre, los amo!... ¡Perdona a los humanos!”... ¡Ay!, como millares de saetas han venido, en fin, a azotar sacrílegamente su rostro y a traspasar su Corazón, los nombres de los malditos..., ¡de aquella legión innumerable de réprobos que, ungidos por su sangre y rescatados con su muerte, quisieron, sin embargo, morir y maldecir eternamente!... Estalla, entonces, el Corazón de Jesús en un sollozo de dolor infinito, y esa palpitación violenta rompe sus venas... Palidece Jesús...; pero, un instante después, su rostro lívido, sus cabellos desgreñados, todo su cuerpo tembloroso está empapado en sangre... Cae entonces con la faz sobre el polvo, exclamando: “¡Padre, he aquí que he venido a hacer tu voluntad...; pero, si fuera posible, aparta de mí este cáliz!”... Estaba postrado en tierra todavía cuando resonaron nuestros nombres en su Corazón agonizante... Nos vio, sí, nos vio a los que estamos aquí presentes, en esta Hora dulce y santa de consuelo... Bajamos nosotros con el ángel para sostenerlo... Sintió que lo hacíamos descansar, desfallecido, entre nuestros brazos..., que lo confortábamos con sacrificios, con ternura, con amor del alma...; y desde entonces nos sigue mirando, a través de sus lágrimas y de las rejas de su cárcel, como a los amigos, como a los confidentes de su entristecido Corazón... Ese mismo Corazón palpita ahí, en esa misteriosa tumba... Callemos, y que sus latidos nos cuenten sus congojas secretas, sus reclamos de amor, sus anhelos de triunfo...
    
(Pausa)
    
(Consagraos en esta Hora, mil veces Santa, a su Sagrado Corazón, y juradle amor eterno, en su Divina Eucaristía).
   
Era plena noche. “Vamos –dijo, de pronto, Jesús despertando a los Apóstoles–, vamos, se acerca el que va a entregarme”. Un momento más, y su Corazón se estremeció, cruelmente torturado, a la vista de Judas, el traidor. ¡Lo había amado tanto!... Lo había predestinado entre millares...; lo hizo apóstol suyo y sacerdote..., ¡por un vil puñado de monedas viene a entregar al Salvador!... Le tiende los brazos..., ¡oh, felonía!, y, acercándose al rostro de Jesús, donde lo besó su Madre Inmaculada, ahí lo besa Judas... Dulcísimo, pero hondamente conmovido, le dice Jesús: “Amigo, ¿con un ósculo me entregas?”... ¡Ay, cómo no se ha perdido, en tantos siglos, esa palabra de infamante reproche!... Es que los traidores viven aún espiando a su Maestro; esa raza perdura, vive de su sangre, sigue sorteando su túnica y negociando su Evangelio... Y el Señor Jesús, porque es manso y porque es eterno, calla en ese Tabernáculo, testigo de las promesas que le hicieron, monumento acusador de las traiciones...
    
Lo besan y lo entregan tantos, ¡ay! que, por renegar de su Maestro, reciben puestos, situación y las monedas viles, siempre codiciadas...
    
Lo besan con perfidia, y lo entregan, los infelices que se dicen desengañados de su doctrina salvadora... y es que no soportan la santidad de su mirada y de su ley...
     
Lo besan y lo entregan... tantos tímidos, que temen a los doctores y fariseos que persiguen a ese Dios, que condena la falsedad y toda cobardía... Y estos Judas son refinadamente crueles con Jesús, que se le acercan con fingimiento de respeto, lo traicionan, según dicen, por deber ineludible de su situación, por honradez de convicción, por delicadeza de conciencia...
       
LAS ALMAS: Están decepcionados de ti, Jesús, que eres la única verdad, el solo camino y la vida que nunca desfallece... ¡Oh, en esta Hora Santa, sepulta en el olvido el ultraje sangriento de tantos que se han sentado a tu banquete, que participaron de tus confidencias, que fueron tus amigos y después te pospusieron a la escoria de la tierra!...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por el inmenso dolor que afligió tu Corazón, en la traición villana del apóstol que te entregó con un beso de perfidia...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por la decepción sufrida en la fuga bochornosa de los once discípulos, que habían jurado amarte hasta la muerte...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por la amargura saboreada en la triple negación de Pedro..., por las lágrimas humildes con que reparó su presunción y, después, su lamentable cobardía...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por el horrible desengaño de tu pueblo que, después de vitorear tu nombre, aclamó a tus verdugos y exigió tu sangre...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por la congoja que sufriste por la ingratitud de aquellos que sanaste en tu camino, que cosecharon tus prodigios, y se unieron, sin embargo, a la turba deicida...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por el llanto que arrancó a tus ojos la maldición de aquellas madres, cuyos hijos bendijiste; por el lodo que esos niños arrojaron a tu rostro...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por la honda herida que te abrió la desesperación de Judas, al desconfiar de tu misericordia inagotable...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
       
Por las tristezas que te causaron las innumerables defecciones previstas en Getsemaní, y que te ultrajaron, desgarrando, en el transcurso de los siglos, la túnica inconsútil de tu Iglesia...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
Por la agonía mortal sufrida por la apostasía pública de algunos ministros de tu altar, por ese cruel lanzazo, por los gemidos que te arrancaron las blasfemias de esos desdichados Judas...
(Todos, en voz alta) Perdona las traiciones, Corazón Agonizante de Jesús.
      
(Desagraviad a Jesús por tantas traiciones de bajo interés y de cobardía).
    
(Pausa)
    
“¿A quién buscáis?” –dice Jesús a los soldados, dominando con majestad divina un dolor inmenso...–. “¡A Jesús de Nazaret!”– contestan a una voz los que venían sedientos de su sangre–. Un momento más, y el dulcísimo Maestro se adelanta, ofrece las manos, doblega su cuello, bajo una soga de criminal... y cautivo de los hombres, les entrega nuevamente el enamorado Corazón...
    
Y vosotros, ¿a quién buscáis, almas fervientes, en esta noche, aquí en este Getsemaní de su Sagrario?...
   
LAS ALMAS: Venimos en busca tuya, Jesús de Nazaret... En esta hora del poder de las tinieblas, de la soledad y del pecado... Por esto hemos elegido el momento supremo de tu desamparo, ¡oh Divino Agonizante del altar!... para sorprenderte a solas y ocupar en esta Hora Santa el puesto de San Juan y de los ángeles... Sí, yo soy tu dueño. Prisionero de ese tabernáculo..., y de mi alma pobrecita...; yo soy tu dueño, como he sido tantas veces tu verdugo... Déjanos, pues, acercarnos a tu cárcel voluntaria y permite que besemos tus cadenas, que bendigamos los dichosos muros de tu calabozo; consiente que lloremos de amor al meditar en la sublime e incomparable cautividad del Hijo de Dios vivo... Aquí no fue ya un pecador quien te entregó: fue tu propio Corazón, el dichoso, el amabilísimo, culpable de esta prisión de amor...
   
Permítenos, pues, resarcirte ahora de las amarguras de tu cautiverio con el clamor de nuestra humilde adoración... Acércate, Jesús, a las puertas de tu cárcel y recoge la plegaria de tus hijos fidelísimos.
    
En los Sagrarios todos de la tierra, en las Hostias consagradas del mundo entero...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En aquellos Tabernáculos enteramente abandonados, en aquellas lejanías donde quedas largos meses olvidado, entre polvo del altar...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En aquel sinnúmero de templos donde se ofende con irreverencia la humilde majestad de tu Sagrario...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En el pavimento del Santuario, en el polvo del camino, en el fango de los muladares, en que las manos de un sacrílego han profanado la Hostia consagrada...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En los labios del que te recibe como Judas en su corazón manchado por la culpa...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En la esplendidez y pompa con que la Iglesia te ensalza en los cultos públicos de ese sacramento del amor...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En el dichoso retiro de los monasterios, en el corazón de tus esposas vírgenes, que cantan al Cordero un himno de amor inmaculado...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En unión con todos tus amigos que, en la adoración perpetua y en la Hora Santa, vienen a reparar y a visitarte, ¡oh, Dios encarcelado!...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
En el pecho del moribundo que te ha llamado en su socorro, en ese corazón agonizante que desfallece ya, herido por la muerte...
(Todos en voz alta) Te adoramos, Corazón de Jesús-Eucaristía.
     
(Pausa)
    
No ha habido noche más horrenda, en sus dolores, que la noche del primer Jueves Santo de la tierra... No tenéis para qué reconstituir la escena de hace veinte siglos, almas fervorosas, cuando ahí tenéis a Jesús sentado siempre en el banquillo de los criminales... reo de un amor infinito. Ahí lo tenéis, desde entonces, vendados los divinos ojos por el llanto que le arranca la tibieza de los buenos, de los suyos...; ahí está, objeto incesante de la befa de los sabios y de los honrados de la tierra...: ahí sigue siendo el ludibrio sangriento de los que le temen en su misma inercia, en su silencio sacramental... “Tú, que resucitas los muertos –le dice la incredulidad–, sal, si puedes, de esa tumba...; si eres Rey, le dicen los gobernantes, si es verdad que palpitas, Dios, en esa Hostia, adivina quién te hirió”. Y lo golpean con sacrílega legalidad, y profanan sus templos... e insultan la mansedumbre de su Corazón, que calla y que espera siempre perdonar...
      
Pero es, sobre todo, el pecado de altivez y de soberbia el que más le ultraja en la dulcísima humildad de su Sagrario... Es la rebeldía de Luzbel, el orgullo humano, la hez más amarga de su cáliz...
       
¡Oh!, en este día, espera de nosotros, con derecho, un consuelo de humildad. ¡Ah!, sí, recíbelo mil veces, Jesús Sacramentado, en pago de amor, por aquella eterna noche de sacrílega profanación de tu persona, sufrida el Jueves Santo.
      
(Lento y cortado)
      
LAS ALMAS: Te amamos, Jesús, concédenos la gloria de ser pospuestos, por tu entristecido Corazón...
   
Te amamos, Jesús, otórganos la dicha de ser confundidos, por tu amargado Corazón...
   
Te amamos, Jesús, concédenos la gracia de ser desatendidos, por causa de tu misericordioso Corazón...
   
Te amamos, Jesús, otórganos la honra inmerecida de ser burlados, por tu acongojado Corazón...
   
Te amamos, Jesús, concédenos la recompensa de ser despreciados, por la gloria de tu herido Corazón...
    
Te amamos, Jesús, otórganos la distinción preciosa de ser injuriados, por el triunfo de tu Sagrado Corazón...
       
Te amamos, Jesús, concédenos la fruición incomparable de ser algún día perseguidos, por el amor de tu Divino Corazón...
     
Te amamos, Jesús, otórganos la corona de ser calumniados, en el apostolado de tu Sagrado Corazón...
      
Te amamos, Jesús, concédenos la amable regalía de ser traicionados, en holocausto de tu Divino Corazón...
      
Te amamos, Jesús, otórganos la honra de ser aborrecidos en unión con tu Agonizante Corazón...
       
Te amamos, Jesús, concédenos el privilegio de ser condenados por el mundo, en obsequio de tu Divino Corazón...
      
Te amamos, Jesús, otórganos la amargura deliciosa de ser olvidados, por amor a tu Sagrado Corazón...
     
Si el discípulo no ha de ser más que su Maestro, te suplicamos, Jesús, nos des la parte que nos corresponde en los vilipendios de tu Corazón Sacramentado... Consuélate de todos ellos, Maestro muy amado, pues estos tus amigos, poniendo en tu Costado herido una palabra de humildad, te protestan que Tú eres en esa Hostia, su única fortuna, su solo Paraíso.
      
(Breve pausa)
     
El Jueves Santo no fue sino la hora de caridad y de agonía de aquel día de siglos, que vivirá encarcelado en los altares, cautivo de los corazones, prisionero de nuestros templos, Jesús-Eucaristía... El Jueves Santo del Cenáculo y de Getsemaní se perpetúa para glorificación de Jesús hasta la consumación de las edades; este Sacramento del amor y de la fe quedará con nosotros hasta que la última Hostia se consuma en el pecho del último hombre que agonice...
      
¡Ah!, pero ese Sol de amor, el Corazón oculto en el pecho de Jesús y en esa Hostia, no ha permanecido siempre velado a nuestros ojos, no... Incontenible en sus ardores de caridad y en los fulgores de luz misericordiosa, por la ancha herida del Costado, nos habla de ese Corazón Sagrado, con gemidos de paloma... y, por fin, se revela, un día venturoso, en toda la magnificencia de su amor. Y es Él, el Nazareno divino, es el Maestro de Judea, apasionado de las almas... es el mismo Agonizante adorable, el mismo cautivo triunfador de Getsemaní... el que aparece ante los ojos extasiados de Margarita María, y el que, mostrándole su Corazón envuelto en llamas, dice: “He aquí el Corazón que ha amado tanto a los hombres...; no he podido contener por más tiempo el amor que por ellos me devora... Ved aquí que vengo, pues, a pedir amor por amor, corazón por corazón...; quiero trocar mi vida por vuestra vida... ¡Estoy triste...: se me olvida..., se me ultraja! ¡Quiero consuelo, tengo ansias de un solemne desagravio en una gran festividad a mi Corazón!... ¡Vengo a exigir para él un homenaje, un culto victorioso; pues por él he de reinar!... Venid a acompañarme en la adoración reparadora...; venid a convertir al mundo en la Hora Santa... ¡Ah, venid a comulgar..., venid, tengo sed de ser adorado en el sacramento del altar!... Traedme almas..., muchas almas... y luego, llevadme al seno del hogar, al corazón del que padece, al lecho del pecador empedernido... y veréis la gloria y los prodigios de mi amor... ¡Tomad y recibid, en esta Eucaristía, mi Divino Corazón...; todo él os pertenece...; amadlo...; amadlo... y hacedlo reinar!”.
     
(Así habló el Dios de Paray-le-Monial, así nos sigue hablando por la deliciosa llaga de su pecho... Espera una respuesta en esta noche que al esfumarse, como una visión del cielo, irá a confundirse en las horas de una eternidad feliz).
     
(Pausa)
     
LAS ALMAS: Ángel de Getsemaní, San Juan y Margarita María, adoradores felices del Cenáculo, Virgen Inmaculada, acercaos todos, velad y orad con nosotros, y depositad nuestra última plegaria, no a los pies de Jesús Sacramentado, sino en la herida sangrienta del Costado...
    
Señor, Jesús, Tú lo has dicho, Tú eres Rey...; a eso viniste al mundo; para reinar estableciste el sacrificio perpetuo del altar; para reinar nos revelaste los tesoros y los anhelos de tu Divino Corazón... No en vano nos aseguraste, Jesús, que por él incendiarías en tu amor al mundo desdichado...
     
Cumple pues tus promesas; establece ya, nos urge, el reinado de tu amante Corazón.
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
1ª. Pronto, Jesús, sí, reina presto, antes que Satán y el mundo te arrebaten las conciencias y profanen, en tu ausencia, todos los estados de la vida...
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
2ª. Adelántate, Jesús, y triunfa en los hogares, reina en ellos por la paz inalterable prometida a los que te han recibido con Hosannas...
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
3ª. No demores, Maestro muy amado, porque muchos de éstos padecen aflicciones y amarguras, que Tú solo prometiste remediar...
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
4ª. Ven..., porque eres fuerte, Tú, el Dios de las batallas de la vida; ven, mostrándonos tu pecho herido, como esperanza celestial en el trance de la muerte...
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
5ª. Sé Tú el éxito prometido en nuestros trabajos; sólo Tú la inspiración y recompensa en todas las empresas.
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
6ª. Y tus predilectos, quiero decir, los pecadores, no olvides que para ellos, sobre todo, revelaste la ternura incansable de tu amor.
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
7ª. ¡Ay, son tantos los tibios, Maestro, tantos los indiferentes, a quienes debes inflamar con esta admirable devoción!
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
8ª. “Aquí está la vida”, nos dijiste, mostrándonos tu pecho atravesado... Permite, pues, que ahí bebamos el fervor, la santidad a que aspiramos.
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
9ª. Tu imagen, a pedido tuyo, ha sido entronizada en muchas casas... En nombre de ellas te suplico sigas siendo en todas el Soberano muy amado.
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
10ª. Pon palabras de fuego, persuasión irresistible, vencedora, en aquellos sacerdotes que te aman y que te predican como Juan, tu apóstol regalado.
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
11ª. Y a cuantos enseñen esta devoción sublime, a cuantos publiquen sus inefables maravillas, resérvales, Jesús, una fibra vecina a aquella en que tienes grabado el nombre de tu Madre.
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
12ª. Y, por fin, Señor Jesús, danos el cielo de tu Corazón y a cuantos hemos compartido tu agonía en la Hora Santa, por esta hora de consuelo y por la Comunión de los primeros Viernes: cumple con nosotros tu promesa infalible; te pedimos que, en la hora decisiva de la muerte,
(Todos en voz alta) Venga a nos el reinado de tu amante Corazón.
     
(Breve pausa)
   
Y reclinados ahora dulcemente en tu sagrado pecho, déjanos decirte:
   
Te bendecimos y te amamos, Jesús, por todos los que te aborrecen.   
Te bendecimos y te amamos por todos los que te blasfeman.
Te bendecimos y te amamos por todos los que te profanan con el sacrilegio.
Te bendecimos y te amamos por todos los que te niegan en este Sacramento.     
Te bendecimos y te amamos por todos los indiferentes que te olvidan.
Te bendecimos y te amamos por todos los buenos que abusan de la gracia.
Te bendecimos y te amamos en esta Eucaristía con el Corazón de tu divina Madre, y con la caridad de todos los predestinados. 
Y si te hemos negado alguna vez, perdona, ¡oh, Dios Sacramentado!... y, en desagravio, déjanos reconocerte en el Sagrario en que Tú vives... Si te hemos ofendido por fragilidad o por malicia, déjanos servirte en eterna esclavitud de amor eterno, porque es más muerte que vida la que no se consume en amar y en hacer amar tu amante, tu olvidado, tu Divino Corazón, en la Santa Eucaristía: ¡VENGA A NOS TU REINO!
      
(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
   
(Cinco veces) ¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!
     
Acto final de consagración
    
¡Hosanna a Ti, Jesús, hosanna en reparación de los millones de criaturas que ignoran por completo tu presencia real en los Sagrarios; en nombre de todos ellos te adoramos Señor, y te amamos con amor más fuerte que la muerte!
      
¡Hosanna a Ti, Jesús, hosanna en reparación de los que, creyendo en este sublime misterio, viven tranquilos, sin comulgar jamás desdeñosos del maná de tus altares; en nombre de todos ellos, te adoramos, Jesús, y te amamos con amor más fuerte que la muerte!
      
¡Hosanna a Ti, Jesús, hosanna en reparación de los que creen en tu Eucaristía y la profanan con horrendo sacrilegio; en nombre de todos ellos, te adoramos, Señor, y te amamos con amor más fuerte que la muerte!
      
¡Hosanna a Ti, Jesús, hosanna en reparación de los que, por culpable tibieza, se retraen del comulgatorio y te reciben sólo muy de tarde en tarde y con recelos de un temor exagerado que te ofende; en nombre de todos ellos te adoramos, Señor, y te amamos con amor más fuerte que la muerte!
      
¡Hosanna a Ti, Jesús, hosanna en reparación de tantos buenos y piadosos, de tantos sacerdotes que pudieran ser santos con sólo darse generosamente a la devoción de tu sagrada Eucaristía, consagrándose sin reserva a este amor de los amores, a este culto reparador, incomparable; en nombre de todos ellos, te adoramos, Señor, y te amamos con amor más fuerte que la muerte!
       
¡Oh, sigue, Jesús, revelando las maravillas de tu Corazón desde esa Hostia!... Avanza, Dios oculto y vencedor, avanza, conquistando en el comulgatorio alma por alma, familia por familia, hasta que la tierra entera exclame, alborozada: “¡ALABADO SEA EL DIVINO CORAZÓN EN SU EUCARISTÍA SALVADORA...; A ÉL, SÓLO A ÉL, EN LOS ALTARES, GLORIA Y HONOR POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS; VENGA A NOS TU REINO!”.

domingo, 31 de agosto de 2014

MONS. MARCEL LEFEBVRE Y EL SEDEVACANTISMO

  
Muchos círculos "tradicionalistas" cuestionan a Mons. Marcel Lefebvre el no haberse pronunciado contra los antipapas del Vaticano II, y aún afirman "Aprobó todas las reformas del conciliábulo; y hasta su muerte trató de negociar con Roma. Por tanto, el reconocía a los antipapas conciliares". Pero nada más lejos de la realidad. En 1980 las cosas no estaban tan claras como ahora, por ello no podemos juzgarlo como si viviera en este tiempo. Aunque hubo indicios, sí, y de ellos se puede inferir hechos.
  
MARCEL LEFEBVRE ERA SEDEVACANTISTA. Él aceptaba la hipótesis de la Sede Vacante como una posible respuesta frente a las innovaciones de la iglesia deuterovaticana y sus líderes, que se apartaban del Catolicismo. Constantemente hacía la diferencia entre la "Roma eterna y Católica" y la "Roma pagana y anticristo". Y al fundar la Fraternidad San Pío X, en 1970, las cosas en la Iglesia iban mal, aunque no tanto para que él mismo aceptase como conclusión la Vacancia de la Sede Apostólica por herejía de los pontífices.
   
Ya en los últimos años de su vida, sobre todo hacia 1988, cuando la Operación "Supervivencia de la Tradición" (la Consagración de los obispos), Lefebvre estuvo personalmente cercano a la conclusión teológica del Sedevacantismo. Aún, el mismo planteaba esta posibilidad en sus sermones y conferencias, dejando a cada quién tomar partido.
    
Si Mons. Lefebvre supo y denunció que las cosas andaban mal con Wojtyla, y señaló a Ratzinger como hereje pertinaz, ¿qué se dejaría a Bergoglio si él viviera hoy?
   
Si quieres saber sobre el Sedevacantismo, sus fundamentos y consecuencias, te recomendamos leer los artículos rotulado como SEDE VACANTE en MILES CHRSITI.

¿COREA DEL NORTE ES SEDEVACANTISTA? ¡PERO SI SON COMUNISTAS ATEOS!

Traducción del comentario de los Padres de TRADITIO
  
Pyongyang disparó varios misiles cuando Bergoglio/Francisco llegó a Corea del Sur.
Pyongyang se refirió a Bergoglio como el "auto-proclamado" Papa, causando la especulación sobre el Sedevacantismo entre los Norcoreanos.
Pyongyang también acusó a Bergoglio de actuar no como Sr. Humilde, sino como Don Eclipse. 
Corea del Norte es comunista, por supuesto, pero a Bergoglio le gustan los marxistas, y Pyongyang paarece estar viendo algo que otros no ven.
   
Corea del norte disparó un lote de misiles de corto alcance mientras Bergoglio/Francisco llegaba a Corea del Sur el 14 de Agosto de 2014. Respondiendo a los cargos de que ello era a causa de la visita de DecimeJorge, Pyongyang insistió que las pruebas fueron realizadas en el contexto de un aniversario más de la liberación coreana del Imperio japonés (15 de Agosto de 1945).
    
En ese punto, Pyongyang se refirió a Bergoglio como el "autoproclamado" papa, llevando  a la especulación sobre la existencia del sedevacantismo en el Norte. Un oficial norcoreano inmediatamente acusó a Bergoglio de hacer una escena. "Sólo tenemos la curiosidad de por qué el papa (sic), entre todos los días de este año, escogió el de nuestro lanzamiento de misiles (planeado desde tiempo atrás) para visitar el Sur", dijo el oficial. [Parte de la información de este Comentario proviene de la agencia Reuters.]
  
¿Francisco Bergoglio reprobó el examen de Papa verdadero? ¿Fracasó en la prueba de aparentar humildad, y por ello pretende eclipsarlo todo? Pyongyang, al menos, contestó afirmativamente estas preguntas.
   

DE LA TIARA PAPAL

Traducción del artículo publicado en TRADITIO - Vía MILES CHRISTI
   
La Tiara y las Llaves de San Pedro, los símbolos del Papado
   
La Tiara papal ("trirregno"), y sus tres coronas tradicionalmente representan varias cosas:
  
  • Los oficios y poderes sacerdotales del Papa: Enseñar, Decretar y Santificar (como Maestro, Legislador y Juez).
  • La autoridad papal sobre la Iglesa Militante, la Iglesia Purgante y la Iglesia Triunfante.
  • La autoridad del Papa como soberano: La primera corona, la primacía sobre los obispos (poder de ordenación); la segunda, su jurisdicción universal (poder espiritual); y la tercera, su derecho a gobernar el Patrimonio de San Pedro y los otros Estados de la Iglesia, y su derecho como Vicario de Cristo en relación con otros gobernantes y Estados (poder temporal).
  • La Santísima Trinidad
  
El rito de coronación del Papa, que se lleva a cabo precisamente por la imposición de la tiara de tres coronas, dice: "Recibe la tiara ornada de tres coronas y sabe que tú eres el padre de príncipes y reyes, el Vicario de Nuestro Salvador Jesucristo, al que se deben el honor y la gloria por los siglos de los siglos".
 
Coronación de Pío XII, el último Papa de la Iglesia Católica (12 de Marzo de 1939).
  
Al finalizar el deuterovaticano concilio, Pablo VI descendió las gradas del Trono papal en la Basílica de San Pedro y dejó la tiara sobre el altar, como "un signo de la renuncia a la gloria y el poder humano, concordante con el renovador espíritu del Vaticano II". Por ese acto, él manifestó rechazar el dogma Católico Romano sobre el Papado, como lo define el Concilio Vaticano en favor de alguna perspectiva no-católica de un "ecuménico y colegial" primus inter pares, como sucede en los cismáticos "ortodoxos".
       
El 13 de Noviembre de 1964, Pablo VI renunció a la Tiara, dando a entender su abdicación del Papado. (El Cardenal Ottaviani, contemplando todo con dolor e impotencia).
     
La tiara papal fue donada al Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washignton D.C., el 6 de Febrero de 1968, por el Delegado Apostólico y estuvo en la exhibición papal intitulada "Tesoros Vaticanos." Ésta se encuentra en exhibición permanente en el Salón Memorial con la estola que usara Juan XXIII para inaugurar el Vaticano II.

La tiara de Pablo VI y la estola de Juan XXIII se encuentran actualmente en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washignton D.C.
   
Pablo VI fue el último reclamante al Papado en ser coronado (y el último antipapa en serlo, puesto que el último Papa legítimo en ser coronado fue Pío XII, desde luego). Se piensa que por rehusarse a ser coronados, los antipapas rechazan implícitamente la enseñanza dogmática tradicional sobre el Papa. Cítese, por ejemplo, que Juan Pablo II lo manifiestase fuertemente en su encíclica "Ut Unum Sint" de 1995; o que no realizase el Juramento de Coronación Papal.
    
Durante una visita a las Naciones Unidas en Octubre de 1965, Pablo VI le dio al Secretario General U Thant, un budista, una cruz pectoral de diamantes y esmeraldas y un anillo episcopal de diamantes y rubíes, avaluados en 150,000 dólares de la época (1,9 millones de dólares actuales), y le pidió que los empleara para iniciar una campaña de lucha contra el hambre. Esos objetos sagrados fueron adquiridos en 1967 por el joyero Harry Levinson de Chicago en una subasta por 64,000 dólares.
     
Cruz pectoral y anillo episcopal de Pablo VI
   
Posteriormente, dichos ornamentos sagrados fueron a parar a una bailarina del programa televisivo "Late Night with Johnny Carson" y luego fueron dados en posesión al acróbata extremo Evel Knievel. Años después, una viuda de Carolina del Norte adquirió la posesión de ellos y contrató a Perry's Emporium para venderlos. El 12 de Abril de 2011, Alan Perry anunció que serían subastados en eBay con precio base de 800,000 y 900,000 dólares. Y la joyería MS Rau Antiqueti los ofrece en subasta por 1'250,000 y 650,000 dólares.

lunes, 25 de agosto de 2014

NOVENA A SAN PÍO X, DEFENSOR DE LA CATOLICIDAD TRADICIONAL


En las Oraciones para cada día de la Novena se glosan los principales documentos publicados durante el glorioso Pontificado de San Pío X.

Los hechos milagrosos que se relatan, constan probados en el expediente de canonización y son recogidos por sus más eminentes biógrafos.

 
NOVENA A SAN PÍO X
   
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN- PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Senor mio Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confio en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasion y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
      
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Eterno Dios, que por tu inagotable Providencia das a tu Iglesia en cada momento el Pastor más conveniente a sus supremos intereses, por la memoria del que fue Padre celosísimo y eficaz para la propagación de nuestra Fe y para el bien de toda la humanidad, San Pío X, te rogamos nos induzcas cada día más a tener fidelidad absoluta a las enseñanzas del Pontificado tradicional y legítimo; y, siguiendo la consigna del ilustre Santo, sea norma de nuestra vida instaurarlo todo en Cristo, para lograr así la paz del mundo y asegurar nuestra perseverancia final.
Te pedimos de un modo especial, ¡oh Dios misericordioso!, imprimas en nuestros corazones un profundo amor y devoción al Santísimo Sacramento del Altar, para que siendo fieles devotos de quien mereció ser designado como el Papa de la Eucaristía, no pase día sin que acompañemos a Jesús en la soledad de su Sagrario, para merecer recibirlo con la mayor frecuencia posible durante nuestra vida y especialmente, en la hora de nuestra muerte. Te suplicamos, además, nos alcances el favor que pedimos en esta Novena si ha de ser para tu mayor honra y gloria.
Interponemos como intercesores a nuestras súplicas, a tan Santo Pontífice, a todos nuestros Patrones y Abogados y de un modo especial, a la Virgen Santísima, cuya protección, por medio del Santo Rosario, quiso San Pío X fuera la que asegurara la salvación del mundo.
   
En honor del Santísimo Sacramento, del que tan ejemplar devoto fue San Pío X, rezaremos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, rogando por las necesidades de la Iglesia, con el propósito de ganar las indulgencias concedidas.
      
DÍA PRIMERO - 25 DE AGOSTO
Glorioso San Pío X, que pusiste un empeño especial en mantener la fuerza de nuestra fe y la disciplina eclesiástica, condenando las innovaciones peligrosas en tu admirable encíclica “Pascéndi”, ruega a Dios para que nunca se perturbe ni altere la pureza de la fe y cada día seamos todos más sinceramente adictos y fieles a los principios inmutables de nuestra Religión. Haz, con tu intercesión, que nuestros sacerdotes sean para todos ejemplos vivientes por sus virtudes, su fidelidad a la Santa Iglesia y su encendida caridad, a fin de que siendo cada día más Santos, merezcan por su perfección santificarnos a todos y llevarnos al cumplimiento de todos nuestros deberes individuales y sociales, como prenda de nuestra perseverancia final. Amén.
   
EJEMPLO: San Pío X predice la curación de una niña
En Venecia, junto a la Iglesia de Santa María de los Milagros, el Siervo de Dios se encontró con una pobre mujer que llevaba en brazos a una niña moribunda.
«Eminencia, bendiga a esta niña que muere», suplicó la desventurada madre.
El Patriarca bendijo a la niña, y dirigiéndose a la pobre mujer la animó diciéndole: «Estáte tranquila, porque tu niña no muere».
Los hechos confirmaron estas palabras del Santo Patriarca de los venecianos.
        
Antífona: En la recepción de la Sagrada Comunión halló siempre el combustible que mantuvo ígneo el fuego de la caridad en su corazón, haciendo se despojara de todo, para entregarse a sus prójimos en una suprema superación de humildad y renunciamiento.
   
℣. Ruega por nosotros, San Pío X.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que para defender la fe católica y restaurar todas las cosas en Cristo has llenado al Sumo Pontífice San Pío X de celeste sabiduría y apostólica fortaleza; concede propicio que, siguiendo sus enseñanzas y ejemplos, consigamos los premios eternos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO - 26 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
     
Glorioso San Pío X, que como dice uno de tus biógrafos, «fue como una necesidad para tu corazón hablar de María, predicar sobre María, promover en todos el amor y la devoción a María», ruega a Dios nos infunda la confianza en tan eficaz mediadora, para que en todas nuestras necesidades, en nuestros pesares, en nuestros dolores, alcemos los ojos hacia su inagotable bondad, para encontrar el remedio necesario o la resignación imprescindible. Haz, por tu intercesión, que siempre vayamos a Dios por el amor a su Inmaculada Madre, para que siguiendo tu ejemplar e ilimitada confianza en su poderosa intercesión, merezcamos gozar de su constante protección en esta vida y su definitiva ayuda en la hora de nuestro tránsito. Amén.
    
EJEMPLO: San Pío X cura una paralítica
En 1913, una pobre madre suplicaba a Pío X curase a una hija suya, paralítica desde hacía muchos años.
– «No puedo –respondió el Pontífice–, solamente el Señor puede hacer milagros.
La mujer no se convenció y con acento de mayor fe replicó: «Sí. Vos podéis. Basta que queráis hacerlo».
– «No puedo… solamente el Señor puede hacer milagros», insistió el Papa.
– «Padre Santo, Vos representáis a Jesucristo en la tierra. Vos podéis hacer el milagro» –insistió la madre.
– «Tened confianza –dijo entonces el Papa–. El Señor sanará a vuestra hija».
En el mismo momento la hija sintió un estremecimiento, se irguió, y con gran admiración de los presentes, echó a andar.
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días
   
DÍA TERCERO - 27 DE AGOSTO 
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
         
Glorioso San Pío X, que supiste mantener durante tu ilustre Pontificado las prerrogativas de la Iglesia en sus relaciones con el Estado, protestando de manera eficaz contra las persecuciones de que fueron objeto las corporaciones religiosas por parte de los poderes laicos, manifestando cuánto apenaban tu corazón de Padre las vejaciones de que fueron objeto, intercede para que Dios conceda a todos los religiosos que cada día perseveren más en el espíritu de su orden, y cumplan la altísima misión que sus fundadores se impusieron. Haz, por tu intercesión, que todos los estados católicos mantengan relaciones de cordial colaboración, y los que no lo son de respetuosa tolerancia, con nuestra Santa Iglesia, y que cada día ésta aumente su influencia en la Sociedad, para llevar a mayor número de hombres al camino de la verdadera felicidad y la eterna salvación. Amén.
 
EJEMPLO: San Pío X cura a un ciego de nacimiento
Un señor alemán, ya de edad madura, ciego de nacimiento, asistía a una audiencia del Papa. Cuando éste se le acercó y se enteró de su desgracia, le recomendó tuviera confianza en Dios, y le puso las manos sobre los ojos.
Al contacto de las manos prodigiosas del Papa, el ciego recobró instantáneamente la vista.
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días
   
DÍA CUARTO - 28 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
           
Glorioso San Pío X, que en tus constantes desvelos por la organización y eficacia de la acción social católica, cuidaste de dar a esta obra toda la importancia que merece, fijando normas concretas y eficaces para que nunca perdiera su primitivo espíritu, asegura con tu intercesión la continuidad de su actuación y la fidelidad inmutable a los principios que motivaron su creación, apartándola de cualquier desviación y evitando pueda mover a ninguno de sus actuantes el menor interés material, y sí sólo los supremos que inspiraron su fundación. Ruega para que toda la actuación de las organizaciones de Acción Católica sea eficaz por la pureza de intención de sus militantes y por su inhibición de toda finalidad que no sea el bien de los humildes y la santificación del mundo. Amén.
    
EJEMPLO: San Pío X cura a una enferma de lepra
En el año 1914, un obispo del Brasil tenía a su madre enferma de lepra, y habiendo oído hablar de la fama de santidad de Pío X, se trasladó a Roma, para implorar del Siervo de Dios la curación de su madre.
Presentándose al Santo Pontífice, le rogó le alcanzase la gracia de su curación. El Papa le exhortó a encomendarse a la Virgen Santísima y a otros Santos.
El Obispo insistió y le dijo: «Por lo menos, Beatísimo Padre, dígnese repetir las palabras de Cristo: “Volo, mundáre” (Quiero; sé limpio)».
El Papa repitió: «Volo, mundáre». Cuando el Obispo regresó a su patria encontró a su madre completamente curada de la lepra.
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días
   
DÍA QUINTO - 29 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
       
Glorioso San Pío X, que manteniendo las genuinas tradiciones de la Iglesia, supiste modernizar en cuanto era preciso su consuetudinario derecho, infunde por tu intercesión a todos un profundo respeto y sumisión a todas sus disposiciones e intercede, para que en todo momento, la interpretación de sus preceptos sea la más conveniente a los intereses de la Cristiandad, a la pureza de costumbres y a la perseverancia de todos los fieles. Alcanza del Todopoderoso que los inmejorables principios del derecho canónico influyan en las legislaciones de todos los Estados, para que en todos ellos rijan las normas de estricta justicia y caridad que inspiraron siempre sus instituciones y que establecieron en el mundo el respeto que merece el hombre por ser hecho a imagen y semejanza de Dios, y a la Iglesia como supremo representante de Dios en la tierra y garante del orden moral. Amén.
   
EJEMPLO: San Pío X cura a una religiosa, enferma desde hacía quince años
La superiora de un colegio de la India inglesa, padecía una grave enfermedad de estómago, para cuya curación habían fracasado todos los remedios. Las niñas, el día de su Primera Comunión, en enero de 1914, se dirigieron al Santo Padre pidiendo la curación de su amada religiosa.
La enferma iba empeorando por falta de nutrición. Cayó pronto en un estado de postración tan extrema, que en la noche del 7 de febrero siguiente, ante el temor de que muriese, le fue administrada la Extremaunción.
Al día siguiente llegaba para las Hermanas de Belgaum el siguiente telegrama:
«Roma 7 de febrero de 1914. – Padre Santo concede con gusto bendición Apostólica solicitada – Cardenal Merry de Val».
Le mostraron el telegrama a la enferma. En aquel momento estaba sola. Las hermanas se hallaban en el refectorio. Lo leyó y llena de fe intentó levantarse; se vistió y se sentó en una silla.
Cuando las hermanas la vieron levantada no querían creer lo que veían sus ojos. Les dijo que quería comer y quedaron asombradas. Unas querían que comiese, otras se oponían diciendo que era mejor esperar unos días. La enferma cortó toda vacilación. Quería comer enseguida. Entre las dudas de unas y la fe de otras comió sopa, pan y carne. Desde aquel día volvió a ocupar su lugar en el refectorio. Llena de vigor y de vida, volvió a su trabajo.
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días
   
DÍA SEXTO - 30 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
         
Glorioso San Pío X, que hiciste norma de tu Pontificado “INSTAURÁRE ÓMNIA IN CHRISTO” restaurarlo todo en Cristo, intercede para que siguiendo tus enseñanzas y ejemplos, adaptemos nuestra vida a la estricta observancia de los Mandamientos, para que siendo fieles devotos de la Iglesia, seamos dignos de llamarnos hijos de Dios. Te rogamos de un modo especial, logres que Dios imprima en nuestros corazones todo el ardor de caridad que abrasaba el tuyo, para que por los frutos de esta excelsa virtud, seamos humildes en nuestras relaciones con los pobres, justos con los que de nosotros dependen, respetuosos con nuestros superiores e imitadores en toda nuestra vida pecadora de las excelsas virtudes en que brilló la tuya. Amén.
   
EJEMPLO: San Pío X profetiza
La visión profética que tuvo de todos los acontecimientos, le hacía exclamar frecuentemente: «Veo una gran guerra. Las cosas van mal», repetía con insistencia al Cardenal Secretario de Estado, que se maravillaba de la seguridad con que hablaba el Pontífice y creía se refería a la guerra de los Balcanes–. «No hablo de esta guerra –decía el Padre Santo en 1914, cuando la expedición italiana a Libia–. Todo esto es nada comparado con la gran guerra que vendrá».
Y si el Cardenal le observaba que no se vislumbraba guerra alguna, el Santo viejecito replicaba: «Eminencia, no pasaremos de 1914».
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días
   
DÍA SÉPTIMO - 31 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
        
Glorioso San Pío X, que para dar fuerza a nuestra naturaleza, nos invitaste con reiterada insistencia a recibir la Sagrada Comunión, impulsando a todos los cristianos a frecuentar lo más posible ese Sacramento de Amor, ruega por nosotros para que siguiendo tu voluntad inspirada por Dios, nos acerquemos asiduamente al Santo Sacrificio de la Misa y saquemos del celestial banquete todas las fuerzas necesarias para mantenernos fieles a las promesas del bautismo. Haz que Dios nos perdone cualquier negligencia o falta de devoción que hayamos tenido en nuestras Comuniones, y que cada día nos acerquemos con mejor preparación, mayor fuerza de alma y más encendido amor a recibir a Cristo en la Eucaristía. Amén.
  
EJEMPLO: San Pío X cura a un niño gravemente enfermo
A un niño de seis años, de la familia Conradi, a consecuencia de una caída se le había destrozado un riñón y lacerado la vejiga. El caso era desesperado y los médicos le concedían pocas horas de vida.
Se pidió al Padre Santo una bendición especial para aquella familia. El Santo Padre escuchó el relato y al terminar dijo: «Pobre madre: sí, les envío una bendición particular».
Al oír la noticia la madre, con toda su fe exclamó: «Pío X ha enviado su bendición; mi Jorge curará».
Y así fue; la vejiga, contra todos los diagnósticos de los médicos, se cicatrizó y el riñón destrozado volvió a su estado normal sin necesidad de intervención quirúrgica.
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días
   
DÍA OCTAVO - 1 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
          
Glorioso San Pío X, que con tu inagotable celo por el culto externo que debemos a Dios, dictaste normas acertadísimas para que en todo momento tenga nuestra liturgia la solemnidad y dignidad debidas y sean nuestros templos modelos de sobriedad y pureza artística, haz que Dios conceda a nuestra Iglesia, el sentido artístico más depurado para el acertado cumplimiento de aquellas normas y concede un verdadero espíritu artístico a todas las manifestaciones religiosas, para que mueva nuestras almas a la meditación y a la piedad. Ruega para que nuestras multitudes aprecien el valor inestimable de la oración y que la severidad de los cantos religiosos armonice en todo momento con la profundidad de todos nuestros ritos y con la solemnidad de nuestras ceremonias religiosas. Amén.
    
EJEMPLO: San Pío X cura el brazo a un impedido
A las audiencias públicas que celebraba el Padre Santo, acudían toda clase de personas, entre éstas algunos enfermos, confiando en lograr su curación por la intercesión del Pontífice. En una de aquellas audiencias, pasó Pío X junto a un infeliz que tenía un brazo inerte, quien mostrándoselo y en todo apremiante de súplica, le dijo: «Padre Santo, cúrame para que pueda ganar el sustento para los míos».
– «Sigue tu camino… y ten fe en el Señor», le dijo el Pontífice.
Y tocándole el brazo repitió: «Ten fe, el Señor te curará».
En el mismo instante, el brazo inerte recobró su fuerza y sus movimientos. Profundamente emocionado el hombre gritó: «¡Padre Santo! ¡Padre Santo!».
El Papa se detuvo y poniendo sus dedos sobre los labios le impuso silencio.
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días
   
DÍA NOVENO - 2 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración inicial...
         
Glorioso San Pío X, que en tu admirable Encíclica “Summi Pontificátus”, afirmaste que la paz que todos los hombres dicen desear, únicamente puede lograrse con una absoluta sumisión del hombre a Dios, ruégale que infunda en los corazones de todos, y muy especialmente a los conductores de las naciones, un profundo respeto a las enseñanzas del Evangelio y sincero reconocimiento de la autoridad de la Iglesia, para que, bajo el manto protector de Cristo Nuestro Señor y de su Santísima Madre, todos se reconozcan vasallos de Dios. Haz por tu poderosa intercesión que el mundo recobre la paz, que las naciones apacigüen sus odios, que las razas se sientan igualadas ante Dios y que, como bendición del Cielo, seamos librados del terrible azote de una guerra que sería el fin de la civilización cristiana y posiblemente del mundo. Amén.
    
EJEMPLO: San Pío X prevé los estragos de la guerra
En 1912 se propuso al Santo Padre la compra, por un Instituto religioso, de una gran propiedad situada en Gradisca, donde existían espléndidos edificios.
– «No es posible –contestó el Padre Santo–, porque todos aquellos edificios serán destruidos».
Años después, en la guerra europea, todos aquellos edificios se convirtieron en un montón de ruinas.
      
La antífona y la oración se rezarán todos los días

viernes, 22 de agosto de 2014

CARTA APOSTÓLICA "Sacro Vergente Anno", CONSAGRANDO RUSIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

"El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo un tiempo de paz". (Nuestra Señora de Fátima)

Pío XII, obedeciendo el llamado que Nuestra Señora hiciera en Fátima, consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María; y aunque, 62 años después, Rusia aún no se ha convertido a la Fe Católica (lo cual sucederá en la Parusía), ha pasado de una dictadura del comunismo ateo a ser una nación defensora de la Cristiandad; o dicho de otra forma, Rusia fue convertida a la paz.
  
SACRO VERGENTE ANNO
    
Carta Apostólica a los pueblos de Rusia: su consagración al Corazón Inmaculado de María
   
Pío XII
   
Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica
  
1. Súplicas de realizar la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María.
   
Cuando el Año Santo iba felizmente a terminar, después que por designios divinos, Nos fue dado el definir solemnemente el dogma de la Asunción en alma y cuerpo al Cielo de la gran Madre de Dios la Virgen María, fueron muchísimos los que, desde todas las partes del mundo Nos manifestaron su vivísima alegría; entre éstos no faltaron quienes al dirigirnos cartas de agradecimiento, suplicaran insistentemente que, en las tribulaciones del momento presente, consagráramos todo el pueblo de Rusia al Corazón Inmaculado de la misma Virgen María.
    
2. Agrado del Papa por ello y su benevolencia al pueblo ruso.
    
Tal súplica Nos fue sumamente grata, ya que si bien Nuestro afecto paternal abraza a todos los pueblos, se dirige en modo particular a los que, no obstante estar separados de esta Sede Apostólica en gran parte por vicisitudes históricas, conservan todavía el nombre cristiano, y se encuentran en condiciones tales que no sólo es dificilísimo el escuchar Nuestra voz y conocer las enseñanzas de la doctrina católica, sino que son inducidos con engañosas y perniciosas artes a rechazar hasta la fe y el nombre mismo de Dios.
   
Apenas fuimos elevados al Pontificado Supremo, Nuestro pensamiento voló hacia vosotros, que formáis un inmenso pueblo, insigne en la historia por sus gloriosas empresas, su amor patrio, su laboriosidad y sobriedad, su piedad, para con Dios y con la Virgen María.
     
3. Plegarias del Papa por Rusia.
     
No hemos cesado jamás de elevar Nuestras súplicas a Dios para que os asista siempre con su luz y con su ayuda divina y os conceda a todos poder alcanzar, junto con una justa prosperidad material, aquella libertad mediante la cual cada uno de vosotros pueda defender la propia dignidad humana, conocer las enseñanzas de la verdadera religión y dar a Dios el debido culto, no sólo en lo íntimo de la propia conciencia, sino incluso abiertamente, en las actividades de la vida pública y privada.
       
4. Benevolencia de los Predecesores.
   
Por lo demás, bien sabéis que Nuestros Predecesores, cada vez que les fue posible, no tuvieron más empeño que manifestaros su benevolencia y daros su ayuda. Sabéis que los Apóstoles de los eslavos occidentales, los santos Cirilo y Metodio, que junto con la religión cristiana llevaron a los antepasados de aquellos incluso la civilización, se dirigieron a esta ciudad para que la obra de su apostolado fuese avalada por la autoridad de los Romanos Pontífices. Y mientras ellos entran en Roma, Nuestro Predecesor Adriano II, de feliz memoria, sale a su encuentro tributándoles grandes honores, acompañado del clero y del pueblo[1]; y después de aprobada y alabada su labor, no sólo los eleva al Episcopado, sino que él mismo quiere consagrarlos Obispos con la solemne majestad de los ritos sagrados.
   
5. En el siglo X.
     
Por lo que toca a vuestros antepasados, los Romanos Pontífices buscaron, cada vez que las circunstancias lo permitieron, el modo de trabar y consolidar con ellos lazos de amistad. Así en el año 977 Nuestro Predecesor Benedicto VII, de feliz memoria, mandó sus legados al príncipe Jarpolk, hermano del célebre Wladimiro y Nuestros Predecesores Juan XV en el año 991 y Silvestre II en el 999 enviaron legaciones al mismo gran príncipe Wladimiro, bajo cuyos auspicios resplandecieron por vez primera entre vuestra gente el nombre y civilización cristiana; a lo que el mismo Wladimiro correspondió cortésmente mandando a su vez legados a dichos Romanos Pontífices. Es digno de notar que en el tiempo en que este príncipe llevó sus pueblos a la Religión de Jesucristo, la cristiandad oriental y occidental estaban unidas bajo la autoridad del Romano Pontífice, como Jefe supremo de toda la Iglesia.
   
6. En el siglo XI.
    
Más aún, no muchos años después, es decir en 1075, vuestro príncipe Isjaslav mandó al Sumo Pontífice Gregorio VII su propio hijo Jaropolk; y éste Predecesor Nuestro de inmortal memoria, escribió así a dicho príncipe y a su augusta consorte: Mientras, vuestro hijo visitaba los sagrados sepulcros de los Apóstoles, vino a vernos, y dado que quería obtener aquel reino de Nuestra mano como un don de San Pedro, habiendo hecho profesión de fidelidad a San Pedro, príncipe de los Apóstoles, lo pidió con devotas súplicas asegurando sin duda alguna que su petición sería ratificada y confirmada por vos en el caso que hubiera obtenido el favor y la protección de la autoridad apostólica. Como estos deseos y estas peticiones parecían legítimas, tanto por vuestro consentimiento como por la devoción del solicitante, Nos las hemos acogido finalmente, y le hemos entregado de parte de San Pedro el gobierno de vuestro reino, con esta intención y este vehemente deseo, que el bienaventurado Pedro, con su intercesión ante Dios guarde a vos, a vuestro reino y a todas vuestras cosas, y haga que poseáis dicho reino con toda paz e incluso con honor y gloria hasta el fin de vuestra vida[2].
   
7. En los siglos posteriores.
    
Del mismo modo se ha de notar y tener muy en cuenta que Isidoro, Metropolita de Kiev, en el Concilio Ecuménico de Florencia, firmó el decreto que sancionaba solemnemente la unión de la Iglesia Oriental y Occidental bajo la autoridad del Romano Pontífice; y esto valió para toda su Provincia Eclesiástica, es decir para el entero reino de Rusia; sanción de unidad a la que él, por su parte permaneció fiel hasta el fin de sus días.
   
Pero si entretanto y en lo sucesivo, por motivo de un conjunto de circunstancias adversas, se hicieron más difíciles las comunicaciones de una y otra parte, y por consiguiente más dificultosa también la unión de los espíritus —aunque hasta el 1448 no haya ningún documento público que declare a vuestra Iglesia como separada de la Sede Apostólica— ; sin embargo en líneas generales esto no se ha de atribuir al pueblo eslavo, ni ciertamente a Nuestros Predecesores, los cuales siempre trataron con paternal afecto a esos pueblos y, cuando les fue posible, se preocuparon de protegerlos y ayudarlos a toda costa.
        
8. La ayuda material en nuestros tiempos.
         
Dejando a un lado no pocos otros documentos históricos en los que aparece la benevolencia de Nuestros Predecesores hacia vuestra nación, no podemos menos de aludir brevemente a lo que hicieron los Sumos Pontífices Benedicto XV y Pío XI, cuando, después del conflicto europeo, ingentes multitudes de hombres, mujeres, inocentes niños y niñas, especialmente en las regiones meridionales de vuestra patria, se vieron azotados por una terrible carestía y sumidos en tremenda miseria. Ellos en efecto, movidos por afecto paterno hacia vuestros compatriotas, enviaron a esas poblaciones víveres, vestidos y gran cantidad de dinero recogido entre los católicos, para ir en ayuda de todos aquellos hambrientos e infelices y poder aliviar de algún modo sus calamidades.
       
9. Ayuda espiritual.
    
Pero Nuestros Predecesores, según sus posibilidades, no sólo remediaron las necesidades materiales, sino también las espirituales; en efecto, no contentándose con elevar oraciones al Padre de las misericordias y fuente de todo consuelo[3] por vuestra situación religiosa, tan agitada y perturbada, ya que los enemigos de Dios pretenden arrancar de las almas la fe y la noción misma de la Divinidad, quisieron además que se hiciesen oraciones públicas. Y así el Sumo Pontífice Pío XI, en el año 1930, mandó que en el día de san José Patrón de la Iglesia Universal fuesen elevadas a Dios oraciones públicas en la Basílica Vaticana por las desgraciadas condiciones de la Religión en Rusia[4] y él mismo quiso estar presente, rodeado por una numerosísima y piadosa multitud de pueblo. Además, en la solemne Alocución Consistorial exhortó a todos con estas palabras: Es necesario rogar a Cristo Redentor del género humano, para que se restituya la paz y la libertad de profesar la fe a los infelices hijos de Rusia: y queremos que por esta intención, es decir por Rusia, se recen las oraciones que Nuestro Predecesor León XIII, de feliz memoria, impuso a los sacerdotes para recitarlas con pueblo después de la Santa Misa: los obispos y el clero secular y regular pongan gran cuidado en inculcar esto a los fieles, o a los que asistan a la Misa y no dejen de recordárselo frecuentemente.[5]
      
10. La acción de Pío XII.
        
Nos de buen grado confirmamos y renovamos esta exhortación y esta orden, desde el momento que la situación religiosa actual entre vosotros no ha mejorado ciertamente, y porque Nos sentimos animados del mismo vivísimo afecto y de los mismos cuidados hacia esas gentes.
    
Cuando estalló el último tremendo y largo conflicto hicimos todo lo que estaba en Nuestras manos, con la palabra, con exhortaciones, con obras para que las discordias fuesen compuestas con una equitativa y justa paz, y para que todos los pueblos, sin diferencia de estirpes, se unieran amigable y fraternalmente, y colaborasen juntos por alcanzar una mayor prosperidad. Jamás, incluso en aquel tiempo, salió de Nuestra boca una palabra que pudiera parecer injusta o dura para ninguno de los beligerantes. Hemos reprobado ciertamente, como se debía hacer, cualquier injusticia o cualquier violación del derecho; pero esto lo hicimos de manera que evitásemos con toda diligencia cuanto podía convertirse, aunque injustamente, en motivo de aflicciones mayores para los pueblos oprimidos. Y cuando desde alguna parte se presionaba para que Nos de algún modo, o de palabra o por escrito, aprobásemos la guerra emprendida contra Rusia en el año 1941, jamás consentimos hacerlo, como claramente dijimos el 25 de febrero de 1946, en el discurso pronunciado delante del Sacro y de todas las misiones diplon acreditadas ante la Santa Sede.[6]
       
11. Respeto del Papa por todas las naciones
        
Cuando se trata de defender causa de la Religión, de la verdad, de la justicia y de la civilización cristiana, no podemos callar ciertamente; sin embargo Nuestros pensamientos y Nuestras intenciones están siempre dirigidos a este fin, a saber, que no con la violencia de las armas, sino con la majestad del derecho se gobierne a todos los pueblos, y que cada uno de ellos, poseyendo la libertad civil y religiosa dentro de los límites de la propia Patria, sea conducido hacia la concordia, la paz y la vida de trabajo, de la que cada uno de los ciudadanos pueda obtener cuando le es necesario para alimentación, la habitación, el sustentamiento y gobierno de la propia familia. Nuestras palabras y nuestras exhortaciones se refirieron y se refieren a todas las naciones, y por consiguiente también a vosotros, que siempre habéis estado presentes en Nuestro corazón y cuyas necesidades y calamidades deseamos aliviar según permitan Nuestras fuerzas.
    
12. Amor universal del Papa, pese a los ataques.
       
Los que no aman la mentira sino la verdad saben que durante todo el curso del reciente conflicto Nos hemos demostrado imparciales con todos los beligerantes, y de ello frecuentemente hemos dado pruebas con las palabras y con las obras, y hemos abarcado en Nuestra ferventísima caridad a todas las Naciones, aun a aquellas cuyos gobernantes se profesan enemigos de esta Sede Apostólica, y a aquellas también en las que los enemigos de Dios, combaten fieramente todo lo que tiene algo de cristiano y de divino, y buscan el borrarlo de las almas de los ciudadanos. En efecto, por mandato de Jesucristo, que encomendó la entera grey del pueblo cristiano a San Pedro, Príncipe de los Apóstoles[7], del cual somos indignos Sucesores, Nos amamos con intenso amor a todos los pueblos y deseamos buscar la prosperidad terrena y la salud eterna de cada uno. Todos, por lo tanto, bien estén en guerra con las armas, o en desacuerdo por graves disensiones, son considerados por Nos como hijos iguales queridísimos; y no deseamos otra cosa, no pedimos al Señor con la oración más que la mutua concordia, la justa y verdadera paz, y una prosperidad cada vez mayor.
      
Mas bien, si algunos, engañados por las mentiras y las calumnias, Nos profesan abierta hostilidad, Nos estamos animados hacia ellos de una mayor compasión y de un más ardiente afecto.
  
13. A pesar de las calumnias, ama a los que yerran y condena el error.
     
Hemos condenado sin duda y rechazado, como exige el deber de Nuestro oficio, los errores que los partidarios del comunismo ateo enseñan y se esfuerzan en propagar con sumo daño para los ciudadanos; pero a los errantes, en vez de rechazarlos, les deseamos que vuelvan a la verdad y sean conducidos de nuevo al camino recto. Hemos puesto de manifiesto y reprobado estas mentiras, que frecuentemente se presentaban bajo falsas apariencias de verdad, precisamente porque sentimos hacia vosotros afecto de padre y buscamos vuestro bien. Nos, en efecto, tenemos la firme certeza que de estos errores no pueden sobreveniros sino grandísimos daños, porque no sólo quitan de vuestras almas la luz sobrenatural y los supremos consuelos que provienen de la piedad y del culto a Dios, sino que incluso os despojan de la dignidad humana y de la libertad debida a los ciudadanos.
    
14. El pueblo ruso conserva la fe y su amor a María.
      
Sabemos que muchos de vosotros conservan la fe cristiana en el santuario íntimo de la propia conciencia, que en ninguna forma se dejan inducir a favorecer a los enemigos de la Religión, sino que antes bien desean ardientemente profesar las enseñanzas cristianas, únicos y seguros fundamentos de la sociedad civil, no solamente en privado, sino que, si fuera posible, incluso en público, como conviene a personas libres. Y sabemos aún, con suma esperanza Nuestra y grandísimo consuelo, que amáis y honráis a la Virgen María Madre de Dios con ferventísimo afecto y que veneráis sus sagradas imágenes. Sabemos que en el Kremlin mismo se construyó un templo, hoy desgraciadamente cerrado al culto divino, dedicado a la Asunción de María Santísima a los Cielos; lo que es una prueba clarísima del amor que vuestros antepasados y vosotros tenéis a la Gran Madre de Dios.
      
15. La salvación por María.
       
Ahora bien, Nos sabemos que no puede faltar la esperanza de salvación allí donde las almas se dirigen con sincera y ferviente piedad a la Santísima Madre de Dios. De hecho, por mucho que se esfuercen los hombres, por impíos y poderosos que sean, en extirpar de los corazones de los ciudadanos la santa Religión y la virtud cristiana, por más que Satanás mismo busque el fomentar con toda clase de medios esta lucha sacrílega, según la sentencia del Apóstol de las Gentes: ...no tenemos que combatir contra la carne y la sangre, sino contra los príncipes y las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos...[8]; sin embargo, si María interpone su poderoso patrocinio, las puertas del infierno no podrán prevalecer[9]. Ella, en efecto, es la afabilísima y poderosísima Madre de Dios y de todos nosotros, y jamás se ha oído en el mundo que alguien haya recurrido suplicante a Ella y no haya probado su poderosísima intercesión. Continuad, por tanto, como estáis acostumbrados, a venerarla con ferviente piedad, a amarla ardientemente y a invocarla con estas palabras, que os son familiares: A tí únicamente ha sido concedido, Santísima y Purísima Madre de Dios, de ser siempre escuchada[10].
      
16. Plegaria para que se restaure en Rusia la fe y el bienestar.
     
Nos también junto con vosotros elevamos a Ella Nuestras oraciones suplicantes para que la verdad cristiana, decoro y sostén de la convivencia humana se refuerce y vigorice entre los pueblos de Rusia, y todos los engaños de los enemigos de la Religión, todos sus errores y falaces artes sean rechazados y alejados de vosotros; para que las costumbres públicas y privadas vuelvan a estar conformes con las normas evangélicas; para que especialmente aquellos que de entre vosotros se profesan católicos, aunque privados de sus Pastores, resistan con intrépida fortaleza a los asaltos de la impiedad, si es necesario, hasta llegar a morir; para que la justa libertad que conviene a la persona humana, a los ciudadanos y a los cristianos les sea restituida a todos, como a ello tienen derecho, y en primer lugar les sea devuelta la Iglesia que tiene el mandato divino de instruir a los hombres en las verdades religiosas y en la virtud; y finalmente para que la verdadera paz resplandezca vuestra queridísima Nación y en toda la humanidad y que esta paz, fundada en la justicia y alimentada por la caridad, dirija a todas las gentes a aquella prosperidad común de individuos y pueblos que proviene de la concordia de los espíritus.
     
17. Por la intercesión de María.
      
Dígnese Nuestra amorosísima Madre mirar también con ojos benignos a aquellos que organizan las formaciones de ateos militantes y dan todo género de ayuda a sus iniciativas. Quiera Ella iluminar sus mentes con la luz que viene de lo alto y dirigir con la gracia divina sus corazones hacia la salvación.
   
18. Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María.
     
Nos, por tanto, para que Nuestras oraciones y las vuestras sean escuchadas más fácilmente y para daros una prueba especial de Nuestra particular benevolencia, lo mismo que hace pocos años consagramos todo el mundo al Corazón Inmaculado de la Virgen Madre de Dios, así ahora, de manera especialísima, consagramos todos los pueblos de Rusia al mismo Corazón Inmaculado, en la firme confianza de que con el poderosísimo patrocinio de la Virgen María se realizarán cuanto antes los votos que Nos, vosotros, y todos los buenos formulan por una verdadera paz, por una concordia fraternal y por la debida libertad para todos y en primer lugar para la Iglesia; de forma que, mediante la oración que Nos elevamos junto con vosotros y con todos los cristianos, el Reino salvador de Cristo, que es el Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz[11] triunfe y se consolide establemente en todas las partes de la tierra.
   
19. Plegaria a la Virgen.
      
Con oración suplicante rogamos a la misma clementísima Madre que asista a cada uno de vosotros en las presentes calamidades y obtenga de su Divino Hijo para vuestras mentes la luz del Cielo e impetre para vuestras almas la virtud y la fortaleza, mediante las cuales, sostenidos por la gracia divina, podáis triunfar victoriosamente de la impiedad y del error.
  
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 7 de julio de 1952, fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, año 14 de Nuestro Pontificado. Pío XII.
   
NOTAS
  
[1] Leon XIII, Encíclica "Grande Munus", 30-9-1880, Act. Leomis XIII, vol. II, p. 129; A. S. S.13, 145
[2] Registrum Gregorii VII 1, 2 n. 74. In. Monum. German Histor. Epistol. select. II, 1, pag.
[3] Véase II Corint. 1, 3
[4] Pío XI, Alocución Consistorial "Indictam ante catholico orbi'', 30-VI-1930, en la creación y publicación de los nuevos cardenales; A. A. S. 22 (1930) 300
[5] Pío XI, Alocución Consistorial véase nota (4); A. A. S. 22 (1930) 301.
[6] Pío XII, Alocución Respuesta al Embajador de Portugal, Antonio Carneiro-Pacheco en presencia del Sacro Colegio de Cardenales; "L'élévation des pensées" 25-11-1946; A. A. S. 38 (1946).
[7] Véase San Juan 21, 15-17.
[8] Efes. 6, 12.
[9] San Mateo 16, 18.
[10] Akathistos de la fiesta de Patrocinio de la Santísima Madre de Dios, Kontakion 3, "Akathistos" es un himno mariano alfabético de gran valor poético, en la Liturgia de la Iglesia griega del día sábado antes del 5º Domingo Cuaresmal. El autor es, probablemente, el patriarca Sergio, quien lo compuso en acción de gracias por la salvación de los bárbaros Avaros (año 636)
[11] Prefacio de la fiesta de Cristo Rey

lunes, 11 de agosto de 2014

SANTA FILOMENA, VIRGEN Y MÁRTIR

"Has de saber, hija mía, que mis caudales y tesoros están cercados de espinas, basta determinarse a soportar las primeras punzadas, para que todo se trueque en dulzuras". (Santa Brígida)
    
Santa Filomena
   
Poco se sabe históricamente de Santa Filomena. Su historia real comienza cuando sus santos restos mortales fueron encontrados en la oscuridad de las Catacumbas de Santa Priscila en las que descansaron hace unos mil setecientos años.
  
Pero Dios es maravilloso en sus santos, y Santa Filomena de modo impresionante ejemplifica esta frecuente y repetida verdad. Después de permitir que su nombre y su memoria fueran sepultados por siglos junto a sus restos mortales, Él atrajo la atención de la Humanidad hacia esta pequeña doncella mártir, y ahora obra asombrosos prodigios en nombre de ella, como si deseara mostrar de esta manera, que Él quiere recompensar el largo tiempo que permitió que ella permaneciera en la oscuridad.
  
Las reliquias de Santa Filomena fueron desenterradas a principios de siglo XIX, el 24 de Mayo de 1802. El emblema del lirio y la palma estaba grabado en el sepulcro de la santa para indicar su virginidad y su martirio. También había un ancla, un látigo, y tres flechas, dos apuntando en dirección opuesta, y una con la línea curvada en ella, significando fuego e intentando simbolizar los diferentes tormentos que la mártir sufrió en testimonio de su fe y amor a Jesucristo.
   
Santa Filomena fue formalmente elevada a los altares por Su Santidad el Papa Gregorio XVI en una infalible declaración hecha pública en nombre de la Santa Madre Iglesia para edificación de todos los fieles y para Gloria de Dios en el tiempo y en la Eternidad.
   
El mismo Papa fue testigo de la curación milagrosa de Paulina Jaricot, fundadora del Rosario Viviente, en el Santuario de Santa Filomena en Mugnano, Italia.
    
La historia de la vida de Santa Filomena está basada en revelaciones privadas hechas por la santa en 1863 a tres personas diferentes, en respuesta a las oraciones de varios devotos de Santa Filomena, para permitirles que sepan saber quién era ella y como hizo frente al martirio.
    
Esas personas favorecidas eran un joven artista de buena moral y piadosa vida, un celoso sacerdote y una devota monja de Nápoles, la Venerable Madre María Luisa de Jesús. La Santa Sede no garantizó la autenticidad de las pretendidas revelaciones, el Santo Oficio dio su autorización para su difusión el 21 de Diciembre de 1883.
     
Nuestra bella Santa Filomena salió de los brazos de su madre para morir por Cristo, los lictores (Magistrados de Justicia de la antigua Roma) han cortado con el hacha el joven lirio y piadosas manos la han recogido para depositarla en el sepulcro. Esta verdadera heroína pisoteó toda la vanidad del mundo debajo sus pies y eligió los múltiples tormentos en lugar de renunciar a sus votos por Nuestro Salvador Crucificado. ¡Qué modelo de constancia y de toda virtud! Animémonos a ir a ella cuando seamos probados. ¡Permitámonos todos con ilimitada confianza implorar su intercesión!
   
ORACIÓN
Oh Dios que habéis adornado a la bienaventurada Filomena con la doble corona de la virginidad y del martirio, concédenos honrar de tal modo su castidad y valor, que merezcamos por su constante protección vencer al mundo y obtener la corona eterna. Os lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

domingo, 10 de agosto de 2014

PRIMER MINISTRO ISRAELÍ: "TÍO SAM, ¡AYÚDAME POR FAVOR, QUE ISRAEL NO VAYA A LA JUSTICIA POR SUS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD!"

Noticia tomada de RUSSIA TODAY
   
Benjamin Netanyahu, primer ministro de la Entidad Sionista
  
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha solicitado ayuda a EE.UU. para evitar enfrentarse a cargos de crímenes de guerra por ofensiva en la Franja de Gaza.
   
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha recurrido a la ayuda de EE.UU. en la batalla propagandística que libra contra la opinión pública internacional, que está convencida de que su campaña contra el movimiento islámico Hamás constituye un crimen de guerra por sus constantes bombardeos a Gaza.
   
Netanyahu había afirmado este lunes que Israel debe estar preparado para una operación militar "prolongada" en la Franja de Gaza y "actuará de forma agresiva y responsable" para cumplir su misión.
   
El primer ministro israelí se reunió con una delegación de legisladores estadounidenses, entre ellos el representante de Nueva York, Steve Israel, para pedirles ayuda con vistas a evitar acabar ante la Corte Penal Internacional (CPI), informa 'The New York Post'. Su petición se produce en un momento en que varios líderes palestinos se reúnen con funcionarios de la CPI para abordar la cuestión de la adhesión a la organización internacional.
   
"El primer ministro nos pidió trabajar juntos para impedir que esta estrategia de acudir a la CPI tenga éxito", afirmó un congresista estadounidense en una entrevista telefónica. "[Netanyahu] quiere que EE.UU. utilice todas las herramientas que tiene a su disposición en primer lugar para que el mundo se convenza de que los crímenes de guerra no los ha cometido Israel, sino Hamás", aseguró el legislador.
  
Según Netanyahu, el Ejército israelí recurre a "medidas extraordinarias" para tratar de evitar la muerte de civiles en la contienda que libra contra el grupo islamista, informa 'The New York Post'.
   
Las autoridades israelíes y la inteligencia occidental afirman que Hamás lanza sus misiles desde barrios poblados por civiles y almacena sus armas en escuelas e instalaciones médicas con objeto de poner a la población en primera línea de fuego y ganarse así la simpatía del mundo.