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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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lunes, 25 de mayo de 2009

SAN GREGORIO VII: PODER DE DIOS CONTRA PODER DEL REY

Sufro por Jesucristo hasta estar en cadenas como un criminal,
pero la palabra de Dios no está encadenada.
(2 Timoteo, 2, 9)
En estos tiempos, en los que la Iglesia Católica Romana y el Papa están padeciendo persecución y ataque de sus enemigos internos y externos, conviene traer a la memoria uno de los más grandes defensores de la autoridad pontificia y de la fe verdadera. Este personaje es San Gregorio VII, (en el mundo Hildebrando Aldobrandeschi ), quien fue el Papa nº 157 de la Iglesia Católica y gobernó desde 1073 hasta 1085.
Podemos afirmar que este Papa fue poderoso en obras y en palabras. Con tanto celo trabajó en el restablecimiento de la disciplina eclesiástica, en la propagación de la fe, en la extirpación de los errores y abusos, que puede decirse que ningún Papa, desde los tiempos apostólicos, soportó más penurias y tribulaciones por el bien de la Iglesia, y combatió más valientemente por su libertad. Como muro de acero opúsose a las sacrílegas pretensiones del emperador Enrique IV. Sitió éste a Roma y forzó al Santo Pontífice a refugiarse en Montecasino primero y, después, en Salerno, donde sucumbió al exceso de sus fatigas, el 25 de Mayo de 1085.
NACIMIENTO Y VOCACIÓN RELIGIOSA

Nacido en Sovana, un pueblo de la Toscana italiana hacia el año 1020 en el seno de una familia de baja extracción social. padre, Bonizo o Bonizone, era hombre, al parecer, de condición humilde. Carpintero, según unos; según otros, cabrero. Hildebrando crece en el ámbito de la Iglesia romana al ser confiado a su tío, abad del monasterio de Santa María en el Aventino, donde hizo los votos monásticos.
Hildebrando, pequeño de estatura y grácil de constitución, fue educado en la disciplina eclesiástica, desde su niñez, en el monasterio de Santa María, en el Aventino (Roma), donde hizo grandes progresos en la ciencia y en la virtud, hasta el punto de que Juan Graziano (posteriormente papa Gregorio VI) llegó a decir que nunca había conocido una inteligencia igual; y de que el emperador Enrique III manifestó, cuando le oyó predicar, siendo joven todavía, que ninguna palabra le había conmovido como aquélla.

En el año 1045 es nombrado secretario del papa Gregorio VI, cargo que ocupará hasta 1046 en que acompañará a dicho papa a su destierro en Colonia tras ser depuesto en un concilio, celebrado en Sutri, acusado de simonía (compra de los cargos eclesiásticos) en su elección.

En 1046, al fallecer Gregorio VI, Hildebrando ingresa como monje en el monasterio benedictino de Cluny (Francia) en donde adquirirá las ideas reformistas que regirán el resto de su vida y que le harán encabezar la conocida Reforma gregoriana.

Hasta el año 1049 no regresa Hildebrando a Roma cuando es requerido por el Papa San León IX para actuar como legado pontificio, lo que le permitirá conocer los centros de poder de Europa. Actuando como legado se encontraba, en 1056, en la corte alemana, para informar de la elección como papa de Víctor II cuando este falleció y se eligió como sucesor al antipapa Benedicto X. Hildebrando se opusó a esta elección y logró que se eligiese papa a Nicolás II.

En 1059 es nombrado por Nicolás II, archidiácono y administrador efectivo de los bienes de la Iglesia, cargo que le llevó a alcanzar tal poder que se llegó a decir que echaba de comer a “su Nicolás como a un asno en el establo”.

ELECCIÓN PAPAL

Hildebrando fue elegido papa por aclamación popular el 22 de Abril de 1073, lo que supuso una transgresión de la legalidad establecida, en 1059, por el concilio de Melfi que decretó que en la elección papal sólo podía intervenir el colegio cardenalicio, nunca el pueblo romano. No obstante obtuvo la consagración episcopal el 30 de Junio de 1073, tomando el nomgre de Gregorio VII (Gregorio significa "el que vigila").
Gregorio recibió una Iglesia en condiciones lamentables: la evolución de hechos históricos en diversos países había convertido a la Esposa de Cristo en sierva del Estado. Los príncipes temporales habían sustraído a la Iglesia la provisión de los obispados y de casi todos los beneficios eclesiásticos, y la ejercían por medio de la "investidura", palabra consagrada por el lenguaje jurídico del siglo XI para el acto de dar posesión de un cargo o de un bien cualquiera cuando se verificaba, según antigua costumbre, mediante la entrega simbólica de un objeto; una llave, para la transmisión de una casa; un terrón con hierba, para la de un campo. Los príncipes temporales, para la entrega de un obispado o una abadía, utilizaban el báculo y el anillo pastoral, quedando suprimidas la elección regular y la confirmación canónica hechas por el metropolitano, único medio previsto por la Iglesia para la designación de los obispos. De ese indignante tráfico de funciones sagradas y de la dudosa conducta de los que eran honrados con ellas, como consecuencia casi inevitable, surgieron la simonía y la incontinencia en el clero. No se daban los beneficios eclesiásticos a los que los merecían, sino a los que los compraban, ya que, llegados a ser mirados como propiedad del Estado los bienes feudales y las propiedades privadas del obispado, quienes recibían el beneficio eclesiástico se juzgaban obligados a pagar un reconocimiento a quienes lo daban. Esta injusticia y la índole de quienes se brindaban a obtener, por medios tan nefandos, los beneficios eclesiásticos, provocaron en el campo de la Iglesia el salpullido de unos clérigos de conciencia tan ofuscada y de espíritu tan oscurecido, que, invocando falsamente en su favor textos de concilios, palabras del Evangelio y hasta imposiciones de la naturaleza, quebrantaron el celibato eclesiástico hasta el extremo de celebrar solemnemente sus bodas y preparar un ambiente en que hacer hereditarios los beneficios. No deje de apreciar también el lector otro perfil que sintetiza la dureza en que ha de tropezar el martillo de la reforma: el de que la misma causa hará poco menos que irremediable el mal, pues los simoníacos rebeldes tendrán tras sí, para defenderlos, a los príncipes y reyes de quienes recibieron el nombramiento.
REFORMA DE SAN GREGORIO VII
Con el alma inflamada por el ideal del reinado de Dios en la tierra, después de escribir muchas cartas a sus amigos en demanda de oraciones y protección moral, Gregorio VII, el gobernador sabio, piadoso y enérgico, se enfrentó con esa caótica situación.
Como base de reforma de la Iglesia, convocó concilios en Roma, bajo su presidencia, y en otros países católicos mediante legados suyos, y se decretó en frecuentes sínodos: que los clérigos no se unieran a sus esposas, que no se confiriera el sacramento del Orden sino a los que hubiesen hecho profesión de celibato perpetuo y que nadie asistiese a las misas de los sacerdotes que tuviesen mujer, "para que los que no se corrigen por el amor de Dios y la dignidad de su ministerio se arrepientan, al menos, por la vergüenza del siglo y por la repulsa del pueblo".
Dispuso, contra la simonía, que los clérigos que hubiesen obtenido, mediante precio, algún grado u oficio de las sagradas órdenes, no ejercieran, en lo sucesivo, su ministerio eclesiástico, y que los que recibieran de los laicos la investidura de la Iglesia, y los laicos mismos que la dieran, fuesen castigados con el anatema.
En 1075, Gregorio VII publica el Dictatus Papae, veintisiete axiomas donde Gregorio expresa sus ideas sobre cual ha de ser el papel del Pontífice en su relación con los poderes temporales, especialmente con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, la gran potencia de esos tiempos. Estas ideas pueden resumirse en tres puntos:
  1. El Papa es señor absoluto de la Iglesia, estando por encima de los fieles, los clérigos y los obispos, pero también de las Iglesias locales, regionales y nacionales, y por encima también de los concilios.
  2. El Papa es señor supremo del mundo, todos le deben sometimiento incluidos los príncipes, los reyes y el propio emperador.
  3. La Iglesia Romana no erró ni errará jamás.

El ataque directo a las investiduras cristalizó en un decreto del sínodo romano de la Cuaresma de 1075, excomulgando a todo emperador, rey, duque, marqués, conde o persona seglar que tuviese la pretensión de conferir cualquier dignidad eclesiástica.

CONFLICTO CON EL EMPERADOR
Estas disposiciones con que el Vicario de Jesucristo tomaba el azote, como en otro tiempo su Maestro, para arrojar del templo a los vendedores, y el paso de los legados pontificios por toda la cristiandad para hacerlos cumplir, provocó una protesta general y una sublevación violenta en todas partes, pero de modo especial en Alemania.
Además, los decretos llevaban claramente a un enfrentamiento con el emperador alemán en la disputa conocida como Querella de las Investiduras que inicia cuando, en un sínodo celebrado en 1075 en Roma, Gregorio VII renueva la prohibición de la investidura por laicos.

Esta prohibición no fue admitida por Enrique IV, que siguió nombrando obispos en Milán, Spoleto y Fermo, territorios colindantes con los Estados pontificios, por lo que el papa intentó intimidarle mediante la amenaza de excomunión y de deposición como emperador.
Hasta en Roma se opuso al Papa el partido contrario a la reforma, capitaneado por Sencillo, que había estado condenado a muerte. Organizó un grupo de conjurados que, en la vigilia de Navidad, mientras Gregorio VII celebraba la santa misa en Santa María la Mayor, se arrojó armado sobre el Pontífice, hiriéndole, derribándole y arrastrándole hasta recluirlo en una torre. Cuando el pueblo reaccionó y la torre estaba a punto de caer en manos de los libertadores, Cencio, al creerse perdido, se echó a los pies del Papa, que paternalmente le otorgó el perdón ten angustiosamente suplicado y calmó a la multitud ansiosa de venganza.
En Alemania, el emperador Enrique IV declaró abiertamente la guerra a Gregorio VII, reuniendo, en 1076, un conciliábulo en Worms con objeto de deponer al Papa.
Mucho sufría el Santo Padre. En el año anterior había escrito a San Hugo, abad de Cluny: "Si finalmente miro dentro de mí, me siento tan abrumado por el peso de mi propia vida, que no me queda esperanza de salud sino en la misericordia de Jesucristo".
A pesar de todo ello, la fortaleza de Gregorio VII no se rendía. Combatió en Francia los desórdenes de Felipe Augusto; luchó en Inglaterra por medio del arzobispo Lanfranco; en España —donde la campaña emprendida en 1056 por el concilio de Compostela, y continuada en 1068 por los concilios de Gerona, Barcelona y Lérida, habían subvenido ya a la posible necesidad de reforma— introdujo la liturgia romana y alentó la campaña de Alfonso VI de Castilla contra los sarracenos, y actuó en las más apartadas regiones del norte y del oriente asiático, pensando, por primera vez, en una cruzada que había de terminar dos lustros más tarde con la conquista de Jerusalén.
Su heroica fortaleza, a juzgar por lo que aconsejaba en carta a la condesa Matilde —la gran defensora de la Santa Sede—, se alimentaba "en la recepción del cuerpo de Cristo y en una confianza ciega en su Madre".
A raíz del conciliábulo de Worms, el emperador dirigió al Pontífice una insolente carta, que fue recibida precisamente cuando, en la basílica de Letrán, se celebraba un concilio que, por unanimidad, declaró haberse hecho Enrique acreedor en sumo grado a la excomunión. La pronunció, en efecto, el Pontífice, y en una bula al mundo católico explicó sus motivos y el alcance de la condenación. Envió a su vez una carta "a todos sus hermanos en Cristo" en Alemania, diciéndoles: "Os suplicamos, como a hermanos muy amados, os consagréis a despertar en el alma del rey Enrique los sentimientos de una verdadera penitencia, a arrancarle del poder del demonio, a fin de que podamos reintegrarle en el seno de nuestra común Madre".
La excomunión lanzada por Gregorio sobre Enrique significaba que sus súbditos quedaban libres de prestarle vasallaje y obediencia, por lo que el emperador temiendo un levantamiento de los príncipes alemanes, que habían acudido a Augsburgo para reunirse en una dieta con el Papa, decide ir al encuentro de Gregorio y pedirle la absolución.
Despreció Enrique todos los anatemas y se alió con todas las furias del averno. El Papa contaba con la justicia, con la compañía de la piadosa y abnegada condesa Matilde y con la espada del esforzado Roberto Guiscardo. Los alemanes se disponían a deponer inmediatamente a Enrique, pero éste, considerándose perdido y conociendo la magnanimidad de Gregorio VII, se decidió a poner la causa en sus manos, llegando, en la mañana del 25 de Enero de 1077, al castillo de Matilde, en Canosa, donde a la sazón se hallaba el Papa. Nevaba copiosamente y el frío se enseñoreaba del ambiente cuando, descalzos sus pies, su larga melena al aire y cubriéndose con la ropa de los penitentes, golpeaba las puertas de la fortaleza un peregrino que no era otro que el mismo Enrique IV. Tres días esperó, gimiendo, llorando, implorando el perdón, sin probar bocado y posando sus plantas en el hielo. Ya perdía la esperanza, al anochecer del tercer día, 28 de Enero, cuando se decidió a entrar en una cercana ermita. Precisamente oraban en ella la condesa Matilde y Hugo, el abad de Cluny, Se conmovieron éstos ante sus súplicas de intercesión por él ante el Papa. Y Gregorio VII, aun cuando su sagacidad le dictaba que era todo fingimiento e hipocresía en Enrique, que no buscaba más que mantener su trono, sucumbió a la bondad de su corazón accediendo a los ruegos de tan piadosos intercesores. Gregorio VII absolvió a Enrique IV de la excomunión a cambio de que se celebrara una Dieta en la que se debatiría la problemática de las investiduras eclesiásticas. Como tenía que suceder, volvieron a producirse los conciliábulos, las excomuniones y las hipocresías, y el Pontífice tuvo que oponer su indomable firmeza a los ejércitos imperiales que llegaron hasta Roma, donde sus habitantes, ganados por las larguezas del emperador Enrique, terminaron por entregarle la ciudad.

San Gregorio VII (en su trono) perdona a Enrique IV. (fresco del Vaticano)

Los obispos alemanes y lombardos apoyaron a Enrique quien, en un sínodo celebrado en Brixen en 1080, proclama como antipapa a Guiberto (que sería Clemente III) y marcha al frente de su ejército sobre Roma que le abre sus puertas en 1084, por lo que Gregorio VII se refugió en el castillo de Sant-Angelo, donde renovó la sentencia de excomunión, deponiendo al emperador; y procede a reconocer como nuevo rey a Rodolfo, duque de Suabia.

Se celebra entonces un sínodo en el que se decreta la deposición y excomunión de Gregorio VII. Enrique entronizó en la basílica de San Pedro al antipapa Clemente III, quien procedió a coronar como emperadores a Enrique IV y a su esposa Berta.

La Providencia salió al paso: la consternación se impuso de súbito ante el rumor de que Roberto Guiscardo estaba a las puertas de la ciudad con un formidable ejército de normandos. Ante la vacilación de los romanos, por él comprados con dinero, y viendo a sus tropas fatigadas por la larga campaña y diezmadas por la epidemia, Enrique, avergonzado, huyó precipitadamente de Roma, y los romanos, asesinados a millares o vendidos como esclavos, expiaron su traición ante los normandos que incendiaban y saqueaban la ciudad. Abandonó Gregorio VII la urbe en ruinas, adolorido por tanta destrucción, y se refugió en Montecasino, de donde pasó a Salerno, haciendo a la Iglesia universal este supremo llamamiento: "Por amor de Dios, todos los que seáis verdaderos cristianos, venid en socorro de vuestro Padre San Pedro y de vuestra Madre la santa Iglesia, si queréis obtener la gracia en este mundo y la vida eterna en el otro".

Gregorio VII murió el 25 de Mayo de 1085. Antes de expirar, pronunció las palabras del Salmista: "He amado la justicia y he odiado la iniquidad"; y agregó: "por ello muero en el exilio".

Pero años antes de su muerte, ya en 1076, escribía a los obispos de Alemania esta frase, que revela la energía de su temperamento y su sinceridad apostólica: "Mejor es para nosotros arrostrar la muerte que nos den los tiranos que hacernos cómplices de la impiedad con nuestro silencio".

Fue canonizado en 1726 por el Papa Benedicto XIII celebrándose su festividad litúrgica el 25 de Mayo.

La disputa sobre las investiduras finalizó mediante el Concordato de Worms, en 1122, que deslindó la investidura eclesiástica de la feudal.


MEDITACIÓN: ESTA VIDA ES UNA PRISIÓN PARA EL ALMA

I. Nuestro cuerpo es la prisión de nuestra alma; las cadenas, de que está cargada en esta prisión, le impiden elevarse hasta Dios. El Rey David y el Apóstol de los gentiles dolíanse de esta cautividad. Y tú, oh hombre, amas esta prisión y temes la libertad. ¡Ah! si conocieses la dicha que se gusta en el cielo en la libertad de los hijos de Dios, pedirías al Señor que rompa tus cadenas. ¡Habitantes del cielo, cuán felices sois por haber dejado esta prisión para ir a habitar un palacio de luz!

II. Nuestras cadenas son nuestras pasiones, nuestra concupiscencia, nuestros deseos y nuestros odios; ello es lo que nos ata a la tierra y nos impide elevarnos hasta Dios. ¡Señor, romped mis cadenas, desasidme de las creaturas, y entonces comenzaré ya desde esta vida el sacrificio de alabanza que debo continuar durante la eternidad! El primer grado de la libertad, es no ser esclavo de las pasiones. (San Agustín).

III. Estamos, todos, condenados a muerte y sólo por ésta saldremos de nuestra prisión terrenal; es una sentencia que se ejecuta en seguida en algunos y después en otros. Tu cuerpo se consume, tus ojos se debilitan, tus cabellos encanecen... ¿Qué significa eso, si no que tu prisión se desmorona, que pronto tu alma encontrará salida para obtener la libertad? Tiembla, pues, pecador, porque saldrás de esta cautividad para entrar en el infierno. Regocijaos, almas justas; saldréis de la prisión para ascender a un trono. Que lo queramos o no, avanzamos cada día, cada instante, hacia nuestro destino (San Gregorio).


La constancia en las tribulaciones. Orad por los que son perseguidos.


ORACIÓN

Oh Dios, fortaleza de los que en Vos esperan, que habéis revestido al bienaventurado Gregorio, vuestro Pontífice, de constancia inquebrantable para la defensa de la libertad de la Iglesia, concedednos, por su ejemplo e intercesión, la gracia de superar valientemente los obstáculos que se oponen a nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.

Fuentes: Adaptación de 25 de Mayo, Festividad de San Gregorio VII, Papa y Confesor (publicado por El Cruzamante) y Santoral Litúrgico de 1962.

domingo, 24 de mayo de 2009

EL ATRACO YANQUI A LATINOAMÉRICA Y A ESPAÑA

En días recientes, muchos me comentaron que dedicara al menos un artículo a Colombia y a Hispanoamérica, porque si bien se debe hablar de temas extranjeros, también hay que escribir sobre el país en el que uno vive. Por este motivo, quiero presentarles esta caricatura de principios del siglo XX para que reflexionemos acerca de nuestra historia como nación y como continente.

Esta caricatura (publicada en 1904 en un diario estadounidense) muestra que en esa época (y aún en la actualidad) nuestro continente sigue en la época colonial. Digo que sigue en la época colonial porque seguimos influenciados y sometidos a las potencias extranjeras. Pero con una diferencia: España nos dejó cosas buenas, como el idioma Castellano, la fe Católica, la posibilidad de conquistar estatus y honra, entre otras. Mientras que Estados Unidos trajo la inmoralidad, libertinaje, el capitalismo salvaje, etc.; sin contar que el 99% de los vicios y de la basura que actualmente tenemos vienen de la tierra del Tío Sam.

Para colmo de males, siempre están apuntándonos en la cabeza para que hagamos lo que ellos mandan, so pena de represalias económicas y la temida intervención militar.
Volviendo al dibujo, vemos que EE. UU. nos amenaza con todo su arsenal (cañones, bayonetas, puñales, etc.); mientras que nuestro ejército cuenta apenas con machetes (sin filo). Parece la batalla entre David y Goliat.

Ahora, ¿Por qué digo el atraco yanqui? La respuesta puede estar en la política imperialista de Washington hacia América Latina y España durante fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
  
En el caso de Colombia, hacia 1903, cuando nuestra patria se desgarraba en la guerra de los Mil días, el gobierno norteamericano puso los ojos sobre Panamá (que hacía parte de la República de Colombia) decidió buscar pretextos para arrebatarla. Y lograron encontrar el florero de Llorente: un canal interoceánico que uniera los océanos Atlántico y Pacífico. Theodor Roosevelt, que era el presidente de Estados Unidos en aquella época (1900- 1904), le propuso al primer mandatario de Colombia, el doctor José Manuel Marroquín Ricaurte, que le otorgara la concesión para realizar el proyecto.
  
Pero, el congreso colombiano (que en ese entonces sí era Honorable) tenía razones para oponerse, sabiendo la mala reputación del vecino del Norte (ellos conocían detalladamente que le declaró la guerra a México y a España para apropiarse de territorios estratégicos), y declararon que tal acuerdo era un atentado contra la soberanía nacional.
  
En vista de ello, un grupo de comerciantes y caudillos panameños se declaró en rebelión contra un gobierno que ellos consideraban "opresivo", tomaron por asalto los cuarteles del ejército colombiano y se proclamaron una "nación independiente". Así las cosas, los estadounidenses pudieron construir el canal.
  
Lo triste e indignante del asunto es que los historiadores de plumas alquiladas llaman en Colombia a este insuceso como "la separación de Panamá", mientras que en Panamá lo celebran como "nuestra independencia de Colombia", ocultando la verdad sobre este hecho. Pero la verdad logra salir a la luz, si bien a paso lento, y actualmente muchos estudiosos hablan de éste incidente como un atraco y usurpación hacia nuestra soberanía.

SANTA MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS

Hoy 24 de Mayo se celebra la solemnidad de Santa María bajo la advocación de Auxilio de los Cristianos (o María Auxiliadora), una de las devociones marianas más antiguas en la historia de nuestra Iglesia (la primera es Madre de Dios); y paradójicamente, una de las más recientes en ser incluídas en el Santoral litúrgico (la agregaron en 1814).


Santa María Auxilio de los Cristianos (en alemán María Hilf)

LOS PRIMEROS DEVOTOS DE MARÍA SANTÍSIMA EN ÉFESO
Cuando San Juan se llegó a Éfeso, y desde allí regía la Iglesia de Asia, fundada por él, María Santísima, en memoria del testamento de Cristo siguió al discípulo predilecto, al hijo predilecto.
De todas partes la gente venía a María. Los paganos, atraídos por la fama de su sabiduría y virtudes y no hay duda de que muchos de éstos, o por la eficacia persuasiva de sus palabras, o sólo por aquélla luz divina que iluminaba toda su persona, se convirtiesen a la fe de Cristo. Los creyentes, para venerar a la Madre del Salvador, al ver, a María se hacían la ilusión de ver a Jesús; en las facciones de la Madre resplandecía la belleza del Hijo. Muchas jóvenes partieron de la casa de María con el propósito de consagrar a Dios su virginidad; los vacilantes se confirmaron en la fe; los débiles cobraron ánimo, prontos a medirse con los perseguidores y sufrir el martirio; los perezosos se animaron a una santa actividad; los tibios se sintieron enfervorizados; todos se separaron de Ella mejorados. Porque -aseguran los santos padres- bastaba fijar los ojos en el rostro de María para sentir en el corazón deseos del bien, propósitos de virtud, llama de caridad.
María Santísima recibe entre sus brazos a esta Iglesia recién nacida, la alimenta, la calienta con su afecto, la defiende de sus enemigos y la lleva a aquélla plenitud de vida, a aquel desarrollo de fuerzas que la harán la Reina de los pueblos. Así actúa la Auxiliadora en el plan de Dios.

HISTORIA DE LA DEVOCIÓN A MARÍA AUXILIADORA EN LA ANTIGUEDAD

Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia", que significa "La que trae auxilios venidos del cielo". Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama "Auxilio potentísimo" de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: "La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto". San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen "Auxiliadora de los que sufren" y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquélla imagen de la "Auxiliadora de los enfermos" se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo. El gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María "Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles" e insiste en que recemos para que Ella sea también "Auxiliadora de los que gobiernan" y así cumplamos lo que dijo Cristo: "Dad al gobernante lo que es del gobernante" y lo que dijo Jeremías: "Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien". En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: "María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo". San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: "María Auxiliadora rogad por nosotros". Y repite: "La "Viren es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte". San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: "Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda".
LEPANTO: EL TRIUNFO DE MARÍA
En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88,000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego - de manera admirable - el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.



San Pío V

NUESTRA SEÑORA LIBERA AL PAPA

En el siglo XIX sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas. El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: "Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica". Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: "Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados", vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios.
SAN JUAN BOSCO: EL MENSAJERO DE SANTA MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS
San Juan Bosco, vidente de Nuestra Señora.

El 9 de Junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de Agosto de 1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Sma. Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera "ciencia y paciencia", porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora.
Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen". Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares.

San Juan Bosco decía: "Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros" y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: "María Auxiliadora, rogad por nosotros". El decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo.

ORACIÓN

Oh Dios omnipotente y misericordioso que en la Santísima Virgen María Auxiliadora estableciste maravillosamente una continua ayuda para defensa del pueblo cristiano; concédenos propicio que luchando en esta vida al amparo de tal protección, en la hora de la muerte podamos alcanzar la victoria sobre el maligno enemigo. Por J. C. N. S. Amén.
Fuente: Santoral litúrgico de 1962.

viernes, 22 de mayo de 2009

SANTA RITA DE CASCIA, VIUDA Y MONJA

Santa Rita de Casia

Nació en Mayo del año 1381, un año después de la muerte de Santa Catalina de Siena. La casa natal de Sta. Rita está cerca del pueblito de Cascia, entre las montañas, a unas 40 millas de Asís, en la Umbría, región del centro de Italia que quizás más santos ha dado a la Iglesia (S. Benito, Sta. Escolástica, S. Francisco, Sta. Clara, Sta. Angela, S. Gabriel, Sta. Clara de Montefalco, S. Valentín y muchísimos más).

Su vida comenzó en tiempo de guerras, terremotos, conquistas y rebeliones. Países invadían a países, ciudades atacaban a ciudades cercanas, vecinos se peleaban con los vecinos, hermano contra hermano. Los problemas del mundo parecían mas grandes que lo que la política y los gobiernos pudieran resolver.
  
Nacida de devotos padres, Antonio Mancini y Amata Ferri a los que se conocía como los "Pacificadores de Jesucristo", pues los llamaban para apaciguar peleas entre vecinos. Ellos no necesitaban discursos poderosos ni discusiones diplomáticas, solo necesitaban el Santo Nombre de Jesús, su perdón hacia los que lo crucificaron y la paz que trajo al corazón del hombre. Sabían que solo así se pueden apaciguar las almas.
  
Sus padres, sin haber aprendido a leer o escribir, enseñaron a Rita desde niña todo acerca de Jesús, la Virgen María y los más conocidos santos. Rita, al igual que Santa Catalina de Siena nunca fue a la escuela a aprender a escribir o a leer. Santa Catalina le fue dada la gracia de leer milagrosamente por nuestro Señor Jesucristo, para santa Rita su único libro era el Crucifijo.

LAS ABEJAS
Parecía que desde el primer momento de su nacimiento Dios tenía designios especiales para Rita. Según una tradición, desde que era bebé, mientras dormía en una cesta, abejas blancas se agrupaban sobre su boca, depositando en ella la dulce miel sin hacerle daño y sin que la niña llorara para alertar a sus padres. Uno de los campesinos, viendo lo que ocurría trató de dispersar las abejas con su brazo herido. Su brazo se sano inmediatamente.

Después de 200 años de la muerte de Santa Rita, algo extraño ocurrió en el monasterio de Cascia. Las abejas blancas surgían de las paredes del monasterio durante Semana Santa de cada año y permanecían hasta la fiesta de Santa Rita, el 22 de Mayo, cuando retornaban a la inactividad hasta la Semana Santa del próximo año. El Papa Urbano VIII, sabiendo lo de las misteriosas abejas pidió que una de ellas le fuera llevada a Roma. Después de un cuidadoso examen, le ató un hilo de seda y la dejó libre. Esta se descubrió mas tarde en su nido en el monasterio de Cascia, a 138 kilómetros de distancia. Los huecos en la pared, donde las abejas tradicionalmente permanecen hasta el siguiente año, pueden ser vistos claramente por los peregrinos que llegan hoy al Monasterio.

MATRIMONIO
Ella quería ser religiosa toda su vida, pero sus padres, Antonio y Amata, avanzados ya en edad, escogieron para ella un esposo, Paolo Ferdinando, lo cual no fue una decisión muy sabia. Pero Rita obedeció. Quiso Dios así darnos en ella el ejemplo de una admirable esposa, llena de virtud, aun en las mas difíciles circunstancias.

Después del matrimonio, su esposo demostró ser bebedor, mujeriego y abusador. Rita le fue fiel durante toda su vida de casada. Encontró su fortaleza en Jesucristo, en una vida de oración, sufrimiento y silencio. Tuvieron dos gemelos, los cuales sacaron el temperamento del padre. Rita se preocupó y oró por ellos.

Después de veinte años de matrimonio y oración por parte de Rita, el esposo se convirtió, le pidió perdón y le prometio cambiar su forma de ser. Rita perdona y el deja su antigua vida de pecado y pasaba el tiempo con Rita en los caminos de Dios. Esto no duró mucho, porque mientras su esposo se había reformado, no fue así con sus antiguos amigos y enemigos. Una noche Paolo no fue a la casa. Antes de su conversión esto no hubiera sido extraño, pero en el Paolo reformado esto no era normal. Rita sabía que algo había ocurrido. Al día siguiente, lo encontraron asesinado.
  
Su pena fue aumentada cuando sus dos hijos, que ya eran mayores, juraron vengar la muerte de su padre. Las súplicas no lograban disuadirlos. Fue entonces que Santa Rita, comprendiendo que mas vale salvar el alma que vivir mucho tiempo, rogó al Señor que salvara las almas de sus dos hijos y que tomara sus vidas antes de que se perdieran para la eternidad por cometer un pecado mortal. El Señor respondió a sus oraciones. Los dos padecieron una enfermedad fatal. Durante el tiempo de enfermedad, la madre les habló dulcemente del amor y el perdón. Antes de morir lograron perdonar a los asesinos de su padre. Rita estuvo convencida de que ellos estaban con su padre en el cielo.

ENTRA EN LA VIDA RELIGIOSA
Al quedar sola no se deja vencer por la tristeza y el sufrimiento. Santa Rita quiso entrar con las hermanas Agustinas, pero no era fácil lograrlo. No querían una mujer que había estado casada. La muerte violenta de su esposo dejó una sombra de duda. Ella se volvió de nuevo a Jesús en oración. Ocurrió entonces un milagro. Una noche, mientras Rita dormía profundamente, oyó que la llamaban ¡Rita, Rita, Rita! esto ocurrió tres veces, a la tercera vez Rita abrió la puerta y allí estaban San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan el Bautista del cual ella había sido devota desde muy niña. Ellos le pidieron que los siguieran. Después de correr por las calles de Roccaporena, en el pico del Scoglio, donde Rita siempre iba a orar sintió que la subían en el aire y la empujaban suavemente hacia Cascia. Se encontró arriba del Monasterio de Santa María Magdalena en Cascia. Entonces cayo en éxtasis. Cuando salió del éxtasis se encontró dentro del Monasterio, ante aquel milagro las monjas Agustinas no pudieron ya negarle entrada. Es admitida y hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años de consagración a Dios.

MÁS PRUEBAS
Durante su primer año, Rita fue puesta a prueba no solamente por sus superioras, sino por el mismo Señor. Le fue dado el pasaje de la Escritura del joven rico para que meditara. Ella sentía en su corazón las palabras, ¡Si quieres ser perfecta!

Un día Rita fue puesta a prueba por su Madre Superiora. Como un acto de obediencia, Rita fue ordenada a regar cada día una planta muerta. Rita lo hizo obedientemente y de buena manera. Una mañana la planta se había convertido en una vid floreciente y dio uvas que se usaron para el vino sacramental. Hasta este día sigue dando uvas.

AMOR A LA PASIÓN DE CRISTO
Rita meditaba muchas horas en la Pasión de Cristo, meditaba en los insultos, los rechazos, las ingratitudes que sufrió en su camino al Calvario.

Durante la Cuaresma del año 1443 fue a Cascia un predicador llamado Santiago de Monte Brandone, quién dio un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor que tocó tanto a Rita que a su retorno al monasterio le pidió fervientemente al Señor ser participe de sus sufrimientos en la Cruz. Recibió las estigmas y las marcas de la Corona de Espinas en su cabeza. A la mayoría de los santos que han recibido este don este don exuden una fragancia celestial. Las llagas de Santa Rita, sin embargo exudían olor a podrido, por lo que debía alejarse de la gente.

Por 15 años vivió sola, lejos de sus hermanas monjas. El Señor le dio una tregua cuando quiso ir a Roma para el primer Año Santo. Jesús removió la estigma de su cabeza durante el tiempo que duró la peregrinación. Tan pronto como llegó de nuevo a casa la estigma volvió a aparecer y teniéndose que aislar de nuevo.

En su vida tuvo muchas llamadas pero ante todo fue una madre tanto física como espiritualmente. Cuando estaba en el lecho de muerte, le pidió al Señor que le diera una señal para saber que sus hijos estaban en el cielo. A mediados de invierno recibió una rosa del jardín cerca de su casa en Roccaporena. Pidió una segunda señal. Esta vez recibió un higo del jardín de su casa en Roccaporena, al final del invierno.

Los últimos años de su vida fueron de expiación. Una enfermedad grave y dolorosa la tuvo inmóvil sobre su humilde cama de paja durante cuatro años. Ella observó como su cuerpo se consumía con paz y confianza en Dios.

LAS ROSAS DE SANTA RITA
Durante la enfermedad, a petición suya, le presentaron algunas rosas que habían brotado de manera prodigiosa en el frío invierno en su huertecito de Rocaporena. Ella las aceptó sonriente como don de Dios.

MUERTE DE LA SANTA
Santa Rita recorrió el camino de la perfección, la vía purgativa, la iluminativa y unitiva. Conoció el sufrimiento y en todo creció en caridad y confianza en Dios. El crucifijo es su mejor maestro. Es en almas puras como la de ella que Dios puede hacer portentos sin que por ello se desenfrenen y caigan en el orgullo espiritual. Al morir la celda se ilumina y las campanas tañen solas por el gozo de un alma que entra al cielo.

Su muerte, acaecida en 1457, fue su triunfo. La herida del estigma desapareció y en lugar apareció una mancha roja como un rubí, la cual tenía una deliciosa fragancia. Debía haber sido velada en el convento, pero por la muchedumbre tan grande se necesitó la iglesia. Permaneció allí y la fragancia nunca desapareció. Por eso, nunca la enterraron. El ataúd de madera que tenía originalmente fue reemplazado por uno de cristal y ha estado expuesta para veneración de los fieles desde entonces. Multitudes todavía acuden en peregrinación a honrar a la santa y pedir su intercesión ante su cuerpo que permanece incorrupto.

CANONIZACIÓN
Fue beatificada por Urbano VIII en 1627, cuyo secretario privado Fausto Cardinal Poli había nacido a 15 km de Roccaporena (el lugar de nacimiento de Rita). El 24 de Mayo de 1900 fue canonizada por el papa León XIII. Su fiesta es el 22 de Mayo.
  
PATRONATO
Santa Rita es patrona de:
  • las enfermedades
  • las heridas
  • los problemas maritales
  • las causas imposibles
  • las pérdidas
  • las madres
Santa Rita —junto con San Judas Tadeo— es la patrona de las causas perdidas. En España se la llama la santa de los imposibles.
ORACIÓN
¡Oh gloriosa Santa Rita de Casia! Con el alma llena de confianza por los continuos favores que alcanzas del cielo, en bien de tus fieles devotos, vengo hoy a tu presencia, a rogarte que intercedas con tu Amado Esposo y Redentor del mundo, a fin de que oiga benigno lo que solicito de su gran poder e infinita misericordia. A ti, que recibiste en el transcurso de tu larga y santa vida, tantas y tan repetidas muestras de ser un alma privilegiada de su Amor, te atenderá bondadoso, si le ruegas por mí con ese ardiente fervor que siempre te animaba cuando te postrabas a orar a los pies del santo Crucifijo. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 20 de mayo de 2009

ME BURLO EN LA CARA DE LOS “CIENTÍFICOS”


El título de esta nota no tiene precedentes en este blog, pero la razón de mi burla es porque unos "científicos" revelaron en el Museo de Historia Natural de Nueva York (EE. UU.), un SUPUESTO fósil de 47 millones de años de un lémur hallado en el año 1983 en Messel (Estado de Hesse, Alemania) que dizque es el “eslabón perdido entre los simios y el hombre”.
 
Redacté “científicos” entre comillas porque en realidad ellos, que se dicen los más inteligentes del mundo no saben ni dónde ponen los pies (no quiero pasar a palabras mayores). Además, la mayoría ha comprado el cartón (los diplomas) que los acredita como magister o doctor.

La palabra SUPUESTO la resalto porque les recuerdo la historia del hombre de Piltdown, un engaño que fue perpetrado por los evolucionistas a principios del siglo XX. La historia de este engaño comenzó y se basó en unos restos óseos (en concreto un cráneo parcial, un diente suelto y una mandíbula con dientes) descubiertos en Inglaterra en 1912, en Piltdown, un pueblo de Sussex. Un obrero los localizó en una cantera, y se los entregó al arqueólogo aficionado Charles Dawson, que los presentó, junto con el eminente paleontólogo Smith Woodward (del Museo Británico), en la Sociedad Geológica de Londres. Durante años, se mantuvo el debate sobre el origen de estos restos, y la prensa dijo que muy probablemente correspondieran al ansiado eslabón perdido, denominándosele Eoanthropus dawsonii. Estos restos fueron aceptados por la comunidad científica sin mayores análisis, debido principalmente a que era perfecto e idéntico a la idea de aquella época sobre el eslabón perdido. La idea de esa época era que el eslabón tenía que haber tenido un gran cerebro pero igualmente presentar rasgos simiescos, y posteriormente haber evolucionado a una apariencia humana; idea contraria a la existente actualmente y que presentan los fósiles verdaderos.

Ahora pues, ¿cómo se dio el descubrimiento del fraude? No obstante, comenzaron a surgir cada vez más interrogantes sobre la antigüedad y el origen de esos restos. Finalmente, el dentista A.T. Marston, determinó que los dientes de ese esqueleto correspondían evidentemente a un orangután, el diente suelto a un mono y el cráneo a un ser humano: a partir de entonces, los análisis del contenido en flúor de los huesos demostraron que el enterramiento había sido intrusivo, así como que el color ferruginoso oscuro de los huesos se debía a un tratamiento químico, para uniformar las diferencias de color entre la mandíbula (más moderna) y el cráneo (más antiguo).

Quiero que mis palabras sean proféticas, porque a “Ida” (como llamaron los “científicos” al hallazgo del especímen conocido como Darwinius masillæ) y a quienes lo sostienen les sucederá lo mismo que a los de Piltdown, esto es, quedarán en ridículo de tal forma que nadie, absolutamente nadie, los podrá vindicar.
 

El "eslabón perdido" NO EXISTE porque, simple y llanamente, la evolución es UNA GRAN FARSA; y como dice Rabelais: "Parad la función. La farsa ha terminado".
 
En conclusión, anexo esta foto. Las explicaciones sobran.

 
(Foto por cortesía de Matt Groening)
  
¡Viva la Creación! ¡Viva la Iglesia Católica! ¡Viva la Santa Escritura! ¡Abajo el “dogma evolucionista”! ¡Muerte a Charles Darwin y a sus ebrios simios! ¡Muerte al payaso masonazo de Richard Dawkins! ¡Abajo la vana ciencia de este mundo!
  
Aclaración: Este blog sostiene que los Simpson es un programa que debido a su contenido, no deben verlo menores ni personas de criterio débil, por sus constantes burlas a la religión. Con todo, es una crítica mordaz a la sociedad contemporánea.

SAN BERNARDINO, PREDICADOR DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

«En todas las cosas muéstrate dechado de buenas obras, en la pureza de la doctrina, en la integridad de vida, en la gravedad de conducta». (Tito 2, 7).
  
San Bernardino de Siena
 
Nacido en Massa Marittima, territorio de Siena, (hoy en región Toscana, Italia), el año 1380. Queda huérfano y es criado por una tía. Ya desde chico le gustaban las cosas de Dios. Componía altares e imitaba a los predicadores. De adolescente se cuidaba de hablar y actuar con pureza. Cuando tenía 20 años hubo una gran peste en Italia que arrasó a Siena, él y otros jóvenes amigos suyos fueron al hospital y sirvieron por 3 meses hasta que acabó la epidemia.

A los 22 años lo dejó todo para entrar en la comunidad franciscana. Tanto movía los corazones con su prédica que se cerraban las tiendas y hasta las clases en la universidad para escucharle. Se convirtieron innumerables pecadores que venían a él arrepentidos.

Entró en la Orden de los Frailes Menores, se ordenó sacerdote y desplegó por toda Italia una gran actividad como predicador, con notables frutos. Propagó la devoción al santísimo nombre de Jesús. Tuvo un papel importante en la promoción intelectual y espiritual de su Orden; escribió, además, algunos tratados de teología.

Propaga la devoción a la Eucaristía. Acostumbraba a llevar consigo una tablilla, mostrando la Eucaristía con rayos saliendo de ella y en el medio, el monograma JHS (Jesús Hombre Salvador) que el ayudó a popularizar como símbolo de la Eucaristía. Fue gran reformador de la Orden Franciscana. No faltan las pruebas: El Papa Martín V lo suspende como predicador pero San Juan Capistrano, le ayuda a arreglar su situación.
 
Rechazó 3 episcopados, fundó más de 200 monasterios e intervino para traer la paz entre dos bandos, los güelfos y los gibelinos.

A los 63 años se le apareció San Pedro Celestino que le avisa de su muerte ya cercana, la que acontece en la vigilia de la Ascensión. Muere en 1444 y seis años después es canonizado por el para Nicolás V. Está sepultado en Aquila. Estuvo incorrupto y su ataúd sangró sin cesar hasta que vino la paz entre los bandos que peleaban en la ciudad.

La modestia y la pureza de San Bernardino eran tan continuas, que toda conversación indecente cesaba acercándose él. Todos los días visitaba una capilla de la Santísima Virgen, diciendo que iba a ver a su Madre. Abandonó el mundo para combatirlo y, durante dieciséis años, ni un día pasó sin predicar. La devoción que tenía al Nombre de Jesús hacía que lo llevara siempre sobre su corazón. Murió en el año 1444.
  
MEDITACIÓNSOBRE LA VIDA DESAN BERNARDINO
I. Desde tierna edad descolló por un gran amor a la pureza. Su modestia era un freno que retenía a los más disolutos. Reprendía modestamente a los que tenían conversaciones indecentes. ¿Qué haces tú cuando delante de ti se pronuncian palabras demasiado libres? Si tienes autoridad sobre el culpable, repréndele su falta; si no, que tu silencio y tu actitud severa se lo hagan comprender. ¿Se podría decir de ti lo que Tertuliano decía de sí mismo: «Mi sola presencia hace avergonzar al vicio»?
 
II. Todos los días visitaba el santo una capilla de la Santísima Virgen. ¿Qué devoción practicas tú en honor de María? Te has comprometido a servirla; sé, pues, fiel en observar lo que le has prometido, y no pases ni un solo día sin tributarle tus homenajes, sea en una de sus iglesias, sea en tu casa, ante su imagen. Jesús nada rehúsa a María, y María nada rehúsa a sus servidores.
 
III. Tenía el Santo una singular devoción al Nombre de Jesús: sin cesar lo pronunciaba, y lo llevaba escrito sobre su corazón. Pronuncia tú, a menudo, este adorable Nombre, pero hazlo con devoción. En tus tristezas y tentaciones sírvete de él como de un escudo y de una espada, para rechazar y vencer al demonio. ¡Cuán dulce y consolador es el Nombre de Jesús! ¿Estás triste? Llama a Jesús en tu corazón. «Que de tu corazón pase su Nombre a tus labios y la nube se disipará». (San Bernardo).
  
La modestia Orad por los predicadores.
  
ORACIÓN
Señor Jesús, que habéis concedido a San Bernardino, vuestro confesor, un amor tan grande por vuestro Santo Nombre, dignaos, por sus méritos y su intercesión, difundir en nosotros el espíritu de vuestra divina caridad. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 19 de mayo de 2009

LO QUE FALTABA: UN “ARZOBISPO” MARICÓN

 
Por si fuera poco lo que hoy (ayer) llegaba a nuestra redacción (de Sector Católico) desde EE.UU., ahora conocemos cuál es el nombre del primer obispo católico en “salir del armario”. Se trata del arzobispo emérito de Milwaukee, Rembert George Weakland Kane OSB (en la foto), de 82 años, quien ha concedio recientemente una entrevista al New York Times. Además de sodomita, también pidió perdón públicamente por haber abusado sexualmente de un seminarista (Paul J. Marcoux) hace 20 años, a quien quiso comprar su silencio con US $450.000. ¡Toda una joya!
 
Rembert Weakland, “arzobispo” emérito de Milwaukee, sodomita y abusador
 
Por si este currículum les parece poco, sepan, además, que fue superior mundial de los religiosos benedictinos antes de que Pablo VI le nombrara obispo. Ahora, una vez apartado del ejercicio ministerial por el Papa Juan Pablo II, este progresaurio ha contado sin tapujos su azarosa vida sexual, que a nadie importa, claro. Y lo ha hecho, ¡cómo no! ante el diario insignia de la comunidad judía de Nueva York. ¿Será de nuevo una casualidad que el escándalo salte a los pocos días del final del viaje del Papa a Tierra Santa?
 
“La Iglesia se equivoca sobre los homosexuales”. Y lo explica así: “si decimos que Dios es amor y si hay 400 millones de personas homosexuales en el mundo, ¿por qué las religiones, entre ellas el catolicismo, le dicen a estas personas que tienen que vivir toda su vida sin poder expresar amor físico?”.
  
Está totalmente claro que se están cumpliendo las profecías de San Pablo: “Ya está actuando el misterio de iniquidad, sólo que hay alguien que lo detiene”; “En los últimos tiempos vendrán tiempos peligrosos”; y los mensajes de Nuestra Señora: “Muchos sacerdotes se alejarán de la fe verdadera, y hasta obispos. (…) Reinará el materialismo, el ateísmo y toda clase de vicios” (La Salette); la profecía de Isabel Canori-Mora: “Por todas partes se veían reinar la injusticia, el fraude, el libertinaje. Sacerdotes despreciando la santa ley de Dios…”, las palabras de Ana Catalina Emerick: “Vi la Iglesia de San Pedro y una cantidad enorme de gente que trabajaba para derribarla, pero a la vez vi otros que la reparaban. Los demoledores se llevaban grandes pedazos; eran sobre todo sectarios y apóstatas en gran número. Vi con horror que entre ellos había también sacerdotes católicos…, vi al Papa en oración, rodeado de falsos amigos, que a menudo hacían lo contrario de lo que él ordenaba”. Todo está claro, la Iglesia está sufriendo los ataques del demonio. Y el demonio está usando a los judíos y a los católicos progresistas para asesinar a la Iglesia, tal como usó a los fariseos para asesinar a Jesucristo.
   
Pero, el demonio (y sus secuaces) serán aniquilados para siempre.
 
POST SCRIPTUM: Weakland (que es una vergüenza para la Orden de San Benito), siempre estuvo ligado a la polémica como un modernista.
  • Siendo archiabad de San Vicente en Latrobe (condado de Westmoresland, Pennsilvania), y presidente de la Church Music Association of America, fue el encargado de aplicar la constitución conciliar Sacrosánctum Concílium, no sin polémica, pues queriendo introducir la música moderna (¡y hasta la danza!) en la liturgia “a la cañona”, denigró del V Congreso Internacional de Música Sacra celebrado en Chicago y Milwaukee en la semana del 21-28 de Agosto de 1966.
  • En 1984, respondió a los profesores en una escuela católica de la archidiócesis de Milwaukee donde se reportaron casos de abuso sexual por parte de presbíteros declarando “cualquier material difamatorio encontrado en vuestra carta será revisado cuidadosamente por nuestros abogados”, siendo por ello calificado de “abrupto” e “insensible” por la Corte de Apelaciones del estado de Wisconsin. Diez años después, calificó dichos reportes como “chillidos”; y tuvo que retractarse de ello. Y en una declaración dada en el diario local Milwaukee Journal Sentinel, Weakland confiesa que en 1993 las denuncias que recibía las mandaba a la trituradora, y permitía a los presbíteros convictos de abuso de menores continuar su ministerio sin advertirle a la feligresía y a las autoridades. Razón por la cual su nombre y el de su antecesor William Edward Cousins fueron removidos del Centro Pastoral archidiocesano por Jerome Edward Listecki Kasprzyk el 19 de Marzo de 2019.
  • Ha sostenido “sesiones de escucha” a mujeres que han abortado y apoya la “ordenación” de mujeres. Incluso, llegó a llamar a Juan Pablo II un “actor histriónico” que constantemente requiere juramentos de fidelidad. Y criticó a la Congregación para la Doctrina de la Fe y su Declaración “Dóminus Jesus”.
  • A él se le atribuye idear y ejecutar la polémica “renovación” por valor de US $ 4’500.000 de la catedral de San Juan Evangelista entre 2000 y 2009 (controversia que llegó hasta la Congregación para el Culto Divino presidida entonces por el cardenal chileno Jorge Arturo Agustín Medina Estévez, pero por visto más pesó el capricho de Weakland) en la cual el altar mayor y el baldaquin (construidos en 1943, luego del incendio de 1935) fueron desguazados y sustituidos por un órgano de 111 caños, el tabernáculo fue trasladado a la capilla bautismal (flanqueada por la estatua de Juan XXIII hecha por el escultor local David Wanner, y la de “María Madre de la Iglesia” hecha por el matrimonio de Chicago Jeffrey Hanson y Anna Koh-Varilla –la estatua parece azotada por el viento de la playa que mueve su vestido; y en cuyo pedestal él mismo se hizo representar junto al rector de la catedral Carl Allen Last–), las bancas fueron remplazadas por sillas móviles (que nunca se usan en su totalidad), se hizo un bautisterio con forma de tumba justo en la nave central de la iglesia, y el “altar” cuadrado fue hecho sobre las columnas de los antiguos altares devocionales de la catedral. Sobre dicho “altar” se cuelga una estatua de fibra de vidrio bronceada que representa un “Cristo” deforme que sostiene un “hueso de pollo” (¿el cual representaría al Espíritu Santo?) rodeado por una desproporcionada corona de espinas, de la autoría de los escultores italianos Arnaldo Pomodoro y Giuseppe Maraniello.
  
¡Muerte a la sinagoga de Satanás! ¡Muerte a los progresistas! ¡Victoria a la Iglesia Católica DE SIEMPRE!

domingo, 17 de mayo de 2009

LUTERO, ¡NO Y NO!

Como celebramos los 50 años de la publicación de la obra "Revolución y Contra Revolución", del abogado, escritor y líder católico brasileño Plinio Correa de Oliveira (1908 - 1995), les presento uno de los artículos que este caballero de la Virgen de Fátima redactó en el diario Folha de Sao Paulo (Hoja de San Pablo). En esta editorial, Correa critica que Juan Pablo II haya viajado a visitar la tumba del maldito Martín Lutero (sabiendo que éste último blasfemó contra Yahveh Sebahot, Jesucristo Nuestro Señor, el Espíritu Santo, la Santísima Virgen María, la Real y Verdadera Presencia de Nuestro Señor Jesucristo en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad el Santísimo Sacaramento del Altar; y contra el Papado). Sin más preámbulo, leamos atentamente:
  

Plinio Correa de Oliveira (1908- 1995)
LUTERO, ¡NO Y NO!

Plinio Corrêa de Oliveira (*)

En 1974 tuve la honra de ser el primer firmante de un manifiesto publicado en algunos de los principales diarios de Bra­sil y reproducido en casi todas las nacio­nes donde existían las TFP, que eran once a la sazón.

En éste las entidades declaraban su respetuoso desacuerdo con la Ostpolitik conducida por Pablo VI y exponían sus razones pormenorizadamente. Sea dicho de paso que todo fue expresado de una manera tan ortodoxa, que nadie levantó ninguna objeción al respecto.

Para resumir al mismo tiempo, en una sola frase, toda la veneración y firmeza con la que declaraban su resistencia a la Ostpolitik vaticana, las TFP decían al Pon­tífice: “Nuestra alma es vuestra, nuestra vida es vuestra. Mandadnos lo que que­ráis. Sólo no nos mandéis que nos cruce­mos de brazos ante el lobo rojo que arre­mete. A esto nuestra conciencia se opo­ne.”

Me acordé de esta frase con especial tristeza al leer la carta escrita por Juan Pablo II al cardenal Willebrands (cfr. “L'Osservatore Romano”, 6-11-1983), a pro­pósito del quingentésimo aniversario del nacimiento de Martin Lutero, y firmada el 31 de octubre p. p., fecha del primer acto de rebelión del heresiarca en la iglesia del castillo de Wittenberg. Ella está tan llena de benevolencia y amenidad, que me pre­gunté si el augusto firmante se había olvidado de las terribles blasfemias que el fraile apóstata lanzó contra Dios, Cristo Jesús, Hijo de Dios; el Santísimo Sacra­mento, la Virgen María y el propio Papa­do.

Lo cierto es que él no las ignora, pues están al alcance de cualquier católico cul­to, en libros de buen quilate que todavía no se han hecho difíciles de obtener.

Tengo en mente dos de ellos. Uno es nacional: “La Iglesia, la Reforma y la Civi­lización”, del gran jesuita P. Leonel Fran­ca. El silencio eclesiástico oficial va dejan­do caer el polvo del tiempo sobre el libro y su autor.

El otro libro es de uno de los más conocidos historiadores franceses de este siglo: Funck-Brentano, miembro del Insti­tuto de Francia. Este autor, por más se­ñas, es protestante.

Comencemos citando trechos recogi­dos en “Luther”, obra de este último (Grasset, París, 1934, séptima edición, 352 páginas). Vamos directamente a esta blasfemia sin nombre: “Cristo —dice Lute­ro— cometió adulterio por primera vez con la mujer de la fuente de quien nos habla San Juan. ¿No se murmuraba en torno a El: "¿Qué hizo, entonces, con ella?"? Después, con Magdalena; ense­guida, con la mujer adúltera, que El absol­vió tan livianamente. Así, Cristo, tan piadoso, también tuvo que fornicar antes de morir” (“Propos de table”, núm. 1472, ed. de Weimar II, 107 - cfr. op. cit., pág. 235).

Leído esto, no nos sorprende que Lute­ro piense —como apunta Funck-Brenta­no— que “ciertamente Dios es grande y poderoso, bueno y misericordioso (...), pero estúpido —"Deus est stultissimus" ­("Propos de table", núm. 963, ed. de Weimar, I, 478). Es un tirano. Moisés procedía, movido por su voluntad, como su lugarteniente, como verdugo que nadie superó, ni aún igualó, en asustar, aterrori­zar y martirizar al pobre mundo” (op. cit., pág. 230).

Esto es estrictamente coherente con esta otra blasfemia que convierte a Dios en el verdadero responsable por la trai­ción de Judas y la rebelión de Adán: “Lutero —comenta Funck-Brentano— lega a declarar que Judas, al traicionar a Cris­to, procedió bajo la imperiosa decisión del Todopoderoso. Su voluntad (la de Judas) era dirigida por Dios; Dios lo movía con su omnipotencia. El propio Adán, en el paraí­so terrenal, fue obligado a proceder como procedió. Estaba colocado por Dios en tal situación, que le era imposible no prevari­car” (op. cit., pág. 246).
Aún coherente con esta abominable secuencia, en un panfleto titulado “Contra el pontificado romano fundado por el dia­blo”, de marzo de 1545, Lutero no llama­ba al Papa de “Santísimo”, según la cos­tumbre, sino de “infernalísimo”, y agrega­ba que el Papado siempre se mostró se­diento de sangre (cfr. op. cit., págs. 337-338).

No sorprende que, movido por tales ideas, Lutero escribiese a Melanchton, a propósito de las sangrientas persecucio­nes de Enrique VIII contra los católicos de Inglaterra: “Es lícito encolerizarse cuando se sabe qué especie de traidores, ladro­nes y asesinos son los papas, sus carde­nales y legados. Le complacería a Dios que varios reyes de Inglaterra se empeña­ran en acabar con ellos” (op. cit., pág. 254).

Por eso mismo también exclamó: “Basta de palabras. ¡El hierro! ¡El fuego!” Y añadió: “Castigamos a los ladrones a espada; ¿por qué no hemos de agarrar al Papa, a los cardenales y a toda la pandilla de la Sodoma romana y lavarnos las ma­nos en su sangre?” (op. cit., pág. 104).

Este odio de Lutero lo acompañó hasta el fin de su vida. Afirma Funck-Brentano: “Su último sermón público en Wittenberg es del 17 de enero de 1546: el último grito de maldición contra el Papa, el sacri­ficio de la misa, el culto de la Virgen” (op. cit., pág. 340).

No asombra que grandes perseguido­res de la Iglesia hayan festejado su me­moria. Así, “Hitler mandó proclamar fiesta nacional en Alemania la fecha conmemo­rativa del 31 de octubre de 1517, cuando el fraile agustino rebelde fijó, en las puer­tas de la iglesia de Wittenberg, las famo­sas 95 proposiciones contra la suprema­cia y las doctrinas pontificias” (op. cit., pág. 272).

Y a pesar de todo el ateísmo oficial del régimen comunista, el doctor Erich Hon­necker, presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Defensa (el primer hom­bre de la República Democrática Alema­na), aceptó encabezar el comité que, en plena Alemania roja, organizó las aparato­sas conmemoraciones de Lutero este año (cfr. “German Comments”, de Osnabrück, Alemania occidental, abril de 1983).

Nada más natural que el fraile apósta­ta haya despertado tales sentimientos en un líder nazi y más recientemente en el líder comunista.

Nada más desconcertante, y hasta ver­tiginoso, que lo que ocurrió en un escuáli­do templo protestante de Roma, con mo­tivo de la recientísima conmemoración del quingentésimo aniversario del naci­miento de Lutero, el día 11 del corriente.

Participó de ese acto festivo, de amor y admiración por la memoria del heresiar­ca, el prelado que el cónclave de 1978 eligió Papa; a quien incumbe, por tanto, la misión de defender los santos nombres de Dios y Jesucristo, la Santa Misa, la Sagrada Eucaristía y el Papado contra heresiarcas y herejes.

“Vertiginoso, espantoso”, gimió a pro­pósito de eso mi corazón de católico, que, sin embargo, redobló su fe y su venera­ción por el Papado.

* * *

Sólo me queda por citar, en el próximo artículo, “La Iglesia, la Reforma y la Civili­zación”, del gran sacerdote Leonel Franca.

(*) “Folha de S. Paulo”, 27 de diciembre de 1983.
OPINIÓN PERSONAL DE JORGE DE LA COMPASIÓN:
El ecumenismo y el diálogo interreligioso son trampas del demonio. Lo que el Vaticano debe hacer para sobrevivir es, simple y llanamente, aplastar a los herejes protestantes como cucarachas que son éstos.
Cuando nosotros hablamos de los herejes, siempre nos exigen que les respetemos su religión. Pero ellos hablan mal de nosotros, por eso ellos están en incapacidad de exigir respeto. Porque, ¿Para qué ellos exigen respeto, si no lo dan?
¡Viva la Iglesia Católica! ¡Viva María Santísima! ¡Viva el Papa! ¡Muerte a los luteranos! ¡Muerte a los enemigos de la Iglesia!

sábado, 16 de mayo de 2009

SAN SIMÓN STOCK, EL MENSAJERO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Hoy también recordamos a San Simón Stock, un monje inglés que vio a Nuestra Señora bajo la advocación de Reina del Monte Carmelo y recibió de manos de Ella el Escapulario carmelita. San Simón Stock es, con San Elías profeta, uno de los enviados de María Santísima en la orden carmelita.

San Simón Stock con el escapulario carmelita

BIOGRAFÍA
Nació en Inglaterra. Desde mediados del siglo XIV las fuentes le aplican el sobrenombre “Stock”, con el cual relacionan el singular género de vida que habría observado antes de entrar en el Carmelo. Dice así la redacción larga del Santoral: «Antes de la llegada de los carmelitas a Inglaterra los esperó con espíritu profético, llevando vida solitaria en el tronco de un árbol: de ahí el nombre de Simón Stock con que es llamado». Esta sobria noticia supone todo un poema de ascetismo, que los biógrafos posteriores intentaron poner de relieve con piadosas amplificaciones.
  
Pero hay un documento que nos invita más bien a contar a San Simón entre los cruzados y peregrinos que por aquellos tiempos tomaron el hábito en el mismo Carmelo, atraídos por la vida de oración que llevaban los solitarios del santo monte, «como abejas del Señor en las colmenas de sus celdas fabricando miel de dulzura espiritual», según hermosa frase de Jaime de Vitry († 1240). En efecto, el dominico Gerardo de Fracheto, contemporáneo de nuestro Santo, después de contar una aparición del Beato Jordano de Sajonia a un religioso carmelita, acaecida en 1237, nota: «Esto lo contaron a nuestros religiosos el mismo que tuvo la visión y el prior de la misma Orden, el hermano Simón, varón pío y veraz». Con esta noticia concordaría el Viridárium de Juan Grossi, que extiende el generalato de San Simón del 1200 al 1250. Por ahora no estamos en grado ni de escoger entre las dos versiones ni de concordarlas razonablemente.
  
Con el agravarse de la situación de los cristianos en Palestina después de la tregua pactada por Federico II con el sultán de Egipto (1229), los ermitaños carmelitas se encontraron frente al urgente dilema de, o bien exponerse a la extinción en una tierra que iba quedando a merced de los mahometanos, o bien probar la aventura de un traslado a Europa. Algunos, los más perfectos (dice Grossi), «tenían miedo a tal aventura por el peligro que encerraba de una alteración del propio espíritu; pero graves razones aducidas hicieron prevalecer la opinión contraria, que fue reforzada con una aparición de la Santísima Virgen» (Guillermo de Sanvico). Así en 1238 empezó con carácter sistemático la emigración de numerosos carmelitas a los diversos países de Europa.
   
A Inglaterra se dirigieron dos expediciones, patrocinadas, respectivamente, por los barones Guillermo Vescy y Ricardo Grey y presididas por los venerables religiosos Radulfo Fresburri, e Ivo el Bretón, dando como primer resultado el establecimiento de dos conventos eremíticos, el primero en Hulne, cerca de Alnwick, y el segundo en Aylesford, en el condado de Kent. Esto sucedía entre 1241 y 1242. Fue entonces (según la primera versión antes mencionada) cuando Simón Stock, aureolado ya con la fama de eximia santidad, «dejó la vida solitaria y entró con gran devoción en la Orden de los carmelitas, que desde hacía mucho tiempo esperaba ilustrado por divina inspiración».
 
Ahora iba a ofrecerse a nuestro Santo un campo muy vasto en donde manifestar los dones recibidos de Dios. En 1245 se celebraba, precisamente en Aylesford, un Capítulo general, el primero reunido en Europa, y en él Simón Stock era llamado “milagrosamente” al oficio de prior general, oficio que sólo entonces adquiría pleno sentido, pues antes el prior del monte Carmelo era la suprema autoridad.
   
La Orden sufría en toda su gravedad las consecuencias del traslado a Europa. En el nuevo ambiente no encontraba la amorosa acogida que seguramente habían esperado y que tan necesaria era para empezar a echar raíces. Por otra parte, la experiencia demostraba que no era fácil conservar el tenor de vida contemplado en la Regla de San Alberto y con ardiente amor abrazado por los venerables moradores del Carmelo. Simón Stock afrontó heroicamente ambas dificultades. Respecto a la primera, se esforzó por acrecentar la estima hacia la Orden con repetidos recursos al Papa Inocencio IV y también a los próceres seculares. De hecho, desde 1247 a 1252 consiguió del Papa Inocencio IV tres preciosas cartas de recomendación que debieron contribuir no poco a la consolidación de la Orden, y en diciembre de 1252 otra del rey de Inglaterra Enrique III. En orden a la segunda dificultad impetró del mismo Inocencio IV una audaz reforma de la Regla que permitiera vivir a los carmelitas en las ciudades y participar en el servicio de las almas. Pero esta reforma suscitó en el seno de la Orden un hondo descontento que venía a agravar todavía más la situación tan comprometida por la hostilidad exterior. De este descontento tenemos la prueba en una amarga requisitoria que compuso el sucesor de nuestro Santo, Nicolás el Francés, y en las frecuentes deserciones de religiosos, que buscaban en otras Ordenes mayor garantía de salvación. En este momento histórico tuvo lugar el episodio culminante de la vida de San Simón Stock, la visión del santo escapulario, testificada por el antiguo Santoral y parcialmente corroborada por la Crónica de Guillermo de Sanvico. La relación más antigua está concebida en estos términos:
«San Simón... suplicaba constantemente a la gloriosísima Madre de Dios que diera alguna muestra de su protección a la Orden de los carmelitas, pues goza en grado singular del titulo de la misma Virgen, diciendo con toda devoción: “Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular; oh Madre dulce, de varón no conocida, a los Carmelitas da privilegios, Estrella del mar” (Flos Carméli, vitis florígera, Splendor cœli, virgo puérpera, singuláris. Mater mitis, sed viri néscia Carmelítis da privilégia, Stella maris). Se le apareció la bienaventurada Virgen, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el escapulario de la Orden y diciendo estas palabras: “Este será el privilegio para ti y para todos los Carmelitas, que quien muriere con este hábito no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará” (Hoc erit tibi et cunctis Carmelítis privilégium: quod in hoc hábitu móriens, ætérnum non patiétur incéndium, id est, in hoc móriens salvábitur)».
  
Nuestra Señora da el Escapulario a San Simón Stock (Anónimo)
  
Tal fue la gran promesa, que originariamente era una exhortación a la perseverancia dirigida a los descorazonados carmelitas, pero pronto fue acogida en toda la Iglesia como una de las manifestaciones supremas de la maternidad universal de María.
  
Lo restante de la vida de San Simón se confunde con la historia de la Orden del Carmen, historia de fundaciones y de gracias pontificias, índice de la casi definitiva consolidación en Europa, la grande obra que Dios le reservara.
  
Después de veinte años de gobierno (según un códice de Bamberga muy autorizado), por tanto, en 1265, murió en el convento de Burdeos el día 16 de mayo (o de marzo según algunos códices).
  
La fama de santidad que le había acompañado en vida se acrecentó después de la muerte. En los documentos su nombre nunca aparece sin el dictado de santo, y repetidamente se recuerda el don de hacer milagros. Su culto desde antiguo fue muy ferviente en Burdeos, donde se veneraban y se veneran aún sus reliquias. Una circunstancia providencial impidió que fuesen profanadas en tiempo de la Revolución Francesa. Su veneranda cabeza fue solemnemente trasladada el año 1951 al convento de Aylesford, recientemente recuperado, y allí es hoy meta de frecuentes peregrinaciones.
  
P. Fray Bartolomé Xibertá OCARM (Año Cristiano, Tomo II. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966).
  
ORACIÓN
Oh Dios, que cada año nos regocijas con la solemnidad de tu Confesor el bienaventurado San Simón, concédenos propicio que cuantos celebramos su nacimiento para el Cielo, imitemos también sus acciones. Por J. C. N. S. Amén.

SAN JUAN NEPOMUCENO, MÁRTIR DE LA CONFESIÓN


San Juan Nepomuceno (José Campeche)

San Juan Nepomuceno nació en Nepomuk, Bohemia (actual República Checa), en 1345. Desde niño fue objeto de las divinas predilecciones: padres santos, inteligencia y bondad, vocación sacerdotal, dones de profecía y milagros. Fue predicador y canónigo. La emperatriz de Bohemia, Juana de Holanda, lo escogió como confesor. San Juan es el mártir del secreto de la confesión y patrono de la buena fama. No resulta fácil acercarse al sacramento de la penitencia. Por eso Dios da una gracia especial al sacerdote para guardar el secreto de la confesión. El velo sagrado del sigilo sacramental jamás se ha descorrido. Ya lo afirmaba así San Juan Climaco en el siglo IV. Wenceslao, rey de Bohemia, era un mostruo, más que una persona. Cuando le acusaban de ser otro Nerón, decía que si no lo había sido, lo sería en adelante. Le presentaron una vez un ave mal asada. Y sin dar más explicaciones mandó asar al pobre cocinero. La historia le llama beodo y holgazán, pero debía llamarle la Bestia del Apocalipsis. Se complacía en afirmar, y tenia razones para ello, que el verdugo era su mejor camarada. Vivían en Palacio dos personas: su esposa, la Emperatriz, y Juan Nepomuceno, su confesor y director espiritual. Algún envidioso susurró al oído del Rey una infame sospecha gratuita sobre la infidelidad de la Emperatriz. Y Wenceslao quedó presa de terribles celos que ni la dulce presencia de su esposa ni la santidad del confesor podían disipar. Un día vio el Rey que la Reina se confesaba con el P. Juan, y que luego iba a comulgar. Entonces Wenceslao concibió el diabólico plan de asegurarse de la fidelidad de su esposa. Mandó llamar al confesor.—Padre Juan, vos conocéis la duda terrible que me atormenta, vos podéis disiparla. La Emperatriz se confiesa con vos. Me bastaría una palabra... —Majestad, contesta el Confesor ¿cómo es posible que me propongáis tal infamia? Sabéis que nada puedo revelar. El secreto de confesión es inviolable.

Juan sabe que le va en ello la vida. Nadie ha contradecido nunca al tirano. Sólo Juan otra vez se atrevió a oponerse a sus planes. —Padre Juan, vuestro silencio quiere decir que renunciáis a vuestra libertad.

—Jamás consentiré en tal sacrilegio. Mandad cualquier otra cosa. En esto digo lo mismo que San Pedro: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" . Pocas horas después Juan es arrojado a la cárcel. Es sometido a terribles torturas para hacerle ceder. La Reina obtiene la libertad y le cura sus heridas. Aún pudo predicar en la catedral, anunciando su muerte. Pues sabe que el tirano nunca le perdonará. Poco después Juan habia ido a postrarse a los pies de Nuestra Señora de Bunzel. Wenceslao le tiende una trampa para la vuelta. Los verdugos esperan al Mártir junto al puente y lo arrojan al río Moldava. Aún está allí la estatua para ejemplo y recuerdo. Era el 19 de abril de 1393. Las gentes decían que el río se tiñó de purpúreo y celestial resplandor, como anuncio de la gloria del Mártir. Su epitafio, en la catedral de San Vito, de Praga, dice así: "Yace aquí Juan Nepomuceno, confesor de la Reina, ilustre por sus milagros, quien, por haber guardado el sigilo sacramental fue cruelmente martirizado y arrojado desde el puente de Praga al río Moldava, por orden de Wenceslao IV, el año 1393". Su lengua se conserva incorrupta.

En 1725 (más de 300 años después de su muerte) una comisión de sacerdotes, médicos y especialistas examinó la lengua del mártir que estaba incorrupta, aunque seca y gris. Y de pronto, en presencia de todos, empezó a esponjarse y apareció de color de carne fresca, como si se tratara de la lengua de una persona viva. Todos se pusieron de rodillas y este milagro, presenciado por tantas personas y tan importantes, fue el cuarto milagro para declararlo santo. Fue canonizado por Benedicto XIII en el año 1729.Desde su muerte, siempre San Juan Nepomuceno fue considerado patrono de los confesores, porque prefirió morir antes que revelar los secretos de la confesión. También ha sido considerado patrono de la buena fama, porque prefirió el martirio, pero no permitió que la buena fama de una penitente fuera destrozada.En Praga, en el puente desde el cual fue echado al río, se conserva una imagen de este gran santo y muchas personas, al pasar por allí, le rezan devotamente.

P. RAFAEL MARÍA LÓPEZ-MELÚS
   
REFLEXIÓN
¿Quién no ve que este grandísimo milagro lo hizo Dios para glorificar aquella santa lengua fidelísima en guardar el sigilo sacramental? ¿Y quién no echa de ver también que este mismo prodigio soberano es uno de los argumentos divinos que autorizan el sacramento de la confesión? Divino es este sacramento, e instituido por Jesucristo Señor nuestro por aquellas palabras del Evangelio con las cuales dio a sus discípulos la facultad de perdonar los pecados a los penitentes sinceros, y de retenerlos a los indispuestos. Quiere, pues, que el pecador se humille para ser perdonado; y aunque este sacramento sea el blanco de las iras de los incrédulos y malos cristianos, Dios ha mandado a los hombres la humilde confesión de sus culpas, y no hay más remedio: o confesión o condenación.

ORACIÓN
Oh Dios, que por el invencible silencio sacramental del bienaventurado Juan Nepomuceno adornaste tu iglesia con una nueva corona del martirio; concédenos, por su intercesión y ejemplo, que moderemos nuestra lengua y suframos todos los males de este mundo, antes que el detrimento de nuestras almas. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

viernes, 15 de mayo de 2009

LA CREMACIÓN ES CONTRARIA AL CATOLICISMO

Tomado de TRADICIÓN CATÓLICA
 
Pregunta: ¿Puede aceptarse la cremación siempre que el cuerpo permanezca inalterado durante el funeral y sólo sea cremado luego de la Misa de Responso?
  
Respuesta del padre Peter R. Scott, FSSPX: Es falso afirmar que la cremación es aceptable siempre que el cuerpo esté presente en el funeral.
 
Las leyes tradicionales de la Iglesia son muy explícitas en este punto. A aquéllos que hayan solicitado que sus cuerpos sean cremados, se les negará cristiana sepultura, a menos que hubieren dado alguna muestra de arrepentimiento (Canon 1240, §1, 5). Esto significa que se les negará cualquier tipo de Misa de Responso o ceremonia pública, incluso una Misa de aniversario (Canon 1241). La razón de este estricto reglamento se encuentra en el hecho de que los masones y los enemigos de la Iglesia, que no creen en la resurrección del cuerpo, alentaron esta práctica como una negación clara al respeto que se merece el cuerpo como templo del Espíritu Santo, que resucitará en el último día. Es una costumbre pagana, abominable a la santidad de la vida Católica.
 
Es cierto que en 1963, durante el Concilio Vaticano II, se flexibilizó esta ley. El Código de Derecho Canónico de 1983 refleja este cambio estableciendo que la cristiana sepultura sólo se le negará a aquellas personas que hayan elegido la cremación por razones opuestas a la Fe Católica (Canon 1184, §1, 2). Esta expresión ambigua abrió las puertas a la cremación sin control, con su consecuente falta de respeto por el cuerpo, sellado con la Santísima Trinidad en el bautismo.
  
Sin embargo, es una cuestión discutible, pues la Iglesia Conciliar ha abandonado cualquier Misa de Responso, y no sólo la de aquéllos que han sido o habrán de ser cremados. Aquí subyace la tragedia real, pues el Sacrificio de la Misa no se ofrece más por el eterno descanso de las pobres almas sufrientes del Purgatorio.
 
En lo que concierne a los verdaderos católicos, la cremación no es una práctica aceptable, excepto en casos extremos de peligro, como en el caso de plagas u otras enfermedades infecciosas. Tiene que seguir tratándose como una negación clara al dogma católico referente al cuerpo como templo del Espíritu Santo y la resurrección del cuerpo. Los sacerdotes tradicionales deben consecuentemente, rehusar celebrar los servicios de la cristiana sepultura y la Misa de Responso para todas aquellas personas que hayan solicitado que sus cuerpos sean cremados. Y más aún, los católicos tradicionales tienen el deber de explicar esta situación a sus familiares, para no encontrarse en la situación de tener que implementar la cremación o negar una Misa de Responso.