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jueves, 17 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA DECIMOSÉPTIMO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   

         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA DECIMOSÉPTIMO - LA MADRE INMACULADA
Formávit Dóminus Deus hóminem de limo terræ. (Génesis II, 7).
          
Si es sublime la idea de un Dios que con la facilidad de una palabra mandó a la nada que produjese el todo, ¿qué lengua, qué pluma podrá, no ya describir, pero ni aun expresar el procedimiento de ese misterio, en que se concentra, según dice el Apóstol (I Corintios I, 24), toda la sabiduría del Eterno? Un Dios que comparece revestido de toda su virtud, de un modo conveniente a una infinita grandeza para darnos una prueba de su omnipotencia, he ahí el misterio de la creación; un Dios que para mostrase de un modo digno de su infinita bondad, sacrifica su grandeza al imperio de la criatura (Filipenses II, 7), he ahí el misterio oculto desde los días eternos, inaudito en los siglos y las generaciones, e incomprensible a la naturaleza misma de los ángeles (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte III, cuestión 30, art. 1, respuesta a la objeción 3ª), el misterio de la redención. Un poder infinito nos había mostrado al Supremo Monarca, que llama a las cosas que no son como a las que son: un amor infinito nos hace ver al Eterno que eclipsa su esplendor para descender Él mismo a la nada. La omnipotencia nos había presentado a Dios solo y sin compañía alguna al criar al hombre; el amor le hizo buscar una compañera para producir al Hombre Dios. Nos representa la omnipotencia el Espíritu del Señor, que se entregó a la aguas tenebrosas para criar la luz, y el amor nos impele a observar a ese mismo espíritu, que del medio del Océano de la corrupción y de la miseria, buscó entre todas las mujeres la única inmaculada, digna de concebir al autor de la luz. ¡Oh!, cuán sublime es el considerar a esta Madre elegida, que une sus obras a las del Espíritu Santo como si fuesen iguales para producir el misterio de los misterios. Cuán sublime es el contemplar a esa Virgen inocente, que en la regeneración del universo prepara la materia para la omnipotencia de un Dios (Santo Tomás de Aquino, Ibíd., cuestión 32, art. 4). Esa inmaculada María, que de su purísima sangre compone los miembros del Hijo Unigénito al esplendor de la eterna gloria. El Criador sacó al primer hombre, al hombre terreno, del légamo de la tierra: María debía sacar al segundo, al hombre celestial, de su mismo corazón. El Creador infundió en Adán el soplo de la vida, haciéndole a semejanza de Dios: María debía componer a Jesucristo en forma terrena, haciéndole a semejanza del hombre (Filipenses, ut supra). La obra de la omnipotencia en la creación estableció una distancia infinita entre Dios y el hombre: en la obra del amor, por una infinita dignación de la incomprensible bondad con el ministerio de la Madre inmaculada, un Dios fue hombre, un hombre fue Dios (Santo Tomás de Aquino, Ibíd., cuestión 16, arts. 1 y 2).
    
CÁNTICO
Alabad el nombre de María, alabad a María, oh hijos de la Virgen elegida.
Alabad a María, porque es inmaculada: entonad salmos a su nombre, porque es suave.
El Señor eligió por su morada a la estrella de Jacob, y por su Madre a la Hija de Sion.
El Señor, que ha hecho cosas tan grandes en los cielos y en la tierra, en el mar y en los abismos.
El Señor, que hizo salir las nubes de la extremidad de la tierra, y que hizo a los relámpagos señales de lluvia.
Hizo salir a María como una nube de gloria, para encerrar en su seno al elegido de los siglos, e hizo resplandecer sobre el universo su inmaculada belleza.
Oyeron los cielos el rumor del paraíso, y la nube de gloria llovió al esperado de las naciones.
Y la tierra quedó en silencio y en paz, gozo y ensalzó, porque había llegado el día del Señor.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
Vos sois toda bella, oh María, y la mancha original no llegó a empañar la candidez de vuestro Corazón: ¡oh!, esta prerrogativa del paraíso que os concede un Hijo para honrar a su Madre, ¡cuánta luz esparce sobre el abismo de mi miseria! Si vuestro divino Hijo multiplicó los prodigios para glorificaros, yo, que todavía me atrevo a condecorarme con el glorioso nombre de hijo vuestro, ¿qué cosa he multiplicado, sino obras indignas para deshonraros? Haced, oh Virgen inmaculada, que yo conozca alguna vez de qué Madre tengo el honor de ser hijo, a qué perfección de santidad me obliga un título tan augusto, y con qué esfuerzos podré, si no glorificaros, al menos no hacerme indigno de llamaros como Madre. Vos, que por singular privilegio de Dios fuisteis sin mancha alguna de pecado, purificad mi corazón de las innumerables que me han impreso mis culpas; Vos, que os unisteis a preparar la redención del género humano, preparad mi alma para que pueda recibir sus benéficos efectos; y vos, que compusisteis los miembros de vuestro divino Hijo Jesús para que viniese a salvarnos con su Cruz, arreglad mi espíritu para todas las obras de penitencia y de sacrificio que puedan hacerme hábil para participar de los méritos de su vida, de su pasión y de su muerte. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)