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lunes, 21 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA VIGESIMOPRIMERO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMOPRIMERO - LA CUSTODIA DEL PARAÍSO
Non est bonum esse hóminem solum. (Génesis II, 18).
          
El Señor concedió a Adán una virgen inmaculada, para que le hiciese compañía en una vida que era como un bosquejo de la bienaventuranza del cielo. Si aquella virgen era inferior á él en la fuerza y en la ciencia, le aventajaba, sin embargo, en la dulzura y en las gracias naturales, que pueden ejercer una inocente influencia en el corazón de un esposo amado. Con esta prerrogativa debía servir de suave custodia a un hombre venturoso, invitarle cariñosamente a marchar constantemente por el recto sendero de la virtud, y a guardar en ella a unos hijos inocentes de los padres más inocentes... Mas, ¡oh fatalidad!, ¡oh desventura! Por la debilidad de una mujer que había sido criada para consuelo y gloria del hombre, vino a cambiar de repente el hermoso orden establecido en la especie humana por la inmensa bondad de Dios. El primero de los esposos no tuvo corazón para contristar a su amada (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte II-IIæ, cuestión 173, art. 4), no para confirmarse en el bien, sino para sacrificar su propia inocencia, y para ofender a la majestad de su Criador... ¡Nacerán los hijos, pero lejos del paraíso, sepultados en la culpa, condenados a la guadaña de la muerte, miserablemente perdidos por obra de aquella madre, que debía guardarlos! ¡Cuán consoladores debían ser los misterios de María! Dios, que se complació en hacer de esa inmaculada criatura el tipo más bello de su omnipotencia, la concedió prerrogativas tan tiernas y amables, cuales puede abrigar algunas veces un corazón bien dispuesto, pero no describir. Si una mujer, un día inmaculada, hizo maldito a los siglos su sexo, he ahí a María, otra mujer siempre inmaculada, que le hizo bendecir por las generaciones de las generaciones. María es la nueva inmaculada a la que el Padre da las misericordias confió otra vez el encargo, no de proteger una cosa terrena, sino el de guardar un Hijo inmaculado, un esposo divino, como lo era a un tiempo mismo Jesucristo. Los siglos que fueron y los venideros pueden contemplar los diversos destinos a que la bondad de un Dios invitó a las humanas generaciones; mientras que todas las criaturas en sus variadas misiones tienen que guardar mayor o menor número de semejantes suyos sobre la tierra, sólo la inmaculada María es la destinada a guardar un Dios. Ella sola es la que recibió su custodia en su purísimo seno, en donde le concibió por obra del sempiterno amor: ella sola la que le guardó en su regazo, mientras los ángeles adoraban su prodigioso nacimiento: ella sola la que mientras la tierra y el cielo se prosternaban para adorar en él a su Hacedor, era la privilegiada para prodigarle las tiernas caricias con que una madre amorosa colma á su niño. María fue la destinada a guardar de la intemperie de las estaciones a aquel Dios, que las estableció con una sapientísima ley: María fue la destinada a guardar con el alimento de su propio pecho los días de aquel Dios eterno, que es el disponedor de la vida y de la muerte: María fue la destinada a velar para que no fuese turbado el sueño infantil de aquel Dios omnipotente, que siempre vigila y gobierna todas las cosas. Y si este Rey de los reyes, Señor de los dominadores, es perseguido por los mismos hombres, por cuya salvación bajó entre nosotros, María le guarda entre sus brazos de la perfidia de un Herodes, entre sus brazos le saca de su país natal, entre sus brazos le transporta a la región del destierro. Cuántas veces un Dios humillado por nuestra salvación, y sometido a los trabajos y penalidades de nuestra vida, necesita de una mano protectora, siempre es María quien se la tiende, María quien le consuela, María quien le guarda. Y si por un breve intervalo este amadísimo Hijo debe separarse de ella, es porque la voluntad del Padre le llama a instruir a las turbas, porque su misión permite a la rabia de los judíos el más atroz de los delitos, le guarda entre los dolores de su corazón la más tiernísima memoria. Y cuando toda la tierra se conmueve con la muerte de su Criador, a los pies de la cruz se halla aquella madre amorosa e inmaculada, sin que pudieran contenerla la confusión y el tumulto de las turbas, la ira de los verdugos, ni la fuerza de su dolor, para correr á guardar los últimos instantes de un Dios que muere... Y en el corazón de María era donde debían resonar las últimas palabras de aquel Hijo amado, cuyos misterios había guardado desde su nacimiento; y si estaba decidido que un Dios debía descender al horror de un sepulcro, en el regazo de la inmaculada Madre es en donde deben ser depositados primero sus restos benditos, para que la inocente María, que lo había guardado en su seno desde su concepción, pudiera guardarle todavía entre sus brazos hasta la tumba.
    
CÁNTICO
Yo dije en medio de mis días: me dirigiré a las puertas del paraíso y llamaré a la inmaculada María.
La ofreceré los años que me restan, y su mano me conducirá a la mansión de la paz.
Mis ojos se han debilitado de mirar a lo alto: ¿cuándo podré entonar vuestro cántico en la casa del Señor?
En Vos puse mi esperanza, oh Virgen inmaculada; en Vos confié desde mi niñez.
Balbuceé vuestro dulcísimo nombre entre los primeros: desde los brazos de mi madre fuisteis mi protectora.
Os canté y bendije en todo tiempo: de Vos hablé con la ternura del corazón, у mi alma fue inundada de consuelo.
¡Oh! Siempre se halle mi boca llena de alabanzas, para que cante vuestra gloria y vuestra grandeza por toda la vida.
No os apartéis de mí, oh María: Vos sois mi custodia, Vos que guardasteis a un Dios.
No me abandonéis en el tiempo de la vejez, cuando mis fuerzas van decayendo, y se me presentan los años eternos.
Anunciaré a las generaciones venideras vuestra beneficencia: mis labios se regocijarán al hablar de vuestra inmaculada hermosura.
Y cuando vengáis a cerrar mis ojos con la sombra de vuestro amor, en mi último suspiro diré: ¡Bendita seáis, oh María!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
A vuestra protección me acojo, oh Virgen inmaculada, y a vuestra dulcísima custodia encomiendo esta miserable alma mía. Vos la guardaréis con esos ojos inmaculados, que velaron sobre un Dios niño; la guardaréis entre esos amorosos brazos que custodiaron a mi Salvador, y la estrecharéis contra ese corazón amabilísimo, contra el que tantas veces estrechasteis a vuestro amadísimo Hijo. Y cuando llegue, oh María, el momento de abandonar esta cárcel terrena, imprimiréis en mi frente el nombre de ese Padre omnipotente que os creó inmaculada, y en mis labios el nombre de ese Hijo Redentor que, escogiéndoos por madre, os adorno con la plenitud de su gracia, y me esculpiréis en el corazón el nombre de ese Espíritu Paráclito que, eligiéndoos esposa, derramo en Vos toda la copia de sus celestiales dones. Entonces, oh María inmaculada, en compañía de esos ángeles de que sois Reina, y de los querubines y serafines que se hallan prontos a la menor señal vuestra, y entre los cánticos de todos los coros del cielo os alabaré y bendeciré... y habitaré en paz y tranquilamente en la Sion santa, y será mi corona la vista beatifica del Dios Uno y Trino por la eternidad de los siglos. Amén. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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