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jueves, 24 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA VIGESIMOCUARTO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMOCUARTO - LA LLENA DE GRACIA
Serpens decépit me, et comédi. (Génesis III, 13).
          
Dos ángeles comparecen en la historia de la humanidad, para hablar con dos vírgenes inmaculadas: el ángel de las tinieblas y el ángel de la luz. Aquél se presentó para proponer una falsa grandeza en oposición a la ley eterna de Dios, éste fue a anunciar una verdadera grandeza conforme a la más perfecta conjunción con la naturaleza misma del Altísimo. Eva, la primera de las dos vírgenes inmaculadas, creyó al ángel de las tinieblas, y al momento llegó a ser la más abyecta de las cosas criadas. María, la segunda de las vírgenes inmaculadas, creyó al ángel de la luz, y llegó a ser la bendita entre todas las criaturas, desde el origen del mundo hasta la consumación de los siglos. Así que, si la infausta caída de la primera nos incita a sentimientos de confusión y de dolor, la gloria de la segunda nos hace olvidar toda humana desgracia y hace gozar a nuestro ánimo las más celestiales dulzuras. Eva, establecida por obra de un benigno Criador, en una condición privilegiada, cuya inocente felicidad no podía ser turbada por ningún trabajo, ninguna pena, ni ningún dolor, se hallaba en estado de no poder incurrir en esas pequeñas infidelidades, que si bien no destruyen la unión con Dios, merecen no obstante algún castigo (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte I, cuestión 89, art. 3). Pero desgraciadamente podía romper la integridad de su condición, y el anillo que la naturaleza y la gracia la habían dado para tenerla unida a su eterno principio: el anillo inmaculado, por el cual era un objeto de complacencia y de amor para Dios y para los ángeles. Eva, escuchando al ángel de las tinieblas, tuvo también la plenitud de la culpa. María por un privilegio inefable, permaneció inmaculada desde su concepción para poder ser digna madre del Redentor de la culpa. Inclinada a toda clase de virtudes desde su natividad, que fue como la aurora de nuestra regeneración, podía afortunadamente conceder su consentimiento para una dignidad que era inaudita en los siglos de la tierra. Esa dignidad, si bien de gloria a la par que de dolor, podía conferirla tanta abundancia de dones superiores, cuanta fuese necesaria a la criatura más próxima al autor de toda santidad, cuanta pudiera caber en la madre de aquel que está lleno de toda gracia; y, en fin, de cuanto podría ser indispensable a aquella Madre amabilísima que, al parir el sol de justicia, difundió los rayos de su gracia, para disipar las tinieblas del pecado (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte III, cuestión 27, art. 5, respuesta a la objeción 1ª). Y María, escuchando al ángel de la luz, tuvo también la plenitud de la gracia; Eva, esposa de Adán, fue el medio por el cual el padre de los vivientes adquirió y difundió la culpa en toda su progenie. María, esposa y madre de Jesucristo, es el medio por el cual ese Padre de los vivificados en el Espíritu pudo adquirir nuestra semejanza y merecernos esa gracia que nos lavó de la culpa; y es también el medio por el cual ese Hijo amado, por el amor que profesa a su Madre inmaculada, se complace en difundir la misma gracia, para gloria del cielo y consuelo de toda la tierra. Y así como Eva sumió por primera vez a la naturaleza humana en lo profundo de las miserias; María, esa Virgen inmaculada que Dios quiso conceder para que restaurase los daños causados por la primera, elevó al género humano al último grado de la perfección a que era posible ensalzar a una simple criatura.
    
CÁNTICO
Bendecid a María, obras todas del Señor; alabad y glorificad a la inmaculada Madre de Dios.
Bendecid a María, oh ángeles del Señor; alabad y glorificad a la Hija predilecta de Dios.
Bendecid a María, santos del Señor: alabad y glorificad a la Esposa elegida de Dios.
Bendecid a María en la Concepción inmaculada: bendecidla en su inmaculado natalicio.
Bendecid a María en su inmaculada juventud: bendecidla en su inmaculada ancianidad.
Bendecid a María en la salutación del ángel: bendecidla en el abrazo del Salvador Jesús.
Bendecid a María al pie de la cruz: bendecidla en la resurrección del Hijo.
Bendigamos a María en el gozo: bendigamos a María en el dolor: alabémosla en su vida sobre la tierra: ensalcémosla en la eterna gloria del cielo.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
Paz, ¡alma mía!, descienda a mi corazón el dulce pensamiento de la suspirada de los siglos, que alejándome del estrépito de este mundo, me eleve a hablar con la que es toda bella, con la hermosura del paraíso. ¡Ah!, hablad a mi corazón, ¡oh inmaculada María!, aunque rodeado de las pompas y vanidades de la tierra, prendada mi alma de vuestros celestiales atractivos, sólo se halla delante de Vos. ¡Ah!, hablad a mi corazón, ¡oh Madre amable!, habladle las palabras de la eterna vida, y con vuestros labios inmaculados difundid en él esa gracia de que fuisteis colmada. No pase un momento sin que me dulcifiquen el corazón vuestros amables acentos, ni una circunstancia sin que me indiquéis el bien que puedo sacar de ella, y los peligros de que debo huir. Vuestro coloquios, ¡oh María!, impondrán silencio a las pasiones, y producirán esa paz inefable que engrandece al alma delante de mi Dios; en ellos volveré a encontrar el manantial de esas lágrimas, que purificarán mi espíritu para hacerle más semejante a Vos, y en ellos me habituaré fácilmente a los coloquios de ese Eterno Señor, cuya conversación forma el gozo de los bienaventurados en la bienaventuranza del paraíso. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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