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sábado, 19 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA DECIMONOVENO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA DECIMONOVENO - LA CUSTODIA DEL PARAÍSO
Ut operáretur et custódiret illum. (Génesis II, 15).
          
Dios colocó al hombre en el paraíso, le mando que le cultivase y le guardase, y no pareciéndole bien que estuviese solo, le dio una inmaculada compañera. Dios puso a Jesucristo en su Iglesia, que es el nuevo paraíso de gracia, le confió su cultivo y su guarda, y le dio una compañera inmaculada, que uniese a sus esfuerzos sus méritos infinitos. He ahí dos hechos semejantes, aunque de género totalmente diverso, de los que el primero no puede ser más que una imperfecta imagen del segundo (Hugo de San Caro OP, Postillas sobre la Biblia, en Génesis II, a la letra). Nosotros no podemos comprender bien de qué naturaleza fuese el cultivo que Adán, en tiempo en que la fatiga y el sudor eran cosas extrañas al hombre, debió emplear en una tierra superior a todas las demás, por su amenidad, su suave temperatura y por una fertilidad espontánea e inconcebible. No nos es dado conocer bien hasta qué punto aquella Eva, criada para servir de una dulce compañía al hombre, tendría que participar de sus goces y de sus deberes. Pero bien comprendemos que así como el paraíso de las delicias terrenas fue confiado a dos seres inmaculados, del mismo modo otros dos seres inmaculados debían proteger el nuevo paraíso de las delicias celestiales. De ahí es que Jesús es el sol de verdad que ilumina esa mansión de paz, y María la aurora que nace para disipar las tinieblas del error. Si Jesús tomó una carne semejante a la nuestra para emprender el cultivo de esa mística viña, María fue la que le suministró la sustancia. Si Jesús envía desde lo alto de los cielos al Espíritu Paráclito para custodiar la santidad, María es la que invoca a ese Espíritu con sus oraciones. Si Jesús, sentado a la diestra del divino Padre, no deja de prodigar sus dones y su gracia, por manos de María vienen estas liberalidades, y por mano de María son distribuidas a sus hijos. ¡Misterio admirable! Jesús es el místico león de la estirpe de David (Apocalipsis V, 5) que triunfo del enemigo infernal; María es también la torre de David (Santo Tomás de Villanueva, Sermón I de la Asunción), el baluarte inexpugnable que jamás pagó tributo al demonio. Jesús es el Dios fuerte, el Dios de los ejércitos, el Dios terror del infierno: María es la virgen terrible como un ejército en línea de batalla, la protectora que suministra la armadura de los fuertes. Jesús es el sostén omnipotente de todas sus obras, mas quiso hacer a María la virgen poderosa de quien recibieron la fe los Apóstoles, la fortaleza los mártires, la pureza las vírgenes, la sabiduría los Doctores, y toda clase de virtudes los santos. Jesús es nuestra única esperanza y refugio, pero quiso también que la inmaculada María fuese la Virgen clemente, el Refugio de los pecadores, la Virgen dulcísima que despertase en el corazón de los fieles las más tiernas inspiraciones de esperanza, de confianza y de amor: la Virgen de las vírgenes, cuyo suavísimo nombre, invocado en las tribulaciones y peligros, y bendito en todas las circunstancias de la vida, excitase la misericordia de aquel que la ha confiado nuestra protección y custodia.
    
CÁNTICO
Preparad mi corazón, oh María; preparad mi corazón, y entonaré salmos a vuestro nombre.
Venid, naciones, regocijémonos en su presencia: entonemos el cántico de su gloria.
Cantemos himnos a la Virgen bendita, que camina sobre las alas de los serafines: inmaculado es su nombre.
Es suave su nombre en las generaciones de las generaciones; su magnificencia se halla sobre los cielos.
¿Quién hay como María que, madre de un Dios, vuelva compasiva sus ojos hacia la tierra?
Ella es la que levanta al enfermo del lecho del dolor, la que enjuga las lágrimas del afligido y del desgraciado.
La que ofrece al huérfano una Madre y un refugio al desvalido; la que vuelve al extraviado al sendero de la vida.
La que sacia de bienes los deseos del justo, le bendice en el nombre del Hijo y le circunda de misericordia y de gracia.
Volved hacia mí vuestras miradas, oh María, y extended vuestra custodia sobre mí.
Pasarán a vuestra sombra nuestros días en el tiempo del destierro, y serán adornados con vuestro esplendor en el día de la gloria.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
¡Salve, Virgen poderosa, Reina de los infelices, Madre de misericordia, inmaculada guardadora de nosotros los pecadores! Vos nos disteis la vida, Vos nos abristeis el sendero de las celestiales dulzuras, Vos elevasteis nuestra esperanza a una eterna gloria; salve, oh vida, dulzura y esperanza nuestra. A Vos dirijo mis plegarias desde lo profundo de este destierro en que me ha colocado el fruto del pecado, que me ofreció la primera de las madres; a Vos dirijo los suspiros de mi corazón, que gime en un valle de lágrimas, que deplora las infinitas culpas con que ha agravado el peso de su amargura, y los motivos de su dolor; volved hacia mí vuestros ojos misericordiosos, oh inmaculada María, apenas veáis las miserias de mi alma; no tardará vuestra compasión en tenderme una mano bienhechora, y vuestro corazón de clemencia, pues que me habrá limpiado de toda inmundicia, no dejará de guardarme en la salud de vuestro divino Hijo. Mostradme de continuo, oh María, a ese amable Jesús, fruto bendito de vuestro seno; mostrádmele en el curso de mi vida, para que teniendo siempre presentes sus virtudes y su penitencia, me le mostréis después del destierro de esta tierra, a fin de que en su piedad me conceda por vuestra intercesión esa eterna bienaventuranza que forma vuestro gozo, oh Virgen clemente, oh Virgen piadosa, oh dulcísima inmaculada María... Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)