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domingo, 27 de diciembre de 2020

MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA - DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Tomado de la obra publicada por el P. Luis Ángel Torcelli OP, traducida y publicada por don Leocadio López en Madrid, año 1861, con aprobación eclesiástica.
 
MES DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
   
         
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Abrid, Señor, mis labios.
℞. Desatad mi lengua para anunciar las grandezas de la Virgen Inmaculada, y cantaré las alabanzas de vuestra misericordia.
   
℣. Venid en mi auxilio, oh Reina inmaculada
℞. Y defendedme de los enemigos de mi alma.
    
Gloria al Padre, gloria al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María por los siglos de los siglos. Amén.
   
HIMNO
    
Coro: Oh Madre dulce y tierna
Oye la triste voz,
La triste voz del mundo,
Que te demanda amor.
   
I
Salve, salve, Inmaculada,
Clara estrella matutina,
Que los cielos ilumina
Y este valle de dolor;
Tú, con fuerza misteriosa
Por salvar la humana gente,
Quebrantaste la serpiente
Que el infierno suscitó.
    
II
Salve, salve, Madre mía,
Tú bendita por Dios eres
Entre todas las mujeres
Y sin culpa original.
Salve, ¡oh Virgen! esperanza
Y remedio apetecido
Del enfermo y desvalido,
Y del huérfano sin pan.
    
III
Tú del nuevo eterno pacto
Eres arca y eres sello;
Luz espléndida, iris bello
De la humana redención.
Tú llevaste en tus entrañas
El que dio a la pobre tierra
Paz y amor, en vez de guerra,
Y a sus crímenes perdón.
    
IV
Eres bella entre las bellas,
Eres santa entre las santas,
Alabándote a tus plantas
Coros de ángeles están.
Resplandece tu pureza
Más que el campo de la nieve,
Y de ti la gracia llueve
Sobre el mísero mortal.
    
V
Virgen cándida, cual lirio,
Eres fuente cristalina
Donde el triste que camina
Va a calmar la ardiente sed.
Gentil palma del desierto,
Que da sombra protectora
Al que su piedad implora
Consagrándole su fe.
   
VI
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
En la tierra y en el cielo!
¡Gloria al que es nuestro consuelo,
Al Espíritu de Amor!
Y la Virgen sin mancilla
Siempre viva en la memoria,
Y en su honor repita Gloria
Nuestro amante corazón.
    
DÍA VIGÉSIMOSÉPTIMO - LA SERPIENTE
Ipsa cónteret caput tuum. (Génesis III, 15).
          
El hombre no fue la única criatura formada por la eterna Sabiduría; y así como tenía, cual rey de la creación terrestre, una infinidad de seres que le estaban sometidos, formaba con ellos el último anillo de otro indefinible número de criaturas superiores a él. De este modo, mientras que extendía su influencia por el mundo exterior, los espíritus angélicos habían nacido para ejercerla sobre él, у mientras que los ángeles de la virtud le inspiraban el medio de completar el hermoso edificio de sus méritos, el ángel de la culpa procuraba instigarle a su destrucción (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte II-IIae, cuestión 165, art. 1). Pero el hombre era demasiado sabio, y el ángel rebelde, usando de toda la astucia que podía sacar del abismo de la maldad, se aproximó a su dulce compañera, la que siendo menos sabia, era también menos difícil que prestase oídos a sus malignas sugestiones. Sabemos por la Historia Sagrada que el enemigo del género humano, tomando la figura de una serpiente, logró convencer a Eva, y después por medio de ella a su consorte. Todavía experimentamos en las miserias de la vida y en los dolores de la muerte los tristes efectos de ruina tan inmensa. Pero Dios había prometido otra mujer que seria eternamente enemiga del espíritu de las tinieblas y que quebrantaría su cabeza maldita. Esa mujer bienaventurada era María: Ella, permaneciendo libre de las cadenas del demonio, cuando toda la tierra gemía en la esclavitud, le fue siempre tan contraria, cuanto la inocencia es opuesta a la culpa, cuanto la vida es opuesta a la muerte; Ella fue la que, dando a luz al reparador y vencedor de la culpa y de la muerte, destruyó el edificio que el infierno había fabricado sobre las ruinas de la inocencia, y con su pie inmaculado destrozó la cabeza soberbia de un demonio abatido, vencido y sujeto. Si nos fuese permitido hacer comparaciones de la malicia de la antigua serpiente que destruyó una de las más hermosas obras de Dios, con la sabiduría de ese mismo Dios, que para confundir su soberbia se valió de sus mismos medios para arrebatarle la presa, ninguna podría presentarse más patente que esta admirable semejanza en el modo de proceder. Al fijar nuestra consideración en la serpiente que sedujo á Eva con la promesa de falsas grandezas, no podemos menos de recordar al Señor, que nos preparó en María una mujer destinada a seducir (San Bernardo, Homilía II sobre Missus est) aquella misma serpiente con tener oculta su verdadera grandeza. ¿Quién no descubrirá la sabiduría de un Dios, que con hacer descender a María de una estirpe corrompida encubre su inmaculada concepción, con hacerla casar con un hombre de la tierra oculta su perpetua virginidad, y con someterla a las miserias de la vida esconde, por decirlo así, a la madre bienaventurada de un Dios? El demonio se había valido de Eva para obtener de Adán que fuese el origen de la perdición de la naturaleza humana. Dios se sirvió de María para tener en Jesucristo un salvador; el demonio instigó al sexo más débil para llegar por su medio a satisfacer su soberbia, y Dios se la confundió completamente haciéndola vencer por el mismo sexo, y sujetándolo a los pies de una mujer. El demonio, engañando a Eva, se preparaba en la mujer uno de los instrumentos más perniciosos, no sólo para comenzar, sino para continuar a través de los siglos la obra de perdición. Dios, preservando a María de la culpa para hacerla su Madre, se preparaba, no sólo el medio más adecuado para obrar la redención, sino también el arma más fuerte para defender sus efectos en los siglos venideros. El arma dulcísima de una virgen inmaculada, que nos invita con su belleza a seguirla por el camino de la gracia: el alma amabilísima de una madre tierna y compasiva, a cuyas invitaciones no hay corazón que resista, ni hay ánimo tan duro y tan pérfido que no se mueva a sentimientos de una vida nueva.
    
CÁNTICO
Dijo el Señor a la inmaculada mía: Siéntate a la diestra de mi Hijo.
Para que ponga a la antigua serpiente como banqueta a tus pies.
Desde Sion extenderás como Reina el cetro de tu poder: el dominio amable de la Madre de un Dios Salvador.
Contigo será el principio de la eterna luz: tú le precederás como estrella de la mañana, y le acogerás en tu seno para iluminar la tierra.
Por eso Dios lo ha jurado y no se mudará: serás inmaculada en lo eterno y fuera del orden de toda otra criatura.
El Señor estará siempre a tu lado, y romperá con tu brazo las cadenas de la culpa. Libertará a las naciones del yugo de la muerte: reparará las ruinas y consolidará la silla de la paz, del amor y de la gloria.
Tu reino se establecerá sobre el enemigo, y cuantas veces trate de levantarse, con la virtud de tus pies le quebrantarás la cabeza.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que preservó inmaculada a María, por los siglos de los siglos. Amén.
    
ORACIÓN
No me basta, oh María, el que hayáis vencido al infernal enemigo, y que le hayáis derribado y colocado bajo vuestros pies inmaculados: le debéis todavía derrotar dentro de mi espíritu, expulsándole de un corazón que debe ser todo vuestro; no me basta que le apartéis de mí, si no ilumináis también mi mente para que pueda conocer todas sus astucias, sus asechanzas y sus engaños; si no fortalecéis mi pecho para que presente un muro inexpugnable a sus asaltos, y sobre todo, si no contenéis mis pasiones para que no me acarreen mi ruina eterna: ellas son, Virgen inmaculada , ellas son las que me hacen traición, ellas son las que abren la puerta al enemigo de mi alma, ellas son las que me han perdido, vencido y encadenado. Venid a sostenerme, ¡oh María!, al aparecer vuestros rayos inmaculados, aplacado el tumulto de mis afectos, el demonio, que hasta ahora me sojuzgaba, huirá despavorido y vencido a sepultarse en las tinieblas; y yo, iluminada la mente y purificado el corazón, podré alabaros, serviros y gozaros por toda la eternidad. Tres Ave Marías.
   
CONCLUSIÓN PARA CADA UNO DE LOS DÍAS
 
Después de la Letanía Lauretana, se concluirá así: 
  
LATÍN
Tota pulchra es, María,
Et mácula originális non est in Te.
 
Tu glória Jerúsalem,
Tu lætítia Ísraël,
Tu honorificéntia pópuli nostri,
Tu advocáta peccatórum.
  
O María, Virgo prudentíssima,
Mater clementíssima,
Ora pro nobis,
Intercéde pro nobis ad Dóminum Jesum Christum.
  
℣. In Conceptióne tua, Virgo, immaculáta fuísti;
℞. Ora pro nobis, Patrem, cujus Fílium peperísti.
    
ORATIO
Deus, qui per immaculátam Vírginis conceptiónem dignum Fílio tuo habitáculum præparásti: † quǽsumus; ut, qui ex morte ejúsdem Fílii tui prævísa, eam ab omni labe præservásti, nos quoque mundos ejus intercessióne ad te perveníre concédas. Per eúmdem Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
 
TRADUCCIÓN 
Sois toda hermosa, María,
Y no hay en vos mancha original.
 
Sois la gloria de Jerusalén,
Sois la alegría de Israel,
Sois la honra de los pueblos,
Sois la abogada de los pecadores.
   
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre de toda clemencia,
Rogad por nosotros,
Interceded por nosotros con Jesucristo, nuestro Señor.
   
℣. En vuestra concepción, Virgen Santísima, fuisteis inmaculada.
℞. Rogad por nosotros al Padre, cuyo hijo disteis a luz. 
   
ORACIÓN
Dios mío, que por medio de la inmaculada concepción de la Virgen preparasteis una habitación digna para vuestro Hijo, concedednos por su intercesión que conservemos fielmente inmaculado nuestro corazón y nuestro cuerpo para vos, que le preservasteis de toda mancha. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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