Reflexión por por João Christian Franco. Traducción propia. Textos bíblicos tomados de la Versión de Mons. Félix Torres Amat.
«UN DÍA QUE SE LLAMA HOY
No conoces el día de mañana.
El ayer ya pasó. Hoy es el día favorable.
Cree, ahora, en Cristo, y ten la certeza de que estarás con Él por toda la eternidad».
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Un pequeño fragmento, de pocas palabras, aparentemente inofensivo, motivacional y hasta bonito, pero que contiene tantas herejías y encierra en sí mismo ideas nefastas.
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Parte I - Cuatro herejías notorias
De inmediato, se notan al menos cuatro herejías, ¡y la herejía es siempre pecado gravísimo! (Tt 3, 10-11):
- Presunción CIERTA de la salvación: Que además de pecado contra el Espíritu Santo (Mt 12, 31-32), es también orgullo (Eclo 3, 27-28). (1Cor 10, 12; Fl 2, 12)
- Falso principio del “Sola fide”: Salvación solamente por la fe (Stgo. 2, 14.17.24.26) (y una fe falsa y subjetivista), sin necesidad de conversión (Mt 3, 8), santificación (Hb 12, 14), práctica de buenas obras (Mt 25, 31-46) ni abandono de pecado (1Jo 3, 6-9).
- Una “Fe” espuria, entendida como confesión pública o sentimiento: Como si bastase una confesión pública de creencia en Cristo (Mt 7, 21; Lc 6, 46) (semejante al islamismo) o alguna convicción subjetiva en un Cristo vago para salvarse.
- Cristo sin Iglesia: Como si fuese posible ser cristiano sin adherir a la Iglesia de Cristo (Mt 18, 17), la cual es visible, pública, oficial, dotada de jerarquía (Hch. 20, 28), canonicidad y estructura. Como si fuese posible ser cristiano sin ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo (1Cor 12, 12.27; Ef 1, 22-23), el cual, en la tierra, poseyó visibilidad y la forma de una sociedad perfecta, organizada y jerárquica. Como si fuese posible incluso creer en Cristo sin saber lo que realmente enseñó; y como si para saber lo que Él realmente enseñó bastase leer la Biblia, sin necesidad de la Iglesia para transmitir una enseñanza e interpretación infalibles (2 Pe. 1, 20), siendo ella, como se sabe, columna y apoyo de la Verdad (1Tm 3, 15).
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Parte II - Esperanza de la salvación
Nadie puede tener CERTEZA de salvación, sino ESPERANZA (Rm 8,24). Si el mismo San Pablo dice acerca de las 3 virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) (1Cor 13,13), esta ESPERANZA solo puede referirse a la esperanza de salvación (Cl 1,27). Si es esperanza, no puede ser certeza (Hb 11,1). Eso es herejía protestante.
Además, otros versículos bíblicos enfatizan que maldita es la condición del hombre: no sabe si es digno de amor o de odio de Dios (Ecl 9,1). Otros incluso llaman la atención a la necesidad de vigilar, pues el demonio está presto para devorar nuestra alma (1Pd 5,8).
- Rom. 8, 24: «Porque hasta ahora no somos salvos, sino en esperanza. Y no se dice que alguno tenga esperanza de aquello que ya ve y posee; pues lo que uno ya ve o tiene, ¿cómo lo podrá esperar?».Incluso, podríamos decir: La esperanza que es certeza, no es esperanza.
- 1. Cor. 13, 13: «Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad; pero de las tres la caridad es la más excelente de todas».Primero, que San Pablo no llama virtud a la certeza, sino a la esperanza. Y no podía ser diferente, puesto que no es posible una certeza virtuosa. Solo hay virtud en la esperanza justamente porque no es certeza. En verdad, en ningún lugar de la Biblia se dice que la salvación es una certeza. Se ve, pues, que, para sustentar un falso principio protestante, cual es el de “Sola fide”, el protestantismo contrarió el de “Sola Scriptúra”, manifestando así hipocresías y contradicciones intrínsecas e insolubles.
- Col. 1, 27: «A quienes Dios ha querido hacer patentes las riquezas de la gloria de este misterio entre las naciones, el cual no es otra cosa que Cristo, hecho por la fe la esperanza de vuestra gloria».La salvación consiste en el goce de la gloria divina. Ahora, Si San Pablo habla de “esperanza de la gloria”, su palabra encuentra un sinónimo y un eco perfecto en la doctrina católica de la esperanza de salvación.
- Hebr. 11, 1: «Es, pues, la fe el fundamento o firme persuasión de las cosas que se esperan, y un convencimiento de las cosas que no se ven».La fe es necesaria para la salvación (aunque no suficiente, como engañosamente enseña la serpiente protestante). Esta es la razón para que San Pablo afirme que ella es el fundamento de la salvación, esto es, de las cosas que se esperan. ¿Y qué espera el fiel cristiano si no la salvación? Todo lo demás es vanidad.
- Ecle. 9, 1: «Todas estas cosas traté en mi corazón, poniendo todo cuidado en averiguarlas. Los justos y los sabios, y las obras de ellos, están en las manos de Dios; y con ello no sabe el hombre si es digno de amor o de odio».Si el amor de Dios anhela salvarnos y el santo odio se da en la condenación eterna, por consiguiente no es posible que el hombre, con o sin fe, sepa con certeza su destino eterno.
- 1. Pe. 5, 8: «Sed sobrios, y estad en continua vela; porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de para que devorar».Tal exhortación la dirige San Pedro a los cristianos, los cuales se han ya adherido a la fe, recibido el bautismo, ingresado al seno de la Iglesia y sometido a los legítimos pastores (y no a los lobos: falsos pastores autoproclamados del protestantismo). Si la fe bastase para la salvación, no habría por qué vigilar y tampoco temer las insidias del demonio. Las acciones del adversario no se limitan a defecciones en la fe, sino también a tentaciones en pecados contra la moral.
- 1. Cor. 10, 12: «Mire, pues, no caiga el que piensa estar firme en la fe». Nuevamente: Si por caída debemos entender los pecados contra la moral, y si hay necesidad de vigilar; luego, solo se puede tal porque los pecados impiden la salvación incluso de aquellos que ya creen.
En suma, ninguno de los versos ut supra harían sentido si no fuese por el hecho que ningún cristiano sobre la tierra puede presumir de la salvación, ni tener certeza de ella (1Cor 10,12).
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Parte III - La hipocresía del solaescriturismo
Finalmente, rechazando la Iglesia de Dios y la tradición oral (2Ts 2,15), hipócritamente los protestantes rechazaron también la Biblia (2Pd 1,20–21), escogiendo versos, ignorando otros, cerrando los ojos a todo aquello que en las Escrituras confirma la divindad de la Iglesia Católica y condena las sendas heréticas del nefando protestantismo.
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Parte IV - Rectificando el fragmento
“UN DÍA QUE SE LLAMA HOY
No conoces el día de mañana, puesto que el futuro pertenece a Dios. Conviértete hoy, no aplaces la conversión. Ora y confía en Dios, no temas. Dios está contigo mientras estuvieres con Él, esto es, en auténtica piedad cristiana. No presumas la salvación, mucho menos la salvación sin méritos, que es pecado contra el Espíritu Santo. Tampoco desesperes de la salvación, por más pecador que seas, pues desesperar de la salvación también es pecado contra el Espíritu Santo.
El ayer ya pasó. Haz penitencia, enmiéndate, retráctate y repara tus pecados.
Cree ahora en Cristo, adhiere a la fe, asiente a la enseñanza infalible de la Iglesia Católica, sométete a los legítimos pastores, bautízate, confiesa tus pecados, haz penitencia y ten la esperanza de que estarás con Él por toda la eternidad, contemplando la Sagrada Faz y viendo la Luz de gloria de Aquel que tanto te amó, y que se encarnó, padeció y murió en una cruz por ti, para salvarte.
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Hódie X Cras: Como se expresa en la iconografía de San Expedito, pisotea la tentación de posponer para mañana (Cras) tu conversión. Que la gracia divina te ayude a apresurar para hoy (hódie) tu decisión de romper definitivamente con el pecado».


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