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miércoles, 18 de marzo de 2026

EUROPA SE RINDIÓ A LOS JUDÍOS, ODIADORES DE CRISTO

«¡Padre mío, vuestro Padre!», dijo el Señor Jesucristo cuando caminó entre los hombres en cuerpo humano. El Padre celestial es el Padre de la luz y de todo bien. El Padre de Cristo es también el padre de todos los cristianos, de todos los hijos de Cristo. Un millón de veces Cristo llamó a su Padre el Padre de sus apóstoles y de sus seguidores. Por lo tanto, todas las personas y todas las naciones que fueron bautizadas en el nombre de Cristo reconocieron al Dios Padre eterno como su Padre, por la revelación del Hijo de Dios Jesucristo y por la inspiración del Espíritu Santo. El Señor también mandó: «No llaméis padre a nadie en la tierra, porque tenéis un solo Padre, que está en los cielos» (Mt. 23, 9).
  
Así habló el Señor acerca del Padre de quienes le obedecían y le seguían, del Padre de quien nació y de quien procede el Espíritu Santo [los cismáticos niegan que el Espíritu Santo procede del Padre y el Hijo, como sostiene la Iglesia Católica, N. del T.]. En contraste con este Padre de los santos, también existe el padre de las tinieblas y la malicia, y todos los adversarios de Cristo, todos los adversarios de la luz, todos los adversarios del amor, se han complacido en este padre. Este padre de las tinieblas, la malicia y el odio es el diablo. Los antiguos ancianos del pueblo judío, en tiempos de Dios encarnado, se complacieron en él. Aunque no lo sabían ni lo reconocían, Cristo, que todo lo ve, lo vio y les dio testimonio: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir» (Jn. 8, 44), pues dice de nuevo, «si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais; porque yo procedo de Dios y vengo de Él» (Jn. 8, 42).

Pero muchos judíos no recibieron estas palabras, sino que se levantaron contra Cristo, lo pisotearon y lo mataron, para su propia muerte eterna. Cegados por Satanás, como Judas, no vieron a Dios en Cristo. Inspirados por el espíritu maligno de Satanás, juzgaron y mataron a Cristo. Y, sobre todo, demostraron ser peores enemigos de Dios que el pagano Pilato, pues en la furia de su malicia profirieron aquella dura palabra: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» (Mt. 27, 24). Así, la sangre inocente se convirtió en un azote que los persigue como ganado a través de los siglos, de país en país, y como un fuego que consume todas sus intrigas y complots contra Cristo. Porque así les enseña su padre, el diablo. El diablo les enseñó cómo rebelarse contra el Hijo de Dios, Jesucristo. A lo largo de los siglos, hasta nuestros días, el diablo les ha enseñado cómo luchar contra los hijos de Cristo, contra los hijos de la luz, contra los seguidores del Evangelio y de la vida eterna. A lo largo de los siglos, quienes crucificaron al Mesías, al Señor Jesús, Hijo de Dios, han convertido a Europa en el principal campo de batalla contra Dios y a favor del diablo. Hoy es el principal campo de batalla de los judíos y del padre del diablo judío contra el Padre celestial, contra su Hijo Unigénito, encarnado de la Virgen, y contra el Santuario del Espíritu Santo.

Europa ignora esto, y ahí reside su desesperado destino, la oscura tragedia de sus pueblos. En primer lugar, no sabe a quién pertenece. Luego, desconoce quién es su amigo y quién su enemigo. No sabe a quién llamar Padre y a quién Hijo, razón por la cual la paternidad y la filiación, la maternidad y la infancia, han sido despreciadas en ella. No conoce nada excepto lo que los judíos le imponen. No cree nada excepto lo que los judíos le ordenan creer. No puede apreciar nada como valioso hasta que los judíos establezcan su propia escala como medida de valor. Sus hijos más eruditos son impíos (ateos), según la receta judía. Sus científicos más destacados enseñan que la naturaleza es el dios principal, y que no hay otro dios aparte de la naturaleza, y Europa lo acepta. Sus políticos, como sonámbulos, hablan extasiados sobre la igualdad (ignorancia) de todas las creencias y la incredulidad de todas las creencias y no creencias, es decir, lo que los judíos desean, porque primero necesitan ser legalmente iguales al cristianismo para luego suprimirlo, convertir a los cristianos en infieles y aniquilarlos. Todos los lemas europeos modernos fueron compuestos por los judíos, quienes crucificaron a Cristo: democracia, huelgas, socialismo, ateísmo, tolerancia de todas las religiones, pacifismo, revolución general, capitalismo y comunismo. Todos estos son inventos de los judíos, es decir, de su padre, el diablo. Y todo esto con la intención de humillar a Cristo, de anular a Cristo y de colocar a su mesías judío en el trono de Cristo, sin saber que es Satanás mismo, quien es su padre y quien los ha atado con su brida y los ha azotado con su látigo.

Hermanos míos, no es sorprendente que los judíos actúen así contra Dios Padre y el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Porque el mismo Señor Jesucristo, el vidente e infalible, dijo que su padre es el diablo y que ellos se complacen en sus deseos. Pero resulta asombroso que los europeos se hayan rendido por completo a los judíos, hasta el punto de pensar con mentalidad judía, aceptar programas judíos, adoptar el anticristianismo judío, aceptar las mentiras judías como verdades, adoptar los lemas judíos como propios, seguir el camino judío y servir a los objetivos judíos. Esto es sorprendente en nuestros tiempos, y nada más para el mundo. Todo lo demás es menos importante o irrelevante. Pero lo más importante es cómo la Europa cristiana se convirtió en sierva de los judíos y cómo se apartó del Padre de la luz y reconoció al diablo como su padre en todos sus pensamientos, deseos y acciones. Deberíais reflexionar sobre esto, hermanos serbios, y en consecuencia, corregir vuestro camino en vuestros pensamientos, deseos y acciones. ¡Para que no os encontréis como hijos de Satanás! ¡Que Cristo os ayude! Amén.

NICOLÁS VELIMIROVIĆ, Obispo ortodoxo serbio de Ohrida y Žička. „О Јеврејима“/“Los judíos”. En Речи српском народу кроз тамнички прозор (из логора Дахау)/Palabras al pueblo serbio a través de la ventana de la prisión (desde el campo de Dachau). Belgrado, IXTUS-Libro Cristiano 2000, págs. 191-194. Traducción propia.

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)