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sábado, 14 de marzo de 2026

¿POR QUÉ EL VATICANO II FUE APROBADO COMO LO FUE?

Artículo por Stephen Kokx vía Twitter. Traducción por Carlos Olivo Valverde y Verdes-Montenegro.
  
Muchos católicos se preguntan, con razón, cómo pudieron los Padres conciliares votar a favor de los documentos del Concilio Vaticano II si estos contenían tantas ambigüedades, errores, etc., que contradicen la fe. He aquí la razón por la que lo hicieron…
  
1) Sorprendentemente, muchos Padres conciliares no eran latinistas. Los dieciséis documentos finales sumaban más de 100.000 palabras en latín, algunas de las cuales no tenían un significado preciso. Las traducciones también eran ambiguas. El periodista Xavier Rynne señaló en su libro sobre la segunda sesión del Concilio que casi ningún asistente leyó el Decreto sobre los Medios de Comunicación Social, pero aun así fue aprobado sin dificultad. Así pues, primer punto: muchos votaron por documentos que no leyeron ni comprendieron completamente.
  
2) En ensayos publicados después del Concilio, el arzobispo de Oregón, Robert Dwyer, admitió que los obispos votaron a favor de los documentos porque así lo ordenaron los clérigos de mayor rango. Esto significaba que los obispos estadounidenses apoyaban los documentos que apoyaban los cardenales estadounidenses, del mismo modo que los europeos apoyaban lo que el infame grupo del Rin les decía que apoyaran. En otras palabras, los clérigos de mayor rango presionaban a los obispos comunes para que se aliaran con el grupo mayoritario. El problema radicaba en que los grupos más influyentes estaban controlados por disidentes y modernistas. Esto implicaba que los clérigos de menor rango terminaran apoyando documentos que de otro modo no habrían apoyado. Este es el aspecto de “golpe de Estado” del Concilio. 
   
3) Figuras disidentes como Hans Küng, John Courtney Murray y otros recibieron una enorme difusión por parte de la revista TIME y otros medios. Mientras tanto, tradicionalistas como el cardenal Ottaviani fueron vilipendiados. Los elogios que recibieron los liberales y la campaña de desprestigio contra el clero ortodoxo llevaron a algunos Padres Conciliares a reconsiderar sus posturas. Se trató de una operación psicológica orquestada por el Estado profundo estadounidense, que logró engañar a los asistentes haciéndoles creer que los disidentes (y los documentos que influyeron) no eran tan malos después de todo. 
  
4) Hay frases que el clero conservador se aseguró de incluir en los documentos. Estas reiteran claramente la enseñanza tradicional. Otras frases fueron insertadas por los modernistas y a menudo tenían un doble sentido o, peor aún, contradecían claramente la enseñanza anterior sobre eclesiología, etc. Michael Davies las denominó “bombas de relojería”. Los conservadores votaron a favor de los documentos porque creían haber hecho todo lo posible por incluir suficiente lenguaje tradicional para evitar que se utilizaran con fines nefastos más adelante. Por supuesto, se equivocaron en ese cálculo. 
  
5) Tras desecharse todos los documentos originales (excepto Sacrosanctum Concilium), los conservadores se mantuvieron a la defensiva durante el resto del Concilio. Casi todos los documentos que finalmente aprobó el Concilio sufrieron decenas de revisiones a lo largo de varios años. Esto agotó a los conservadores y provocó que otros simplemente se dieran por vencidos y esperaran con ansias el final del Concilio para poder irse a casa. El padre [Joseph Clifford] Fenton anotó en su diario lo derrotado que se sintió Ottaviani en un momento dado. Simplemente no pudo continuar la lucha.
  
6) Muchos Padres conciliares no querían oponerse a Pablo VI, ganarse la ira de sus colegas ni mostrar al mundo que la Iglesia estaba dividida, así que votaron a favor de los documentos para demostrar unanimidad. En realidad, se dejaron llevar por el espíritu de la época y cedieron a la presión de grupo y al respeto humano, creyendo erróneamente que el Espíritu Santo protegía la asamblea de alguna manera, cuando en realidad era obra de manos humanas ideada por modernistas cuyas ideas ya habían sido condenadas por varios papas.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)