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lunes, 27 de febrero de 2023

WOJTYLA NEGÓ QUE CRISTO DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

Traducción del artículo publicado por Stephen Speray en SPERAY’ CATHOLICISM IN A NUTSHELL
  
UNA HEREJÍA OLVIDADA DEL ‘PAPA SAN’ JUAN PABLO II
 
Encuentro de Ronald Reagan con Juan Pablo II en la Biblioteca papal del Palacio Apostólico Vaticano (7 de Junio de 1982).
 
Recientemente le di a un viejo católico del Vaticano II obstinado una copia de un artículo que publiqué en 2009 titulado Una de las grandes herejías de Juan Pablo II en sus propias palabras. Él sabe que Francisco es mala noticia, pero para él Juan Pablo II fue un gran papa. Quiero revisar esta herejía colosal por el hombre que la religión del Vaticano II llama “Papa San Juan Pablo II el Grande” [y hasta “Doctor”, como quieren algunos proponerlo, N. del T.].

EWTN (generalmente se piensa que es un medio conservador) no se sonrojó de publicar la Audiencia General de Juan Pablo II en 1989 sobre el significado del descenso de Cristo en el infierno [1]. Publicaré las partes relevantes, pero eres bienvenido a leer esa condenada cosa para tener el gusto total de su interpretación. Como el buen modernista que fue, él astutamente hace parecer que es ortodoxo por decir las palabras y frases clave.
  
Juan Pablo II menciona primero estas claves:
«4. Como se ve en los textos mencionados, el artículo del Símbolo de los Apóstoles “descendió a los infiernos” tiene su fundamento en las afirmaciones del Nuevo Testamento sobre el descenso de Cristo, tras la muerte en la cruz, al “país de la muerte”, al “lugar de los muertos”, que en el lenguaje del Antiguo Testamento se llamaba “abismo”».
Hasta ahora, todo bien. Sin embargo, Juan Pablo II entonces explica todo lo que eso significa. Él continuó…
«Si en la Carta a los Efesios se dice “en las regiones inferiores de la tierra”, es porque la tierra acoge el cuerpo humano después de la muerte, y así acogió también el cuerpo de Cristo que expiró en el Gólgota, como lo describen los Evangelistas (cf. Mt. 27, 59 s. y paralelos; Jn. 19, 40-42). Cristo pasó a través de una auténtica experiencia de muerte, incluido el momento final que generalmente forma parte de su economía global: fue puesto en el sepulcro.
  
Es la confirmación de que su muerte fue real, y no sólo aparente. Su alma, separada del cuerpo, fue glorificada en Dios, pero el cuerpo yacía en el sepulcro en estado de cadáver.
  
Durante los tres días (no completos) transcurridos entre el momento en que “expiró” (cf. Mc. 15, 37) y la resurrección, Jesús experimentó el “estado de muerte”, es decir, la separación de alma y cuerpo, en el estado y condición de todos los hombres. Este es el primer significado de las palabras “descendió a los infiernos”, vinculadas con lo que el mismo Jesús había anunciado previamente cuando, refiriéndose a la historia de Jonás, dijo: “Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches” (Mt. 12, 40)».
Advierte que declaró que «el primer significado» de descender al infierno significa «experiencia de muerte», «el estado y condición de todos los hombres», «fue puesto en el sepulcro», y «separación de alma y cuerpo».
  
Si bien es verdad que todos experimentaremos la muerte, ninguno de nosotros experimentará el descender al infierno como Cristo y los que murieron antes de Él. La explicación inicial de Juan Pablo II sobre el descenso de Cristo al infierno es un sinsentido absoluto. El fallecido papa impostor reafirmó que Cristo literalmente no fue a ningún lugar cuando dijo también: «El Apóstol sin embargo añade: “En el espíritu (Cristo) fue también a predicar a los espíritus encarcelados” (1 Pe. 3, 19). Esto parece ser una representación metafórica de la extensión, también a los que murieron antes que Él, del poder de Cristo crucificado».
 
A lo largo de toda la explicación, Juan Pablo II se oye como un teólogo jesuita modernista que golpea todo alrededor del dogma y evita deliberadamente el punto principal. Nunca indica Juan Pablo II que hay un lugar real literal donde Cristo fue. Todo es una metáfora e incluso titula una sección «Metáforas espacio-temporales» cuando explica el significado sencillo de I Pedro 4, 6-7.

Un apologista del Vaticano II me dijo que Juan Pablo II lo aclaró justo en su Catecismo de la Iglesia Católica de 1992.
   
Sin embargo, no dice nada claro. Usa el mismo lenguaje que en su audiencia general de 1989. Al final, su catecismo declara:
«RESUMEN
636 En la expresión “Jesús descendió a los infiernos”, el símbolo confiesa que Jesús murió realmente, y que, por su muerte en favor nuestro, ha vencido a la muerte y al diablo “Señor de la muerte” (Heb. 2, 14).

637 Cristo muerto, en su alma unida a su persona divina, descendió a la morada de los muertos. Abrió las puertas del cielo a los justos que le habían precedido».
El Credo de los Apóstoles ya declaró que Cristo murió y fue sepultado. «Descendió a los infiernos» significa algo diferente. La «morada de los muertos» según Juan Pablo II solo significaba el sepulcro, la separación del cuerpo y el alma, y la experiencia de la muerte. Es una metáfora y no un lugar verdadero.
  
El dogma del descenso de Cristo al infierno es muy simple y el Catecismo Romano del Papa San Pío V lo explica claramente. De hecho, su catecismo condena actualmente la aparentemente reciclada explicación de Juan Pablo II.
  
El Catecismo Romano de Trento enseña:
«Creemos y confesamos constantemente que separándose su alma del cuerpo, siempre la divinidad estuvo unida así al cuerpo en el sepulcro como al alma en los infiernos» (p. 53).

«No se entiende aquí por infierno lo mismo que el sepulcro, como pensaron algunos no menos impía que ignorantemente.
  
Porque habiéndonos enseñado el artículo anterior que Cristo Señor fue sepultado, no había causa alguna para que los santos Apóstoles al enseñar la fe repitiesen una misma cosa de un modo distinto y más oscuro; sino que el nombre de infiernos significa aquellos senos secretos en que están detenidas las almas que no consiguieron la bienaventuranza del cielo. Y en este sentido usan de esta voz las santas Escrituras en muchos lugares. Porque leemos en el Apóstol: “Al Nombre de Jesús se doble toda rodilla, en el cielo, en la, tierra y en el infierno”. Y en los Hechos de los Apóstoles afirma San Pedro: “Que Cristo resucitó desatados los dolores del infierno” (Act. II, 24)». (p. 62-63).

«Finalmente la tercera clase de infierno, es aquel en que eran recibidas las almas de los Santos antes de la venida de Cristo Señor, y en donde permaneciendo con la esperanza de su dichosa redención sin dolor alguno, gozaban de aquella morada pacífica. A estas almas, pues, que en el seno de Abraham estaban esperando al Señor, las libró Cristo cuándo bajó a los infiernos» (p. 63).

«Cristo bajó a los infiernos para que, … librando a aquellos santos Padres y demás justos de la cárcel…» (p. 64).
Así también ocurre que el Papa San Pío X condenó implícitamente a Juan Pablo II como modernista cuando declaró: «62. Los principales artículos del Símbolo de los Apóstoles no tenían para los primeros cristianos la misma significación que tienen para los cristianos de hoy. CONDENADO como un error de los modernistas», por el Papa San Pío X en Lamentábili, 3 de Julio de 1907.

Seguramente Juan Pablo II sabía el Catecismo Romano y que los primeros cristianos no creían su explicación de 1989.

Juan Pablo II simplemente fue un modernista. Debería ser algo que no sorprenda. Él continuó su agenda modernista durante todo su falso pontificado. Lo contrasté con San Patricio en Mi artículo que la New Oxford Review no publicará.
  
Juan Pablo II no fue un santo. Fue un apóstata que negaba el dogma y buscaba agradar a los hombres. Cuán rápidamente olvidamos cuán malo fue en realidad.
  
Nota al pie:
[1] https://www.ewtn.com/catholicism/library/he-descended-into-hell-8679

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)