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viernes, 21 de octubre de 2022

RATZINGER: «EL VATICANO II FUE “SIGNIFICATIVO” Y “NECESARIO”» [¿En serio?]

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
     

Cuando Juan XXIII anunció el Concilio Vaticano II «para sorpresa de todos», había «muchas dudas» sobre si sería significativo y daría a la Iglesia una dirección para su camino posterior, admitió el ex Papa Benedicto XVI en una carta del 7 de Octubre a un Simposio sobre eclesiología ratzingeriana en la Universidad Franciscana de Steubenville (Estados Unidos).
    
«En realidad, un nuevo concilio se demostró no sólo significativo, sino necesario», rambla contra toda realidad. Dos temas no habían sido previstos antes del Vaticano II: las religiones, y la relación entre la Fe y el mundo.
   
El Concilio pastoral Vaticano II «en un principio» amenazó con molestar a la Iglesia más que darle una nueva claridad para su misión, escribe Ratzinger sin reconocer que hoy la Iglesia está más molesta que nunca. Por el contrario, él imagina que un «poder positivo del Concilio» está «emergiendo lentamente». Uno se pregunta dónde.
    
Envuelto en su pasado académico, Benedicto argumenta contra la disertación de 1911 «La creencia y la incredulidad en la historia del mundo. Una respuesta a De Civitate Dei de Agustín» escrita por un cierto Heinrich Scholz († 1956), un protestante, y altamente elogiado por la «opinión pública general» que trató de disolver la Iglesia en una representación de la fe.
   
En aquel entonces, quien se atreviese a destruir el consenso general sobre este libro «podría considerarse solo obstinado» mientras Ratzinger insiste en que «la espiritualización completa del concepto de la Iglesia pierde el realismo de la fe y sus instituciones en el mundo».
   
Para Ratzinger, en el Vaticano II «la cuestión de la Iglesia en el mundo finalmente se convirtió en el verdadero problema central» [sin solución].
  
ADENDA: La carta en cuestión dice así
  
  
TRADUCCIÓN
Benedicto XVI
Papa Emérito
   
Estado Vaticano
7 de Octubre de 2022
   
Rev. Padre Dave Pivonka TOR
Presidente
UNIVERSIDAD FRANCISCANA DE STEUBENVILLE
Bulevar de la Universidad 1235
   
Steubenville, Ohio 43952-1972
ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
   
Querido padre Pivonka,
   
Es un gran honor y alegría para mí que en los Estados Unidos de América, en la Universidad Franciscana de Steubenville, se lleve a cabo un Simposio Internacional sobre mi eclesiología, poniendo así mi pensamiento y esfuerzo en la gran corriente en que se ha movido.
   
Cuando comencé a estudiar teología en Enero de 1946, nadie pensaba en un Concilio Ecuménico. Cuando el Papa Juan XXIII lo anunció, para sorpresa de todos, habían muchas dudas sobre si sería significativo, incluso si sería posible en absoluto organizar las vistas y cuestiones en la totalidad de una declaración conciliar y así darle a la Iglesia una dirección para su camino posterior. En realidad, un nuevo concilio se demostró no sólo significativo, sino necesario. Por primera vez, la cuestión de una teología de las religiones se mostró en su radicalidad. Lo mismo es verdad para la relación entre la fe y el mundo de la mera razón. Ambos temas no habían sido previstos antes. Esto explica por qué el Vaticano II al principio amenazó con molestar y agitar a la Iglesia más que darle una nueva claridad para su misión. Entre tanto, la necesidad de reformular la cuestión de la naturaleza y la misión de la Iglesia gradualmente estaba haciéndose aparente. En esta forma, el poder positivo del Concilio también está emergiendo lentamente.
  
Mi propia obra eclesiológica estuvo marcada por la nueva situación que surgió para la Iglesia en Alemania tras el fin de la I Guerra Mundial. Si la eclesiología había hasta ese momento sido tratada esencialmente en términos institucionales, la dimensión espiitual más amplia del concepto de la Iglesia era ahora gozosamente percibida. Romano Guardini describió este desarrollo con las palabras «Ha comenzado un proceso de inmensa importancia. La Iglesia está despertando en las almas». Así, el «Cuerpo de Cristo» se convirtió en el concepto de apoyo de la Iglesia, el cual consecuentemente, en 1943, halló su expresión en la encíclica “Mýstici Córporis”. Pero con su oficialización, el concepto de la Iglesia como el cuerpo místico de Cristo había al mismo tiempo alcanzado su cima y era críticamente reconsiderada. En esta situación pensé y escribí mi disertación sobre “El Pueblo y la Casa de Dios en la doctrina agustiniana de la Iglesia”. El gran Congreso Agustiniano realizado en París en 1954 me dio la oportunidad de profundizar mi punto de vista sobre la postura agustinana en la agitación política de su tiempo.
   
La cuestión del significado de Cívitas Dei me pareció finalmente adecuada en ese tiempo. La disertación de [Heinrich] Scholz sobre “Glaube und Unglaube in der Weltgeschichte” (Creencia e increencia en la historia del mundo), creada en la escuela de Harnack y publicada en 1911, había mostrado que las dos Civitátes no significaban ningún cuerpo material, sino la representación de las dos fuerzas básicas de la creencia y la increencia en la historia. El hecho que este estudio, escrito bajo la dirección de Harnack, haya sido aceptado summa cum láude en sí mismo aseguraba una medida plena de aceptación. Además, se ajustaba a la opinión pública general, que asignaba a la Iglesia y a su fe un hermoso, pero también inofensivo lugar. Quien se hubiese atrevido a destruir este hermoso consenso podía solo ser considerado obstinado. El drama del 410 (la toma y saqueo de Roma por los visigodos) agitó profundamente el mundo de ese tiempo, y también el pensamiento de Agustín. Por supuesto, la Cívitas Dei no es simplemente idéntica a la institución de la Iglesia. En este aspecto, el Agustín medieval fue de hecho un error fatal, que hoy, afortunadamente, ha sido finalmente superado. Pero El drama del 410 (la toma y saqueo de Roma por los visigodos) agitó profundamente el mundo de ese tiempo, y también el pensamiento de Agustín. Por supuesto, la Cívitas Dei no es simplemente idéntica a la institución de la Iglesia. En este aspecto, el Agustín medieval fue de hecho un error fatal, que hoy, afortunadamente, ha sido finalmente superado. Pero la espiritualización completa del concepto de la Iglesia, por su parte, pierde el realismo de la fe y sus instituciones en el mundo.
  
Así, en el Vaticano II, la cuestión de la Iglesia en el mundo finalmente se convirtió en el verdadero problema central. Con estas consideraciones, yo solo quería señalar la dirección en que mi obra me ha conducido. Sinceramente espero que el Simposio Internacional en la Universidad Franciscana de Steubenville sea útil en la lucha por un entendimiento correcto de la Iglesia y el mundo en nuestro tiempo.
   
Tuyo en Cristo,
    
(Fdo.) BENEDICTO XVI

1 comentario:

  1. Pseudo-tradis y neocones, ¡mirad a aquel a quien pusisteis en un pedestal! Y lo peor es que lo ensalzáis y añoráis a sabiendas que en su momento Ratzinger fue más liberal y modernista que su colega el suizo Hans Küng (no por nada a ellos dos, junto al jesuita Karl Rahner los llamaban “Los magos del Concilio”) o que Bergoglio. Sin embargo, el punto de ruptura entre Ratzinger y Küng (como se dijo en alguna oportunidad) fue precisamente alrededor del “Mayo de 1968”, cuando el primero se dio cuenta que si quería ascender en la jerarquía debía manejar un discurso más moderado y conservador. Actualmente Ratzinger se ve como un hombre atrapado entre los conservadores y los progresistas, hecho blanco de las burlas de ambos lados y rezando a Dios para que su “pontificado”, que tanto desorden creó, sea olvidado.

    A los que dicen que él puede «con su inteligencia darnos una vuelta», sepan que de los Doce Apóstoles, ninguno era doctor de la Ley, pero con la asistencia del Divino Espíritu Santo que recibieron el día de Pentecostés, les cerraron la boca a escribas y fariseos por igual, que eran las mayores inteligencias de su época. Porque «Así está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la prudencia de los prudentes. ¿En dónde están los sabios? ¿en dónde los Escribas o doctores de la Ley? ¿en dónde esos espíritus curiosos de las ciencias de este mundo? ¿No es verdad que Dios ha convencido de fatua la sabiduría de este mundo con el desprecio que ha hecho de ella? Porque ya que el mundo a vista de las obras de la sabiduría divina no conoció a Dios por medio de la ciencia humana, plugo a Dios salvar a los que creyesen en Él por medio de la locura o simplicidad de la predicación de un Dios crucificado» (1.ª Cor I, 19-21/Versión de Mons. Félix Torres Amat).

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)