«Si se puede conseguir la vida eterna sin la observancia de los mandamientos, o sea con la sola fe, “la cual sin las obras es muerta” (cf. Jac. 2, 26), ¿cómo podremos admitir lo que Cristo dirá a los que estarán a su izquierda: “Id al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt. 25, 32), reprendiéndoles no ya de su falta de fe, sino por no haber practicado buenas obras? Y en efecto, a fin de que nadie crea poder conseguir la vida eterna con la sola fe, la cual es muerta si no va acompañada de buenas obras, dice que hará la selección de todos los pueblos que se hallan mezclados en unos mismos pastos. Por lo cual es evidente, que aquellos que le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos sufrir tales y tales cosas, y no vinimos en tu auxilio?” (cf. Ibid., 33), serán aquellos que habrán creído en Él, pero que no se habrán preocupado de hacer obras buenas, como si fuese posible llegar a la vida eterna con el solo mérito de una fe muerta.
¿Por ventura irán al fuego eterno los que no hicieron obras de misericordia, y no irán los que se apoderaron de lo ajeno, o, también, los que hayan corrompido en sí mismos el templo de Dios, siendo de esta suerte crueles contra sí propios; como si las obras de misericordia fuesen de algún provecho sin la caridad? Dice el Apóstol: “Aunque distribuya todo lo mío a los pobres, si no tengo caridad, de nada me aprovecha” (1.ª Cor. 13, 3). ¿Por ventura hay quien ame a su prójimo como a sí mismo, si no se ama a sí mismo? Pues “el que ama la iniquidad, aborrece a su alma” (Salmo 10, 6).
Y no se incurra en la equivocación de varios, según los cuales el Evangelista habla de un fuego eterno, pero no de arder en él eternamente. Creen que el fuego eterno sólo lo atravesarán aquellos que tienen la fe muerta, pero a los cuales prometen la salvación mediante el fuego. De suerte que el mismo fuego sea eterno, mas la combustión, esto es, la operación del fuego, no sea en ellos eterna. Previendo el Señor este error, termina su sentencia con las palabras siguientes: “Así irán ellos a la combustión eterna, mas los justos a la vida eterna” (Mt. 25, 41). De consiguiente la combustión será eterna como el fuego. Y la Verdad nos asegura que a ella irán los que carecieren, no de fe, sino de buenas obras».
SAN AGUSTÍN, Tratado sobre la Fe y las Obras, cap. XV, 4, cerca al medio. Divino Oficio, lecciones 4.ª, 5.ª y 6.ª del Oficio de Maitines del Lunes de la I Semana de Cuaresma. Traducción de Dom Alfonso María de Gubianas y Santandréu OSB, Breviario Romano, vol. I, págs. 495-496. Barcelona, Editorial Litúrgica Española S. A., 1936. Nihil Obstat de la orden por Dom Remigio Aixelá OSB S. Th. D., censor de la Orden, e Imprimátur por Dom Mauro Etcheverry OSB, Abad general de la Congregación Subiacense, el 27 de Noviembre de 1935. Nihil Obstat diocesano por Agustín Mas Folch CO, censor, e Imprimátur por el Ilmo. Sr. Dr. Don Manuel Irurita Almándoz, Obispo de Barcelona y Mártir de la Fe, el 3 de Diciembre de 1935.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios deberán relacionarse con el artículo. Los administradores se reservan el derecho de publicación, y renuncian a TODA responsabilidad civil, administrativa, penal y canónica por el contenido de los comentarios que no sean de su autoría. La blasfemia está estrictamente prohibida, y los insultos a la administración constituyen causal de no publicación.
Comentar aquí significa aceptar las condiciones anteriores. De lo contrario, ABSTENERSE.
+Jorge de la Compasión (Autor del blog)
Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)