Vexílla Regis

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MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 14 de junio de 2012

ENCÍCLICA “Miserentíssimus Redémptor”, SOBRE LA DEBIDA EXPIACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

«He
 aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, sin ahorrarse ninguna pena, consumiéndose por ellos en prueba de su amor. En vez de agradecérmelo, los hombres me pagan con la indiferencia, la irreverencia, el sacrilegio y la frialdad y desprecian el sacramento de mi amor» (4.ª aparición del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, 20 de Junio de 1675).

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, como fue revelada a Santa Margarita María de Alacoque, tiene consigo un llamado a ofrecer reparación por los pecados e ingratitudes hacia la Divina Majestad. En tal orden, el Papa Pío XI promulga la encíclica donde, además de elevar el rango litúrgico de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús a Doble de 1.ª Clase con Octava, presenta una oración de desagravio para rezar especialmente en esta fiesta.

CARTA ENCÍCLICA “Miserentíssimus Redémptor” DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XI, SOBRE LA EXPIACIÓN QUE TODOS DEBEN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

A los Venerables Hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios en pazy comunión con la Sede Apostólica.

Venerables Hermanos, Salud y Bendición Apostólica.

INTRODUCCIÓN
 
Aparición de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque
1. Nuestro Misericordiosísimo Redentor, después de conquistar la salvación del linaje humano en el madero de la Cruz y antes de su ascensión al Padre desde este mundo, dijo a sus apóstoles y discípulos, acongojados de su partida, para consolarles: «Mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Voz dulcísima, prenda de toda esperanza y seguridad; esta voz, venerables hermanos, viene a la memoria fácilmente cuantas veces contemplamos desde esta elevada cumbre la universal familia de los hombres, de tantos males y miserias trabajada, y aun la Iglesia, de tantas impugnaciones sin tregua y de tantas asechanzas oprimida.

Esta divina promesa, así como en un principio levantó los ánimos abatidos de los apóstoles, y levantados los encendió e inflamó para esparcir la semilla de la doctrina evangélica en todo el mundo, así después alentó a la Iglesia a la victoria sobre las puertas del infierno. Ciertamente en todo tiempo estuvo presente a su Iglesia nuestro Señor Jesucristo; pero lo estuvo con especial auxilio y protección cuantas veces se vio cercada de más graves peligros y molestias, para suministrarle los remedios convenientes a la condición de los tiempos y las cosas, con aquella divina Sabiduría que «toca de extremo a extremo con fortaleza y todo lo dispone con suavidad» (Sab 8,1). Pero «no se encogió la mano del Señor» (Is 59,1) en los tiempos más cercanos; especialmente cuando se introdujo y se difundió ampliamente aquel error del cual era de temer que en cierto modo secara las fuentes de la vida cristiana para los hombres, alejándolos del amor y del trato con Dios.

Mas como algunos del pueblo tal vez desconocen todavía, y otros desdeñan, aquellas quejas del amantísimo Jesús al aparecerse a Santa Margarita María de Alacoque, y lo que manifestó esperar y querer a los hombres, en provecho de ellos, plácenos, venerables hermanos, deciros algo acerca de la honesta satisfacción a que estamos obligados respecto al Corazón Santísimo de Jesús; con el designio de que lo que os comuniquemos cada uno de vosotros lo enseñe a su grey y la excite a practicarlo.

2. Entre todos los testimonios de la infinita benignidad de nuestro Redentor resplandece singularmente el hecho de que, cuando la caridad de los fieles se entibiaba, la caridad de Dios se presentaba para ser honrada con culto especial, y los tesoros de su bondad se descubrieron por aquella forma de devoción con que damos culto al Corazón Sacratísimo de Jesús, «en quien están escondidos todos los tesoros de su sabiduría y de su ciencia» (Col 2, 3).

Pues, así como en otro tiempo quiso Dios que a los ojos del humano linaje que salía del arca de Noé resplandeciera como signo de pacto de amistad «el arco que aparece en las nubes» (Gén 2, 14), así en los turbulentísimos tiempos de la moderna edad, serpeando la herejía jansenista, la más astuta de todas, enemiga del amor de Dios y de la piedad, que predicaba que no tanto ha de amarse a Dios como padre cuanto temérsele como implacable juez, el benignísimo Jesús mostró su corazón como bandera de paz y caridad desplegada sobre las gentes, asegurando cierta la victoria en el combate. A este propósito, nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria, en su encíclica Annum Sacrum, admirando la oportunidad del culto al Sacratísimo Corazón de Jesús, no vaciló en escribir: «Cuando la Iglesia, en los tiempos cercanos a su origen, sufría la opresión del yugo de los Césares, la Cruz, aparecida en la altura a un joven emperador, fue simultáneamente signo y causa de la amplísima victoria lograda inmediatamente. Otro signo se ofrece hoy a nuestros ojos, faustísimo y divinísimo: el Sacratísimo Corazón de Jesús con la Cruz superpuesta, resplandeciendo entre llamas, con espléndido candor. En Él han de colocarse todas las esperanzas; en Él han de buscar y esperar la salvación de los hombres».

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús
3. Y con razón, venerables hermanos; pues en este faustísimo signo y en esta forma de devoción consiguiente, ¿no es verdad que se contiene la suma de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, como que más expeditamente conduce los ánimos a conocer íntimamente a Cristo Señor Nuestro, y los impulsa a amarlo más vehementemente, y a imitarlo con más eficacia? Nadie extrañe, pues, que nuestros predecesores incesantemente vindicaran esta probadísima devoción de las recriminaciones de los calumniadores y que la ensalzaran con sumos elogios y solícitamente la fomentaran, conforme a las circunstancias.

Así, con la gracia de Dios, la devoción de los fieles al Sacratísimo Corazón de Jesús ha ido de día en día creciendo; de aquí aquellas piadosas asociaciones, que por todas partes se multiplican, para promover el culto al Corazón divino; de aquí la costumbre, hoy ya extendida por todas partes, de comulgar el primer viernes de cada mes, conforme al deseo de Cristo Jesús.

La consagración
4. Mas, entre todo cuanto propiamente atañe al culto del Sacratísimo Corazón, descuella la piadosa y memorable consagración con que nos ofrecemos al Corazón divino de Jesús, con todas nuestras cosas, reconociéndolas como recibidas de la eterna bondad de Dios. Después que nuestro Salvador, movido más que por su propio derecho, por su inmensa caridad para nosotros, enseñó a la inocentísima discípula de su Corazón, Santa Margarita María, cuánto deseaba que los hombres le rindiesen este tributo de devoción, ella fue, con su maestro espiritual, el P. Claudio de la Colombiére, la primera en rendirlo. Siguieron, andando el tiempo, los individuos particulares, después las familias privadas y las asociaciones y, finalmente, los magistrados, las ciudades y los reinos.

Mas, como en el siglo precedente y en el nuestro, por las maquinaciones de los impíos, se llegó a despreciar el imperio de Cristo nuestro Señor y a declarar públicamente la guerra a la Iglesia, con leyes y mociones populares contrarias al derecho divino y a la ley natural, y hasta hubo asambleas que gritaban: «No queremos que reine sobre nosotros» (Lc 19,14),  por esta consagración que decíamos, la voz de todos los amantes del Corazón de Jesús prorrumpía unánime oponiendo acérrimamente, para vindicar su gloria y asegurar sus derechos: «Es necesario que Cristo reine (1 Cor 15,25). Venga su reino». De lo cual fue consecuencia feliz que todo el género humano, que por nativo derecho posee Jesucristo, único en quien todas las cosas se restauran (Ef 1,10), al empezar este siglo, se consagra al Sacratísimo Corazón, por nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria, aplaudiendo el orbe cristiano.

Comienzos tan faustos y agradables, Nos, como ya dijimos en nuestra encíclica Quas primas, accediendo a los deseos y a las preces reiteradas y numerosas de obispos y fieles, con el favor de Dios completamos y perfeccionamos, cuando, al término del año jubilar, instituimos la fiesta de Cristo Rey y su solemne celebración en todo el orbe cristiano.

Cuando eso hicimos, no sólo declaramos el sumo imperio de Jesucristo sobre todas las cosas, sobre la sociedad civil y la doméstica y sobre cada uno de los hombres, mas también presentimos el júbilo de aquel faustísimo día en que el mundo entero espontáneamente y de buen grado aceptará la dominación suavísima de Cristo Rey. Por esto ordenábamos también que en el día de esta fiesta se renovase todos los años aquella consagración para conseguir más cierta y abundantemente sus frutos y para unir a los pueblos todos con el vínculo de la caridad cristiana y la conciliación de la paz en el Corazón de Cristo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan.

LA EXPIACIÓN O REPARACIÓN
   
5. A estos deberes, especialmente a la consagración, tan fructífera y confirmada en la fiesta de Cristo Rey, necesario es añadir otro deber, del que un poco más por extenso queremos, venerables hermanos, hablaros en las presentes letras; nos referimos al deber de tributar al Sacratísimo Corazón de Jesús aquella satisfacción honesta que llaman reparación.

Si lo primero y principal de la consagración es que al amor del Creador responda el amor de la criatura, síguese espontáneamente otro deber: el de compensar las injurias de algún modo inferidas al Amor increado, si fue desdeñado con el olvido o ultrajado con la ofensa. A este deber llamamos vulgarmente reparación.

Y si unas mismas razones nos obligan a lo uno y a lo otro, con más apremiante título de justicia y amor estamos obligados al deber de reparar y expiar: de, justicia, en cuanto a la expiación de la ofensa hecha a Dios por nuestras culpas y en cuanto a la reintegración del orden violado; de amor, en cuanto a padecer con Cristo paciente y «saturado de oprobio» y, según nuestra pobreza, ofrecerle algún consuelo.

Pecadores como somos todos, abrumados de muchas culpas, no hemos de limitarnos a honrar a nuestro Dios con sólo aquel culto con que adoramos y damos los obsequios debidos a su Majestad suprema, o reconocemos suplicantes su absoluto dominio, o alabamos con acciones de gracias su largueza infinita; sino que, además de esto, es necesario satisfacer a Dios, juez justísimo, «por nuestros innumerables pecados, ofensas y negligencias». A la consagración, pues, con que nos ofrecemos a Dios, con aquella santidad y firmeza que, como dice el Angélico, son propias de la consagración [1], ha de añadirse la expiación con que totalmente se extingan los pecados, no sea que la santidad de la divina justicia rechace nuestra indignidad impudente, y repulse nuestra ofrenda, siéndole ingrata, en vez de aceptarla como agradable.

Este deber de expiación a todo el género humano incumbe, pues, como sabemos por la fe cristiana, después de la caída miserable de Adán el género humano, inficionado de la culpa hereditaria, sujeto a las concupiscencias y míseramente depravado, había merecido ser arrojado a la ruina sempiterna. Soberbios filósofos de nuestros tiempos, siguiendo el antiguo error de Pelagio, esto niegan blasonando de cierta virtud innata en la naturaleza humana, que por sus propias fuerzas continuamente progresa a perfecciones cada vez más altas; pero estas inyecciones del orgullo rechaza el Apóstol cuando nos advierte que «éramos por naturaleza hijos de ira» (Ef 2,3).

En efecto, ya desde el principio los hombres en cierto modo reconocieron el deber de aquella común expiación y comenzaron a practicarlo guiados por cierto natural sentido, ofreciendo a Dios sacrificios, aun públicos, para aplacar su justicia.

Expiación de Cristo

6. Pero ninguna fuerza creada era suficiente para expiar los crímenes de los hombres si el Hijo de Dios no hubiese tomado la humana naturaleza para repararla. Así lo anunció el mismo Salvador de los hombres por los labios del sagrado Salmista: «Hostia y oblación no quisiste; mas me apropiaste cuerpo. Holocaustos por el pecado no te agradaron; entonces dije: heme aquí» (Heb 10,5.7)). Y «ciertamente El llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; herido fue por nuestras iniquidades»(Is 53, 4-5); y «llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero» (1 Pe 2,24); «borrando la cédula del decreto que nos era contrario, quitándole de en medio y enclavándole en la cruz» (Col 2,14), «para que, muertos al pecado, vivamos a la justicia» (1 Pe 2,24).

Expiación nuestra, sacerdotes en Cristo
7. Mas, aunque la copiosa redención de Cristo sobreabundantemente «perdonó nuestros pecados» (Col 2,13); pero, por aquella admirable disposición de la divina Sabiduría, según la cual ha de completarse en nuestra carne lo que falta en la pasión de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia (Col 1,24), aun a las oraciones y satisfacciones «que Cristo ofreció a Dios en nombre de los pecadores» podemos y debemos añadir también las nuestras.

8. Necesario es no olvidar nunca que toda la fuerza de la expiación pende únicamente del cruento sacrificio de Cristo, que por modo incruento se renueva sin interrupción en nuestros altares; pues, ciertamente, «una y la misma es la Hostia, el mismo es el que ahora se ofrece mediante el ministerio de los sacerdotes que el que antes se ofreció en la cruz; sólo es diverso el modo de ofrecerse»[2]; por lo cual debe unirse con este augustísimo sacrificio eucarístico la inmolación de los ministros y de los otros fieles para que también se ofrezcan como «hostias vivas, santas, agradables a Dios» (Rom 12,1). Así, no duda afirmar San Cipriano «que el sacrificio del Señor no se celebra con la santificación debida si no corresponde a la pasión nuestra oblación y sacrificio»[3].

Por ello nos amonesta el Apóstol que, «llevando en nuestro cuerpo la mortificación de Jesús»(2 Cor 4,10), y con Cristo sepultados y plantados, no sólo a semejanza de su muerte crucifiquemos nuestra carne con sus vicios y concupiscencias (cf Gál 5,24), «huyendo de lo que en el mundo es corrupción de concupiscencia»(2 Pe 1,4), sino que «en nuestros cuerpos se manifieste la vida de Jesús» (2 Cor 4,10), y, hechos partícipes de su eterno sacerdocio, «ofrezcamos dones y sacrificios por los pecados» (Heb 5,1).

Ni solamente gozan de la participación de este misterioso sacerdocio y de este deber de satisfacer y sacrificar aquellos de quienes nuestro Señor Jesucristo se sirve para ofrecer a Dios la oblación inmaculada desde el oriente hasta el ocaso en todo lugar (Mal 1-2), sino que toda la grey cristiana, llamada con razón por el Príncipe de los Apóstoles «linaje escogido, real sacerdocio» (1 Pe 2,9), debe ofrecer por sí y por todo el género humano sacrificios por los pecados, casi de la propia manera que todo sacerdote y pontífice «tomado entre los hombres, a favor de los hombres es constituido en lo que toca a Dios» (Heb 5,1).

Y cuanto más perfectamente respondan al sacrificio del Señor nuestra oblación y sacrificio, que es inmolar nuestro amor propio y nuestras concupiscencias y crucificar nuestra carne con aquella crucifixión mística de que habla el Apóstol, tantos más abundantes frutos de propiciación y de expiación para nosotros y para los demás percibiremos. Hay una relación maravillosa de los fieles con Cristo, semejante a la que hay entre la cabeza y los demás miembros del cuerpo, y asimismo una misteriosa comunión de los santos, que por la fe católica profesamos, por donde los individuos y los pueblos no sólo se unen entre sí, mas también con Jesucristo, que es la cabeza; «del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado por todas las junturas, según la operación proporcionada de cada miembro, recibe aumento propio, edificándose en amor» (Ef 4,15-16). Lo cual el mismo Mediador de Dios y de los hombres, Jesucristo próximo a la muerte, lo pidió al Padre: «Yo en ellos y tú en mí, para que sean consumados en la unidad» (Jn 17,23).

Así, pues, como la consagración profesa y afirma la unión con Cristo, así la expiación da principio a esta unión borrando las culpas, la perfecciona participando de sus padecimientos y la consuma ofreciendo sacrificios por los hermanos. Tal fue, ciertamente, el designio del misericordioso Jesús cuando quiso descubrirnos su Corazón con los emblemas de su pasión y echando de sí llamas de caridad: que mirando de una parte la malicia infinita del pecado, y, admirando de otra la infinita caridad del Redentor, más vehementemente detestásemos el pecado y más ardientemente correspondiésemos a su caridad.

Comunión Reparadora y Hora Santa
9. Y ciertamente en el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús tiene la primacía y la parte principal el espíritu de expiación y reparación; ni hay nada más conforme con el origen, índole, virtud y prácticas propias de esta devoción, como la historia y la tradición, la sagrada liturgia y las actas de los Santos Pontífices confirman.

Cuando Jesucristo se aparece a Santa Margarita María, predicándole la infinitud de su caridad, juntamente, como apenado, se queja de tantas injurias como recibe de los hombres por estas palabras que habían de grabarse en las almas piadosas de manera que jamás se olvidarán: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres y de tantos beneficios los ha colmado, y que en pago a su amor infinito no halla gratitud alguna, sino ultrajes, a veces aun de aquellos que están obligados a amarle con especial amor». Para reparar estas y otras culpas recomendó entre otras cosas que los hombres comulgaran con ánimo de expiar, que es lo que llaman Comunión Reparadora, y las súplicas y preces durante una hora, que propiamente se llama la Hora Santa; ejercicios de piedad que la Iglesia no sólo aprobó, sino que enriqueció con copiosos favores espirituales.

Consolar a Cristo
10. Mas ¿cómo podrán estos actos de reparación consolar a Cristo, que dichosamente reina en los cielos? Respondemos con palabras de San Agustín: «Dame un corazón que ame y sentirá lo que digo»[4].

Un alma de veras amante de Dios, si mira al tiempo pasado, ve a Jesucristo trabajando, doliente, sufriendo durísimas penas «por nosotros los hombres y por nuestra salvación», tristeza, angustias, oprobios, «quebrantado por nuestras culpas»(Is 53,5) y sanándonos con sus llagas. De todo lo cual tanto más hondamente se penetran las almas piadosas cuanto más claro ven que los pecados de los hombres en cualquier tiempo cometidos fueron causa de que el Hijo de Dios se entregase a la muerte; y aun ahora esta misma muerte, con sus mismos dolores y tristezas, de nuevo le infieren, ya que cada pecado renueva a su modo la pasión del Señor, conforme a lo del Apóstol: «Nuevamente crucifican al Hijo de Dios y le exponen a vituperio» (Is 5). Que si a causa también de nuestros pecados futuros, pero previstos, el alma de Cristo Jesús estuvo triste hasta la muerte, sin duda algún consuelo recibiría de nuestra reparación también futura, pero prevista, cuando el ángel del cielo (Lc 22,43) se le apareció para consolar su Corazón oprimido de tristeza y angustias. Así, aún podemos y debemos consolar aquel Corazón sacratísimo, incesantemente ofendido por los pecados y la ingratitud de los hombres, por este modo admirable, pero verdadero; pues alguna vez, como se lee en la sagrada liturgia, el mismo Cristo se queja a sus amigos del desamparo, diciendo por los labios del Salmista: «Improperio y miseria esperó mi corazón; y busqué quien compartiera mi tristeza y no lo hubo; busqué quien me consolara y no lo hallé» (Sal 68,21).

La pasión de Cristo en su Cuerpo, la Iglesia
11. Añádase que la pasión expiadora de Cristo se renueva y en cierto modo se continúa y se completa en el Cuerpo místico, que es la Iglesia. Pues sirviéndonos de otras palabras de San Agustín [5]: «Cristo padeció cuanto debió padecer; nada falta a la medida de su pasión. Completa está la pasión, pero en la cabeza; faltaban todavía las pasiones de Cristo en el cuerpo». Nuestro Señor se dignó declarar esto mismo cuando, apareciéndose a Saulo, «que respiraba amenazas y muerte contra los discípulos» (Hech 91,1), le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hech 5); significando claramente que en las persecuciones contra la Iglesia es a la Cabeza divina de la Iglesia a quien se veja e impugna. Con razón, pues, Jesucristo, que todavía en su Cuerpo místico padece, desea tenernos por socios en la expiación, y esto pide con El nuestra propia necesidad; porque siendo como somos «cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte miembro» (1 Cor 12,27), necesario es que lo que padezca la cabeza lo padezcan con ella los miembros (Ibíd.).

Necesidad actual de expiación por tantos pecados
12. Cuánta sea, especialmente en nuestros tiempos, la necesidad de esta expiación y reparación, no se le ocultará a quien vea y contemple este mundo, como dijimos, «en poder del malo» (1 Jn 5,19). De todas partes sube a Nos clamor de pueblos que gimen, cuyos príncipes o rectores se congregaron y confabularon a una contra el Señor y su Iglesia (2 Pe 2,2). Por esas regiones vemos atropellados todos los derechos divinos y humanos; derribados y destruidos los templos, los religiosos y religiosas expulsados de sus casas, afligidos con ultrajes, tormentos, cárceles y hambre; multitudes de niños y niñas arrancados del seno de la Madre Iglesia, e inducidos a renegar y blasfemar de Jesucristo y a los más horrendos crímenes de la lujuria; todo el pueblo cristiano duramente amenazado y oprimido, puesto en el trance de apostatar de la fe o de padecer muerte crudelísima. Todo lo cual es tan triste que por estos acontecimientos parecen manifestarse «los principios de aquellos dolores» que habían de preceder «al hombre de pecado que se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora» (2 Tes 2,4).

Y aún es más triste, venerables hermanos, que entre los mismos fieles, lavados en el bautismo con la sangre del Cordero inmaculado y enriquecidos con la gracia, haya tantos hombres, de todo orden o clase, que con increíble ignorancia de las cosas divinas, inficionados de doctrinas falsas, viven vida llena de vicios, lejos de la casa del Padre; vida no iluminada por la luz de la fe, ni alentada de la esperanza en la felicidad futura, ni caldeada y fomentada por el calor de la caridad, de manera que verdaderamente parecen sentados en las tinieblas y en la sombra de la muerte. Cunde además entre los fieles la incuria de la eclesiástica disciplina y de aquellas antiguas instituciones en que toda la vida cristiana se funda y con que se rige la sociedad doméstica y se defiende la santidad del matrimonio; menospreciada totalmente o depravada con muelles halagos la educación de los niños, aún negada a la Iglesia la facultad de educar a la juventud cristiana; el olvido deplorable del pudor cristiano en la vida y principalmente en el vestido de la mujer; la codicia desenfrenada de las cosas perecederas, el ansia desapoderada de aura popular; la difamación de la autoridad legítima, y, finalmente, el menosprecio de la palabra de Dios, con que la fe se destruye o se pone al borde de la ruina.

Forman el cúmulo de estos males la pereza y la necedad de los que, durmiendo o huyendo como los discípulos, vacilantes en la fe míseramente desamparan a Cristo, oprimido de angustias o rodeado de los satélites de Satanás; no menos que la perfidia de los que, a imitación del traidor Judas, o temeraria o sacrílegamente comulgan o se pasan a los campamentos enemigos. Y así aun involuntariamente se ofrece la idea de que se acercan los tiempos vaticinados por nuestro Señor: «Y porque abundó la iniquidad, se enfrió la caridad de muchos» (Mt 24,12).

El ansia ardiente de expiar
13. Cuantos fieles mediten piadosamente todo esto, no podrán menos de sentir, encendidos en amor a Cristo apenado, el ansia ardiente de expiar sus culpas y las de los demás; de reparar el honor de Cristo, de acudir a la salud eterna de las almas. Las palabras del Apóstol: «Donde abundó el delito, sobreabundó la gracia» (Rom 5,20), de alguna manera se acomodan también para describir nuestros tiempos; pues si bien la perversidad de los hombres sobremanera crece, maravillosamente crece también, inspirando el Espíritu Santo, el número de los fieles de uno y otro sexo, que con resuelto ánimo procuran satisfacer al Corazón divino por todas las ofensas que se le hacen, y aun no dudan ofrecerse a Cristo como víctimas.

Quien con amor medite cuanto hemos dicho y en lo profundo del corazón lo grabe, no podrá menos de aborrecer y de abstenerse de todo pecado como de sumo mal; se entregará a la voluntad divina y se afanará por reparar el ofendido honor de la divina Majestad, ya orando asiduamente, ya sufriendo pacientemente las mortificaciones voluntarias, y las aflicciones que sobrevinieren, ya, en fin, ordenando a la expiación toda su vida.

Aquí tienen su origen muchas familias religiosas de varones y mujeres que, con celo ferviente y como ambicioso de servir, se proponen hacer día y noche las veces del Ángel que consoló a Jesús en el Huerto; de aquí las piadosas asociaciones asimismo aprobadas por la Sede Apostólica y enriquecidas con indulgencias, que hacen suyo también este oficio de la expiación con ejercicios convenientes de piedad y de virtudes; de aquí finalmente los frecuentes y solemnes actos de desagravio encaminados a reparar el honor divino, no sólo por los fieles particulares, sino también por las parroquias, las diócesis y ciudades.

LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS

Causa de muchos bienes
14. Pues bien: venerables hermanos, así como la devoción de la consagración, en sus comienzos humilde, extendida después, empieza a tener su deseado esplendor con nuestra confirmación, así la devoción de la expiación o reparación, desde un principio santamente introducida y santamente propagada. Nos deseamos mucho que, más firmemente sancionada por nuestra autoridad apostólica, más solemnemente se practique por todo el universo católico. A este fin disponemos y mandamos que cada año en la fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús —fiesta que con esta ocasión ordenamos se eleve al grado litúrgico de doble de primera clase con octava— en todos los templos del mundo se rece solemnemente el acto de reparación al Sacratísimo Corazón de Jesús, cuya oración ponemos al pie de esta carta para que se reparen nuestras culpas y se resarzan los derechos violados de Cristo, Sumo Rey y amantísimo Señor.

No es de dudar, venerables hermanos, sino que de esta devoción santamente establecida y mandada a toda la Iglesia, muchos y preclaros bienes sobrevendrán no sólo a los individuos, sino a la sociedad sagrada, a la civil y a la doméstica, ya que nuestro mismo Redentor prometió a Santa Margarita María «que todos aquellos que con esta devoción honraran su Corazón, serían colmados con gracias celestiales».

Los pecadores, ciertamente, «viendo al que traspasaron» (Jn 19,37), y conmovidos por los gemidos y llantos de toda la Iglesia, doliéndose de las injurias inferidas al Sumo Rey, «volverán a su corazón» (Is 46,8); no sea que obcecados e impenitentes en sus culpas, cuando vieren a Aquel a quien hirieron «venir en las nubes del cielo» (Mt 26,64), tarde y en vano lloren sobre El (cf. Ap 1,7).

Los justos más y más se justificarán y se santificarán, y con nuevas fervores se entregarán al servicio de su Rey, a quien miran tan menospreciado y combatido y con tantas contumelias ultrajado; pero especialmente se sentirán enardecidos para trabajar por la salvación de las almas, penetrados de aquella queja de la divina Víctima: «¿Qué utilidad en mi sangre?» (Sal 19,10); y de aquel gozo que recibirá el Corazón sacratísimo de Jesús «por un solo pecador que hiciere penitencia» (Lc 15,4).

Especialmente anhelamos y esperamos que aquella justicia de Dios, que por diez justos movido a misericordia perdonó a los de Sodoma, mucho más perdonará a todos los hombres, suplicantemente invocada y felizmente aplacada por toda la comunidad de los fieles unidos con Cristo, su Mediador y Cabeza.

La Virgen Reparadora
15. Plazcan, finalmente, a la benignísima Virgen Madre de Dios nuestros deseos y esfuerzos; que cuando nos dio al Redentor, cuando lo alimentaba, cuando al pie de la cruz lo ofreció como hostia, por su unión misteriosa con Cristo y singular privilegio de su gracia fue, como se la llama piadosamente, reparadora. Nos, confiados en su intercesión con Cristo, que siendo el «único Mediador entre Dios y los hombres»(Tim 2,3), quiso asociarse a su Madre como abogada de los pecadores, dispensadora de la gracia y mediadora, amantísimamente os damos como prenda de los dones celestiales de nuestra paternal benevolencia, a vosotros, venerables hermanos, y a toda la grey confiada a vuestro cuidado, la bendición apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, día 8 de mayo de 1928, séptimo de nuestro pontificado. PÍO XI.
   
NOTAS
[1] Suma Teológica, parte II-IIæ  cuestión 81, art. 8c.
[2] Concilio de Trento, sesión 22, cap. 2.
[3] Epístola 63, n. 381.
[4] Tratado sobre el Evangelio de San Juan XXVI, 4.
[5] Comentario sobre el Salmo 86.

***

LATÍN
ACTUS REPARATIÓNIS AD SACRATÍSSIMI CORDIS JESU
  
Jesu dulcíssime, cujus effúsa in hómines cáritas, tanta oblivióne, negligéntia, contemptióne, ingratíssime repénditur, en nos, ante altária tua (Extra ecclesiam vel oratorium, dicatur: ante conspéctum tuum) provolúti, tam nefáriam hóminum socórdiam injuriásque, quibus úndique amantíssimum Cor tuum affícitur, peculiári honóre resarcíre conténdimus.
  
Attamen, mémores tantæ nos quoque indignitátis non expértes aliquándo fuísse, índeque vehementíssimo dolóre commóti, tuam in primis misericórdiam nobis implorámus, paráti voluntária expiatióne compensáre flagítia non modo quæ ipsi patrávimus, sed etiam illórum, qui, longe a salútis via aberrántes, vel te pastórem ducémque sectári detréctant, in sua infidelitáte obstináti, vel, baptísmatis promíssa conculcántes, suavíssimum tuæ legis jugum excussérunt.
 
Quæ deploránda crímina, cum univérsa expiáre conténdimus, tum nobis síngula resarciénda propónimus: vitæ cultúsque immodéstiam atque turpitúdines, tot corruptélæ pédicas innocéntium ánimis instrúctas, dies festos violátos, exsecránda in te tuósque Sanctos jactáta maledícta atque in tuum Vicárium ordinémque sacerdotálem convícia irrogáta, ipsum dénique amóris divíni Sacraméntum vel negléctum vel horréndis sacrilégiis profanátum, pública postrémo natiónum delícta, quæ Ecclésiæ a te institútæ júribus magisterióque reluctántur.
  
Quæ útinam crímina sánguine ipsi nostro elúere possémus! Intérea ad violátum divínum honórem resarciéndum, quam Tu olim Patri in Cruce satisfactiónem obtulísti quamque cotídie in altáribus renováre pergis, hanc eándem nos tibi præstámus, cum Vírginis Matris, óminium Sanctórum, piórum quoque fidélium expiatiónibus conjúnctam, ex ánimo spondéntes, cum prætérita nostra aliorúmque peccáta ac tanti amóris incúriam firma fide, cándidis vitæ móribus, perfécta legis evangélicæ, caritátis potíssimum, observántia, quantum in nobis erit. grátia tua favénte, nos esse compensatúros, tum injúrias tibi inferéndas pro víribus prohibitúros, et quam plúrimos potuérimus ad tui sequélam convocatúros.
 
Excípias, quǽsumus, benigníssime Jesu, beáta Vírgine María Reparatríce intercedénte, voluntárium hujus expiatiónis obséquium nosque in offício tuique servítio fidíssimos ad mortem usque velis, magno illo perseverántiæ múnere, continére, ut ad illam tandem pátriam perveniámus omnes, ubi Tu cum Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
  
TRADUCCIÓN
ACTO DE REPARACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
   
Dulcísimo Jesús, cuya caridad derramada sobre los hombres se paga tan ingratamente con el olvido, el desdén y el desprecio, míranos aquí postrados ante tu altar (Fuera de la iglesia o el oratorio, decir: ante tu Presencia). Queremos reparar con especiales manifestaciones de honor tan indigna frialdad y las injurias con las que en todas partes es herido por los hombres tu amoroso Corazón.
  
Recordando, sin embargo, que también nosotros nos hemos manchado tantas veces con el mal, y sintiendo ahora vivísimo dolor, imploramos ante todo tu misericordia para nosotros, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo los pecados que cometimos nosotros mismos, sino también los de aquellos que, perdidos y alejados del camino de la salud, rehúsan seguirte como pastor y guía, obstinándose en su infidelidad, y han sacudido el yugo suavísimo de tu ley, pisoteando las promesas del bautismo.
  
A1 mismo tiempo que queremos expiar todo el cúmulo de tan deplorables crímenes, nos proponemos reparar cada uno de ellos en particular: la inmodestia y las torpezas de la vida y del vestido, las insidias que la corrupción tiende a las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las miserables injurias dirigidas contra ti y contra tus santos, los insultos lanzados contra tu Vicario y el orden sacerdotal, las negligencias y los horribles sacrilegios con que se profana el mismo Sacramento del amor divino y, en fin, las culpas públicas de las naciones que menosprecian los derechos y el magisterio de la Iglesia por ti fundada.
  
¡Ojalá que podamos nosotros lavar con nuestra sangre estos crímenes! Entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, te presentamos, acompañándola con las expiaciones de tu Madre la Virgen, de todos los santos y de los fieles piadosos, aquella satisfacción que tú mismo ofrecisté un día en la cruz al Padre, y que renuevas todos los días en los altares. Te prometemos con todo el corazón compensar en cuanto esté de nuestra parte, y con el auxilio de tu gracia, los pecados cometidos por nosotros y por los demás: la indiferencia a tan grande amor con la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, la observancia perfecta de la ley evangélica, especialmente de la caridad, e impedir además con todas nuestras fuerzas las injurias contra ti, y atraer a cuantos podamos a tu seguimiento.
  
Acepta, te rogamos, benignísimo Jesús, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María Reparadora, el voluntario ofrecimiento de expiación; y con el gran don de la perseverancia, consérvanos fidelísimos hasta la muerte en el culto y servicio a ti, para que lleguemos todos un día a la patria donde tú con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

El Papa Pío XI, en Audiencia concedida al Cardenal de la Sagrada Penitenciaría Apostólica el 1 de Junio de 1928, concedió 5 años de Indulgencia a cuantos rezaren devotamente esta oración. Indulgencia plenaria al mes, con las condiciones de rigor, cuando se rece durante un mes. También se obtiene la Indulgencia plenaria el día del Sagrado Corazón de Jesús, el Viernes después de la Octava de Corpus Christi.

sábado, 26 de mayo de 2012

OTRA DE SECTAS: LE SACAN LOS OJOS EN RITUAL


Rescatistas de la Cruz Roja Mexicana trasladando a niño víctima de una secta apocalíptica (satánica)

MEXICO (AP) — Un niño mexicano de 5 años sufrió la extirpación de sus ojos durante un supuesto ritual realizado en las afueras de la ciudad de México por familiares, entre ellos su madre, informaron el jueves las autoridades.
El fiscal que investiga el caso, en una municipalidad en las afueras de la ciudad de México, dijo que presuntamente fue la propia madre quien sacó los ojos del menor, al parecer con sus propias manos, y con la ayuda de una tía del menor que lo sostuvo.
Ocho personas permanecen detenidas, dijo en la cadena Televisa Isaac Acevedo, fiscal regional en la municipalidad de Nezahualcóyotl, en el Estado de México, que bordea la capital del país.
El secretario de Seguridad Ciudadana del Estado de México, Salvador Neme, señaló más tarde que las ocho personas presuntamente pertenecen a una secta, aunque no dio más detalles.
Dijo que policías que ingresaron al domicilio escucharon a una de las personas que estaba cerca del niño decir: "Vamos a matarlo para sacarle el demonio, hay que evitar un terremoto para salvar este mundo terrenal".
Neme añadió que, según los agentes, otras personas rezaban y decían palabras incoherentes.
Antes, el subdirector operativo de la Policía de Nezahualcóyotl, Samuel Cuevas Monroy, dijo a periodistas que la abuela del niño declaró que desde el lunes había citado a sus familiares para ayunar y orar "porque el mundo se iba a acabar".
Cuevas añadió que la mujer les había pedido que cerraran los ojos, pero el niño no lo hizo y "se los sacaron para limpiárselos".
Hace unas semanas, en el estado norteño de Sonora, los miembros de una familia fueron acusados de asesinar a dos niños de 10 años y una mujer de 55 años durante un ritual de ofrecimiento al culto de la "Santa Muerte".
El vocero del gobierno de Nezahualcóyotl, Fernando Chávez, dijo a The Associated Press que no se habían encontrado indicios de que la agresión contra el niño fuera un ritual al culto de la "Santa Muerte".
El gobierno municipal dijo en un comunicado que los familiares al parecer estaban bajo efectos de alguna droga.
Policías que circulaban en una patrulla fueron requeridos por un hombre que les dijo que había un niño lesionado dentro de una vivienda.
Al entrar al lugar vieron a la madre que abrazaba al niño, quien "no tenía glóbulos oculares", señaló el gobierno local.
Neme identificó a la madre como María del Carmen Ríos García, de 28 años, y a la tía del menor como Lisbeth Ríos García, de 22 años.
El niño fue trasladado de urgencia a un hospital en Nezahualcóyotl y debido a su gravedad fue llevado en helicóptero a otro en la ciudad de México y luego por tierra a un tercer nosocomio, especializado en pediatría.
La Secretaría de Salud del gobierno de la ciudad de México informó en un parte médico enviado a la AP que el menor se reportaba "estable pero delicado".
El niño también presentaba mordidas en el brazo izquierdo y en la oreja derecha, además de golpes en el cuerpo.
Las autoridades dijeron que entre los detenidos se encuentran los abuelos del menor y dos hermanos de la madre.
El fiscal dijo que el papá del pequeño no se encontraba en el lugar ni "estaba al tanto" de lo que había sucedido.

viernes, 25 de mayo de 2012

SACERDOTE JESUITA DENUNCIA HEREJÍAS DE ANSEL GRÜN

Desde TRADICIÓN CATÓLICA - Vía MILES CHRISTI.

El sacerdote uruguayo Horacio Bojorge, S.J. denuncia los errores del «gurú» de la «autoayuda» (Anselm Grün). Asimismo, el P. Horacio Bojorge critica la difusión en la Iglesia de las herejías del benedictino Anselm Grün.

Padre Horacio Bojorge, S. J.

En un minucioso estudio enviado a ACI Prensa, advierte del daño que ocasionan a no pocos católicos las enseñanzas del Benedictino. El P. Bojorge afirma que Grün acomoda y homologa la Sagrada Escritura según una interpretación psicologísta, inaceptable para los cristianos.

22/05/12

(ACI) En un minucioso estudio enviado a ACI Prensa, el P. Bojorge señala que en sus libros, Grün 
reduce el mensaje revelado de las Sagradas Escrituras; primero, porque lo interpreta en forma acomodada y segundo porque, mediante este sentido no bíblico, lo homologa con afirmaciones de orden psicológico, haciendo así del Evangelio un libro de autoayuda”.

 
Para el Padre Bojorge, Anselm Wilhelm Grün Dederichs OSB (foto) es modernista y afín al psicoanalismo

El sacerdote jesuita consideró urgente “avisar que el hoy tan difundido magisterio espiritual del benedictino alemán Anselm Grün navega en la corriente modernista. Y cunde produciendo desviaciones muy dañinas, por lo parecidas al recto camino de la fe y la espiritualidad católica”. “El confiado lector se encuentra con el relato evangélico y su sentido literario tradicional que le es familiar, pero también se le sirve, en el mismo plato, la acomodación psicológica, como si fuera igualmente válida”.

El P. Bojorge advirtió que en esa “acomodación psicológica, una resurrección puede convertirse simplemente en una curación y ser tratada como tal. Y una posesión demoníaca puede convertirse en un estado de exasperación emocional y psicológica”. “No se niega la resurrección, pero se presenta como alternativa válida una interpretación que la explica como curación. No se niega la acción demoníaca por posesión, obsesión o tentación, pero se habla de ‘las propias sombras’”. 

El P. Bojorge indicó que los escritos de Anselm Grün pertenecen “a la familia de los que podemos llamar los errores psicologistas. Tienen de común con la teología de la liberación, que no tienen como meta presentar el sentido auténtico de la Escritura tal como ha sido siempre interpretada por la Iglesia y según la fe católica, sino que usan de los textos bíblicos con una intención ajena a su sentido literal y auténtico”.

Al igual que la teología de la liberación, Anselm Grün altera el sentido de la Palabra de Dios

La libertad que predica Grün no es la libertad que nos da Jesús 

El sacerdote jesuita indicó que así como para la teología marxista de la liberación, la meta es la libertad política, para el pensamiento difundido por Anselm Grün, el objetivo es “la libertad psicológica del individuo”. El P. Bojorge remarcó que el pensamiento de Grün está fundamentado sobre las ideas del psicoanalista Carl Jung y del P. Eugen Drewermann, quien fuera apartado por su obispo del sacerdocio, precisamente por sus enseñanzas psicologistas.

 El psicoanalismo de Carl Jung (tercero sentado a la derecha) ve a Jesús como "modelo de liberación del individuo por medio del sacrificio".

El jesuita criticó que Anselm Grün atribuya, arbitrariamente, a los textos de la Biblia “un sentido de orden psicológico, del ‘imaginario’ que sin embargo él presenta como si fuera mejor sentido que el sentido literal, al que califica, lisa y llanamente, desdiciendo desaprensivamente la tradición y el magisterio, de ‘inútil’”. De acuerdo al P. Horacio Bojorge, en la prédica de Grün, “el Jesús de la historia que presentan los Evangelios es relegado al orden de la fantasía mítica y se lo ‘rescata’ de la insignificancia a la significación mediante ‘recuperaciones’ ideológicas, políticas o psicologistas”. 

“La libertad de que habla Anselm Grün no es la misma de la que habló Jesús y se lee en Marcos. Según lo presenta Anselm Grün, Jesús ya no es el camino hacia la libertad porque sea el camino que nos conduzca al Padre, y porque nos convierta en hijos y nos dé la libertad de los hijos”. Según explicó el sacerdote jesuita, para Anselm Grün, la libertad es “la integración de los contrarios, la integración de la sombra junguiana, que es inaceptable para la espiritualidad cristiana, porque implica aceptar el pecado y hasta lo demoníaco, para integrarlos en la unificación del yo”.

Freud, Jung y Anselm Grün consideran la libertad como la integración de Dios y el diablo en la vida personal (cosa que es INADMISIBLE para la espiritualidad)

lunes, 30 de abril de 2012

NUEVA ZELANDA: OBISPOS PROHÍBEN SUSTITUIR EL MISAL POR LOS IPADS (Y DISPOSITIVOS SIMILARES)

   
En atención al uso de dispositivos electrónicos en la liturgia (y en la publicación del Misal Romano en inglés y maorí), la Conferencia de Obispos Católicos de Nueva Zelanda expidió el siguiente comunicado:
   
  
TRADUCCIÓN
CONFERENCIA DE OBISPOS CATÓLICOS DE NUEVA ZELANDA
  
30 de Abril de 2012
   
Queridos sacerdotes,
 
Desde la publicación del Misal Romano para uso en Nueva Zelanda, hemos recibido algunas preguntas sobre el uso de iPads u otras tabletas, lectores electrónicos y teléfonos móviles por sacerdotes, en vez del Misal, durante la Misa y demás liturgias.
     
Los obispos consideraron cuidadosamente este asunto y analizaron lo que pasa en otros países. Todas las fes tienen libros sagrados que son reservados para aquellos rituales y actividades que están en el corazón de esas mismas fes. La Iglesia Católica no es diferente, y el Misal Romano es uno de nuestros libros sagrados. Su forma física es un indicativo de su papel especial en nuestro culto.
   
El Misal está reservado para el uso en la liturgia de la Iglesia. Los iPads y otros dispositivos electrónicos tienen una variedad de usos, por ejemplo: jugar, navegar en la internet, ver vídeos y leer e-mails. Esto basta para hacer inadecuado su uso en la liturgia.
   
La Conferencia de Obispos Católicos de Nueva Zelanda ha tomado la siguiente decisión acerca del uso de adminículos electrónicos en lugar del Misal. La decisión se aplica a todos los sacerdotes en las diócesis de Nueva Zelanda: Con la publicación del Misal Romano ha llegado la publicación de un número de aplicaciones del Misal para iPad y otras tabletas, para teléfonos móviles y lectores electrónicos.
   
En tanto estas aplicaciones son excelentes para propósitos de estudio, el iPad (y sus equivalentes), lectores electrónicos y teléfonos móviles no pueden ser usados por el sacerdote en la liturgia.
      
Sólo la copia oficial impresa del Misal romano puede ser usada en la Misa y en las otras liturgias de la Iglesia.
  
(Fdo.) ✠ John Dew
Arzobispo de Wellington
Presidente
  
(Fdo.) ✠ Patrick Dunn
Obispo de Auckland
Secretario
   
(Fdo.) ✠ Denis Browne
Obispo de Hamilton
   
(Fdo.) ✠ Colin Campbell
Obispo de Dunedin
   
(Fdo.) ✠ Charles Drennan
Obispo de Palmerston North
   
(Fdo.) ✠ Barry Jones
Obispo de Christchurch
  
(Fdo.) ✠ Peter Cullinane
Obispo Emérito de Palmerston North.
  
COMENTARIO: Un elemento más para el debate entre los modernistas sobre si sí o no se debe usar estos dispositivos en sus servicios litúrgicos. Aunque, alguien debió plantearle eso al cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, que usó un iPad para leer el Evangelio el Miércoles de Ceniza el año pasado (aunque con su funda, por lo de la manzanita ─que quizá no era manzana, pero sí granada, pero bueno, doctores tiene la Santa Iglesia…─ reminiscente del Árbol del Bien y el Mal con cuyo fruto satanás el diablo tentó a nuestros primeros padres):
    
   
O al cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo y primado de las Indias, durante una ordenación el 24 de junio pasado:
   
   
Ahora, imagina una Misa Tradicional con iPads en lugar de sacras y Misal. Sería así:
   
COSAS VEREDES

martes, 24 de abril de 2012

¡AY DE AQUELLOS QUE DICEN, NADA HA PASADO Y NADA NOS PASARÁ. DIOS NO NOS HARÁ NI BIEN, NI MAL!

Hablóme el Señor otra vez, y díjome: Hijo de hombre, ¿qué refrán es ese que tenéis vosotros en tierra de Israel, según el cual dicen: Irán corriendo los días, y en nada pararán todas las visiones? Por lo mismo diles: Esto dice el Señor Dios: Yo haré que cese ese refrán, y que nunca jamás se repita por el pueblo de Israel; y diles que están para llegar los días en que se cumplirán los sucesos anunciados en todas las visiones. Porque no quedará más sin efecto ninguna visión, ni habrá predicción ambigua entre los hijos de Israel [1]; pues yo, que soy el Señor, hablaré, y sucederá cuando lo dijere, y no se diferirá para más adelante; sino que en vuestros días, ¡oh familia contumaz!, yo hablaré, y obraré, dice el Señor Dios.
 
Hablóme de nuevo el Señor, y díjome: Hijo de hombre, mira lo que dicen los de la casa de Israel: La visión que éste ha tenido es para de aquí a muchos años, y él vaticina para tiempos lejanos. Por tanto tú les dirás a ellos: Así habla el Señor Dios: Todas mis palabras en lo sucesivo no se diferirán más, lo que yo dijere se ejecutará, dice el Señor Dios.
 
Ezequiel XII, 21-28 (Versión de Mons. Félix Torres Amat).
 
NOTA
[1] Según el texto hebreo puede traducirse adivinación de lisonjero.

lunes, 2 de abril de 2012

JACULATORIAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

    
Cor Jesu Sacratíssimum, miserére nobis (Sacratísimo Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros).
Cor Maríæ Immaculátum, ora pro nobis (Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros).
Sancte Joseph, patróne noster dilectíssime, ora pro nobis (San José, dilectísimo patrón nuestro, ruega por nosotros).

miércoles, 14 de marzo de 2012

TENED EN CUENTA VUESTROS PECADOS DE OMISIÓN, PARA QUE HAGÁIS UNA BUENA CONFESIÓN

Estamos en Cuaresma, pero también en los Últimos Tiempos. Por esto traemos este Apelo Urgente de María Santificadora a un alma que es llamada Enoc, dado en Alto de Guarne (Colombia) a las 13:10 de Enero 03 de 2012.

 
TENED EN CUENTA VUESTROS PECADOS DE OMISIÓN, PARA QUE HAGÁIS UNA BUENA CONFESIÓN

Amadísimos hijitos de mi corazón, que la paz de Dios esté con todos vosotros y mi santa protección os asista siempre.

Hijitos, alabad y bendecid la gloria de Dios, porque grande es su amor y eterna es su misericordia. No temáis, os lo digo una vez más pequeños míos, nada os pasará si permanecéis unidos a vuestro Padre y Madre celestial. Hijitos, en cualquier momento todo se desatará, permaneced en gracia de Dios, para que el llamado de mi Padre no os coja por sorpresa y tengáis que experimentar en vuestras almas el fuego de la purificación espiritual. Haced una buena confesión de vuestras faltas, ante mis hijos predilectos; tened en cuenta vuestros pecados de omisión, para que hagáis una buena confesión. A continuación os hago una lista de pecados de omisión, para que los tengáis en cuenta y confeséis lo más pronto posible.

Malos pensamientos contra vuestro prójimo, recibir en la Eucaristía a mi Hijo, sin el debido honor y respeto; no desagraviar a mi Hijo, por todas las comuniones que se hacen al recibirlo en la mano; estar distraídos en la Santa Misa, no meditar el Santo Evangelio, vestir indecorosamente o descomplicadamente para asistir a la Santa Misa; no prepararse con oración, antes de la confesión y la comunión; ir a la Santa Misa, sólo por cumplir; no hacer el propósito de enmendar las faltas cometidas; no destinar el tiempo necesario para la oración, pasar de largo ante el Sagrario, no orar por los difuntos, no rezar el Angelus, no alabar a Dios y darle gracias al levantarse y al acostarse; la falta de caridad con vuestros hermanos, no rezar el Santo Rosario con devoción, no leer la Santa Palabra de Dios y meditarla, dudar de la misericordia de Dios, tener poca autoestima, abstenerse de comer por espacio de media hora antes o después de recibir la comunión, ser pesimista y negativo, orar a las carreras, sin meditar en la oración, comulgar sin escuchar la Santa Palabra de Dios, salir del templo sin terminar el santo sacrificio y no recibir la bendición. Todos estos son pecados de omisión, que se van acumulando y se van volviendo en faltas graves; tened pues muy presente todo esto para que hagáis una buena confesión; rezad antes de confesaros y comulgaros el acto de contrición y el salmo 51, para que seáis irreprochables ante mi Padre y os de su bendición.

Hijitos míos, la cercanía del aviso, llama a la conversión; estad pues alerta y vigilantes, porque cuando menos penséis, mi Padre tocará a la puerta de vuestras almas, para despertar vuestras conciencias y mostraros el estado en que os encontráis ante Dios y vuestros hermanos

Hijitos, mi Padre no sólo quiere mostraros el estado de vuestras almas, sino también el estado en que se encuentran las almas de vuestros antepasados y familiares difuntos en el purgatorio, para que cuando regreséis a vuestros cuerpos, oréis por ellos más intensamente y ofrezcáis vuestra purificación por su eterno descanso, para que os ayuden a interceder y batallar con vosotros, y así, unidos al ejército triunfante y a vuestra Madre Celestial, derrotemos de la faz de la tierra al príncipe de este mundo y sus huestes del mal. Recogeos pues mis pequeños, en oración y alabanza, porque la batalla por vuestra libertad ya comenzó; colocaos vuestra Armadura Espiritual a mañana y noche; rezad mi Santo Rosario; consagraos a mi Corazón Inmaculado, y la preciosísima Sangre de mi Hijo; orad a todo instante, para que las fuerzas del mal no puedan haceros daño. Consagrad a mi Corazón Inmaculado, vuestro descanso nocturno; acordaos que es en la noche, donde el ejército de mi adversario estará más activo; no se os olvide sellar vuestros hogares e hijos y familiares y todo cuanto Dios os ha dado, con la Preciosa Sangre de mi Hijo; todos los días y sus noches bendecid a vuestros hijos y familiares, así: una bendición por el Padre, otra bendición por el Hijo, otra por el Espíritu Santo y una bendición por mi santa intercesión; no olvidéis la oración de protección de vuestro amado Miguel el conjuro de lo Ángeles y el rezo a vuestro Ángel custodio, tan necesario en estos últimos tiempos. Acatad pues las instrucciones que os iremos dando a través de nuestros profetas e instrumentos de estos últimos tiempos y os aseguro que la paz de Dios estará con vosotros. Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad. Vuestra Madre, María Santificadora.

Bendición de María Santificadora: Cúbrenos

Bendición de María Santificadora: Ampáranos

Bendición de María Santificadora: Guíanos

Bendición de María Santificadora: Santifícanos y llévanos a la gloria del Padre. Amén. Rezar las 7 Ave Marías en honor a nuestra Madre Santificadora.

miércoles, 7 de marzo de 2012

¿DE QUÉ OS SIRVE TENER RIQUEZAS Y PERDER VUESTRA ALMA?


«Entonces le dijo uno del auditorio: “Maestro, dile a mi hermano que me dé la parte que me toca de la herencia”. Pero Jesús le respondió: “¡Oh hombre!, ¿quién me ha constituido a mí juez o repartidor entre vosotros?”*. Con esta ocasión les dijo: “Estad alertas, y guardaos de toda avaricia; que no depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que él posee”. Y en seguida les puso esta parábola: “Un hombre rico tuvo una extraordinaria cosecha de frutos en su heredad; y discurría para consigo, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo sitio para encerrar mis granos? Al fin dijo: Haré esto: Derribaré mis graneros, y construiré otros mayores, donde almacenaré todos mis productos y mis bienes, con lo que diré a mi alma: ¡Oh alma mía!, ya tienes muchos bienes de repuesto para muchísimos años: Descansa, come, bebe, y date buena vida. Pero al punto le dijo Dios: ¡Insensato!, esta misma noche han de exigir de ti la entrega de tu alma; ¿de quién será cuanto has almacenado? Esto es lo que sucede, concluyó Jesus, al que atesora para sí, y no es rico a los ojos de Dios”».  (San Lucas XII, 13-21, versión de Mons. Félix Torres Amat).

* Léase lo que San Ambrosio dice sobre estas palabras. ¡Importante lección para los eclesiásticos que se mezclan con asuntos que no deben!

viernes, 2 de marzo de 2012

PARA TI, QUE ERES CATÓLICO LIBERAL

De LOS DERECHOS DE DIOS - Vía MILES CHRISTI

De LOS DERECHOS DE DIOS

Dios quiere que dejemos de seguir las doctrinas llamativas y extrañas, y que nos abandonemos en Su Voluntad

Carta de Dios a un católico liberal (o 'Lite'):

Mi querido hijo ‘Católico Lite’: *

Ten presente que algún día has de presentarte aqui, ante mi Infalible Tribunal a rendir cuenta hasta de la ‘ultima silaba’ que hayas jamas pronunciado… Pues, Yo, siendo un Justo Juez, no puedo menos que Juzgar con Absoluta Justicia… ¿Recuerdas que dije “Yo te aseguro: no saldrá hasta que pague EL ULTIMO CENTAVO”?… Yo no puedo dejar pasar ni un solo centavo, pues ya no sería Justo… Si cien pesos fueron dados, no admito que se paguen 99.99…. No puedo ‘condonar deudas’. Cien fueron dados y cien han de ser pagados… y si no los tienes, con tu alma en el Infierno han de pagarse. Recuerda: "dura lex, sed lex".

Y antes de que llegue ese día, me parece que puedo avisarte de algunos detallitos que harás bien en meditar y componer (¡mientras tienes tiempo!)... pues una vez que exhalas el ultimo suspiro… como dicen ustedes “lo caído, caido”… se acaba la posibilidad de hacer nada más… Es más: ¡ni siquiera pueden hablar y alegar durante el Juicio!... todo esta perfectamente escrito y anotado en blanco y negro (¡no hay grises!) en el Libro de la Vida… ni que alegar demencia o desconocimiento…

Has de saber, Hijo Mio, que yo te diseñé, te construí, inserté en tu persona, una serie de atributos y propiedades para que hagas uso de ellas… Son tesoros cuya administración te confío para que fructifiquen… para que sean como capitales que pongas a trabajar para que rindan un interés… Y dado que yo te di esos capitales, yo te exigiré no solamente el regreso del capital (¡que yo di!) sino tambien los intereses que serán el fruto de tu trabajo y diligencia… O, si hay déficit, serán la evidencia culpatoria de tu desprecio y negligencia…. Yo dije “aun aquello que tienen, se les quitará”

Sin embargo, Hijo Mio, te pareces como aquel muchachillo empeñado en que no le gusta la escuela por la flojera de estudiar y porque en su LIMITADO Y ERRÓNEO JUCIO, cree que es 'pérdida de tiempo'…

Y que, en lugar de quemarse un poco las neuronas, estudiando y comprendiendo las lecciones abstractas, las ecuaciones y los razonamientos de las matemáticas, de fisica, de electricidad… lo que quiere es librarse de esa responsabilidad/carga y ponerse ya a hacer “algo útil”… o menos demandante... (como el niño que, acostumbrado al Nintendo, quiere una 'gratificación instantánea' al apretar el botón, y no como el niño que, con paciencia, arma sus propios juegos).

Es decir: Ese tal, prefiere ponerse ya, a pegar ladrillos, para edificar ya algo, para “sentirse útil”, para “ganar dinero ya, ahorita, sin más demoras”, en lugar de aplicar LOS DONES QUE YO LE DI al estudio, (usar la inteligencia y el tiempo que le doy) y que, el día de mañana, no solo haga casas, sino que haga edificios (cosa que, el que por flojera de estudiar no puede hacer: sin cálculos, sin la ‘inutil teoria abstracta matematica’, no podrá hacer).

Yo te aseguro que, a la larga, hace mas bien el que estudio y se aplico a las ‘inútiles abstracciones de unos cuantos vejetes de hace 500 años’ ...de los antiguos matemáticos (cuyas ‘verdades abstractas’ no pueden cambiar ni evolucionar con las eras) que el que desprecio todo ese conocimiento, por poner “manos a la obra ipso facto”…

Por que? Porque mientras que uno podrá hacer, SI BIEN LE VA, alguna edificio (necesariamente deficiente!) para unos cuantos, el otro, podrá hacer edificios mucho mayores PARA MUCHOS Y CON SEGURIDAD…

¿Me explico con suficiente claridad, Hijo Mio?... ¿o tengo que ponértela aun mas de párvulos? ****

Y en tu caso, es MÁS GRAVE AÚN, ya que YO PERMITÍ Y PERMITO que estén, bajo tu tutela, guía o dirección, una serie de hijos mios que necesitan guía… Pero tú, en lugar de ASCENDER MÁS ALTO EN LA MONTAÑA, desde donde podrás tener una mejor vista del panorama, y dominar los caminos que llevan al Cielo, y que conducen al infierno, te empeñas en sostener que esa es una labor inútil y que subir mas alto, es intrascendente, y que si los has sabido guiar hasta ahora (con lo que tienes) podrás guiarlos igualmente, mañana… Tu deber es ASCENDER, SUBIR EN CONOCIMIENTO Y ENTENDIMIENTO DE MI, DE MI OBRA, DE MI DOCTRINA, tener una visión mas amplia que aquellos que pongo bajo tu guia y cuidado.

Pero, eso no es todo: Ese conocimiento que reclamo de ti y para ti, te lo darán OTROS HOMBRES QUE YO DESIGNE PARA ESA FUNCIÓN.

Yo instituí una IGLESIA DONDE LOS HOMBRES DESIGNADOS GUIAN A OTROS HOMBRES. Yo no dije “que cada quien, armado con su 'espíritu del evangelio' se guíe a sí mismo según SU opinon (de lo que se acepta o se rechaza o no se cree)”, sino que deje instrucciones claras, precisas y taxativas al respecto. Le endilgue a un grupo de hombres, encabezados por uno solo (a quien le concedo MI INFALIBILIDAD DOCTRINAL **, por la vía ordinaria las mas veces), para que les sirva de ANCLA O CIMIENTO INAMOVIBLE contra las mareas y tormentas de los errores que se propagan a través del tiempo.

Así que, Hijo Mio, deja ya de insitir en ser tu mismo tu propio maestro. Deje a otros el CARGO DE DISCERNIR LO VERDADERO DE LO FALSO, limítate a seguir su guia, pues yo a ellos les deje la chamba de “apacentar a mis corderos”… y tu eres un cordero (aunque, por tu testarudez, mas pareces cabrito... ¡no tan chiquito!)… por más que seas guía de otros corderos, no eres EL Pastor… asi que evita los prados que mis Pastores han prohibido y no digas “de este pasto he comido toda la vida, y comeré aun, y me valen poco las vetustas doctrinas antediluvianas y desactualizadas de los viejos que no estan aquí y ahora para ver los cambios”… Si un Pastor determinó que un prado está envenenado, no comas de ahí. PUNTO… ('Roma locuta, causa finita')

Te enfermarás AUN MÁS del mal de soberbia por dos razones: Por repetir el error de Adán, (de desobedecer a mis mandatos) y por hacerte daño a ti mismo a sabiendas… CON TAL DE NO DAR TU BRAZO A TORCER. ***

Yo dejé establecida una “ vía ordinaria” para el rebaño y exijo que sigan a sus Pastores, aunque sean de hace 500, 1000 o 10,000 años, pues Yo no estoy sujeto al tiempo, ni mi Doctrina. Siempre es presente ante mis ojos eternos, y las Verdades Doctrinales que mis Pastores proponen, son como yo: Eternas y perennes.

No te creas que daré algo asi como “el espiritu del evangelio” a cada hombre del mundo (¿donde estarií SU MERITO por la FE a ciegas?)… Mi Iglesia no se guía mediante el vago e inescrcrutable “espíritu del evangelio” sino por medio de la Sólida, 'Cuadrada' e Invariable Doctrina que Yo enseñé a mis discípulos, y esa doctrina, es la que tienen que seguir las ovejas encomendadas a Pedro. (Para seguir siendo del rebaño... si no quieren ser del rebaño, basta que cada quien, como tu comprenderás, se 'invente' SU doctrina, o peor aun: que modifiquen MI Doctrina a SUS gustos y digan que AUN son del rebaño)

Así que, mi querido Hijo, deja de buscarle tres pies al gato, y deja de desperdiciar los dones que Yo te doy: Una INTELIGENCIA para que conozcas la Verdad de mi Doctrina (no la que TU te figuras, sino la que YO dejé instituida), los medios (¡que los tienes y los desprecias!) y un tiempo (¡aun!).

… Estudia MI Doctrina que enseñan MIS Pastores, donde estan ya explicados SIN AMBIGÜEDAD, los errores que deberas de evitar…(¡si es que quieres llegar al Cielo!). Entre SUS prohibiciones de no comer este o aquel pasto y MI prohibición de no comer del 'árbol del bien y del mal', NO MEDIA DIFERENCIA, DEJA DE HACERTE EL QUE SON DISTINTAS PROHIBICIONES. A ambas TIENES que obedecer... pues tienen UN SOLO SELLO DE AUTORIDAD: EL Mío. (y ya ves lo que pasó con Adán por no sujetarse a lo que se le ORDENA!... ¿Quieres experimentar en cabeza ajena? ¿Entendiste o te lo pongo mas claro?)

Recuerda que el UNICO PECADO QUE NO SE PERDONA, es aquel contra la iluminacion que da la Verdad Revelada por el Espiritu Santo.

"Instaurare omnia in Christo" es la divisa.

PD: ¡No me hagas bajar de decirte cómo son las cosas!... ¡Si bajo, no te va a gustar!

NOTAS

* Catolico Lite:
0 % anatemas,
1% del total de dogmas
1,000 % excedido de contenido 'emocional' y 'relativo a los tiempos'

** Nota: Y no te hagas el que la Virgen le habla... Si RECHAZAS LA DOCTRINA INFALIBLE DE MIS PASTORES DESIGNADOS (¡sean de los años que sean!) A MI ME RECHAZAS... Y NO PODRÁS ALEGAR DEMENCIA PORQUE TE ESTOY AVISANDO DE CÓMO MASCA LA IGUANA

*** Si tú, por tus ocupaciones, no tienes tiempo (¡legitimamente!... pero, ¡no me vengas con cuentos de que sí tienes tiempo para el golf, el cine u otras cosas, y no para eso!) de estudiar la Doctrina que te explican mis Pastores, DEJA DE RENEGAR CADA VEZ QUE ALGUIEN TE LA PONE BAJO LAS NARICES PARA QUE TE ENTERES... sucede para TU beneficio.

**** Y no digo que no sean necesarios quienes peguen ladrillos... No desprecio a los que trabajan... ¡al contrario!... desprecio a los holgazanes... Pero, no te agarres de eso para decir que TU tienes que pegar ladrillos y no estudiar... Ya has pegado ladrillos ('como Dios te dio a entender...')... tiempo es de que estudies para la siguiente etapa y dejes de pegar ladrillos por un tiempo ... para que aprendas a pegar ladrillos como Dios manda!

¿HAN LLEGADO DEMASIADO LEJOS EN SU ODIO CONTRA DIOS?

ADVERTENCIA: LA SIGUIENTE NOTICIA CONTIENE IMÁGENES QUE PUEDEN HERIR SUSCEPTIBILIDADES, PERO EL MINISTERIO PROFÉTICO NOS OBLIGA A MOSTRARLAS PARA SUSTENTAR LA DENUNCIA.

 Nuestros agentes nos informan de un sacrilegio tal que no podemos calificar su gravedad. Este es:



En verdad, no esperamos si no que se hagan muchos desagravios a Nuestro Señor, porque estas ofensas son lo peor que se le puede hacer a Dios (no solo rechazar Su Doctrina, si no infamarlo.)

OS PREGUNTO, VOSOTROS QUE ME ULTRAJÁIS: ¿CÓMO RESISTIRÉIS AL DÍA DE MI IRA? VED QUE EL JUICIO SE ACERCA, Y MUCHOS MORIRÉIS ESE DÍA. (Palabras de Nuestro Señor Jesucristo, Rey para el mundo)

jueves, 23 de febrero de 2012

EL TIEMPO DE CUARESMA, PREPARACIÓN PRÓXIMA A LA REDENCIÓN

Tomado de STAT VERITAS

 
1. Origen y vicisitudes de la Cuaresma. La Cuaresma es hoy un período litúrgico de cuarenta días, destinados a preparar la digna celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Por lo mismo, es un tiempo de mayor penitencia y recogimiento, y en que con más ahinco ha de procurarse la compunción del corazón.
 
Por más que los liturgistas no están aún acordes acerca de la fecha precisa en que se estableció en la Iglesia la Cuaresma, si viviendo todavía los apóstoles o bastante después, todos sabemos que hay una Cuaresma de origen bíblico; pues en la Biblia constan expresamente las de Moisés, Elías y Jesucristo. ¿La practicarían como observancia eclesiástica los apóstoles y los primitivos cristianos? San Jerónimo, San León Magno y otros santos Padres pretenden que sí, y su opinión por cierto es muy probable, aunque no se apoya en ningún documento escrito. Verdad es que San Ireneo, en el siglo II, y la "Didascalia", en el III, hablan de ayunos preparatorios para la Cuaresma; pero los ayunos de aquél son nada más que de contados días, y los de éste de sola la Semana Santa.
  
El primer documento conocido que menciona la Cuaresma propiamente dicha, es el canon 5 del concilio ecuménico de Nicea, celebrado en 325. A partir de esa fecha, abundan los testimonios en los escritos y concilios de Oriente, y desde el año 340, también en Occidente.
 
Pero lo que ni en Oriente ni en Occidente se descubre claramente, en aquellos primeros siglos, es el comienzo y término de la Cuaresma. Combinándola de muy distinta manera las diversas iglesias, incluyendo unas en ella la Semana Santa, y excluyéndola otras. En una cosa, empero, convenían todas: en el número de ayunos, que solía ser para los fieles, de treinta y seis días. En el siglo V se unificó, por fin, la duración; y en el VII, un Papa posterior a San Gregorio Magno completó los cuatro días de ayuno que faltaban a la Cuaresma, prescribiéndolo como obligatorio desde el miércoles de ceniza, que por eso se llamó caput jejúnii o "principio del ayuno".
 
2. Prácticas cuaresmales.
Lo que Moisés, Elías y Jesucristo practicaron con más rigor en sus respectivas cuaresmas, fué el ayuno y la oración, los que, por lo mismo, sirvieron de base para la Cuaresma cristiana, a la cual agregó la Iglesia la práctica de la limosna y obras de caridad.
 
La ley del ayuno la observaban los antiguos con sumo rigor. No contentos con cercenar la cantidad de alimento, privábanse totalmente de carnes, huevos, lacticinios, pescado, vino y todo aquello que el uso común considerábalo como un regalo. Hacían sólo una comida diaria, después de la Misa "estacional" y Vísperas, que terminaban al declinar la tarde; y esa única comida solamente consistía en pan, legumbres y agua, y, a las veces, una cucharada de miel. Con la particularidad que ninguno se eximía del ayuno ni aun los jornaleros, ni los ancianos, ni los mismos niños de más de doce años de edad, tan sólo para los enfermos hacíase una excepción, que habían de refrendar el médico y el sacerdote. A estas penitencias añadían otras privaciones, tales como la continencia conyugal, la supresión de las bodas y festines, del ejercicio judicial, de los juegos, recreos públicos, caza, deportes, etcétera. De este modo se santificaba la Cuaresma no ya solamente en el templo como ahora, sino también en los hogares, y hasta en los tribunales, en los casinos, en los hoteles, en los teatros y en los circos. Es decir, que el espíritu de Cuaresma informaba la vida de toda la sociedad cristiana.
 
Actualmente la observancia íntegra del ayuno y abstinencia cuaresmal ha quedado confinada a algunas órdenes religiosas, ya que el derecho común tan sólo manda ayunar con abstinencia el miércoles de ceniza y de témporas, y los viernes y sábados de Cuaresma, y sin abstinencia, todos los demás días (2).
 
De hecho, estos mismos ayunos cuaresmales están reducidos en muchos países casi a la nada, merced a los indultos, bulas y privilegios particulares; habiendo llegado a tanto la condescendencia de la Iglesia, en cuanto al modo de observarlos, que en ellos ha permitido leche, huevos, pescado, vino y otros géneros de regalos, además de autorizar una comida fuerte, un desayuno, aunque leve, y una ligera colación.
 
La oración cuaresmal por excelencia era y es la Santa Misa, precedida antiguamente de la procesión estacional. Ahora es digno complemento, por la tarde, el ejercicio del Viacrucis.
 
La limosna practicábase en la Iglesia con ocasión de la colecta de la Misa y otras particulares que se hacían en favor del clero, viudas, huérfanos y menesterosos, con quienes también ejercitaban a porfía otras obras de caridad.
 
3. Aspecto exterior del templo. La ley de la abstinencia cuaresmal diríase que hasta a los templos materiales alcanza, pues a ellos también les impone la ley litúrgica sus privaciones, con las que se fomenta la compunción y el recogimiento.
 
Los templos, en efecto, vénse privados durante los oficios cuaresmales del alegre aleluya, del himno angélico Glória in excélsis, de la festiva despedida Ite missa est, de los acordes del órgano, de las flores, iluminaciones y demás elementos de adorno, y del uso, fuera de las festividades de los Santos, de otros ornamentos que los morados, de cuyo color se cubren también, desde el domingo de Pasión, los crucifijos y las imágenes. Tal es el aspecto severo del templo o como si dijéramos el continente exterior de la liturgia en tiempo de Cuaresma, el que acentúa todavía más los cantos graves y melancólicos del repertorio gregoriano y el frecuente arrodillarse para los rezos corales.
 
4. El alma de la liturgia Cuaresmal. Si, empero, sondeamos el alma de la liturgia cuaresmal a la luz de los Evangelios, de sus epístolas, oraciones, antífonas y demás textos de su rica literatura, la vemos embargada de los más variados sentimientos de arrepentimiento, de confianza, de ternura, de compasión, de pena, de temor.
 
El Breviario de Cuaresma, con sus homilías y sermones con sus himnos, sus capítulos y sus responsorios, a cual más expresivos y piadosos, pone en juego los más delicados recursos de nuestra madre la Iglesia, para conmover los corazones de sus hijos; pero con eso y todo, todavía le supera el Misal. Aquí encontramos cuadros indescriptibles: conversiones y absoluciones de pecadores, como la Samaritana, la Magdalena, la adúltera, el Hijo pródigo, los Ninivitas, multitud de curaciones y milagros del Salvador; rasgos generosos de desprendimiento, como el de la viuda de Sarepta; difuntos resucitados y madres y hermanos consolados; a José, víctima de la envidia de sus hermanos, y a Jesús, vendido por uno de sus íntimos, amenazas y voces de trueno y vaticinios terroríficos de los antiguos profetas para los pecadores obstinados y, en cambio, palabras dulces y persuasivas del Divino Maestro llamándolos a penitencia; ríos de lágrimas que cuestan a la Iglesia los cristianos impenitentes, y gozos inenarrables que suscita en el cielo su conversión; quejas de los sacerdotes en vista de la indiferencia de muchos, y tiernos clamores del pueblo fiel pidiendo al Señor perdón y misericordia.
 
Si penetramos todavía más hondamente en el corazón de la liturgia cuaresmal, descubrimos, además, tres grandes preocupaciones que embargan a la Iglesia:
  • La trama y desarrollo de la Pasión del Señor;
  • La preparación de los catecúmenos; y
  • La reconciliación de los penitentes públicos.
 
No hay día ni casi oficio en que no se manifieste de algún modo esta triple preocupación, y es menester estar de ello advertidos para interpretar ciertos pasajes y aun ciertos ritos especiales que, aunque muy hermosos, parecerían, sin eso, intempestivos.
 
5. La Misa "estacional". Una de las particularidades más características de la liturgia cuaresmal antigua era la Misa "estacional". Tenía lugar todos los días, al atardecer, después de la hora de nona. Durante todo el día, el pueblo y el clero dedicábanse a sus ocupaciones habituales, pero cuando el cuadrante solar del Fórum marcaba la hora de nona, los fieles de toda la ciudad de Roma se dirigían a la porfía hacia la iglesia estacional, a la que a menudo el mismo Papa acudía para ofrecer el Santo Sacrificio. Ordinariamente, la colecta o reunión efectuábase en una de las basílicas vecinas, donde esperaban la llegada del Sumo Pontífice y de su séquito. Una vez éstos en la basílica, revestíase el Papa de sus ornamentos y subía al altar para rezar la colecta u oración de toda la asamblea, terminada la cual iban todos en procesión a la iglesia "estacional", al son de las letanías y precedidos por la Cruz procesional. Allí el Papa celebraba la Misa del día, en la que todos los asistentes ofrecían y comulgaban. Era ya la puesta de sol cuando el pueblo volvía a sus casas, satisfecho de haber ofrecido a Dios el sacrificio vespertino como coronamiento de una jornada laboriosa, santificada por la oración, por la penitencia y por el trabajo (2).
 
Esta Misa "estacional" era la única que antiguamente había en cada población: por eso la celebraba el Pontífice con asistencia del clero y del pueblo. Como los de Cuaresma eran todos días de ayuno riguroso, todos esperaban en ayunas la hora de la Misa, para poder comulgar en ella. Después hacían su única comida, y los monjes completaban el oficio canónico cantando en sus monasterios las Vísperas. He aquí la razón de cantar Vísperas por la mañana antes de la comida, todos los días de Cuaresma, excepto los domingos, que no son de ayuno.
 
Un momento antes de la comunión, un subdiácono anunciaba al pueblo el lugar de la estación del día siguiente en estos términos: "Mañana, la estación será en la iglesia de San N." Y la schola respondía: "A Dios gracias". En seguida de la comunión y de la oración colecta, decía el celebrante la colecta super pópulum, que entonces reemplazaba a la bendición final. Estas fórmulas de despedida que antiguamente estaban en uso en todas las liturgias, aún orientales, y que llevaban a veces consigo la imposición de las manos del obispo, sólo las ha conservado nuestro misal en las ferias de Cuaresma, por el carácter solemne y epicospal que éstas tenían (3).
    
Cuando el Papa no intervenía en la fiesta estacional, un acólito iba, después de la Misa, a su palacio, y le llevaba por devoción un poco de algodón mojado en la lámpara del santuario. Al llegar, le pedía la bendición, la cual recibida, decíale: "Hoy tuvo lugar la estación en San N., y te saluda". El Papa le respondía: "Deo grátias", y después de besar respetuosamente el algodón, entregábaselo a su cubiculario, quien lo guardaba con cuidado para meterlo, al morir el Papa, en la almohadilla fúnebre (4).
 
En el actual Misal Romano se indica todavía, al principio de la Misa correspondiente, la basílica o iglesia "estacional" de cada día, lo que muchas veces será útil tener en cuenta para explicarse el uso de ciertos textos y su verdadero significado en aquel día determinado (5).
  
6. Los domingos de Cuaresma. Descontando el de Pasión y el de Ramos, que habremos de estudiar aparte, son cuatro los domingos de Cuaresma, siendo él primero el de más categoría y el cuarto, o de Lætáre el más popular.
  
El I domingo ha tomado entre los latinos el nombre de "invocábit" de la primera palabra del Introito de la Misa, y entre los griegos se le llama la Fiesta de la Ortodoxia, por señalar el aniversario del restablecimiento de las santas imágenes en el siglo IX.
 
En la Edad Media llamósele el domingo de las Antorchas, porque los jóvenes, que se habían desenfrenado en los jolgorios de Carnaval, presentábanse ese día en la iglesia con una tea encendida para pedir una penitencia al sacerdote, a fin de reparar sus pasados excesos, de los que eran absueltos el Jueves Santo en la reconciliación general. También es conocido con el nombre de domingo de la Tentación, por referir el Evangelio de la Misa la triple tentación del Señor en el desierto.
  
El II domingo, hasta el siglo IX, fue de los llamados "domingos vacantes" o libres de "estación", a causa de haberlo precedido con las suyas las IV témporas y estar el público cansado. Después del siglo IX, empero, señalósele ya su estación, como a los demás.
  
El III domingo era el de los "escrutinios", porque en él, o comenzaba el examen de los catecúmenos que habían de recibir el bautismo la vigilia de Pascua, o bien se les citaba para el miércoles siguiente.
 
7. El domingo "Lætáre". El IV domingo, llamado Lætáre (del introito), de los "cinco panes" (del Evangelio), y de la "rosa de oro" (de la bendición de la misma), es de los más celebrados del año litúrgico. Por coincidir en la mitad de Cuaresma y suponer la Iglesia que los cristianos han vivido hasta aquí embargados, como ella, de una santa tristeza, la liturgia de este domingo se propone renovar en los ayunadores cuaresmales la alegría y la esperanza que todavía han menester hasta llegar al triunfo pascual.
 
A ese fin, además de elegir textos muy hermosos y muy adecuados para infundir alientos, permite en el templo las flores de adorno, el uso del órgano y hasta de ornamentos de color rosa; todo lo cual causa la impresión de ser éste un día de asueto litúrgico, podríamos decir, y de respiro espiritual. La Iglesia se alegra hoy intensamente, pero con moderación todavía, como quien está dispuesta a reanudar en seguida las penitencias y las meditaciones dolorosas.
 
El rito característico de este domingo es la bendición de la rosa de oro, que efectúa en Roma el mismo soberano Pontífice. Data de hacia el siglo X, y viene a ser como un anuncio poético de la proximidad de la Pascua florida.
 
Antiguamente la ceremonia se celebraba en el palacio de Letrán, residencia habitual de los Papas, desde donde el Pontífice, montado a caballo y con la tiara, y acompañado por el Sacro Colegio y el público de la ciudad, llevaba la rosa bendita a la iglesia "estacional", que lo era Santa Cruz de Jerusalén.
  
Hoy se hace todo en el Vaticano, por lo que la ceremonia no suscita ya tanto el entusiasmo popular, si bien su eco resuena en todo el mundo, merced a las informaciones de los diarios.
 
Además de bendecirla, el Papa unge la rosa de oro con el Santo Crisma y la espolvorea con polvos olorosos, conforme al uso tradicional. Al fin la regala a algún alto personaje del mundo católico, a alguna ciudad, etcétera, a quien quiere honrar; y por eso "dícese que su bendición sustituyó a la de las llaves de oro y plata, con limaduras de la cadena de San Pedro, que los soberanos Pontífices enviaban antiguamente a los príncipes cristianos, en pago de haberle proporcionado ellos reliquias de los apóstoles" (6).
 
Místicamente, representa esta rosa a Jesucristo resucitado, como lo explican los varios discursos pronunciados por los Papas en la ceremonia (7). El origen de la ceremonia quizá derive de la fiesta bizantina de la media cuaresma, aunque también puede ser que provenga de que antiguamente se solemnizaba en Roma el principio del ayuno preparatorio para Pascua, que abarcaba entonces 3 semanas (8).
  
8. Las ferias más notables de Cuaresma. Aparte del miércoles, viernes y sábado de las IV témporas de Cuaresma, de que hablaremos en su lugar, son dignas de especial mención, entre las ferias cuaresmales, el miércoles de la III y IV semana, por ser días de escrutinio, y el jueves de la III, que es como jalón de media Cuaresma.
 
Empezamos por advertir que todas las ferias de Cuaresma tienen, en el Breviario, su homilía propia, y en el Misal su misa correspondiente, lo que constituye un caudal riquísimo y variadísimo de doctrina y de piedad. Los jueves, al principio, eran días alitúrgicos (sin reuniones litúrgicas) y por lo mismo carecían de misa propia, pero bajo el Papa Gregorio II (715-731), se les fijó también a ellos su misa, utilizando los elementos ya existentes.
  • El MIÉRCOLES DE LA III SEMANA comenzaba el escrutinio o examen de los catecúmenos que deseaban ser admitidos al bautismo en la vigilia de Pascua.
        
    Empezábase por anotar sus nombres y separar en dos grupos los hombres y las mujeres. Luego se rezaba por ellos, y ellos mismos también eran invitados a rezar; se les leía algún pasaje de la Biblia en vista de su instrucción; se les exorcizaba, se les imponían las manos, se les signaba, etcétera, y se les despedía del templo antes del Evangelio. Al ofertorio, los padrinos y madrinas presentaban al Papa las oblaciones por sus futuros ahijados, cuyos nombres se leían públicamente durante el Canon. Esto mismo se practicaba en los demás escrutinios.
     
  • El JUEVES DE LA III SEMANA señala propiamente la mitad de los ayunos cuaresmales, no de la Cuaresma misma, la cual promedia justamente el domingo IV, como ya lo hemos notado. Esta circunstancia hizo que esta feria tuviese entre los antiguos un carácter medio festivo y alentador, contribuyendo a ello no poco el recuerdo de los santos médicos Cosme y Damián, cuya basílica era la designada para la Misa estacional.
        
    Los textos de la Misa aluden casi todos a la salud y bienestar corporal, que la Iglesia pide a Dios para sus hijos, por intercesión de San Cosme y San Damián, para que terminen valerosamente el ayuno cuaresmal. Eran esos Santos dos médicos sirios, que, por ejercer su profesión gratuitamente, eran conocidos con el sobrenombre de anargyros (Ανάργυρος, sin plata), y constaba que curaban a los enfermos no tanto por su pericia profesional, como por virtud divina. Su culto fué siempre muy popular,.y más desde que el Papa Félix IV les dedicó, en el siglo VI, la Basílica de la Vía Sacra, convertida pronto en un centro de peregrinación para enfermos y dolientes.
     
  • EL MIÉRCOLES DE LA IV SEMANA era el día del gran escrutinio, el cual se celebraba en la majestuosa Basílica de San Pedro.
      
    Los ritos especiales de este escrutinio eran: las oraciones, lecturas y exorcismos de costumbre; la lectura, por primera vez, y explicación del principio de cada uno de los cuatro Evangelios, la recitación, también por primera vez, del Símbolo de la fe, en latín y en griego, en atención a los catecúmenos de ambas lenguas, y su explicación por el sacerdote; ítem del Pater noster, petición tras petición. Continuaba luego la Misa, y los catecúmenos se retiraban al recibir la orden del diácono. Al conjunto de estos ritos se le denominaba apértio áurium (acto de abrir los oídos), porque por primera vez escuchaban estos textos sagrados, hasta entonces desconocidos. Restos de este tercer escrutinio son, en la Misa actual, la oración, la lección y el gradual, que preceden a la epístola ordinaria de este día.
   
NOTAS
(1) “Código de Derecho Canónico", can. 1252, 2 y 3.
(2) En la Argentina el Indulto Apostólico reduce los ayunos con abstinencia al Miércoles de Ceniza y a todos los Viernes, y los ayunos sin abstinencia a los Miércoles y al Jueves Santo.
(3) Card. Schuster: ab. cit., val. III, c. I.
(4) Card. Schnster: ob.cit.
(5) Card. Schuster: ob..cit.
(6) Para ello ninguna guía mejor que el "Liber Sacramentorum" del Card. Schuster.
(7) Molien: "La Priere de l'Eglise", I, p. 304.
(8) Cf. "Année Liturgique" (Carême) de Dom Guéranger.
(9) Cf. Schuster: "Liber Sacramentórum", val. III, p. 117. Dom Krebs: "Les Quest. Iit. et Parois" (Abril y Junio 1926).
 
Extraído de R.P. ANDRÉS AZCÁRATE; La Flor de la Liturgia; Buenos Aires, Abadía San Benito, 6ta. Ed., 1951; págs. 486-497

lunes, 2 de enero de 2012

¿A QUIÉN LE RENDIRÁ CUENTAS, A DIOS O A MAMMÓN?


El 31 de diciembre de 2011 a las 7:30h (hora local) falleció el sacerdote-presbítero Luigi “Maria” Verzé en el Hospital San Rafael de Milán (Italia) a los 81 años de edad, cinco horas después de recuperarse de un ataque cardíaco que lo tenía hospitalizado en él.
   
Luigi “Maria” Verzé nació en Illase (Verona, Italia) el 14 de marzo de 1920, hijo del latifundista Emilio Verzé y Lucilla Bozzi, de la nobleza. En 1947 se graduó de Filosofía y letras en la Universidad Católica del Sagrado Corazón en Milán, y al año siguiente fue ordenado sacerdote para la diócesis de Verona. Como secretario del sacerdote Juan Calabria (fundador de los Siervos pobres de la Divina Providencia), fundó por orden del cardenal Alfredo Ildefonso Schuster OSB varias escuelas de formación para jóvenes y hogares para ancianos en la Milán de posguerra. En 1958, fundó la Asociación Centro Hospitalario San Romanello del Monte Tabor (actual Fundación San Rafael del Monte Tabor), propietaria del Hospital San Rafael en Milán (construido con donaciones de importantes dirigentes del partido Democracia Cristiana) para cuyo manejo fundó la Asociación Sellos en 1966 y otras empresas, entre ellas una productora de frutas y verduras en Brasil.
    
Verzé estuvo sujeto a muchas controversias: el 26 de agosto de 1964 fue suspendido por la Curia ambrosiana por ejercer sus funciones sacerdotales sin autorización (hasta su muerte estuvo incardinado en la diócesis de Verona, y nunca solicitó permiso para ejercer en Milán), la cual le fue levantada poco después. Y en febrero de 2011 estalla la crisis financiera de la Fundación Monte Tabor (años atrás, había sido condenado por corrupción, y en 1978 los parlamentarios Emma Bonino y Marco Pannella lo habían denunciado por de “manejo mafioso” del hospital) que tuvo entre elementos destacados la intervención del Vaticano por medio del Secretario de Estado Tarcisio Bertone y el presidente del IOR Ettore Gotti-Tedeschi (para recibir una donación de 1.000 millones de euros de una fundación vinculada al oligarca judeo-húngaro-estadounidense George Soros), una investigación por la Fiscalía de Milán por quiebra fraudulenta y el suicidio de su socio y vicepresidente Mario Cal el 18 de julio (dos años antes, relató que en 1961, en un interrogatorio en Roma, un monseñor le dijo: «No debe tener miedo del cardenal Montini. ¡Sólo debe tener miedo de una cosa: de fracasar! En ese caso le daré un consejo: El día antes del fracaso, compre una pistola y péguese un tiro, o tírese por la ventana del cuarto piso»).
     
Además, en el año 2006 confesó al Corriere della Sera haber asistido en los años 70 al suicidio de un médico amigo suyo que estaba conectado a un respirador artificial; y nunca ocultó su admiración por Fidel Castro, Muamar Gadafi y Silvio Berlusconi, a quien llamó en 1994, cuando se lanzó a la política, «Un don de Dios para Italia». Y sobre todo, fue coautor en 2009 con el cardenal Carlo Maria Martini Maggia SJ del libro Estamos en la misma barca, donde cuestionan la moral y doctrina de la Iglesia en nombre del relativismo moral.
  
Jesús dijo en su Sermón de la Montaña: «Nadie puede servir a dos señores: porque odiará al uno y amará al otro; o se adherirá al uno y despreciará al otro. Vosotros no podéis servir a Dios y a Mammón» (San Mateo 6, 24). En vida, Verzé quiso servir a ambos, y lo hizo mal. ¿Qué cuentas dará ahora que está muerto?

domingo, 1 de enero de 2012

MENSAJE DE AÑO NUEVO



Carísimos hermanos en Jesús y María, por la Misericordia de Dios hemos llegado a ver el año 2012 de Nuestro Señor. Y como es costumbre entre Nosotros, dedicamos nuestro primer artículo del año a daros un mensaje de fortaleza y esperanza ante los tiempos difíciles que estamos viviendo.

Sabemos todos que este año está marcado por la frecuencia en que mucha gente afirma: "el fin del mundo será este año", poniendo a la Palabra de Dios en entredicho (porque la Palabra advierte "SÓLO DIOS CONOCE LA FECHA DEL FIN DE LOS TIEMPOS"). Así las cosas, por orden de Jesús y María declaramos este año como "EL FRACASO DE LOS FALSOS PROFETAS", porque TODO EL QUE PRETENDA AFIRMAR QUE EL FIN ES EN TAL O CUAL FECHA ES UN EMBUSTERO Y UN ANTICRISTO; Y NECESARIAMENTE SE COMPROBARÁ QUE ÉSA PERSONA MINTIÓ.

Aparte, y en consecuencia a lo anterior, también declaramos el año 2013 como "ÁNIMO EN SEGUIR LA MISIÓN", puesto que este año que comenzamos no es EL FINAL; y conforme estamos cerca al Triunfo final, ESTAMOS OBLIGADOS A CONTINUAR EN LA TAREA APOSTÓLICA CON MAYOR FERVOR QUE EN AÑOS ANTERIORES.

Y por último, Jesús y María tienen nuevos proyectos para que la Obra Apostólica continúe en los años venideros; y reasumiremos aquellas iniciativas que por circunstancias diversas no pudimos realizar el año anterior.

En unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María,


Jorge Rondón Santos
(Frater Jorge)

Año del Señor 2012, a 1 de Enero, XXXIII de la Santa Cruzada.